MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: CAMINOS…

julio 10, 2014 § Deja un comentario


¡Y tanto! Pero ello requiere, además de tiempo, esfuerzo, y ambas cosas no se avienen muy bien con el cortoplacismo eficientista imperante en nuestras sociedades occidentales “avanzadas”, así como con el culto a una juventud que es ensalzada “in abstracto” lo mismo que es denigrada “in concreto”. La sabiduría oriental es mucho más cruda en cuanto a la aceptación del tiempo y de la constancia, como lo son la mayor parte de las religiones “occidentales”, las cuales, por cierto, tienen un origen semítico, es decir, asiático. Y sin embargo, estas formas de pensamiento, tanto en su expresión esotérica como exotérica -organizadas como religiones o filosofías y con vocación de revelación-, parecen conciliar mucho mejor dos conceptos antagónicos como tiempo y eternidad, lo que hace que la relación con el tiempo de quien profesa determinadas creencias sea mucho más natural y menos neurótica que en el Occidente secularizado. De la misma manera, dicha relación profundamente problemática con el camino de la vida y con el tiempo no se da en las personas que han interiorizado muy bien el propio mensaje cristiano, que llama, sin dejar de exhortarnos a hacer un examen de conciencia bien entendido de nuestro propio pasado, a la Luz de la Misericordia de Jesucristo, y sin despreocuparnos absolutamente del futuro, pues Él mismo nos llama a construir nuestra casa sobre la roca y no sobre arena (Mt , 21-27), a vivir, incluso para trascenderlo -como todos los místicos hicieron-, en y desde el presente, puesto que, “el mañana tendrá su propio agobio” (Mt 6, 34). Volviendo a nuestra existencia temporal, aunque cueste, los yoguis también dicen sabiamente que un camino de mil millas comienza con un primer paso. Y que a veces uno encuentra su destino en el camino que emprendió para evitarlo, y la lección que haya que aprender puede que sea solamente ésa. Lo cierto es que, al menos por lo que sabemos ahora de las leyes de la física, y de nuestra interrelación fáctica con ellas, no se puede desandar el camino andado. Así que, más vale que lo aprovechemos, en las lecciones exitosas como en aquellas más duras, porque, como bien dijera Machado, “al volver la vista atrás se ve la senda que nunca antes se ha de volver a pisar”. La línea única del tiempo, también conocida por los físicos como “flecha del tiempo”, parece avanzar solamente hacia adelante, y conduce a una situación sólo aparentemente paradójica: utilizando el lenguaje de Sartre, habría un determinismo temporal y un indeterminismo humano, representado por la “condena” a la libertad; es más, si no existiera aquél no sería posible ésta, toda vez que es el tiempo el que permite la sucesión causal de acontecimientos que, trasladada al plano humano, expresa la posibilidad del binomio libertad/responsabilidad. En este sentido la selección de un momento a partir del cual emprendemos un curso de acción sólo es posible en y desde el tiempo. Por otra parte, la negación de lo que llaman los físicos “curvas cerradas de tipo tiempo”, y que permitirían el viaje al pasado, regresando al punto de partida, hace imposible un escenario en el que siempre tendríamos la posibilidad de corregir nuestros errores volviendo atrás en el tiempo, lo que convertiría nuestras decisiones en “inconsistentes” y no “significativas”. Pero esta especie de “ley de protección de la cronología”, ya teorizada por los físicos, no debería apoyarse en un principio antrópico “fuerte”, es decir, la razón de que el tiempo que observamos discurra en una sola dirección nada tendría que ver con una supuesta necesidad del Universo de facilitar la aparición de seres libres y responsables. No obstante, y a falta de una mejor explicación, parece que debemos contentarnos, por ahora, con el hecho de saber que una vez tomado un camino “de verdad”, muchas veces no es posible desandarlo, salvo que realmente nuestra decisión no se haya todavía “concretado” en la elección de un camino con la exclusión de otros, es decir, que nuestra “elección” no haya cerrado la puerta de vuelta de un modo que la línea del tiempo ya sólo pueda ser de sentido único.

Fdo.: Pablo Guérez Tricarico, PhD

@pabloguerez

PD. La posición del que escribe estas líneas es favorable a la posibilidad, al menos teórica, del viaje en el tiempo, con los inconvenientes derivados de la multitud de escenarios teorizados y de la “fuerza” o “consistencia” que en nuestro Universo presente la línea del tiempo. Las leyes actuales de la física no niegan ni permiten el viaje hacia atrás en el tiempo (el viaje hacia adelante más allá de su decurso “normal” para un espectador que se mueva a velocidades cercanas a la velocidad de la luz con respecto a otro situado en un sistema inercial en reposo o en movimiento rectilíneo uniforme está expresamente admitido por la relatividad especial, e incluso el viaje hacia atrás parece plausible en el mundo cuántico de la física de partículas elementales). A partir de ahí, todavía, “non liquet”. Pero personalmente me gusta la idea del agujero de gusano clásico en su formulación del puente de Einstein-Podolsky-Rosen.

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

01- A VECES HAY UN LARGO CAMINO

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De nuevo sobre la dignidad y el trabajo: declaración del papa Francisco en Molise

julio 9, 2014 § Deja un comentario


Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura (Mt 6, 33)

El obrero merece su salario (1 Tim 5, 18)

La dignificación del trabajo ha sido una de las constantes de la línea de pensamiento religioso, teológico y victimológico que he querido mantener en este blog. Hoy se ha referido a ella de manera clarísima el papa Francisco en su encuentro en Molise en el día de ayer, 8 de julio, con el obispo de Isernia, región italiana especialmente castigada por el desempleo, en particular por el desempleo juvenil. Las sencillas palabras del Pontífice han sido las siguientes: Entre todos los grandes problemas que afligen a la Humanidad, el principal problema de orden moral no es el hambre -que también-, sino la falta de dignidad, estrechamente conectada con el hambre y con la falta de recursos básicos. Alguien puede ir a un comedor de Cáritas y recibirá comida de alguien, de alguna u otra forma. Pero lo que es verdaderamente grave no es contestarse con poder comer cada día, sino “llevar el pan a casa”, puesto esto es lo que da la dignidad, lo que dignifica al hombre. En este sentido, para el papa Francisco, es la pérdida de dignidad producida por el desempleo a que no permite la autonomía del hombre para superar el hambre y sus necesidades materiales más básicas, y no el hambre es sí misma; y este sentimiento de pérdida de dignidad influye psicológicamente de una manera tan decisiva sobre quien lo padece que representa uno de los males más graves que afligen hoy a la Humanidad y que lleva ya años cobrándose sus víctimas también en los denominados países “ricos”.

El mensaje, que expresa una constante recurrente en mis entradas, no puede ser más claro: La dignidad es lo más importante, y las personas condenadas al desempleo han percibido claramente esa pérdida de dignidad que les conduce a una “cosificación”, en la medida en que les convierte en seres dependientes y esclavos.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

 

 

Sobre la petición de perdón del papa Francisco por los abusos sexuales cometidos contra niños

julio 9, 2014 § Deja un comentario


En un blog de orientación de humanismo cristiano sobre victimizaciones no podía faltar una referencia autónoma al problema de la, a veces tibia, posición de la jerarquía eclesiástica con respecto a los abusos cometidos sobre menores y sobre cualesquiera personas vulnerables, o simplemente la situación de denuncia de mujeres maltratadas o agredidas sexualmente sin su consentimiento. La doble moral franquista en este asunto parece ya incompatible con las señales del Papa Francisco, siguiendo la línea de su predecesor Benedicto XVI. Como curiosidad en materia de evolución de la teología moral sexual, quiero pensar que quedan atrás los tiempos, en el seno de la Iglesia Católica, no muy lejanos, en los que para algunos “moralistas” católicos el pecado de “simple fornicación” era teológicamente más grave que el de abusos contra personas que no pueden prestar su consentimiento, puesto que el primero entrañaba también un pecado contra la caridad, al comprometer la salvación eterna de la persona que prestaba su consentimiento al acto impuro. En buena teología “razonable”, esta posición ya no puede sostenerse. El propio Catecismo vigente de la Iglesia Católica señala que, en cualquier falta grave, el juicio sobre la pérdida o no de la gracia santificante como principal efecto del llamado “pecado mortal” corresponde sólo a Dios, lo que resulta conciliable con la nueva jerarquía axiológica que parece haber adoptado la Iglesia -aun sin haberla explicitado- en materia de moral sexual -al menos, en lo que se refiere a la importancia de la indemnidad sexual de los menores y de los incapaces, y al respeto al consentimiento de los participantes en el acto sexual-, y sobre todo, con el mensaje evangélico, que es el primer tesoro que tiene salvaguardar la Iglesia Católica. El papa Francisco ha declarado el 8 de julio de 2014 que los actos de abuso perpetrados contra menores son algo más que actos reprobables. Utilizando sus propias palabras, el papa ha comparado los actos de abuso contra niños con un culto sacrílego, realizado por ministros que habían recibido de Dios el carisma de conducir esos niños a Dios, y aquéllos los sacrificaron al ídolo de su concupiscencia. También ha criticado la omisiones culpables de encubrimiento de estas acciones por parte de los superiores jerárquicos de los religiosos. Ha pedido perdón por los crímenes de abusos vergonzantes realizados contra menores y se ha comprometido a que tales crímenes, por la parte que le toca, no vuelvan a consentirse nunca más o, al menos, que reciban su castigo. Recordemos aquellas palabras de Jesús, unas de las más duras del Evangelio: “Ay de quien escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar” (Mt 18, 6; cfr. también 1 Co 8, 10-13).

 

Para los que quieran saber más sobre las palabras del Papa, pueden leer la siguiente información contrastada: http://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-celebra-misa-con-victimas-de-abusos-sexuales-y-pide-perdon-por-sacerdotes-que-traicionaron-su-mision-96562/#.U71sD_XlodV

 

 

 

 

 

De nuevo sobre el problema de la hipercualificación y contra la crítica a la presunta “ociosidad” de la juventud sin trabajo

julio 8, 2014 § 1 comentario


Creo que hay que reconocer que los jóvenes más inteligentes de los países occidentales tienden a padecer aquella clase de infelicidad que se deriva de no encontrar un trabajo adecuado para su talento (…) El cinismo que tan frecuentemente observamos en los jóvenes occidentales con estudios superiores es el resultado de la combinación de la comodidad con la impotencia. La impotencia le hace a uno sentir que no vale la pena hacer nada, y la comodidad hace soportable el dolor que causa esa sensación (Bertrand Russell, La conquista de la felicidad, 1930)

 

La lucidez y la clarividencia del gran matemático, fílósofo, lógico, epistemólogo y humanista Bertrand Russell, quen ganara el Premio Nobel de Literatura escribiendo prácticamente sólo ensayo, hacen que sus siempre textos de referencia, escritos en la mejor tradición de la prosa anglosajona, hablen por sí mismos y no merezcan comentarios. Por esta razón, me limitaré a subrayar la actualidad de esta reflexión de Russell, que mantiene plena vigencia en el tiempo presente.

En una entrada anterior expresé una idea ciertamente iconoclasta, en la que describí como acreedora a una nueva forma de discapacidad a la persona hipercualificada, joven o no tanto, pues la formación de la buena necesita su tiempo y su madurez, más allá de las modas impuestas por las supuestas necesidades de innovación que tan bien parecen interpretar los políticos, con su incesante reforma de las enseñanzas regladas con el único objeto no declarado de sumir a la Academia en una vorágine burocráctica que, cual Leviatán acaba por fagocitarse a sí misma. En aquella entrada, como recordarán mis lectores, me aventuré a definir al parado hipercualificado como una persona extraordinariamente formada -no sólo en un ámbito del conocimiento humano, pues todo conocimiento está interconectado-, la cual, precisamente por su peculiar estilo investigador y su profundo amor al conocimiento teórico -no digamos ya si posee un Doctorado, cuyo contenido ha querido aligerarse en los últimos años con el pretexto de la convergencia con el proceso de Bolonia-, estaba en estos tiempos en peores condiciones de obtener un puesto de trabajo “normal” o, si se quiere, empleando términos más ampulosos de la sociología sistémica moderna, “disfuncional” para el sistema. Un sistema de producción y distribución de bienes que se basa en un estadio de la economía capitalista que parece que ya no da más de sí, y en el que la brecha entre los llamados “creadores de empleo” o “emprendedores” y los trabajadores va aumentando cada vez más, tanto en poder adquisitivo como, sobre todo, en el diverso estatus social de unos y otros, a quienes se les reconoce, de facto, un diferente estatus jurídico, con menos derechos y con menos dignidad. Pero sobre ello ya he tratado largo y tendido en otras ocasiones. Fijémonos en la cita de Russell: a diferencia de algunos “discursos” que ahondan en la idea de que la “titulitis” ha sido el mal endémico de la juventud española, y de que los jóvenes -y aquellos no tan jóvenes que han perdido el trabajo-, no quieren trabajar, Russel se fija en el aspecto psicológico, causa de infelicidad en los jóvenes universitarios, los cuales, como el propio Russell reconoce, desarrollan sus propias estrategias de evitación emocional para no sucumbir ante lo que el autor, en capítulos atrás, hubiera magistralmente como la mayor de las desdichas psicológicas, la “infelicidad byroniana”, en honor a Lord Byron. En lo referente a la infelicidad de la que trata el párrafo citado, el aspecto psicológico comprende, aunque no lo agota, un doble sentimiento de frustración por parte de las personas cualificadas que no pueden acceder a un puesto de trabajo acorde con su formación -lo que significa, ni más ni menos, ¡un puesto que van a desempeñar mejor que otras personas no cualificadas!, y eso se les olvida a muchos de aquellos que ven la solución al problema del desempleo en España en que los ingenieros, por poner un ejemplo, se vayan a servir cafés a Londes (escuchado en el Congreso de los Diputados, sic.)-. Por esta razón cuando he expresado en anteriores entradas que lo que produce frustración a muchas personas hipercualificadas es su profunda sensación de no poder devolver a la sociedad, en términos de progreso y de desarrollo económico, aquello que la sociedad -muchas veces con los impuestos reamente pagados, y que normalmente son los impuestos que recaen sobre las nóminas, pensiones e ingresos regulares directamente controlables por el fisco- ha invertido en su formación. A esta primera frustración se añade el pesar derivado de la constatación que mucha gente, de cuyas buenas intenciones no cabría dudar, y que han pagado impuestos para formar a los mejores talentos del país, se suma a los argumentos populistas del estilo de que “si los jóvenes y/o los parados no trabajan es porque no quieren, porque podrían trabajar perfectamente limpiando suelos o de reponedores por 400 0 600 euros mensuales con jornadas de 12 horas”. Exceptuando a nuestros políticos, prefiero pensar que la pobre gente que utiliza estos argumentos lo hace con buenas intenciones; no obstante, permítaseme destacar algunas características que se suelen dar en la gente que busca este tipo de “soluciones” al desempleo juvenil y cualificado. Por mi experiencia, he podido constatar que se trata de personas, digamos, al menos de clase media acomodada, con un puesto fijo -algo ya impensable en la “nueva economía”-, y con cierta formación -más bien titulación- universitaria, por cierto, la mínima formación académica instrumental que les permitiera en su día acceder a puestos de trabajo clásicos como empleados de banca, corredores de seguros, asesores, e incluso abogados.

La solución al tremendo drama del desempleo juvenil y no tan juvenil cualificado tiene que venir, por el contrario, de un replanteamiento de las estructuras económicas que sirven de base a la superestructura jurídica constituida por el Estado. Mis lectores podrán reprocharme la falta de rigor científico en la elección deliberada de términos marxistas -o marxianos-, pero éstos son los que expresan más que nunca la actual supremacía de la economía frente a la política en la más noble de sus acepciones, es decir, el arte del buen gobierno de la cosa pública en aras al Bien Común.

Lo que ocurre con el drama al que acabo de aludir es que no es sino el corolario necesario del actual estadio del sistema capitalista; comoquiera que la educación, como derecho prestacional de un Estado social cada vez más en crisis, se ha escindido del fomento del empleo, por parte de los poderes públicos, que tenga en cuenta el grado de formación para que los mejores talentos puedan desarrollar las competencias y las habilidades adquridas durante su largo proceso formativo, muchos ellos no encuentran salidas en empleos acordes a su formación. Nótese aquí cómo estoy presentando el problema desde un punto de vista de cálculo de la eficiencia económica: una de las funciones del Estado social y del Estado de bienestar consiste en ofrecer canales entre la educación y el empleo, pero no para satisfacer el orgullo -ni siquiera la dignidad- del trabajador cualificado o hipercualificado en paro, sino para lanzar el gran reto al sector productivo privado de contar con gente de elevada cualificación, la cual, en puestos directivos, garantizará seguramente a largo plazo el desarrollo de empresas concretas y, con ello, el desarrollo del país. Dicho de una manera mucho más simple: el hecho de que haya “muchos ingenieros sirviendo cafés” puede ciertamente contribuir a culivar la virtud de la humildad de los ingenieros, pero resulta tremendamente disfuncional para un sistema socioeconómico que no esté centrado exclusivamente en obtener beneficios a corto plazo. Si hay ingenieros de caminos sirviendo cafés, significa que no se construirán puentes, como no habrá progreso tecnológico si los informáticos se dedican a limpar escaleras. Y todos convendremos, incluso desde un punto de vista de estricta eficiencia económica, que un país moderno debe apostar por el trabajo cualificado enmarcado en una dirección empresarial con anchura de miras, sobre todo, como respuesta a “los retos” de la tan cacareada por los actores sociales y políticos “sociedad de la información y del conocimiento”, la cual ya adelanto, desde mi punto de vista, que no es sino una “sociedad de la desinformación y de la ignorancia”. Sin embargo, y analizando la realidad social española -pero no sólo, puesto que sobre ella influyen premisas ideológicas disfrazadas de ciencia económica basadas en el austericidio, cuyas consecuencias en orden a cualquier recuperación económica siempre son omitidas por los “sabios” de la Troika y de las instituciones clásicas del orden mundial surgido tras los acuerdos de Bretton Woods-, me temo que nos hemos topado ante uno de los principales escollos: la combinación, terrible, entre “emprendedores” que sólo buscan el beneficio a corto plazo e intentan minimizar el riesgo, con lo que siguen empeñándose en procedimientos y en maneras tradicionales -y ello dificulta la contratación de personas con elevados conocimientos pero con capacidad realmente crítica y transformadora-, y una banca caracterizada por privatizar los beneficios y socializar las pérdidas, con el apoyo de los Gobiernos a los que sustenta, que no dudan en “echarles un cable”, vía línea de crédito o directamente de préstamo con dinero que sale de los contribuyentes y cuya supervisión brilla por su ausencia.

En este contexto socioeconómico, las palabras de Russell cobran nuevos matices en el ámbito psicológico. Russel habla de impotencia, pero la impotencia no es más que el reflejo psicológico de la lucha por la dignificación del trabajo cualificado que resulta menospreciado por el connubio Estado-Banca-Empresa. Y la comodidad no deja de ser una huida humana, muy humana, que alivia el dolor, el que previó Russell y el dolor más existencial referido al sentimiento personal de autofrustración y falta de dignidad a que siempre lleva el talento desperdiciado. Tras este análisis, ¿realmente puede alguien en conciencia reprochar humanamente a los jóvenes sin empleo o a los parados que han perdido el suyo, después de que éstos hayan “quemado”, muchas veces casi literalmente, los mejores años de su vida en la preparación para carreras vocacionales con la esperanza no sólo de ganarse la vida, sino de contribuir al desarrollo del país? Que cada uno responda a esta pregunta en conciencia.

Sobre este problema, tenéis más referencias en este mismo blog en http://pabloguerez.com/2014/07/08/de-nuevo-sobre-el-prolema-de-la-hipercalificacion-y-contra-la-critica-a-la-presunta-ociosidad-de-la-juventud-sin-trabajo/.

 

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD. /Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

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¡VIVA SAN FERMÍN!

julio 7, 2014 § 2 comentarios


 

A mis Abueblos María y Luis Joaquín, IN MEMORIAM

A José Joaquín Arazuri, IN MEMORIAM

Al Pueblo de Navarra, que estará siempre en mi corazón

 

img-capilla-de-san-fermin      chupinazo   Gigantes    encierros   peñas

 

El día de hoy, 7 de Julio, la Iglesia Católica celebra la Fiesta de San Fermín, obispo y mártir, patrón de la Archidiócesis de Pamplona y copatrono de Navarra. La Fiestas de San Fermín son conocidas en todo el mundo desde que E. Hemingway diera a conocer al mundo su popular novela “Fiesta”, precisamente en unos años en los que los Estados Unidos vivían bajo la austeridad de la Ley Seca y la de una doble moral puritana. Sin caer en los excesos propios de algunos vistantes que no conocen, ni pretenden conocer el “alma de la fiesta”, confundiéndola con un “macrobotellón” falto de cualquier rasgo diferencial, se trata de un fenómeno único en el mundo, en el que la más honda religiosidad individual y popular se mezcla con la sana diversión y, por qué no, con el uso y el abuso de la buena comida y la buena bebida, porque, como sabiamente decían los romanos, una vez al año “licet insanire”, es decir, está permitido hacer locuras; por supuesto, de manera pacífica y respetando siempre al otro y a su la manera de vivir la Fiesta, con más o menos fervor religioso, con más acento en lo secular o simplemente como un lugar de encuentro privilegiado para celebrar una Fiesta de tradición milenaria que no deja nunca cada año de soprender al visitante con multitud de detalles: con el júbilo de la gente que estalla en cada calle del Casco Viejo y recorre la ciudad al compás de dulzainas, txistus, tambores o trombones; con los misterios escondidos en las plazoletas de Pamplona, con cada jota improvisada de la Procesión de la mañana del 7 de julio y que a muchos nos parte el alma; con el “momentico” del baile de los Gigantes en el atrio de la Catedral, a eso de las tres de la tarde de hoy, antes de celebrar en familia o con los amigos la tradicional comida de San Fermín.

Las Fiestas de San Fermín siempre han sido para mí muy especiales por mi ascendencia navarra, pero sobre todo por mi sentimiento de pertenencia a Navarra y por mi experiencia personal de la Fiesta, ligada a mis mayores, pero también a los sueños de un niño y de un adolescente cautivado por la magia de la Fiesta. Ni que decir tiene que algunos de los mejores momentos de mi vida tuvieron lugar durante las Fiestas de San Fermín, en los que, con aquella inocencia ahora perdida, se me concedía “permiso” para perderme por las calles de Pamplona y correr tras los Gigantes, en búsqueda de los tesoros de aquella tradición milenaria de la Fiesta, de Pamplona y de sus secretos históricos mejor guardados.

Habrá ya advertido el lector que no puedo se imparcial en la descripción de la Fiesta, ni tampoco en su recuerdo. Todavía hoy añoro esos recuerdos de la infancia en los que mi abuela me llevaba a ver los Gigantes, y soñaba, cuando cumpliese dieciocho años, en correr el encierro o en pasarme toda la noche de juerga en los varios actos programados y no programados del abultado e inagotable calendario, oficial u oficioso, del programa de festejos de San Fermín. Incluso planeaba minuciosamente los actos a los que no podría faltar, en los que el fruto prohibido de pasar una noche en blanco se me antojaba tan atractivo como lejano.

Los Sanfermines son toros, encierros, meriendas que parecen comilonas en las corridas de toros y desfiles de las peñas; pero también son Gigantes y Cabezudos, fiestas para los niños y mayores, varios chatos de vino con sus fritos o pinchos, música constante por las calles de la Muy Noble, Leal y Heroica Ciudad de Pamplona que se viste de rojo y blanco para celebrar, con su Santo, una de las fiestas más singulares y antiguas de Occidente, cuyos orígenes se remontan a la alta Edad Media. Una Ciudad orgullosa de sus tradiciones y que no duda en invitar a los visitantes de todo el mundo para que sean testigos, cada uno a su manera, pero en el respeto de todos, y, fundamentalmente, en el respeto a aquellos actos y tradiciones que constituyen la esencia cristiana de la Fiesta de San Fermín, del mayor espectáculo festivo que pueda contemplarse en España.

Las Fiestas de San Fermín son siempre motivo de un reencuentro; con amigos y familiares con los que quizá haga tiempo que hayamos perdido el contacto; con nuestras raíces, con nosotros mismos y con Dios, a través de la mediación de San Fermín.

Que el Glorioso San Fermín nos eche su famoso “capotico” y que nos ilumine a todos en estas Fiestas, pamploneses de vecindad o de corazón -también denominados “pamplonicas”-, y transeúntes, para podamos disfrutar todos de unas Fiestas en paz y alegría.

Pablo

 

San Fermín, Obispo y Mártir, ruega por nosotros.

 

MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: LA PUERTA DE SALIDA

julio 4, 2014 § 1 comentario


“No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él. El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue detrás no es digno de mí. El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí, la encontrará. Quien a vosotros recibe, a mí me recibe, y quien me recibe a mí, recibe a Aquel que me ha enviado. Quien reciba a un profeta por ser profeta, recompensa de profeta recibirá, y quien reciba a un justo por ser justo, recompensa de justo recibirá. Y todo aquel que dé de beber tan sólo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños, por ser discípulo, os aseguro que no perderá su recompensa. Y sucedió que, cuando acabó Jesús de dar instrucciones a sus doce discípulos, partió de allí para enseñar y predicar en sus ciudades” (Mt 10, 34)

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

05- PUERTA DE SALIDA

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