Defectos y excesos del reglamentismo hispánico en la pretendida regulación de una ética secular de la virtud y en la supresión de los tratamientos de cortesía por la Administración General del Estado: aportando algo de educación y sensatez

febrero 9, 2017 § Deja un comentario


Defectos y excesos del reglamentismo hispánico en de la pretendida regulación de una ética secular de la virtud y en la supresión de los tratamientos de cortesía por la Administración General del Estado: aportando algo de educación y sensatez

Por Pablo Luis Guérez Tricarico, ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid, Acreditado a Profesor Contratado Doctor y Académico Correspondiente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación

 

Abstract: En la presente publicación, sin ánimo de exhaustividad, examino algunos de los defectos y excesos prototípicos de la actual Administración Española en relación con una correcta comprensión de la educación y la cortesía, en la que intento dar mi criterio, contrario, por una parte, al exceso reglamentista de “virtudes” que supuestamente deberían reunir los empleados públicos, y, por otra parte, el defecto que ha supuesto la evolución de las reglas del trato social en el trato personal y en la utilización de los tratamientos de cortesía en la Administración.

Palabras clave: Administración Pública; Administración General del Estado; relaciones especiales de sujeción; derechos fundamentales; ética de la virtud; coacción administrativa; educación; cortesía; tratamientos; protocolo.

 

  1. Los excesos de la Administración Pública en materia de exigencias de su personal: el problema de la imposición de una ética de la virtud en un Estado de tradición liberal

En una monografía del excelente administrativista el Excmo. Sr. Prof. González Pérez, llamado “Administración pública y moral”, publicado por la prestigiosa Editorial jurídica Thomson Civitas en los años noventa del pasado siglo, el viejo Profesor elogiaba las normas comunitarias que exigían probidad y otras virtudes de una ética de la virtud tradicionalista, al tiempo que lamentaba la derogación de normas similares en el ordenamiento jurídico español. La misma temática fue escogida por el Profesor para su discurso de ingreso en la Real Academia de Jurisprudencia y legislación, que tuvo lugar en 1995, y cuyo texto íntegro, breve y de lectura amena y recomendable, puede descargarse en la web vía http://www.racmyp.es/R/racmyp/docs/anales/A72/A72-1.pdf.

Al hilo de una discusión, en un comentario objetivamente muy desafortunaado por el que  se tildó de “raro” –con la connotación negativa que suele tener este término en español, a pesar de las múltiples definiciones, moralmente neutras, que da a esta palabra el Diccionario de la Real Academia Española- por escribir de Ud. a mis superiores, en el contexto de una estructura fuertemente jerarquizada y con una flexibilidad manifiestamente mejorable -tanto en lo que se refiere al modo de acceso como a las dinámicas “informales” que se producen en su actuación-, quisiera compartir con Uds. algunas reflexiones sobre el uso profesional del Ud. en la lengua española y, más concretamente, en España.

Aquellas reflexiones entonces expuestas por el Profesor, la crispada situación de la política española con minúsculas y el debate político-mediático, que viene durando ya aproximadamente al menos dos años y medio, sobre lo que debe o no ser exigible a un cargo público, debate que tiene lugar, más que en la natural discusión parlamentaria, en el terreno mediático, con el empleo de un discurso compartido por los partidos de todo el espectro político español, así como mi cierto conocimiento profesional práctico sobre el funcionamiento de la “black box” de la Administración española, me ha suscitado reflexiones sobre los peligros de la juridificación de una cierta ética de la virtud en la Administración Pública, que, a la vez que desatiende problemas de educación claros, pretende exigir a los empleados públicos unas cualidades o virtudes a cuya práctica un Estado de Derecho no puede legítimamente obligar.

En 1990 el Instituto Nacional de la Administración Pública (INAP) editó un Manual de estilo de lenguaje administrativo que, si bien tenía puntos positivos –mejorar la sencillez y la claridad en la redacción de documentos, evitando por ejemplo el uso excesivo de frases subordinadas, o aplicar los resultados de estudios para la mejora de la técnica legislativa-, se mostraba a mi modesto juicio poco respetuoso con la dignidad de la institución social “Administración Pública”.

El Manual recomendaba la supresión de los tratamientos tradicionales en la Administración (Excmo. Sr., Ilmo. Sr.), cuestión que fue tenida en cuenta –según mi criterio, negativamente- por la Orden APU/516/2005, de 3 de marzo, por la que se dispone la publicación del Acuerdo del Consejo de Ministros de 18 de febrero de 2005, por el que se aprueba el Código de Buen Gobierno de los miembros del Gobierno y de los altos cargos de la Administración General del Estado. A pesar de lo que diga el Preámbulo de dicho Código, a mi modesto juicio, y conforme a un importante sector de la doctrina de Derecho administrativa y generalista de Derecho público, el Código de Buen Gobierno como tal, aprobado por una Orden Ministerial, carece de valor normativo, especialmente “ad extra”, y sólo incluye recomendaciones dirigidas a los funcionarios públicos, a los que, por cierto, se les exige comportarse como seres seráficos, y no como hombres y mujeres de carne y hueso, pero humanos, con su dignidad, por supuesto, pero humana y no “angélica“. Por otra parte, no considero que sea función legítima de la Administración ni del Gobierno de un Estado de Derecho supuestamente respetuoso con la libertad de conciencia exigir a sus empleados principios éticos basados en una ética de la virtud, y que en modo alguno se deducen de la Constitución española, que proclama expresamente la libertad como uno de los valores superiores del ordenamiento jurídico español (art. 1.1 CE), la libertad ideológica y de creencias (art. 16 CE) y los derechos a la libertad de expresión y relacionados (art. 20 CE). Buena parte de la corrupción que asola nuestro país podría evitarse, además de con otras medidas realmente eficaces, si dejaran de aprobarse normas basadas en una ética de la virtud laica y lo que se pidiera a los empleados públicos fuera simplemente que se comportaran como personas decentes y que no cometieran delitos ni infracciones administrativas (con la matización de que ambas clases de sanciones no deberían poder justificarse en un Estado de Derecho como mero refuerzo de normas morales).

Volviendo al Código de Buen Gobierno, considero que algunas de las normas contenidas en dicho Código, sobre todo en lo que respecta al contenido de esta publicación, afectan negativamente tanto a la dignidad del empleado público como a la Administración. Por si alguien quiere profundizar en las “lindezas” del buen Gobierno, observará sin necesidad de mucho detenimiento que la citada “norma” parece querer convertir a los empleados públicos en una suerte de monjes seculares, exigiéndole imposibles en nombre de conceptos tan ampulosos como, muchas veces ineficaces, como la “austeridad”, “transparencia”, las prohibición de actividades privadas, el “decoro”, y otros conceptos de moda muy similares en la dictadura del lenguaje políticamente correcto, a la que se han apuntado tanto la Derecha como la Izquierda políticas españolas. En definitiva: en nombre de no se sabe qué idealización pseudoplatónica o pseudohegeliana de la Administración, que recuerdan cosas peores, como el ideal franquista -que no falangista- de que el español debía ser mitad monje, mitad soldado.

La situación creada a partir de 2005 para la Administración General del Estado no es justificable, siguiendo a un autorizado sector de la doctrina administrativista, ni siquiera si admitimos la tesis de la vigencia de las relaciones especiales de sujeción en la Administración, hoy ya superado en muchos países de nuestro entorno cultural por los principios del binomio ciudadanos/servicio público o por la tradición jurídica, fundamentalmente anglosajona y paradójicamente dialéctica o de confrontación entre la Administración/Leviatán y el ciudadano, con sus derechos fundamentales como “cartas de triunfo” en el sentido de Dworkin. Con ello queda claro que un Estado de Derecho como el nuestro, teóricamente construido sobre la base de la tradición del liberalismo político, no puede imponer pretendidas virtudes morales, sobre todo teniendo en cuenta, en el orden sociológico, el pluralismo valorativo existente en nuestra sociedad y, en el jurídico, la garantía de dicho pluralismo que, si bien no es ilimitada, no autoriza injerencias en los derechos fundamentales de los “administrados” o de los ciudadanos contrarias al contenido esencial de aquéllos, y, siguiendo la tradición literaria del Tribunal de Justicia de Derechos Humanos, no puede imponer restricciones a los derechos fundamentales, como en este caso, incompatibles con los principios y valores constitucionales ni sacrificios no necesarios en una sociedad democrática.

No obstante lo anterior, la lectura del Código de Buen Gobierno es altamente recomendable, aunque no es apta para todos los públicos, y conviene prepararse antes con una buena dosis de ansiolíticos o de lo que se tenga a mano para poder relajarse ante los dislates que en él se contienen.

 

  1. La educación en la Administración Pública por defecto: ¿Ud. o vosotros en las relaciones profesionales? El problema de la eliminación de otros tratamientos de cortesía

Lamentablemente, en otros ámbitos –de momento pocos-, sí se ha dado fuerza normativa a la supresión de los tratamientos de cortesía. Es el caso, muy sentido por mí –pues procedo de la carrera universitaria-, de la supresión de los tratamientos de cortesía de las autoridades de la Universidad, a la que dediqué una parte muy importante de mi tiempo y de mis esfuerzos intelectuales- lo que ha traído efectos nefastos en la utilización de un protocolo académico que data en parte del siglo XVI, así como en la autonomía universitaria y en dignidad de la institución. La Disposición Adicional 13ª de la Ley Orgánica 4/2007, de 12 de abril, por la que se modifica la Ley Orgánica 6/2001, de 21 de diciembre, de Universidades, que en 2007, en plena época del “zapaterismo light buenrollista”, estableció lo siguiente: “Las autoridades universitarias recibirán el tratamiento de señor o señora, seguido de la denominación del cargo. Los Rectores de las universidades recibirán, además, el tratamiento académico de Rector Magnífico o Rectora Magnífica”. Esa es la única concesión que se ha hecho al derecho histórico universitario. En los demás tratamientos abolidos –que son muchos- es dudoso que el Estado tenga competencia para abolirlos o, al menos, ello presenta problemas de dudosa constitucionalidad por posible contradicción con el artículo 27.10 de la Constitución Española, que tutela al máximo nivel el derecho a la autonomía universitaria.

Estos ejemplos nos muestran que, ya a finales del pasado siglo se pusieron las bases para la degradación de la dignidad de los empleados públicos y, como trataré de argumentar más adelante, para la extensión del tuteo en las relaciones laborales en la Administración Pública. Con ello se abonó el camino, también para la Administración “técnica” para el “todo vale”, degradación que ya se había instaurado en la política por el falso progresismo de una igualación que terminó degradando la dignidad del trato debido a las instituciones públicas, con la aparición de frases del estilo: “oye, ministro”.  Parece ser que ahora en la Judicatura va a aprobarse algo similar al Código de Buen Gobierno, y sinceramente espero que no confunda la sencillez con el simplismo, o la claridad con la falta de complejidad expresiva y conceptual.

Abordo ahora, escuetamente, un tema relacionado con estas consideraciones, con el respeto debido a las instituciones, a los empleados públicos y a las personas en general.

Y es que, al margen del caso concreto administrativo, hemos llegado a un momento en el que la educación ha cedido ante la mala educación, la falta de respeto y la chabacanería. Con las consideraciones anteriores he intentado argumentar cómo los esfuerzos de nuestros técnicos al defender las ideas de respeto y dignidad han sido objeto de una dialéctica perversa que ha supuesto la consagración y consolidación precisamente de lo contrario. Llegados a este punto, no puedo ocultar mis preferencias en cuanto al uso del tuteo o del Usted, y creo que la educación no está de más. Más bien considero una anomalía lingüística que en España hayamos perdido el Usted/Ustedes como fórmula de cortesía –dejo a parte su utilización normal, como equivalente funcional al “tú” o al vosotros, común en algunas zonas de España, como Canarias o ciertas zonas de Andalucía Occidental; y especialmente como tratamiento de respeto hacia las personas mayores, autoridades, jefes, y, en general, hacia cualquier persona con la que no tengamos aún la suficiente confianza, salvo en el que caso en el que su legítimo destinatario tenga a bien apear de su fórmula o tratamiento de cortesía a su interlocutor.

Si esto es así, pueden Ustedes ya adivinar, por lo anteriormente expuesto, mi posición con respecto al mantenimiento de los tratamientos “propiamente de cortesía” y fruto de la tradición y del patrimonio lingüísticos del español, especialmente al mantenimiento de los tratamientos de cortesía en la Administración Civil del Estado (Excmo. Sr., Ilmo. Sr., etc.), cuya supresión, con el pretexto de “acercar la Administración a los ciudadanos” ha terminado por autorizar a todo el mundo a escribir de cualquier manera. Por supuesto que, como hemos visto, ello no ha venido a paliar las perversas dinámicas internas de las que adolece nuestra Administración, tanto en relación con el personal a su servicio como con los ciudadanos, ni ha contribuido a reducir los equilibrios de poder entre la Administración Pública y los administrados, ni la litigiosidad administrativa y contencioso-administrativa. Por el tipo de medida, más bien parece un equivalente funcional a lo que en Derecho penal los penalistas acostumbramos a llamar Derecho Penal simbólico. Sería un “Derecho administrativo simbólico”. Parece que al ciudadano le resuelve sus problemas no poner un Ilmo., o se le va a dar razón porque, de repente, la Administración se ha vuelto, de repente, “coleguita”.

Pues, Señores, Dios nos guarde de los “jefes coleguitas” que ejercen su poder con torpeza o con sutiliza, pero, en cualquier caso, sin ninguna formación en liderazgo. Más vale jefes “a la antigua” con las ideas claras y con un estilo de mando claro, directo y racional, es decir, no contradictorio. Me parece lo mínimo que puede exigirse a la Administración del Estado que, antaño, recibiera por Hegel el más que dudoso título de “suprema realización de la razón”.

Por mi parte, en cuanto se refiere a los tratamientos de cortesía, los sigo utilizando, sobre todo en mis relaciones “ad extra” con la Administración General del Estado, a pesar de su supresión para la Administración Civil del Estado operada por el Código de Buen Gobierno y dando una solución tan “políticamente correcta” como políticamente desafortunada. Máxime cuando se refiere a tratamientos de indudable raigambre histórica que se mantienen para muchos operadores jurídicos y no jurídicos más o menos dotados de personalidad jurídico-pública o similar. Sin ánimo de exhaustividad, y por citar sólo algunos ejemplos, los tratamientos de cortesía continúan utilizándose para el resto de Administraciones Públicas, ya sean de base territorial (Comunidades Autónomas, Entes locales), y para algunas Corporaciones de Derecho Público dotadas de autonomía, como algunos Colegios profesionales (en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid la Presidenta es Excelentísima “ad vitam”, y me parece bien), así como para otras instituciones públicas. Así, se mantienen para las Reales Academias; para el Poder Legislativo y su Administración; para la Administración militar; para los Tribunales eclesiásticos; no digamos para los diplomáticos, al menos de facto y a pesar del Código de Buen Gobierno, que al menos respeta los tratamientos que a éstos puedan dispensarse en el extranjero conforme a la legislación del país al que van destinados; para la Administración de Justicia; para la Jurisdicción constitucional; y, por último, para las personas que merecen ese trato “ad hominem” por su pertenencia a algunas de las Órdenes civiles y militares reconocidas en España o por estar en posesión de alguna otra condecoración o premio que lleve aparejado un determinado tratamiento de cortesía.

Ello, como ha destacado más de un insigne diplomático experto en protocolo, ha dado lugar a situaciones tristemente jocosas, como presentaciones de los intervinientes en un acto oficial del siguiente tenor: “Sr. Presidente del Gobierno, Sr. Ministro de Educación, Sr. Vicerrector de Relaciones Institucionales de la Universidad de Alicante, Excmo. Sr. Alcalde de la Ciudad de Alicante” (sic). Mi posición, por si no había quedado clara, no es la de igualar a todos por abajo, sino a dar a cada cual el honor que le corresponde según la dignidad del cargo y de acuerdo con la tradición histórica.

La arriba descrita degradación del lenguaje de las instituciones oficiales, lejos de resultar necesaria y fruto de la cortesía natural del protocolo bien entendido, lleva a muchos a considerarla “rara” -con la connotación negativa que tiene en este país la utilización de este término de facto, a diferencia del “rare” inglés.

En los países cuyas lenguas admiten fórmulas de cortesía -al menos, en las lenguas romances o neolatinas que conozco- dicho tratamiento se utiliza con preferencia con extraños -exceptuando el caso quizá de las personas muy jóvenes-, pero, desde luego, es la fórmula habitual en el mercado laboral. Por poner como ejemplo el caso que más conozco, en Alemania, por ejemplo, cualquier profesional, desde el panadero hasta el Profesor de Universidad -quien, además, recibe otros tratamientos, siendo los más comunes los de “Herr/Frau Doctor” o “Herr/Frau Professor Doctor”, y, en general, desde que se tiene edad laboral (16 años) reciben, como mínimo, el Usted como tratamiento en el ámbito de las relaciones laborales.

Por su parte, en los países anglosajones, en los que no existe fórmula gramatical de cortesía y se trata a todo el mundo de “you” -exceptuando el anecdótico “Thy”, equivalente funcional del “Vos” religioso, para referirse a Dios, hoy en desuso-, el respeto y la deferencia que merecen determinadas personas se manifiesta de otra manera, que consiste básicamente en el empleo de un lenguaje más respetuoso y “polite” para la construcción de la frase.

En España, en esa tensión típicamente hispánica pendular, extremista y cainita que nos caracteriza -el término “dialéctica” le viene grande a la media de la cultura general de este país-, hemos pasado en menos de treinta años de las fórmulas utilizadas durante todo el siglo XIX y casi todo el XX, incluido el período de la Dictadura franquista -no necesariamente dañinas- en los escritos administrativos del tipo de “Ilmo. Sr. Jefe de Área (…) suplico (…) Es gracia que espera proceder del correcto proceder de V.I., a.q.g.D.mm.aa., al “oye, Ministro” que ya se hiciera famoso en la Transición.

Entre los pocos usos del Usted como tratamiento de cortesía en nuestro país, ha quedado un uso táctico para marcar distancias, y que obedece, a mi juicio, a una táctica legítima de quien se siente poco respetado o poco reconocido en su actividad profesional o, en general, en cualquier ámbito en el que exista un ámbito de sumisión o dependencia jerárquica.

Por otra parte, entre los médicos, ya sean de la Sanidad Pública o privada, me consta que el uso del Ud. todavía se mantiene en mayor o menor medida, especialmente en las relaciones jerárquicas, y con más frecuencia en el trato con las personas de más edad.

Quizá yo esté algo anticuado -pero esto no creo que sea malo de por sí-, pero no deja de resultarme paradójico que el médico, el odontólogo o el fontanero me hablen de Ud. y yo les devuelva el mismo tratamiento, cuando en un ámbito tan fuertemente jerarquizado como es el de la Administración General del Estado, ésta ha actuado de un modo irresponsable al renunciar a la liturgia y al protocolo. Con ello, se ha olvidado que la liturgia civil ha sido a lo largo de los siglos, y en diferentes civilizaciones, un modo de preservar la dignidad del Poder público y de estabilización social, a través de la protección de intereses colectivos cuya preservación ha redundado, aun desde la perspectiva de una ética utilitarista de la norma, en beneficio de todos y de la misma cohesión social.

Para Fernando Savater, el hoy tan denostado y caduco “protocolo” no es más que una manifestación cultural de la “cortesía”, del trato y del respeto formales que se deben a toda persona y a su posición en un contexto social determinado, y por el que se empieza la natural socialización con personas en principio extrañas a nuestro círculo primario de socialización.

Sin embargo, en contra de estas consideraciones, parece que las mentes pensantes de la “alta” Administración y de la política con minúsculas que llevan las riendas de instituciones tan importantes como el Estado, han cedido –en honor a la verdad, no son las únicas- al “bullsheet” de nuestra “cultura” dominante posmoderna, según la cual deba ser el “colegueo” y el “buenrollismo” el que prime en todo caso y, por supuesto, en las relaciones laborales, públicas o privadas. Por supuesto, que este nuevo clima “buenrollista”, como ya denunciaran, con otros términos, autores de la Escuela de Frankfurt como Horkheimer, Adorno o Habermas, no puede abandonar la tendencia natural de dominación de la naturaleza y del hombre cosificado que caracteriza a la política moderna fruto de la Ilustración, la cual sigue ejerciéndose sin renunciar a la autoridad -en el sentido común del término, y no etimológico que se le suele dar, de “potestas o imperium“-, ni al autoritarismo. Como en la gran novela de Lampedusa, cambia el envoltorio para que nada cambie. Aunque no es el propósito de esta publicación denunciar los males endémicos de nuestra Administración, las reflexiones sobre la pérdida de la educación no pueden dejarme indiferente ante la siguiente constatación. Estamos, decididamente, en una época en el que los envoltorios de caramelos que contienen virtudes impracticables e irreflexivas supresiones de tradiciones inveteradas pululan en forma de propuestas de buenas prácticas de gobernanza por los pasillos de los Ministerios, auspiciados por jóvenes triunfadores de determinados grupos de supuesto prestigio de la Administración, mientras el ciudadano común continúa enfrentándose a ella y tratando de entender sus arcanos de una manera no muy distinta a la del pobre pero genial Luisito de la novela galdosiana “Miau”. Menos mal que en la novela Luisito tiene el apoyo moral nada menos que de Dios, aunque no le ayude en sus peticiones.

 

 

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Refugees crisis: What is really creepy beyond Valletta Summit

noviembre 12, 2015 § Deja un comentario


Posted also as a comment approved  on the online Journal “Times of Malta” via http://www.timesofmalta.com/articles/view/20151110/opinion/Beyond-Valletta-Summit.591589 (see the original article, it is is very interesting)

 

I’m in the world of NGOs related to the immigration issue, although I receive no incomes whatsoever. I count myself among those people doubly pissed off by how it is carrying out a process that, despite the pompous objectives of the summit of La Valletta and the good intentions of development cooperation and investment, ends up being a deal refugee quota as if were a contest to see who sits at the table of the yet opulent Europe -in comparative terms, of course- the largest number of refugees.

Dark officials in Brussels, without any democratic legitimacy, say there are working to correct this, but some bureaucratic sources acknowledge that while Europe would still have a conservative majority, it will be difficult to get to other approaches.

We already know. I will not spread here about the European process and drift that has taken at least since the adoption of the TEU, completely neoliberal and marking since its inception a deficit of alarming democratic legitimacy, to the glory of free movement is built goods and capital under the pretext of a “European citizenship” for citizens. Many are practically on the street because of that policy, which, incidentally, was not only European but world, including the United States. But even in this, we have been more “papists” Chicago Boys that no European Treasury or anything. Everything is a pure sham and a scam. It is not surprising that the refugee crisis, without a socialist really humane alternative, will not be able to spend the meager amount of money needed to make viable investment projects in the origin and manage well the European budget items aimed to development cooperation, it will end in a tragedy of biblical proportions. All because European social democracy has failed to return to its origins and to fight the discourse of cultural hegemony in the field of unique thought of the IMF, the World Bank, the ECB and other criminal organizations defenders of ultra-liberalism and whose name should be pronounced: savage and inhuman capitalism.

From Pablo Guérez Tricarico, PhD
Doctor of Public Law and Juridical Philosophy
Former Professor of Criminal Law of the Autonomous University of Madrid
Former Member of the Board of the Committee on assistance to Refugees, Asylum seekers and Immigrants in the Spanish State (COMRADE, see www.comrade.es)
@pabloguerez

Blog about victimization processes and other social items: http://pabloguerez.com

9/11. Seeking the truth after 14 years, at the edge of Ockham’s razor. Please read WARNING below!

septiembre 12, 2015 § Deja un comentario


WARNING: Reading and diffusion of this post can increase levels of user tracking by some Intelligence agencies

To he victims of 9/11, American and non-American citizens; simply lives of innocent human beings cut short by either geopolitics, IN MEMORIAM

Quod est veritas? (Pilatus to Jesus, John, 18:38, ca. 90 A. D.) 

When two or more explanations are offered for a phenomenon, the simplest explanation is preferably complete; ie entities should not be multiplied unnecessarily (Ockham, ca. 1280-1349 A. D.)

“Congress shall make no law respecting an establishment of religion, or prohibiting the free exercise thereof; or abridging the freedom of speech, or of the press; or the right of the people peaceably to assemble, and to petition the Government for a redress of grievances” (US Constitution, First Amendment, 1787 A. D., “de facto” repealed by the unconstitutional Patriot Act of 9/26/2001 A. D.)

“¿La verdad? Puede que no la soportaras” (Alejandro Amenábar, original screenplay for the the picture, “Abre los ojos”, directed by Alejandro Amenábar, Spain, 1997 A. D.) 

 

Much has been written, never enough, on pain of innocents who perished in this criminal act. I will not add anything about the pain. Much has been written, from different ideological positions on the responsibility for the attacks, with more or less rigor. It is at this point, to fourteen years away, which I would write something. What follows are only intuitions, but I really felt. In honor of the victims of geopolitics. In a cry of a lonely man with nothing who has nothing to lose, and remember that terrible day, without evidences of more responsibles that maybe should be searched “at home”, close to the US’ stablishment represented by institutions so opaque and for which a good part of the American people have as much distrust as the NSA or the CIA. 

  Of that fatal day I remember people jumping out of windows, the World Trade Center collapsing in a few hours, chaos taking over New York, Bruce Springsteen’ s song My city in ruins” But have told not want to write a sentimentalist post.

14 years afer 9/11, too much things remain unclear. May be my best tribute to the victims and to the truth that one day we will know, Susan Sontag‘s article which I reproduce below, written just two weeks after 9/11. A very interesting reflection on the use of force and its ability to face the new enemy” appeared on the scene that terrible day. Nowadays, to hold the opinion that writing about 9/11 to 14 years away is not something actual, I will say that, in my humble opinion, with the attack on the World Trade Center began in earnest the XXI century, after a transitional period that began with the fall of the Berlin Wall and the self-annihilation of the only power, with all its faults, that was a real counterweight to the expansion plans of US imperialism: the Soviet Union. Do not forget that Bin Laden was trained by the self-proclaimed “free world” in their struggle against the USSR. In my country -but I think this is a universal aphorism- people use to say: Who sows winds will reap whirlwinds“.

Due to my research vocation, academic rigor and forms in my professional activity have always warned me to the “conspiracy theories” not proven, following the known formulation of the principle of parsimony of Ockham’s razor, according to which in equal conditions, the simplest theory explaining a sector of reality is often true. However, when the rigorous analysis of the data points in one direction traditionally regarded as unusual, not only unreasonable, but required for a true researcher or “seeker of truth”, meet other explanations that lead to open the door to other realities can turn into a “must”. Turning to social analysis, and very briefly, the aim of the social majority, through the pernicious institution of private property as such has become transformed in the stage of post-Fordist global capitalism, has lead to an abuse of the property and its use by the big corporations, that have extended a neoliberal way of mind which consists in a huge irresponsibility towards the use of natural resources and the fair distribution and redistribution of resources and wealth among all the inhabitants of the planet. As the Pope recently has remeber, the First World continue to consume resources at a price that does not reflect their real value and that eventually run dry.

Despite the lack of evidence, I have the intuition that the Federal Government, or its Agencies of Intelligence, are in some way interested in weaken Europe and create alarm to impose its “new world order” that passes through the control and, finally, by the indoctrination of the entire population. Hopefully I’m wrong, but the opposite view which explains the attacks on New York / Washington, Madrid, London, Paris, attacks of “Charlie Hebdo” in February this year in Belgium, the many successive attacks of possible “false flag” may reach the status of a consistent explanation of the US’ s geopolitics since 9/11. You cannot stand in the creation of a phantom enemy as operating that can oppose the US Intelligence without the help of a section of the West. Anyway, against Islamic fanaticism cannot fight putting more Police in front of key objectives of unfair capitalism, represented, for example, in my country, by “Zara” or “El Corte Ingles”, much less equipping the police with assault rifles G-36 German made, but by analyzing the causes of the crisis unleashed, conspicuously, by the effects of Islamic fundamentalism and adopting a policy of alliance of civilizations “real”, involving face one of the biggest causes of conflicts that are on the based fundamentalist attitudes of their unscrupulous leaders exploit: the extreme poverty in which the West has condemned most former colonial societies and the stranglehold of opaque Bretton Woods institutions, under whose protection is set prices of raw materials, war (declared no longer, but simply being waged) are made, and the pretexts that the West needs to keep its decadent “civilization”, walking quickly towards barbarism may be invented. Dialectics of Enlightenment totalitarian now meets and freedom on behalf of which the West wanted to exorcise their myths ends up giving in to the administered society, “civilization of security”, as will predict in the forties Horkheimer and Adorno one of the last books of “strong thought” and therefore defense of modernity, precisely titled “Dialectic of Enlightenment”. Against this, I maintain that only humanism, be it secular or religious (and both never fanatic cases), and attention to the dignity of the person as the center of social and economic system can save the West of a disaster which so laboriously have gained and, incidentally, the whole world may be saved. 

From Pablo Guérez, PhD

Doctor of Juridical Science

Ex Professor of Criminal Law at the Autonomous University of Madrid

Member of the Institute of Forensic Sciences and Security ICFS-UAM, Madrid

@pabloguerez

The disconnect between last Tuesday’s monstrous dose of reality and the self-righteous drivel and outright deceptions being peddled by public figures and TV commentators is startling, depressing. The voices licensed to follow the event seem to have joined together in a campaign to infantilize the public. Where is the acknowledgment that this was not a “cowardly” attack on “civilization” or “liberty” or “humanity” or “the free world” but an attack on the world’s self-proclaimed superpower, undertaken as a consequence of specific American alliances and actions? How many citizens are aware of the ongoing American bombing of Iraq? And if the word “cowardly” is to be used, it might be more aptly applied to those who kill from beyond the range of retaliation, high in the sky, than to those willing to die themselves in order to kill others. In the matter of courage (a morally neutral virtue): whatever may be said of the perpetrators of Tuesday’s slaughter, they were not cowards.

Our leaders are bent on convincing us that everything is O.K. America is not afraid. Our spirit is unbroken, although this was a day that will live in infamy and America is now at war. But everything is not O.K. And this was not Pearl Harbor. We have a robotic President who assures us that America still stands tall. A wide spectrum of public figures, in and out of office, who are strongly opposed to the policies being pursued abroad by this Administration apparently feel free to say nothing more than that they stand united behind President Bush. A lot of thinking needs to be done, and perhaps is being done in Washington and elsewhere, about the ineptitude of American intelligence and counter-intelligence, about options available to American foreign policy, particularly in the Middle East, and about what constitutes a smart program of military defense. But the public is not being asked to bear much of the burden of reality. The unanimously applauded, self-congratulatory bromides of a Soviet Party Congress seemed contemptible. The unanimity of the sanctimonious, reality-concealing rhetoric spouted by American officials and media commentators in recent days seems, well, unworthy of a mature democracy.

Those in public office have let us know that they consider their task to be a manipulative one: confidence-building and grief management. Politics, the politics of a democracy—which entails disagreement, which promotes candor—has been replaced by psychotherapy. Let’s by all means grieve together. But let’s not be stupid together. A few shreds of historical awareness might help us understand what has just happened, and what may continue to happen. “Our country is strong,” we are told again and again. I for one don’t find this entirely consoling. Who doubts that America is strong? But that’s not all America has to be.

— © Susan Sontag, published on The New Yorker, september 24, 2001.

About the Greek tragedy: (demos) δeμος (pathos), πάθος and αγορές (Markets). Όχι (Nai) as a moral response.

julio 5, 2015 § 2 comentarios


Για τους ανθρώπους και την Ελληνική Κυβέρνηση

This Is What the Greek Referendum Ballot Will Look Like

oxi-greece-no

Perdona nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores (Mt 6, 12)

Forgive us our debts, as we forgive our debtors (Mt 6,12)

Dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris (Mt 6, 12)

Συγχώρεσέ μας τα χρέη μας, όπως συγχωρούμε τους οφειλέτες μας (Ματθαίος 6, 12)

 

“Queda mostrado cuán inaceptable es la afirmación de que la derrota del socialismo deja al capitalismo como único modelo de organización económica. Hay que romper las barreras y los monopolios que colocan a tantos pueblos al margen del desarrollo, y asegurar a todos -individuos y naciones- las condiciones básicas que permitan participar en dicho desarrollo (…) Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito, en cambio, exigir o pretender su pago, cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y a la desesperación a poblaciones enteras. En estos casos es necesario -como, por lo demás, está ocurriendo en parte- encontrar mecanismos de reducción, dilación o extinción de la deuda, compatibles con el derecho fundamental de los pueblos a la subsistencia y el progreso” (De la carta encíclica “Centesimus Annus” de San Juan Pablo II, 1991, escrita con motivo del centenario de la publicación de la “Rerum Novarum”).

“La política no debe someterse a la economía, y ésta no debe semeterse a los dictámenes y al paradima eficientista de la tecnocracia. Hoy, pensando en el bien común, necesitamos imperiosamente que la política y la economía, en diálogo, se coloquen decididamente al servicio de la vida, especialmente de la vida humana. La salvaciión de los bancos a toda costa, haciendo pagar el precio a la población, sin la firme decisión de revisar y reformar el entero sistema, reafirma un dominio absoluto de las finanzas que no tiene futuro y que sólo podrá generar nuevas crisis después de una larga, costosa y aparente curación. La crisis financiera de 2007-2008 era la ocasión para el desarrollo de una nueva economía más atenta a los princioios éticos y para una regulación de la actividad financiera especulativa y de la riqueza ficticia. Pero no hubo una reacción que llevara a repensar los criterios obsoletos que sigue rigiendo al mundo. La producción no es siempre nacional, y suele estar atada a variables económicas que fijan a los productos un valor que no coincide con su valor real” (De la Carta encíclica “Laudato sí” del papa Francisco, dada en Roma, junto a San Pedro, el 24 de mayo, Solemnidad de Pentecostés, del año 2015, tercero de su Pontificado, pp. 144-145) 

“The true essence of the banking industry is turning us all into debt slaves” (The International, US/GE, 2009, directed by Tom Tykwer, written by Erin Warren Singer)

Kyrie eleison. Christe eleison. Kyrie eleison. Grecia se encuentra en este momento en un estado realmente crítico a causa de una deuda de 1.600.000.000 de euros que no puede pagar al FMI. Es sólo un primer pago de la deuda, frente a la cual la República Helénica ya ha incurrido en mora. El próximo lunes, 20 de julio, vence, D. m., un pago de 3.500.000.000 que Grecia debe al Banco Central Europeo. Ante esta situación, el primer ministro Tsipras, tras las fallidas negociaciones con el Eurogrupo, ha decidido hacer algo cuestionable, pero profundamente democrático y lleno de sentido de Estado y de responsabilidad: convocar un referéndum para hoy, 5 de julio, para que los griegos decidan su destino. Para que decidan si desean continuar pidiendo como esclavos a las vetustas instituciones de Bretton Woods –y, de paso, a sus lacayas instituciones financieras y de crédito europeas-, cuyo liderazgo moral internacional, después de los escándalos de Strauss-Kahn, Rato y la propia Cristine Lagarde está hoy más que nunca en entredicho, a costa de más recortes y políticas de austeridad (o austericidio), o bien dar un salto en “territorio desconocido”, plantarse y decir: NO (Όχι, en griego), asumiendo las trágicas consecuencias que esta decisión podría conllevar. La mayor parte de la prensa oficialista europea, pero sobre todo española, en coherencia con el discurso neoliberal que detenta la hegemonía cultural del pensamiento económico y político, ha mostrado un absoluto desprecio hacia el Gobierno griego de Syriza legítimamente elegido, solamente por el hecho de que dicho Gobierno se ha atrevido a cuestionar los mandamientos neoliberales y la legitimidad de la deuda. Sin embargo, pocos han sido los que han analizado el origen de la deuda griega o se han molestado en analizar cómo el pueblo griego ha sido víctima de gobiernos corruptos de partidos que se han movido desde la ortodoxia económica.

Toda esta situación de Grecia y la reacción de nuestros representantes políticos que han gestionado la cosa pública desde que comenzó la “crisis” me resulta sencillamente repugnante. Para empezar, tengo un sentimiento de amarga indiferencia hacia todos aquellos que se declaran católicos de irreprochable conducta y que han contribuido a enfangar más nuestro país, habiendo despilfarrado nuestro dinero -no el suyo-, y ahora dan lecciones a los griegos de austeridad, gobernabilidad y demás tecnicismos político-criminalmente correctos. De nuestros trasparentes rescates a la banca prefiero no hablar. Esos rescates nos han hecho a más de uno insolventes, “descartables”, como proclama lúcidamente el papa Francisco en su última encíclica “Laudato sí”. Mas aun siendo insolvente, estoy más cerca del pueblo griego de lo que pude estar jamás. Más cerca de cuando me enamoré de ellos y de su cultura cuando leía a sus filósofos y a sus escritores en un Bachillerato de primera durante el estudio de aquellas asignaturas que el ministro saliente de maleducación, el señor Wert, considera, con razón, inútiles. Inútiles para ser “emprendedor” y no persona, que es el único objetivo que le preocupó a su Administración. ¡Cómo no voy a perdonar, si es que tengo algo que perdonarles, yo, a los griegos! Como cristiano, no puedo dejar de recordar en estos momentos la parábola de los diez mil talentos, que encontramos en Mateo 18, 23-34. De aquel rey compasivo que le perdonó toda su deuda a su siervo, y éste, no contento de semejante merced, al encontrarse con un compañero que le debía a su vez cien denarios, se los intentó exigir. El rey se enteró y mandó que el primer deudor, con el que tanta compasión había tenido, fuera encerrado en la cárcel y atormentado allí hasta que hubiese pagado el último céntimo de su deuda. Así reacciona al mundo con la letra de una ley sin alma y con consignas de justicia conmutativa al estilo de “las deudas hay que pagarlas”, y que ignora la dimensión infinita de la Misericordia. Una Misericordia que es tan difícil de encontrar en los hombres que sólo puede tener un origen divino. Y cuya fuente, en Quien los cristianos creemos y que se hizo hombre precisamente para pagar una deuda que no era Suya, sino nuestra, nos manda ejercer con nuestro prójimo. Hace unos días, el 28 de junio, la Iglesia Católica celebraba la memoria de San Ireneo de Lyon, uno de los Padres de la Iglesia. San Ireneo nos recuerda cómo hemos sido rescatados, recordando a su vez a San Pablo, a un gran precio: precisamente con la Sangre de Aquél por quien “todo fue hecho”, según reza el Credo de Niceo-Costantinopla. No, si acaso les debo yo a los griegos. Por ello, en cuanto tenga algo en mi cuenta, antes de que los acreedores usureros ilegales legalizados se ciernan contra mí, haré una pequeña transferencia a la cuenta solidaria que a tal efecto ha abierto el Banco Central Griego, antes de que sea expulsado del SEBC por “heterodoxo” y anatema. Aun ahora, si pudiera echarlo en una hucha, echaría siquiera 10 euros, que para mí significa dinero, para contribuir a salvar la dignidad del Gobierno griego.

Por mi parte, no sé lo que yo votaría, pues para ello tendría que ser griego, haber nacido y haberme criado allí, y tener memoria histórica de la actuación de mis gobernantes, así como conectar con el clima social del país. A falta de estas circunstancias, resultaría una temeridad pronunciarme ante cualquiera de las dos opciones. Ambas me parecen perfectamente legítimas. Sin embargo, no puedo dejar de expresar mi simpatía hacia el “NO”, y especialmente, hacia aquellos que voten “NO” por una cuestión de dignidad. Un antiguo proverbio hindú dice que nadie es más fuerte que el que no tiene nada que perder. Pues bien, en esta situación se encuentra buena parte de la población griega joven y no tan joven. Una situación en la que, como diría Marx, no tienen que perder sino sus propias cadenas: las cadenas que les atan a un modelo de Europa fallido, que tiene poco de Unión y menos de europeo, y mucho de gran mercado, o mercadeo. Como europeísta y ciudadano comunitario, incluso a nivel jurídico, no puedo menos que empatizar con la situación griega, pues yo concibo el proceso de integración europea como un proceso de integración en valores comunes –no precisamente cotizables-, basados en lo mejor de la tradición democrática europea común a todos los Estados miembros, y que es fuente del Derecho comunitario, tal y como declarara hace ya más de una década el entonces Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas. Valores fundados en el humanismo que, desde la tradición de la Antigüedad griega y romana, pasaron al Renacimiento y a pensadores humanistas como Erasmo de Rotterdam, Pascal, Montaigne, Vitoria o Pico della Mirandola, inspirados fuertemente por los ideales – no necesariamente compartidos a lo largo de la Historia por la Jerarquía eclesiástica-, del Cristianismo. Valores que fueron retomados en la Revolución francesa, que dieron lugar a los Estados democráticos modernos tal y como hoy los conocemos, y que en el Romanticismo evolucionaron hacia los Estados Nacionales, en cuya defensa intervinieron personalidades tan implicadas en el devenir del Pueblo griego como Lord Byron, quien dio su vida en Missolonghi para defender a los griegos frente a la enésima invasión turca de su historia, o el poeta autóctono Cavafis. Y valores que, a pesar de las guerras y de las crisis que tuvo que padecer el Viejo Continente durante el siglo pasado, han sabido resistir al paso del tiempo en varias corrientes del pensamiento moderno identificado con la tradición humanista, tanto laica como religiosa. Conviene conocer un poco de historia no sesgada frente a las demasiadas voces que desprestigian a los actuales griegos con el argumento de que no son los griegos de Pericles.

Estos valores están siendo hoy gravemente amenazados por el “pensamiento único”. Una corriente de pensamiento, de origen anglonorteamericano, que ha hecho de la economía, en principio la ciencia que se encarga del estudio de la distribución de los recursos escasos, una disciplina ideologizada al servicio de la economía financiera y de un sistema económico capitalista, basado en el Capital financiero, que ya no es capaz de garantizar, aunque genere crecimiento, una igualdad mínima en la distribución de los recursos naturales, de los bienes primarios y de la riqueza generada por la producción. La deuda de las personas físicas con el sistema financiero (deuda privada), así como la deuda de las Naciones (deuda pública), se encuentra tan condicionada por la excesiva asimetría entre acreedores y deudores que resulta difícil hablar, desde los que tenemos una visión del mundo (si se quiere, llámesela “ideología), que considera que la desigualdad extrema, incluso la grave, resulta intolerable en una sociedad democrática, de deuda legítima. Por esta razón, lo que he escrito en otros lugares al respecto, lo afirmo ahora con mayor rotundidad: el capitalismo financiero actual no es un modelo socioeconómico moralmente lícito, pues a la vez que genera riqueza, genera al mismo tiempo, como un doble efecto, la exclusión exponencial de más personas del sistema productivo, lo que a su vez genera paro, y la exclusión exponencial de más personas del acceso a bienes y servicios, aun de primera necesidad, lo que produce desigualdad. Con ello el capitalismo, que antaño pudo ser lícito, precisamente por la existencia de contrapoderes fácticos, incluso militares, que limitaban su hegemonía en el escenario de la política de bloques, pero también por una mayor integración entre economía financiera y economía real, y por la pervivencia de una cierta ética del comercio, en el momento actual es directamente responsable de la miseria de la gran mayoría de población mundial, como han destacado insignes Premios Nobel de Economía como Stiglitz o Krugman, y se ha encargado de demostrar recientemente Piketty, en su inmensa obra “El Capital en el siglo siglo XXI”: 2014. Un sistema económico que genere riqueza, pero que al mismo tiempo impida su distribución equitativa, conforme al destino universal de los bienes, es decir, que éstos lleguen por los mecanismos de la justicia social y de la caridad, a todo el género humano, tal y como ha proclamado la doctrina social de la Iglesia, especialmente a partir del Concilio Vaticano II, en las declaraciones “Gaudium et spes”, o las encíclicas Populorum Progressio del beato Pablo VI, “Centesimus Annus” del papa San Juan Pablo II, o la reciente encíclica “Laudato sí”, sobre el cuidado de la casa común, publicada el pasado mes por el papa Francisco, es sencillamente inmoral. En definitiva, se trata de llevar a término la máxima que ya fuera expresada por San Pablo en su Segunda Carta a los Corintios, 9, 13-15, cuando escribiera: “No se trata de aliviar a otros pasando vosotros apuros, sino de lograr la igualdad. Que vuestra abundancia remedie por ahora su escasez, de modo que un día la abundancia de ellos remedie vuestra escasez. Así habrá igualdad. Como está escrito: A quien recogía mucho no le sobraba, a quien recogía poco no le faltaba”.

Es necesario, desde mi punto de vista, rediseñar, refundar o sustituir el sistema económico capitalista por un modelo que, combinando el respeto a la iniciativa privada y a la propiedad personal, sea capaz de distribuir la riqueza de modo equitativo, integrando fórmulas societarias o de tipo cooperativo, para que los bienes y recursos naturales, y la riqueza generada por el hombre, no permanezca en manos de unos pocos, sino que llegue a todos los hombres. Tal es, por otra parte, desde mi punto de vista, una de las fórmulas más acordes con el auténtico mensaje evangélico y con un planteamiento humanista que prime la persona y su dignidad sobre las frías cifras de la macroeconomía, aspectos “sagrados” del neoliberalismo o del ultraliberalismo. Porque al igual que Nuestro Señor Jesucristo declaró que “no se hizo el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre”, la economía no es más que una ciencia que debe estar al servicio del hombre, y no al revés: de sus necesidades, de las necesidades de todos los hombres y mujeres que poblamos el Planeta.

Por ello, porque se trata de una cuestión de dignidad, admiro a los que voten no, aun sabiendo el trágico destino que les aguarda (la tragedia, al menos en la forma en la que la conocemos, también la inventaron los griegos, igual que la democracia). Que un ciudadano, después de ocho años de políticas de recortes dictadas por la Troika y que no han hecho más que asfixiar al Pueblo griego, diga OXI/NO a las condiciones leoninas del FMI o de la Troika significa que no está dispuesto a dejar que su parte de soberanía económica sea decidida en los oscuros pasillos de un edificio de Bruselas por personas que carecen de legitimidad democrática alguna, o en las logias londinenses. Que no acepta las reglas de un comercio internacional ilícito, y que, por tanto, está dispuesto a ser asfixiado, incluso a morir de hambre, como consecuencia de su decisión, pero al mismo tiempo poniendo de manifiesto que los responsables de dicha decisión no se encuentran ni el Gobierno ni el Pueblo griego, sino que son encorbatados señores de Bruselas, Londres o Frankfurt que en fondo están deseando el “Grexit” para incrementar el poder derivado de sus ilícitas especulaciones. Es la lógica de los mártires. Y frente a ella sólo cabe mi empatía, mi silencio y mi respeto.

Παραβολή του οφειλέτη των δέκα χιλιάδων ταλάντων. Ματθαίος 18: 23-35

(Ματθαίος 18:23) δια ωµοιωθηfue η βασιλεια των ουρανων ανθρωπω Βασιλει ος ηθελησεν συναραι λογον µετα  των los δουλων αυτου (24) αρξαµενο δε αυτου συναιρειν προσηνεχθη αυτω εις  οφειλετης µυριων Ταλαντων (25) µη No εχοντος δε αυτου αποδουναι εκελευσεν αυτον κυριος αυτου πραθηνα και την γυναικα αυτου και y τα  Τεκνα και y πανταtodas οσα  ειχεν και y αποδοθηναι (26) ουν δουλος προσεκυνει αυτω λεγω κυριε µακροθυµησον  επ εµοιmí και y παντα σοι αποδωσω (27) σπλαγχνισθεις δε κυριο του δουλου εκεινου απελυσεν  αυτον και το δανειον αφηκεν αυτω  (28) εξελθων δε ο el δουλος εκεινος ευρεν ενα των  συνδουλων αυτου ος ωφειλεν αυτω εκατον δηναρια και κρατησας αυτον επνιγεν λεγων αποδος  µοι  ει τι οφειλεις (29) πεσων ουν συνδουλος αυτου εις τους ποδας αυτου παρεκαλει  αυτον  λεγων µακροθυµησον  επ sobre εµοι mí και y αποδωσω σοι (30) ο δε ουκ ηθελεν αλλα απελθων εβαλεν αυτον εις φυλακην εως ου αποδω το οφειλοµενον (31) ιδοντες δε οι συνδουλοι αυτου γενοµενα ελυπηθησαν σφοδρα και y ελθοντες  διεσαφησαν τω κυριω Εαυτων παντα γενοµενα (32) τοτε προσκαλεσαµενος αυτον ο κυριος αυτου λεγει αυτω δουλε πονηρε πασαν την οφειλην εκεινην αφηκα σοι επει παρεκαλεσας suplicaste µε a mí (33) ουκ εδει και σε ελεησαι τον συνδουλον σου ως και εγω σε ηλεησα (34) και οργισθεις ο κυριος  αυτου παρεδωκεν αυτον τοις βασανισταις εως  ου αποδω παν το οφειλοµενον  αυτω (34) ουτως και ο πατηρ µου ο επουρανιος ποιησει υµιν εαν µη αφητε εκαστος τω αδελφω αυτου απο των καρδιων υµων τα παραπτωµατα αυτων. (Del Evangelio Según San Mateo. Texto Bizantino-Interlineal Griego-Español).

Parábola del Deudor de los diez mil talentos. Mateo 18:23-35

“Por lo cual [esta frase liga la parábola directamente a lo que el Señor acababa de decir sobre el perdón en los párrafos precedentes] el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda. Pero saliendo aquel siervo, halló a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Más él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. Entonces, llamándole su señor, le dijo: Siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía. Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.”

Licencia de Creative CommonsAbout the Greek tragedy: (demos) δeμος (pathos), πάθος and αγορές (Markets). Όχι (Nai) as a moral response. byPablo Guérez, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License. You can find more permissions beyond the scope of this licence writing to the author via pablo.guerez@gmail.com, pablo.guerez@uam.es, @pabloguerez. Official bodies of the Hellenic Republic can use this text, even for profit, for any purpose. Natural and legal persons of the Hellenic Republic can use this text, nonprofit, unless authorized by the author, for information, communication, teaching, research or other non-profit, no conditions other than the recognition of its authorship.
Interesting links:

http://www.lasexta.com/programas/el-intermedio/inaki-gabilondo-que-gustaria-saber-como-llega-congreso-ahora_2015070200413.html

¿Justicia poética o cambio municipal real? El inicio de un cambio desde abajo, y desde los de abajo

junio 15, 2015 § Deja un comentario


 

A Ada Colau. A Manuela Carmena. A Joan Ribó. A Mónica Otra. A “Kichi”. A Santisteve. A tantos otros alcaldes y concejales que me dejo en el tintero y que han cambiado radicalmente, en el sentido etimológico y no mediático-sensacionalista del término, la manera de entrar en las instituciones con la voluntad de hacer una auténtica Política; a los ciudadanos que han participado en la Primavera electoral española; a todos aquellos representantes de la nueva ola de políticos, nueva no en edad, sino en actitud, que han comenzado a hacer posible, como decía Julio Anguita, no la alternancia, sino la alternativa

Y al Pueblo español, del que emanan los poderes del Estado

 

Ada Colau toma la vara de mando en Barcelona / Luis Gené. AFP

The new mayor of Barcelona, Ada Colau smiles as she holds the mayor’s baton after being sworn in as mayor of Barcelona during the investiture session at the Barcelona City-Hall on June 13, 2015. The anti-eviction activist turned politician Ada Colau was sworn in as the first female mayor of the Spanish city of Barcelona on June 13, 2015 thanks to the support of independents and Socialists after her list of candidates won 11 of the 41 seats in local elections on May 24. © AFP PHOTO / LLUIS GENE

 

Este fin de semana han sido constituidos los más de 8.000 Ayuntamientos de España. Si algo, desde la perspectiva que a este blog, y al que lo escribe, le interesa, es que candidaturas de unidad popular, encabezadas por personas que se han significado en favor de los más débiles, de los humildes, de los más desvavorecidos, han lllegado, por la fuerza de los votos y no de artimañas relacionadas con otro tipo de sobres, no lo olvidemos, a formar Gobierno en varias de las más importantes ciudades españolas. El Partido Popular, símbolo de la corrupción -aunque ésta no le afecte a la mayoría de sus miembros, sí le ha pasado factura en relación con sus miembros más relevantes, y es por ello, por ser una estructura jérarquica, por mucho que sus pactos con Ciudadanos les hayan hecho “tragar” con el compromiso de hacer primarias”-, ha ganado las elecciones en número de votos. Y esto hay que reconocerlo. A pesar de la corrupción, hay una parte del electorado que ideológicamente puede ser ubicada entre el franquismo sociológico y el nacionalcatolicismo, ambas corrientes, desde luego, no liberales, sino más conservadoras, para ser generosos. Sin embargo, buena parte de la cúpula del Partido, estructura muy jeraquizada, se ha movido en el ámbito del ultraliberalismo, y no ha tenido interés en “maquillar” un poco sus posturas antisociales con cierto “conservadurismo compasivo”, como les achacó el editorial del ABC y varios articulistas de este periódico, que tradicionalmente ha defendido a este partido y a su predecersor, AP, y a la Iglesia Católica -donde dice defender a la Iglesia Católica, léase Jerarquía Eclesástica Española, mucha de ella, todavía, reticente a abandonar un nacionalcatolicismo antidemocrático en contra incluso de las recomendaciones a favor de las democracias como sistemas de gobierno óptimos, hacia las cuales el mismo San Juan Pablo II, para nada sospechoso de comunista, se manifestó en varios documentos, pero especialmente en su Centesimus Annus de 1990, tras la caída del Muro de Berlín-.

Pero volvamos a la constitución de los Ayuntamientos. Mucho leeremos de que estos ayuntamientos son “comunistas”, “masones”, de “ultraizquiedas”, “radicales”, “inmoderados”, como dijo respecto del gobierno de Manuela Carmona, nada más salir elegida, Esperanza Aguirre en su última pataleta, esperemos, de su vida público “de primera fila”.

Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, nos hallamos ante una auténtica recuperación por parte de la ciudadanía del espacio público. No se trata sólo de justicia “poética”, como algunos izquierdistas de salón podrían comentar desde sus cómodos sillones o desde sus despachos en los que acuden a visitarlos, quizá demasiadas veces, los representantes del Poder real. Se trata de recuperación de la Política con mayúsculas, de la dignidad de la “cosa pública, por parte de todos los ciudadanos. Y todos los ciudadanos, en este momento, no son “grandes inversionistas” -algunos inversionistas ni son ciudadanos españoles, ciudadanos de la UE o ciudadanos con los que Espña mantenga Convenios de sufrafio activo en las elecciones municipales, ni son personas físicas, y, por lo tanto, en cualquiera de sus dos condiciones, no tienen derecho al voto-. Y es que en los Ayuntamientos, en las Comunidades Autónomas, en el Estado Español y en cualquier estructura con personalidad jurídico-pública de base territorial los que deciden son los ciudadanos, por disposición expresa de la Norma que regula todas estas instituciones: la Constitución Española de 1978.

Los Ayuntamientos -lo sabemos, y a mi juicio es una asignatura pendiente demandada por varios sectores de la sociedad, que, léase bien, no es equivalente a empresa, aunque muchas veces esta equivalencia funcional se utilice demasiado por parte de los medios de comunicación que llegue a confundir a la sociedad-, no tienen todas las competencias que deberían. Las Administraciones típicamente más pequeñas del Estado de base territorial carecen de muchas competencias, ante la hipertrofia de la “pequeña gran política”, y que es llevada a cabo en los pasillos del Congreso y de varias Asambleas Legislativas autonómicas -algunas más que otras-, en el toma y daca de las transferencias de competencias fundamentales para la vida de los ciudadanos que ha ido produciéndose paulatinamente en la ya no tan breve historia de nuestra democracia institucional, pero que fue incrementándose peligrosamente a partir de la última legislatura de Felipe González, para constituir ya una forma de gobierno “normal” con el primer gobierno Aznar, en el que la transferencia de competencias del Estado a las Comunidades Autónomas catalana y vasca era la moneda con la que estos Gobiernos, sin mayoría absoluta, debían pagara a Ciu y al PNV para que éstos se colgaran los honores de “patriotismo constitucional”, en su voluntad de garantizar la gobernabilidad. Relamente, lo único que quisieron -como ha quedado demostrado con los casos de corrupción descubiertos recientemente- fue garantizar la goberanabilidad para la burguesía catalana y vasca, incluidos los empresarios que apoyaban a ETA.

Una de las cosas buenas que debemos al actual mapa político español es que los pactos postelectorales no han girado, al menos públicamente, en torno al debate de competencias, sino en torno a cosas más profundas: la necesidad de regeneración democrática, propuesta tanto por las nuevas formaciones de centro-derecha, como Ciudadanos -y que esta formación ya iba demandando en 2008, cuando, según sus propios Estatutos, se definía de centro-izquierda-, o por formaciones injustamente castigadas electoralmente como UPD o Izquierda Unida, o de izquierda, como Podemos, han hecho recapitular a las formaciones políticas tradicionales como el PP o el PSOE, de manera que puede afirmarse que lo ha se ha dado en muchas importantes ciudades de nuestra país este fin de semana no ha sido simplemente una alternancia técnica entre las dos formaciones bipartidistas tradicionales, sino una alternativa real de cambio. Una alternativa que simboliza muy bien, a mi juicio, la nueva alcaldesa de Barcelona con su vara de mando: la que un día fue perseguida por defender a los pobres, a los débiles, a los deshauciados, toma la vara de mando y la mismao Policía local tendrá que cuadrarse, mal que le pese, ante ella, cada vez que entre el el Ayuntamiento para gobernar siguiendo la voluntad de todos los ciudadanos. Repito, de todos los ciudadanos. Hecho en falta un poco más de entusiasmo y credibilidad en la formación tan modosita de Albert Rovira, que en su afán de querer ser políticamente correcta -en contra de su propia reciente historia, pues en Cataluña no lo fue, y las candidaturas a las generales de 2008 tampoco lo eran-, un poco más de defensa de los ciudadanos y menos miedo a la hora de que los “inversionistas”, incluidos los fondos buitres, puedan condicionar sus políticas. Manuela Carmena, por su parte, ya ha declarado que gobernará escuchando, para todos, en contra lo de lo que ha venido haciendo Esperanza Aguirre durante 26 años, tamayazos mediante. Pero el pueblo de Madrid, como el de Barcelona, ha despertado. O el de Valencia, donde Joan Ribó, que se presentaba por Compromís, uno de los mejores diputados, a mi juicio, tanto a nivel ideológico como técnico, de las últimas legislaturas, fue investido antes de ayer Alcalde de Valénica. Tampoco es justicia poética, sino recuperación de poder territorial para la ciudadanía, el hecho de que el candidato de Por Cádiz sí se Puede (PCSSP), José María González, Kichi, haya sido investido alcalde de Cádiz tras obtener el apoyo comprometido por los cinco concejales del PSOE y los dos de Ganar Cádiz en Común, logrando así la mayoría absoluta del Pleno que evita que Teófila Martínez (PP) asumiera el que habría sido su sexto mandato como alcaldesa de la capital. O que el abogado penalista Pedro Santisteve, de Zaragoza en Común, un absoluto desconocido para la inmensa mayoría de los zaragozanos hace tres meses, se haya convertido en el nuevo alcalde de la capital aragonesa, la quinta ciudad de España. Con el apoyo de los otros ocho concejales de su formación, y de los seis del PSOE y los dos de CHA, ha sido investido alcalde este abogado defensor de presos e insumisos que se ha incorporado a la política tras haber participado en los movimientos asociados al 15-M. Zaragoza en Común, una plataforma formada por Izquierda Unida (IU), Equo, Puyalón, Piratas de Aragón, Somos y Demos+, con el apoyo de Podemos, ha convertido a Santisteve en el político municipal más poderoso de Aragón, pero, como ha sido destacado por la prensa local, con una frágil estabilidad necesitada siempre del apoyo de otras fuerzas.

En cualquier caso, parece claro que algo, y mucho, ha cambiado en el panorama municipal español. Las candidaturas de unidad popular, ya por sí solas ya con el apoyo pre o postelectorales de otras formaciones políticas, bien nuevas como Podemos, bien tradicional, con el PSOE, cuyas bases siempre han sido más ácratas que su aparato, han permitido un cambio de gobierno en muchas importantes ciudades españolas, y también en municipios más pequeños, en el que el electorado ha querido premiar otra forma, si se quiere amateur y por ello no contaminada, pero técnicamente preparada, de hacer de nuevo Política con mayúsculas. Algo de esto me recuerda a las elecciones municipales de 1979. Corren vientos cambio. Y no, no es justicia poética. Ya es, mal que les pese a algunos, autoridades civiles y militares, eclesiásticas, poderes fácticos económicos, una realidad; si quiera al nivel de lo pequeñito, de los Ayuntamientos. Pero la Historia ha veces nos ha demostrado cómo desde el cambio en lo pequeño puede surgir el cambio en lo grande. Todavía más en una sociedad compleja e interconectada en el nuevo escenario mundial globalizado de la llamada sociedad 3.0.

En un mundo donde la política con minúsculas se escribe con mayúsculas, y la tecnocracia usurpa el poder ciudadano, en un mundo no tan lejano, el FMI, oscura institución surgida del pacto intergubernamental de Bretton Woods despues de la segunda Guerra Mundial, como precursor del nuevo orden mundial que, según los designios del CB y de las logias masonas en las que se encuentra el verdadero y oscuro Poder en la sombra, ha anunciado, por el momento, la retirada de su apoyo a la República soberana de Grecia, por cierto, cuna de la democracia. Pero ya veremos. De nuevo, los cambios producidos son más que justicia poética. Son la expresión del espíritu de la conocida frase con la que Abraham Lincoln concluyó su discurso tras la batalla de Gettisburg, y que todavía puede leerse a la entrada del Capitolio en Washington D.C. Un espíritu que encuentra en el pueblo una fuerza tan grande que, pese al imperio de la corporatocracia, todavía sigue gritando para que el contrato social deje de ser una ficción y vuelva a su origen. Y, como hiciera Lincoln ante un escenario de devastación tras una guerra civil, 152 años después, la ciudadanía, devastada por una crisis sin precedentes y caracterizada por la usurpación del gobierno por los tecnócratas formados en la economía “ortodoxa”, sólo pide una cosa: que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la tierra. Las estructuras organizadas de poder, cuando desconocen esta regla básica, tanto si son “de izquierdas” o marxistas en sentido clásico, en los ya casi desaparecidos regímenes del llamado “socialismo real”, o “democracias populares”, ya sean “de derechas”, las cuales recubren una amplia gama de formas de Gobierno, que va desde los fascismos declarados hasta los gobiernos autocráticos, formalmente democráticas pero en las que los derechos más elementales de los ciudadanos son conculcados, como denunciara desde la cárcel Nelson Mandela respecto de una República de Sudáfrica formalmente democrática, pero materialmente profundamente conservadora y segregacionista, se convierten en el enemigo a batir, en el bastión que impide que el verdadero poder legítimo, el que emana del pueblo, pueda surgir, siquiera como un pequeño ramo verde de un árbol seco, a partir del cual convencer, y no imponer, al resto de los conciudadanos, de la difícil, pero no imposible, tarea de tomar conciencia de ciudadanía y de la necesidad de que el espacio público, fundamento y regidor de todos los demás espacios en los que se manifiesta el poder civil, como nos enseñaron los griegos hace más de dos mil quinientos años, pertenece a los ciudadanos por derecho. Como declaró Ada Colau con su vara de mando en su discurso de investidura “hoy hemos hecho posible lo imposible”. Mis mejores augurios, Ada. De activista a Alcaldesa. A pesar de los bancos, de la Policía sumisa y de los poderes fácticos. En un espacio tan pequeño pero tan cargado de tradición y sabiduría, tu vara de mando simboliza el mandato que te han dado los ciudadanos, y el poder que de ellos has obtenido, tanto del príncipe como del mendigo; y que en tu caso, como en el de agunos otros Alcades investidos este fin de semana, por mucho que los medios de comunicación afines al Poder se harten de proclamar que llevamos 38 años en democracia -una cosa es la democracia y otra su calidad-, se ha dado, por fin, la tan difícil coexistencia, casi de “unión hipostática”, entre autoridad e imperio.

Poco a poco, se está fraguando el cambio y un auténtico proceso de devolution, término que en Italia sirvió para simbolizar la devolución de poder a la sociedad -entendida ésta como un equivalente, en lenguaje políticamente correcto, de las grandes empresas- bajo los gobiernos de Berlusconi. En este caso se trata de una devolution legítima. O, mejor, de la toma de poder, moralmente legítima, jurídicamente válida, y éticamente obligada, por parte de los ciudadanos de los espacios que les habían sido arrebatados por buena parte de los representantes de los partidos tradicionales: fundamentalmente, por parte del PP, pero también, en algunos casos, del PSOE. Los ciudadanos han comenzado a recuperar con fuerza su papel en los Ayuntamientos y, sobre esta base, será posible volver a creer en ellos como instituciones cercanas a sus necesidades, especialmente, las de los ciudadanos más pobres y que tanto han sufrido y siguen sufriendo los devastadores efectos de una crisis que han provocado otros jugando a sus casinos de saltos mortales con red, o rescate público incluido, pero con nuestras fichas, las fichas de los ciudadanos, el dinero de todos.

En cuanto a los municipios, es verdad que son entidades territoriales pequeñas, y que han servido, durante ocho años, a una política promotora de la burbuja inmobiliaria y de la corrupción. Sin embargo, estas mismas instituciones, durante ochocientos años, han servido bien a los intereses de los ciudadanos, preferentemente de una pequeña burguesía, pero también de mendigos y de gente sin hogar. Los Ayuntamientos, la Iglesia y las Universidades, no lo olvidemos, son las instituciones más antiguas del mundo occidentale. Cuidémolos, y hagamos que ellos cumplan con una vocación de servicio comunes a las otras dos instituciones mencionadas y que se sitúa en la base del pensamiento político occidental, desde las antiguas ciudades-Estado de Grecia hasta las nuevas propuestas de municipios abiertos y participativos del siglo XXI. Estas elecciones municipales han honrado lo mejor de nuestra tradición municipalista, al tiempo que no han mostrado su temor frente a los oscuros poderes que, de momento, pero sólo de momento, dominan el mundo. Hasta que la ciudadanía recupere más espacios de poder. Hasta que la ciudadanía pueda de nuevo escribir orgullosamente Política con mayúsculas.

 

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD

Doctor en Derecho

@pabloguerez

 

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¿Justicia poética o cambio municipal real? El inicio de un cambio desde abajo, y desde los de abajo, by Pablo Guérez, PhD, with the exception of the photo of Ada Colau and text under, © Lluis Gene / AFP, is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
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Interrogantes que plantea el nuevo mapa político español surgido de las elecciones del 24-M

junio 1, 2015 § Deja un comentario


Tras el nuevo escenario político que se ha abierto en España tras las elecciones del 24-M abundan los artículos de opinión sobre si nos encontramos ante una nueva etapa de nuestra todavía joven democracia, con una serie de consecuencias que irían desde el fin del bipartidismo hasta la eventual ruptura del consenso constituyente de 1978, valorada positiva o negativamente tanto desde perspectivas propias de la izquierda como de la derecha políticas y sociológicas.

Corren vientos, tanto “de izquierdas”, como “de derechas”, en contra del consenso constituyente. Sin embargo, sin entrar en esa delicada cuestión, que entiendo merece un análisis más detenido, entre otras voces autorizadas, el periodista Raúl Ciriza, por ejemplo, en un reciente artículo publicado en Attac Navarra, viene a expresar su entusiasmo, desde una óptica no muy lejana de una perspectiva “abertzale”, con el nuevo mapa electoral o político resultante de las últimas elecciones municipales y autonómicas. En esta línea, muchos de los que alaban las ventajas del supuesto fin del bipartidismo no parten de un análisis profundo y pormenorizado de nuestra reciente historia política. De este modo, los partidarios de varias corrientes de opinión que se van extendiendo tanto en los medios de prensa tradicionales como digitales, y desde diversas perspectivas ideológicas que son, en muchos casos, reflejos de intereses ocultos, faltan a la verdad cuando realizan una equiparación tan alegre entre PSOE y PP, al tiempo que alaban las bondades de las nuevas formaciones como Ciudadanos o Podemos. Así, por poner sólo un ejemplo, el periodista u “opinador público” no puede desconocer las notables diferencias, dentro de un sistema de economía de mercado, entre el primer gobierno socialista salido de las urnas en 1982 y la segunda legislatura del gobierno Aznar, en el año 2000. Lo que sí es cierto, desde una perspectiva socioeconómica, pero que responde también a una voluntad política, es que, a partir de 1993, con la entrada en vigor del Tratado de la Unión Europea -que recibió la aprobación de todas las fuerzas políticas de ámbito nacional excepto la de algunos diputados de Izquierda Unida, por cierto, injustamente castigada, junto con UPD, en estas elecciones municipales y autonómicas del 24-M-, la sumisión de la política a los poderes económicos y a los “mercados”, auténticos artífices de una política económica no sometida a controles políticos ni a un Tesoro Público europeo, más allá de las vagas directrices y recomendaciones del Consejo Europeo, rendido casi en su unanimidad a la hegemonía cultural del pensamiento único, ha “atado las manos” al PSOE en la implementación de políticas económicas auténticamente socialdemócratas. Y quizá la mayor crítica que habría que hacer a las políticas realizadas por el PSOE, desde una perspectiva socialdemócrata, es que la referida situación de impotencia no ha sido denunciada por dicho partido en las instituciones supranacionales, ni en las europeas ni en las mundiales, estas últimas fruto del consenso que, a mi juicio, sí que habría que romper, pues ése sí es que es un fiel reflejo de las políticas ultraliberales que perpetúan la desigualdad entre las diferentes clases sociales de los Estados y entre los Estados, llegando a la máxima justificación de la desigualdad en la bendición del status quo en las relaciones Norte-Sur: el consenso de Bretton Woods y de sus insolidarias y masonas instituciones como el FMI o el Banco Mundial . Pero incluso en esa impotencia, subsiste una diferencia sustancial ideológica entre el PP y el PSOE, al menos en muchos de sus miembros y en sus bases. Incluso en la negociación del artículo 135 de la Constitución Española: la mala conciencia o el remordimiento de los socialistas de no haber sido fieles a sus principios; los únicos que pueden salvarlos de unos resultados electorales mediocres en los que su mejoría electoral se ha debido más a variables en buena parte independientes de los méritos de la formación política: por una parte, una variable negativa, expresada en el descontento de los votantes del centro-derecha por los incontables casos de corrupción del Partido Popular, y por la otra, una positiva y esperanzadora: la apertura del PSOE, desde hace meses, encabezado por el “revisionismo hacia la izquierda” de su nuevo líder Pedro Sánchez, quien, en su afán de volver a su caladero electoral tradicional, la izquierda sociológica y las bases del Partido Socialista, ha llegado a proponer, en el plano programático, la modificación del artículo 135 de la Constitución y la derogación de la reforma laboral impulsada en primer lugar por el segundo gobierno Zapatero; y, en el plano electoral, ha mostrado una actitud abierta y de diálogo ante las llamadas “candidaturas de confluencia” o de “unidad popular”, con las que el Partido Socialista puede aspirar a formar gobierno en muchos municipios españoles.

Por Pablo Guérez, PhD.

Doctor en Derecho Penal

Colegiado ICAM no. 97.901

Acreditado a Profesor Contratado Doctor

En situación legal de desempleo desde el 28/7/2011, actualmente sin percibir prestación o ayuda social alguna, pública o privada. Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado. Calle Einstein, no. 1, 28049 Madrid.

@pabloguerez

 

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Taxonomía del activista político español (RB)

mayo 9, 2015 § Deja un comentario


Enhorabuena, David, por tu entrada, a la que he accedido por casualidad ¿o tal vez no?, y por tu excelente blog. Creo que has dado en un punto clave de las deficiencias de nuestro sistema político. En una noche insomne de viernes en plena efervescencia de campaña electora, la reflexión callada me ha hecho toparme, tal vez por intervención de la Providencia, con tu interesantísimo artículo, en medio, a su vez, de un muy interesante blog que animo a mis lectores a visitar. Sirvan las siguientes modestas reflexiones, espero, aun precipitadas -¡pero cómo no van a serlo, al menos en parte, en esta sociedad mediática dominada por el eficientismo inmediatista en el que el noble arte de la política se ha convertido en una contienda apenas sin reglas para atrapar votos, al más puro estilo salvaje estadounidense de “vote-catching” que ya describieran sociólogos como Schumpeter1-, para enriquecer el debate y difundir algunas ideas con el loable fin de arrojar algo de luz en medio de la vorágine electoralista que acaba de comenzar.

Sobre la calidad de nuestro sistema democrático y lo que yo he dado en llamar la “falacia contractualista”, que está en la base de la creencia de la separación de poderes, así como sobre muchas de las cosas que se sugieren en el artículo que me dispongo a rebloguear, mucho tendría que decir, y, como he dicho antes, creo que el autor ha dado en el clavo, por lo que respecta a uno de los fallos sistémicos del sistema político español; sistema irritado, utilizando el lenguaje sociológico de la teoría de sistemas de Niklas Luhmann, por un sistema económico que es “estructura” en sentido marxista. Pero a mi juicio, y en ello difiero del marxismo, al menos del ortodoxo, el carácter estructural no viene dado por la naturaleza materialista dialéctica de la economía, sino que más bien esta situaciómn de “irritación” del sistema político por el sistema económico es dada por el peso que ha adquirido un pensamiento económico único de corte ultraliberal, en términos de hegemonía cultural en sentido gramsciano. Sobre esto he hablado y escrito hasta la saciedad y no se me ha hecho caso, incluso en los círculos más cercanos. Aun a riesgo de ser impopular y no coincidir con la sensibilidad del perfil de determinados lectores de este blog, voy a atreverme a compartir algo que escribí el año pasado, al hilo del debate monarquía/república, que personalmente considero una cuestión accidental y muy secundaria.

Pues a mi entender, lo importante es la calidad democrática y el poder de los ciudadanos, de la gente, del “we the people” que alimentó las Constituciones democráticas como la Constitución americana en la época de los padres fundadores, y que la democracia sea participativa y lo sea de verdad en sentido material, y no “burgués” o formal, utilizando una terminología marxista conocida. Porque de nada sirven los derechos, incluidos los de primera y segunda generación, si no se arbitran los mecanismos suficientes para cumplir el mandato constitucional recogido en el artículo 9.2 CE: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”. Desde luego, también los tiempos de nuestro constituyente, a treinta y siete años vista, fueron sin duda, aun con sus defectos, tiempos mucho más nobles que los actuales, donde el dios Dinero (Mammon en arameo) no detentaba la supremacía cultural, en sentido gramsciano, del pensamiento social a todos los niveles. Por si a alguien le interesa a estas alturas, ya metidos de lleno en campaña electoral, ahí va mi entrada. Soy formal en el lenguaje y en los tratamientos, porque mi formación es clásica y creo que el protocolo no está reñido con la crítica de fondo. Es más, a veces es mucho más eficaz, en el plano meramente estratégico, mantener formas que a uno le gustan, para denunciar que, frente a “poderes” irracionales como la monarquía, existen poderes ocultos en la sombra, basados en el culto al dios Dinero, mucho más poderosos. Así que, de nuevo, me atrevo a compartir mi vieja entrada, escrita deliberadamente “a modo de ensayo”, que por supuesto animo a que critiquéis, bien el blog o por este medio, así como a que la difundáis libremente, dentro de los términos de la licencia que incorpora, y que por cierto me alegra ver que es del tipo de las utilizadas por el autor de este blog que tengo el honor de rebloguear, salvo que su autor o administrador me comuniquen algo en contra. Así que, sobre la separación de poderes y el bla…bla…bla… burgués de nuestra “fiesta de la democracia”, me remito a mi entrada via http://pabloguerez.com/2014/06/04/dios-salve-a-s-a-r-don-juan-carlos-y-a-felipe-vi-dicho-por-un-republicano-breve-ensayo-sobre-la-oportunidad-historica-de-la-abdicacion-del-soberano-y-sobre-la-soberania-en-el-contexto-de-la-crisis/

De nuevo, mis felicitaciones, David.

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD
Doctor en Ciencia Jurídica
Acreditado a Profesor Contratado Doctor
Ex Profesor de Derecho Penal de las Universidades Autónoma de Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia y Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”
Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad ICSA-UAM
Colegiado ICAM núm. 97.901
Desempleado e inscrito en el SEPE como demandante de empleo desde el 28/7/ 2011
Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado, C/ Einstein, no. 1, 28049, Madrid.

AUTOPSIA

¿Quiere usted algo irrefutable en la llamada ciencia política? Bien, ahí va: las reglas del juego definen el juego. O sea, no pretenda usted jugar a la oca con las reglas del parchís porque al final no jugará ni a una cosa ni a la otra. La democracia formal, en países con millones de habitantes, tiene dos condiciones básicas para ser democracia formal: separación de los tres poderes y representación efectiva del ciudadano. Convendrá conmigo el lector en que en España, se mire por donde se mire, no existe nada parecido. ¿Entonces por qué hay quienes, considerándose a sí mismos demócratas, participan en política como si nuestro país fuera una democracia? Me temo que solo existen dos respuestas posibles: una, por ignorancia de cuáles sean las reglas de juego de una democracia formal; dos, por intereses personales que nada tienen que ver con el bien común. De la primera respuesta…

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