Las migajas de la “ley de segunda oportunidad”. Una oportunidad histórica desaprovechada.

marzo 2, 2015 § 3 comentarios


A mis padres

Un deudor carga con su cruz.

Un deudor carga con su cruz.

“(…) perdona nuestras deudas, así como nosotros también perdonamos a nuestros deudores (Mt 6, 12)

(…) también los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos (Mt 15, 27)

“Entonces se acercó Pedro y le preguntó: -Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces? Le contestó Jesús: -No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.” (Mt 18, 22)

“(…) el reino de los cielos se parece a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda. Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo. Compadecido de aquel siervo, el rey lo dejó ir,  perdonándole toda la deuda.” (Mt 18, 23-27)

“La Ley se entrometió para que abundara el delito; pero pero donde proliferó el delito, sobreabundó la gracia” (Rom 5, 20)

“SHYLOCK: Esta es mi bondad. Vayamos a un notario, y poned vuestro aval a un pagaré sencillo; y, por hacer un chiste, si no me devolvéis en el día preciso y en el lugar preciso la suma o las sumas estipuladas, el desquite ha de ser una libre exacta de vuestra carne blanca, que podrá ser cortada de la parte del cuerpo que me plazca” (William Shakespeare, El Mercader de Venecia, Acto I, Escena III) Dedicado a los neoliberales, a las entidades usureras ilegales “toleradas” por el Derecho realmente aplicado, a los bancos y a los jueces que inaplican el poco Derecho vigente a favor de los pobres)

“Quien está en posición superior se siente muy satisfecho con la situación y tiene inicialmente muy poco incentivo para hacer algo diferente a usar su posición dominante para lograr sus metas, pero no debería estarlo (…)”  (Dr. Sergio Ramírez Arango, Politic Economy PhD by Harvard University, INCAE Business School, La negociación desigual: EDAF, Madrid/México/Buenos Aires/Santiago/Miami: 2008, p. 87) 

 

Entre las medidas legislativas anti-crisis de la agenda preelectoralista del Gobierno del Partido Popular, hace dos días ha sido publicado en el BOE, después de su anuncio a bombo y platillo en el Consejo de Ministros del pasado viernes 27 de febrero, el Real Decreto-Ley 1/2015, de 27 de febrero, de mecanismo de segunda oportunidad, reducción de carga financiera y otras medidas de orden social (BOE 28/2/2015). En términos electorales, se trata sin duda de una estrategia para recuperar votos indecisos de la clase media empobrecida pertenecientes al igual de amorfo como indeterminado grupo de potenciales votantes que podríamos denominar “centro sociológico”.

El texto requiere todavía una lectura sosegada por mi parte, sobre todo en los aspectos más técnico-jurídicos. Para empezar, no cabe duda de que supone un avance sobre lo que ya teníamos, pues desde luego, es mejor que nada, y venía reclamado, además de por la justicia material y movimientos tan denostados por la clase política de nuestro país como el 15-M y por formaciones políticas de izquierdas, por insignes mercantilistas, como el Prof. Jesús Alfaro, para nada sospechosos de marxista-leninistas, así como por el Derecho comparado de muchos países occidentales, algunos más capitalistas del nuestro, como los Estados Unidos. Y, como sorpresa, en la Exposición de Motivos del Real Decreto-Ley se nos dan referencias de la extraordinaria sensatez de nuestro propio legislador histórico, citando normas de “segunda oportunidad” para los deudores ya previstas en las Partidas, en un momento histórico en el cual el legislador burgués no había sucumbido a la exaltación de la “defensa y promoción a ultranza del tráfico jurídico” (léase: mayor facilidad económica para los negocios entre la burguesía caciquil española, prácticamente la única existente a finales del siglo XIX).

No obstante, mi valoración general del Real Decreto-Ley es que éste, aun representando un avance, al menos formal, sobre el panorama legislativo de protección del deudor, constituye un texto que otorga una protección insuficiente, cuando no meramente simbólica, a los deudores de carne y hueso. El avance, de este modo, existe, pero no es suficiente. El texto –sobre todo su Exposición de Motivos-, tiene ciertos tintes de aire fresco, pero en no pocas ocasiones las medidas contempladas en el articulado suponen un avance sustancial sobre la situación actual y, quizá lo más importante, tampoco contribuyan a desterrar malas prácticas judiciales o extrajudiciales en las que la equidad es sacrificada, con la complicidad de abogados caros, abogados del Estado y abogados fiscales, administradores concursales y tribunales arbitrales sin sensibilidad social y demasiado dependientes de los intereses de las entidades financieras, y jueces positivistas ideológicos, por dar un panorama que englobe la totalidad de la problemática concursal y de los operadores jurídicos que en ella intervienen, desde procesos civiles monitorios hipertrofiados hasta procesos penales de dudosa legitimidad político-criminal.

Decía antes que el Real Decreto-Ley supone cierto avance, un soplo de aire fresco. Sin embargo, no todo son buenas noticias. No olvidemos que se trata de un texto promulgado por un Gobierno de derechas, en año electoral, próximo -por decir algo- al franquismo sociológico, y que dice aceptar, por no decir adorar, al sistema económico capitalista, el cual -y esto es ya opinión muy personal- yo estoy convencido que es radicalmente injusto.

Las principales críticas de la insuficiencia del Real Decreto-Ley pueden ser resumidas, a grandes rasgos, por las siguientes consideraciones. Quisiera ahora advertir al lector que al hacerlas, me muevo ya desde un paradigma anticapitalista, lo cual tampoco significa que lo haga desde postulados marxistas, sino más bien desde mi convicción de que es necesario un sistema económico nuevo que tenga en cuenta varias tradiciones de filosofía moral y política, como el liberalismo anglosajón igualitario de Rawls, el pensamiento liberal anglonorteamericano, la socialdemocracia nórdica, el pensamiento político de la Escuela de Frankfurt, el humanismo cristiano más crítico o la ecología política, además de las aportaciones de otras disciplinas auxiliares de la teoría política como la sociología, la economía, la psicología científica y, por qué no, las neurociencias, con sus aportes de “ingeniería social” de lo que tradicionalmente se ha destinado a trazar, a mi juicio demasiado a la ligera, de creación de escenarios distópicos.

Por supuesto, se trata de críticas políticas o, si se quiere, “ideológicas”, que no se limitan propiamente al punto de vista interno del jurista. De momento, dejaré de lado las críticas más evidentes, que tienen que ver con la gran cantidad de concesiones que debe cumplir el deudor hipotecario a la hora de que instrumentos de restructuración o liberación de la deuda, como la dación en pago, puedan ser operativos, de acuerdo con el art. 2 del Real Decreto-Ley, de Modificación del Real Decreto-ley 6/2012, de 9 de marzo, de medidas urgentes de protección de deudores hipotecarios sin recursos. Por su parte, merece sin embargo una valoración positiva la reducción del plazo general de prescripción de las deudas civiles a 5 años, en lugar de los 15 actuales, aunque, dada la notoria insistencia con la que las entidades financieras bancarias y no bancarias acostumbran a reclamar sus deudas, en consideración a las exigencias del Estado social lo más equitativo habría sido configurar dicho plazo como un plazo de caducidad.

En primer lugar, llama la atención de que sólo el deudor “in bonis”, equivalente en este caso a aquél que haya sido declarado en un proceso de concurso de persona física como “no culpable”, pueda acogerse al beneficio denominado “beneficio de la exoneración del pasivo insatisfecho” (art. 178 bis de la Ley 22/2003, de 9 julio, Concursal, en su redacción dada por el art. 1.Primero.Dos del Real Decreto de segunda oportunidad). Y llama la atención porque, al margen de que dicha exclusión pueda equipararse a los estándares de las leyes de segunda oportunidad de otros países occidentales, no es tenida en cuenta suficientemente la enorme asimetría existente entre la persona jurídica, que puede quebrar de manera absolutamente culpable y fraudulenta, pero que en definitiva no sufre, y los responsables de la quiebra -aclaro que el término lo empleo aquí no en sentido legal positivo, sino amplio- pueden literalmente irse de rositas tras haber defraudado su sociedad cantidades inimaginables para el ciudadano de a pie. Sin embargo, en el concurso de persona física esto no pasa. Y, si bien el Real Decreto-Ley de segunda oportunidad prevé la restructuración y finalmente la liberación de la deuda de la “persona natural” (sic; cada vez me gusta menos la equiparación persona física – persona jurídica), la hace pasar por un complejo procedimiento de victimización secundaria constituido por el propio proceso concursal, la lidia con los convenios extrajudiciales de renegociación con acreedores directamente usureros, y todas las triquiñuelas que le quitan el sueño a cualquier persona, buena o mala, incluidas tercerías de mejor dominio, amenazas de los acreedores, cuyos asesores legales suelen estar mejor preparados que la pobre defensa de oficio del deudor, y un sinvivir legal que se añade al económico y psicológico. Todo ello, en el caso de la persona jurídica, por no sentir ni padecer, sencillamente no existe.

Ya entrando en argumentos estrictamente jurídicos a partir de un Derecho privado demasiado poco compatible con el “Estado social y democrático de Derecho” y con la Constitución económica, tampoco parece prudente la limitación de la exoneración de la deuda al deudor “no culpable”, aunque sólo sea apelando vagamente a la equidad. No existe en nuestro ordenamiento un deber general de llevar contabilidad para los particulares no comerciantes -la única notable excepción se da, para determinados contrayentes personas físicas, en el ámbito tributario-, ni obligaciones más estrictas en este sentido para los que sí lo son, que sí pueden existir en otros países de nuestro entorno, como en Alemania, que prevé un modelo de responsabilidad de la persona física y jurídica mucho más estricto que el nuestro, en relación con la regulación de la insolvencia, incluida la penal. Por el contrario, en nuestro país, para la persona no comerciante, el único estándar jurídicamente válido, pero inmensamente vago y que debe ser interpretado, además de con los criterios de interpretación del art. 33 del Código Civil y, especialmente, “de acuerdo con la realidad de las normas del tiempo en que éstas han de ser aplicadas”, de conformidad con los principios rectores de la política económica y social establecidos en nuestra Constitución, es el de “buen padre de familia”. En un momento en el que los padres de familia cedieron ante la ilusión de burbujas mobiliarias e inmobiliarias que les estaban vendiendo entidades bancarias con mucho mayor conocimiento que ellos, la mera alegación de la negociación desigual entre la conducta de solicitud de un préstamo por parte de un “padre de familia” o de cualquier ciudadano con una entidad bancaria que practica la usura tolerada debería conducir, por una parte, a la protección del ciudadano frente a los intereses de la banca, de acuerdo con la Ley 3/2014, de 27 de marzo, por la que se modifica el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras leyes complementarias, aprobado por el Real Decreto Legislativo 1/2007, de 16 de noviembre, o la Ley de 7/1998, de 13 de abril, de Condiciones Generales de la Contratación, y legislación concordante, incluida la comunitaria. Este panorama legislativo, al que podríamos sumar, entre otras, la Ley de Usura de 1908, conocida como “Ley Azcárate”, debería bastar para impetrar la protección de la persona que se sitúa en una situación de asimetría notable en la negociación jurídica, es decir, la persona física, sin necesidad de Leyes de segunda oportunidad. El “deudor in bonis” de verdad debería poder exonerarse mucho más de sus deudas conforme al ordenamiento jurídico español vigente, al menos, si no ha caído en la desgracia de toparse con la Ley Hipotecaria, duramente criticada por reconocidos juristas europeos y probablemente contraria a varias disposiciones de Derecho comunitario derivado. Por otra parte, ante las conductas abusivas de concesión de créditos a la ligera que se generalizaron el país durante los años anteriores a la crisis, podría alegarse la ruptura del nexo de imputación objetiva que, según reputada doctrina y jurisprudencia, es aplicable también al ámbito de la responsabilidad civil: en concreto, el ciudadano se habría comportado siempre dentro de su “rol” exigido por el estándar de “buen padre de familia” y por la libertad de disposición de sus bienes consagrados en el decimonónico Código Civil, siempre y cuando pudiera fundamentarse un criterio de imputación al ámbito de responsabilidad de la víctima -en este caso, la entidad bancaria-, de acuerdo con el principio de autorresponsabilidad, cuando no se hubieran llevado a cabo operaciones de comprobación de la solvencia del solicitante, o bien éstas, rigurosamente reguladas, hubiesen resultado manifiestamente insuficientes. Otro criterio que podría excluir el nexo de imputación de responsabilidad civil en favor del deudor podría fundamentarse precisamente en la asimetría de la negociación desigual, para la que podrían alegarse los artículos pertinentes de la legislación de protección de los consumidores anteriormente citada.

En definitiva, traigo todo esto a colación para señalar que el deudor in bonis debería poder hallar mecanismos más sencillos de liberación de su deuda que los previstos por el Real Decreto-Ley comentado. Con ello, el legislador ha desaprovechado una oportunidad histórica para hacer políticas realmente sociales y redistributivas a través de los mecanismos que puede brindarle una concepción de un Derecho privado más “compasivo”. Y es que, en puridad, las segundas oportunidades se ofrecen a las personas que cometen errores y, por qué no, también para las personas “culpables”. Culpables de haber hecho un mal negocio, de no haber previsto todas las variables económicas que podrían determinar en el futuro un mayor riesgo de devolución de la deuda y una posición de preinsolvencia, de no haber presupuestado ingresos y gastos de la manera que podría hacerlo un contable profesional.

Concluyo con una reflexión general, que tiene que ver con la educación.

Yo no sé si debería estudiarse contabilidad en las escuelas a la manera que propone el Ministro Wert. Lo que sí sé es que -al margen de que las propuestas del Ministro van mucho más allá del estudio de una mera contabilidad, pues incluyen consejos para “inversionistas” (a mi entender, léase “especuladores”, incluso sobre materias primas)- es que el coste, en términos humanos, de imprimir demasiado temprano a los chavales una ideología economicista excluyente que descuide el estudio y la interiorización de valores de otras dimensiones del ser humano no estrictamente económicas -incluida la dimensión de otras formas de hacer economía-, es demasiado elevado en términos de formación integral y humana.

 

Lecturas recomendadas (en castellano):

– San Mateo, Evangelio de Mateo, especialmente Capts. 5, 6, 15, 18, ca. 90 d. C.

– William Shakespeare, El mercader de Venecia (The Merchant of Venice), 1598.

– VV AA, Pensamiento crítico versus pensamiento únicoLe Monde diplomatique, edición española (L-Press), Ed. Debate. Madrid: 1998

– Viviane Forrester, Una extraña dictadura, Ed. Anagrama, Barcelona: 2001.

– Rodríguez Arango, Julio, La negociación desigual,  INCAE Business School, La negociación desigual. EDAF, Madrid/México/Buenos Aires/Santiago/Miami: 2008

http://derechomercantilespana.blogspot.com.es/2015/02/volver-empezar-liberar-de-sus-deudas-al.html#more

http://pabloguerez.com/2015/01/29/httpderechomercantilespana-blogspot-com-es201501la-mejor-forma-de-redistribuir-renta-html-comentarios-desde-la-justicia-social-o-si-se-quiere-desde-una-izquierda-razonable/

RD-Ley de segunda oportunidad

 

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid y del Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”

Acreditado para Plazas de Profesorado universitario permanente por la Agencia de Calidad, Acreditación y Prospectiva de la Comunidad de Madrid (ACAP)

Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la UAM (ICFS-UAM)

Colegiado ICAM 97901

Desempleado y demandante de empleo inscrito en el Servicio Público de Empleo de la Comunidad de Madrid desde el 28/7/2011. Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado. Calle Einstein, no. 1, 28049 Madrid.

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Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

Ex Professor of Criminal Law of the Autonomous University of Madrid and of the Universitary School “Cardenal Cisneros”

Tenured as Professor of Criminal Law received by the Quality, Accreditation and Prospective Agency of the Region Madrid

Member of the Institute of Forensic Sciences and Security of the Autonomous University of Madrid (ICFS-UAM)

Referee of hon. Attorneys Council of Madrid n. 97901

Unemployed and seeking employment registered on the Public Employment Service of the Region Madrid since 28/7/2011. Reason: Autonomous University of Madrid, Rector. Einstein Street, n. 1, 28049 Madrid.

 

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La propiedad intelectual e industrial deben ser rediseñadas para que aprovechen a sus autores y a la comunidad, reduciendo el poder de los intermediarios. Al mismo tiempo, a título personal, considero, al más puro estilo Proudhon, que estas formas de propiedad -como todas las formas de propiedad privada-, tal y como se dan en el sistema económico capitalista actual, son, al menos en parte, un robo. En este sentido, la propiedad debe servir para aprovechar al ciudadano particular, pero también a la comunidad, cuyo conocimiento acumulado a través del trabajo colectivo ha inspirado la obra del autor.

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El Derecho concursal y los pobres. Comentarios al artículo del Catedrático de Derecho Mercantil Dr. Jesús Alfaro desde la justicia social o, si se quiere, desde una Izquierda razonable

enero 29, 2015 § 1 comentario


 

http://derechomercantilespana.blogspot.com.es/2015/01/la-mejor-forma-de-redistribuir-renta.htm

 

“SHYLOCK: Esta es mi bondad. Vayamos a un notario, y poned vuestro aval a un pagaré sencillo; y, por hacer un chiste, si no me devolvéis en el día preciso y en el lugar preciso la suma o las sumas estipuladas, el desquite ha de ser una libre exacta de vuestra carne blanca, que podrá ser cortada de la parte del cuerpo que me plazca” (William Shakespeare, El Mercader de Venecia) Dedicado a los neoliberales, a las entidades usureras ilegales “toleradas” por el Derecho realmente aplicado, a los bancos y a los jueces que inaplican el poco Derecho vigente a favor de los pobres)

 

Lo que siempre he pensado y discutido con mis queridos colegas Profesores de la Universidad Autónoma de Madrid de Derecho Procesal, especialistas en Derecho concursal: es necesario un Derecho concursal “de rostro humano”, reflejo, si se quiere, de un “conservadurismo compasivo”. Desde la aprobación de la Ley Concursal, que simplificó y facilitó bastante los trámites a favor de los acreedores de las sociedades mercantiles, pero admitió el concurso de persona física, que continúa respondiendo, conforme al artículo 1911 del Código Civil, “con todos sus bienes, presentes y futuros”, sostuve que era necesaria una reforma que contemplase la posibilidad de “salvación” del deudor persona física “in bonis”, a través de una regulación de “second step” o de “segunda oportunidad” que le permitiera rehacer su vida.

Ello vendría exigido no sólo por un sentimiento de mínima justicia social, requerida por el Estado social y democrático de Derecho y redistribuidor (arts. 1 y 128 de la Constitución Española, hoy en gran parte, a mi juicio, “derogados” materialmente por el Derecho tanto originario como derivado de la Unión Europea, desde la aprobación del Tratado de la Maastricht el 7 de febrero de 1992, reflejo de políticas neoliberales), sino también por la extraordinaria asimetría entre la posición jurídica y económica, claramente dominante, que ejercen muchas sociedades oligopólicas, manifestada por el manejo de patrimonios cuya cuantía resulta prácticamente inimaginable para el ciudadano común, el abuso en las cláusulas generales de la contratación y en la legalización sin más de la usura; en este punto, considere el lector que tenemos en España empresas de créditos rápidos -si bien de escasa cuantía-, con un interés del orden de hasta el 8.000 % TAE, así como entidades bancarias y de crédito filiales de la “banca tradicional” con créditos al consumo o créditos vinculados a tarjetas de crédito para particulares de tipo “revolving”, que llevan aparejados un interés del orden de hasta el 28% TAE. Este dislate económico, “tolerado” legislativamente, contrasta claramente no sólo con legislación positiva que quiere entenderse derogada “de facto” por “los mercados” -como por ejemplo, la Ley de Usura de 1908, o “Ley Azcárate”, que declara nulos cualesquiera préstamos que lleven aparejados un interés notablemente superior al del mercado, Ley a la que algunos Juzgados de Primera Instancia han comenzado a prestar atención-, sino con nuestra propia Constitución económica. Frente a esta situación, urge una regulación para reconocer el “derecho a la segunda oportunidad” del “quebrado” persona física: él es, en definitiva, y por mucho que les pueda pesar a los defensores, mayoritarios, de las pretendidas bondades para el “tráfico jurídico” de la gran ficción histórica de “persona jurídica”, tráfico que no es otro que el que se deriva del sistema de préstamo y consumo de un sistema capitalista hoy ya muy cuestionado por prestigiosos economistas, como Amartya Sen, Krugman, Piketty, Stiglitz, Riekin y muchos otros, incluso en su raíz, la única persona -si nos creemos el positivismo incluyente constitucional-, que tiene dignidad y que tiene, a mi juicio, verdadero interés ético, jurídico y político, a la cual está ordenada la construcción de la persona jurídica: es decir, aunque suene a populista, la persona de carne y hueso, la que sufre, la que tiene hijos que alimentar y la que tiene derecho a realizar sus planes de vida por encima de los condicionantes del “mercado”, su actual dueño y señor. Desde el punto de vista constitucional, la dignidad de la persona (física, se entiende) no es sólo un derecho fundamental brumoso y un principio de máximo nivel del ordenamiento jurídico (¡por encima de la propiedad privada, sí, señores, entérense, la cual la Constitución no sólo limita internamente, con la mención específica de que su función social delimitará su contenido, a tenor de lo dispuesto en el artículo 33 de nuestro máximo texto constitucional, sino que este mismo artículo NO se encuentra ubicado en la Sección 1ª del Capítulo II de su Título I, arts. 14 a 29, que recoge los derechos fundamentales y libertades públicas de los ciudadanos), sino que, además de esta dimensión privada, reviste una dimensión pública de innegable importancia, en cuanto es, recordémoslo una vez más, “fundamento del orden político y de la paz social” (art. 10.1 de la Constitución Española).

Desde un punto de vista conservador, mi colega el Dr. Alfaro muestra cómo países con mayor “espíritu comercial”, en los que más ha cuajado el “espíritu del capitalismo”, como los propios Estados Unidos de América, tienen legislaciones más benéficas que la nuestra en materia de concurso de persona física, que permiten al deudor “in bonis” renegociar su deuda privada. Algo que vendría muy bien en España, también como política de saneamiento económico “bueno”, y que podría contribuir a conseguir logros de política económica general que permitieran por fin una salida honrada de esta asburda crisis provocada por el abuso del crédito en un sistema económico injusto. No olvidemos que gran parte de la deuda del país es deuda privada, y deuda de las familias. Y si bien aisladamente (per capitat) no representa mucha cantidad, de manera agregada supone un lastre para la recuperación económica, a nivel “macro”, que es el que empieza a importar a “los mercados”, los cuales son los verdaderos legisladores en una democracia secuestrada como la nuestra. Afortunadamente, no todo está perdido. Si bien en un contexto globalizado dominado por el pensamiento ultraliberal único poco puede hacerse desde los Gobiernos nacionales, propuestas sensatas de renegociación de la deuda deberán ser aceptadas por los mercados y por las instituciones financieras reguladoras mundiales si éstos no están dispuestos a permitir que paguemos un precio demasiado alto en términos de cohesión social, y que no conduciría a nada bueno. Grecia, con el nuevo Gobierno de Syriza, ya se ha puesto a trabajar en ese sentido. Veremos si a los ciudadanos “de a pie”, los “deudores in bonis”, en definitiva, los que componemos “el pueblo” del que tan cacareadamente emana la soberanía y los propios poderes de los Estados constitucionales, aun en este tiempo posmoderno, podremos seguir defendiendo nuestros derechos o seremos acallados por nuevas “Leyes mordaza” que lleguen a suprimir hasta la propia “libertad de expresión”: ¿en nombre de la seguridad nacional, de la necesidad de defenderse de los fanáticos islamistas, de Occidente, de nuestros valores? No, señores: en nombre de los mercados.

 

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

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La propiedad intelectual e industrial deben ser rediseñadas para que aprovechen a sus autores y a la comunidad, reduciendo el poder de los intermediarios. Al mismo tiempo, a título personal, considero, al más puro estilo Proudhon, que estas formas de propiedad -como todas las formas de propiedad privada-, tal y como se dan en el sistema económico capitalista actual, son, al menos en parte, un robo. En este sentido, la propiedad debe servir para aprovechar al ciudadano particular, pero también a la comunidad, cuyo conocimiento acumulado a través del trabajo colectivo ha inspirado la obra del autor.

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TREINTA MONEDAS. Carta abierta a S.E.R. Ignacio Ducasse, Presidente de la Conferencia Episcopal Chilena.

junio 23, 2014 § Deja un comentario


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Acogiéndome al derecho de cita, para mayor conocimiento de mis lectores, he considerado interesante postear abajo las declaraciones de Monseñor Ignacio Ducasse, Presidente de la Conferencia Espiscopal de la República de Chile, en formato similar al que me fue retwitteado a mi cuenta particular de Twitter hace unos días. No en vano he escogido estas declaraciones por proceder de una persona que vive en un país cuyo pensamiento económico se fundó durante muchos años en las corrientes doctrinarias más ultraliberales e incluso antidemocrácticas de la Escuela de Chicago, perfectamente compatibles con una dictadura como fuera la chilena, o las actuales dictaduras del competitivo Sudeste asiático. En ellas se aborda la espinosa cuestión del valor o el precio de las personas, en relación con el mercado del fútbol. Más bien sobre el precio, porque, como bien dijera Antonio Machado, “todo necio confunde valor y precio”. Mi intención con esta Carta, a la que puede que le sigan más desarrollos, es ir mucho más allá, y expresar mi opinión sobre la diabólica inversión valorativa que se ha producido en nuestras sociedades posmodernas, en las que todo se compra y se vende. También la vida y la dignidad. Y ya no “sólo” en el Tercer Mundo, sino en todo el ancho mundo. Más aún, el mercado y la compraventa constituyen para nuestras sociedades y economías actuales lo que algunos filósofos o sociólogos del siglo pasado habrían llamado “la cifra” (Jaspers) o “la relación comunicativa por excelencia que conforma la identidad social de nuestros sistemas y subsistemas sociales” (Luhmann).

 

Eminencia:

En pocos casos como en los deportes-espectáculo, S. S. el papa Francisco, a pesar de su procedencia argentina, se ha mostrado tan crítico con el fenómeno que se da, no sólo simbólicamente, como S. E. explica tan bien en sus declaraciones, de la tasación de la vida humana. Sobre esto, que creo que se sitúa en el centro de su mensaje, y no sobre el fútbol, quería compartir con S. E. una serie de reflexiones, no sin antes dejar de expresar mi opinión sobre la gran razón que tienen, a mi juicio, la mayoría de las personas que en Brasil, país donde el fútbol es vivido por muchos como una pseudorreligión, con ocasión de este mundial, han manitestado una postura muy crítica en torno a la suntuosidad de los gastos públicos realizados a mayor gloria del evento, teniendo en cuenta la situación de extrema desigualdad y de pobreza que asola al país.

En cuanto a la cuestión de fondo: el valor de la persona y su tasación. Procedo de un país todavía más cohesionado que el de Su Eminencia, España, y al que todavía nos atrevemos a definir como “desarrollado”, solamente porque mantiene un régimen democrático formal y las desigualdades, aunque graves, no son extremadamente sangrantes. Sin embargo, si seguimos el ritmo que llevamos en Europa -especialmente en Europa del Sur-, sometiendo nuestra política, nuestras propias personas y nuestra dignidad a los dictados de los mercados financieros, o a las “economías idolátricas”, como las denominara recientemente el papa Francisco, acabaremos llegando a una situación social en la que se junten, además de la crisis de fe propia del Primer Mundo, la pobreza y la miseria propias del Tercero. Ya antes de que se produzca esta situación, muchas personas en situación de desempleo y en riesgo de exclusión social, anteriormente “socialmente integradas” en un sistema capitalista con contrapesos sociales, nos sentimos pisoteadas en nuestra dignidad, y con razón. Es algo más que un sentimiento de privación, de inutilidad y de carencia de valor, algo de por sí suficientemente grave como para despertar la conciencia colectiva de un pueblo en torno a la cuestión de que su economía no puede seguir cimentándose en los mismos engranajes -pues no me atrevo a llamarlos principios- que han llevado a nuestro país al borde de la ruina económica y moral. Se trata de una crisis que ha golpeado en Europa de un modo especialmente duro a los países del Mediterráneo, los por algunos llamados “PIGS”. En este sentido, resulta muy significativo que personalidades de la máxima autoridad moral, comenzando con S. S. el papa Francisco, S. M. el rey Don Juan Carlos I, S. M. el rey de España Don Felipe VI, el Presidente de la República italiana Giorgio Napolitano, así como políticos de diversas posiciones ideológicas que merecen todos mis respetos, como el ex primer ministro italiano democristiano Enrico Letta o el candidato a la Presidencia de la Comisión Europea Tsipras por la Izquierda Unitaria Europea-Izquierda Verde Nórdica, por poner sólo algunos ejemplos, hayan tenido en el centro de sus mensajes sobre el desempleo la misma idea: la pérdida prolongada del empleo acaba afectando no sólo al país, por cuanto el absoluto desprecio de los mercados y de los llamados “emprendedores” del talento de varias generaciones muy preparadas y, en muchos casos, hipercualificadas, conducen a la pérdida irreparable de una oportunidad histórica para el progreso del país en términos de desarrrollo, sino, sobre todo, porque dicha situación prolongada de desempleo nos ha llevado a muchos a ese sentimiento legítimo de pérdida de nuestra dignidad.

No soy yo quién para hablar de deuda, cuando la deuda de los países mediterráneos, tanto pública como privada, no se acerca ni de lejos a la injusta deuda que el Tercer Mundo mantienene como una losa frente al Primero, y que en la mayoría de las ocasiones no va a poder pagar si no media una condonación total o parcial. Como ciudadano comprometido con mi entorno social que nunca he dejado de ser, en mis tiempos de bonanza, creo hice lo que pude para exigir a nuestros gobiernos, responsables -que no causantes, que es distinto, pues los causantes son los principales mercados occidentales de materias primas-, la condonación de la deuda. Hoy resulta absolutamente imposible abogar por un comercio justo en una economía regresiva cuyo curso sólo se explica por la especulación de unos pocos. Así que, Eminencia, si le llegan estas breves líneas, le diría que tiene razón en el mensaje, pero que “el mundo” -tal y como lo entendió conceptualmente el evangelista San Juan-, no se rige ya por estos criterios. El ampuloso discurso de la tradición jurídico-política del Norte occidental, en el que nuestros mediocres políticos repiten incansablemente palabras y expresiones ya desgastadas como “dignidad humana”, “dignidad de la persona”, “derechos humanos”, “derechos sociales”, muchas de las cuales encontramos en nuestras leyes y en nuestros textos constitucionales, resulta ya hueco y falto de toda credibilidad. A diferencia de tiempos pasados, no se rige en parte por estas leyes, sino por el capricho y los dicterios de “los mercados”, a los que hay que satisfacer como a “ídolos”, sacrificando públicamente ante sus altares, por ejemplo, la dignidad, la salud, y la integridad física y moral de personas que han perdido su empleo por causa de una crisis que ha sido causada por el hombre, y que, utilizando las palabras que empleara J.F. Kennedy tras la victoria de la cordura frente a la locura tras un oscuro episodio de nuestra Historia mundial no tan lejana, “es el hombre el que debe resolverla”. En en mi país, muchos no podemos pagar deudas contraídas con entidades usureras que tienen, de facto, mayores derechos que nosotros, a los que se nos considera ciudadanos. En este contexto de pérdida de empleo, peso de la deuda y pérdida de expectativas de lograr una vida digna, que afecta de un modo sangrante a personas jóvenes y no tan jóvenes, de pérdida de derechos básicos como el derecho a la educación o el derecho a la sanidad, cuando no de “derechos formales” como el derecho de manifestación o la libertad de prensa -incluida la propia libertad religiosa cuando lo que se diga en su amparo no convenga a los intereses financieros-, muchos hemos sentido que hemos perdido la dignidad, y por qué no, la vida. Quizá no estemos muy lejos de un escenario distópico en el que por fin se diga claramente lo que cuesta cada ser humano por parte de un Gobierno mundial tecnológico de tintes totalitarios, como muchos se aventuran a prececir. Aunque no se trata de algo completamente nuevo, pues siempre se puso precio a la vida de los hombres por parte de los hombres. Personalmente, mi posición es que no vivimos en democracias reales, sino, a lo sumo, en democracias reales que respetan algunos derechos mientras su ejercicio no les sea demasiado incómodo a los poderosos, que son los que verdaderamente nos gobiernan; élites -y ya es atribuirles una cualidad moral que dudosamente poseen- plutocráticas; estamos ante un gobierno de los mercados, pero que no es el exigido por la tradición del constitucionalismo social del siglo XX, que demanda un gobierno de los mercados ejercido por representantes políticos elegidos democráticamente, en la línea de defender una recuperación de la primacía de la política frente a la economía que reclamara hace poco el papa Francisco en su entrevista. Por el contrario, nuestro sistema socio-económico-político, o simplemente nuestras sociedades, están regidas por un gobierno de los mercados ejercido desde éstos, por éstos y para éstos, con instituciones que les bailan el agua, y frente al cual los antiguos valores defendidos tanto por ideologías políticas tradicionales “de derechas” o “de izquierdas”, que antiguamente podían haber servido de contrapeso al pensamiento único y a la hegemonía cultural del mismo expresado por la primacía de la economía como ciencia comprensiva de la totalidad de la realidad social actual, ya no cumplen ninguna función de contrapeso al afán de codicia del ser humano. Algo similar sostiene el propio papa Francisco, cuando dice que vivimos en “economías idolátricas”, que ponen precio a la vida y a la dignidad humanas. En cuanto a la mía, ya sé su precio, y corresponde exactamente a la cantidad que debo a las entidades financieras. El propio Rey Felipe VI de España, por su parte, en su discurso de inauguración de su reinado en las Cortes Generales, habló de los efectos de la lacra del desempleo, que han llegado, en sus propias palabras, hasta el punto de que muchas personas hayan perdido su dignidad como tales, y de la responsabilidad colectiva del Estado y de la sociedad civil en orden a que estas personas seamos “recuperadas” para el bien de la comunidad. El nuevo Rey juró defender los derechos “de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas”, y, que yo sepa, los que mandan, las entidades financieras y los mercados no son “ciudadanos ni Comunidades
Autónomas”. Y, sin embargo, me encuentro personalmente en la paradoja de que pronto seré juzgado por las autoridades humanas de este país en su nombre, y condenado. Recordando a Shakespeare, sólo podré ofrecer una libra de mi carne como tributo a las entidades usureras que me demandan. Algo anda podrido en este país y en el sistema económico mundial cuando se permiten estas cosas, y, personalmente, me va bastante bien si me comparo con otras personas que han sido tasadas por los créditos hipotecarios, y se ven ahora desahuciadas y con el peso de la deuda, como he expresado antes. Y no digamos frente a personas del Tercer Mundo que mueren todos los días literalmente por un puñado de dólares al amparo o bajo la complicidad de los gobiernos del Primer Mundo, los cuales dicen defender “sus intereses nacionales”, cuando realmente lo que defienden son los interereses de unos pocos. En fin, no quiero extenderme más. No creo haber dicho mucho más de lo que ya todos sepamos, y que algunos defienden, otros criticamos, y a otros les resulta indiferente. No creo en la justicia humana, y apelo a la justicia y a la misericordia divinas. Porque, como no me corresponde a mí juzgar, si a mí, y a muchos, no se nos ha hecho justicia en este mundo, como dice la sabiduría de los Salmos, “el Señor me hará justicia”.

A modo de epílogo: lo que escribo en esta carta quiero hacerlo sin rencor ni resentimiento a los que me juzguen, aunque me resulte difícil, pues, como he dicho antes, no me correspode a mí juzgar, y está escrito: “no juzgues, y no serás juzgado”. Dicho lo cual, la correción fraterna me aconseja, es más, considero que me obliga en conciencia a denunciar las graves inversiones valorativas del mundo de hoy regido por el dios Dinero, en la línea expresada por el propio Santo Padre. Mi Dios, espero que sea siempre el Dios crucificado. El Dios que se rebajó a la altura de los hombres, y no precisamente a la de los más ricos. El que siendo rico, se hizo pobre, haciéndose en todo semejante a nosotros, salvo en el pecado. Su Vida, precisamente la de Aquél inocente que era y que es la Vida, también fue tasada por los hombres: concretamente en treinta monedas de plata. Mi vida y mi dignidad están hoy tasadas en unos cuantos miles de euros. Suficientes para que me maten en el Tercer Mundo o para que en el Primer Mundo me perdonen la vida pero me condenen a la muerte civil. También Nuestro Señor sintió la infamia, el ostracismo de Su pueblo y el abandono de los suyos, hasta el punto de exclamar: “Me muero de tristeza” (Mt 26, 38). Por no mencionar el grito de abandono al Padre justo en el momento más doloroso de Su Crucifixión (Mt 27, 46). La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es lo único que puede confortarme en momentos vitales en los que uno parece tener que enfrentarse solo a las estrcuturas de poder y de pecado, como las denominara el papa San Juan Pablo II. Y, claro, la impotencia y la amargura, cuando no cosas peores, se apoderan de mi espíritu, que va atravesando sin cesar noches oscuras, malas noches en malas posadas…. Solamente contemplar la comparación entre ambas “tasaciones” debería hacerme desfallecer, no ya por la cuantía, sino por la meditación sobre la Bondad y la Majestad de Quien fue entregado aceptando el precio de la traición por nuestra causa, desde la conciencia de mi miseria como hombre pecador. Tal vez quisiera el mundo sojuzgado por el peso de sus deudas y sus culpas -por cierto, la raíz etimológica de ambos términos es en muchos idiomas la misma, y la historia de la liturgia cristiana los ha intercambiado muchas veces, como en el rezo del Padre Nuestro-, no ya sólo saber, sino experimentar, lo que Dios ha hecho por mí, y que ahora, sin embargo, en una situación de grave desánimo, apenas puedo recordar con alegría. A veces no es culpa nuestra. Los sentimientos, simplemente, aparecen, y también el desánimo, la desesperación frente a un Dios silente que, como en muchos de los Salmos de David, parece dar la espalda al hombre afligido y cercaado por sus enemigos. Pero Dios actúa en el mundo, y siempre tiene la última palabra. Porque Él, que era inocente, por mí, por ti, y por todos los hombres, aceptó el precio de la ignominia, de ser contado entre los criminales, para salvar a toda la Humanidad. Con ello no sólo pagó la antigua deuda de Adán, sino todos nuestros pecados y nuestras culpas, justificándonos por Su Pasión y Su Cruz ante Dios Padre, y regalándonos el don de la filiación divina por adopción: ¡Qué alejado parece este discurso de la mentalidad contemporánea y del pensamiento economicista que parece vertebrar nuestros sistemas socioeconómicos y políticos! Y es que el Amor sin límites es el Único que nos puede salvar, como nos recordó recientemente el papa Francisco en una de sus últimas publicaciones. Sobre todo en los momentos de tribulación, de prueba, de humillación, de vejación y aun de pecado, volvamos nuestra mirada a Jesús compasivo y misericordioso, crucificado, y a la Cruz, y unámonos solemne y silenciosamente al canto de la antífona del Oficio de la Adoración de la Cruz de la Liturgia del Viernes Santo, “mirad el árbol de la Cruz, en el que estuvo clavada la salvación del mundo”. Porque Jesús no se bajó de la Cruz, hasta que todo estuvo consumado. Ayer celebrábamos en España la Solemnidad del Corpus, del Misterio Eucarístico de la Sangre y del Cuerpo de Cristo. Pidámosle a Él, que ha querido quedarse en este Sacramento como Memorial de su Pasión que nos conceda, como reza la liturgia final de la Adoración Eucarística, venerar siempre los sagrados Misterios de Su Cuerpo y de Su Sangre, de tal modo que experimentemos siempre el gozo de Su Redención. Pidámosle a Jesús también, a través de su Madre, Mediadora de todas las gracias, y al Espíritu Santo Defensor, poder contemplar con los ojos de la fe la verdad de que una sola gota de la Sangre de Cristo derramada por nosotros vale infinitamente más que todas las deudas y todos los pecados de todos los hombres cometidos durante la Historia de la Humanidad, desde su comienzo hasta su final. Él ha pagado por nosotros a Dios Padre, y el Padre le ha hecho Señor de todas las cosas. Dios es el verdadero dueño de todo lo creado. Dios quiera que podamos experimentar la alegría de que su Hijo Jesucristo pagó y satisfizo por nosotros, de una vez para siempre, nuestras deudas. Por el inmenso Sacrificio de Jesucristo éstas están pagadas ante la Justicia divina, y nosotros en amistad con Dios. Y, recordando a San Pablo, si Dios está con nosotros… ¿Quién contra nosotros?

Ruego, Eminencia, rece por mí, para que lo que acabo de escribir pueda calar en mi corazón como lluvia fina, y por todos los que en estos momentos experimentamos un ataque constante a nuestra dignidad como personas en una sociedad inhumana, que se desentiende arbitrariamente de las aportaciones que le podemos y debemos prestar, para que nosotros, los excluidos, llenos de nuevo del Espíritu Santo y de Sus siete dones, especialmente del don de fortaleza, y con Sus frutos de paz y gozo, podamos experimentar de nuevo la alegría de nuestra salvación, en nuestra conciencia de sabernos Hijos perdonados y amados por Dios.

El Señor le bendiga, le guarde de todo mal y le lleve a la vida eterna.

 

Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

 

Mundial FIFA Brasil 2014 debe recordar que la persona no vale por el dinero, expresa Obispo

Mons. Ignacio Ducasse. Foto: iglesia.cl
    Mons. Ignacio Ducasse. Foto: iglesia.cl

SANTIAGO, 19 Jun. 14 / 03:28 am (ACI/EWTN Noticias).- El Secretario General de la Conferencia Episcopal Chilena (CECh),   Mons. Ignacio Ducasse, expresó su deseo de que el mundial de fútbol que se disputa estos días en Brasil sea una oportunidad para recordar que la persona –incluyendo el futbolista-, vale por su dignidad humana y no por su condición física o la tasación de su pase.

En un artículo publicado en el sitio Iglesia.cl, el Prelado destacó los valores que inculca el deporte, así como los beneficios económicos que trae a las personas que trabajan alrededor de los espectáculos deportivos.

“Muchos piensan que los tiempos de ir al fútbol en familia son parte del pasado. Explican que la violencia ahuyentó a la familia de los estadios y que la tecnología nos lleva el espectáculo deportivo a la comodidad del hogar. Sin embargo, el público no decae y son múltiples las industrias que se benefician con el fútbol, desde la industria de los mega-auspiciadores globales, pasando por las grandes redes de televisión, hasta los vendedores de comida y los acomodadores de autos”, afirmó.

Asimismo, recordó que “en la competencia futbolística se aprende a trabajar en equipo y a promover el respeto, que cada uno puede desplegar con sus mejores talentos. ¡Cuántas veces el fútbol ha sido capaz de silenciar metrallas y superar barreras políticas, económicas, idiomáticas y culturales!”.

“El fútbol enseña a ser leales, coherentes y consecuentes con la palabra empeñada, capaces de levantarnos con esperanza para volver a la lucha cotidiana”.

Sin embargo, “también en el deporte el egoísmo humano puede ensuciar hasta la más sana y noble de las ilusiones. Cuánto talento juvenil termina enmarañado en las usureras redes del tráfico de talentos. Cuántas veces la competencia se ensucia con límites extremos y violentos”.

Por ello, expresó su deseo de que el mundial de fútbol sea “una buena oportunidad para recordar que los seres humanos valen por su dignidad de personas, no por su condición muscular ni la tasación de su pase. Y que los verdaderos triunfos en la vida se logran a punta de esfuerzos colectivos y no exentos de sufrimiento. La vida no se resuelve por penales”.

 

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