Jesús: “El que quiera seguirme…”

marzo 2, 2017 § Deja un comentario


“No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4:4)

“Pues quien se ensalza será humillado, y quien se humilla será enaltecido” (Lc 14:11)

“(…) Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Mi Sangre; Sangre de la Nueva Alianza, que será derramada por vosotros Y POR TODOS LOS HOMBRES para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía (De la fórmula de la consagración, Misal Romano, ed. española posterior al Concilio Vaticano II, vigente hasta el Primer Domingo de Cuaresma, 4 de marzo de 2017; la mayúscula es mía)

 

Leo en las redes sociales, pero, sobre todo, en LinkedIn, muchos consejos sobre márketing personal, “desarrollo personal” o “coaching personal”, sobre “la vida” más allá del trabajo, sobre presuntos “ganadores” y “perdedores”, y algunos me causan rubor, cuando no decepción o amargura. Vivimos en la llamada “sociedad de la información y del conocimiento”. O, al menos, eso se nos hace creer por la gente de la industria cultural y sus seguidores. En esta sociedad, estamos dominados por la información, veraz o inveraz, mientras muchos alardean de que la nuestra es también la sociedad del “conocimiento” (¿pero, qué clase de conocimiento, también de la sabiduría?  A los que hemos sido formados y nos consideramos hijos de la gran tradición de pensamiento del humanismo, cristiano o agnóstico, en cualquier caso, si se me permite la licencia “pre-post-moderno”, parece que no hemos entendido nada de nuestro papel en esta vida, pero tampoco de nuestra dignidad. En mi humilde opinión se escribe mucho sobre liderazgo, habilidades directivas, “triunfo”, no sólo en los negocios, sino también en lo que, muchas veces frívolamente, otras sólo imprudentemente, se acostumbra a llamar “la vida”. Pero… ¿qué es la vida? Un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción, como escribiera Calderón en La vida es sueño. Justo después de leer estas “cosas del mundo”, me han venido a la mente, sin saberlo, las palabras de Jesús propuestas por la Iglesia para la lectura del Evangelio de hoy, 2 de marzo de 2017, apenas comenzada la Cuaresma: “Quien quiera seguirme, niéguese a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga. Quien quiera salvar su vida la perderá; pero quien pierda su vida por mí la salvar. ¿En qué le aprovecha al hombre ganar el mundo entero si se pierde o se malogra a sí mismo?” (Lc 9:23-25).

En estos tiempos difíciles, que, en el hemisferio en el que se encuentran concentrados la mayoría de los países ricos del mundo, siguen anunciando la mayor llegada de refugiados desde los tiempos de la Segunda Guerra Mundial, y, a la vez, la pasividad de los gobiernos de los países ricos, es necesario que cada uno, desde su ser, su circunstancia y su ideología y creencias, así como desde su posición social, se comprometa activamente con su hermano. Como meditación general sobre la dureza del camino, como otras (pocas) veces, me ha parecido conveniente publicar unos comentarios al Evangelio de este 2 de marzo de 2017, pasaje que fue leído también el 13 de diciembre del año pasado, un momento de conclusión del inolvidable Año Jubilar dedicado a la Misericordia Divina.

Antífona de la Misa: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”.

El pasaje de  es especialmente bonito y significativo, y nos invita a reflexionar sobre nuestro sentido y nuestro ser en el mundo como negación de parte de nuestro ser y entrega a los demás. En el texto que abajo reproduzco, Jesús, después de preguntar a cada no de sus discípulos por  su Persona, anuncia, con una técnica sencilla pero que tiene que ver con muchos caminos seguidos por los ascetas y místicos orientales, desde los maestros rishis de los Upanishads hasta Gautama Buda, desde Lao-Tse a Tich Naht Hahn, Krisnamurti, Tagore o Thomas Merton, el camino más genuino de renuncia al mundo -en el sentido joánico-, de desapego y de entrega a Dios y al prójimo (dicha actitud de desapego puede encontrarse, por ejemplo, en  práctica del baktí en el budismo tardío o en ejercicio de la compasión que ya Schopenhauer  advirtiera maravillosamente en el siglo XIX en algunas Upanishads védicas, o que otro autor de la misma época, de la talla de Tolstoj, afirmara como uno de los núcleos centrales de la ética cristiana, profundamente ligada a la cristología del mensaje, quizá, más reconfortador del Evangelio incluso para los no creyentes, cual es el Sermón de la montaña y las bienaventuranzas). En la propuesta sencilla de Jesús, tal y como la vemos también en el otro sinóptico de Marcos, Hans Küng reconoce la radicalidad de la propuesta de vida de Jesús, contenida en no en un cuerpo jurídico de normas judías, sino en la fidelidad a una Persona, lo que implica una confianza ilimitada en sus promesas, pues sólo Jesús tiene “palabras de vida eterna”, como se nos recordó en el Evangelio del Domingo anterior. “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”, dice Jesús en un lenguaje profundamente sencillo, y por ello, cuasi paradójico, que encierra una verdad que el mundo no quiere aceptar. Bajo la promesa de falsos respetos humanos y falsas glorias mundanas, como el Poder, el Dinero, o el Honor, el mundo nos presenta estos ideales, frente a los cuales nosotros corremos el riesgo de convertirlos en ídolos. Todas estas cosas, puestas donde no les corresponde, y, más aún, como metas o valores centrales de orientación para la acción moral, esclavizan. Por el contrario, la exigencia de renuncia de sí mismo es muy dura. Pero, en contra de lo que pudiera parecer, no es una propuesta castradora -al menos no lo es si es vivida con confianza desde el principio- sino liberadora. La renuncia al “sí  mismo”, como la propusieron de modo análogo -si bien no igual- las religiones y filosofías orientales, no implica, al menos desde el punto de vista que aquí se sostiene, una renuncia a la propia persona, ni siquiera a la propia personalidad en su conjunto, sino que se concreta en un desasimiento de los apegos mundanos, del “ego” en el sentido más propio del término, para abrir la propia capacidad de entrega y de amor a Dios y al prójimo. Así lo interpretaron los más grandes místicos de Oriente y Occidente, al margen de sus diferentes cosmovisiones, desde el propio Buda -para quien el estado de “samadhi”, meta del yoga como práctica de liberación, no era simplemente un “dejar la mente en blanco”, la “nada”, sino la entrada en una realidad de paz, quietud y muchas cosas buenas, donde la “dukka” -palabra sánscrita traducida muchas veces de forma no del todo exacta como “dolor” o “sufrimiento” por exégetas ortodoxos de la fe católica, y que en realidad engloba muchos más conceptos como el mal moral, la imperfección, etc.- no tiene lugar, sino sólo la esencia del Ser, a veces divinizado, eso sí, como dios impersonal.  Los místicos occidentales como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Jesús, apriorísticamente encuadrados dentro de la Teología dogmática católica, entienden y describen fenomenológicamente la unión con la Divinidad de un modo muy parecido al de los ascetas y místicos orientales, y ello es más que suficiente como para ser optimistas en el avance del diálogo interreligioso y el ecumenismo, corroborando las declaraciones del Concilio Vaticano II, de que “la Iglesia Católica aprecia todo lo bueno, bello y verdadero que hay en otras religiones, las cuales contienen un destello de la Verdad”.

Sin embargo, una de las cosas específicas de la práctica cristiana, al margen de su encaje en una u otra arquitectura cosmológico-teológica, es la experiencia de la Cruz, y su aceptación, que pasa, precisamente, por negarse a sí mismo, a lo que en nosotros no viene de Dios, es decir, por asumir una actitud de abnegación. De nuevo vienen a mi mente las palabras de Jesús: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga”. Sabiendo que no se nos ahorrará la cruz, sino que será nuestra cruz, con todos los sentidos y connotaciones que podamos darle, y que pueda aparece con mayor o menor gravedad en nuestra vida cotidiana, la cruz que, unida a la Cruz de Aquél que vino al mundo “a encontrar y salvar lo que estaba perdido” (Lc 19:10), dará sentido al bien que hagamos amando al prójimo como a sí mismo y viendo en las cruces del prójimo la propia imagen del Crucificado, tal y como Jesús mismo proclama en su sermón escatológico en Mt 25 (“estuve hambriento y me diste de comer…”) y al mal que eventualmente hayamos de soportar -que no buscar-, en el Nombre de Jesucristo, por Amor. Una cruz aceptada y soportada por Amor, como la aceptó el Salvador del Mundo es la que, en definitiva, nos ha de dar fuerzas con el aliento del Espíritu Santo, hará presente el Reino en nuestros corazones y, al terminar nuestra peregrinación por este mundo, nos llevará a la vida eterna. Dios nos bendiga y nos dé la fuerza para seguir Sus palabras por el camino que Él nos propone a cada uno de nosotros.

 

 

LA ANTIPSIQUIATRÍA COMO LA MEJOR ARMA CONTRA EL ESTIGMA EN EL DÍA INTERNACIONAL DE LOS ENFERMOS MENTALES

octubre 10, 2015 § Deja un comentario


A Francisco Cózar, por tantas buenas enseñanzas

A Ángela Barrios y a tantos y tantas psiquiatras ortodoxos, con la esperanza de que comprendan la complejidad, el misterio y el milagro del ser humano

 

Hoy, 10 de octubre, se “conmemora” el Día Internacional de la Enfermedad Mental.

Desde la posición que se mantiene en este blog, quiero aprovechar este día para denunciar las verdaderas causas del estigma y su diferente influencia en la sociedad. En contra de lo que muchos pensamos o decimos pensar, incluidos médicos, psiquiatras, psicólogos y todo el ámbito de lo que yo denomino “psicomédicos”, es decir, todos aquellos que se encuentran ante la difícil tarea de atender a personas con enfermedades, según la posición que aquí se sostiene, “no del cuerpo”, defendidas por la mayor parte de la Psiquiatría y de la Psicopatología académicas y clínicas dominantes como entidades nosológicas patológicas, no sólo funcionalmente equivalentes a las enfermedades del cuerpo o enfermedades de verdad, sino nosológicamente iguales a éstas.

Sin ánimo de entrar en los orígenes del fundamento de una epistemología muy problemática, pero común a la moderna Psiquiatría y Psicopatología mecanicistas, que desconocen el papel fundamental del ambiente y de las interacciones de los sistemas biológicos con los sistemas sociales –error a mi juicio de bulto que hace imposible una “ontología de las enfermedades mentales”-, como pretenden la mayoría de los psiquiatras y psicólogos, no soy ajeno a la influencia del poder de la casta psiquiátrica al servicio del Poder establecido en la sociedad actual. La pervivencia de prácticas, a mi juicio, abiertamente contrarias a los derechos humanos, como la Terapia Electro-Convulsiva (conocida como TEC), o algunas técnicas todavía empleadas en el ámbito de la llamada psicocirugía, como las lobotomías prefrontales, aún indicadas, en pleno siglo XXI, para el tratamiento de “enfermedades” como la depresión mayor u otros “trastornos mentales”, incluso sin síntomas psicóticos, sólo puede entenderse desde una epistemología incorrecta de la enfermedad mental y por la aceptación por parte de los sistemas sociales y político-jurídico de las artes de la casta psiquiátrica para luchar contra las supuestas desviaciones supuestamente explicables únicamente como mecanismos producidos en áreas del cerebro humano, y desde una concepción que vendría corroborada por las últimas investigaciones en el ámbito de las ya conocidas como neurociencias.

No es éste el lugar más adecuado para atacar epistémica y científicamente los presupuestos epistemológicos de la Psiquiatría, ni yo tenga probablemente los conocimientos técnicos adecuados para ello. Sin embargo, para la formación de mi juicio adulto, responsable, y valorativo sobre lo que una sociedad democrática basada en la dignidad de la persona y en su libertad y autonomía, con una concepción sociantropológica de la misma que impide su reconducción a elementos mecanicistas básicos, puede y debe tolerar, me basta mi conocimiento general como “sujeto” (¿objeto para los psiquiatras?), como todo ser humano, potencialmente usuario de los “servicios” de la llamada Salud Mental, dotado de una cultura general y de un conocimiento del ámbito científico en cuestión suficientes como para poder expresar un posicionamiento en ámbito de la filosofía moral, política y jurídica, así como para promover respuestas adecuadas para la regulación jurídica, incluso penal, de la profesión psiquiátrica, y prevenir los abusos que, a estas alturas del siglo, se siguen cometiendo en nombre de una concepción vetusta y antiliberal del paciente basada en el paternalismo terapéutico y en la actuación del médico psiquiatra “por el paciente, para el paciente, pero sin el paciente”.

En este sentido, y a pesar de la ingente regulación, tanto en extensión como en intensidad, nacional, autonómica, comunitaria e internacional sobre los derechos de los pacientes, a pesar de la jurisprudencia de las principales democracias occidentales sobre tan importante cuestión, a pesar de todos los trabajos jurídico-doctrinales sobre la autonomía del paciente y los límites jurídicos de la Medicina, incluida mi tesis doctoral, la cuestión sobre el trato adecuado que se, de facto, en la práctica clínica, se da en nuestro país a la autonomía de las personas oficialmente diagnosticadas con algún trastorno mental (sic) sigue dejando mucho que desear, y puede afirmarse que, de manera cotidiana, se cometen atentados a los derechos fundamentales del paciente y, en particular, a su libertad, a su autonomía y dignidad, en relación con los derechos legalmente reconocidos como pacientes autónomos, aun en el ámbito de la Psiquiatría.

Parece que la idea de autonomía sigue siendo ajena a la práctica diaria de la Medicina, muchos de cuyos profesionales miran con recelo a la importante institución del consentimiento informado –que algunos exponentes de nuestro Derecho Constitucional entienden incluso como una garantía institucional-. Así, en el ámbito de la Salud Mental, muchos psiquiatras siguen actuando como si tuvieran una “patente de corso” frente a las garantías legales, llegando a considerar la necesidad de consentimiento informado como un incómodo corsé, en muchas ocasiones como un trámite burocrático molesto más que el legislador les exigiría por alguna extraña razón, a ellos, los psiquiatras, poseedores de la verdad sobre el ser humano, y siempre conocedores de los ocultos arcanos de “la mente”, dispensadores de los fármacos y/o de las “terapias” adecuadas para corregir a los desviados sociales y encarrirarles de nuevo, a golpe de electroshocks u otros medios tan poco invasivos, a los cánones de la “normalidad social”.

Doy por descontado que muchos psiquiatras considerarán este “post” como un escrito panfletario y no dudarán en aplicarme al menos siete de las etiquetas del farragosísimo, aburrido y acientífico DSM-5, en el que las enfermedades mentales se han multiplicado con una capacidad de mitosis pavorosa gracias al voto, que no al estudio, de estadounidenses y japoneses, puritanos fanáticos dados a tapar la neurosis –utilizo este término en sentido no técnico, sino sociológico e incluso literario- de sus respectivas sociedades a base de drogas que crean efectos de “discontinuación” (no lo vayamos a llamar “dependencia, eso es para las drogas moralmente malas, como el alcohol, la cocaína o el opio), psicocirugía o Dios sabe qué otras nuevas “terapias”. Y lo harán para descalificar, que no rebatir, mis opiniones sobre su muy honrada, útil y leal profesión.

Sin embargo, quiero dejar constancia de que también hay buenos psiquiatras o, mejor dicho, psiquiatras buenos, que, más allá de los graves errores su disciplina, y aun habiendo sido adoctrinados en una concepción médico-mecanicista del cuerpo y de lo que ellos llaman  “mente” humanos, han conservado la sensatez y han rechazado el dogmatismo del DSM-5, y saben recetar psicofármacos de manera adecuada a las necesidades del paciente libre que lo solicita (yo los llamaría mejor por su definición oficial, es decir, fármacos que actúan sobre el Sistema Nervioso Central). Con ello hacen mucho bien a las personas, que, voluntariamente, acuden a sus servicios. Recuerde el lector que es contra los presupuestos epistemológicos de la ciencia psiquiátrica y contra la mentalidad paternalista terapéutica e irrespetuosa con el paciente demasiado arraigada en la casta psiquiátrica y sus nefastas consecuencias en la práctica clínica contra la que se dirige esta entrada.

Pero volviendo a mi peculiar pliego de descargos, también doy por descontado que muchos podrán rebatirme acusándome de querer eliminar los mecanismos de control social para los desviados, o, como preferimos decir los penalistas demócratas, para las conductas sociales más intolerables lesivas de bienes jurídicos cuya penalización ha sido consensuada por el Parlamento. ¡Por supuesto que el Derecho penal está entre las grandes “vías duras” utilizadas por el Poder y cumple una función de control social! Y aunque mi ingenuidad no vaya tan lejos como la de algunos retribucionistas clásicos que pusieran de moda lemas del estilo de “la pena honra al delincuente”, quizá sí haya algo de esto, y la pena, incluida la de prisión, sea el mayor mal necesario compatible con los mayores niveles de libertad de todos en una sociedad democrática. Y es que, recordando la conocida película Alguien voló sobre el nido del cuco, si la cárcel me produce miedo, los hospitales psiquiátricos o las unidades psiquiátricas de los hospitales, en España, en el año 2015, me producen terror. Por no hablar de los psiquiátricos de un país como los Estados Unidos, en los que todavía resuenan los gritos de las víctimas de los experimentos MK-Ultra, entre otros; país, sin embargo, en el que las Comisiones del Congreso no fueron ajenas a intervenir con medidas muy duras, por ejemplo, también en dicho caso, cuando dichos experimentos salieron a la luz y fueron denunciados ante la opinión pública.

En fin… con la psiquiatría, cénit del paternalismo terapéutico, nos hemos topado en esta defensa de la persona anónima diagnosticada con la etiqueta de un trastorno mental sobre la cual días como éste deberían hacernos reflexionar más sobre las genuinas causas del estigma social en teoría ya superado por médicos del cuerpo, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, coachers, intrusistas sanitarios y “psicomédicos” de cualquier tipo. Pero entonces, si lo tienen tan claro, ¿por qué sigue el estigma? La sociedad es bastante más adulta de la que la mayoría de los profesionales de la salud puedan creer. ¿No serán ellos mismos uno de los mayores factores de estabilización social para la pervivencia de un estigma tan estrechamente ligado al empleo de las categorías o etiquetas psiquiátricas que tiene que seguir existiendo so pena del cuestionamiento de la gran autoridad prescriptiva, sobre todo, de los médicos psiquiatras, pero también de otro personal sanitario que, aun movido por buenas intenciones, sigue empeñado en “curar” a quien no quiere curarse de no se sabe muy bien qué mal? Por cierto, que no todas las enfermedades psiquiátricas son igualmente estigmatizadoras, como no lo son tampoco las enfermedades de verdad, es decir, las del cuerpo. Algunas son más estigmatizadoras que otras, las que tienen que ver con la moral social; por ejemplo, los trastornos sexuales, las adicciones y otro tipo de “desviaciones”, y ello tiene que ver con el hecho de que también algunas enfermedades físicas o de verdad, como el SIDA, o simplemente la condición de seropositivo, conserven un gran estigma social de tintes moralistas. En el fondo no ha desaparecido el reproche moral y la culpa identitaria ligada a un gran número de enfermos, en otro tiempo considerados por la moral social mayoritaria –y hoy aún por algunos morales minoritarias- como “viciosos”, tampoco en la mentalidad de los psiquiatras, ni en la algunos médicos generales. Se produce contra dichas personas un fenómeno de “blaming the victim”, doble victimización, o victimización terciaria, por utilizar un lenguaje común en victimología social o en sociología de los procesos de victimización. La victimización terciaria hace referencia al siguiente proceso sufrido por muchos “sujetos” –como los denomina irónicamente la psiquiatría, aunque tendría que hablar de objetos, pues éstos son contemplados con un rudo mecanicismo reduccionista a  partir de la palmaria incapacidad de conocer y de reconocer otras dimensiones de la persona enferma más allá del hecho de que, para la Psiquiatría, ésta está efectivamente enferma. El proceso es bastante sencillo y doloroso para quien lo sufre. La primera victimización o victimización primaria nace de la percepción subjetiva por una persona de su posible condición psicopatológica, ya se perciba a sí misma efectivamente como enferma y patológica, y realmente sufra por un mal existente (recordemos que sufrir viene del griego pathos, sufrimiento, y de ahí el término patológico), ya no se perciba a sí misma efectivamente como tal, pero sufra por las consecuencias de una conducta desadaptativa en un contexto y en un tiempo social determinados, lo que nos debería llevar a plantear la siguiente pregunta: ¿quién está realmente enfermo?; ¿el enfermo, o la sociedad (o ambos, y qué relación hay entre una cosa y la otra?

La victimización secundaria surge cuando dicha persona se pone en manos o entra en el circuito de los psiquiatras. Y la victimización terciaria se produciría cuando aquélla recibe el estigma por parte de los profesionales sanitarios que supuestamente le tratan, los cuales todavía no han abandonado una concepción de la supuesta enfermedad mental vinculada a la moral, y se da lo que yo, en otra entrada de este blog, denomino como “moralización de la Psiquiatría”, o “psiquiatrización de la moral”. Esta confusión, lejos de producir un efecto beneficioso, tiene un efecto perverso, y es que al “enfermo” no se le exculpa por estar enfermo, sino que se le culpa por ello. Subsisten, entre los psiquiatras técnicamente mejor formados, los juicios clínico y moral que se suman, en lugar de excluirse, en una responsabilidad que los filósofos morales neohegelianos llamaran “responsabilidad por el carácter”.

Contra una responsabilidad de este tipo, que diera lugar entre el siglo XIX y el XX, ya en el terreno de mi especialidad, al llamado “Derecho penal de autor”, también supuestamente inspirado en bases científicas que se revelaron falsas, como la llamada “ciencia criminal” lombrosiana, entre otras “inspiraciones”, se rebeló el antiguo Derecho penal liberal, base de los Códigos penales de los Estados democráticos occidentales durante buena parte del siglo XX. Hasta que algunos excesos de socioantropología posmoderna como la “Defensa Social”, la aplicación inadecuada de la teoría de sistemas de base luhmaniana al Derecho Penal (funcionalismo) y, en fechas relativamente recientes, los descubrimientos de las neurociencias, volvieron a agitar peligrosamente el fantasma del Derecho penal de autor, y resurgiendo éste con más fuerza que nunca en forma de “Derecho penal del enemigo” (Jakobs), o de un Derecho penal científico basado en las neurociencias y negador de la libertad (Gazzaniga et alii), fundamentalmente en el ámbito anglosajón.

Pero volvamos a la Psiquiatría Contra los excesos de la Psiquiatría, y a favor de algunos pocos psiquiatras buenos –que no es lo mismo que buenos psiquiatras-, soy partidario de promover algunas iniciativas legislativas más, como la prohibición legal en todo el territorio español de determinadas prácticas psiquiátricas, prohibición a la que debería seguir, con carácter inmediato y urgente, también una importante penalización. Mis seguidores recibirán en adelante dichas propuestas. De momento, dos lecturas imprescindibles sobre la cuestión tratada en este “post” de tintes ensayísticos: el libro de Allen Frances, ¿Somos todos enfermos mentales? Manifiesto contra los abusos de la Psiquiatría: ed. española por Ariel, 2014. Un libro escrito “desde dentro”, por uno de los psiquiatras responsables de la redacción del DSM-IV. Y, del magnífico ensayo de mi admirado Dr. Fernando Savater, El contenido de la felicidad: Aguilar, Madrid, 1994, en una línea liberal humana, demasiado humana, el Capítulo “Paradojas éticas de la salud”, con una cita con la que quiero concluir, y que expresa unas ideas con las que estoy de acuerdo al menos al 80 por ciento: “Como ya se ha dicho en ocasiones, la denominación de “enfermedad mental” es una metáfora que ha sido tomada demasiado al pie de la letra. Es como si alguien entendiese literalmente la expresión “fatiga del metal” y propusiera administrar dosis masivas de vitaminas a los listones de acero. No hay “enfermedades mentales” en el sentido en el que las hay del hígado o del corazón: o se trata de algún tipo de lesión orgánica con repercusiones en la conducta o no son “enfermedades más que por una peligrosa facilidad del lenguaje. Lo que suele llamarse “loco” es en realidad un egocéntrico desdichado, alguien que ha tenido poco acierto o mala suerte en la tarea de hacerse querer por los otros en la que todos estamos empeñados: no siempre, por cierto, la culpa es exclusivamente suya. Decir que el “loco” no está enfermo más que de un modo metafórico -si su enfermedad adquiere un rasgo artístico o concita remuneración erótica dejará inmediatamente de estarlo- no equivale a negar que sea un personaje absurdo, inaguantable o peligroso; aún menos, por supuesto, significa que sea un genio incomprendido o una víctima persecutoria de la sociedad. Por lo general, el estado llamado “locura” es doloroso, y la pedagogía del dolor rara vez mejora a nadie. En numerosas ocasiones, el llamado “loco” quiere angustiosamente ser ayudado e incluso su metafórica enfermedad no es sino una coartada de dependencia, como el fervor patriótico o la admiración por el maestro practicado por otros. Pero lo que resulta en general evidente es que pocos “dementes” ganan nada por ser considerados como pacientes, en lugar de como agentes caprichosos o depravados. Si alguno de ellos llega a ser encerrado, debe quedar bien claro que lo será por la seguridad amenazada de los que le rodean -tal como cualquier otro delincuente-, y no por su propio bien, como hipócritamente se le intenta hacer creer. Una de las tristes argucias del Estado terapéutico es conseguir -so capa de humanismo- que se prefiera la enfermedad a la culpabilidad, que resulte más “digno” ser cleptómano que ladrón o “loco” que “arrogante y agresivo”. Por lo demás, puede haber muy buenas razones para rechazar un tratamiento psiquiátrico que uno no ha solicitado (lo cual no implica que se rechace todo tipo de ayuda). Como dijo en su momento Raoul Vaneigem, “ya hay demasiados extraños dentro de mí como para que consienta además que penetre otro que pretende expulsarlos en mi lugar” (Le livre des plaisirs)””.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico, PhD

Doctor en Derecho Público y Filosofía Jurídica

 

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¿Justicia poética o cambio municipal real? El inicio de un cambio desde abajo, y desde los de abajo

junio 15, 2015 § Deja un comentario


 

A Ada Colau. A Manuela Carmena. A Joan Ribó. A Mónica Otra. A “Kichi”. A Santisteve. A tantos otros alcaldes y concejales que me dejo en el tintero y que han cambiado radicalmente, en el sentido etimológico y no mediático-sensacionalista del término, la manera de entrar en las instituciones con la voluntad de hacer una auténtica Política; a los ciudadanos que han participado en la Primavera electoral española; a todos aquellos representantes de la nueva ola de políticos, nueva no en edad, sino en actitud, que han comenzado a hacer posible, como decía Julio Anguita, no la alternancia, sino la alternativa

Y al Pueblo español, del que emanan los poderes del Estado

 

Ada Colau toma la vara de mando en Barcelona / Luis Gené. AFP

The new mayor of Barcelona, Ada Colau smiles as she holds the mayor’s baton after being sworn in as mayor of Barcelona during the investiture session at the Barcelona City-Hall on June 13, 2015. The anti-eviction activist turned politician Ada Colau was sworn in as the first female mayor of the Spanish city of Barcelona on June 13, 2015 thanks to the support of independents and Socialists after her list of candidates won 11 of the 41 seats in local elections on May 24. © AFP PHOTO / LLUIS GENE

 

Este fin de semana han sido constituidos los más de 8.000 Ayuntamientos de España. Si algo, desde la perspectiva que a este blog, y al que lo escribe, le interesa, es que candidaturas de unidad popular, encabezadas por personas que se han significado en favor de los más débiles, de los humildes, de los más desvavorecidos, han lllegado, por la fuerza de los votos y no de artimañas relacionadas con otro tipo de sobres, no lo olvidemos, a formar Gobierno en varias de las más importantes ciudades españolas. El Partido Popular, símbolo de la corrupción -aunque ésta no le afecte a la mayoría de sus miembros, sí le ha pasado factura en relación con sus miembros más relevantes, y es por ello, por ser una estructura jérarquica, por mucho que sus pactos con Ciudadanos les hayan hecho “tragar” con el compromiso de hacer primarias”-, ha ganado las elecciones en número de votos. Y esto hay que reconocerlo. A pesar de la corrupción, hay una parte del electorado que ideológicamente puede ser ubicada entre el franquismo sociológico y el nacionalcatolicismo, ambas corrientes, desde luego, no liberales, sino más conservadoras, para ser generosos. Sin embargo, buena parte de la cúpula del Partido, estructura muy jeraquizada, se ha movido en el ámbito del ultraliberalismo, y no ha tenido interés en “maquillar” un poco sus posturas antisociales con cierto “conservadurismo compasivo”, como les achacó el editorial del ABC y varios articulistas de este periódico, que tradicionalmente ha defendido a este partido y a su predecersor, AP, y a la Iglesia Católica -donde dice defender a la Iglesia Católica, léase Jerarquía Eclesástica Española, mucha de ella, todavía, reticente a abandonar un nacionalcatolicismo antidemocrático en contra incluso de las recomendaciones a favor de las democracias como sistemas de gobierno óptimos, hacia las cuales el mismo San Juan Pablo II, para nada sospechoso de comunista, se manifestó en varios documentos, pero especialmente en su Centesimus Annus de 1990, tras la caída del Muro de Berlín-.

Pero volvamos a la constitución de los Ayuntamientos. Mucho leeremos de que estos ayuntamientos son “comunistas”, “masones”, de “ultraizquiedas”, “radicales”, “inmoderados”, como dijo respecto del gobierno de Manuela Carmona, nada más salir elegida, Esperanza Aguirre en su última pataleta, esperemos, de su vida público “de primera fila”.

Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, nos hallamos ante una auténtica recuperación por parte de la ciudadanía del espacio público. No se trata sólo de justicia “poética”, como algunos izquierdistas de salón podrían comentar desde sus cómodos sillones o desde sus despachos en los que acuden a visitarlos, quizá demasiadas veces, los representantes del Poder real. Se trata de recuperación de la Política con mayúsculas, de la dignidad de la “cosa pública, por parte de todos los ciudadanos. Y todos los ciudadanos, en este momento, no son “grandes inversionistas” -algunos inversionistas ni son ciudadanos españoles, ciudadanos de la UE o ciudadanos con los que Espña mantenga Convenios de sufrafio activo en las elecciones municipales, ni son personas físicas, y, por lo tanto, en cualquiera de sus dos condiciones, no tienen derecho al voto-. Y es que en los Ayuntamientos, en las Comunidades Autónomas, en el Estado Español y en cualquier estructura con personalidad jurídico-pública de base territorial los que deciden son los ciudadanos, por disposición expresa de la Norma que regula todas estas instituciones: la Constitución Española de 1978.

Los Ayuntamientos -lo sabemos, y a mi juicio es una asignatura pendiente demandada por varios sectores de la sociedad, que, léase bien, no es equivalente a empresa, aunque muchas veces esta equivalencia funcional se utilice demasiado por parte de los medios de comunicación que llegue a confundir a la sociedad-, no tienen todas las competencias que deberían. Las Administraciones típicamente más pequeñas del Estado de base territorial carecen de muchas competencias, ante la hipertrofia de la “pequeña gran política”, y que es llevada a cabo en los pasillos del Congreso y de varias Asambleas Legislativas autonómicas -algunas más que otras-, en el toma y daca de las transferencias de competencias fundamentales para la vida de los ciudadanos que ha ido produciéndose paulatinamente en la ya no tan breve historia de nuestra democracia institucional, pero que fue incrementándose peligrosamente a partir de la última legislatura de Felipe González, para constituir ya una forma de gobierno “normal” con el primer gobierno Aznar, en el que la transferencia de competencias del Estado a las Comunidades Autónomas catalana y vasca era la moneda con la que estos Gobiernos, sin mayoría absoluta, debían pagara a Ciu y al PNV para que éstos se colgaran los honores de “patriotismo constitucional”, en su voluntad de garantizar la gobernabilidad. Relamente, lo único que quisieron -como ha quedado demostrado con los casos de corrupción descubiertos recientemente- fue garantizar la goberanabilidad para la burguesía catalana y vasca, incluidos los empresarios que apoyaban a ETA.

Una de las cosas buenas que debemos al actual mapa político español es que los pactos postelectorales no han girado, al menos públicamente, en torno al debate de competencias, sino en torno a cosas más profundas: la necesidad de regeneración democrática, propuesta tanto por las nuevas formaciones de centro-derecha, como Ciudadanos -y que esta formación ya iba demandando en 2008, cuando, según sus propios Estatutos, se definía de centro-izquierda-, o por formaciones injustamente castigadas electoralmente como UPD o Izquierda Unida, o de izquierda, como Podemos, han hecho recapitular a las formaciones políticas tradicionales como el PP o el PSOE, de manera que puede afirmarse que lo ha se ha dado en muchas importantes ciudades de nuestra país este fin de semana no ha sido simplemente una alternancia técnica entre las dos formaciones bipartidistas tradicionales, sino una alternativa real de cambio. Una alternativa que simboliza muy bien, a mi juicio, la nueva alcaldesa de Barcelona con su vara de mando: la que un día fue perseguida por defender a los pobres, a los débiles, a los deshauciados, toma la vara de mando y la mismao Policía local tendrá que cuadrarse, mal que le pese, ante ella, cada vez que entre el el Ayuntamiento para gobernar siguiendo la voluntad de todos los ciudadanos. Repito, de todos los ciudadanos. Hecho en falta un poco más de entusiasmo y credibilidad en la formación tan modosita de Albert Rovira, que en su afán de querer ser políticamente correcta -en contra de su propia reciente historia, pues en Cataluña no lo fue, y las candidaturas a las generales de 2008 tampoco lo eran-, un poco más de defensa de los ciudadanos y menos miedo a la hora de que los “inversionistas”, incluidos los fondos buitres, puedan condicionar sus políticas. Manuela Carmena, por su parte, ya ha declarado que gobernará escuchando, para todos, en contra lo de lo que ha venido haciendo Esperanza Aguirre durante 26 años, tamayazos mediante. Pero el pueblo de Madrid, como el de Barcelona, ha despertado. O el de Valencia, donde Joan Ribó, que se presentaba por Compromís, uno de los mejores diputados, a mi juicio, tanto a nivel ideológico como técnico, de las últimas legislaturas, fue investido antes de ayer Alcalde de Valénica. Tampoco es justicia poética, sino recuperación de poder territorial para la ciudadanía, el hecho de que el candidato de Por Cádiz sí se Puede (PCSSP), José María González, Kichi, haya sido investido alcalde de Cádiz tras obtener el apoyo comprometido por los cinco concejales del PSOE y los dos de Ganar Cádiz en Común, logrando así la mayoría absoluta del Pleno que evita que Teófila Martínez (PP) asumiera el que habría sido su sexto mandato como alcaldesa de la capital. O que el abogado penalista Pedro Santisteve, de Zaragoza en Común, un absoluto desconocido para la inmensa mayoría de los zaragozanos hace tres meses, se haya convertido en el nuevo alcalde de la capital aragonesa, la quinta ciudad de España. Con el apoyo de los otros ocho concejales de su formación, y de los seis del PSOE y los dos de CHA, ha sido investido alcalde este abogado defensor de presos e insumisos que se ha incorporado a la política tras haber participado en los movimientos asociados al 15-M. Zaragoza en Común, una plataforma formada por Izquierda Unida (IU), Equo, Puyalón, Piratas de Aragón, Somos y Demos+, con el apoyo de Podemos, ha convertido a Santisteve en el político municipal más poderoso de Aragón, pero, como ha sido destacado por la prensa local, con una frágil estabilidad necesitada siempre del apoyo de otras fuerzas.

En cualquier caso, parece claro que algo, y mucho, ha cambiado en el panorama municipal español. Las candidaturas de unidad popular, ya por sí solas ya con el apoyo pre o postelectorales de otras formaciones políticas, bien nuevas como Podemos, bien tradicional, con el PSOE, cuyas bases siempre han sido más ácratas que su aparato, han permitido un cambio de gobierno en muchas importantes ciudades españolas, y también en municipios más pequeños, en el que el electorado ha querido premiar otra forma, si se quiere amateur y por ello no contaminada, pero técnicamente preparada, de hacer de nuevo Política con mayúsculas. Algo de esto me recuerda a las elecciones municipales de 1979. Corren vientos cambio. Y no, no es justicia poética. Ya es, mal que les pese a algunos, autoridades civiles y militares, eclesiásticas, poderes fácticos económicos, una realidad; si quiera al nivel de lo pequeñito, de los Ayuntamientos. Pero la Historia ha veces nos ha demostrado cómo desde el cambio en lo pequeño puede surgir el cambio en lo grande. Todavía más en una sociedad compleja e interconectada en el nuevo escenario mundial globalizado de la llamada sociedad 3.0.

En un mundo donde la política con minúsculas se escribe con mayúsculas, y la tecnocracia usurpa el poder ciudadano, en un mundo no tan lejano, el FMI, oscura institución surgida del pacto intergubernamental de Bretton Woods despues de la segunda Guerra Mundial, como precursor del nuevo orden mundial que, según los designios del CB y de las logias masonas en las que se encuentra el verdadero y oscuro Poder en la sombra, ha anunciado, por el momento, la retirada de su apoyo a la República soberana de Grecia, por cierto, cuna de la democracia. Pero ya veremos. De nuevo, los cambios producidos son más que justicia poética. Son la expresión del espíritu de la conocida frase con la que Abraham Lincoln concluyó su discurso tras la batalla de Gettisburg, y que todavía puede leerse a la entrada del Capitolio en Washington D.C. Un espíritu que encuentra en el pueblo una fuerza tan grande que, pese al imperio de la corporatocracia, todavía sigue gritando para que el contrato social deje de ser una ficción y vuelva a su origen. Y, como hiciera Lincoln ante un escenario de devastación tras una guerra civil, 152 años después, la ciudadanía, devastada por una crisis sin precedentes y caracterizada por la usurpación del gobierno por los tecnócratas formados en la economía “ortodoxa”, sólo pide una cosa: que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la tierra. Las estructuras organizadas de poder, cuando desconocen esta regla básica, tanto si son “de izquierdas” o marxistas en sentido clásico, en los ya casi desaparecidos regímenes del llamado “socialismo real”, o “democracias populares”, ya sean “de derechas”, las cuales recubren una amplia gama de formas de Gobierno, que va desde los fascismos declarados hasta los gobiernos autocráticos, formalmente democráticas pero en las que los derechos más elementales de los ciudadanos son conculcados, como denunciara desde la cárcel Nelson Mandela respecto de una República de Sudáfrica formalmente democrática, pero materialmente profundamente conservadora y segregacionista, se convierten en el enemigo a batir, en el bastión que impide que el verdadero poder legítimo, el que emana del pueblo, pueda surgir, siquiera como un pequeño ramo verde de un árbol seco, a partir del cual convencer, y no imponer, al resto de los conciudadanos, de la difícil, pero no imposible, tarea de tomar conciencia de ciudadanía y de la necesidad de que el espacio público, fundamento y regidor de todos los demás espacios en los que se manifiesta el poder civil, como nos enseñaron los griegos hace más de dos mil quinientos años, pertenece a los ciudadanos por derecho. Como declaró Ada Colau con su vara de mando en su discurso de investidura “hoy hemos hecho posible lo imposible”. Mis mejores augurios, Ada. De activista a Alcaldesa. A pesar de los bancos, de la Policía sumisa y de los poderes fácticos. En un espacio tan pequeño pero tan cargado de tradición y sabiduría, tu vara de mando simboliza el mandato que te han dado los ciudadanos, y el poder que de ellos has obtenido, tanto del príncipe como del mendigo; y que en tu caso, como en el de agunos otros Alcades investidos este fin de semana, por mucho que los medios de comunicación afines al Poder se harten de proclamar que llevamos 38 años en democracia -una cosa es la democracia y otra su calidad-, se ha dado, por fin, la tan difícil coexistencia, casi de “unión hipostática”, entre autoridad e imperio.

Poco a poco, se está fraguando el cambio y un auténtico proceso de devolution, término que en Italia sirvió para simbolizar la devolución de poder a la sociedad -entendida ésta como un equivalente, en lenguaje políticamente correcto, de las grandes empresas- bajo los gobiernos de Berlusconi. En este caso se trata de una devolution legítima. O, mejor, de la toma de poder, moralmente legítima, jurídicamente válida, y éticamente obligada, por parte de los ciudadanos de los espacios que les habían sido arrebatados por buena parte de los representantes de los partidos tradicionales: fundamentalmente, por parte del PP, pero también, en algunos casos, del PSOE. Los ciudadanos han comenzado a recuperar con fuerza su papel en los Ayuntamientos y, sobre esta base, será posible volver a creer en ellos como instituciones cercanas a sus necesidades, especialmente, las de los ciudadanos más pobres y que tanto han sufrido y siguen sufriendo los devastadores efectos de una crisis que han provocado otros jugando a sus casinos de saltos mortales con red, o rescate público incluido, pero con nuestras fichas, las fichas de los ciudadanos, el dinero de todos.

En cuanto a los municipios, es verdad que son entidades territoriales pequeñas, y que han servido, durante ocho años, a una política promotora de la burbuja inmobiliaria y de la corrupción. Sin embargo, estas mismas instituciones, durante ochocientos años, han servido bien a los intereses de los ciudadanos, preferentemente de una pequeña burguesía, pero también de mendigos y de gente sin hogar. Los Ayuntamientos, la Iglesia y las Universidades, no lo olvidemos, son las instituciones más antiguas del mundo occidentale. Cuidémolos, y hagamos que ellos cumplan con una vocación de servicio comunes a las otras dos instituciones mencionadas y que se sitúa en la base del pensamiento político occidental, desde las antiguas ciudades-Estado de Grecia hasta las nuevas propuestas de municipios abiertos y participativos del siglo XXI. Estas elecciones municipales han honrado lo mejor de nuestra tradición municipalista, al tiempo que no han mostrado su temor frente a los oscuros poderes que, de momento, pero sólo de momento, dominan el mundo. Hasta que la ciudadanía recupere más espacios de poder. Hasta que la ciudadanía pueda de nuevo escribir orgullosamente Política con mayúsculas.

 

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD

Doctor en Derecho

@pabloguerez

 

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¿Justicia poética o cambio municipal real? El inicio de un cambio desde abajo, y desde los de abajo, by Pablo Guérez, PhD, with the exception of the photo of Ada Colau and text under, © Lluis Gene / AFP, is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
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Despedimos a un hombre extraordinario, que fue mucho más que una mente maravillosa

mayo 25, 2015 § Deja un comentario


http://www.nytimes.com/2015/05/25/science/john-nash-a-beautiful-mind-subject-and-nobel-winner-dies-at-86.html?_r=0

JON NASH: OBITUARIO

JOHN NASH, IN MEMORIAM

JOHN NASH, IN MEMORIAM

John Nash nos ha dejado. Un hombre con una mente maravillosa, cuya vida fue llevada al cine en 2002, fue un hombre aquejado de esquizofrenia que fue capaz de trabajar en la investigación al más alto nivel no gracias a su debilidad, sino a pesar de ella. Todo un ejemplo de superación y un modelo de referencia para muchas personas que nos consideramos aspirantes a intelectuales, científicos y no científicos, entre los que me encuentro. Realizó una brevísima incursión en la teoría de juegos que le valió el Premio Nobel de Economía por sus investigaciones en este ámbito del conocimiento, con su aportación del equilibrio de Nash. De él han bebido muchos especialistas en teoría de juegos, pero sus investigaciones trascendieron más allá del puro ámbito matemático, ámbito en el que él se sentía más cómodo y donde recibió su mayor reconocimiento por parte de la comunidad científica por sus investigaciones sobre los desarrollos de las derivadas parciales, que le valieron el reconocimiento del Parlamento Noruego este mismo año de 2015. En el ámbito humano, sus aportaciones sirvieron para desarrollar los cimientos de una nueva economía cooperativa, no basada en el lucro, y en la valorización de la importancia de los juegos de suma no cero, es decir, de los juegos cooperativos. Todo un hombre de una talla intelectual y moral extraordinarias. En su debilidad estribaba su fortaleza, encerrada en los misterios del cerebro y de la mente humanas. Su extraordinaria personalidad reflejó como nunca la cruz de la estigmatización social de un funcionamiento cerebral diferente patologizado por la sociedad y la gloria del reconocimiento científico, esa sí objetiva y perdurable, más allá de cualquier contingencia de las ciencias emergentes e imperfectas que tienen al hombre y a su entorno como objeto -como la psicología científica, las neurociencias o la propia economía, y que pretenden erigirse en subteorías del Todo del hombre. Absurdo. Y el absurdo no existe en la mente cristalina de John Nash. Las matemáticas no mienten, y el hecho de que el hombre tenga acceso a ese tipo de lenguaje tan formalizado es todavía un gran misterio que las ciencias psicológicas, en sus variadas escuelas, con sus vanas pretensiones de cientificidad, no han sido, ni creo que nunca sean capaces de desentrañar. Porque, como bien dijo Einstein cuando se le ofreció la Presidencia del Estado de Israel, “la política es para el presente; pero una ecuación es para la Eternidad”.

Mis honores, John Nash. Descansa en paz.

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD

English Version (comment approved by The New York Times on 12.28 am GMT+1 5/26/2015; must be less than 1500 characters)

link: http://www.nytimes.com/2015/05/25/science/john-nash-a-beautiful-mind-subject-and-nobel-winner-dies-at-86.html?comments=

Dr. Pablo Guerez Tricarico

Madrid, Spain. 6 hours ago

John Nash has left us. A great example of perseverance and a reference model for many people who consider ourselves aspiring intellectuals, scientists and non-scientists, among whom I am. He made a brief foray into game theory earned him the Nobel Prize in economics for his research in this area of ​​knowledge, with its contribution of Nash equilibrium. He strongly influenced many specialists involved in games theory’s investigations, but his research transcended beyond pure mathematical field, a field in which he felt most comfortable and where he received his greatest recognition from the scientific community for his research on developments partial derivatives. On the human level, his contributions helped to develop the foundations of a new cooperative economy, not based on profit, and the appreciation of the importance of the non-zero-sum games, ie, cooperative games. A man of extraordinary intellectual and moral stature. In his weakness he lays his strength, locked in the mysteries of the human brain and mind. His awesome personality reflected as never the cross of the social stigma of a different brain function pathologized by society and the glory of scientific recognition, this really objective, beyond any contingency and imperfect science emerging regarding the “social sciences”, like psychology or economy, that seek to establish a Theorie of the whole man. Absurd. But absurdity does not exist in the pure mind of John Nash.

My honors, Dr. Nash. Rest in peace.

By Pablo Guérez Tricarico, PhD, from Spain

Taxonomía del activista político español (RB)

mayo 9, 2015 § Deja un comentario


Enhorabuena, David, por tu entrada, a la que he accedido por casualidad ¿o tal vez no?, y por tu excelente blog. Creo que has dado en un punto clave de las deficiencias de nuestro sistema político. En una noche insomne de viernes en plena efervescencia de campaña electora, la reflexión callada me ha hecho toparme, tal vez por intervención de la Providencia, con tu interesantísimo artículo, en medio, a su vez, de un muy interesante blog que animo a mis lectores a visitar. Sirvan las siguientes modestas reflexiones, espero, aun precipitadas -¡pero cómo no van a serlo, al menos en parte, en esta sociedad mediática dominada por el eficientismo inmediatista en el que el noble arte de la política se ha convertido en una contienda apenas sin reglas para atrapar votos, al más puro estilo salvaje estadounidense de “vote-catching” que ya describieran sociólogos como Schumpeter1-, para enriquecer el debate y difundir algunas ideas con el loable fin de arrojar algo de luz en medio de la vorágine electoralista que acaba de comenzar.

Sobre la calidad de nuestro sistema democrático y lo que yo he dado en llamar la “falacia contractualista”, que está en la base de la creencia de la separación de poderes, así como sobre muchas de las cosas que se sugieren en el artículo que me dispongo a rebloguear, mucho tendría que decir, y, como he dicho antes, creo que el autor ha dado en el clavo, por lo que respecta a uno de los fallos sistémicos del sistema político español; sistema irritado, utilizando el lenguaje sociológico de la teoría de sistemas de Niklas Luhmann, por un sistema económico que es “estructura” en sentido marxista. Pero a mi juicio, y en ello difiero del marxismo, al menos del ortodoxo, el carácter estructural no viene dado por la naturaleza materialista dialéctica de la economía, sino que más bien esta situaciómn de “irritación” del sistema político por el sistema económico es dada por el peso que ha adquirido un pensamiento económico único de corte ultraliberal, en términos de hegemonía cultural en sentido gramsciano. Sobre esto he hablado y escrito hasta la saciedad y no se me ha hecho caso, incluso en los círculos más cercanos. Aun a riesgo de ser impopular y no coincidir con la sensibilidad del perfil de determinados lectores de este blog, voy a atreverme a compartir algo que escribí el año pasado, al hilo del debate monarquía/república, que personalmente considero una cuestión accidental y muy secundaria.

Pues a mi entender, lo importante es la calidad democrática y el poder de los ciudadanos, de la gente, del “we the people” que alimentó las Constituciones democráticas como la Constitución americana en la época de los padres fundadores, y que la democracia sea participativa y lo sea de verdad en sentido material, y no “burgués” o formal, utilizando una terminología marxista conocida. Porque de nada sirven los derechos, incluidos los de primera y segunda generación, si no se arbitran los mecanismos suficientes para cumplir el mandato constitucional recogido en el artículo 9.2 CE: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”. Desde luego, también los tiempos de nuestro constituyente, a treinta y siete años vista, fueron sin duda, aun con sus defectos, tiempos mucho más nobles que los actuales, donde el dios Dinero (Mammon en arameo) no detentaba la supremacía cultural, en sentido gramsciano, del pensamiento social a todos los niveles. Por si a alguien le interesa a estas alturas, ya metidos de lleno en campaña electoral, ahí va mi entrada. Soy formal en el lenguaje y en los tratamientos, porque mi formación es clásica y creo que el protocolo no está reñido con la crítica de fondo. Es más, a veces es mucho más eficaz, en el plano meramente estratégico, mantener formas que a uno le gustan, para denunciar que, frente a “poderes” irracionales como la monarquía, existen poderes ocultos en la sombra, basados en el culto al dios Dinero, mucho más poderosos. Así que, de nuevo, me atrevo a compartir mi vieja entrada, escrita deliberadamente “a modo de ensayo”, que por supuesto animo a que critiquéis, bien el blog o por este medio, así como a que la difundáis libremente, dentro de los términos de la licencia que incorpora, y que por cierto me alegra ver que es del tipo de las utilizadas por el autor de este blog que tengo el honor de rebloguear, salvo que su autor o administrador me comuniquen algo en contra. Así que, sobre la separación de poderes y el bla…bla…bla… burgués de nuestra “fiesta de la democracia”, me remito a mi entrada via http://pabloguerez.com/2014/06/04/dios-salve-a-s-a-r-don-juan-carlos-y-a-felipe-vi-dicho-por-un-republicano-breve-ensayo-sobre-la-oportunidad-historica-de-la-abdicacion-del-soberano-y-sobre-la-soberania-en-el-contexto-de-la-crisis/

De nuevo, mis felicitaciones, David.

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD
Doctor en Ciencia Jurídica
Acreditado a Profesor Contratado Doctor
Ex Profesor de Derecho Penal de las Universidades Autónoma de Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia y Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”
Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad ICSA-UAM
Colegiado ICAM núm. 97.901
Desempleado e inscrito en el SEPE como demandante de empleo desde el 28/7/ 2011
Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado, C/ Einstein, no. 1, 28049, Madrid.

AUTOPSIA

¿Quiere usted algo irrefutable en la llamada ciencia política? Bien, ahí va: las reglas del juego definen el juego. O sea, no pretenda usted jugar a la oca con las reglas del parchís porque al final no jugará ni a una cosa ni a la otra. La democracia formal, en países con millones de habitantes, tiene dos condiciones básicas para ser democracia formal: separación de los tres poderes y representación efectiva del ciudadano. Convendrá conmigo el lector en que en España, se mire por donde se mire, no existe nada parecido. ¿Entonces por qué hay quienes, considerándose a sí mismos demócratas, participan en política como si nuestro país fuera una democracia? Me temo que solo existen dos respuestas posibles: una, por ignorancia de cuáles sean las reglas de juego de una democracia formal; dos, por intereses personales que nada tienen que ver con el bien común. De la primera respuesta…

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Palabras del papa Francisco sobre los más pobres

diciembre 14, 2014 § Deja un comentario


 

A mis padres

Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mt 6, 21)

Él les dijo: "Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón"

Él les dijo: “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”

 

Amigos:

En este Domingo Tercero de Adviento, también denominado “Domingo de Laetare (o “Gaudete”), por la alegría qe debe despertarse en nuestros corazones por la inminente venida del Mesías, y tras haber cumplido mi blog, ayer, su primer año, haciendo uso del derecho de cita, quisiera dejar la palabra al Santo Padre S. S. el Papa Francisco, no sin antes realizar una breve reflexión:

Los que hemos tenido mala suerte en el reparto de los bienes temporales, o bien por causas diversas, algunas a nosotros imputables, no hemos tenido la delicadeza de administrarlos rectamente; los que no hemos sido “instrumentales” ni nos las hemos sabido ingeniar según la sabiduría del mundo para “abrirnos paso” en él según sus normas, estamos con los más pobres de la tierra. Antes de que nos quiten lo nuestro los poderosos que dicen servir a Jesús, cuando sólo se sirven a sí mismos, soportemos con estoica serenidad los padecimientos que la Providencia permita para nuestro bien y nuestra santificación, confiados en que saldremos victoriosos de la prueba. Nuestros enemigos pueden amendrentarnos, pueden tratar de infundirnos miedo, pueden quitarnos cosas materiales que apreciamos. A Jesús, el Inocente entre los Inocentes, le llevaron a juicio y le despojaron de sus vestiduras. Resistamos, con el auxilio de la gracia divina, silenciosos, mansos, humildes y pasivos, y, por ello, o quizá gracias a ello, también compasivos con los demás, tanto si les consideramos víctimas como verdugos, pues todos somos hijos de un mismo Padre celestial a Quien muchos no conocen, y cuya Misericordia infinita no pueden aceptar, simplemente porque no cabe en nuestros limitados esquemas mentales. En cuanto a los deshauciados, embargados, excluidos, desempleados, victimizados, estigmatizados, perseguidos y, en general, a los que sufrimos tribulación, hay cosas que nunca nos podrán quitar: la libertad interior y la paz del corazón.

Con mis mejores deseos de paz y bien,

Pablo

http://www.osservatoreromano.va/it/news/davanti-al-grido-dei-poveri

 

Feliz Domingo,

Pablo

 

A.M.D.G.

A.I.P.M.

De miedos y sueños (I)

diciembre 9, 2014 § Deja un comentario


La lectura del post publicado ayer en su blog por mi amigo Marcial me ha suscitado una serie de reflexiones, fundamentalmente, sobre el miedo.

Os dejo el enlace al post del blog de Marcial (Mensajes de reflexión – Mensajes positivos: Sueños-Miedos): http://marcialcandioti.wordpress.com/2014/12/08/mensajes-de-reflexion-mensajes-positivos-suenos-miedos/#comment-6642

De miedos y sueños (I)

Reflexiones sobre el miedo De miedos y sueños

por Pablo GUÉREZ TRICARICO

¡Ay, el miedo! Tan necesario para el desarrollo evolutivo de nuestra especie y tan paralizante para el hombre de hoy. No es vano es reconocido por muchos sabios de todas las épocas, de Oriente a Occidente, como la debilidad primera que el aspirante a la liberación debe recorrer. Tanto en la historia del pensamiento hermético, como en la de las grandes religiones y sus derivaciones, el miedo es tomado a la vez como obstáculo a vencer por el neófito, hasta que éste pasa a ser un obstáculo para el “sistema” (ya sea la Masonería, el Ejército o la Iglesia Católica).

Entonces el miedo, disfrazado de “santo temor” es y debe ser inculcado al neófito por los manipuladores sistémicos, y cuanto antes mejor, desde la más tierna infancia. En las sociedades teocráticas, el miedo a los demonios y a la condenación constituyó un arma política de primer orden en manos de sus dirigentes. En las sociedades desacralizadas y secularizas de hoy, el miedo es utilizado por los dirigentes en relación con objetivos que deben ser alcanzados para lograr necesidad de reconocimimiento social previamente inculcadas por los agentes sistémicos, quienes definen los objetivos sociales supremos: el éxito académico, profesional, la seguridad económica, el éxito amoroso o la remuneración erótica. En sociología sistémica, puede afirmarse que el miedo prototípico se convierte así en el miedo a un fracaso en en ámbito de la vida que el sistema se ocupa en trasladar a su componente relacional -el individuo- como déficit de comunicación total; es decir, desde el punto de vista del individuo -que es el que a mí me interesa-, como fracaso personal integral. La persona siente miedo a fracasar totalmente, y ese fracaso es mayor cuanto mayor sea su alejamiento de los objetivos definidos por el sistema social al que pertencece. En nuestras sociedades desacralizadas, el antiguo miedo a los dioses o demonios ha sido sustituido por el miedo al fracaso social, y a muchos otros miedos que le siguen -aislamiento, soledad, incomprensión-. Muchas de las llamadas “enfermedades mentales” no son sino el desarrollo de síntomas provocados por el miedo al fracaso vital, o, como diría Savater, de “alguien que ha tenido poco acierto o mala suerte en esa tarea de hacerse querer por los otros en la que todos estamos empeñados; no siempre, por cierto, la culpa es exclusivamente suya” (Fernando Savater, El contenido de la felicidad, Ediciones El País Aguilar, 1994, p. 156).

Vistas de este modo, las “enfermedades” o “trastornos mentales” son el resultado de una adapación disfuncional de personalidades complejas a una o varias de las dinámicas del sistema. Dicho de manera más clara, retomo aquí mis ideas sobre la moralización y objetivación -que conduce a la cosificación de la salud-, ya expresadas en mi tesis doctoral y en posts anteriores. Incluso desde una perspectiva “oficialista”, hoy como nunca el aspecto de “salud” como parte del bienestar completo del individuo, tal y como consta en numerosas definiciones de salud de la OMS, es deliberadamente soslayado. Son malos tiempos para juntar los adjetivos médico y social. Pues en las sociedades plutocráticas en las que a algunos nos ha tocado vivir ya como adultos, el ídolo que ha venido a sustitir a Dios y a los demonios ha sido el dios Dinero. El dinero, como proclama con brillante lucidez en último y magnífico ensayo el historiador Yuval Noah Arari, De animales a Dioses, Ed. Debate, 2014, proporcionó seguridad a la especie “homo sapiens sapiens” desde su invención, y, fundamentalmente, desde la consolidación del “credo capitalista” (Harari: 2014, pp. 336 y ss.).

Pero el miedo va más allá y abarca mucho más de lo que en unas líneas podamos apuntar. “No se acobarde vuestro corazón, ni tenga miedo” (Jn 14, 27), exclamó Jesús la noche de su Pasión, antes de ser entregado. Pero qué duda cabe que Él mismo, como hombre, lo tuvo, como se desprende de la angustia relatada por los evangelistas en otros pasajes. El miedo es uno de los peores enemigos de la acción humana. Puede desembocar en la inacción, en la parálisis, y aun así no desaparece. Y si intentamos postergar algo por miedo, la próxima vez que nos enfrentemos a ellos, como demostró el psicólogo conductista ruso Napalkov, el obstáculo aparecerá ante nosotros crecido y más estremecedor al principio. O en otras palabras: nos dará más miedo.

Parece casi imposible eliminar por completo el miedo de nuestra vida. Quizá de lo que se trate sea de superarlo. Poco a poco, comenzando con unos miedos, uno tras de otro, a medida que vayan surgiendo. Para ello hay variadas técnicas. Pero el miedo atávico, ése que anda metido en nuestros genes, ése que sirvió para desarrolllarnos como especie, parece que sólo es posible desterrarlo mediante largas prácticas de meditación, ascesis y mística. Como escribiera Castaneda, el miedo es el primer enemigo del guerrero. Y confieso que en lo personal, todavía no he derrotado al primero. Castaneda habla aquí no como antropólogo, sino como chamán convertido -algo que, por cierto, le ocasionó el descrédito de sus colegas-.

En cualquier caso, y en cuanto a lo que nos ocupa, los caminos aludidos se tratan de camino demasiado complicados como para ser transitados para el hombre corriente, sobre todo en nuestras sociedades occidentales, donde todo, desde la venta de smartphones de segunda mano hasta los métodos de Shamkya-Yoga enlatados (falsos, por supuesto), son propuestos por los mercaderes del “mercado espiritual y del mundo oculto”, ofreciendo a sus compradores, sobre todo jóvenes, resultados a corto plazo que los autores que citan tardaron años en conseguir, si es que lo lograron. Tal es en buena medida el contexto sociológico en el que se mueve lo que yo denomino “el mercado de la New Age”, un subproducto de nuestra civilización occidental para comprar técnicas milenarias orientales, reubicarlas, cambiarlas de sitio y hacer cócteles explosivos dirigidos a los más jóvenes, con tal de que sigan produciendo. Al final, casi como sucedió con los padres de mi generación que coquetearon con movimientos maoístas sin saber realmente lo que que comportó la llamada “revolución cultural china”, muchos de estos jóvenes crecerán y, a la primera de cambio, realizarán a su medida el sueño americano mientras diserten en sus cómodas habitaciones sobre yoga, meditación zen, con la misma ligereza con la que se habla de un partido de fútbol o de un partido político.

Volviendo al miedo, contentémonos, pues con poder superar cada día nuestros pequeños miedos, y prepararnos para enfrentarnos a los grandes con un fortalecimiento de nuestra autoestima y de los rasgos más positivos de nuestra personalidad. Ya sea mediante el recurso a la ciencia, ya sea por la fe, el miedo puede superarse e, incluso durante un instante, podemos llegar a sentirnos libres de él, antes de caer de nuevo en la zozobra existencialista. A este punto podrán preguntarme: ¿y el miedo a la muerte?; ¿o el miedo a lo desconocido?

Pues bien, yo creo que éstos también. Aunque, al estilo de un viejo Maestro zen que no soy, contestaré como éstos: nada más diré por hoy.

En cuanto a los sueños… Sí, efectivamente, pueden ser una manera muy eficaz para consolidar la fortaleza de nuestra personalidad en cuanto los vivamos como ideales -no como ilusiones-; es decir, en cuanto encarnen valores con los que comprometemos y por los cuales estemos dispuestos a enfrentarnos a nuestros miedos… pero sobre esto, si mis miedos me lo permiten, ya escribiré otro día.

 

Pablo GUÉREZ TRICARICO es Doctor en Derecho, Acreditado a plazas de profesorado universitario permanente, Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad de Madrid y del Colegio Universitario Cardenal Cisneros, experto en Historia comparada de las religiones y escritor

 

Justificación de la licencia empleada: Algunos lectores habrán advertido que he registrado la obra con copyright. No tanto porque me agrade mucho la institución, sino porque considero que las ideas del autor -no tanto de los intermediarios- tienen un valor -desgraciadamente sólo medible en dinero-, y, si bien apoyadas -como en todas las obras humanas- en ideas ajenas, hoy por hoy no percibo, como bien saben mis lectores, remuneración estable por ningún concepto, ni mucho menos ayuda social. Y no sólo de pan vive el hombre, pero también.

 

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