De nuevo sobre el problema de la hipercualificación y contra la crítica a la presunta “ociosidad” de la juventud sin trabajo

julio 8, 2014 § 1 comentario


Creo que hay que reconocer que los jóvenes más inteligentes de los países occidentales tienden a padecer aquella clase de infelicidad que se deriva de no encontrar un trabajo adecuado para su talento (…) El cinismo que tan frecuentemente observamos en los jóvenes occidentales con estudios superiores es el resultado de la combinación de la comodidad con la impotencia. La impotencia le hace a uno sentir que no vale la pena hacer nada, y la comodidad hace soportable el dolor que causa esa sensación (Bertrand Russell, La conquista de la felicidad, 1930)

 

La lucidez y la clarividencia del gran matemático, fílósofo, lógico, epistemólogo y humanista Bertrand Russell, quen ganara el Premio Nobel de Literatura escribiendo prácticamente sólo ensayo, hacen que sus siempre textos de referencia, escritos en la mejor tradición de la prosa anglosajona, hablen por sí mismos y no merezcan comentarios. Por esta razón, me limitaré a subrayar la actualidad de esta reflexión de Russell, que mantiene plena vigencia en el tiempo presente.

En una entrada anterior expresé una idea ciertamente iconoclasta, en la que describí como acreedora a una nueva forma de discapacidad a la persona hipercualificada, joven o no tanto, pues la formación de la buena necesita su tiempo y su madurez, más allá de las modas impuestas por las supuestas necesidades de innovación que tan bien parecen interpretar los políticos, con su incesante reforma de las enseñanzas regladas con el único objeto no declarado de sumir a la Academia en una vorágine burocráctica que, cual Leviatán acaba por fagocitarse a sí misma. En aquella entrada, como recordarán mis lectores, me aventuré a definir al parado hipercualificado como una persona extraordinariamente formada -no sólo en un ámbito del conocimiento humano, pues todo conocimiento está interconectado-, la cual, precisamente por su peculiar estilo investigador y su profundo amor al conocimiento teórico -no digamos ya si posee un Doctorado, cuyo contenido ha querido aligerarse en los últimos años con el pretexto de la convergencia con el proceso de Bolonia-, estaba en estos tiempos en peores condiciones de obtener un puesto de trabajo “normal” o, si se quiere, empleando términos más ampulosos de la sociología sistémica moderna, “disfuncional” para el sistema. Un sistema de producción y distribución de bienes que se basa en un estadio de la economía capitalista que parece que ya no da más de sí, y en el que la brecha entre los llamados “creadores de empleo” o “emprendedores” y los trabajadores va aumentando cada vez más, tanto en poder adquisitivo como, sobre todo, en el diverso estatus social de unos y otros, a quienes se les reconoce, de facto, un diferente estatus jurídico, con menos derechos y con menos dignidad. Pero sobre ello ya he tratado largo y tendido en otras ocasiones. Fijémonos en la cita de Russell: a diferencia de algunos “discursos” que ahondan en la idea de que la “titulitis” ha sido el mal endémico de la juventud española, y de que los jóvenes -y aquellos no tan jóvenes que han perdido el trabajo-, no quieren trabajar, Russel se fija en el aspecto psicológico, causa de infelicidad en los jóvenes universitarios, los cuales, como el propio Russell reconoce, desarrollan sus propias estrategias de evitación emocional para no sucumbir ante lo que el autor, en capítulos atrás, hubiera magistralmente como la mayor de las desdichas psicológicas, la “infelicidad byroniana”, en honor a Lord Byron. En lo referente a la infelicidad de la que trata el párrafo citado, el aspecto psicológico comprende, aunque no lo agota, un doble sentimiento de frustración por parte de las personas cualificadas que no pueden acceder a un puesto de trabajo acorde con su formación -lo que significa, ni más ni menos, ¡un puesto que van a desempeñar mejor que otras personas no cualificadas!, y eso se les olvida a muchos de aquellos que ven la solución al problema del desempleo en España en que los ingenieros, por poner un ejemplo, se vayan a servir cafés a Londes (escuchado en el Congreso de los Diputados, sic.)-. Por esta razón cuando he expresado en anteriores entradas que lo que produce frustración a muchas personas hipercualificadas es su profunda sensación de no poder devolver a la sociedad, en términos de progreso y de desarrollo económico, aquello que la sociedad -muchas veces con los impuestos reamente pagados, y que normalmente son los impuestos que recaen sobre las nóminas, pensiones e ingresos regulares directamente controlables por el fisco- ha invertido en su formación. A esta primera frustración se añade el pesar derivado de la constatación que mucha gente, de cuyas buenas intenciones no cabría dudar, y que han pagado impuestos para formar a los mejores talentos del país, se suma a los argumentos populistas del estilo de que “si los jóvenes y/o los parados no trabajan es porque no quieren, porque podrían trabajar perfectamente limpiando suelos o de reponedores por 400 0 600 euros mensuales con jornadas de 12 horas”. Exceptuando a nuestros políticos, prefiero pensar que la pobre gente que utiliza estos argumentos lo hace con buenas intenciones; no obstante, permítaseme destacar algunas características que se suelen dar en la gente que busca este tipo de “soluciones” al desempleo juvenil y cualificado. Por mi experiencia, he podido constatar que se trata de personas, digamos, al menos de clase media acomodada, con un puesto fijo -algo ya impensable en la “nueva economía”-, y con cierta formación -más bien titulación- universitaria, por cierto, la mínima formación académica instrumental que les permitiera en su día acceder a puestos de trabajo clásicos como empleados de banca, corredores de seguros, asesores, e incluso abogados.

La solución al tremendo drama del desempleo juvenil y no tan juvenil cualificado tiene que venir, por el contrario, de un replanteamiento de las estructuras económicas que sirven de base a la superestructura jurídica constituida por el Estado. Mis lectores podrán reprocharme la falta de rigor científico en la elección deliberada de términos marxistas -o marxianos-, pero éstos son los que expresan más que nunca la actual supremacía de la economía frente a la política en la más noble de sus acepciones, es decir, el arte del buen gobierno de la cosa pública en aras al Bien Común.

Lo que ocurre con el drama al que acabo de aludir es que no es sino el corolario necesario del actual estadio del sistema capitalista; comoquiera que la educación, como derecho prestacional de un Estado social cada vez más en crisis, se ha escindido del fomento del empleo, por parte de los poderes públicos, que tenga en cuenta el grado de formación para que los mejores talentos puedan desarrollar las competencias y las habilidades adquridas durante su largo proceso formativo, muchos ellos no encuentran salidas en empleos acordes a su formación. Nótese aquí cómo estoy presentando el problema desde un punto de vista de cálculo de la eficiencia económica: una de las funciones del Estado social y del Estado de bienestar consiste en ofrecer canales entre la educación y el empleo, pero no para satisfacer el orgullo -ni siquiera la dignidad- del trabajador cualificado o hipercualificado en paro, sino para lanzar el gran reto al sector productivo privado de contar con gente de elevada cualificación, la cual, en puestos directivos, garantizará seguramente a largo plazo el desarrollo de empresas concretas y, con ello, el desarrollo del país. Dicho de una manera mucho más simple: el hecho de que haya “muchos ingenieros sirviendo cafés” puede ciertamente contribuir a culivar la virtud de la humildad de los ingenieros, pero resulta tremendamente disfuncional para un sistema socioeconómico que no esté centrado exclusivamente en obtener beneficios a corto plazo. Si hay ingenieros de caminos sirviendo cafés, significa que no se construirán puentes, como no habrá progreso tecnológico si los informáticos se dedican a limpar escaleras. Y todos convendremos, incluso desde un punto de vista de estricta eficiencia económica, que un país moderno debe apostar por el trabajo cualificado enmarcado en una dirección empresarial con anchura de miras, sobre todo, como respuesta a “los retos” de la tan cacareada por los actores sociales y políticos “sociedad de la información y del conocimiento”, la cual ya adelanto, desde mi punto de vista, que no es sino una “sociedad de la desinformación y de la ignorancia”. Sin embargo, y analizando la realidad social española -pero no sólo, puesto que sobre ella influyen premisas ideológicas disfrazadas de ciencia económica basadas en el austericidio, cuyas consecuencias en orden a cualquier recuperación económica siempre son omitidas por los “sabios” de la Troika y de las instituciones clásicas del orden mundial surgido tras los acuerdos de Bretton Woods-, me temo que nos hemos topado ante uno de los principales escollos: la combinación, terrible, entre “emprendedores” que sólo buscan el beneficio a corto plazo e intentan minimizar el riesgo, con lo que siguen empeñándose en procedimientos y en maneras tradicionales -y ello dificulta la contratación de personas con elevados conocimientos pero con capacidad realmente crítica y transformadora-, y una banca caracterizada por privatizar los beneficios y socializar las pérdidas, con el apoyo de los Gobiernos a los que sustenta, que no dudan en “echarles un cable”, vía línea de crédito o directamente de préstamo con dinero que sale de los contribuyentes y cuya supervisión brilla por su ausencia.

En este contexto socioeconómico, las palabras de Russell cobran nuevos matices en el ámbito psicológico. Russel habla de impotencia, pero la impotencia no es más que el reflejo psicológico de la lucha por la dignificación del trabajo cualificado que resulta menospreciado por el connubio Estado-Banca-Empresa. Y la comodidad no deja de ser una huida humana, muy humana, que alivia el dolor, el que previó Russell y el dolor más existencial referido al sentimiento personal de autofrustración y falta de dignidad a que siempre lleva el talento desperdiciado. Tras este análisis, ¿realmente puede alguien en conciencia reprochar humanamente a los jóvenes sin empleo o a los parados que han perdido el suyo, después de que éstos hayan “quemado”, muchas veces casi literalmente, los mejores años de su vida en la preparación para carreras vocacionales con la esperanza no sólo de ganarse la vida, sino de contribuir al desarrollo del país? Que cada uno responda a esta pregunta en conciencia.

Sobre este problema, tenéis más referencias en este mismo blog en http://pabloguerez.com/2014/07/08/de-nuevo-sobre-el-prolema-de-la-hipercalificacion-y-contra-la-critica-a-la-presunta-ociosidad-de-la-juventud-sin-trabajo/.

 

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD. /Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

@pabloguerez

 

Creative Commons License
De nuevo sobre el problema de la hipercualificación y contra la crítica a la presunta “ociosidad” de la juventud sin trabajo by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International License.
Permissions beyond the scope of this license, including comercial purposes, may be available at write to the autor on pablo.guerez@uam.es, pablo.guerez@gmail.com, @pabloguerez
Learn how to share your work with existing communities that have enabled Creative Commons licensing.
Donate

Creative Commons is a non-profit organization.
We need your support to continue providing these tools.
Donate today!

Creative Commons on Facebook Creative Commons on Twitter Creative Commons on Identi.ca

 

Sobre la crisis y la economía de guerra. A propósito de un artículo retweeteado por Cristina Martín Jiménez, especialista en el Club Bilderberg

junio 17, 2014 § Deja un comentario


Sobre la crisis y la economía de guerra. A propósito de un artículo retweeteado por Cristina Martín Jiménez, especialista en el Club Bilderberg

Desde luego, en la realidad sociopolítica actual se presentan dos factores fundamentales relacionados con el punto que comenta la autora. El primero tiene que ver con la necesidad de proyectos de inversión serios y con objetivos a medio y largo plazo; comoquiera que las economías de los llamados países desarrollados se basan esencialmente en la especulación y en el corto plazo, este tipo de inversión para uso civil está desctarado por sus gobiernos, quienes lo consideran “no rentable”. Por ello, sólo una amenaza de un mal real no económico como una guerra es suficientemente fuerte como para desviar la atención de nuestros mediocres gobernantes hacia la necesidad de realizar inversiones en investigación, desarrollo e innovación del máximo nivel, puesto que en este caso el objetivo de manipular los precios cede ante el más urgente y menos evitable objetivo, no exento de costes políticos, de derrotar al enemigo o, al menos, de prevenir sus amenazas. No en vano, como recuerda el propio artículo posteado, grandes inventos de uso civil nacieron como invenciones militares (en este sentido, entre otros, Guérez Roig, en conversación). El segundo factor tiene que ver con el viejo argumento keynesiano también citado en el artículo, el cual, según cálculos de varios economistas actuales, como por ejemplo, los que realizara hace dos años el economista y Premio Nobel Paul Krugman, seguiría siendo válido en la actualidad. Así, y sin querer desmerecer la importancia de otros factores de carácter étnico, religioso, nacional o de cualquier otra índole -los cuales son promovidos o aprovechados muchas veces por Occidente-, los conflictos puntuales en diversas zonas del Tercer Mundo no son otra cosa que la trágica manifestación de la necesidad que tienen la economías idolátricas -como hace poco las definiera el papa refiriéndose a las economías del Primer Mundo-, de mantener el control sobre el precio de las materias primas. Ni el mundo ni la naturaleza humana han cambiado tanto como para que la causa común de la lucha contra el enemigo consiga superar las absurdas divisiones producto de un sistema económico injusto y que ya no parece poder sostenerse durante mucho tiempo, montando economías de emergencia que nos sacarían de la crisis en nueve meses, y destruyendo de esta manera, parafafraseando a Shakespeare, “el tejido del que están hecho los sueños”, que constituye la trama de la economía financiera actual, con sus derivados, sus estocásticos, sus análisis técnicos, sus intradías y toda esta marañana de vocablos pseudocientíficos, la cual, aunque parezca poesía, le es a tan extraña a la ciencia económica como lo es la propia persona.

Fdo. Pablo Guérez Tricarico, PhD

@pabloguerez

De nuevo sobre los “valores” sociales dominantes, el valor de la economía y el valor del dinero: los llamados “sabios” actuales y la perversión del lenguaje.

enero 22, 2014 § 3 comentarios


ImagenImagenImagen

不尙賢,
使民不爭。
不貴難得之貨,
使民不爲盜。
不見可欲,
使民心不亂。
是以聖人之治,
虛其心,
實其腹,
弱其志,
強其骨。
常使民無知無欲,
使夫智者不敢為也。
為無為,
則無不治。

 

No ensalzar los talentos
para que el pueblo no compita.
No estimar lo que es difícil de adquirir
para que el pueblo no se haga ladrón.
No mostrar lo codiciable
para que su corazón no se ofusque.
El sabio gobierna de modo que
vacía el corazón de deseos,
llena el vientre de alimentos,
debilita la ambición,
y fortalece hasta los huesos.
Así evita que el pueblo tenga codicia
y ambiciones,
para que los oportunistas
no busquen aventajarse de los otros.
Quien practica la no-acción,
todo lo gobierna

(Lao Tse, Tao Te King, Cap. III)

 

“Os explicaré qué es la sabiduría y cuál su origen, sin ocultaros ningún secreto, sino que la rastrearé desde su origen, explicando lo que se conoce de ella, sin pasar por alto la verdad. No haré camino con la envidia corrosiva, pues nada tiene que ver con la sabiduría. Abundancia de sabios salva el mundo, y un rey sensato da bienestar al pueblo. (…) La preferí a cetros y tronos, y a su lado en nada tuve la riqueza. No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena y junto a ella la plata es como el barro. La quise más que a la salud y a la belleza y la preferí a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, tiene en sus manos riquezas incontables. Disfruté de todos, porque la sabiduría los trae, aunque yo ignoraba que la sabiduría era su madre” (Del Libro de la Sabiduría, 6, 22-24 (…) 7, 8-32).

 

Tras el extenso “post” científico de hace un par de días, una simple noticia sobre el posible aumento del IVA presuntamente promovida por los llamados “sabios” asesores de Montoro me ha inducido a publicar esta entrada, más breve, a modo de reflexión en mi blog. La verdad es que el panorama social actual, dominado por el culto a la economía y al dinero, son cuestiones recurrentes en mi blog, especialmente en este “post” y en el inmediatamente anterior a él; tanto que estoy pensando en cambiarle ligeramente el título, sin renunciar a mi propósito fundamental que es el estudio y la crítica de los fenómenos de victimización; lo que ocurre es que, como intento argumentar en todas mis entradas, las principales víctimas lo son de un sistema económico y social que sencillamente no funciona, basado en la entronización del dinero y de valores que amenazan continuamente la verdadera humanidad de las personas. En la actualidad cultural más reciente, no ha pasado desapercibido para mí el estreno de la última película de Martin Scorsese, “El lobo de Walll Street”, donde el director parece querer retratar, aun exageradamente, una realidad social concreta, la de los personajes “triunfadores” en el mundo del dinero y de las finanzas -y por extensión, como intentaré argumentar a continuación, en todo el medio social-, por mucho que a algunos esta realidad nos pueda parecer o exagerada o insoportable.

Vivimos en una época en la que “La Economía” parece inundarlo todo: la economía en sentido amplio, no ya como ciencia económica, sino como discurso a veces hueco, sin ningún fundamento científico real, sino como manifestación de la preocupación por la producción y distribución de bienes y servicios y, sobre todo, como manifestación por la preocupación sobre la “creación de riqueza” (donde con esta expresión se quiere aludir normalmente a la creación de dinero), y su distribución. Esta economía omnipresente ha conseguido ya la hegemonía del pensamiento incluso al más alto nivel. El “pensamiento económico” parece capaz de explicarlo todo: la política, la psicología, el funcionamiento social, hasta la propia naturaleza humana y su biología, fagocitando a marchas forzadas otras formas de pensamiento típicas de la sociedad occidental, comenzando por el pensamiento filosófico, el pensamiento político, para intentar finalmente el asalto a uno de los pocos pensamientos respetados en Occidente, el pensamiento científico. De ahí, la “hegemonía cultural” del pensamiento económico se ha trasladado al discurso, y del discurso, a la praxis política y social de los distintos agentes que hoy por hoy detentan el poder mundial, o la apariencia del mismo. Parece que la Economía tiene que darnos respuestas para todo, incluido el Problema del Hombre. Según esta hipótesis, los problemas del hombre contemporáneo pueden y deben ser explicados fundamentalmente desde un discurso económico: surgen así el llamado “análisis económico del Derecho”, el “análisis económico de la política”, y, en definitiva, en análisis económico del comportamiento humano como análisis omnicomprensivo de su naturaleza y de las relaciones humanas. Incluso las relaciones interpersonales pueden  y deben ser interpretadas como manifestación del “homo oeconomicus”, explicable por modelos matemáticos infalibles y cuyos promotores se han arrogado incluso la competencia de poder determinar su superioridad incluso frente a modelos de comportamiento psicológicos y, por supuesto, frente a las respuestas de otras disciplinas, hoy por muchos consideradas “humanistas”, y por ello, sin el “rango” social como de las “disciplinas científicas”, como la mayoría de las denominadas ciencias sociales (sociología, antropología, psicología social, ciencias jurídicas), o de las respuestas tradicionales de la filosofía, relegada como mucho a análisis lógico al servicio de la economía, o de las religiones. En este panorama, no resulta extraño que se tilde de “sabios” a los que asesoran a los Gobiernos, normalmente en materia económica: desde los “sabios” del Ministerio de Hacienda español, hasta los “sabios” integrantes de comités variopintos en muchas prestigiosas instituciones a nivel supranacional o mundial, como los “sabios” asesores de las instituciones europeas o mundiales -ya sea del Consejo de la UE, de Banco Central Europeo, del FMI o del Banco Mundial-.

No es mi intención en este post realizar un desarrollo crítico de este panorama. Ello me tomaría demasiado tiempo y esfuerzo. Mi intención es solamente esbozar un reflexión compartida sobre las consecuencias a las que, en mi opinión, puede llevar y está llevando de hecho este planteamiento, comenzando por la perversión del lenguaje. La pregunta inicial podría plantearse en estos términos: ¿Quiénes son, realmente, dichos “sabios” que asesoran en materia de economía a los responsables -al menos formalmente- del gobierno económico del mundo? Pues son, en el mejor de los casos, personas expertas y muy bien formadas en ciencias económicas, es decir, en un sector muy determinado del conocimiento humano. Pero ya está. No son sabios, al menos en el sentido originario y real que entiendo que debe darse a dicha palabra. Fijémonos en el todavía “vigente” significado que se da al sustantivo “sabiduría” en la última edición del Diccionario de la RAE, de 2001: es cierto que la segunda acepción de término es la de “conducta prudente en la vida o en los negocios”; ello podría inducir a pensar que la aplicación del término “sabios” a las personas antes mencionadas es lingüísticamente correcta. Puede ser. Pero lo que yo critico no es su aplicación en abstracto, sino la exclusiva y desproporcionada aplicación del término a dichas personas, como si ellas tuvieran que dictar todas las reglas también en “la vida”. No se ha hecho el hombre para la economía, sino que la economía tiene que estar al servicio del hombre, o de la vida del hombre. Y es ahí, a mi juicio, donde entra en juego la verdadera sabiduría. Pues bien se puede ser “sabio” en los negocios y necio en la vida. Porque como bien dice Jesús en el Evangelio de Mateo, “¿en qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?” (algunas traducciones del original griego koiné traducen “si pierde su alma”) ¿O qué podrá dar para recobrarla? (Mt 16, 26). Y es así. Volviendo al Diccionario de la RAE, la primera acepción de la misma es “grado más alto del conocimiento”. Desde mi punto de vista, habría que retomar la vieja distinción entre “conocimiento” y “sabiduría”. Mientras el primero sería un saber sobre una parte de la realidad cognoscible por el ser humano, normalmente adquirido, según el ámbito sobre el que recae, por el estudio y la investigación a partir de observaciones anteriores, de acuerdo con métodos y lenguajes estandarizados, la segunda sería más bien un saber basado en la experiencia vital, adquirida por medio de vivencias, ya sea de manera directa o más o menos aislada, o a través de una persona a la que se considera “sabia” o guía en el proceso de aprendizaje. Este saber no sería necesariamente racional, sino que muchas veces podría llegar a ser profundamente irracional o no racional, pero que proporcionaría al sabio la satisfacción de necesidades inefables, pero realmente importantes, muchas veces alejados de las pautas sociales predominantes: por ejemplo, la “paz interior” o la “paz del corazón”. La pobreza –o mi pobreza del lenguaje, o de mi lenguaje, fruto del pensamiento racional occidental- es incapaz de captarla en su esencia. En ocasiones, la sabiduría ha estado profundamente enraizada con el pensamiento hermético y con el pensamiento religioso o místico. Me remito aquí al Tao Te King (o Tao Te Ching), con una de cuyas citas  encabezaba este post, cita de mi querido sabio –éste sí, con mayúsculas- Lao Tse, padre del taoísmo chino (¡hay que ver cómo ha acabado el sufrido pueblo chino, de sabiduría milenaria, fruto de sus corruptos líderes que todavía tienen la desvergüenza de llamarse “comunistas”!): “El Tao que puede llamarse Tao no es el verdadero Tao. El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre”. Otro corolario taoísta es: El que habla del Tao no sabe del Tao, el que sabe del Tao no habla del Tao. Siguiendo esta enseñanza no hablaré del Tao, ni del zen, ni del Budismo, apuntando solamente en la importancia de que mis lectores conozcan alguno de las ideas –que no conceptos- del pensamiento de la no dualidad propia de las filosofías o modos de pensamiento y religiones orientales, para acabar sorprendiéndose de que éstas no están tan alejadas del pensamiento cristiano originario, por cierto, nacido en Judea, Oriente Próximo, pero Oriente, al fin y al cabo, ni de algunos pensadores presocráticos nacidos en la Grecia preclásica, como Parménides o Heráclito, con su idea del panta rei: en este sentido, es importante la idea del 無為 (wei wu wei)de la no acción (o mejor, de la acción a través de la no acción), y de la no-dualidad. En un ámbito más “ecuménico”, llama la atención la transversalidad, en casi todas las religiones, de las ideas de desapego y de la no preocupación por el futuro, traducida en la idea de la confianza en la Providencia propia del Cristianismo que podemos ver en Mateo 6, 19-34, donde, después de hacer una feroz crítica a la servidumbre del dinero, Jesús nos invita a no comportarnos como los paganos (hoy podríamos decir, como el homo oeconomicus), y a  confiar en la Providencia. Mis lectores ya conocen este pasaje de anteriores entradas en el blog. Así, con mis mejores deseos de paz interior para todos, concluyo esta entrada.

Creative Commons License
De nuevo sobre los “valores” sociales dominantes, el valor de la economía y el valor del dinero: los llamados “sabios” actuales y la perversión del lenguaje. by Pablo Guérez, Phd, with the exception of the images, is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International License.
Permissions beyond the scope of this license may be available at Write to the autor at pablo.guerez@uam.es or pablo.guerez@gmail.com .

Legal descharging note: Depending of your jurisdiction, some images may be protected by copyright or other rights related to the protection of the intelectual property. As soon as I may receive a reclaim of property rights, I will remove the images from my site, even if this is against my moral principles regarding the actual international regulation of the institution of intelectual property. Pablo Guérez Tricarico, PhD.

 

THIS SITE SUPPORTS CREATIVE COMMONS MOVEMENT. VISIT CREATIVECOMMONS.ORG! AUTHORS MUST BE EARN WHAT IST JUST FROM THEIR PUBLICATIONS, BUT IN GENERAL CULTURE MUST BE FREE FROM CULTURE INDUSTRIES AND MEDIATORS AND OPEN TO THE PUBLIC! IT IS JUST MY OPINION. PABLO GUÉREZ TRICARICO, PHD.

  Este sitio colabora con creativecommons.org. Licencias de conocimiento compartido, dominio público y cultura libre.

¿WHERE IS THIS CAPITALIST SYSTEM LEADING US TO?

enero 20, 2014 § 1 comentario


No podéis servir a Dios y al Dinero (Mt 6, 24 in fine)

“La codicia, a falta de una palabra mejor, es buena; es necesaria y funciona. La codicia clarifica y capta la esencia del espíritu de evolución. La codicia en todas sus formas: la codicia de vivir, de saber, de amor, de dinero; es lo que ha marcado la vida de la humanidad…” (Gordon Gekko, en Wall Street, 1987, dir. de Oliver Stone, guión de Stanley Weiser y Oliver Stone)

 “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general” (Constitución Española de 1978, art. 128.1)

 

ritz mendigos

Estas imágenes retratan dos lugares distantes apenas unos doscientos metros entre sí, en un conocido distrito de la capital de España. Esto es una fotocomposición, pero ello no cambia el hecho de que, si nos damos una vuelta por la zona, es muy probable que lo que vean nuestros ojos en los respectivos lugares sea algo prácticamente idéntico a lo que han fotografiado las cámaras con las que se han realizado las respectivas imágenes. No comment. No es la distancia física la que separa, sino la otra.

1. DATOS

En el periódico digital eleconomista.net ha aparecido hace apenas unas dos horas, la siguiente noticia, relativa a un Informe de Intermón Oxfam España, y que reporto íntegra utilizado el derecho de cita. En el cuerpo de la noticia puede leerse lo siguiente: “Lunes, 20 de Enero del 2014 | Escrito por – DPA

La fortuna que suman las 20 personas más ricas de España iguala los ingresos del 20 por ciento de la población más pobre del país, según denunció hoy la ONG Oxfam Intermón en un informe que sitúa a España en segunda posición de desigualdades en Europa, solo por detrás de Letonia.El documento, que lleva por título “Gobernar para las élites”, se publica con motivo de la celebración del Foro Económico Mundial de Davos, que arranca el miércoles en la ciudad suiza y al que Oxfam manda un conjunto de recomendaciones para acabar con las desigualdades globales. Oxfam Intermón, la rama española de la confederación interancional Oxfam, cifra en 77,000 millones de euros la fortuna acumulada por los 20 españoles más ricos, más de lo que tiene el 20 por ciento de los más pobres.El informe acusa a la clase política de haberse “subyugado” a los poderes financieros y la responsabiliza de un crecimiento de la desigualdad durante la actual crisis económica.Antes de la crisis, el 20 por ciento de los españoles más ricos ganaba 5,3 veces más que el 20 por ciento de los más pobres. En 2011, la diferencia se amplió a 7.5 veces más.

“Si la tendencia continúa, para el año 2025, el 20 por ciento de los españoles más ricos podrían ganar de media 18 veces más que el 20 por ciento más pobre”, advirtió en la presentación del informe, en Barcelona, el director general de Oxfam Intermón, José María Vera.

Vera aseguró que las decisiones políticas en España “están secuestradas por las élites y los poderes económicos” y denunció que “las grandes empresas no pagan impuestos” en el país, sino que se llevan el dinero a paraísos fiscales.

“La crisis económica, financiera, política y social que padece España tiene buena parte de su origen precisamente en esas dinámicas perniciosas donde el interés público y los procesos democráticos han sido secuestrados por los intereses de una minoría”, en palabras del director general de Oxfam Intermón.

“Que no se haya hecho recaer el esfuerzo económico para encarar la crisis en quienes tienen más recursos, junto con la impunidad con que se ha tratado a los responsables de la debacle financiera, y la falta de una actuación clara y contundente contra una corrupción cuyas evidencias se multiplican día a día, inocula una tensión insoportable en la sociedad”, señala el informe”. Fin de la cita.

  Unas horas antes, la agencia EFE reportaba esta misma noticia de manera mucho más escueta.
  En la mañana del día 21 podemos leer más datos sobre el informe de Intermón-Ofxam, ya a nivel mundial. La perspectiva es escalofriante: el 1% de la población mundial detenta el 46% de la riqueza mundial. La tesis que someramente voy a intentar desarrollar muestra cómo la “mano invisible” del capitalismo -al menos el en estado de desarrollo en el que se encuentra ahora mismo-, lejos de lo que siempre ha sido defendido por el liberalismo económico, no distribuye los bienes de la manera más eficaz posible, ni siquiera en mercados remotamente parecidos a “economías de competencia perfecta”, sino que no hace otra cosa que alargar la brecha entre ricos y pobres, entre Norte y Sur.  Os dejo en enlace: http://t.noticias.es.msn.com/la-mitad-de-la-riqueza-mundial-esta-en-manos-del-1-percent-de-la-poblacion

2. ANÁLISIS

Aviso a navegantes: La lectura de las noticias referidas me ha inducido el siguiente post. Quisiera advertir a los lectores de que se trata de un texto técnico, sobre todo a partir de la segunda mitad del mismo, pues para tratar con un mínimo rigor científico esta cuestión he considero imprescindible acudir a fuentes especializadas del pensamiento económico y filosófico, todas ellas del máximo nivel. No obstante, para intentar mantener varios niveles de lectura, he optado por el modelo de citas al final, por cierto, siempre preferible por mí en “papers” o artículos cortos, propio de los países anglosajones. Aprovecho “by the way” este apunte -aunque ello constituya un “informante” innecesario, en el moderno lenguaje estructuralista de escritura, en relación con el propósito de este post, para criticar la proliferación innecesaria de citas de los textos académicos del mercado formal, y la “forma académica”, a veces decimonónica, a la que se ven sometidos muchos investigadores jóvenes, sobre todo en el ámbito de las Humanidades y de las llamadas ciencias sociales, si quieren ver publicados sus artículos en el mercado académico formal de la Europa continental.  Comienzo ahora el análisis.

¿Hasta cuándo vamos a soportar esta situación? ¿Cuándo nos daremos finalmente cuenta de la gran mentira sobre las “bondades” del sistema capitalista, el cual, en su lógica originaria, no es el mejor de los sistemas económicos inventados por el hombre, como expresaba recientemente un lector en un comentario en mi blog al post sobre la “sociedad líquida”, sino que es un sistema esencialmente injusto, pues acaba generando una gran cantidad de víctimas que son condenadas a la extrema pobreza y a la exclusión social a costa de mantener el bienestar de unos pocos? Al menos dicho lector ha tenido la valentía de expresar una opinión y de honrar con ello al blog, cosa que, sin embargo, no puedo decir de muchos de los que se declaran “críticos con el sistema” y cuya presencia en el blog está brillando por su ausencia. Será que no les interesan los temas. Pero a los lectores no hay que echarles nunca la culpa. Eso es un grave error, propio de las veleidades literarias de un aprendiz de escritor. Si no han escrito, habrá sido simplemente porque los temas que les propongo no les parecen interesantes, en el sentido de que no he sabido suscitar en ellos el interés suficiente como para inducir a una participación más activa. Dicho esto, conviene recordar que vivimos en un país en grave crisis, en el contexto de una crisis mundial socioeconómica y política pero, sobre todo, de una crisis de valores. En estos contextos “de emergencia”, se necesitan acciones positivas por quienes quieran liderar procesos de cambio o contribuir a ello. Aunque sea con la palabra. Aunque sea escribiendo algo en un humilde blog de cuarta categoría que este servidor lleva apenas un mes manteniendo y que, además, no está escrito en el lenguaje de la red.  Lo que está claro es que hay que hacer algo. El acomodamiento, que tanto me criticaba ese mismo lector, está claro que no es bueno. Y yo, en eso, le doy la razón, tanto en relación con el acomodamiento victimológico –que, tomado en serio, es realmente el equivalente funcional al sentirse bien en una situación de muerte civil, con todas las servidumbres que ello plantea-, como en general, para quienes realmente quieran sentirse, con derecho, “ciudadanos”. Sólo por eso, me gustaría alentar de nuevo a mis seguidores con la frase tan conocida de Burke, y en relación con el tema que nos ocupa ahora: el capitalismo y el aumento de las desigualdades, lo que produce un crecimiento insostenible de víctimas del sistema económico que son objeto de empobrecimiento, cuando no de exclusión directa del mercado de producción y consumo. Ello, como veremos en posteriores posts, constituye, además de un escándalo moral, un auténtico estigma social, que cronifica la situación de victimización de quienes, cada vez más, sufren en silencio este imparable aumento de las desigualdades sociales. Dijo Burke, en tiempos también oscuros, que “para que el mal triunfe sólo hace falta que los buenos no hagan nada”. Parafraseando a Burke, podríamos decir, sin temor a equivocarnos demasiado, que “para que el capitalismo triunfe, sólo hace falta que las personas críticas no hagamos nada”: y ¿qué supondría, al fin y al cabo, algo así como una “proclamación” del “triunfo” del Capitalismo en el mundo? Realmente, queridos lectores, no lo sé, pero creo que nada bueno. Me basta con ver a dónde nos está conduciendo su evolución no regulada: al aumento de las desigualdades, a la conflictividad social, a la destrucción de la clase media, que suele decirse que es la que “sostiene” un país, a la pérdida de derechos sociales, e incluso al reforzamiento de la violencia del Estado, relegado a mero instrumento de guardián del status quo de “los mercados”, los que de verdad gobiernan el mundo.

Se ha dicho muchas veces, y no sólo desde círculos ideológicos o políticos, sino pretendidamente “neutrales”, que el capitalismo ha sido el único sistema económico inventado por el hombre que ha funcionado y funciona, constituyendo el mejor modo de producción y distribución de la riqueza. Se dice que la experiencia histórica, sobre todo a partir de la caída del Muro de Berlín y de los regímenes socialistas, ha demostrado históricamente, según Fukuyama, que el capitalismo ha vencido y que se configura como el único modelo al que deben adaptarse todos los regímenes políticos, democráticos y no democráticos[1]. Pero cuando se dice eso lo que realmente se está diciendo es que son las poblaciones de dichos regímenes los que deben soportar el sistema. Y para mí hay aquí un postulado valorativo en el que no puedo ceder: como todas las instituciones, el sistema capitalista debe estar hecho para el hombre, y no al revés.

Como en la época actual la Filosofía parece estar poco de moda, los argumentos del viejo liberalismo económico de los siglos XVII y XVIII, mucho más cercano de lo que pensamos a corrientes modernas de liberalismo “social” o igualitario, como el representado por Rawls[2], esos mismos argumentos han sido pasados por el tamiz de la “cientificidad” primero de las “ciencias sociales” como la Economía, cuya veneración social actual sólo resulta explicable desde la desinformación deliberada que desde el Poder económico –el cual a veces ha instrumentalizado el poder político-, lo que ha producido que el conocimiento económico detente hoy por hoy un buen sector de la hegemonía cultural –en el sentido gramsciano de la expresión- de las sociedades modernas. Sin embargo, desde la propia ciencia económica, ya ha sido puesto de manifiesto cómo los modelos de análisis del comportamiento humano que postulan, por así decirlo, las teorías económicas ortodoxas –sobre todo, en el ámbito de la microeconomía-, parten de una concepción de lo que éstas denominan “actores económicos” o “sujetos”, demasiado burda, y, sobre todo, ajena a cualquier aproximación científica y honesta a la realidad socioantropológica del ser humano. En este sentido, caen en el mismo error reduccionista del primer conductismo radical, que intenta explicar toda la conducta humana a través de una reducción de los denostados “hechos psíquicos” de la psicología psicodinámica a mecanismo de premio/recompensa y castigo. En el ámbito de la economía, ya desde que las primeras teorías de juegos trasladaran al lenguaje matemático formal y económico las viejas “cuestiones trágicas” de la filosofía moral analítica, el modelo del llamado homo oeconomicus, cuyo comportamiento es explicable por un único fin que consiste en reducir los costes y aumentar los beneficios, resulta caricaturesco, además de incompleto[3]. Hoy por hoy, ya encontramos en el discurso económico diversos modelos comportamentales, ninguno de los cuales, en cuanto modelos, puede dar cuenta por sí mismo de las razones para la acción, ni siquiera desde el punto de vista estrictamente “económico”. Los desarrollos de la teoría de juegos nos han explicado cómo no cabe suponer la competición sin suponer al mismo tiempo la posibilidad de cooperación, y, donde encontramos “sujetos” regidos efectivamente por el principio del máximo beneficio -el cual, si compite en un ámbito con las variables adecuadas, puede obtenerse en ocasiones sólo de manera cooperativa-, encontramos también sujetos que responden a lógicas diferentes. Junto al clásico homo oeconomicus encontramos al nuevo homo reciprocans, el cual en ocasiones puede preferir perder si con ello son preservados objetivos y valores cuya protección sí que constituye la verdadera razón de su acción en el mercado económico. De manera menos abstracta, el modelo del homo reciprocans explica cómo alguien, en un sistema económico-social determinado, puede preferir aceptar ganar menos, si ello se ve compensado con el hecho de que los sueldos de las personas que más ganan en el sistema, haciendo un trabajo cualificado similar, no son desorbitados (¡y no digamos cuando se trata de los sueldos de políticos no cualificados para nada, salvo para la mentira profesional!). De una manera mucho más intuitiva, el homo reciprocans exige un trato igual por parte de los demás participantes en el juego económico, de modo que aquél no está dispuesto a aceptar, pudiendo incluso llegar a soportar ex ante la posibilidad de un perjuicio, que determinados actores busquen exclusivamente su lucro personal o, lo que es parecido, que el sistema dependa fundamentalmente de los que buscan exclusivamente su lucro personal.

Por si fuera poco, la ideología neoliberal se ha ocupado también de “teñirse” de “científica” –como ya le ocurriera al propio socialismo marxista en el siglo XIX-, ya desde bien hace cien años. Desde que aparecieron, como fruto del pensamiento neopositivista “científico”, las varias teorías del darwinismo social, hasta las más modernas teorías basadas en la genética, como la teoría de Dawkins, que en su obra “El gen egoísta”, entiende que el ser humano es egoísta y competitivo por naturaleza[4]. Sus datos, sin embargo, no son concluyentes, y son refutados por sus propios colegas partidarios de las “evolutionary ethics”[5]; si el hombre fuera (sólo) un ser competitivo, ¿de dónde surgirían el instinto de unión y de cooperación? Estos autores parecen sugerir que estos instintos han ido surgiendo en los primates, incluido el hombre, como mecanismos evolutivos capaces de otorgar una ventaja competitiva a los miembros de un determinado grupo de especímenes en la lucha por la supervivencia. Sin embargo… ¿es esto sólo lo que explica el comportamiento humano? ¿Y si así fuera, la socialización humana, tan extraña en comparación con el resto de los animales, incluidos la mayoría de los grandes simios, basada en el intercambio de información y en la cooperación, no tendría nada que decir en el propio proyecto evolutivo del ser humano? Son cuestiones que exceden en mucho del ámbito de un post de este tipo, incluso de un artículo científico, pero que considero necesario apuntar. Sin embargo, por dar algún tipo de respuesta a estas cuestiones que, cómo no, tienen que ver con la Cuestión, el Problema, podríamos decir que tanto el egoísmo como el altruismo son tendencias que están dentro de nosotros, en mayor o menor medida según los individuos. Y nosotros podemos elegir, dentro de unos márgenes más o menos grandes o más o menos pequeños, qué tipo de conductas haremos –si de tipo egoísta o de tipo altruista-, y qué tipo de sociedad, entre todos, querremos para el futuro, incluyendo un modelo económico que tienda al bienestar de todos.  

Volviendo al Capitalismo: ¿Qué podemos obtener de todas estas consideraciones? Lejos de considerar al sistema capitalista como un sistema justo y ecuánime, ¿qué podemos sacar de la experiencia histórica, y de datos contrastables, precisamente, después de la caída del Muro de Berlín, de los regímenes socialistas y de los “espejismos” burbujeantes mobiliarios e inmobiliarios de los años noventa y dos mil, primero en Japón, después en el Sudeste Asiático, luego en China y después en nuestra querida comunidad occidental transatlántica? Pues precisamente todo lo contrario a lo que algunos economistas ortodoxos y otros biólogos metidos a moralistas tratan de enseñarnos, rodeados de sus cohortes de aduladores políticos y mediáticos: que, una vez desaparecidas o anuladas las variables de contención de la evolución natural del sistema capitalista[6], éste se ha revelado como lo que esencialmente es, pues su lógica, basada en la obtención del máximo beneficio, es ajena a las necesidades reales de las personas[7]. Por ello, tarde o temprano acaba produciendo desigualdades cada vez mayores, hasta que las mismas se vuelven tan insoportables que desaparece la cohesión social. Entonces podemos decir que el sistema no funciona. De hecho, el país prototípico del sistema capitalista, los Estados Unidos, protagonizaron, tras la crisis financiera desatada en los mercados americanos y, por extensión, de todo el mundo, y provocada en buena medida por la mala gestión de Lehmann Brothers, un hecho realmente histórico: el mayor rescate a la banca nunca producido. El hecho fue de tal significación que varias voces conservadoras del país acusaron a los responsables del Tesoro y a varios miembros del Gobierno de entonces de “comunismo”. En Europa, ha habido ya demasiados rescates, parciales, totales, condicionales y no condicionales, sujetos más o menos a control o sin control alguno (como en el caso del rescate a la banca española). Así que, por mucho que se empeñen los que todavía defienden el capitalismo y no ven que el sistema está en crisis, y que la situación ya no puede consistir en volver a la situación anterior -pues la Historia no echa marcha atrás, y si lo hiciera acabaría repitiéndose en mismo escenario y la misma secuencia de burbuja-explosión-crisis-rescate-aumento de las desigualdades y recorte de derechos sociales y de libertades civiles-. Pero… ¿tendremos todavía la fuerza de decir que el capitalismo es una gran mentira de unos pocos para enriquecerse con el trabajo de unos muchos, y  que ha fracasado, y si es necesario de gritarlo a los cuatro vientos, cuando el sistema nos haya despojado hasta de nuestra propia voz? En una sociedad menos compleja que la nuestra, como la de la Alemania del siglo XIX, Karl Marx terminaba su famoso Manifiesto del Partido Comunista de esta manera: a los proletarios del mundo sólo les queda perder sus propias cadenas. Y sin embargo, tienen por ganar un mundo entero. ¡Proletarios del mundo, uníos! En la sociedad posmoderna y líquida de hoy, puede que incluso nuestras propias cadenas no sólo no nos pertenezcan, sino que nos hayan sido impuestas como necesidades artificiales por parte del sistema[8]. En un contexto así, ¿quién será capaz de rebelarse, si quiere seguir aspirando a tener lo que los economistas denominan bienes de propiedad no compartibles y no fungibles, en todo caso limitados? Para que funcione un nuevo sistema es preciso renunciar a muchas ideas sobre la propiedad y la riqueza, ideas que se han ido forjando a lo largo de casi dos mil años. Tal vez las nuevas formas de comunicación generadas en la red, la posibilidad de compartir y de reproducir la información, la nueva cibercultura del conocimiento compartido y la cooperación como instrumento fundamental de creación de riqueza sean las claves para generar un sistema económico más justo y equitativo en el futuro.


[1] Vid. “The End of History and the Last Man”, New York: Free Press, 1992. Recientemente, véase también el interesante libro, cumbre intelectual del ultraliberalismo, Poverty, Inequality, and Democracy, publicado junto a Larry Diamond and Marc Plattner (Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2012).

[2] La bibliografía de este John Rawls, uno de los máximos exponentes del llamado “liberalismo igualitario” del pensamiento norteamericano del siglo XX es ingente. Vid., por todas, su imprescindible A Theory of Justice. Cambridge, Massachusetts: Belknap Press of Harvard University Press, 1971. La edición fue profundamente revisada en 1999, sin alterar sus contenidos esenciales. La última edición española actualmente en catálogo del clásico es la publicada por el Fondo de Cultura Económica de España, S. L., John RAWLS, Teoría de la Justicia, 2006. Del mismo autor vid. también Political Liberalism, The John Dewey Essays in Philosophy, 4. New York: Columbia University Press, 1993. Justice as Fairness: A Restatement. Cambridge, Massachusetts: Belknap Press, 2001 (com. and ed. by Erin Kelly). También “Fairness to Goodnes”, in Philosophical Review (October 1975), n. 84 (4), pp. 536-554.

[3] En este sentido vid., por todos, ya John Forbes Nash. Entre sus principales publicaciones, referentes del máximo nivel en teoría de juegos, vid. NASH, JF (1950). “Equilibrium Points in N-person Games”. Proceedings of the National Academy of Sciences 36 (36): 48–9. doi:10.1073/pnas.36.1.48. PMC 1063129. PMID 16588946., MR 0031701. El mismo, “The Bargaining Problem”. Econometrica (18): 155–62. 1950.. MR 0035977. Nash, J. (1951). “Non-cooperative Games”. Annals of Mathematics 54 (54): 286–95. doi:10.2307/1969529. JSTOR 1969529.. “Two-person Cooperative Games”. Econometrica (21): 128–40. 1953., MR 0053471.

[4] Vid. Richard DAWKINS, The Selfish Gene, Oxford: Oxford University Press, 1976.

[5] La expresión “evolutionary ethics” (o ética de la evolución, evolución ética), ha sido objeto de un debate muy complejo, sobre todo el ámbito académico anglosajón, que ha involucrado biólogos, éticos y bioéticos de opiniones muy distintas sobre el tema. En el fondo, el problema proviene de la vieja discusión de la filosofía moral y de la teología sobre la compayibilidad del iusnaturalismo con el darwinismo, o las teorías evolutivas surgidas a partir del debate que en la comunidad científica suscitó la publicación de la obra cumbre de Dawin, El origen de las especies. El problema fundamental que se plantea en el ámbito de las “evolutionary ethics” es si cabe extraer –ya de una manera científica, y no metafísica- de la propia evolución natural la “generalogía” –utilizando la conocida expresión de Nietzsche- la naturaleza de la moral, en el sentido de una moral natural “inscrita en los genes” que pudiera, por ejemplo, seleccionar como más adaptativos, y por lo tanto “buenos” en el plano moral, algunos comportamientos cooperativos. Sobre la cuestión, para quien quiera investigar más en profundidad, vid., entre otros, DE WAAL, Frans (1996), Good Natured: The Origins of Right and Wrong in Humans and Other Animals. London: Harvard University Press. ISBN 0-674-35660-8. VV AA, Katz, L. (Ed.), Evolutionary Origins of Morality: Cross-Disciplinary Perspectives Imprint Academic, 2000, ISBN 0-907845-07-X; KITCHER, Philip (1995) “Four Ways of “Biologicizing” Ethics” in Elliott Sober (ed.) Conceptual Issues in Evolutionary Biology, The MIT Press; KITCHER, Philip (2005) “Biology and Ethics” in David Copp (ed.), The Oxford Handbook of Ethical Theory, Oxford University Press; Krebs, D. L. (2005), “An evolutionary reconceptualization of Kohlberg’s model of moral development”, in R. Burgess & K. MacDonald (Eds.) Evolutionary Perspectives on Human Development, (pp. 243–274) CA: Sage Publications. Texto completo accessible en: http://www.sfu.ca/psyc/faculty/krebs/publications/MacDonald.pdf; vid. también SHERMER, Michael (2004), The Science of Good and Evil: Why People Cheat, Gossip, Care, Share, and Follow the Golden Rule, New York: Henry Holt and Company. ISBN 0-8050-7520-8. Muy crítico respecto del planteamiento de una “evolutionary ethic”, en psicología, vid. TEEHAN, J. & DI CARLO, C. (2004), “On the Naturalistic Fallacy: A conceptual basis for evolutionary ethics”, Evolutionary Psychology, 2, pp. 32-46. Puede leerse el texto completo en http://www.epjournal.net/wp-content/uploads/ep023246.pdf. En sentido contrario, vid. WALTER, A. (2006), “The anti-naturalistic fallacy: Evolutionary moral psychology and the insistence of brute facts”, in Evolutionary Psychology, 4, pp. 33-48. También hay acceso en la web al texto completo en http://www.epjournal.net/wp-content/uploads/ep043348.pdf.

[6] Entre estas variables pueden citarse factores sociológicos o de moral social, políticos o geopolíticos; entre los primeros, cabe citar la influencia conformación de la identidad social de los Estados occidentales de los valores cristianos, típicamente de solidaridad y de ayuda hacia los desfavorecidos, así como de los valores humanistas y de los valores del primer liberalismo, en concreto, del valor de la igualdad,  y de la evolución de este valor en su relación con la “igualdad material” postulada por el pensamiento de izquierdas, desde el socialismo utópico hasta el pensamiento socialdemócrata, que han llevado históricamente a la incorporación de estos valores tanto a los textos normativos de mayor rango (las principales Constituciones democráticas), como a la propia configuración de la moral social. Entre los factores políticos o geopolíticos podemos destacar la gran influencia de los partidos de izquierdas –socialistas o comunistas- en la formación de los consensos constitucionales que dieron base a los llamados Estados sociales o Estados del bienestar, así como en contrapeso ideológico –sustentado por el poder político y militar de la Unión Soviética- que sirvió de contrapunto para que los sectores más ultraderechistas de los Estados Unidos –sobre todo a partir del macartismo-, no se hicieran con cotas de “hegemonía cultural” mayores, cediendo terreno ante el surgimiento, precisamente en los Estados Unidos, a “movimientos societarios”, cuyo perfil ideológico pudo abarcar asociaciones o movimientos de características muy distintas, desde los movimientos por los derechos civiles al auge académico del liberalismo igualitario y las experiencias de vida académica comunitaria, sobre todo en la Universidad de Berkeley de los años 60, el propio movimiento “hippie” y la “revolución feminista”, por poner sólo algunos ejemplos. Debería estudiarse más en profundidad –o por lo menos yo no conozco estudios específicos sobre la cuestión- la relación entre la influencia del pensamiento soviético relativa a no conceder a las cuestiones de sexualidad –salvo en el caso del aborto- un status de cuestión moral y el surgimiento paralelo en el tiempo de la llamada “revolución sexual y de la mujer” en los países occidentales, que podemos situar en las distintas democracias occidentales, entre mediados de los años 60 y finales de los 70, llegando a España ya con la democracia, a finales de los años 70, junto con el resto de revoluciones que en nuestro país todavía estaban –utilizando una terminología informática- “pendientes de actualización” (sic).

[7] En este sentido tenían razón tanto los socialistas utópicos como Owen o Fourier, como el propio Marx, en su análisis “científico” del desarrollo del capitalismo. Desde hace ya muchos años, siempre he comentado cómo el análisis que realiza Marx de la sociedad capitalista alemana de su tiempo, y el pronóstico de su desarrollo, resultan ser alarmantemente mucho más atinados para el análisis del tiempo presente, que de la época en la que Marx escribió, en la que el capitalismo todavía se encontraba en una fase relativamente primitiva. Y mucho más primitiva era la sociedad económica en la que se desarrolló, por influencia del bolchevismo, el socialismo real, la sociedad rusa de comienzos del siglo XX. En dicha sociedad, la importación del modelo de producción pronosticado por Marx sólo podía ser un trágico “experimento social”, acompañado de la violencia típica de todas las Revoluciones y del sistema de represión instaurado como consecuencia de las mismas. En la Rusia soviética se vivió siempre en la primera parte de la “fase socialista”, sin poder alcanzarse nunca –pues ello nunca podría provenir de las armas- el pretendido y “profetizado” por Marx “paraíso comunista”, que habría de conducir a la extinción misma del Estado. Por otra parte, siguiendo a CHIARA, la falta de teoría de Estado y la obligada posición y roles geopolíticos que la nueva URSS habría de adquirir, siquiera para su defensa, en el escenario de la segunda posguerra mundial y de la Guerra Fría, junto a otros factores que no es posible desarrollar aquí, habrían precipitado la caída de la URSS, y, con ella, a la manera de un “efecto dominó”, la caída de los demás regímenes socialistas. Pero, a la vez, la “onda expansiva” de la caída de la segunda superpotencia mundial habría afectado también a los presupuestos de las socialdemocracias occidentales, incluidas las nórdicas, tanto por factores ideológicos relativos al papel del Estado en la economía, como por factores geoestratégicos relacionados con el mantenimiento de las necesarias alianzas con la única superpotencia mundial.

[8] Sobre este tipo de ideas, desde aquí sólo puedo aconsejar, sin que este post se me “desmande” demasiado, por todas, la obra de MARCUSE, Herbert, Der eindimensionale Mensch: Suhrkamp, Frankfurt am Main 1967, pp. 1 ss. Hay traducción al español por Ariel, 2ª ed. de 1994, con el título de El hombre unidimensional. Desde la primera página el autor trata de mostrarnos cómo la sociedad actual es capaz de satisfacer todas las necesidades básicas de toda la población mundial, debido a la tecnología ya entonces existente, pero una de las ideas que lo impide, es para el autor, además de la acumulación y de los mecanismos de poder, la creación de necesidades artificiales sutilmente diseñadas precisamente en las democracias para que no todos gocen de los mismos bienes que creen necesitar. Este procedimiento convierte a los modernos Estados democráticos, para el autor, en auténticas dictaduras, pero mitigadas, sigilosas y, por ello, tal vez más peligrosas. Lectura recomendada, para nada pasada de moda, como tantas otras que marcaron –al menos parte de- una generación, y han sido relegadas al olvido tanto académico como literario y crítico.

Licencia de Creative Commons
¿WHERE IS THIS CAPITALISTIC SYSTEM LEADING US TO? by Pablo Guérez Tricarico, PhD, with the exception of Chapter “1. Datos”, and the images, is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License. Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en consultar al autor.

Legal descharging note: Depending of your jurisdiction, some images may be protected by copyright or other rights related to the protection of the intelectual property. As soon as I may receive a reclaim of property rights, I will remove the images from my site, even if this is against my moral principles regarding the actual international regulation of the institution of intelectual property. Pablo Guérez Tricarico, PhD.

 

THIS SITE SUPPORTS CREATIVE COMMONS MOVEMENT. VISIT CREATIVECOMMONS.ORG! AUTHORS MUST BE EARN WHAT IST JUST FROM THEIR PUBLICATIONS, BUT IN GENERAL CULTURE MUST BE FREE FROM CULTURE INDUSTRIES AND MEDIATORS AND OPEN TO THE PUBLIC! IT IS JUST MY OPINION. PABLO GUÉREZ TRICARICO, PHD.

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando las entradas etiquetadas con crisis en Victimología social, "blaming the victim", teoría social, religión, Derecho y crítica legislativa.

A %d blogueros les gusta esto: