Tomad y comed todos de él, porque éste es mi cuerpo, que será entregado por vosotros

junio 22, 2014 § Deja un comentario


 

El Señor los alimentó con flor de harina y los sació con miel silvestre (Antífona de entrada de la Misa de Corpus Christi, Salmo 80, 17)

 

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Me basta tu presencia y tu figura
me basta tu presencia y tu figura
me basta tu presencia,
me basta tu presencia.
Me basta tu presencia y tu figura.
Máteme tu vista y hermosura,
máteme tu vista y hermosura.
Mira que la dolencia
de amor ya no se cura,
si no es con la presencia y la figura (San Juan de la Cruz)

 

Dios mío, ante Tu Palabra hecha pan, sobran todas las palabras de éste mundo. Con esta Solemnidad conmemoramos la institución del Misterio Eucarístico, de Tu misteriosa presencia en el Santísimo Sacramento del altar. Como tú mismo dijiste, “cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

 

Del Evangelio según San Juan (lectura de la Misa de hoy en España):

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo». 

Discutían entre sí los judíos y decían: «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?». Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. Éste es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre» (Jn 6, 51-58)

 

 

Intenciones del Santo Padre para el Mes de junio:

Intención General
 
Para que los desempleados reciban el apoyo y el trabajo que necesitan para vivir con dignidad.

 

Intención Misional
 
Para que Europa reencuentre sus raíces cristianas a través del testimonio de fe de los creyentes.

 

 

 

 

 

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Carta abierta a S. M. el Rey Don Juan Carlos I

junio 18, 2014 § 1 comentario


Majestad:

A menos de una hora de que sea efectiva vuestra abdicación de la Corona de España, de acuerdo con las previsiones constitucionales y con la ley orgánica que Vos habéis firmado esta tarde, y, en consecuencia, de que se efectúe su traspaso automático en favor de vuestro hijo, quien reinará como Felipe VI de España, permitid que me dirija a V. M. con la lealtad de un ciudadano español que nació bajo vuestro reinado, y que ha vivido los mejores años de su vida durante el mismo.

Aunque no estoy en el mejor de mis momentos, pues me hallo en situación de desempleo y sin ingresos de ningún tipo, mi lealtad hacia V. M., así como hacia mi país, me ha movido a escribiros un mensaje de despedida. Ya sé que a V. M. le preocupa la grave situación de desempleo, consecuencia de una crisis económica tan absurda como inexplicable, que padece el país desde hace ya demasiados años; y se lo agradezco muy sinceramente, como demostró en su último, y creo, sincero Mensaje de Navidad. Serán los políticos, muy inferiores en talla y en catadura moral a la vuestra, los que habrán de dar la cara en relación con este problema, así como con muchos otros problemas graves que asolan a este país -pues para mí ya es pedirles demasiado que los solucionen-.

Habéis sido para mí un Rey ejemplar, en todos los aspectos. En primer lugar, lamento no haber tenido ocasión de hablar con V. M. directamente, ni siquiera para comentar algún “chascarillo”. Y es que V. M. ha sido para muchos, y aun a pesar de comportamientos poco elegantes de miembros de vuestra Familia, un modelo de comportamiento ejemplar, entendiendo como tal un comportamiento que ha sabido unir la máxima representación del Estado con un estilo amabale, casi “campechano”, como muchos partidarios y detractores de V. M. han percibido. Para mí, vuestro estilo campechano y cercano no ha supuesto para nada un demérito de la institución que habéis encarnado durante treinta y nueve años, sino todo lo contrario. En una monarquía parlamentaria, es bueno que el monarca esté cerca de sus ciudadanos. La campechanía, acusada como un defecto por haberse alegado como tópico por parte de destacados y honorables representanes de la actividad económica y política del país, es para mí un valor que habéis aportado a la Corona, y no un demérito. Porque, como bien dijera Ortega y Gasset, “los tópicos no son otra cosa que verdades a las cuales se les ha perdido el respeto”.

No conozco, como la mayoría de los españoles, las causas que os han movido a abdicar. Casi me atrevería a decir que preferiría no conocerlas, pues seguramente pertenecen a un mundo tan lejano a V. M. como lo es para mí, aun a pesar de la diferencia generacional.

Permitidme sin embargo compartir con V. M. una reflexión que me ha acompañado durante toda mi vida. Los mayores se merecen un respeto, y les estamos arrinconando, así como a los más jóvenes. Lo ha dicho el papa Francisco. En este contexto sólo aquellos que ocupan determinados puestos en los poderes financieros pueden progresar y llevar las riendas no sólo de un país, sino de economías transnacionales enteras. Algo similar dijo al respecto el papa Francisco, al que sé que V. M. guarda un gran respeto.

Vivimos en un mundo en el que no ya sólo la bondad, sino las buenas maneras, la cortesía, el respeto y la educación, que son las bases del protocolo, parecen haberse perdido casi del todo. Es un mundo al que yo, con treinta y cinco años, me siento ajeno. Y con respecto al que, sinceramente, y a pesar de los buenos contactos con los empresarios españoles y los posibles promotores de una recuperación ecómica, vuestro hijo, dentro de muy poco D. Felipe VI de Borbón, también debería sentirse ajeno. Porque fue educado en una época no muy lejana en la que la palabra dada tenía valor, en la que el dinero no lo era absolutamente todo y en la que palabras como honor, gloria o servicio tenían significado en el diccionario común de la gente.

Lamento deciros, V. M., que puedo constatar -y tengo argumentos para ello-, que hoy no es así. Dios quiera que vuestro hijo pueda realizar no solamente una labor de excelente embajador de España en el exterior como lo fue V. M., sino de árbitro y moderador de las instituciones democráticas, función que le encomienda el Título II de nuestra Carta Magna.

Dios le asista en todas las funciones que deba realizar.

En cuanto a V. M., Don Juan Carlos, sólo puedo sentir hacia Vos sentimientos de gratitud. Gratitud por habernos traído la democracia en un momento tan delicado, con un proceso tan complejo que ahora, a más de treinta años de distancia, resulta tan fácil de criticar tanto por parte de la izquierda como de la derecha, cuando… a estas alturas, me permitiréis la licencia… ¿pudo hacerse mejor?

Yo creo que no. Y todos los que han hablado o escrito sobre la necesidad o incluso de la existencia real de una “segunda” transición no han hecho otra cosa que desmerecer vuestro papel en un momento crucial de la Historia de España. Sólo por eso merecéis ser recordado como uno de los mejores reyes que ha tenido este país de tantos contrastes, tan invertebrado como excelso, tan entregado como indiferente, tan arrogante como humillado.

También vuestro papel durante los terribles hechos del 23-F fueron cruciales para la consolidación de la democracia en España, y reto a cualquiera a demostrar lo contrario.

A partir de entonces, nuestro gran país, hoy quizá oscurecido por la hegemonía cultural del pensamiento económico, pudo brillar como hacía años que no lo hacía. La incorporación de España a la entonces Comunidad Económica Europea en 1986 con la firma del Tratado de Adhesión del Reino de España y de la República portuguesa precisamente sobre la mesa de la sala donde V.M. hoy acaba de firmar la Ley Orgánica de vuestra abdicación, y en la cual es notorio que V. M., con el talento diplomático natural que siempre os ha caracterizado, desempeñó un importante papel, fue uno de tantos ejemplos de una España moderna e integrada, y al mismo tiempo orgullosa de sus tradiciones. Y cabría citar más ejemplos de vuestra encomiable actitud como el mejor embajador de España, como siempre se os ha definido. Como la mejora de las relaciones con nuestros pueblos vecinos, así como con nuestros pueblos hermanos latinoamericanos, o vuestras mediaciones, ocultas a muchos, y a las que sólo el tiempo les hará justicia, con la diplomacia de multitud de regímenes muy diversos.

Permitidme concluir este breve mensaje de despedida y apoyo, Majestad, con una sincera confesión personal. V. M. ha sido siempre mi Rey, desde la infancia, y la noticia de vuestra abdicación no ha podido menos que sorprenderme. Me ha “pillado”, si queremos, propenso a la nostalgia. Sin embargo, confío en que vuestro hijo, S.A.R. el Príncipe de Asturias, que será Rey de España oficialmente dentro de unos minutos, esté a la altura de los tiempos como lo estuvo V. M.

Que Dios os bendiga y os guarde todos los días de vuestra vida.

Con todo mi afecto y consideración,

Dr. Pablo Guérez Tricarico En la villa de Madrid,
a dieciocho de junio de dos mil catorce
DNI 51429231-N

Sobre la crisis y la economía de guerra. A propósito de un artículo retweeteado por Cristina Martín Jiménez, especialista en el Club Bilderberg

junio 17, 2014 § Deja un comentario


Sobre la crisis y la economía de guerra. A propósito de un artículo retweeteado por Cristina Martín Jiménez, especialista en el Club Bilderberg

Desde luego, en la realidad sociopolítica actual se presentan dos factores fundamentales relacionados con el punto que comenta la autora. El primero tiene que ver con la necesidad de proyectos de inversión serios y con objetivos a medio y largo plazo; comoquiera que las economías de los llamados países desarrollados se basan esencialmente en la especulación y en el corto plazo, este tipo de inversión para uso civil está desctarado por sus gobiernos, quienes lo consideran “no rentable”. Por ello, sólo una amenaza de un mal real no económico como una guerra es suficientemente fuerte como para desviar la atención de nuestros mediocres gobernantes hacia la necesidad de realizar inversiones en investigación, desarrollo e innovación del máximo nivel, puesto que en este caso el objetivo de manipular los precios cede ante el más urgente y menos evitable objetivo, no exento de costes políticos, de derrotar al enemigo o, al menos, de prevenir sus amenazas. No en vano, como recuerda el propio artículo posteado, grandes inventos de uso civil nacieron como invenciones militares (en este sentido, entre otros, Guérez Roig, en conversación). El segundo factor tiene que ver con el viejo argumento keynesiano también citado en el artículo, el cual, según cálculos de varios economistas actuales, como por ejemplo, los que realizara hace dos años el economista y Premio Nobel Paul Krugman, seguiría siendo válido en la actualidad. Así, y sin querer desmerecer la importancia de otros factores de carácter étnico, religioso, nacional o de cualquier otra índole -los cuales son promovidos o aprovechados muchas veces por Occidente-, los conflictos puntuales en diversas zonas del Tercer Mundo no son otra cosa que la trágica manifestación de la necesidad que tienen la economías idolátricas -como hace poco las definiera el papa refiriéndose a las economías del Primer Mundo-, de mantener el control sobre el precio de las materias primas. Ni el mundo ni la naturaleza humana han cambiado tanto como para que la causa común de la lucha contra el enemigo consiga superar las absurdas divisiones producto de un sistema económico injusto y que ya no parece poder sostenerse durante mucho tiempo, montando economías de emergencia que nos sacarían de la crisis en nueve meses, y destruyendo de esta manera, parafafraseando a Shakespeare, “el tejido del que están hecho los sueños”, que constituye la trama de la economía financiera actual, con sus derivados, sus estocásticos, sus análisis técnicos, sus intradías y toda esta marañana de vocablos pseudocientíficos, la cual, aunque parezca poesía, le es a tan extraña a la ciencia económica como lo es la propia persona.

Fdo. Pablo Guérez Tricarico, PhD

@pabloguerez

El papa Francisco habla en su primera entrevista concedida a los medios (concretamente a la cadena española cuatro) sobre varios aspectos de su pontificado.

junio 16, 2014 § Deja un comentario


 

Como muchos ya sabréis, el papa Francisco concedió ayer, en algo que constituye un acto inusual por parte de un pontífice, su primera entrevista a un medio de comunicación: la cadena española cuatro. Como siempre, no deja de sorprendernos positivamente con su vuelta a lo que él mismo denominó como “las raíces del mensaje evangélico”. Por mi parte, habría bastado con enviaros el enlace adjunto sin realizar ningún comentario adicional, si no fuera porque, a mi juicio -y no pretendo especular sobre la causa de posibles omisiones informativas-, en el artículo digital de cuatro no se dice todo lo que se emitió en la entrevista. Inexplicablemente, se omite un aspecto fundamental sobre el que el Papa fue preguntado, cual es su opinión sobre el sistema económico mundial y la globalización. Y digo inexplicablemente porque, a estas alturas, todos conocemos la opinión del Pontífice al respecto, que ha sido publicitada por multitud de medios internacionales. Quizá ayer se dijo algo más, o se dijo con una precisión didáctica que los propios entrevistadores no se esperaran. Pero a los que escuchamos la entrevista, y tenemos buena memoria, se nos quedó grabado casi como si se tratase de una teofanía (y perdón por la licencia hiperbólica). En cualquier caso, para un católico, esté de acuerdo o no con las declaraciones del Pontífice, éste no deja de ser la autoridad suprema de su Iglesia. Y se trata de una autoridad marcada por unas formas y unos estilos muy diferentes a las de la mayoría de sus predecesores del siglo XX, una autoridad no entendida como “imperium” y ejercicio dogmático de la potestad de las llaves, sino como “auctoritas” en el sentido latino del término, es decir, como una autoridad moral que se sugiere, se propone y no se impone. Como, por otra parte, sucede o debería suceder con la fe cristiana, y con cualquier fe, pues sólo desde la libertad puede abrazarse no sólo un credo, sino sobre todo la opción de seguimiento personal propuesta por cualquier religión y que constituye la base del acto de fe: en el caso del Cristianismo, la opción de vida propuesta por Cristo Jesús.

Volviendo a la entrevista papal, por lo dicho anteriormente me interesa destacar dos puntos, que guardan relación entre sí. Un primer punto, fundamental, sobre la opinión del Papa en torno al sistema económico mundial o a las economías que rigen el mundo y su concepción de la globalización; y un segundo aspecto menor, pero que no deja de ser significativo y reconciliador -al menos, a mí me sorprendió muy positivamente-, que tiene que ver con la recuperación de la política como arte del buen gobierno, aspecto muy descuidado por los mensajes y las encíclicas pontificias, y tan necesitado de una reflexión por el pensamiento cristiano, frente a la hegemonía cultural de la economía, especialmente si se trata de una economía: la economía del pensamiento único. Comenzando por este último punto, el papa citó expresamente un escrito de un religioso cuyo nombre ahora no alcanzo a recordar, sobre la necesidad de recuperar la política. Me interesa traer a colación esta cuestión porque, lejos de ser completamente menor, se trata de una de las reinvindiaciones de la izquierda sociológica tan castigada por un pensamiento único -y todos interpretamos que se trata del pensamiento único ultraliberal con sus varias corrientes “ideológicas”, como por ejemplo, la Escuela de Chicago, y el que presentaron periodistas y pseudoeconomistas como Francis Fukuyama tras la caída del Muro, vendiendo un discurso a muchos partidos “de derechas” europeos, y, con él, una doctrina económica que constituye la base de las políticas procíclicas y de austericidio que muchos padecemos en la actualidad-. Más aún, por si quedara alguna duda sobre la condena del Papa -que fue explícita- del pensamiento único, realizada al hilo de la cuestión mayor que trataré enseguida, en la entrevista puede contemplar con satisfacción que se hablaba con una contingencia inusitada de la licitud de varias opciones políticas -siempre y cuando respetaran a la persona- con total naturalidad y sin alineamientos con determinados lados del espectro político sociológico con los que, velada o expresamente, ha prestado su colaboración la doctina social de la Iglesia Católica, cuando no su praxis, incluso con regímenes no democráticos. Y es que, al hablar de antisemitismo, el Papa declaró que se trata de un fenómeno condenable que ha tenido su principal caldo de cultivo sobre todo en los partidos de “la Derecha”. Ahí queda eso. Y, mal que le pese a algunos -o a muchos-, durante la entrevista el Pontífice habló con toda naturalidad de los partidos de centro derecha y de centro-izquierda. Se trata con mucho de una apertura hacia el pluralismo ideológico y político hasta el momento sin precedentes, que va mucho más allá del análisis hermético que realizara su predecesor Pablo VI en la encíclica “Populorum Progressio” de 1967, en la que alertaba a sus fieles incluso de interpretaciones prácticamente inocentes del marxismo como método de análisis histórico y metodológico; alertas innecesarias cuando determinado sector del marxismo occidental quiso corvenger con compromisos históricos con la democracia cristiana, renunciado a una buena parte de su bagaje dogmático hasta el punto de que, como ocurrió con la mayor parte de los autores de la llamada Escuela de Frankurt -en teoría marxista-, el marxismo ortodoxo perdió buena parte de su contenido “ideológico” para convertirse en un método de explicación de la realidad que, aun utilizando viejas categorías heredadas, constituyó un valioso aporte sociológico para comprender mejor las sociedades modernas o posmodernas.

Pero vayamos a la cuestión principal que quería referir a mis lectores, y que como verán, enlaza perfectamente con la que se acaba de comentar: el papa Francisco fue preguntado sobre la licitud del sistema económico actual y sobre la globalización. Su respuesta no pudo ser más didáctica y certera, tanto desde el punto de vista evangélico como desde un punto de vista estrictamente humanista: el Papa sostuvo que los sistemas económicos actuales no son buenos y que hemos incurrido en el grave pecado de idolatría: de idolatría del dios Dinero. Comenzando por la premisa valorativa de que todo sistema económico debe tener en su centro al hombre -al hombre y la mujer, precisó-, el papa constató el apartamiento radical de los sistemas económicos actuales de esta premisa. Más aún, habló de economías idolátricas, en el sentido antedicho, cuyo funcionamiento operaba por descarte. Por descarte de las personas -de los seres humanos- que el sistema había decidido de antemano que ya no serían productivos. Y puso como ejemplos paradigmáticos -si bien no únicos-, el descarte, por abajo, de los jóvenes, a quienes se les negaba cualquier posibilidad de acceder a un empleo. Y, por arriba, a los mayores, considerados como improductivos, como clases pasivas, que debían ser desechados. Con ello, los sistemas idolátricos estaban condenándose a no tener futuro, pues el futuro de un sistema económico-social, explicó el Papa, se basa en la pujanza de los jóvenes, que pueden y quieren contribuir al desarrollo de sus sociedades, inspirados por la sabiduría de los mayores. Con ello -y esto ya es añadido mío, en el que tomo prestada una frase del magnate George Soros-, el sistema está en manos de treintañeros -hoy quizá más cuarentañeros- aprendices de economistas y especuladores que sólo piensan en ganar dinero. El Papa mostró una gran preocupación por el desempleo juvenil y, como siempre, muy lejos de cargar las tintas contra “jóvenes vagos e improductivos” -como acostumbran muchas veces a denominarlos las generaciones de sus padres, cuando no ciertos sectores de la Iglesia española, hoy minoritarios, al menos en su expresión-, tuvo la valentía de denunciar directamente al sistema económico en su propia estructura, del cual dijo que “no es bueno”. Y con respecto al fenómeno de la globalización, el Papa explicó magistralmente que existen dos tipos de globalización; una mala, a la que tendemos, que trata de igualar a todo el mundo según un canon economicista que no es otro que el del pensamiento único. El Pontífice quiso expresar gráficamente esta idea con la idea de una esfera, en la que todos los puntos de su superficie son equidistantes respecto de su centro. En este tipo de globalización, dijo el Papa, no hay lugar para la diversidad ni para las diferencias individuales, y se acaba anulando a la persona; es propia de los gobiernos totalitarios, pero no sólo, sino también de estas nuevas formas economías idolátricas que, realizando una verdadera adoración del dios Dinero, consideran a las personas como números, o como elementos fungibles carentes de valor. Frente a este modelo de globalización, el Papa considera que es posible una globalización positiva; repitiendo el paralelismo con la imagen, ésta se asemejaría más bien a un poliedro, donde todas las piezas están interconectadas, pero cada una conserva su singularidad y su particularidad individual en la comunidad. Precisamente como ocurre con el Misterio de la Santísima Trinidad a cuya imagen, como nos recordó el Pontífice en sus catequesis más recientes, fue hecho el hombre, donde las Tres Personas no anulan la común naturaleza divina, sino que la enriquecen a través de una comunicación constante basada en el Amor.

En cuanto a la actitud personal que el papa Francisco mostró en la entrevista, estuvo humilde, didáctico, parco, sencillo, comunicador y lleno de Dios. Como los primeros discípulos de Jesús.

Hasta aquí la información que he tratado de comunicar, como complemento, a mis lectores. Abajo, os incluyo un link con otros puntos de la entrevista:

 

http://www.cuatro.com/practica-cuatro/entrevista-papa-francisco_0_1812300167.html

 

Fdo. Pablo Guérez, PhD

 

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LA SANTÍSIMA TRINIDAD: MISTERIO DE COMUNIDAD DE AMOR Y MODELO DE COMPROMISO Y ENTREGA PARA CON EL PRÓJIMO.

junio 15, 2014 § Deja un comentario


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“Con el uno y con el otro en igualdad y valía, Tres Personas y un amado entre todos tres había, y un amor en todas ellas y un amante las hacía, y el amante es el amado en que cada cual vivía; que el ser que los tres poseen cada cual le poseía” (San Juan de la Cruz) 

 

En el Domigo de hoy, la Iglesia Católica contempla el Misterio de la Santísima Trinidad, progresivamente revelado a lo largo de la Historia Sagrada y esclarecido por los Padres de la Iglesia, aunque incomprensible del todo a la razón humana. Dios se revela como una Comunidad de Amor de tres Personas que comparten la misma sustancia o la misma naturaleza: el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Lejos de ser ésta una revelación estática, el propio Jesucristo y, más adelante, los Padres de la Iglesia, nos revela la incesante comunicación entre las tres divinas Personas que componen la Trinidad, como comunicación constante de Amor entre ellas y como Fuente del Amor inagotable que quiere derramarse sobre el hombre, hecho a imagen y semejanza de la Trinidad, como explicara en una de sus últimas catequesis el papa Benedicto XVI.

Por ello, lo importante del Misterio que hoy contemplamos, más allá de cualquier explicación teológica, como ha sido señalado por los últimos papas, es que se trara de un Misterio de comunión y comunicación que expresa la esencia última de Dios: el Amor. Dios no puede entenderse sino como relación de entrega entre sus tres Personas, todas Ellas iguales en dignidad y naturaleza, naturaleza que no es otra que el Amor sin límites. En esta Comunidad de Amor, como ya explicaron los primeros Padres, Jesucristo nos revela el misterio íntimo de Dios, “no en la unidad de una sola Persona, sino en la Trinidad de una sola naturaleza”, como reza el prefacio de la Misa de la Santísima Trinidad.

La Solemnidad de la Santísima Trinidad es también el día dedicado por la Iglesia Universal a las vocaciones contemplativas. A mostrar a todo el pueblo de Dios como modelo de vida evangélica -aunque no único- la vida de todos aquellos hombres y mujeres que, habiendo recibido esa específica vocación, se retiran del mundo no como huída egoísta, sino para cumplir una vocación contemplativa de Dios que se realiza en los conventos y en los miles de lugares sagrados de retiro, auténticos oasis en medio de la premura y de las obligaciones de la sociedad actual. Desde ahí, los religiosos y religiosas regulares -típicamente los monjes-, no se limitan a contemplar a Dios, sino que, al integrarse por la Comunión de los Santos en el Cuerpo Místico de Cristo y de Su Iglesia, oran por el resto de las vocaciones de la llamada Iglesia militante, la que formamos los cristianos de toda la Tierra. Debemos estar agradecidos a los hombres y mujeres contemplativos, pues éstos no se limitan a vivir ellos solos para Dios, sino que, viviendo para Dios, constituyen un auténtico estímulo para cualquier cristiano -que puede, por períodos limitados de tiempo, dedicarse a este tipo de vida como alimento espiritual para preparar su acción en el mundo-, al tiempo que dichos hombres y mujeres interceden por nosotros y viven para Dios orando por la salvación del mundo. Para la mayoría de los cristianos, ya seamos religiosos o seglares, los que no nos hemos retirado del mundo, sino que “vivimos en el mundo, sin ser del mundo”, utilizando prestadas las palabras del evangelista San Juan, la labor de las vocaciones contemplativas debe servirnos como estímulo para la acción en el mundo y para el mundo de hoy: para la edificación aquí y ahora del Reino de Dios. Sólo así puede comprenderse en su plentitud el sentido del mensaje evangélico y la importancia que el propio Jesucristo da a las bienaventuranzas y a las llamadas obras de misericordia, tanto corporales y espirituales, en un mundo tan necesitado de la Presencia de Dios; Presencia que, lejos de limitarse a una predicación estéril y autocomplaciente -error en el que muy frecuentemente caemos los cristianos-, debe comunicar la autencicidad y la actualidad del mensaje evangélico con la finalidad de contribuir a cambiar el mundo, demoliendo lo que San Juan Pablo II llamara las “estructuras de pecado” del mundo actual. Ello implica una decidida acción comprometida en el mundo en pro del Reino de Dios, que pase, entre otras coas, por la denuncia de las injusticias más sangrantes del mundo contemporáneo, precisamente para hacer este mundo lo más compatible con el Amor que, manifestado en la Trinidad, constituye la misma esencia de Dios. En esta línea, hace menos de una semana, el papa Francisco, en la última de una serie de catequesis sobre los dones del Espíritu Santo, hacía una reflexión sobre quienes viven en el mal, explotando a otros, viviendo para el poder y el dinero, la violencia y la muerte. En su corazón, se lamentaba Francisco, no hay sitio para Dios y no podrán ser nunca felices.

El Papa terminaba la catequesis aludiendo al Salmo 34: “Este pobre hombre invocó al Señor: Él lo escuchó y lo salvó de sus angustias. El Ángel del Señor acampa en torno a sus fieles y los libra”, e instándonos a los fieles la gracia de unir nuestra voz a la de los pobres, para acoger el don del temor de Dios y podernos reconocer, junto a ellos, revestidos por el Amor y la Misericordia de nuestro Padre.

En su mensaje después del Ángelus del día de hoy, el Santo Padre ha hecho alusión a la grave idolatría que sufre nuestra sociedad en general, especialmente el Primer Mundo, que adora al Dinero de una manera prácticamente religiosa, al tiempo que ha llamado la atención sobre la lacra del paro juvenil que afecta sobre todo a los países del Sur de Europa, países caracterizados por un gran arraigo en la fe católica. De acuerdo con este mensaje, el Papa ha llamado la atención sobre la necesidad de intervenir a los fieles, sobre todo a aquellos que revisten cargos de relevancia pública, para remediar una situación de crisis injusta en la que se ha producido ya una total inversión de los valores tradicionales que inspiraron Europa, y donde las personas están al servicio del dinero, y no al revés, como debería ser.

Volvamos, pues, nuestra mirada y nuestro corazón al Dios único y trino y pidámosle, con humildad, que atienda las súplicas de Su pueblo, especialmente, de las personas más necesitadas de consuelo y misericordia, con la oración colecta de esta Solemnidad “Santísima Trinidad, Escúchanos”.

 

Nuestro PIB europeo / Our European GDP

junio 13, 2014 § Deja un comentario


Advertencia: Algunas de las imágenes posteadas pueden herir la sensibilidad del lector.

 

Dedicado a la Troika y a sus tecnócratas

Al día siguiente Moisés dijo al pueblo: habéis cometido un pecado gravísimo; pero ahora subiré al Señor a ver si puedo expiar vuestro pecado. Volvió, pues, Moisés al Señor y le dijo: -Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo haciéndose dioses de oro. Pero ahora, o perdonas su pecado o me borras de tu registro. El Señor respondió: -Al que haya pecado contra mí lo borraré del libro. Ahora ve y guía  a tu pueblo al sitio que te dije: mi ángel irá delante de ti. Y cuando llegue el día de la cuenta, les pediré cuentas de su pecado. Y el Señor castigó al pueblo por venerar el becerro que había hecho Aarón” (Ex 32, 30-35)

Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y banqueteaba espéndidamente cada día. Y había un pobre, llamdo Lázaro, cubiero de llagas y echado a la puerta del rico, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle las llagas. Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahám. Murió también el rico y lo sepultaron. Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Lázaro a su lado. Lo llamó y le dijo: -Padre Abrahám, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que me moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas. Respondió Abrahám: – Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro por su parte desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado. Además, entre vosotros y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta vosotros ni pasar desde allí hasta nosotros. Insistió el rico: -Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre, donde tengo cinco hermanos; que los amoneste para que no vengan a parar también ellos a este lugar de tormentos. Les dice Abrahám: -Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen. Respondió: -No, padre Abrahám; si un muerto los visita, se arrepentirán. Le dijo: -Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso (Lc 16, 19-31)

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dinero incautado  muchos euros

 

Creo que sobran las palabras. NO COMMENT habría sido suficiente. No obstante, algo -poco- diré al respecto.

 

Tesis: La Regla de Oro según las mayores religiones de la Tierra y los mayores filósofos morales: “Amarás a tu prójimo con todo tu carazón, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, como a ti mismo” o “No harás a los demás lo que no quisieran que éstos te hicieran a ti”.

 

Antítesis: La Regla de Oro según la Troika y los “sabios” europeos: “Mantendrás el Pacto de Estabilidad con todas tus fuerzas y todo tu ser, como a ti mismo” o “No te endeudarás más de lo que nosotros decidamos”.

 

Síntesis: Depende de nosotros, y de nuestros “representantes” (de aquella manera) en los parlamentos nacionales y en el Parlamento Europeo. En cualquier caso, la ampliación de los objetivos de la Unión Europea más allá del ámbito estrictamente económico, que parecía ser una tendencia consolidada en todos los cambios normativos comunitarios desde el Tratado de Ámsterdam, está ahora en serio peligro por una crisis que, como puede verse por la decisión sobre el PIB recientemente adoptada por la Unión Europea y que se califica por sí misma, amenaza con llevar cada vez a más ámbitos de nuestra realidad social la máxima de que las personas deban estar al servicio de la economía, y no al revés. Sin embargo, no se hizo el hombre para la economía, sino la economía para el hombre. Como el sábado. Nuestra tradición común europea que inspirara los textos fundacionales de aquella primitiva “Comunidad Económica Europea” de 1957, a pesar del adjetivo económico, se basó en un objetivo mucho más trascendente, a la vez que práctico: evitar las guerras en el continente. No en vano -y con acierto-, la ahora denominada Unión Europea nació como “Comunidad Europea del Carbón y del Acero”. Tras muchas peripecias históricas, la caída del Muro, el llamado nuevo orden mundial y la ampliación de la Unión Europea a los países del Este, la voluntad del legislador comunitario de poner en común algo más que una moneda no desapareció por completo. Podía criticarse la tibieza, la falta de horizontes, la falta de políticas más efectivas, pero los Tratados -y después, el Tratado de Funcionamiento-, seguían siendo inspirados por una concepción de Europa no sólo económica. Y así continúan en la actualidad. A pesar de la crisis. Por ello, no está de más que recordemos algún pasaje del Tratado de funcionamiento de la Unión, en su versión consolidada, relativo al espacio común de cooperación en materia de justicia e interior, y en concreto, su art. 83.1, que, en concordancia con otras normas comunitarias de Derecho derivado, algunas de ellas reglamentos y por ello con eficacia directa, así como con otras normas emanadas del Consejo de Europa, se refiere al menos a la posibilidad de que los Estados miembros adopten medidas en defensa de una serie de bienes jurídicos que, por nuestra común tradición valorativa se estiman prioritarios, y en consecuencia se arbitren también las medidas de lucha contra aquellas conductas que los lesionen o los pongan en peligro, especialmente si éstas revisten carácter transnacional, rasgo muy común en la nueva delincuencia. Así, el art. 83.1 TUE, en su redacción vigente, dice: “El Parlamento Europeo y el Consejo podrán establecer, mediante directivas adoptadas con arreglo al procedimiento legislativo ordinario, normas mínimas relativas a la definición de las infracciones penales y de las sanciones en ámbitos delictivos que sean de especial gravedad y tengan una dimensión transfronteriza derivada del carácter o de las repercusiones de dichas infracciones o de una necesidad particular de combatirlas según criterios comunes. Estos ámbitos delictivos son los siguientes: el terrorismo, la trata de seres humanos y la explotación sexual de mujeres y niños, el tráfico ilícito de drogas, el tráfico ilícito de armas, el blanqueo de capitales, la corrupción, la falsificación de medios de pago, la delincuencia informática y la delincuencia organizada. Teniendo en cuenta la evolución de la delincuencia, el Consejo podrá adoptar una decisión que determine otros ámbitos delictivos que respondan a los criterios previstos en el presente apartado. Se pronunciará por unanimidad, previa aprobación del Parlamento Europeo”. No quiero detenerme mucho en el comentario, puesto que creo que, en este caso, los hechos hablan por sí solos. Simplemente me limitaré a hacer un brevísima referencia a la finalidad del delito de blanqueo de capitales, por lo que tiene que ver con la decisión adoptada por la UE en relación con el cómputo del PIB. A mi juicio, la importancia de incriminar este delito reside en la necesidad de privar de la ganancia a quien realiza determinadas actividades ilícitas, y, con ello, de la ventaja de poder competir en el mercado, precisamente para prevenir e impedir la realización del llamado delito base. Explicado con un ejemplo, si el narcotraficante o el tratante de seres humanos se ven privados de todo modo de poder hacer aflorar el dinero que les reporta su repugnante negocio, ya no le será económicamente atractivo, con lo que, castigando el blanqueo de capitales, estamos en realidad previniendo o impidiendo futuras conductas que por su gravedad consideramos intorerables. Al menos ésta es mi opinión sobre lo que la doctrina penal suele denominar como “bien jurídico protegido” en dicho delito. Volviendo a la cuestión que nos ocupa, con el beneplácito obligado de Europa de que las actividades ilegales deban “computar” económicamente a efectos del “sacrosanto” PIB, no llegamos al menos a los efectos perversos de las amnistías fiscales que este gobierno de derechas, y por tanto, de “gente de bien” hiciera básicamente a los grandes delincuentes para que “el dinero aflorara”, pero se produce un efecto simbólico perverso, cual es el de una declaración, por parte de un organismo público, de que actividades ilícitas que constituyen muchas veces gravísimos crímenes “producen”, tienen un valor, y esto no puede ser afirmado por un Estado de Derecho que dice -y es más-, está obligado, por su propia legislación y por la legislación internacional, a luchar contra la criminalidad organizada, especialmente contra la que produce los efectos más devastadores para las personas que son víctimas de las redes de explotación y de las organizaciones bajo cuyo amparo se realizan tales hechos. Por ahora, éstos son los hechos justificados, a efectos de incrementar el PIB, por un Estado y una Unión Europea que jurídicamente no pueden no ya declararlos antijurídicos, sino ni siquiera dejar de perseguirlos, conforme a su propia legislación y a los convenios internacionales. La paradoja de un Estado de Derecho que se niega a sí mismo y se postra ante los mercados. No me corresponde a mí juzgar. Como dirían en el Sur, “ustedes sabréis”.

 

Fdo. Pablo Guérez, PhD

@pabloguerez

 

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Feliz Pentecostés, Culminación del Tiempo Pascual: Dios no nos ha dejado solos. Su Espíritu habita en nuestros corazones.

junio 9, 2014 § Deja un comentario


 

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Y JESÚS CUMPLIÓ SU PROMESA: FELIZ PENTECOSTÉS A TODO EL MUNDO

 

 

Feliz Pentecostés a todo el mundo. Que la gracia del Espíritu Santo, que es Dios en Persona, se derrame copiosamente sobre todos vosotros, con sus siete dones y sus doce frutos.

Deja que Dios sea Dios: así comienza el título de una canción muy conocida en el ámbito de la Renovación Carismática, así como otras canciones de invocación al Espíritu Santo, y que se han extendido a multitud de grupos de oración, tanto en la Iglesia Católica como en varias Iglesias reformadas, especialmente, la Iglesia Evangélica y las Iglesias reformadas norteamericanas más modernas, en cuyo seno nació aquel movimiento. Es un don que se nos da desde lo Alto, que Jesús, y aun antes los profetas, habían prometido a Israel, pero que ahora se anuncia para todo el mundo. Es un don tan maravilloso que es el mismo Dios, en su Tercera Persona, que quiere habitar en nuestros corazones, con tal de que le hagamos sitio, aunque sólo sea muy pequeñito. Sólo basta, recordando una entrada anterior, que estemos dispuestos a recibirlo con la disposición y el fervor adecuados. Lo demás, lo hará Él, cómo, dónde y cuándo quiera. Por algo es Dios. Nosotros sólo tenemos que fiarnos de Él y dejarle entrar en nuestro corazón. El Espíritu de Dios, si nosotros queremos, puede cambiarnos la vida. Al Espíritu Santo que hoy ha sido derramado sobre mí para el perdón y remisión de mis pecados y para concederme sus siete dones que habré de cultivar, según Su voluntad, dirijo estas palabras, a modo de oración catequética, para que, en lo que puedan, aprovechen y conforten a todos los lectores que se encuentren con ellas, a propósito o accidentalmente -nunca existen accidentes en lo que se refiere al Espíritu, sino Su invisible acción y Providencia-, especialmente a los lectores más probados y necesitados.

Espíritu de Dios, mira nuestros corazones vacíos y extraviados, especialmente los de aquéllos que andamos y sufrimos tribulación; envía tu aliento sobre nosotros, riega la tierra reseca de nuestras almas cansadas y agobiadas y santifíciales con el fuego de tu Amor inagotable. Para que cantemos tus maravillas, Señor. Ven, Espítu Santo, puríficanos, y habita en nuestros corazones, según la promesa de Nuestro Señor Jesucristo. En este Solemnidad en la que la Iglesia Universal conmemora Tu efusión plena como Paráclito a los Once, quienes, a pesar de las apariciones de Jesucristo Resucitado en Espíritu, Alma y Cuerpo gloriosos, se hallaban todavía confundidos, encerrados en el Cenáculo, por miedo a los judíos, tal y como leemos en el realto de “Hechos”, Señor, hemos querido abrirte nuestro corazón: es un corazón contrito y humillado que, como nos enseñaste a través de la sabiduría de los Salmos por Ti inspirados, Tú nunca desprecias. Cambia con la fuerza de tu Poder, que no es otro que el Amor de Dios, como se reza en la oración del profeta Ezequiel, nuestro corazón de piedra por un corazón de carne; destierra en nosotros todo temor, todo odio, toda ira, toda cólera, toda venganza y toda falsa justicia humana. Concédenos Tus siente dones, sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios, y, especialemente en estos tiempos tan turbulentos, el don de la fortaleza para resistir toda tribulación, por grande que sea, según Tu voluntad; Tú, que eres Persona y Misterio incomprensible de la Plena comunión del Hijo en la Gloria de Dios Padre, y eres Dios mismo, una de sus Tres Personas, concédenos que, por los frutos de Tu Presencia en nosotros, nuestro corazón y nuestros actos puedan irradiar los efectos de Tus frutos, comenzando por la paz, la alegría, la bondad y la benignidad. Haz que, olvidándonos de nosotros mismos y de los problemas que nos aquejan, te dejemos moverte libremente en nuestro interior, como la brisa ante cuyo fluir se tapó la cabeza el Profeta Elías, que, en señal de adoración a Ti, se cubrió el rostro con su manto, pero pudo sentir Su presencia. Después del Sacrificio de Jesucristo, Tú nos ofreces hoy mucho más que eso: nos ofreces poder habitar en nuestro interior, poner en él Tu morada. Por ello está escrito que muchos profetas desearon ver lo que nosotros vimos, y no vieron; u oír lo qu nosotros oímos, y no oyeron. Tu Santo Espíritu está en el Evangelio de Jesucristo, que es la Palabra viva: ¿Quién habrái imaginado un regalo mejor de Dios? Tenerle en nuestro interior. Ser nosotros Sus templos. Parece el Cielo en la tierra. Si bien el que escribe estas páginas sabe que, para poder sentir con plenitud el don del Espíritu Santo hay que seguir un camino de perfección espiritual, distinto para cada uno -puesto que los caminos del Señor son infinitos-. Estamos en el camino, y el camino está en el mundo. Y en el mundo encontraremos tribulación, enfermedad, desolación, muerte y muchas noches oscuras del alma. Pero recordemos las palabras de Jesús pronunciadas justo antes de Oración Sacerdotal, y no muy lejanas de Su Promesa del envío del Espíritu Santo: “en el mundo pasaréis tribulación, pero no temáis; yo he vencido al mundo”. El Espíritu Santo es Nuestro Paráclito, Nuestro Defensor, y nos dará la fuerza necesaria, si se la pedimos con fe, para sobrellevar cualquier tribulación, por dura que sea o por insuperable que nos parezca. Así que, aunque no lo veamos ni lo percibamos, si invocamos al Espíritu con fe, Éste se manifestará. Si hemos llegado a un punto en el que parece que no podemos resolver nuestros problemas, que no podemos luchar contra las injusticias externas, contra nuestras debilidades, contra el mal que nos ataca por doquier o contra nuestro propio pecado, te rogamos que nos infundas, Espíritu divino, la confianza y la fortaleza necesarias para dejar muchas cosas que no están en nuestras manos en las Tuyas. Pues nada es imposible para Ti. Te pido, para mí y para todo el mundo, que nos concedas el don de dejarte ser Dios; de dejar, como reza la canción de la Renovación Carismática con la que iniciaba mi humilde oración, que Dios sea Dios. Amén.

 

Y ahora, los que podáis y queráis, intentad dejar de pensar en vuestros problemas y descansad en Dios escuchando esta preciosa canción.

 

http://www.goear.com/listen/8085b78/ven-y-descansate-renovacion

 

Feliz Pentecostés a todos.

 

AMDG

 

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