Taxonomía del activista político español (RB)

mayo 9, 2015 § Deja un comentario


Enhorabuena, David, por tu entrada, a la que he accedido por casualidad ¿o tal vez no?, y por tu excelente blog. Creo que has dado en un punto clave de las deficiencias de nuestro sistema político. En una noche insomne de viernes en plena efervescencia de campaña electora, la reflexión callada me ha hecho toparme, tal vez por intervención de la Providencia, con tu interesantísimo artículo, en medio, a su vez, de un muy interesante blog que animo a mis lectores a visitar. Sirvan las siguientes modestas reflexiones, espero, aun precipitadas -¡pero cómo no van a serlo, al menos en parte, en esta sociedad mediática dominada por el eficientismo inmediatista en el que el noble arte de la política se ha convertido en una contienda apenas sin reglas para atrapar votos, al más puro estilo salvaje estadounidense de “vote-catching” que ya describieran sociólogos como Schumpeter1-, para enriquecer el debate y difundir algunas ideas con el loable fin de arrojar algo de luz en medio de la vorágine electoralista que acaba de comenzar.

Sobre la calidad de nuestro sistema democrático y lo que yo he dado en llamar la “falacia contractualista”, que está en la base de la creencia de la separación de poderes, así como sobre muchas de las cosas que se sugieren en el artículo que me dispongo a rebloguear, mucho tendría que decir, y, como he dicho antes, creo que el autor ha dado en el clavo, por lo que respecta a uno de los fallos sistémicos del sistema político español; sistema irritado, utilizando el lenguaje sociológico de la teoría de sistemas de Niklas Luhmann, por un sistema económico que es “estructura” en sentido marxista. Pero a mi juicio, y en ello difiero del marxismo, al menos del ortodoxo, el carácter estructural no viene dado por la naturaleza materialista dialéctica de la economía, sino que más bien esta situaciómn de “irritación” del sistema político por el sistema económico es dada por el peso que ha adquirido un pensamiento económico único de corte ultraliberal, en términos de hegemonía cultural en sentido gramsciano. Sobre esto he hablado y escrito hasta la saciedad y no se me ha hecho caso, incluso en los círculos más cercanos. Aun a riesgo de ser impopular y no coincidir con la sensibilidad del perfil de determinados lectores de este blog, voy a atreverme a compartir algo que escribí el año pasado, al hilo del debate monarquía/república, que personalmente considero una cuestión accidental y muy secundaria.

Pues a mi entender, lo importante es la calidad democrática y el poder de los ciudadanos, de la gente, del “we the people” que alimentó las Constituciones democráticas como la Constitución americana en la época de los padres fundadores, y que la democracia sea participativa y lo sea de verdad en sentido material, y no “burgués” o formal, utilizando una terminología marxista conocida. Porque de nada sirven los derechos, incluidos los de primera y segunda generación, si no se arbitran los mecanismos suficientes para cumplir el mandato constitucional recogido en el artículo 9.2 CE: “Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social”. Desde luego, también los tiempos de nuestro constituyente, a treinta y siete años vista, fueron sin duda, aun con sus defectos, tiempos mucho más nobles que los actuales, donde el dios Dinero (Mammon en arameo) no detentaba la supremacía cultural, en sentido gramsciano, del pensamiento social a todos los niveles. Por si a alguien le interesa a estas alturas, ya metidos de lleno en campaña electoral, ahí va mi entrada. Soy formal en el lenguaje y en los tratamientos, porque mi formación es clásica y creo que el protocolo no está reñido con la crítica de fondo. Es más, a veces es mucho más eficaz, en el plano meramente estratégico, mantener formas que a uno le gustan, para denunciar que, frente a “poderes” irracionales como la monarquía, existen poderes ocultos en la sombra, basados en el culto al dios Dinero, mucho más poderosos. Así que, de nuevo, me atrevo a compartir mi vieja entrada, escrita deliberadamente “a modo de ensayo”, que por supuesto animo a que critiquéis, bien el blog o por este medio, así como a que la difundáis libremente, dentro de los términos de la licencia que incorpora, y que por cierto me alegra ver que es del tipo de las utilizadas por el autor de este blog que tengo el honor de rebloguear, salvo que su autor o administrador me comuniquen algo en contra. Así que, sobre la separación de poderes y el bla…bla…bla… burgués de nuestra “fiesta de la democracia”, me remito a mi entrada via http://pabloguerez.com/2014/06/04/dios-salve-a-s-a-r-don-juan-carlos-y-a-felipe-vi-dicho-por-un-republicano-breve-ensayo-sobre-la-oportunidad-historica-de-la-abdicacion-del-soberano-y-sobre-la-soberania-en-el-contexto-de-la-crisis/

De nuevo, mis felicitaciones, David.

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD
Doctor en Ciencia Jurídica
Acreditado a Profesor Contratado Doctor
Ex Profesor de Derecho Penal de las Universidades Autónoma de Madrid, Universidad Nacional de Educación a Distancia y Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”
Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad ICSA-UAM
Colegiado ICAM núm. 97.901
Desempleado e inscrito en el SEPE como demandante de empleo desde el 28/7/ 2011
Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado, C/ Einstein, no. 1, 28049, Madrid.

El perro del hortelano del blindaje del mercado laboral español. “Ni-nis”, pero para la patronal: ni jóvenes ni mayores (A collaboration in Facebook remixed)

febrero 16, 2015 § Deja un comentario


“Y saliendo como a la hora undécima, encontró a otros parados, y les dijo: “¿Por qué habéis estado aquí parados todo el día sin trabajar? Ellos le dijeron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a la viña. Y al atardecer, el señor de la viña dijo a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta los primeros (…)” (Mt 20, 6-8)

 

  1. La noticia:

http://www.20minutos.es/noticia/2376145/0/un-tercio-jovenes/carece-formacion-minima/suficiente-para-trabajar/

  1. El comentario:

Realmente kafkiano… Es decir, los jóvenes no valen para trabajar por falta de formación, y los mayores de 35 tampoco por viejos, por senectos, por abuelos y por saber demasiado y por exceso de experiencia. ¿Alguien lo entiende? En serio, yo ya no sé a qué carta quedarme. O yo estoy loco, o los tarados son los moradores de los departamentos de personal.

Y al parecer el 100% de los mayores de 35 años nos hemos vuelto gilipollas e incapaces para trabajar por cuestión de “suposiciones”, a pesar de contar con experiencia contrastada. ¿Realmente saben los inútiles de recursos humanos lo que quieren/exigen…? Creo que no. Eso sí, la mierda de Gobierno actual sigue apostando por NI-NIS.

  1. El análisis:

Como decía Rober Iniesta, del grupo “Extremo duro”, “o no lo entiendo, o lo entiendo demasiado”[i]. A ver. No soy tarados, sino “jóvenes sobradamente preparados”. Gente que sabe muy bien lo que hace y aplica las consignas del manual de recursos humanos al uso con la misma rigidez y contundencia con lo que el antiguo Politburó o el Comisariado Político aplicaba purgas a los “intelectuales”. Los departamentos de recursos humanos de las grandes empresas de nuestro país están formados en su mayoría por Licenciados y Licenciadas en Psicología -las mujeres aquí, por una vez, tienden a ser mayoría-, con buena pinta, pero en ocasiones son auténticos sociópatas (gente incapaz de empatizar), o, dicho en inglés, como a esta gente le gusta utilizar en las entrevistas de trabajo, “succesful psychopats”: es decir, psicópatas que han aprendido la estrategia de renunciar a la violencia tradicional y se han dado cuenta de que pueden conseguir lo que quieren -su propio interés y nada más, pues ya hemos dicho que esta gente se caracteriza, por motivos neurológicos, por no carecer de empatía hacia su prójimo-, solamente sirviendo de verdugos para un sistema social cruel e injusto, pero que beneficia a quien se adapta a él, y más a quienes lo promueven: el sistema de economía capitalista, basado exclusivamente en la obtención del lucro individual, y desprovisto ya, en la posmodernidad, de los argumentos filosófico-ideológicos que trataron antaño de hacerlo tolerable para la mayoría de la población.

En nuestro país, además, donde nunca hubo una revolución burguesa y el capitalismo salvaje tampoco llegó a imponerse del todo, debido, entre otras cosas, a los residuos falangistas que miraban con benevolencia la existencia de una cierta justicia social, y que la Dictadura de Franco nunca suprimió, así como a otras variables endémicas de la idiosincrasia hispánica, como la permanencia del caciquismo, las subvenciones y los rescates, la dialéctica del capitalismo (o de la Ilustración, como la denominaran Horkheimer y Adorno en su inmortal, denso y premonitorio ensayo de 1940 del mismo título[ii]), ha conseguido mostrar sus efectos más perversos (objetivación, despersonalización y dominio de las personas) sólo en una parte, minoritaria todavía, por mucho que se acreciente, de la población. Mas en esto la singularidad española no es importante, pues ya hemos visto que el modelo de capitalismo puro, inspirado en el modelo económico que en microeconomía suele denominarse de “competencia perfecta” no existe en ningún país del mundo que se proclame, oficiosamente -nunca jurídicamente, ¿os habéis dado cuenta?-, como de economía capitalista. A lo sumo, en los países europeos avanzados, se habla de economía de mercado, y muchas veces con correcciones, como en el caso de Alemania, que define su Constitución económica –es decir, la parte de la Constitución que regula el sistema económico del Estado- como economía social de mercado (Sozialmarktwirktschafft), o España, cuya Constitución económica, hoy papel mojado por la Unión neoliberal europea, habla claramente de Estado social y democrático de Derecho (art. 1 CE), de la función social de la propiedad privada (art. 33.2 CE), del derecho a trabajar en los siguientes términos: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo” (art. 35.1 CE), o del principio general con el que se abre su Título VII, cuyo artículo 128.1 dice literalmente: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”.

No es éste el lugar para desarrollar de nuevo consideraciones ya realizadas en otros posts de este blog sobre la relación entre Constitución económica y realidad normativa real, incluida la aplicación torticera de un Derecho que sólo sirve al interés de los poderosos. Sin embargo, el capitalismo actual, en el estadio posfordista de producción, está caracterizado, por lo que aquí interesa, por la presencia de oligopolios que van adquiriendo cada vez más el rango de corporatocracias, con mezcla de poder político y económico. Así, en los Estados Unidos, en la Unión Europea y en los demás Estados occidentales de economía capitalista, la presencia de empresas TBTF (“to big to fail”) es patente, y su poder se manifiesta no sólo durante la vida jurídico-económica de la corporación, con el abuso de posición dominante, sino también en sus crisis, siendo objeto de rescates públicos. En este contexto, ¿alguien se cree de verdad en la actualidad el viejo ideal de la ética capitalista basada en el pequeño comercio y en la existencia de mercados de competencia perfecta defendidos por autores de la modernidad como Locke, Stuart Mill o Benjamin Franklin?

El que escribe ahora estas líneas, Pablo Guérez, ha compartido este artículo en las redes sociales, también al hilo de un buen reportaje publicado el 30 de noviembre de 2014 en El Confidencial sobre la “figura” de los “ni-nis” en todo el mundo[iii], del que tuvo conocimiento a través de un retuit de los miles que le llegan a lo largo del día porque la lectura de ambos artículos le ha parecido interesante, y le ha suscitado una serie de reflexiones, fruto de las cuales ha surgido este post. Se trata de una colaboración entre un amigo de Facebook y él mismo, un refrito de algo ya publicado en las redes sociales pero que, por su interés y su temática, ya más centrada en la sociedad española, ha considerado importante publicarlo en su blog. Ruego por tanto al lector nos disculpe si encuentra reiteraciones en las reflexiones sociológicas que en esta entrada se vierten, a veces difíciles de seguir para el público profano.

Sobre los tan mencionados “ni-nis”, a fecha de hoy, año 2015. Para favorecer la claridad del lector, las observaciones personales que siguen pertenecen a la autoría de Pablo Guérez, que asume la responsabilidad exclusiva por los comentarios vertidos.

Hace poco publicaba lo siguiente en Facebook, al hilo del reportaje publicado en El Confidencial: “He decir de entrada que no siento ningún tipo de empatía hacia los “ni-nis”. Al menos hacia los de mi país y los de los Estados occidentales avanzados. La situación de los “ni-nis” de clase baja de verdad, en países del Tercer Mundo, es casi la única que compadezco. Tal vez ello tenga que ver con el hecho de que yo no me sienta para nada identificado con la actitud de algunos “ni-nis” hijos de familias bien que se muestra en la entrevista, a pesar de ser una persona económicamente enteramente dependiente de mis padres y, en su defecto, de la caridad. Y también con el hecho de que ya no soy joven, o no me siento como tal. Estadísticamente ya no lo soy, ni pertenezco cronológica ni generacionalmente al grupo de individuos con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años. A dicho grupo pertenecen “ni-nis”, pero también empresarios de “nuevas tecnologías” que no me despiertan ninguna simpatía. Por el contrario, acabo de enterarme de que soy un parado “de larga duración”, pues llevo más de dos años en paro. Curioso empleo del término “larga duración”. No porque a mí, desde mi subjetividad, no se me haya hecho largo llevar más de tres años y medio en paro, sino porque el sistema social así lo considera objetivamente, gracias a una perversión del lenguaje que desde el lenguaje microeconómico se ha “colado” en el lenguaje común. No es de extrañar, pues el lenguaje de la economía “ortodoxa” detenta hoy la hegemonía cultural del discurso público. La terminología de las inversiones en los mercados secundarios de valores que considera largo plazo todo lo que pase de un año es utilizado hoy para designar todas las facetas de la vida de la persona, que en el sistema económico capitalista se encuentra ya despersonalizada y condenada a convertirse en un productor/consumidor (emprendedor en el lenguaje políticamente correcto), o a la marginación, de acuerdo con una lógica binaria sistémica de inclusión/exclusión que necesariamente es inherente al sistema capitalista, y que recuerda al pensamiento nazi de Carl Schmitt. El sistema capitalista, en el estadio posfordista, el triunfo de la llamada posmodernidad y el pensamiento débil, y la hegemonía cultural de la economía ultraliberal y su primacía sobre el resto de las ciencias sociales, y aun las naturales, han llevado a cabo un delicado reduccionismo de la persona a su faceta estrictamente económica, de “homo oeconomicus”, anulando el resto de facetas de la vida y la interacción sociales, y con ello, a la persona misma, reducida a una variable más del sistema capitalista.

En cuanto al contexto que propició el surgimiento de la generación “ni-ni”, en España, en los años anteriores a la crisis, muchos jóvenes abandonaron los estudios seducidos por los cantos de sirena del mundo de la construcción, que se hallaba entonces en plena burbuja inmobiliaria. Así consiguieron ganar sueldos en “A”, en “B” y en “C” superiores al de un Catedrático de Universidad o un funcionario del Estado de alto nivel: ¿para qué estudiar? El problema que más que me preocupa no es tanto la actitud de los jóvenes insensatos, sino la insensatez de la clase -que no casta- política ante el fenómeno. No hace mucho, el Dr. profesor funcionario de Universidad Rubalcaba, proponía “recuperar” a esos jóvenes, como si no supieran lo que hicieron. Si ganaron 4.000 o 5.000 euros al mes y se lo gastaron, o se hipotecaron hasta las cejas, no fue precisamente porque no sabían lo que hacían. Por otra parte, en un país tan acostumbrado a querer acelerar el ritmo natural de los tiempos, la sociedad y la publicidad se ocuparon de ensalzar la “juventud”, incluso la primera adolescencia, como prototipo de una etapa vital en la que alcanzar, definitivamente, la estabilidad personal y profesional (ambas palabras han ido acercándose hasta confundirse peligrosamente como consecuencia de la hegemonía del pensamiento único). Los jóvenes “JASP”, hijos por supuesto de clases acomodas, eran aquellos que iban a triunfar con el mínimo esfuerzo, “colocados” en empresas de sus papás después de haber realizado, a su tiempo por supuesto, sus “pecados de juventud”. Otros, teóricamente los más sensatos, seducidos por las promesas de confort de una estabilidad rápida, comenzaban a preparar oposiciones hasta dos años antes de haber acabado sus Licenciaturas, algo sencillamente impensable en los países de nuestro entorno cultural. Algunos, por el contrario, preferimos seguir el camino largo y angosto del estudio, hasta alcanzar el máximo grado reconocido por el ordenamiento jurídico español. Ganando precisamente como máximo el sueldo del que uno de los entrevistados se queja en el reportaje, unos 1.300 euros netos, juntando complementos específicos y de méritos. Hasta que me dieron la patada tras trece años de servicio por circunstancias del mercado. Así que ni soy ni me identifico con un “ni-ni”. Soy una persona altamente cualificada con una trayectoria profesional impecable que ha sido dramáticamente mutilada. Los responsables de ello sabrán. Comprendan entonces los lectores por qué no puedo tener ninguna empatía hacia los “ni-nis”, al menos hacia los de mi país, salvo quizá para los hijos de clases bajas, hacia los que siempre mostré compasión. A los demás, les he visto y los sigo viendo como competidores directos en el mercado laboral. Frente a mi formación clásica, ellos disponen del humo comercial de estos tiempos, que no es más que un bagaje light de conocimientos que disfrazan de alta cualificación tecnológica, propia del lenguaje mediático y político de estos tiempos: habilidades, aptitudes, “competencias” (sic), en una variedad de términos inglés que no expresan sino la vacuidad de su formación, alentada hoy por las máximas autoridades educativas, comenzando por el señor ministro de Educación Wert. El responsable de proponer adelgazar las carreras -ahora denominadas “Grados”-, hipertrofiar Másters “light” mal diseñados para hombres y mujeres “light” y de desinflar los Doctorados, renunciando en la práctica a la investigación básica y queriendo ignorar deliberadamente la importancia de las disciplinas consideradas “inútiles” para la vida o los negocios -ahora empleados, como decía antes, como sinónimos-, como las Humanidades o la Filosofía. De esta manera, el poder político quiere constuir supersonalidades instrumentales al sistema económico capitalista “expertas” en “branding”, “coaching”, “selling”, “community management”, con el pretexto de la “modernización” de la Universidad y de su interconexión con la “empresa” o “los emprendedores”, en un mundo feliz constituido por una sociedad insostenible, basada en la producción de bienes de consumo con obsolescencia programada y el consumo desmedido por parte de aquellos que tienen la “suerte” de tener poder adquisitivo. Una sociedad lacerada por una crisis de valores, en la que de momento alcanzo a identificar tres grupos prototípicos: los “jóvenes irresponsables de treinta años que sólo piensan en ganar dinero”, como se refiera a ellos el multimillonario especulador para nada sospechoso de izquierdista George Soros o el ex primer ministro francés de finanzas Raymond Barre, “gran defensor del liberalismo económico”[iv], clones de lo que quizá quisiera ser el señor Wert, y reducidos a meros productores/consumidores, a quienes ya no interesa ser ciudadanos, y mucho menos personas; las personas ya jubiladas o en vías de jubilarse, nacidas en la modernidad e incapaces de comprender las nuevas realidades; y los marginados y excluidos, miserables, pobres, que contemplan con estupefacción, rabia, cinismo o resignación cristiana cómo un mundo que ya no perciben como suyo les pisotea y pretende anularlos como personas en nombre de “los mercados”, a manos de los nuevos adoradores del Dinero”[v].

  1. Conclusiones:

En cuanto al análisis de la población en nuestro país, la parte constituida por los hijos de los ricos, o de los pertenecientes a una clase media cada vez más adelgazada, sigue soñando, bajo el amparo de las ideologías decimonónicas, en las bondades del sistema capitalista, mientras no se da cuenta de que la alienación también les afecta a ellos -de eso ya se dieron cuenta notables exponentes de la escuela de Frankfurt ya a partir de los años 40, como los citados Horkheimer, Adorno, o Marcuse[vi], en los años 60, y representantes del ecologismo político razonable, como Schumacher[vii], en los años 70; eso sí, la alienación de los ricos no es igual a la alienación de los pobres. Aquéllos tienen al menos sus necesidades básicas cubiertas, demasiado cubiertas; pero desde la lógica del sistema -y no voy a entrar ahora en la valoración de los sentimientos personales-, los ricos o, simplemente, los individuos con poder adquisitivo suficiente como para mantener el demencial sistema socioeconómico que tenemos, y algunos padecemos, también están alienados, en la medida en la que de personas se ven reducidos en productores/consumidores. Las demás facetas de su supuesta “personalidad”, como ya se expresaba antes, han sido fagocitadas por el mago insaciable de la lógica del sistema económico capitalista, que con la ayuda del pensamiento único -que detenta desde hace ya demasiado tiempo la hegemonía cultural del discurso público-, les ha transformado, sin ellos saberlo o quererlo saber, en meros instrumentos, en “homines oeconomici”[viii]. Ya no son ciudadanos de un sistema político aun formalmente basado en el pueblo, sino variables sistémicas de un sistema económico basado en la lógica binaria de inclusión/exclusión que tiene como patrones de conducta la producción y el consumo en una sociedad -o mejor, en un agregado de personas, como lo definió Carlos Castilla del Pino[ix]-, basado en la producción de humo comercial y su consumo por parte de aquellos agentes -que no personas, para el sistema- con poder adquisitivo suficiente como para perpetuar este absurdo círculo que sirve como base a una sociedad sin personas, sino de comunicaciones operacionales, el nada tienen que ver con la comunicación humana, como quiso ver el sociólogo Niklas Luhmann -pero podría haberlo visto también Carl Schmitt-, basadas a su vez en el intercambio de la sustancia idolatrada por excelencia: el Dinero.

[i] “Emparedado”, letra de Roberto Iniesta, del álbum “Rock transgresivo”: 1984. Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=qyZ0Yla6RK0

[ii] Vid. HORKHEIMER, M. / ADORNO, Th., Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Social Studies Association, Inc.: New York, 1944. La edición fue posteriormente revisada en algunos puntos poco esenciales, a juicio de los autores, y republicada en Alemania en 1969 con el mismo nombre. Hay traducción al castellano de esta versión publicada por la Ed. Trotta, Barcelona: 1944. Introducción y traducción: Juan José Sánchez. De esta versión, vid., especialmente, la introducción, que se cita por la 9ª edición de 2001 (pp. 9-46) y ya, de la obra en sí, vid. pp. 59 ss., desde las que los autores desvelan ya su tesis inicial: la Ilustración, en sí misma, es un proceso totalitario que ha conducido, por su propia naturaleza de dominación, al dominio del mundo, incluido el ser humano, con el consiguiente desvanecimiento de las fronteras entre lo objetivo y lo subjetivo, la objetivización y la cosificación (o reificación) del hombre, esclavo ahora ya no de los viejos mitos, sino del nuevo mito del hombre burgués que, habiendo desencantado la naturaleza y los dioses, se vuelve contra sí mismo para resacralizar en el liberalismo burgués una sociedad administrada, en la que cada uno ocupa el papel que ha de ocupar. Sobre esta cuestión, vid. especialmente las pp. 75 ss.

[iii] http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-11-30/los-mil-milliones-de-ni-nis-que-hay-en-el-mundo-tienen-uno-de-estos-dos-problemas_511800/

[iv] Cfr. CHOMSKY, N. / RAMONET, I., Cómo nos venden la moto, publicado por Icaria, Barcelona: 1995, pp. 56-57, quienes se refieren a las siguientes declaraciones de Raymond Barre: “Decididamente, ya no podemos dejar el mundo en manos de unos irresponsables que no piensan sino en hacer dinero”.

[v] https://www.facebook.com/pablo.guerez?fref=nf

[vi] Cfr. MARCUSE, One-dimensional Man, Bacon Press, Boston: 1954. Hay varias traducciones al castellano. Entre otras, puede descargarse, para fines investigadores, la version publicada por Planeta: 1993, vía https://zoonpolitikonmx.files.wordpress.com/2013/10/marcuse-el-hombre-unidimensional.pdf, pp. 31 ss.

[vii] Vid. SCHUMACHER, E. F., Small is beautiful: Economics as if People Mattered, 1973. Blond and Bridgss, Ltd, London: 1973. Varias versiones en inglés están disponibles para su descarga en la red para uso investigador. Por su diseño y presentación, destaco la versión en pdf via http://sciencepolicy.colorado.edu/students/envs_5110/small_is_beautiful.pdf. Hay traducción al castellano por la Ed. Akal, posiblemente descatalogada, con el título Lo pequeño es hermoso. Economía como si la gente importara. Para una rápida aproximación a los contenidos del libro, además de los numerosos enlaces a comentarios a la obra en castellano disponibles en la red, puede leerse, en inglés, por todas, la recensión crítica publicada por el diario The Guardian, de la periodista y escritora anglosajona Madeleine Bunting, que centra su análisis en el daño que ha hecho a la economía real el olvido de las denuncias y “recetas” en su día formuladas por primera vez por Schumacher, via http://www.theguardian.com/commentisfree/2011/nov/10/small-is-beautiful-economic-idea

[viii] Sobre el concepto de “homo oeconomicus”, hoy hegemónico en el análisis de los modelos microeconómicos, existe una muy amplia literatura. En este mismo blog, para el lector que desee ampliar sus conocimientos sobre esta concepción del “agente económico” y de sus críticos, así como de sus alternativas, pueden verse otras entradas en este blog, como “Where is this capitalist system leading us to?”, publicada el 20 de enero de 2014, vía http://pabloguerez.com/2014/01/20/where-is-this-capitalist-system-leading-us-to/, con más referencias. Sobre las alternativas al “homo oeconomicus” en teoría de juegos, sin pretender agotar la cuestión, puede leerse, brevemente, con más refefencias, NASH, J. F., (1950): “Equilibrium Points in N-person Games”. Proceedings of the National Academy of Sciences 36 (36): 48–9. doi:10.1073/pnas.36.1.48. PMC 1063129. PMID 16588946., MR 0031701. El mismo, “The Bargaining Problem”. Econometrica (18): 155–62. 1950.. MR 0035977. Nash, J. (1951). “Non-cooperative Games”. Annals of Mathematics 54 (54): 286–95. doi:10.2307/1969529. JSTOR 1969529. “Two-person Cooperative Games”. Econometrica (21): 128–40. 1953., MR 0053471.

[ix] Vid. CARLOS CASTILLA DEL PINO, La incomunicación, Madrid: 1970. Reeditado por Ed. Península: 2001.

 

Licencia de Creative CommonsEl perro del hortelano del blindaje del mercado laboral español. “Ni-nis”, pero para la patronal: ni jóvenes ni mayores, by Carlos Mainzer & Pablo Guérez, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
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De nuevo sobre los “valores” sociales dominantes, el valor de la economía y el valor del dinero: los llamados “sabios” actuales y la perversión del lenguaje.

enero 22, 2014 § 3 comentarios


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不尙賢,
使民不爭。
不貴難得之貨,
使民不爲盜。
不見可欲,
使民心不亂。
是以聖人之治,
虛其心,
實其腹,
弱其志,
強其骨。
常使民無知無欲,
使夫智者不敢為也。
為無為,
則無不治。

 

No ensalzar los talentos
para que el pueblo no compita.
No estimar lo que es difícil de adquirir
para que el pueblo no se haga ladrón.
No mostrar lo codiciable
para que su corazón no se ofusque.
El sabio gobierna de modo que
vacía el corazón de deseos,
llena el vientre de alimentos,
debilita la ambición,
y fortalece hasta los huesos.
Así evita que el pueblo tenga codicia
y ambiciones,
para que los oportunistas
no busquen aventajarse de los otros.
Quien practica la no-acción,
todo lo gobierna

(Lao Tse, Tao Te King, Cap. III)

 

“Os explicaré qué es la sabiduría y cuál su origen, sin ocultaros ningún secreto, sino que la rastrearé desde su origen, explicando lo que se conoce de ella, sin pasar por alto la verdad. No haré camino con la envidia corrosiva, pues nada tiene que ver con la sabiduría. Abundancia de sabios salva el mundo, y un rey sensato da bienestar al pueblo. (…) La preferí a cetros y tronos, y a su lado en nada tuve la riqueza. No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena y junto a ella la plata es como el barro. La quise más que a la salud y a la belleza y la preferí a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, tiene en sus manos riquezas incontables. Disfruté de todos, porque la sabiduría los trae, aunque yo ignoraba que la sabiduría era su madre” (Del Libro de la Sabiduría, 6, 22-24 (…) 7, 8-32).

 

Tras el extenso “post” científico de hace un par de días, una simple noticia sobre el posible aumento del IVA presuntamente promovida por los llamados “sabios” asesores de Montoro me ha inducido a publicar esta entrada, más breve, a modo de reflexión en mi blog. La verdad es que el panorama social actual, dominado por el culto a la economía y al dinero, son cuestiones recurrentes en mi blog, especialmente en este “post” y en el inmediatamente anterior a él; tanto que estoy pensando en cambiarle ligeramente el título, sin renunciar a mi propósito fundamental que es el estudio y la crítica de los fenómenos de victimización; lo que ocurre es que, como intento argumentar en todas mis entradas, las principales víctimas lo son de un sistema económico y social que sencillamente no funciona, basado en la entronización del dinero y de valores que amenazan continuamente la verdadera humanidad de las personas. En la actualidad cultural más reciente, no ha pasado desapercibido para mí el estreno de la última película de Martin Scorsese, “El lobo de Walll Street”, donde el director parece querer retratar, aun exageradamente, una realidad social concreta, la de los personajes “triunfadores” en el mundo del dinero y de las finanzas -y por extensión, como intentaré argumentar a continuación, en todo el medio social-, por mucho que a algunos esta realidad nos pueda parecer o exagerada o insoportable.

Vivimos en una época en la que “La Economía” parece inundarlo todo: la economía en sentido amplio, no ya como ciencia económica, sino como discurso a veces hueco, sin ningún fundamento científico real, sino como manifestación de la preocupación por la producción y distribución de bienes y servicios y, sobre todo, como manifestación por la preocupación sobre la “creación de riqueza” (donde con esta expresión se quiere aludir normalmente a la creación de dinero), y su distribución. Esta economía omnipresente ha conseguido ya la hegemonía del pensamiento incluso al más alto nivel. El “pensamiento económico” parece capaz de explicarlo todo: la política, la psicología, el funcionamiento social, hasta la propia naturaleza humana y su biología, fagocitando a marchas forzadas otras formas de pensamiento típicas de la sociedad occidental, comenzando por el pensamiento filosófico, el pensamiento político, para intentar finalmente el asalto a uno de los pocos pensamientos respetados en Occidente, el pensamiento científico. De ahí, la “hegemonía cultural” del pensamiento económico se ha trasladado al discurso, y del discurso, a la praxis política y social de los distintos agentes que hoy por hoy detentan el poder mundial, o la apariencia del mismo. Parece que la Economía tiene que darnos respuestas para todo, incluido el Problema del Hombre. Según esta hipótesis, los problemas del hombre contemporáneo pueden y deben ser explicados fundamentalmente desde un discurso económico: surgen así el llamado “análisis económico del Derecho”, el “análisis económico de la política”, y, en definitiva, en análisis económico del comportamiento humano como análisis omnicomprensivo de su naturaleza y de las relaciones humanas. Incluso las relaciones interpersonales pueden  y deben ser interpretadas como manifestación del “homo oeconomicus”, explicable por modelos matemáticos infalibles y cuyos promotores se han arrogado incluso la competencia de poder determinar su superioridad incluso frente a modelos de comportamiento psicológicos y, por supuesto, frente a las respuestas de otras disciplinas, hoy por muchos consideradas “humanistas”, y por ello, sin el “rango” social como de las “disciplinas científicas”, como la mayoría de las denominadas ciencias sociales (sociología, antropología, psicología social, ciencias jurídicas), o de las respuestas tradicionales de la filosofía, relegada como mucho a análisis lógico al servicio de la economía, o de las religiones. En este panorama, no resulta extraño que se tilde de “sabios” a los que asesoran a los Gobiernos, normalmente en materia económica: desde los “sabios” del Ministerio de Hacienda español, hasta los “sabios” integrantes de comités variopintos en muchas prestigiosas instituciones a nivel supranacional o mundial, como los “sabios” asesores de las instituciones europeas o mundiales -ya sea del Consejo de la UE, de Banco Central Europeo, del FMI o del Banco Mundial-.

No es mi intención en este post realizar un desarrollo crítico de este panorama. Ello me tomaría demasiado tiempo y esfuerzo. Mi intención es solamente esbozar un reflexión compartida sobre las consecuencias a las que, en mi opinión, puede llevar y está llevando de hecho este planteamiento, comenzando por la perversión del lenguaje. La pregunta inicial podría plantearse en estos términos: ¿Quiénes son, realmente, dichos “sabios” que asesoran en materia de economía a los responsables -al menos formalmente- del gobierno económico del mundo? Pues son, en el mejor de los casos, personas expertas y muy bien formadas en ciencias económicas, es decir, en un sector muy determinado del conocimiento humano. Pero ya está. No son sabios, al menos en el sentido originario y real que entiendo que debe darse a dicha palabra. Fijémonos en el todavía “vigente” significado que se da al sustantivo “sabiduría” en la última edición del Diccionario de la RAE, de 2001: es cierto que la segunda acepción de término es la de “conducta prudente en la vida o en los negocios”; ello podría inducir a pensar que la aplicación del término “sabios” a las personas antes mencionadas es lingüísticamente correcta. Puede ser. Pero lo que yo critico no es su aplicación en abstracto, sino la exclusiva y desproporcionada aplicación del término a dichas personas, como si ellas tuvieran que dictar todas las reglas también en “la vida”. No se ha hecho el hombre para la economía, sino que la economía tiene que estar al servicio del hombre, o de la vida del hombre. Y es ahí, a mi juicio, donde entra en juego la verdadera sabiduría. Pues bien se puede ser “sabio” en los negocios y necio en la vida. Porque como bien dice Jesús en el Evangelio de Mateo, “¿en qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?” (algunas traducciones del original griego koiné traducen “si pierde su alma”) ¿O qué podrá dar para recobrarla? (Mt 16, 26). Y es así. Volviendo al Diccionario de la RAE, la primera acepción de la misma es “grado más alto del conocimiento”. Desde mi punto de vista, habría que retomar la vieja distinción entre “conocimiento” y “sabiduría”. Mientras el primero sería un saber sobre una parte de la realidad cognoscible por el ser humano, normalmente adquirido, según el ámbito sobre el que recae, por el estudio y la investigación a partir de observaciones anteriores, de acuerdo con métodos y lenguajes estandarizados, la segunda sería más bien un saber basado en la experiencia vital, adquirida por medio de vivencias, ya sea de manera directa o más o menos aislada, o a través de una persona a la que se considera “sabia” o guía en el proceso de aprendizaje. Este saber no sería necesariamente racional, sino que muchas veces podría llegar a ser profundamente irracional o no racional, pero que proporcionaría al sabio la satisfacción de necesidades inefables, pero realmente importantes, muchas veces alejados de las pautas sociales predominantes: por ejemplo, la “paz interior” o la “paz del corazón”. La pobreza –o mi pobreza del lenguaje, o de mi lenguaje, fruto del pensamiento racional occidental- es incapaz de captarla en su esencia. En ocasiones, la sabiduría ha estado profundamente enraizada con el pensamiento hermético y con el pensamiento religioso o místico. Me remito aquí al Tao Te King (o Tao Te Ching), con una de cuyas citas  encabezaba este post, cita de mi querido sabio –éste sí, con mayúsculas- Lao Tse, padre del taoísmo chino (¡hay que ver cómo ha acabado el sufrido pueblo chino, de sabiduría milenaria, fruto de sus corruptos líderes que todavía tienen la desvergüenza de llamarse “comunistas”!): “El Tao que puede llamarse Tao no es el verdadero Tao. El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre”. Otro corolario taoísta es: El que habla del Tao no sabe del Tao, el que sabe del Tao no habla del Tao. Siguiendo esta enseñanza no hablaré del Tao, ni del zen, ni del Budismo, apuntando solamente en la importancia de que mis lectores conozcan alguno de las ideas –que no conceptos- del pensamiento de la no dualidad propia de las filosofías o modos de pensamiento y religiones orientales, para acabar sorprendiéndose de que éstas no están tan alejadas del pensamiento cristiano originario, por cierto, nacido en Judea, Oriente Próximo, pero Oriente, al fin y al cabo, ni de algunos pensadores presocráticos nacidos en la Grecia preclásica, como Parménides o Heráclito, con su idea del panta rei: en este sentido, es importante la idea del 無為 (wei wu wei)de la no acción (o mejor, de la acción a través de la no acción), y de la no-dualidad. En un ámbito más “ecuménico”, llama la atención la transversalidad, en casi todas las religiones, de las ideas de desapego y de la no preocupación por el futuro, traducida en la idea de la confianza en la Providencia propia del Cristianismo que podemos ver en Mateo 6, 19-34, donde, después de hacer una feroz crítica a la servidumbre del dinero, Jesús nos invita a no comportarnos como los paganos (hoy podríamos decir, como el homo oeconomicus), y a  confiar en la Providencia. Mis lectores ya conocen este pasaje de anteriores entradas en el blog. Así, con mis mejores deseos de paz interior para todos, concluyo esta entrada.

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