17 de octubre: Día internacional para la erradicación de la pobreza

octubre 17, 2014 § Deja un comentario


Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza – 17 de octubre

«En el día de hoy, nos comprometemos una vez más a pensar, tomar decisiones y actuar unidos contra la pobreza extrema, y a forjar planes para un mundo donde nadie quede postergado. Nuestro objetivo debe ser la prosperidad para todos, no solo para unos cuantos».

(Del Mensaje del Secretario General, Ban Ki-moon,
con motivo del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza
17 de octubre).

EDITORIAL

El 17 de octubres es el Día internacional para la erradicación de la pobreza en el mundo, oficialmente establecido por Naciones Unidas. Los acuerdos y protocolos de Kyoto sobre crecimiento y desarrollo sostenible, los objetivos de reducción de la pobreza de la Ronda del Milenio y varias decenas de instrumentos normativos internacionales en torno a la lucha con la pobreza siguen sin cumplirse. Las propuestas de Naciones Unidas para lograr la “pobreza cero” en 2025,  a pesar de las buenas intenciones recogidas en el papel y de la voluntad de colaboración con gobiernos de distinto signo, distan demasiado de cumplir siquiera una ínfima parte de su objetivo para cualquier espectador mínimamente inteligente y neutral que se detenga a contemplar la situación económica mundial en la actualidad. En estos momentos, ahora, según datos de la conservadora y ortodoxa institución Banco Mundial, más de 2500 millones de personas malviven bajo el umbral de la pobreza, medida según el doble rasero de los cánones occidentales para los países pobres (es decir, se considera pobres a las personas que “viven” con menos de 2 dólares por día, lo que el mencionado organismo político y económico estima suficiente para adquirir productos de primera necesidad al precio que estos tienen en los países más pobres; de manera similar, se considera en situación de “pobreza extrema” a aquellas personas que subsisten con menos de 1,25 dólares por día), y la mayoría de ellas se encuentran en situación de pobreza extrema y marginación social. Dicha definición, por insultante, no puede ser aceptada, pues deja fuera del concepto de “pobreza” a una multiud ingente de personas que realmente no viven con lo necesario, sencillamente porque la cantidad de poder adquisitivo de que disponen es con mucho inferior a los precios reales de los bienes de consumo de primera necesidad, tal y como otros los entendemos. Un entendimiento tan riguroso de la pobreza por parte de los máximos organismos de Naciones Unidas, con arreglo a los cánones someramente explicados explicaría el optimismo en torno a los objetivos fijados por los puntos contra la erradicación de la pobreza por la Ronda del Milenio para 2025,  en el marco de un discurso neoliberal en el que hallan cabida declaraciones macroeconómicas falsas del estilo de que la pobreza extrema global agregada habría disminuido del 50 al 26 % por ciento en los últimos treinta años (fuente: Banco Mundial, 2013). Pues bien: Desde el punto de vista que auí sostengo, apoyado por organizaciones humanitarias independientes y por economistas desgraciadamente minoritarios pero de la talla moral como James Tobin, Paul Krugman o Amartya Sen, todos Premios Nobel de Economía, considero que tales declaraciones resultan sencillamente insultante para las personas que tienen que padecer no sólo su trágica situación de deprivación de los bienes materiales más básicos, sino la falta de condena por las autoridades supranacionales de verdaderas causas fundamentales de la pobreza que tienen su origen en los mercados secundarios de materias primas occidentales, como el Londres o el de Nueva York, y que sonnegadas sistemáticamente por las instituciones de Bretton Woods, con la complicidad de otros organismos humanitarios de la familia de Naciones Unidas. En esta línea, organizaciones como Intermon Oxfam, entre otras, con arreglo a criterios más realistas y, sobre todo, más humanos, estiman la pobreza global en torno 3000 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, según los cálculos más “optimistas”. Por otra parte, la brecha Norte-Sur se ha ampliado cada vez más. En feliz, pero trágica expresión del economista Joaquín Estefanía, vivimos en un mundo de “globalización mutilada”, en el que a muchas personas no llegan los beneficios de la globalización, aunque sí sus servidumbres.  En ocasiones eso ha sucedido con continentes enteros, refiriéndose el mencionado autor a África (La nueva economía: la globalización, 2003). En este sentido, en una nota de prensa de la ortodoxa y conservadora institución Banco Mundial publicada el 17 de abril del año pasado por “The Washington Post”, dicha institución reconoció que hay “1200 millones de personas que viven en la pobreza extrema, y pese a los avances impresionantes logrados en los últimos tiempos, en África al sur del Sáhara siguen viviendo más de las dos terceras partes de las personas en situación de pobreza extrema del mundo”.

POST SOBRE LA POBREZA EN EL MUNDO 

A la memoria de San Daniele Comboni, en la Gloria de Dios

Africa o morte (San Daniele Comboni)

No es más feliz el que más tiene, sino quien menos necesita (Proverbio panindio, probablemente, hacia 600 a.C.) 

“(…) plagas provocadas por ese antivalor, ése que sostiene que somos más felices sin nos enriquecemos, sea como sea. Hemos sacrificado los viejos dioses inmateriales y ocupamos el templo con el dios Mercado. Él nos organiza la economía, la política, los hábitos, la vida… y hasta nos financia cuotas y tarjetas de apariencia de felicidad. Parecería que hemos nacido sólo para consumir, y consumir. Y cuando no podemos cargamos con la frustración, la pobreza, y hasta la autoexclusión. Lo cierto, lo cierto hoy, que para gastar y enterrar los detritos en eso que se llama la huella de carbono por la ciencia, si aspiráramos en esta Humanidad a consumir como un americano medio o promedio, son imprescrindibles tres planetas para poder vivir. Es decir: nuestra civilización montó un desafío mentiroso, y así como vamos no es posible para todos colmar ese sentido de despilfarro que se le ha dado a la vida, que en los hechos está masificando como una cultura a nuestra época siempre dirigida por la acumulación y el mercado. Prometemos una vida de derroche y despilfarro. En el fondo constituye una cuenta regresiva contra la naturaleza y contra la Humanidad como futuro, civilización contra sencillez, contra la sobriedad, contra todos los ciclos naturales, pero peor, civilización contra la libertad que supone tener tiempo para vivir las relaciones humanas, lo único trascendente, amor, amistad, aventura, solidaridad, familia. Civilización contra el tiempo libre, que no paga, que no se compra, y que nos permite contemplar y escudriñar el escenario de la Naturaleza (…) Es posible arracar de cuajo toda la indigencia del Planeta (…) ¡Piensen que la vida es un milagro: que estamos vivos por milagro ¡Y no hay nada que valga más que la vida! Y que nuestro deber biológico es por encima de todas las cosas respetar a la vida e impulsarla, cuidarla, procrearla, y entender que la especie es nuestro nosotros. Gracias”.

(Discurso de José Mugica, Presidente de la República del Uruguay, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, 2014;  la negrita, así como la selección de los párrafos del discurso, son míos; recomiendo el visionado del discurso íntegro en el link que posteo al final)

Advertencia: algunas de las siguientes imágenes pueden herir la sensibilidad del lector:

Africa_pobreza   pobreza3173    20130725_melilla  muchos euros  B0J44ptCQAAZGSE

La pobreza extrema, la miseria, que lleva a la degradación física y moral a unos 3.000 millones de personas en este Planeta, más de la mitad de la población mundial, según datos de organizaciones humanitarias independientes, entre las que se Encuentran Intermón Oxfam y Acción contra el Hambre, es uno de los mayores azotes de la Humanidad y la peor de sus plagas. Es, a su vez, la génesis de otras, como muchos conflictos bélicos y enfermedades que podrían evitarse con una mejor distribución de los recursos. El sencillo lema de una organización como Cáritas española, “vive sencillamente, para que otros, sencillamente, puedan vivir”, no significa una austeridad impuesta y castradora, sino simplemente una vida decorosa que resulte compatible, en la medida de lo posible, con una adecuada distribución de las riquezas y, simbólicamente, del dinero, como unidad de medida cuyo valor real en cuanto realidad social construida por el hombre, y que no puede agotarse en su valor meramente financiero, deberemos replantearnos si pretendemos caminar hacia un mundo más justo o, simplemente, justo. Porque está claro que el mundo en el que vivimos no lo es, y mucha responsabilidad de ello recae sobre el modelo de producción y distribución de bienes y servicios del actual estadio del sistema capitalista, y en el modelo de consumo, íntimamente ligado al primero. Estos modelos deben ser urgentemente revisados, si no queremos perder la batalla contra la pobreza. Lo cual nos lleva a abrir el debate sobre las necesidades reales de la población, aquellas que hay que garantizar a todas las personas, y aquellas otras que consideramos superfluas, y buscar el consenso social y político necesario para lograr un reparto equitativo de las riquezas; un reparto que, para ser verdaderamente justo y equitativo, sólo podrá estar basado -o al menos muy principalmente- en criterios humanistas, como la atención a las personas en primer lugar, lo que equivale a decir la atención las necesidades verdaderamente humanas. Lo cierto es que toda la población mundial clama al cielo me conduce a considerar que ni el mercado como único productor-distribuidor, ni el Estado socialista con su aparato burocrático y su monopolio de los medios de producción, llevan a soluciones justas en el reparto de los bienes. Hace falta más sentido común y sensatez en la macrociencia que se ha dado en llamar Economía y ha venido a usurpar campos que no le corresponden, como el de la política, y que no es -o no debería ser- otra cosa que la técnica que estudia el reparto de bienes que, por su propia naturaleza y por sus propios ciclos de replicación natural, son escasos. Una economía verdaderamente “de rostro humano” debería conducirnos a pensar que otro modelo de producción de bienes, así como otro modelo de consumo, es posible. Que, dicho en el lenguaje “de la gente de la calle”, aquí, en el Primer Mundo, tal vez no necesitemos tener dos coches, dos casas, cuatro teléfonos móviles o dieciocho trajes, además de comida caducada en el frigorífico. Lo que te sobre, dáselo a tu prójimo. Pero estamos tan ciegos que a veces no conocemos ni el sentido de la expresión “sobrante”, ni el de la expresión “prójimo”, o simplemente “gente”, que no debe ser comprada, aunque en la realidad sea objeto de comercio, como prácticamente todo. Tal ha sido el logro de la economía capitalista pura basada en el espíritu y la ética protestante.  Y, por otra parte, nosotros tal vez necesitemos escuchar más las necesidades de la gente, tanto de nuestro entorno, como de aquella que, por haber tenido la azarosa desgracia de haber nacido por debajo de un determinado paralelo, no tiene lo necesario para vivir. Y muchas veces, por nuestra culpa, no dejamos que se la escuche. Hasta que llama a nuestra puerta con sus ropajes ensangrentados por nuestras vallas, por nuestros muros de la vergüenza.

Fdo. Dr. Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

Enlace a la página de Naciones Unidas sobre el 17-O: http://www.un.org/es/events/povertyday/

 

Sobre las verdaderas causas de la pobreza podría escribir un artículo académico, inadecuado para este formato. No descarto sin embargo escribir algo al respecto en el futuro. De momento, os dejo el enlace al

Histórico discurso de José Mujica En la ONU contra el orden mundial 2014 (FULL HD):

 

El discurso tiene mucho que ver con las reflexiones sobre las necesidades que habéis podido leerme en éste y en anteriores blogs, y que, a mi juicio, contribuyen a arrojar mucha luz sobre las verdaderas causas de la pobreza, y, en consecuencia, a conseguir las herramientas adecuadas para su erradicación desde su verdadera raíz, la cual, como en todos los fenómenos complejos, es multifactorial, pero puede ser interpretada de acuerdo con pustos de vista más o menos acertados. El que propongo es que, a mi juicio, mejor se ajusta a la descripción del problema y, en este sentido, hago mías las declaraciones del presidente de la República del Uruguay José Mugica. Después de escuchar el discurso, os hago una propuesta de lectura de un clásico del ecologismo político humanista: “Lo pequeño es hermoso”, de Schumacher, de 1973, y que resulta de máxima utilidad. Está disponible para su descarga en la web. Amparándome en el derecho de cita, os dejo uno de los links: http://archivolibre.com.ar/lacocovilla/Permacultura/(CARPETA)%20Filosofia%20permacultural/lo%20peque%F1o%20es%20hermoso.pdf

 

Canción de Juan Luis Guerra, uno de los cantautores comprometidos económicamente ayer en el Día contra la pobreza: https://www.youtube.com/watch?v=XZOLOggfWp0

 

CC0: Results//

CC0
To the extent possible under law, Dr. Pablo Guérez Tricarico has waived all copyright and related or neighboring rights, with the exception of the images posted, to 17 de octubre: Día internacional para la erradicación de la pobreza. This work is published from: España.

 A.M.D.G.

TTIP Secret: Por favor, no molesten

octubre 13, 2014 § Deja un comentario


El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan a él (José Mugica, Presidente de Uruguay)

 

Muchos ya lo sabíamos. Y no hicimos nada. Nos creimos consumidores antes que personas, como nos enseña la socióloga e historiadora Cris Martín Jiménez . Ahora, quizá, ya sea demasiado tarde para pararlo. Ya lo comenté en una entrada anterior en este blog publicada el 23 de junio de este mismo año, y que podéis encontrar en  http://pabloguerez.com/2014/06/23/tisa-el-nuevo-tratado-secreto-del-nuevo-orden-mundial/. En aquel momento la noticia sólo había aparecido en algunos medios de comunicación independientes de manera más o menos difusa, como Le monde diplomatique, por lo que he esperado a observar el devenir de los acontecimientos para volver a publicar de nuevo sobre el tema. Recientemente, rebuscando en la prensa independiente en el ciberespacio, he podido comprobar que tanto el diario.es (http://eldiario.es), junto a La Marea (http://www.lamarea.com) y Diagonal (https://diagonalperiodico.net/), han tenido acceso a una parte de los documentos secretos que sirven de base para la negociación del Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversiones del TTIP (Transatlatic Trade and Investment Partnership), como se le conoce por sus siglas en inglés y que suponen, como he podido comprobar directamente y ha sido contrastar con fuentes fidedignas de eldiario.net, la oferta de servicios que Europa está dispuesta a negociar con Washington. El documento (https://data.awp.is/filtrala/2014/06/13/4.html), al parecer, ha llegado a través de Filtrala.org (https://flitrala.org), la herramienta e filtraciones anónimas en la que colaboran estos medios.

Según fuentes de eldiario.net, el acuerdo está en el punto de mira de organizaciones sociales y partidos de izquierda, ya que sus efectos pueden suponer en la práctica una mayor liberalización de decenas de sectores en la UE, que tiene en general una normativa más exigente que en EE UU, y abra la puerta a un mayor poder de las corporaciones, a las que se les concedería un papel protagonista como sujetos de Derecho público y privado, por encima de los derechos y de las reivindicaciones de los ciudadanos y de los consumidores, al mismo tiempo que prevé la liberalización casi absoluta de los servicios de sanidad y educación. Hasta aquí los hechos.

En este comentario reblogueado del excelente blog de “Amigos de la Tierra”, aunque quisiera profundizar en ello, me voy a abstener de realizar consideraciones de orden jurídico, como podrían ser, por ejemplo, la constatación de que el Tratado incumple las condiciones materiales mínimas para considerar su negociación constitucionalmente legítima y vulnera directamente los arts. 93 ss de la Constitución Española; mi renuncia a un análisis jurídico radica en mi aproximación epistemológica actual hacia lo jurídico. Y es que, en estas cuestiones, ya hace tiempo que, por encima de lo jurídico, está lo político, pero en la peor de sus facetas: la política antidemocrática y promotora de los intereses de unos pocos. En este sentido, el Derecho no es más que la expresión política de una voluntad política, y, por mucho que los juristas nos empeñemos en hacer valer en determinadas materias un consenso constituyente que parece roto de facto desde hace ya demasiado tiempo, el realismo jurídico acaba por imponerse, lo que equivale a decir, en su versión más radical, que el Derecho acaba siendo lo que los poderes fácticos quieren que sea.  En relación con la cuestión que nos ocupa, comenzaré diciendo que la voluntad política consiste en promover una liberalización del comercio en el contexto de una macroeconomía financiera globalizada sin preocuparse mucho de las consecuencias en orden a la falta de globalización de los derechos de los ciudadanos. Se trata de una voluntad presidida por el llamado “pensamiento único”, que detenta la hegemonía cultural, en términos gramscianos, de la industria política, económica y cultural de los tiempos que nos ha tocado padecer, especialmente a las personas “no acomodadas” de mi generación, tiempos que, en anteriores entradas he venido llamando “Post-postmodernidad”.

Sin embargo, a pesar de todo lo que nos están vendiendo desde el Poder para “dinamizar la economía”, “hacer frente a la crisis” o conseguir otros loables objetivos por parte del poder político, lo que está claro es que se necesita otro modelo de sociedad en el que redefinir las necesidades y plantearse seriamente las diferencias entre lo necesario y lo superfluo; un modelo de sociedad en el que las personas, y no el dinero o las corporaciones sean el centro de la cuestión económica. Lo contrario supone seguir manteniendo un sistema insostenible y cuya factura, como siempre, toca pagarla a los que menos tienen: los excluidos por el sistema económico-político de bienes y servicios de consumo. Pero una crítica frontal del consumismo es inseparable de una crítica del capitalismo y de sus raíces. Es necesario un sistema económico-político-social que ponga a las personas en primer luga, y realice lo mejor posible un reparto equitativo de la riqueza entre toda la población, sin caer en los errores de los modelos puros “liberal” -atribución al mercado de la distribución- o “socialista” -atribución al Estado burocrático de la competencia exclusiva para la distribución de la riqueza-. Buenos puntos de partida para el cambio, procedentes de tendencias ideólogicas históricas diferentes, pero encontradas, pueden ser el liberalismo igualitario de J. Rawls y su “Justice Theory”, de 1970; el estudio de la teoría y de la experiencia de las socialdemocracias nórdicas de los años 70′ a 90′ del pasado siglo; las enseñanzas económicas contenidas en el clásico del ecologismo político y social de Schumacher “Small is beautiful. A study of economics as if people mattered”, 1973; o el pensamiento económico de Amartya Sen y otros economistas de su línea. También el estudio de máximas de comportamiento económico que cabe deducir de muchas religiones, desde las versiones más progresistas de la doctrina social católica hasta algunas derivadas de las enseñanzas budistas, pueden aportar mucho a un correcto entendimiento del problema económico. Corren malos tiempos para estas aproximaciones teóricas. Pero las consecuencias imparables de la crisis y de las desigualdades sociales deberán ponernos a todos, tarde o temprano, en la encrucijada de “rehumanizar” la política económica como gestión razonable de las necesidades de todos, utilizando para ello las valiosas herramientas desarrolladas por la ciencia económica, como el “óptimo de Pareto” o la idea de “equilibrio de Nash”. Aquella parte de la economía basada en el prototipo del “homo oeconomicus”, guiado exclusivamente por su beneficio -definido, por cierto, de manera muy pobre- dista mucho de corresponderse con la realidad -salvo en la parte en la que ésta ha sido ya manipulada por el sistema que detenta la “hegemonía cultural” dominante-, y está cediendo en la actualidad, a pesar del silenciamiento ideológico promovocado por el pensamiento único en Política y Economía, a versiones más humanas de análisis del comportamiento económico, como la propuesta por el modelo que atiende, en lugar de al “homo oeconomicus”, al “homo reciprocans”, y todas las teorías que premian la cooperación. Porque en el fondo, de lo que se trata en la Política económica, es del análisis de las necesidades y de la distribución de los recursos. En este sentido, una política económica justa debe buscar el objetivo de satisfacer las necesidades básicas de todos y de no generar más desigualdad de aquella que sea necesaria y compatible, a su vez, con la garantía de la máxima libertad de todos en el ámbito económico. Puesto que la mayor parte de los bienes -aquellos cuyo valor es directamente expresado en dinero-, y salvo ciertos bienes compartidos, se presenta en un escenario, empleando el lenguaje de la teoría de juegos, de suma cero (lo que tú tienes yo no lo tengo), los criterios para la distribución o, en su caso, redistribución de la riqueza (típicamente, del dinero) deben responder a exigencias éticas que tengan en cuenta, para empezar, el destino universal de los bienes humanos, además de otros criterios relativos a la priorización de las necesidades de la población o el trabajo. La justificación del derecho exclusivo y excluyente de la propiedad debe estar cimentada en una Teoría de la Justicia que pueda fomentar la prosperidad que hasta ahora ha generado el mercado, pero de una manera sostenible y que resulte tolerable para la mayoría de la gente, lo que implica la proscripción de las desigualdades extremas y se traduce, en la práctica, en el deber de compromiso de la ciudadanía en la lucha contra la pobreza.

Fdo./Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD
@pabloguerez

 

PD.:  Os dejo un enlace a una conferencia reciente de José Mugica, Presidente de Uruguay, que da que pensar sobre esta cuestión: “Lo que era economía de mercado se ha convertido en sociedad de mercado (…) Los mercados nos gobiernan, hay que gobernar los mercados”: https://www.youtube.com/watch?v=n0J5sWIeMFM

TTIP SECRET. NO al Tratado de Troya

TTIP Secret: Por favor, no molesten

Desde junio de 2013, la Comisión Europea, el Gobierno estadounidense y los grandes lobbies empresariales se reúnen a espaldas de la sociedad para negociar las condiciones del Tratado de Comercio e Inversiones (TTIP), un nuevo caballo de troya que oculta una importante pérdida de derechos y que cambiará la vida de los ciudadanos europeos.

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Movilización climática de los pueblos

septiembre 20, 2014 § Deja un comentario


Sobre la movilización climática.
No soy experto en cambio climático, pero como ciudadano y como persona comprometida con el mundo y con la sociedad he podido aprender algo sobre este fenómeno en los últimos años. Básicamente, lo que todos sabemos y algunos intentan justificar incluso con argumentos científicos diciendo que no es para tanto. Pues mientras no sea para tanto, el nivel de las aguas provocado por el deshielo de las superficies heladas crecerá lo suficiente como para que, en tres o cuatro décadas, en varios países del norte de Europa, Asia y América, el mar vuelva a ganar el terreno que la aparición de la vida en el Planeta y los cambios geológicos le quitaran hace millones de años; para que las temperaturas y el efecto de la radiación ultravioleta siga creciendo y alterando el hábitat natural de los ecosistemas en buena medida responsables de que nosotros, los hombres, los animales más peligrosos de la Tierra según el Guinnes de los Records, podamos seguir esquilmando los pocos recursos que quedan en la biosfera fundamentalmente para hacer negocio con ellos y, con ello, cerrarnos las puertas a nuestra propia supervivencia como especie. A mucha gente le da igual, porque no piensa de aquí a treinta años, y le da igual que le dejemos a nuestros hijos un mundo sin bosques, sin alimentos naturales sin recursos mientras les reprochamos que pasen demasiado tiempo ante videojuegos de realidad virtual. Si las cosas no cambian, lo virtual será poder realizar en el futuro un sencillo paseo en bici o a pie por el campo, o simplemente cultivar la tierra, único recurso de millones de personas excluidas de la economía de consumo y de las necesidades impuestas por un capitalismo inflexible. En cualquier caso, cualquier experto sobre cambio climático, ya sea físico, biólogo, bioquímico, geólogo, ecólogo, periodista o simplemente un ciudadano bien informado podrá hablaros mejor de la realidad de este fenómeno. En cuanto a la responsabilidad que debamos asumir ante él, no les toca a los científicos definirla, sino a la sociedad, a los políticos y a las personas a las que algunos concedemos autoridad. Los científicos, desde su parsimonia y humildad, simplemente advierten, pero el cambio lo debemos dar nosotros, comenzando por cosas tan aparentemente inútiles y pequeñas como el reciclaje o la separación de basuras. A lo mejor será lo máximo que podamos hacer para “salvar al Planeta”, y, con ello, salvarnos a nosotros mismos como especie consciente, es decir, especie con el enorme poder evolutivo de cambiar radicalmente su entorno. Conservando y fomentando los ecosistemas que sabiamente regulan los ciclos naturales que hacen posible la vida en la tierra o destruyéndolos. Está en nuestras manos.
Abandonemos pues ya nuestra concepción trasnochada, propia también de buena parte de las personas que se declaran cristinas, de interpretar el mandato bíblico de “llenad la tierra y sometedla” (Gn 1, 19). Dicho pasaje debe ser interpretado -y aquí pretendo echar mano de mi pobre conocimiento teológico-, en el sentido de una encomienda. Somos administradores de la Creación, de la cual nos podemos servir para nuestros fines lícitos, pero no nos es dado hacer lo que queramos y, mucho menos, destruir el mundo y nuestra propia presencia física en él antes de que el designio del Creador en tal sentido -el Apocalipsis o fin de los tiempos- tenga lugar. Y deberemos de responder de los vertidos, de las contaminaciones, del uso imprudente de la energía, de los desastres ecológicos provocados por la codicia del hombre y por sus guerras inútiles.
En ciertos ambientes corre el rumor de que el papa Francisco va a sacar dentro de poco una encíclica sobre la cuestión ecológica, cuyo entendimiento, como argumentaré enseguida, no puede desligarse del compromiso con nuestros congéneres y con nuestras generaciones de vida, especialmente teniendo en cuenta la calidad de vida de las personas más pobres y desfavorecidas del planeta, que son la inmensa mayoría.
Si bien la cuestión ecológica no fue tratada expresamente en las encíclicas sociales de los años 60 y 70, las constantes referencias que en ellas, así como en las declaraciones conciliares del Vaticano II encontramos al destino común universal de todos los bienes y de los recursos naturales de los que se extrae la “riqueza” de la economía productiva, el constante mandato de repartirlos en justicia y en caridad entre todos los hombres, así como la necesidad de revalorizar la agricultura, sobre todo en los países menos desarrollados, y el comercio justo entre los recursos de esos países y los llamados “países desarrollados”, lo que suponen, a mi juicio, pequeñas semillas de lo que posteriormente sería incorporado al Catecismo de la Iglesia Católica en su doctrina sobre el séptimo mandamiento y el respeto a la integridad de la Creación. Hace siete siglos, santos como el propio San Francisco de Asís advirtieron la necesidad del respeto y la comunión del hombre con el resto de la Creación -“pues vio Dios que era bueno” (pasaje repetido varias veces en el primer Capítulo del Génesis-.
Sin embargo, la falta de desarrollo dogmático de una cuestión de suma importancia en la actualidad en la teología oficialista posconciliar se debió probablemente a la priorización de otros asuntos más ligados a la defensa del poder geoestratégico de la Iglesia Católica en su lucha contra el socialismo real, a través del reforzamiento de la moral personal y familiar. Las cosas, sin embargo, si tenemos en cuenta el espíritu evangélico, el propio espíritu del Concilio y las declaraciones de varios teólogos sobre la importante responsabilidad del hombre en la administración del patrimonio común representado por la biodiversidad del planeta, deben motivar pronto declaraciones de los máximos líderes eclesiásticos, sobre todo teniendo en cuenta el tiempo transcurrido desde las primeras declaraciones conciliares progresistas, en éste y en otros terrenos a mi juicio inseparables de éste como la cuestión social, el reparto de la riqueza y la redefinición de las necesidades, de las relaciones de riqueza y de poder entre los hombres y los pueblos y del papel de la propia Iglesia en el mundo. Por otra parte, los efectos científicamente comprobados producidos por el cambio climático debe conducirnos a tomar una postura activa de lucha contra los hombres y las corporaciones que anteponen sus intereses o los de sus empresas al interés común de la conservación del medio ambiente. Tampoco una suerte de “regeneración espontánea” o adaptación evolutiva de la Tierra a los cambios realizados por el hombre justifica los graves atentados producidos al medio ambiente, y éste, si bien es verdad que ha logrado adaptarse, a diferente escala, a durísimas condiciones impuestas por la industrialización humana, lo ha hecho pagando un peaje ecológico incalculable y, desde luego, no deberíamos extrañarnos que las adaptaciones de la tierra al comportamiento hostil provocado por el hombre tengan un límite moral para el propio hombre. Bastantes avisos nos está ya dando la naturaleza, sobre todo tras la verificación de la paulatina destrucción de la capa de ozono o la finalización del deshielo, de hace apenas un par de años, de Mar de Bering y de buena parte de las banquisas del Ártico, lo que ha provocado, además de la apertura de nuevas vías de navegación, una justificada alarma sobre los efectos que, a más corto plazo de lo que pensamos, puede tener la subida del nivel medio de las aguas. Por poner solamente un par de ejemplos.
Por otra parte, ni qué decir tiene que la defensa del ecologismo que promuevo es una defensa que no puede ser desligada de la defensa de los hombres y de las poblaciones más pobres del planeta, de aquellos cuya subsistencia depende exclusivamente del cultivo y de la exportación de materias primas cuyos precios son abusivamente fijados en los países occidentales. En este sentido, no defiendo un ecologismo “de ricos” y “para los ricos” basado en primar la calidad de vida de la clase media acomodada frente a la situación, enormemente desventajosa, de miles de trabajadores industriales, promoviendo soluciones “inmediatas” del estilo de “cerrar de inmediato determinadas fábrica o centrales energéticas”, sino una concepción del patrimonio ecológico como un patrimonio común cuya riqueza, en forma de energía, vida y posibilidad de sustento debe llegar a toda la Humanidad. Para mí, o el ecologismo es “humanista”, o sencillamente no tiene sentido como problema moral, ya que, siguiendo el propio razonamiento de varios ecologistas “extremistas”, si el hombre no contribuye a dar marcha atrás en su desenfrenada carrera hacia una producción insostenible, será la propia naturaleza la que le barrerá del mapa de la tierra. Y la vida volverá a resurgir, probablemente, desde las bacterias, o las recientes algas “resistentes” al cambio climático recientemente descubiertas. Desde la perspectiva que aquí pretendo sostener, la defensa del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático no puede desligarse de la defensa por la garantía de unas condiciones de vida digna de los hombres y de las generaciones futuras a las que dejaremos este planeta, el único que habitamos, por el momento, como herencia. Po ello, permitamos que la herencia medioambiental que dejamos a nuestros hijos, a nosotros mismos y a y nuestros congéneres, y especialmente a los hijos de las personas más desfavorecidas -los cuales, previsiblemente, según la tendencia de nuestra economía idolátrica y sumisa al Dios dinero y al cortoplacismo de la ganancia inmediata seguirán siendo, si cabe, personas más desfavorecidas que sus padres- sea una herencia llena de deudas.

Fdo.: Pablo Guérez Tricarico, PhD
Doctor en Ciencia Jurídica por la Universidad Autónoma de Madrid
Candidato independiente por la lista de “Los Verdes” a las elecciones municipales de 2003 a concejal por la localidad de Tres Cantos y miembro del Partido de “Los Verdes” y Delegado por Madrid en la Asamblea General de dicho partido desde 2007 hasta 2009. Miembro de Greenpeace España desde 1993 hasta 2001.

 

Visit: climate.nasa.gov

 

lapieldelabatata

El próximo 23 de septiembre en la ciudad de Nueva York, el secretario general de las Naciones Unidas Ban-Ki Moon será el anfitrión de la “Cumbre climática 2014”, evento en el que dirigentes gubernamentales, instituciones financieras, empresas y organizaciones sociales, se reunirán en torno a una necesidad urgente: anunciar medidas concretas destinadas a reducir emisiones, reforzar la resiliencia al cambio climático y movilizar la voluntad política para llegar a un acuerdo jurídico significativo en París 2015 (cumbre climática). Esta es la primera oportunidad en la que los líderes del mundo se reúnen para discutir sobre el tema desde la llamada “cumbre fallida” de Copenhague en 2009, y nada hace pensar que en esta oportunidad los resultados sean más alentadores. Mejor que esperar esas “medidas audaces” en los discursos de los gobernantes de las grandes potencias, debemos fijar nuestra atención en la que se prevé será la mayor manifestación alrededor…

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