HAPPY 4TH JULY, USA CITIZENS! BUT WE ARE IN DISTRESS

julio 5, 2015 § 1 comentario


 

US Flag in distress

US Flag in distress

THE FLAG CODE
Title 36, U.S.C., Chapter 10
As amended by P.L. 344, 94th Congress
Approved July 7, 1976§
176. Respect for flag: No disrespect should be shown to the flag of the
United States of America; the flag should not be dipped to any person
or thing. Regimental colors, State flags, and organization or
institutional flags are to be dipped as a mark of honor.
(a) The flag
should never be displayed with the union down, except as a signal of
dire distress in instances of extreme danger to life or property.
Most individuals who have served in the military service of our nation will (or should) recognize this signal.

 

En estos difíciles tiempos de crisis democrática, en el que el país de la Unión Europea que inventó la democracia, la economía y la tragedia, tal y como ahora las conocemos, está siendo presa de la injusta tragedia de un sistema económico capitalista despiadado, deseo especialmente a mis amigos estadounidenses, residentes en los Estados Unidos de Norteamérica o que lo fueron, un muy Feliz 4 de Julio, con el espíritu que tuvieron los Padres Fundadores. En los Estados Unidos, no importa que seas de derechas o de izquierdas. Al menos, en cuestiones que no tengan que ver con la economía, el liberalismo propio de su tradición se extiende a las costumbres, como debe ser, y al pensamiento fruto de la conjunción entre el tradicionalismo protestante y el liberalismo anglosajón propio de la filosofía moral analítica, en un Estado que no es laico, sino pluriconfesional, en el que se juran por Dios los cargos sin que nadie se escandalice por ello; y en el que, al mismo tiempo, lo que en Europa se adimitió a regañadientes a partir del Concilio Vaticano II, allí se admite por parte de un Tribunal Supremo ejemplar, que es capaz de separar las convicciones religiosas de sus ciudadanos y el respeto debido a éstos, por una parte, y la tolerancia y libertad de creencias en materia religiosa establecida en la Primera Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos. Sólo por eso, los Estados Unidos mercen mi respeto. Y ello no quita la disidencia, en ocasiones feroz, que yo pueda hacer frente al sistema económico que les diera la hegemonía cultural en el mundo a partir de la II Guerra Mundial. Mas aun así, en cuestiones esctrictamente económico-financiaeras, el capitalismo norteamericano nos tendría que dar lecciones al capitalismo europeo, lacayo de los “Chicago boys”, a nosotros, a la Troika y a un gran mercado llamado Unión Europea que tiene poco de unión, menos de europea y mucho de mercado, y que carece de un Tesoro Europeo que controle y fiscalice los rescates al sector bancario, así como su transparencia.

Sea como fuere, un día como hoy, todavía 4 de julio en todos los Estados de Norteamérica, apelo al generoso y fraterno discurso de los Padres Fundadores con un texto no muy lejano del que inspiró las “revoluciones burguesas” europeas que tuvieron lugar en el Viejo Continente entre 1789 y 1848. El texto no es mío, pero la dedicatoria, en homenaje a vuestro humanismo y a vuestra bonhomía, va dedicado, de corazón, a todos vosotros, a los que vivís, habéis vivido o habéis probado suerte en el país de las segundas oportunidades, el cual, a pesar de sus gravísimas injusticias sociales, sin duda denunciables, cuenta con una gran población crítica fiel al espíritu de sus Padres Fundadores, como demostró la inteligente y justa decisión del Tribunal Supremo de los Estados Unidos de legalizar los matrimonios homosexuales en toda la Nación. A todos los norteamericanos de buena voluntad y a todos los inmigrantes que han tenido la valentía de probar suerte en el Nuevo Mundo, les dedico este texto inmortal, que todavía puede leerse en la entrada del Capitolio. A mí, deudor más bien de la tradición de la Izquierda europea, no deja nunca de conmoverme, y que conserva plena actualidad:

“Four score and seven years ago our fathers brought forth on this continent, a new nation, conceived in Liberty, and dedicated to the proposition that all men are created equal. Now we are engaged in a great civil war, testing whether that nation, or any nation so conceived and so dedicated, can long endure. We are met on a great battle-field of that war. We have come to dedicate a portion of that field, as a final resting place for those who here gave their lives that that nation might live. It is altogether fitting and proper that we should do this. But, in a larger sense, we can not dedicate — we can not consecrate — we can not hallow — this ground. The brave men, living and dead, who struggled here, have consecrated it, far above our poor power to add or detract. The world will little note, nor long remember what we say here, but it can never forget what they did here. It is for us the living, rather, to be dedicated here to the unfinished work which they who fought here have thus far so nobly advanced. It is rather for us to be here dedicated to the great task remaining before us — that from these honored dead we take increased devotion to that cause for which they gave the last full measure of devotion — that we here highly resolve that these dead shall not have died in vain — that this nation, under God, shall have a new birth of freedom — and that government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth”. (Abraham Lincoln, November 19, 1863, Gettysburg Address, Bliss Copy). Feliz 4 de julio. Dios os bendiga. God bless you and God bless the United States of America (y a sus inmigrantes 😉 )!

Pablo Guérez Tricarico, PhD

Doctor of Law

@pabloguerez

 

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¿Justicia poética o cambio municipal real? El inicio de un cambio desde abajo, y desde los de abajo

junio 15, 2015 § Deja un comentario


 

A Ada Colau. A Manuela Carmena. A Joan Ribó. A Mónica Otra. A “Kichi”. A Santisteve. A tantos otros alcaldes y concejales que me dejo en el tintero y que han cambiado radicalmente, en el sentido etimológico y no mediático-sensacionalista del término, la manera de entrar en las instituciones con la voluntad de hacer una auténtica Política; a los ciudadanos que han participado en la Primavera electoral española; a todos aquellos representantes de la nueva ola de políticos, nueva no en edad, sino en actitud, que han comenzado a hacer posible, como decía Julio Anguita, no la alternancia, sino la alternativa

Y al Pueblo español, del que emanan los poderes del Estado

 

Ada Colau toma la vara de mando en Barcelona / Luis Gené. AFP

The new mayor of Barcelona, Ada Colau smiles as she holds the mayor’s baton after being sworn in as mayor of Barcelona during the investiture session at the Barcelona City-Hall on June 13, 2015. The anti-eviction activist turned politician Ada Colau was sworn in as the first female mayor of the Spanish city of Barcelona on June 13, 2015 thanks to the support of independents and Socialists after her list of candidates won 11 of the 41 seats in local elections on May 24. © AFP PHOTO / LLUIS GENE

 

Este fin de semana han sido constituidos los más de 8.000 Ayuntamientos de España. Si algo, desde la perspectiva que a este blog, y al que lo escribe, le interesa, es que candidaturas de unidad popular, encabezadas por personas que se han significado en favor de los más débiles, de los humildes, de los más desvavorecidos, han lllegado, por la fuerza de los votos y no de artimañas relacionadas con otro tipo de sobres, no lo olvidemos, a formar Gobierno en varias de las más importantes ciudades españolas. El Partido Popular, símbolo de la corrupción -aunque ésta no le afecte a la mayoría de sus miembros, sí le ha pasado factura en relación con sus miembros más relevantes, y es por ello, por ser una estructura jérarquica, por mucho que sus pactos con Ciudadanos les hayan hecho “tragar” con el compromiso de hacer primarias”-, ha ganado las elecciones en número de votos. Y esto hay que reconocerlo. A pesar de la corrupción, hay una parte del electorado que ideológicamente puede ser ubicada entre el franquismo sociológico y el nacionalcatolicismo, ambas corrientes, desde luego, no liberales, sino más conservadoras, para ser generosos. Sin embargo, buena parte de la cúpula del Partido, estructura muy jeraquizada, se ha movido en el ámbito del ultraliberalismo, y no ha tenido interés en “maquillar” un poco sus posturas antisociales con cierto “conservadurismo compasivo”, como les achacó el editorial del ABC y varios articulistas de este periódico, que tradicionalmente ha defendido a este partido y a su predecersor, AP, y a la Iglesia Católica -donde dice defender a la Iglesia Católica, léase Jerarquía Eclesástica Española, mucha de ella, todavía, reticente a abandonar un nacionalcatolicismo antidemocrático en contra incluso de las recomendaciones a favor de las democracias como sistemas de gobierno óptimos, hacia las cuales el mismo San Juan Pablo II, para nada sospechoso de comunista, se manifestó en varios documentos, pero especialmente en su Centesimus Annus de 1990, tras la caída del Muro de Berlín-.

Pero volvamos a la constitución de los Ayuntamientos. Mucho leeremos de que estos ayuntamientos son “comunistas”, “masones”, de “ultraizquiedas”, “radicales”, “inmoderados”, como dijo respecto del gobierno de Manuela Carmona, nada más salir elegida, Esperanza Aguirre en su última pataleta, esperemos, de su vida público “de primera fila”.

Sin embargo, por primera vez en mucho tiempo, nos hallamos ante una auténtica recuperación por parte de la ciudadanía del espacio público. No se trata sólo de justicia “poética”, como algunos izquierdistas de salón podrían comentar desde sus cómodos sillones o desde sus despachos en los que acuden a visitarlos, quizá demasiadas veces, los representantes del Poder real. Se trata de recuperación de la Política con mayúsculas, de la dignidad de la “cosa pública, por parte de todos los ciudadanos. Y todos los ciudadanos, en este momento, no son “grandes inversionistas” -algunos inversionistas ni son ciudadanos españoles, ciudadanos de la UE o ciudadanos con los que Espña mantenga Convenios de sufrafio activo en las elecciones municipales, ni son personas físicas, y, por lo tanto, en cualquiera de sus dos condiciones, no tienen derecho al voto-. Y es que en los Ayuntamientos, en las Comunidades Autónomas, en el Estado Español y en cualquier estructura con personalidad jurídico-pública de base territorial los que deciden son los ciudadanos, por disposición expresa de la Norma que regula todas estas instituciones: la Constitución Española de 1978.

Los Ayuntamientos -lo sabemos, y a mi juicio es una asignatura pendiente demandada por varios sectores de la sociedad, que, léase bien, no es equivalente a empresa, aunque muchas veces esta equivalencia funcional se utilice demasiado por parte de los medios de comunicación que llegue a confundir a la sociedad-, no tienen todas las competencias que deberían. Las Administraciones típicamente más pequeñas del Estado de base territorial carecen de muchas competencias, ante la hipertrofia de la “pequeña gran política”, y que es llevada a cabo en los pasillos del Congreso y de varias Asambleas Legislativas autonómicas -algunas más que otras-, en el toma y daca de las transferencias de competencias fundamentales para la vida de los ciudadanos que ha ido produciéndose paulatinamente en la ya no tan breve historia de nuestra democracia institucional, pero que fue incrementándose peligrosamente a partir de la última legislatura de Felipe González, para constituir ya una forma de gobierno “normal” con el primer gobierno Aznar, en el que la transferencia de competencias del Estado a las Comunidades Autónomas catalana y vasca era la moneda con la que estos Gobiernos, sin mayoría absoluta, debían pagara a Ciu y al PNV para que éstos se colgaran los honores de “patriotismo constitucional”, en su voluntad de garantizar la gobernabilidad. Relamente, lo único que quisieron -como ha quedado demostrado con los casos de corrupción descubiertos recientemente- fue garantizar la goberanabilidad para la burguesía catalana y vasca, incluidos los empresarios que apoyaban a ETA.

Una de las cosas buenas que debemos al actual mapa político español es que los pactos postelectorales no han girado, al menos públicamente, en torno al debate de competencias, sino en torno a cosas más profundas: la necesidad de regeneración democrática, propuesta tanto por las nuevas formaciones de centro-derecha, como Ciudadanos -y que esta formación ya iba demandando en 2008, cuando, según sus propios Estatutos, se definía de centro-izquierda-, o por formaciones injustamente castigadas electoralmente como UPD o Izquierda Unida, o de izquierda, como Podemos, han hecho recapitular a las formaciones políticas tradicionales como el PP o el PSOE, de manera que puede afirmarse que lo ha se ha dado en muchas importantes ciudades de nuestra país este fin de semana no ha sido simplemente una alternancia técnica entre las dos formaciones bipartidistas tradicionales, sino una alternativa real de cambio. Una alternativa que simboliza muy bien, a mi juicio, la nueva alcaldesa de Barcelona con su vara de mando: la que un día fue perseguida por defender a los pobres, a los débiles, a los deshauciados, toma la vara de mando y la mismao Policía local tendrá que cuadrarse, mal que le pese, ante ella, cada vez que entre el el Ayuntamiento para gobernar siguiendo la voluntad de todos los ciudadanos. Repito, de todos los ciudadanos. Hecho en falta un poco más de entusiasmo y credibilidad en la formación tan modosita de Albert Rovira, que en su afán de querer ser políticamente correcta -en contra de su propia reciente historia, pues en Cataluña no lo fue, y las candidaturas a las generales de 2008 tampoco lo eran-, un poco más de defensa de los ciudadanos y menos miedo a la hora de que los “inversionistas”, incluidos los fondos buitres, puedan condicionar sus políticas. Manuela Carmena, por su parte, ya ha declarado que gobernará escuchando, para todos, en contra lo de lo que ha venido haciendo Esperanza Aguirre durante 26 años, tamayazos mediante. Pero el pueblo de Madrid, como el de Barcelona, ha despertado. O el de Valencia, donde Joan Ribó, que se presentaba por Compromís, uno de los mejores diputados, a mi juicio, tanto a nivel ideológico como técnico, de las últimas legislaturas, fue investido antes de ayer Alcalde de Valénica. Tampoco es justicia poética, sino recuperación de poder territorial para la ciudadanía, el hecho de que el candidato de Por Cádiz sí se Puede (PCSSP), José María González, Kichi, haya sido investido alcalde de Cádiz tras obtener el apoyo comprometido por los cinco concejales del PSOE y los dos de Ganar Cádiz en Común, logrando así la mayoría absoluta del Pleno que evita que Teófila Martínez (PP) asumiera el que habría sido su sexto mandato como alcaldesa de la capital. O que el abogado penalista Pedro Santisteve, de Zaragoza en Común, un absoluto desconocido para la inmensa mayoría de los zaragozanos hace tres meses, se haya convertido en el nuevo alcalde de la capital aragonesa, la quinta ciudad de España. Con el apoyo de los otros ocho concejales de su formación, y de los seis del PSOE y los dos de CHA, ha sido investido alcalde este abogado defensor de presos e insumisos que se ha incorporado a la política tras haber participado en los movimientos asociados al 15-M. Zaragoza en Común, una plataforma formada por Izquierda Unida (IU), Equo, Puyalón, Piratas de Aragón, Somos y Demos+, con el apoyo de Podemos, ha convertido a Santisteve en el político municipal más poderoso de Aragón, pero, como ha sido destacado por la prensa local, con una frágil estabilidad necesitada siempre del apoyo de otras fuerzas.

En cualquier caso, parece claro que algo, y mucho, ha cambiado en el panorama municipal español. Las candidaturas de unidad popular, ya por sí solas ya con el apoyo pre o postelectorales de otras formaciones políticas, bien nuevas como Podemos, bien tradicional, con el PSOE, cuyas bases siempre han sido más ácratas que su aparato, han permitido un cambio de gobierno en muchas importantes ciudades españolas, y también en municipios más pequeños, en el que el electorado ha querido premiar otra forma, si se quiere amateur y por ello no contaminada, pero técnicamente preparada, de hacer de nuevo Política con mayúsculas. Algo de esto me recuerda a las elecciones municipales de 1979. Corren vientos cambio. Y no, no es justicia poética. Ya es, mal que les pese a algunos, autoridades civiles y militares, eclesiásticas, poderes fácticos económicos, una realidad; si quiera al nivel de lo pequeñito, de los Ayuntamientos. Pero la Historia ha veces nos ha demostrado cómo desde el cambio en lo pequeño puede surgir el cambio en lo grande. Todavía más en una sociedad compleja e interconectada en el nuevo escenario mundial globalizado de la llamada sociedad 3.0.

En un mundo donde la política con minúsculas se escribe con mayúsculas, y la tecnocracia usurpa el poder ciudadano, en un mundo no tan lejano, el FMI, oscura institución surgida del pacto intergubernamental de Bretton Woods despues de la segunda Guerra Mundial, como precursor del nuevo orden mundial que, según los designios del CB y de las logias masonas en las que se encuentra el verdadero y oscuro Poder en la sombra, ha anunciado, por el momento, la retirada de su apoyo a la República soberana de Grecia, por cierto, cuna de la democracia. Pero ya veremos. De nuevo, los cambios producidos son más que justicia poética. Son la expresión del espíritu de la conocida frase con la que Abraham Lincoln concluyó su discurso tras la batalla de Gettisburg, y que todavía puede leerse a la entrada del Capitolio en Washington D.C. Un espíritu que encuentra en el pueblo una fuerza tan grande que, pese al imperio de la corporatocracia, todavía sigue gritando para que el contrato social deje de ser una ficción y vuelva a su origen. Y, como hiciera Lincoln ante un escenario de devastación tras una guerra civil, 152 años después, la ciudadanía, devastada por una crisis sin precedentes y caracterizada por la usurpación del gobierno por los tecnócratas formados en la economía “ortodoxa”, sólo pide una cosa: que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la tierra. Las estructuras organizadas de poder, cuando desconocen esta regla básica, tanto si son “de izquierdas” o marxistas en sentido clásico, en los ya casi desaparecidos regímenes del llamado “socialismo real”, o “democracias populares”, ya sean “de derechas”, las cuales recubren una amplia gama de formas de Gobierno, que va desde los fascismos declarados hasta los gobiernos autocráticos, formalmente democráticas pero en las que los derechos más elementales de los ciudadanos son conculcados, como denunciara desde la cárcel Nelson Mandela respecto de una República de Sudáfrica formalmente democrática, pero materialmente profundamente conservadora y segregacionista, se convierten en el enemigo a batir, en el bastión que impide que el verdadero poder legítimo, el que emana del pueblo, pueda surgir, siquiera como un pequeño ramo verde de un árbol seco, a partir del cual convencer, y no imponer, al resto de los conciudadanos, de la difícil, pero no imposible, tarea de tomar conciencia de ciudadanía y de la necesidad de que el espacio público, fundamento y regidor de todos los demás espacios en los que se manifiesta el poder civil, como nos enseñaron los griegos hace más de dos mil quinientos años, pertenece a los ciudadanos por derecho. Como declaró Ada Colau con su vara de mando en su discurso de investidura “hoy hemos hecho posible lo imposible”. Mis mejores augurios, Ada. De activista a Alcaldesa. A pesar de los bancos, de la Policía sumisa y de los poderes fácticos. En un espacio tan pequeño pero tan cargado de tradición y sabiduría, tu vara de mando simboliza el mandato que te han dado los ciudadanos, y el poder que de ellos has obtenido, tanto del príncipe como del mendigo; y que en tu caso, como en el de agunos otros Alcades investidos este fin de semana, por mucho que los medios de comunicación afines al Poder se harten de proclamar que llevamos 38 años en democracia -una cosa es la democracia y otra su calidad-, se ha dado, por fin, la tan difícil coexistencia, casi de “unión hipostática”, entre autoridad e imperio.

Poco a poco, se está fraguando el cambio y un auténtico proceso de devolution, término que en Italia sirvió para simbolizar la devolución de poder a la sociedad -entendida ésta como un equivalente, en lenguaje políticamente correcto, de las grandes empresas- bajo los gobiernos de Berlusconi. En este caso se trata de una devolution legítima. O, mejor, de la toma de poder, moralmente legítima, jurídicamente válida, y éticamente obligada, por parte de los ciudadanos de los espacios que les habían sido arrebatados por buena parte de los representantes de los partidos tradicionales: fundamentalmente, por parte del PP, pero también, en algunos casos, del PSOE. Los ciudadanos han comenzado a recuperar con fuerza su papel en los Ayuntamientos y, sobre esta base, será posible volver a creer en ellos como instituciones cercanas a sus necesidades, especialmente, las de los ciudadanos más pobres y que tanto han sufrido y siguen sufriendo los devastadores efectos de una crisis que han provocado otros jugando a sus casinos de saltos mortales con red, o rescate público incluido, pero con nuestras fichas, las fichas de los ciudadanos, el dinero de todos.

En cuanto a los municipios, es verdad que son entidades territoriales pequeñas, y que han servido, durante ocho años, a una política promotora de la burbuja inmobiliaria y de la corrupción. Sin embargo, estas mismas instituciones, durante ochocientos años, han servido bien a los intereses de los ciudadanos, preferentemente de una pequeña burguesía, pero también de mendigos y de gente sin hogar. Los Ayuntamientos, la Iglesia y las Universidades, no lo olvidemos, son las instituciones más antiguas del mundo occidentale. Cuidémolos, y hagamos que ellos cumplan con una vocación de servicio comunes a las otras dos instituciones mencionadas y que se sitúa en la base del pensamiento político occidental, desde las antiguas ciudades-Estado de Grecia hasta las nuevas propuestas de municipios abiertos y participativos del siglo XXI. Estas elecciones municipales han honrado lo mejor de nuestra tradición municipalista, al tiempo que no han mostrado su temor frente a los oscuros poderes que, de momento, pero sólo de momento, dominan el mundo. Hasta que la ciudadanía recupere más espacios de poder. Hasta que la ciudadanía pueda de nuevo escribir orgullosamente Política con mayúsculas.

 

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD

Doctor en Derecho

@pabloguerez

 

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Interrogantes que plantea el nuevo mapa político español surgido de las elecciones del 24-M

junio 1, 2015 § Deja un comentario


Tras el nuevo escenario político que se ha abierto en España tras las elecciones del 24-M abundan los artículos de opinión sobre si nos encontramos ante una nueva etapa de nuestra todavía joven democracia, con una serie de consecuencias que irían desde el fin del bipartidismo hasta la eventual ruptura del consenso constituyente de 1978, valorada positiva o negativamente tanto desde perspectivas propias de la izquierda como de la derecha políticas y sociológicas.

Corren vientos, tanto “de izquierdas”, como “de derechas”, en contra del consenso constituyente. Sin embargo, sin entrar en esa delicada cuestión, que entiendo merece un análisis más detenido, entre otras voces autorizadas, el periodista Raúl Ciriza, por ejemplo, en un reciente artículo publicado en Attac Navarra, viene a expresar su entusiasmo, desde una óptica no muy lejana de una perspectiva “abertzale”, con el nuevo mapa electoral o político resultante de las últimas elecciones municipales y autonómicas. En esta línea, muchos de los que alaban las ventajas del supuesto fin del bipartidismo no parten de un análisis profundo y pormenorizado de nuestra reciente historia política. De este modo, los partidarios de varias corrientes de opinión que se van extendiendo tanto en los medios de prensa tradicionales como digitales, y desde diversas perspectivas ideológicas que son, en muchos casos, reflejos de intereses ocultos, faltan a la verdad cuando realizan una equiparación tan alegre entre PSOE y PP, al tiempo que alaban las bondades de las nuevas formaciones como Ciudadanos o Podemos. Así, por poner sólo un ejemplo, el periodista u “opinador público” no puede desconocer las notables diferencias, dentro de un sistema de economía de mercado, entre el primer gobierno socialista salido de las urnas en 1982 y la segunda legislatura del gobierno Aznar, en el año 2000. Lo que sí es cierto, desde una perspectiva socioeconómica, pero que responde también a una voluntad política, es que, a partir de 1993, con la entrada en vigor del Tratado de la Unión Europea -que recibió la aprobación de todas las fuerzas políticas de ámbito nacional excepto la de algunos diputados de Izquierda Unida, por cierto, injustamente castigada, junto con UPD, en estas elecciones municipales y autonómicas del 24-M-, la sumisión de la política a los poderes económicos y a los “mercados”, auténticos artífices de una política económica no sometida a controles políticos ni a un Tesoro Público europeo, más allá de las vagas directrices y recomendaciones del Consejo Europeo, rendido casi en su unanimidad a la hegemonía cultural del pensamiento único, ha “atado las manos” al PSOE en la implementación de políticas económicas auténticamente socialdemócratas. Y quizá la mayor crítica que habría que hacer a las políticas realizadas por el PSOE, desde una perspectiva socialdemócrata, es que la referida situación de impotencia no ha sido denunciada por dicho partido en las instituciones supranacionales, ni en las europeas ni en las mundiales, estas últimas fruto del consenso que, a mi juicio, sí que habría que romper, pues ése sí es que es un fiel reflejo de las políticas ultraliberales que perpetúan la desigualdad entre las diferentes clases sociales de los Estados y entre los Estados, llegando a la máxima justificación de la desigualdad en la bendición del status quo en las relaciones Norte-Sur: el consenso de Bretton Woods y de sus insolidarias y masonas instituciones como el FMI o el Banco Mundial . Pero incluso en esa impotencia, subsiste una diferencia sustancial ideológica entre el PP y el PSOE, al menos en muchos de sus miembros y en sus bases. Incluso en la negociación del artículo 135 de la Constitución Española: la mala conciencia o el remordimiento de los socialistas de no haber sido fieles a sus principios; los únicos que pueden salvarlos de unos resultados electorales mediocres en los que su mejoría electoral se ha debido más a variables en buena parte independientes de los méritos de la formación política: por una parte, una variable negativa, expresada en el descontento de los votantes del centro-derecha por los incontables casos de corrupción del Partido Popular, y por la otra, una positiva y esperanzadora: la apertura del PSOE, desde hace meses, encabezado por el “revisionismo hacia la izquierda” de su nuevo líder Pedro Sánchez, quien, en su afán de volver a su caladero electoral tradicional, la izquierda sociológica y las bases del Partido Socialista, ha llegado a proponer, en el plano programático, la modificación del artículo 135 de la Constitución y la derogación de la reforma laboral impulsada en primer lugar por el segundo gobierno Zapatero; y, en el plano electoral, ha mostrado una actitud abierta y de diálogo ante las llamadas “candidaturas de confluencia” o de “unidad popular”, con las que el Partido Socialista puede aspirar a formar gobierno en muchos municipios españoles.

Por Pablo Guérez, PhD.

Doctor en Derecho Penal

Colegiado ICAM no. 97.901

Acreditado a Profesor Contratado Doctor

En situación legal de desempleo desde el 28/7/2011, actualmente sin percibir prestación o ayuda social alguna, pública o privada. Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado. Calle Einstein, no. 1, 28049 Madrid.

@pabloguerez

 

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24/M: Vientos de cambio. Un análisis valorativo y teleológico de los resultados electorales en clave sociológica

mayo 26, 2015 § Deja un comentario


A vosotros, los que habéis iniciado el cambio. Y a nosotros, el pueblo.

(…) that this nation, under God, shall have a new birth of freedom—and that, government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth (Abraham Lincoln, from the Gettysburg Address, given to Edward Everett, 1864)

 

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Ada Colau y Manuela Carmona celebran su victoria electoral. Fotografía de Avelino Rodrigues ©.

Las elecciones del 24-M han revelado un importante cambio en la sociología electoral, que ha afectado a las formas de hacer política. Frente a las formas tradicionales basadas en los partidos políticos, la irrupción en muchos municipios especialmente estratégicos, como Madrid, Barcelona o Zaragoza, de candidaturas de unidad popular, que han sabido aglutinar a la gente de los movimientos sociales de inspiración tan diversa como los que protagonizaron el 15-M, han supuesto un desafío al sistema tradicional de entender la política en nuestro país y, en concreto, al Estado de partidos, al que eufemísticamente llamara el gran constitucionalista de los inicios del funcionamiento del Tribunal Constitucional, Don Manuel García Pelayo, Estado “con partidos”.

Y es que, hasta ahora, el sistema parlamentario, en los 28 años que llevamos de democracia en España, se había orquestado en torno a la fórmula tradicional todavía vigente, en el entonces denominado “mundo libre” en los años que vieron el alumbramiento de la Constitución de 1978, fórmula a la que, como en muchas cosas, los españoles llegamos con retraso. Y no es que no hubiera entonces fórmulas de participación ciudadana más allá del voto cada cuatro años con prohibición expresa del mandato imperativo. El Partido Comunista, por aquel entonces el único conocido como “El Partido”, conoció, junto a dinámicas autocráticas propias de las peores versiones del marxismo, también el llamado “centralismo democrático” trotskista, inspirado en la máxima de “máxima democracia en el interior, y máxima unidad en el exterior”. Conviene recordar que entonces en el Partido Comunista, por su capacidad organizativa, militaba gente de la más diversa ralea. Y conviene recordarlo precisamente frente a aquéllos que ahora, desde la derecha española, representada en buena parte por una combinación explosiva de lo que queda del franquismo sociológico y por la adhesión triunfalista a un ultraliberalismo al más impuro estilo “Chicago Boys” –una de cuyos máximos exponentes es la recientemente destronada Esperanza Aguirre-, que se atreve a despreciar no sólo a quienes piensan diferente tachándoles a todos de “chavistas”, golpistas, miembros de la mal llamada “izquierda radical”, u otras lindeces que todos hemos escuchado a lo largo de la campaña electoral, sino a compañeros o camararadas –desconozco cómo se llaman entre sí en ese partido-, más afines a un escuálido conato de democracia cristiana que en España, más allá de la efímera experiencia de la UCD, nunca llegó a cuajar.

La Ley Orgánica del Régimen Electoral de 1985, hija de su tiempo, contemplaba también, junto a los sujetos políticos por antonomasia, la posibilidad de que hubiera “agrupaciones de electores”, pero las propias dificultades burocráticas del sistema implantado, unido a la práctica inexistencia de un tejido de sociedad civil organizado en el Estado asimilable al que existe en otras democracias occidentales, y, típicamente, en las de corte anglosajón, hacían que las opciones de  “participación ciudadana directa no representativa”, como el referéndum o la iniciativa legislativa popular, fórmulas complementarias, por no decir folkróricas, de un sistema de democracia representativo de corte clásico, reglamentado por un sistema electoral rígido de listas cerradas y bloqueadas (con la excepción, por su peso poco significativa, de las elecciones al Senado; pero incluso la legitimidad democrática de estas elecciones estaba corregida por un sistema electoral muy mayoritario perfectamente diseñado para desligar a los representantes electos de cualquier comunicación con la ciudadanía, como ocurre con los sistemas uninominales de corte anglosajón, en los que los candidatos pelean literalmente el voto barrio por barrio, o distrito por distrito.

Sea como fuere, una serie de factores cuyo análisis detenido no es posible realizar aquí, pero en entre los que destacan la corrupción, el desgaste mayoritario del sistema de partidos, y la percepción social de desconexión por parte de los ciudadanos respecto de sus representantes políticos, en el contexto de una crisis ética y de legitimidad de las instituciones a escala mundial, con el cuestionamiento de la legitimidad democrática de las instituciones supranacionales a las que los Estados, de acuerdo con el discurso hegemónico del pensamiento único, han ido cediendo soberanía, agravada por una crisis económica globalizada que, en nuestro país ha explotado con el añadido de ingredientes locales, han supuesto el clima idóneo para que romper el umbral de tolerancia de los ciudadanos, en su percepción de no ser ya más agentes de su destino. La percepción de pérdida de soberanía y la crisis de lo que, en otros lugares, he denominado “ficción contractualista”, en función de la cual la soberanía procede del pueblo, del que emanan los poderes del Estado, ha irritado, utilizado una terminología sociológica muy empleada en teoría de sistemas a la sociedad civil española, de tal manera que ha contribuido a la emergencia de los llamados “movimientos sociales”, movimientos de participación ciudadana o movimientos de participación directa, que, en el fondo, han venido a reivindicar el espacio público que por derecho debe corresponder a los ciudadanos. En definitiva, la vieja idea tan bien expresada por Lincoln en el discurso de Gettysburg, de un gobierno “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. De que los ideales ilustrados de la modernidad no podían sucumbir en la posmodernidad de la falta de centralidad del poder, sino que debían ser canalizados por nuevos vehículos de participación ciudadana en la cosa pública. La ciudadanía o, en términos más clásicos, “el pueblo”, ha tomado conciencia de que debía recupera un espacio, y que ese espacio era precisamente el poder político, hurtado por tecnócratas que, utilizando un viejo lenguaje marxista, eran simplemente las correas de transmisión profesionalizadas del Poder en la sombra: el de los lobbies económicos. La prudencia me aconseja no ir más arriba en la búsqueda de quién, quiénes o qué nos gobierna realmente. Sobre ello también he tratado en otro lugar.

La lectura que cabe hacer, a nivel sociológico, de estas elecciones, puede resumirse, aun a riesgo de ser demasiado reduccionista, en lo siguiente: la irrupción de una nueva formación política, Podemos, no sin debates y sacrificios internos, ha tenido la habilidad de apostar por la integración de las candidaturas de unidad popular ha servido de resorte para espolear a una ciudadanía descontenta, y con razón. Las víctimas de los desahucios, de las políticas de recortes, del crecimiento desigual y de las consecuencias del desmantelamiento del Estado del bienestar y de la propia credibilidad de las instituciones, agrupadas en una diversidad de movimientos sociales y de “mareas” que en su momento desembocara en lo que fue el 15-M, han evolucionado hacia un nivel organizativo suficiente como para presentarse, frente al electorado más pasivo, como una fuerza o conjunto de fuerzas razonables como opción electoral política y, sobre todo, como opción de gobierno, comenzando por el gobierno de los Ayuntamientos y, en algunos casos, por el de algunas entidades territoriales superiores y alguna Comunidad Autónoma. El partido político Podemos, formalmente clásico y materialmente dinámico, constituía un vehículo adaptado para participar, con opciones serias de gobierno, en la contienda electoral. A condición no dejarse arrastrar por sus sectores más populistas. Es así cómo la legitimación material de Podemos de cara a estas elecciones –y ello se ha visto por los resultados electorales, comenzando por las plazas más emblemáticas del Estado- necesitaba integrar una buena parte de los movimientos sociales, para construir lo que se ha llamado “candidaturas de unidad popular”. Asistimos, y coincido en esto con mi colega Fabio Gándara, articulista del Huffington Post, a un momento que a muchos nos puede resultar ilusionante, a distinto nivel, en la historia de la democracia española. Con la convergencia del acervo técnico de la gente de Podemos y la legitimidad material de la gente sin más, “el pueblo”, parece que buena parte de las exigencias de legitimidad democrática de un sistema económico-político percibido por la mayoría de la ciudadanía ha comenzado a ocupar el espacio público que la ciudadanía había perdido, y con ello hoy parecen posibles exigencias que hace cinco años hubiesen sido impensables, o meros sueños utópicos. Poner a los poderes fácticos en su sitio. Plantarse ante las deudas injustas. Desterrar la usura y la insolidaridad del país. Y todo ello ha comenzado ya, “ahora”, como se han llamado algunas candidaturas, en el nivel de las elecciones municipales. Para que el “debe” del sujeto político que nació con las revoluciones de la Ilustración vuelva a ser el “es”: “nosotros, el pueblo”. Las tres palabras con las que comienza la Constitución norteamericana. Y permitidme, mis queridos lectores, para concluir, la “licencia poética”: para que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no desaparezca de la faz de la tierra.

 

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD

Doctor en Derecho

Acreditado a Profesor Contratado Doctor

@pabloguerez

 

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Despedimos a un hombre extraordinario, que fue mucho más que una mente maravillosa

mayo 25, 2015 § Deja un comentario


http://www.nytimes.com/2015/05/25/science/john-nash-a-beautiful-mind-subject-and-nobel-winner-dies-at-86.html?_r=0

JON NASH: OBITUARIO

JOHN NASH, IN MEMORIAM

JOHN NASH, IN MEMORIAM

John Nash nos ha dejado. Un hombre con una mente maravillosa, cuya vida fue llevada al cine en 2002, fue un hombre aquejado de esquizofrenia que fue capaz de trabajar en la investigación al más alto nivel no gracias a su debilidad, sino a pesar de ella. Todo un ejemplo de superación y un modelo de referencia para muchas personas que nos consideramos aspirantes a intelectuales, científicos y no científicos, entre los que me encuentro. Realizó una brevísima incursión en la teoría de juegos que le valió el Premio Nobel de Economía por sus investigaciones en este ámbito del conocimiento, con su aportación del equilibrio de Nash. De él han bebido muchos especialistas en teoría de juegos, pero sus investigaciones trascendieron más allá del puro ámbito matemático, ámbito en el que él se sentía más cómodo y donde recibió su mayor reconocimiento por parte de la comunidad científica por sus investigaciones sobre los desarrollos de las derivadas parciales, que le valieron el reconocimiento del Parlamento Noruego este mismo año de 2015. En el ámbito humano, sus aportaciones sirvieron para desarrollar los cimientos de una nueva economía cooperativa, no basada en el lucro, y en la valorización de la importancia de los juegos de suma no cero, es decir, de los juegos cooperativos. Todo un hombre de una talla intelectual y moral extraordinarias. En su debilidad estribaba su fortaleza, encerrada en los misterios del cerebro y de la mente humanas. Su extraordinaria personalidad reflejó como nunca la cruz de la estigmatización social de un funcionamiento cerebral diferente patologizado por la sociedad y la gloria del reconocimiento científico, esa sí objetiva y perdurable, más allá de cualquier contingencia de las ciencias emergentes e imperfectas que tienen al hombre y a su entorno como objeto -como la psicología científica, las neurociencias o la propia economía, y que pretenden erigirse en subteorías del Todo del hombre. Absurdo. Y el absurdo no existe en la mente cristalina de John Nash. Las matemáticas no mienten, y el hecho de que el hombre tenga acceso a ese tipo de lenguaje tan formalizado es todavía un gran misterio que las ciencias psicológicas, en sus variadas escuelas, con sus vanas pretensiones de cientificidad, no han sido, ni creo que nunca sean capaces de desentrañar. Porque, como bien dijo Einstein cuando se le ofreció la Presidencia del Estado de Israel, “la política es para el presente; pero una ecuación es para la Eternidad”.

Mis honores, John Nash. Descansa en paz.

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD

English Version (comment approved by The New York Times on 12.28 am GMT+1 5/26/2015; must be less than 1500 characters)

link: http://www.nytimes.com/2015/05/25/science/john-nash-a-beautiful-mind-subject-and-nobel-winner-dies-at-86.html?comments=

Dr. Pablo Guerez Tricarico

Madrid, Spain. 6 hours ago

John Nash has left us. A great example of perseverance and a reference model for many people who consider ourselves aspiring intellectuals, scientists and non-scientists, among whom I am. He made a brief foray into game theory earned him the Nobel Prize in economics for his research in this area of ​​knowledge, with its contribution of Nash equilibrium. He strongly influenced many specialists involved in games theory’s investigations, but his research transcended beyond pure mathematical field, a field in which he felt most comfortable and where he received his greatest recognition from the scientific community for his research on developments partial derivatives. On the human level, his contributions helped to develop the foundations of a new cooperative economy, not based on profit, and the appreciation of the importance of the non-zero-sum games, ie, cooperative games. A man of extraordinary intellectual and moral stature. In his weakness he lays his strength, locked in the mysteries of the human brain and mind. His awesome personality reflected as never the cross of the social stigma of a different brain function pathologized by society and the glory of scientific recognition, this really objective, beyond any contingency and imperfect science emerging regarding the “social sciences”, like psychology or economy, that seek to establish a Theorie of the whole man. Absurd. But absurdity does not exist in the pure mind of John Nash.

My honors, Dr. Nash. Rest in peace.

By Pablo Guérez Tricarico, PhD, from Spain

Reflexiones personales cuatro años después del 15-M-2011

mayo 15, 2015 § Deja un comentario


A mis padres, como yo, hijos del siglo XX

Foto de Democracia Real

Foto de Democracia Real

A cuatro años del 15-M-2011. Yo estuve allí… Entonces, todavía podía definirme joven, a efectos político-estadísticos. A pocos meses de que acabara mi contrato terminal con una Universidad que había tomado ya la decisión de política universitaria de no renovarme años atrás. Como premio a un Doctorado con Premio Extraordinario me fui al paro, y sí, empecé a cobrarlo.

Por aquel entonces, dentro del movimiento de indignados -recuerdo que entonces no tardaron en surgir apelativos más o menos despreciativos o jocosos para los jóvenes que, en diferente grado, participamos del movimiento, como el de “perroflautas”, estaba por lo general denostado por la mayoría de la opinión publicada de dentro y de fuera del país, que lo tildaban poco más de un movimiento de jóvenes vagos manipulados por el comunismo o vaya Ud. a saber qué oscura conspiración izquierdosa-, yo ya me definía como perteneciente al sector de los decepcionados, o “disappointed”; como parte de aquella generación de los ’80 a la que el destino del mundo y de la economía financiera habían hurtado la posibilidad de continuar con su vida laboral; en mi caso, era mucho más que ello: era una vocación, un proyecto de vida con el que me sentía identificado y al cual serví desde el primer momento con las energías que en cada momento pude poner en marcha. Y representaba además, económica y socialmente, la posibilidad de plantearme un proyecto vital de estabilización profesional y personal desde el cual encontrar un sitio “últil” y “respetado”, en esta sociedad de consumo cada vez más deshumanizada. Hasta que aquellos que pudieron haberme apoyado -algunos, quizá no me conocían o no quisieron conocerme-, pero que tenían esa responsabilidad, que no puedo sustraerles ahora -si bien pueda perdonarles-, truncaron mi vida y me arrojaron a un exilio económico, social, laboral y personal que ya dura demasiado.

Comprenderán ustedes que, a mis treinta y seis, y vistas las cosas que se han destapado y la actitud incluso de la gente más humilde, no tenga puesta demasiadas esperanzas en estas elecciones. Ni en éstas, ni en las generales. Volverán a ganar los mismos, los de siempre, la España de charanga y pandereta indolente ante el sufrimiento de los más débiles y envidiosa de los ricos, sin la más mínima voluntad para cambiar las cosas desde abajo. Y aun así, las instituciones europeas nos dicen que el 15-M ha sido un ejemplo de democracia, un activo positivo para la “marca España”. ¿Dónde el 15-M?, me pregunto yo ahora, como se preguntaran Aguaviva en 1969: ¿dónde los hombres?

La grandeza y las limitaciones del 15-M es que fue un movimiento espontáneo, y, como tal, no ha sido promovido por ninguna formación política. Tampoco, y mal que les pese a muchos, ha dado origen directamente a formaciones políticas, aunque puede decirse que el movimiento sí contribuyó a crear un cambio en la conciencia cívica de este mediocre país que ha propiciado un cambio en el escenario político basado en el tradicional modelo bipartidista. Aunque sí es verdad que algunas de las propuestas nacidas al amparo del 15-M, convenientemente matizadas y encorsetadas, han sido, tras haber saltado a la palestra del debate público y parlamentario, adoptadas tanto por las nuevas formaciones nacidas del descontento generalizado respecto de la calidad democráctica y del estilo de gobierno tradicional, como Ciudadanos o Podemos, como por partidos políticos tradicionales (como el PSOE, por ejemplo, en relación con la regulación de la dación en pago), y han influido, siquiera sólo de modo formal, en las políticas del PP, cuyo Gobierno aprobó un tibio real-decreto de “segunda oportunidad” para los deudores hipotecarios y no hipotecarios, que yo creo que habría sido impensable sin la movilización ciudadana. Donde sí que influyó más el espíritu reivindicativo del 15-M, y la percepción del respaldo popular, fue en organizaciones sociales que denunciaron graves injusticias sociales al margen de las formaciones políticas y sindicales tradicionales, como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, que, a través de sus distintas asambleas, consiguieron la paralización de deshaucios, consiguiendo incluso el apoyo de algunos partidos políticos de izquierda minoritarios o de otros colectivos sociales y, en ocasiones, en la propia sociedad civil.

Sin embargo, y a pesar de todo, mi mirada actual sobre la realidad sociopolítica española es bastante negativa, en lo que respecta a sus posibilidades de transformación o, como se dice ahora, “regeneración democrática”. En este sentido, hago mías las palabras de José Sacristán cuando afirma que, visto lo visto, y sabido lo que la gente sabe, volverán a ganar los de siempre, lo cual demostrará que este país es una mierda (sic). En cuanto a mí, sólo un cambio de país, un cambio personal radical que pase por renunciar al mundo y a sus legítimas apetencias en pos de objetivos tan alejados de la política tal y como es entendida ahora, como la ayuda caritativa al prójimo a través de ONGs o la búsqueda de la santidad, o un milagro, pueden hacer nacer de nuevo en mí la alegría que da la dignidad de poder vivir de un trabajo cualificado cuyas herramientas, con sus luces y sombras, he procurado obtener durante toda mi vida.

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD

Doctor en Derecho

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid. Inscrito en el Servicio Público de Empleo de la Comunidad de Madrid desde el 28/7/2011. Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado. Calle Einstein, no. 1, 28049 Madrid.

@pabloguerez

 

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Taxonomía del activista político español (RB)

mayo 9, 2015 § Deja un comentario


Enhorabuena, David, por tu entrada, a la que he accedido por casualidad ¿o tal vez no?, y por tu excelente blog. Creo que has dado en un punto clave de las deficiencias de nuestro sistema político. En una noche insomne de viernes en plena efervescencia de campaña electora, la reflexión callada me ha hecho toparme, tal vez por intervención de la Providencia, con tu interesantísimo artículo, en medio, a su vez, de un muy interesante blog que animo a mis lectores a visitar. Sirvan las siguientes modestas reflexiones, espero, aun precipitadas -¡pero cómo no van a serlo, al menos en parte, en esta sociedad mediática dominada por el eficientismo inmediatista en el que el noble arte de la política se ha convertido en una contienda apenas sin reglas para atrapar votos, al más puro estilo salvaje estadounidense de “vote-catching” que ya describieran sociólogos como Schumpeter1-, para enriquecer el debate y difundir algunas ideas con el loable fin de arrojar algo de luz en medio de la vorágine electoralista que acaba de comenzar.

Sobre la calidad de nuestro sistema democrático y lo que yo he dado en llamar la “falacia contractualista”, que está en la base de la creencia de la separación de poderes, así como sobre muchas de las cosas que se sugieren en el artículo que me dispongo a rebloguear, mucho tendría que decir, y, como he dicho antes, creo que el autor ha dado en el clavo, por lo que respecta a uno de los fallos sistémicos del sistema político español; sistema irritado, utilizando el lenguaje sociológico de la teoría de sistemas de Niklas Luhmann, por un sistema económico que es “estructura” en sentido marxista. Pero a mi juicio, y en ello difiero del marxismo, al menos del ortodoxo, el carácter estructural no viene dado por la naturaleza materialista dialéctica de la economía, sino que más bien esta situaciómn de “irritación” del sistema político por el sistema económico es dada por el peso que ha adquirido un pensamiento económico único de corte ultraliberal, en términos de hegemonía cultural en sentido gramsciano. Sobre esto he hablado y escrito hasta la saciedad y no se me ha hecho caso, incluso en los círculos más cercanos. Aun a riesgo de ser impopular y no coincidir con la sensibilidad del perfil de determinados lectores de este blog, voy a atreverme a compartir algo que escribí el año pasado, al hilo del debate monarquía/república, que personalmente considero una cuestión accidental y muy secundaria.

Pues a mi entender, lo importante es la calidad democrática y el poder de los ciudadanos, de la gente, del “we the people” que alimentó las Constituciones democráticas como la Constitución americana en la época de los padres fundadores, y que la democracia sea participativa y lo sea de verdad en sentido material, y no “burgués” o formal, utilizando una terminología marxista conocida. Porque de nada sirven los derechos, incluidos los de primera y segunda generación, si no se arbitran los mecanismos suficientes para cumplir el mandato constitucional recogido en el artículo 9.2 CE: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”. Desde luego, también los tiempos de nuestro constituyente, a treinta y siete años vista, fueron sin duda, aun con sus defectos, tiempos mucho más nobles que los actuales, donde el dios Dinero (Mammon en arameo) no detentaba la supremacía cultural, en sentido gramsciano, del pensamiento social a todos los niveles. Por si a alguien le interesa a estas alturas, ya metidos de lleno en campaña electoral, ahí va mi entrada. Soy formal en el lenguaje y en los tratamientos, porque mi formación es clásica y creo que el protocolo no está reñido con la crítica de fondo. Es más, a veces es mucho más eficaz, en el plano meramente estratégico, mantener formas que a uno le gustan, para denunciar que, frente a “poderes” irracionales como la monarquía, existen poderes ocultos en la sombra, basados en el culto al dios Dinero, mucho más poderosos. Así que, de nuevo, me atrevo a compartir mi vieja entrada, escrita deliberadamente “a modo de ensayo”, que por supuesto animo a que critiquéis, bien el blog o por este medio, así como a que la difundáis libremente, dentro de los términos de la licencia que incorpora, y que por cierto me alegra ver que es del tipo de las utilizadas por el autor de este blog que tengo el honor de rebloguear, salvo que su autor o administrador me comuniquen algo en contra. Así que, sobre la separación de poderes y el bla…bla…bla… burgués de nuestra “fiesta de la democracia”, me remito a mi entrada via http://pabloguerez.com/2014/06/04/dios-salve-a-s-a-r-don-juan-carlos-y-a-felipe-vi-dicho-por-un-republicano-breve-ensayo-sobre-la-oportunidad-historica-de-la-abdicacion-del-soberano-y-sobre-la-soberania-en-el-contexto-de-la-crisis/

De nuevo, mis felicitaciones, David.

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD
Doctor en Ciencia Jurídica
Acreditado a Profesor Contratado Doctor
Ex Profesor de Derecho Penal de las Universidades Autónoma de Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia y Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”
Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad ICSA-UAM
Colegiado ICAM núm. 97.901
Desempleado e inscrito en el SEPE como demandante de empleo desde el 28/7/ 2011
Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado, C/ Einstein, no. 1, 28049, Madrid.

AUTOPSIA

¿Quiere usted algo irrefutable en la llamada ciencia política? Bien, ahí va: las reglas del juego definen el juego. O sea, no pretenda usted jugar a la oca con las reglas del parchís porque al final no jugará ni a una cosa ni a la otra. La democracia formal, en países con millones de habitantes, tiene dos condiciones básicas para ser democracia formal: separación de los tres poderes y representación efectiva del ciudadano. Convendrá conmigo el lector en que en España, se mire por donde se mire, no existe nada parecido. ¿Entonces por qué hay quienes, considerándose a sí mismos demócratas, participan en política como si nuestro país fuera una democracia? Me temo que solo existen dos respuestas posibles: una, por ignorancia de cuáles sean las reglas de juego de una democracia formal; dos, por intereses personales que nada tienen que ver con el bien común. De la primera respuesta…

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