http://www.papafranciscovideos.com/papa-a-moviemientos-populares-no-es-comunismo-es-doctrina-social-de-la-iglesia-126/

diciembre 14, 2014 § Deja un comentario


A mis padres, con todo mi cariño

Y el Rey les dirá: "Venid a mí, benditos de mi Padre, y heredad el Reino preparado para vosotros desde antes de la Creación del mundo. Porque tuve habmbre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me cubrísteis, estuve enfermo y en la cárcel y vinísteis a verme".

Y el Rey les dirá: “Venid a mí, benditos de mi Padre, y heredad el Reino preparado para vosotros desde antes de la Creación del mundo. Porque tuve habmbre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me cubrísteis, estuve enfermo y en la cárcel y vinísteis a verme”.

 

 

Yo soy el Pan de Vida. Quien coma de este pan, tendrá vida eterna.

Yo soy el Pan de Vida. Quien coma de este pan, tendrá vida eterna.

 

 

Escuchad al Papa:

En España, muchos católicos procedentes del “francismo sociológico”, incluidos movimientos que no voy a nombrar, no están de acuerdo. La cuestión social, que interesó a la Iglesia desde la encíclica “Rerum Novarum” de León XIII y, sobre todo, a partir del Concilio Vaticano II y su magnífica Declaración “Gaudium et spes”, supuso sin duda el germen de una apertura o “aggiornamento” de la Iglesia a los más pobres, los más necesitados, opción que no ha sido desarrollada del todo y en relación con la cual me apena que muchas personas que se declaran católicas no dediquen nada de su tiempo e interés a las cuestiones sociales -las cuales, como subraya el Papa, están en el centro del mensaje evangélico-, y se producen fenómenos, por parte de determinados fieles, de ataque directamente de “comunismo” a todo lo que suene a mejorar el nivel de vida de la gente más pobre y a un mejor reparto de los bienes de este mundo, así como de ataque a teólogos, algunos de ellos Santos de la Iglesia Católica, respecto de los cuales San Juan Pablo II declaró que se hallaban en “perfecta consonancia” con la doctrina católica. Muchas de estas personas pertenecen o han pertenecido a la Compañía de Jesús, a la Orden Franciscana, a la Orden Mercedaria o a otras Órdenes, Prelaturas o caminos espirituales religiosos en plena comunión con la Iglesia Católica de Roma. De momento, no me voy a alargar con la lista que los que fueran sedicentes lefebvrianos perdonados por Benedicto XVI, o grupos preconciliares, pero es posible que lo haga en un futuro.

 

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Doctor en Derecho Penal por la Universidad Autónoma de Madrid

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid y del Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”

Acreditado a plazas de profesorado permanente

Experto en Historia comparada de las religiones y escritor

@pabloguerez

 

Vid., en relación con esta entrada, la siguiente entrada relacionada: http://pabloguerez.com/2014/09/20/who-are-the-enemies-of-pope-francis-vatican-increases-security-measures-due-to-isis-terror/

Salvo el título, está escrito en italiano.

 

A.M.D.G.

A.I.P.M.

 

TTIP Secret: Por favor, no molesten

octubre 13, 2014 § Deja un comentario


El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan a él (José Mugica, Presidente de Uruguay)

 

Muchos ya lo sabíamos. Y no hicimos nada. Nos creimos consumidores antes que personas, como nos enseña la socióloga e historiadora Cris Martín Jiménez . Ahora, quizá, ya sea demasiado tarde para pararlo. Ya lo comenté en una entrada anterior en este blog publicada el 23 de junio de este mismo año, y que podéis encontrar en  http://pabloguerez.com/2014/06/23/tisa-el-nuevo-tratado-secreto-del-nuevo-orden-mundial/. En aquel momento la noticia sólo había aparecido en algunos medios de comunicación independientes de manera más o menos difusa, como Le monde diplomatique, por lo que he esperado a observar el devenir de los acontecimientos para volver a publicar de nuevo sobre el tema. Recientemente, rebuscando en la prensa independiente en el ciberespacio, he podido comprobar que tanto el diario.es (http://eldiario.es), junto a La Marea (http://www.lamarea.com) y Diagonal (https://diagonalperiodico.net/), han tenido acceso a una parte de los documentos secretos que sirven de base para la negociación del Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversiones del TTIP (Transatlatic Trade and Investment Partnership), como se le conoce por sus siglas en inglés y que suponen, como he podido comprobar directamente y ha sido contrastar con fuentes fidedignas de eldiario.net, la oferta de servicios que Europa está dispuesta a negociar con Washington. El documento (https://data.awp.is/filtrala/2014/06/13/4.html), al parecer, ha llegado a través de Filtrala.org (https://flitrala.org), la herramienta e filtraciones anónimas en la que colaboran estos medios.

Según fuentes de eldiario.net, el acuerdo está en el punto de mira de organizaciones sociales y partidos de izquierda, ya que sus efectos pueden suponer en la práctica una mayor liberalización de decenas de sectores en la UE, que tiene en general una normativa más exigente que en EE UU, y abra la puerta a un mayor poder de las corporaciones, a las que se les concedería un papel protagonista como sujetos de Derecho público y privado, por encima de los derechos y de las reivindicaciones de los ciudadanos y de los consumidores, al mismo tiempo que prevé la liberalización casi absoluta de los servicios de sanidad y educación. Hasta aquí los hechos.

En este comentario reblogueado del excelente blog de “Amigos de la Tierra”, aunque quisiera profundizar en ello, me voy a abstener de realizar consideraciones de orden jurídico, como podrían ser, por ejemplo, la constatación de que el Tratado incumple las condiciones materiales mínimas para considerar su negociación constitucionalmente legítima y vulnera directamente los arts. 93 ss de la Constitución Española; mi renuncia a un análisis jurídico radica en mi aproximación epistemológica actual hacia lo jurídico. Y es que, en estas cuestiones, ya hace tiempo que, por encima de lo jurídico, está lo político, pero en la peor de sus facetas: la política antidemocrática y promotora de los intereses de unos pocos. En este sentido, el Derecho no es más que la expresión política de una voluntad política, y, por mucho que los juristas nos empeñemos en hacer valer en determinadas materias un consenso constituyente que parece roto de facto desde hace ya demasiado tiempo, el realismo jurídico acaba por imponerse, lo que equivale a decir, en su versión más radical, que el Derecho acaba siendo lo que los poderes fácticos quieren que sea.  En relación con la cuestión que nos ocupa, comenzaré diciendo que la voluntad política consiste en promover una liberalización del comercio en el contexto de una macroeconomía financiera globalizada sin preocuparse mucho de las consecuencias en orden a la falta de globalización de los derechos de los ciudadanos. Se trata de una voluntad presidida por el llamado “pensamiento único”, que detenta la hegemonía cultural, en términos gramscianos, de la industria política, económica y cultural de los tiempos que nos ha tocado padecer, especialmente a las personas “no acomodadas” de mi generación, tiempos que, en anteriores entradas he venido llamando “Post-postmodernidad”.

Sin embargo, a pesar de todo lo que nos están vendiendo desde el Poder para “dinamizar la economía”, “hacer frente a la crisis” o conseguir otros loables objetivos por parte del poder político, lo que está claro es que se necesita otro modelo de sociedad en el que redefinir las necesidades y plantearse seriamente las diferencias entre lo necesario y lo superfluo; un modelo de sociedad en el que las personas, y no el dinero o las corporaciones sean el centro de la cuestión económica. Lo contrario supone seguir manteniendo un sistema insostenible y cuya factura, como siempre, toca pagarla a los que menos tienen: los excluidos por el sistema económico-político de bienes y servicios de consumo. Pero una crítica frontal del consumismo es inseparable de una crítica del capitalismo y de sus raíces. Es necesario un sistema económico-político-social que ponga a las personas en primer luga, y realice lo mejor posible un reparto equitativo de la riqueza entre toda la población, sin caer en los errores de los modelos puros “liberal” -atribución al mercado de la distribución- o “socialista” -atribución al Estado burocrático de la competencia exclusiva para la distribución de la riqueza-. Buenos puntos de partida para el cambio, procedentes de tendencias ideólogicas históricas diferentes, pero encontradas, pueden ser el liberalismo igualitario de J. Rawls y su “Justice Theory”, de 1970; el estudio de la teoría y de la experiencia de las socialdemocracias nórdicas de los años 70′ a 90′ del pasado siglo; las enseñanzas económicas contenidas en el clásico del ecologismo político y social de Schumacher “Small is beautiful. A study of economics as if people mattered”, 1973; o el pensamiento económico de Amartya Sen y otros economistas de su línea. También el estudio de máximas de comportamiento económico que cabe deducir de muchas religiones, desde las versiones más progresistas de la doctrina social católica hasta algunas derivadas de las enseñanzas budistas, pueden aportar mucho a un correcto entendimiento del problema económico. Corren malos tiempos para estas aproximaciones teóricas. Pero las consecuencias imparables de la crisis y de las desigualdades sociales deberán ponernos a todos, tarde o temprano, en la encrucijada de “rehumanizar” la política económica como gestión razonable de las necesidades de todos, utilizando para ello las valiosas herramientas desarrolladas por la ciencia económica, como el “óptimo de Pareto” o la idea de “equilibrio de Nash”. Aquella parte de la economía basada en el prototipo del “homo oeconomicus”, guiado exclusivamente por su beneficio -definido, por cierto, de manera muy pobre- dista mucho de corresponderse con la realidad -salvo en la parte en la que ésta ha sido ya manipulada por el sistema que detenta la “hegemonía cultural” dominante-, y está cediendo en la actualidad, a pesar del silenciamiento ideológico promovocado por el pensamiento único en Política y Economía, a versiones más humanas de análisis del comportamiento económico, como la propuesta por el modelo que atiende, en lugar de al “homo oeconomicus”, al “homo reciprocans”, y todas las teorías que premian la cooperación. Porque en el fondo, de lo que se trata en la Política económica, es del análisis de las necesidades y de la distribución de los recursos. En este sentido, una política económica justa debe buscar el objetivo de satisfacer las necesidades básicas de todos y de no generar más desigualdad de aquella que sea necesaria y compatible, a su vez, con la garantía de la máxima libertad de todos en el ámbito económico. Puesto que la mayor parte de los bienes -aquellos cuyo valor es directamente expresado en dinero-, y salvo ciertos bienes compartidos, se presenta en un escenario, empleando el lenguaje de la teoría de juegos, de suma cero (lo que tú tienes yo no lo tengo), los criterios para la distribución o, en su caso, redistribución de la riqueza (típicamente, del dinero) deben responder a exigencias éticas que tengan en cuenta, para empezar, el destino universal de los bienes humanos, además de otros criterios relativos a la priorización de las necesidades de la población o el trabajo. La justificación del derecho exclusivo y excluyente de la propiedad debe estar cimentada en una Teoría de la Justicia que pueda fomentar la prosperidad que hasta ahora ha generado el mercado, pero de una manera sostenible y que resulte tolerable para la mayoría de la gente, lo que implica la proscripción de las desigualdades extremas y se traduce, en la práctica, en el deber de compromiso de la ciudadanía en la lucha contra la pobreza.

Fdo./Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD
@pabloguerez

 

PD.:  Os dejo un enlace a una conferencia reciente de José Mugica, Presidente de Uruguay, que da que pensar sobre esta cuestión: “Lo que era economía de mercado se ha convertido en sociedad de mercado (…) Los mercados nos gobiernan, hay que gobernar los mercados”: https://www.youtube.com/watch?v=n0J5sWIeMFM

TTIP SECRET. NO al Tratado de Troya

TTIP Secret: Por favor, no molesten

Desde junio de 2013, la Comisión Europea, el Gobierno estadounidense y los grandes lobbies empresariales se reúnen a espaldas de la sociedad para negociar las condiciones del Tratado de Comercio e Inversiones (TTIP), un nuevo caballo de troya que oculta una importante pérdida de derechos y que cambiará la vida de los ciudadanos europeos.

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¿Es posible conciliar la planificación de nuestra vida con la confianza en la Providencia divina? Especial referencia al trabajo en la situación de CRISIS actual, a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia.

julio 28, 2014 § Deja un comentario


A mi padre

 

http://es.catholic.net/escritoresactuales/854/1702/articulo.php?id=39646&msj=2&msj=1

 

Comentario:

 

El enlace que acabo de postear, publicado por Pioneros de Schoenstatt, movimiento católico que me merece el mayor de los respetos, realiza una breve exégesis del conocido y precioso mensaje de confianza en la Providencia contenido de Mt 6,24-34, sobre los pájaros del cielo y los lirios del campo. Intenta conciliar la confianza en la Providencia con nuestra necesidad humana de previsión y seguridad. Sin embargo, desde mi punto de vista el artículo “se queda corto” y no convence, a mi juicio. Y se queda corto precisamente desde el lado “providencialista”. La posibilidad conciliadora entre confianza en la providencia yy planificación de nuestras vidas, que sostiene el artículo posteado, resulta hoy, por la “certeza de la inseguridad” en la que se basan las sociedades aun de los países más desarrollados, no guarda relación directa con otros pasajes del Evangelio. En particular, con la condena de Jesús de la acumulación de riquezas -que no es equiparable al ahorro-, así como con otros pasajes neotestamentarios que recuerdan la sabiduría de los Salmos de David o de los Libros Proféticos del AT, algunos recordados por algunas epístolas de San Pablo: “Mis caminos no son vuestros caminos” (Is 55, 58), pasajes que nos recuerdan la absoluta precariedad de la vida y de la condición humanas, que sólo pueden descansar en la confianza en Dios, y no en las seguridades que nos construimos los hombres, seguridades cuyo carácter ilusorio es puesto de manifiesto por los signos de los tiempos cada vez con mayor crudeza y con pavorosa actualidad. En otro lugar del Evangelio de Mateo se nos invita a no atesorar tesoros en la tierra, sino a buscar los bienes del Cielo. Así, en Mt  6,19-23 leemos: “Jesús dijo a sus discípulos: “No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en le cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque dónde esté tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!”).

Así las cosas, y por comentar críticamente la exégesis realizada de la invitación a la Providencia, quisiera comenzar diciendo que el mensaje evangélico me parece, a mi modo de ver, un sabio mensaje común a casi todas las religiones, antiguas y modernas, tanto occidentales como orientales -y sobre todo propio de éstas-, que con sabiduría milenaria han conseguido transmitir una enseñanza capaz de llevar mejor la paz al corazón del hombre que el mensaje contrario: el mensaje cristiano tergiversado propio del protestantismo clásico y de sus derivaciones en varias Iglesias reformadas, que insiste en la necesidad de triunfar en los negocios como signo externo de la gracia divina (cfr. Weber, Max, El espíritu protestante y la ética del capitalismo), y en el que se funda en buena parte el llamado “progreso” de nuestra decadente -pues ha perdido ya su ética originaria, incluso comercial- sociedad occidental.

Descendiendo a la “realidad de las cosas y del trabajo” en los actuales tiempos, ¿qué hacer cuando no hay trabajo y la lacra del paro se ceba precisamente con los que más hemos hecho fructificar nuestros talentos, precisamente porque los “emprendedores” tiene miedo de que no aceptemos sueldos menores? ¿Hasta cuándo debemos las personas que nos hemos esforzado toda nuestra vida en hacer fructificar nuestros talentos -aun en momentos de pecado y debilidad-, hasta conseguir la máxima titulación académica, la de Doctor (PhD), y no encontramos trabajo? ¿Mandar 100 currícula? ¿200? ¿500? Cualquier número podrá ser insuficiente porque siempre es posible pensar, in abstracto, en una mayor. Si mandamos 1000, siempre se nos puede reprobar que no hayamos mandado 1001.  Genitori et societati numquam satis. La única solución lógica, pero injusta, es infinito, lo que pasa por la extenuación del demandante de empleo, sobre todo porque ante esta situación es muy probable que se vea afligido por la depresión y la frustración, que paraliza, sin culpa alguna del trabajador en paro -el cual es encima victimizado y culpabilizado por su situación por las generaciones que le precedieron, por la clase política y empresarial y por la sociedad en su conjunto-, sus posibilidades de emprender una búsqueda fructífera de un trabajo que le procure un sostenimiento decoroso, no digamos ya la posibilidad de formar una familia, como han venido enseñando reiteradamente los papas en sus encíclicas sobre la doctrina social de la Iglesia. A este respecto, quisiera hacer una observación de la parábola de los talentos, que debe intepretarse sistemáticamente; el Señor, al igual que reparte talentos, reparte -o permite- cruces. Es por este motivo por lo que, especialmente en la situación socioeconómica actual, y especialmente en lo tocante a las economías de los países llamados “desarrollados”, la utilización de esta parábola como arma arrojadiza generacional es peligrosa en boca de las generaciones ya colocadas, que no entienden de la BRUTAL CRISIS que padece la sociedad, que lleva a cosas tan ilógicas como la hipercualificación constituya una desventaja. Desde luego, ilógicas desde el punto de vista de la justica y la equidad, pero perfectamente lógicas desde el mercado de trabajo y, en particular, de la figura del llamado “emprendedor”, que con la excusa de la crisis no aceptará personas cualificadas o hipercualificadas con el pretexto de no poder pagar salarios acordes con la cualificación alegada. Es más, presionará a los “mercados del conocimiento”, es decir, a las instituciones académicas, públicas o privadas, para que impartan enseñanzas conformes sólo con los caprichos coyunturales del mercado, denominados “nuevas necesidades del mercado” e incluso “necesidades de la nueva sociedad de la información y del conocimiento”. Y ante la conformidad del trabajador, ésta será vista con sospecha, sobre todo si se trata de un trabajador bien formado intelectualmente, con capacidad crítica y competencia para resolver problemas complejos, que la cortedad de mira sdel “emprendedor” no sabrá valorar, y mucho menos los psicólogas -y utilizo el femenino porque son abrumadora mayoría- de recursos humanos reclutadoras de carne fresca según los manuales al uso para para que los trabajadores finalmente seleccionados puedan ocupar un puesto para que la empresa “vaya tirando”. Por supuesto, los beneficios empresariales obedecerán a otra lógica muy distinta: la lógica de su inversión en los mercados financieros y su mágica transmutación en productos de nombres cuasi esotéricos; derivados, futuros, warrants up o down, bonos convertibles, acciones A, B, C, o cócteles financieros de todos ellos empaquetados en respetables fondos de inversión o planes de inversiones listos para la venta a los “ahorradores”, que no son más que las personas decentes que han conseguido acumular un pequeñísimo patrimonio con su trabajo a la largo de toda su vida. Si me habéis seguido hasta aquí, queridos lectores, ¿acaso no estáis ya cansados, pero desde hace ya muchísimo tiempo, de toda esta palabrería economicista que se cobra a precios de 60.000 euros en algunos “Másteres” de “ciencias empresariales, MBA, márketing y ciencias ocultas análogas?
Lógicamente, esta situación varía de país en país, de acuerdo con la diferente “cultura empresarial” que se tenga. Pero en España lo que ha primado y sigue primando -aunque la crisis haya detenido las ansias de codicia de los empresarios, que volverá a reaparecer si cabe con mayor virulencia cuando comencemos a experimentar un crecimiento económico real-, es un modelo que volverá a aplicarse; un modelo económico basado en el natural connubio entre construcción, servicios inmobiliarios, entidades financieras y corrupción pública, todo ello condimentado con una alta dosis de cinismo aplicada por los políticos que seguirán pidiendo “sacrificios” a los trabajadores en términos de moderación salarial, renuncia a los seguros sociales y a las pensiones públicas, renuncia a la sanidad y a la educación pública y a otros sistemas de previsión social mínimamente tutelados por el Gobierno.
En los tiempos de Cristo era más fácil poder vivir con poco. Lamentablemente hoy no. La doctrina social de la Iglesia, muchas veces no conocida en su integridad, y más compleja de lo que parece -aunque a mi juicio desde que surgiera como disciplina eclesiástica con cierta autonomía con la publicación de la Rerum novarum por parte del papa León XIII siempre se ha mostrado más favorable a los ricos que a los pobres, como espero poder tener tiempo de argumentar en una entrada posterior- revela sorpresas incluso para los que la blanden como arma arrojadiza en contra de opciones políticas legítimas “de izquierdas” respecto de las cuales la Iglesia, de conformidad con su propia doctrina, debería permanecer neutra, siempre y cuando aquellas doctrinas puedan funcionar sin una concepción socioantropológica distorsionada del hombre y de su dignidad en el mundo. Ello puede deducirse fácilmente de una lectura sosegada de varios documentos y declaraciones del Concilio Vaticano II, cuya enumeración, para no sobrecargar al lector con un farragoso elenco, resulta innecesaria, pero entre las que destaca la “Gaudium et spes”, que proclama la neutralidad política de la Iglesia en cuanto a opciones políticas temporales, así como las cartas encíclicas “Mater et magistra” de S. S. el papa San Juan XXIII de 1961 o la “Populorum Progressio de S. S. el papa Pablo VI de 1967. También son interesantes declaraciones a este respecto de los papas San Juan Pablo II, Benedicto XVI o del actual papa Francisco, por cierto, muy sensibilizado con el problema del paro juvenil, hasta el punto de que lo ha considerado un problema que afecta a la propia dignidad de quien lo sufre y a sus posibilidades de desarrollo personal, familiar, intelectual y aun espiritual dentro del sistema social. En este punto la doctrina sobre la dignificación del trabajo, constante en la evolución de la doctrina social de la Iglesia debe ser aplaudida, mas no por ello deben aceptarse cualesquiera condiciones de trabajo -algo de ello dicen también algunas encíclicas-, ni mucho menos debe dejarse al arbitrio de las coyunturas del mercado la determinación de las condiciones de trabajo y, especialmente la determinación del salario justo (vid., unánimemente, las encíclicas Rerum Novarum, Quadragesimo Anno, Mater et Magistra, Pacem in Terris, Populorum Progressio, Sollecitudo rei socialis, así como múltiples declaraciones tanto del Concilio Vaticano II como de los papas del siglo pasado y de éste, especialmente del papa Francisco.
A los que buscamos trabajo se nos dice muchas veces que debemos acudir al patrón -hoy llamado empleador o, peor, “emprendedor”, aunque no emprenda nada-, y no al revés, y conozco casos en los que esta acusación es vertida contra el demandante de empleo en su propia cara por parte del empresario cuando aquél acude a la empresa a pedir trabajo. A la luz de la terrible injusticia que suponen estas incidencias, que no son más que una manifestación más de la terrible desigualdad entre empresario y trabajador en el estadio del capitalismo actual posfordista, como curiosidad histórica sobre la evolución de la doctrina social de la Iglesia, puedo comentar, a favor de aliviar la carga a los trabajadores en su búsqueda de un empleo que les permita su decoroso sustento, que ya en la encíclica Quadragesimo Anno, S.S. el papa Pío XI comentaba que sería deseable que fuera el Capital el buscara al trabajo, y no al revés. Por su parte, el actual papa Francisco ha cargado ya en innumerables ocasiones justamente las tintas contra un mercado economicista que no tiene en cuenta el talento de las personas y nuestra dignidad, habiendo alertado a los empresarios sobre la gran responsabilidad que tienen para erradicar la lacra del desempleo y, especialmente, el que afecta a las personas con menos recuros y a los más jóvenes, en relación con los cuales las cifras del paro, especialmente en los países mediterráneos, reviste cifras alarmantes.
A.M.D.G.
Fdo./Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD.
En Calpe (Alicante), a veintinueve de julio de dos mil catorce.
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¿Es posible conciliar la planificación de nuestra vida con la confianza en la Providencia divina? Especial referencia al trabajo en la situación de CRISIS actual, a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia, by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
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El papa Francisco habla en su primera entrevista concedida a los medios (concretamente a la cadena española cuatro) sobre varios aspectos de su pontificado.

junio 16, 2014 § Deja un comentario


 

Como muchos ya sabréis, el papa Francisco concedió ayer, en algo que constituye un acto inusual por parte de un pontífice, su primera entrevista a un medio de comunicación: la cadena española cuatro. Como siempre, no deja de sorprendernos positivamente con su vuelta a lo que él mismo denominó como “las raíces del mensaje evangélico”. Por mi parte, habría bastado con enviaros el enlace adjunto sin realizar ningún comentario adicional, si no fuera porque, a mi juicio -y no pretendo especular sobre la causa de posibles omisiones informativas-, en el artículo digital de cuatro no se dice todo lo que se emitió en la entrevista. Inexplicablemente, se omite un aspecto fundamental sobre el que el Papa fue preguntado, cual es su opinión sobre el sistema económico mundial y la globalización. Y digo inexplicablemente porque, a estas alturas, todos conocemos la opinión del Pontífice al respecto, que ha sido publicitada por multitud de medios internacionales. Quizá ayer se dijo algo más, o se dijo con una precisión didáctica que los propios entrevistadores no se esperaran. Pero a los que escuchamos la entrevista, y tenemos buena memoria, se nos quedó grabado casi como si se tratase de una teofanía (y perdón por la licencia hiperbólica). En cualquier caso, para un católico, esté de acuerdo o no con las declaraciones del Pontífice, éste no deja de ser la autoridad suprema de su Iglesia. Y se trata de una autoridad marcada por unas formas y unos estilos muy diferentes a las de la mayoría de sus predecesores del siglo XX, una autoridad no entendida como “imperium” y ejercicio dogmático de la potestad de las llaves, sino como “auctoritas” en el sentido latino del término, es decir, como una autoridad moral que se sugiere, se propone y no se impone. Como, por otra parte, sucede o debería suceder con la fe cristiana, y con cualquier fe, pues sólo desde la libertad puede abrazarse no sólo un credo, sino sobre todo la opción de seguimiento personal propuesta por cualquier religión y que constituye la base del acto de fe: en el caso del Cristianismo, la opción de vida propuesta por Cristo Jesús.

Volviendo a la entrevista papal, por lo dicho anteriormente me interesa destacar dos puntos, que guardan relación entre sí. Un primer punto, fundamental, sobre la opinión del Papa en torno al sistema económico mundial o a las economías que rigen el mundo y su concepción de la globalización; y un segundo aspecto menor, pero que no deja de ser significativo y reconciliador -al menos, a mí me sorprendió muy positivamente-, que tiene que ver con la recuperación de la política como arte del buen gobierno, aspecto muy descuidado por los mensajes y las encíclicas pontificias, y tan necesitado de una reflexión por el pensamiento cristiano, frente a la hegemonía cultural de la economía, especialmente si se trata de una economía: la economía del pensamiento único. Comenzando por este último punto, el papa citó expresamente un escrito de un religioso cuyo nombre ahora no alcanzo a recordar, sobre la necesidad de recuperar la política. Me interesa traer a colación esta cuestión porque, lejos de ser completamente menor, se trata de una de las reinvindiaciones de la izquierda sociológica tan castigada por un pensamiento único -y todos interpretamos que se trata del pensamiento único ultraliberal con sus varias corrientes “ideológicas”, como por ejemplo, la Escuela de Chicago, y el que presentaron periodistas y pseudoeconomistas como Francis Fukuyama tras la caída del Muro, vendiendo un discurso a muchos partidos “de derechas” europeos, y, con él, una doctrina económica que constituye la base de las políticas procíclicas y de austericidio que muchos padecemos en la actualidad-. Más aún, por si quedara alguna duda sobre la condena del Papa -que fue explícita- del pensamiento único, realizada al hilo de la cuestión mayor que trataré enseguida, en la entrevista puede contemplar con satisfacción que se hablaba con una contingencia inusitada de la licitud de varias opciones políticas -siempre y cuando respetaran a la persona- con total naturalidad y sin alineamientos con determinados lados del espectro político sociológico con los que, velada o expresamente, ha prestado su colaboración la doctina social de la Iglesia Católica, cuando no su praxis, incluso con regímenes no democráticos. Y es que, al hablar de antisemitismo, el Papa declaró que se trata de un fenómeno condenable que ha tenido su principal caldo de cultivo sobre todo en los partidos de “la Derecha”. Ahí queda eso. Y, mal que le pese a algunos -o a muchos-, durante la entrevista el Pontífice habló con toda naturalidad de los partidos de centro derecha y de centro-izquierda. Se trata con mucho de una apertura hacia el pluralismo ideológico y político hasta el momento sin precedentes, que va mucho más allá del análisis hermético que realizara su predecesor Pablo VI en la encíclica “Populorum Progressio” de 1967, en la que alertaba a sus fieles incluso de interpretaciones prácticamente inocentes del marxismo como método de análisis histórico y metodológico; alertas innecesarias cuando determinado sector del marxismo occidental quiso corvenger con compromisos históricos con la democracia cristiana, renunciado a una buena parte de su bagaje dogmático hasta el punto de que, como ocurrió con la mayor parte de los autores de la llamada Escuela de Frankurt -en teoría marxista-, el marxismo ortodoxo perdió buena parte de su contenido “ideológico” para convertirse en un método de explicación de la realidad que, aun utilizando viejas categorías heredadas, constituyó un valioso aporte sociológico para comprender mejor las sociedades modernas o posmodernas.

Pero vayamos a la cuestión principal que quería referir a mis lectores, y que como verán, enlaza perfectamente con la que se acaba de comentar: el papa Francisco fue preguntado sobre la licitud del sistema económico actual y sobre la globalización. Su respuesta no pudo ser más didáctica y certera, tanto desde el punto de vista evangélico como desde un punto de vista estrictamente humanista: el Papa sostuvo que los sistemas económicos actuales no son buenos y que hemos incurrido en el grave pecado de idolatría: de idolatría del dios Dinero. Comenzando por la premisa valorativa de que todo sistema económico debe tener en su centro al hombre -al hombre y la mujer, precisó-, el papa constató el apartamiento radical de los sistemas económicos actuales de esta premisa. Más aún, habló de economías idolátricas, en el sentido antedicho, cuyo funcionamiento operaba por descarte. Por descarte de las personas -de los seres humanos- que el sistema había decidido de antemano que ya no serían productivos. Y puso como ejemplos paradigmáticos -si bien no únicos-, el descarte, por abajo, de los jóvenes, a quienes se les negaba cualquier posibilidad de acceder a un empleo. Y, por arriba, a los mayores, considerados como improductivos, como clases pasivas, que debían ser desechados. Con ello, los sistemas idolátricos estaban condenándose a no tener futuro, pues el futuro de un sistema económico-social, explicó el Papa, se basa en la pujanza de los jóvenes, que pueden y quieren contribuir al desarrollo de sus sociedades, inspirados por la sabiduría de los mayores. Con ello -y esto ya es añadido mío, en el que tomo prestada una frase del magnate George Soros-, el sistema está en manos de treintañeros -hoy quizá más cuarentañeros- aprendices de economistas y especuladores que sólo piensan en ganar dinero. El Papa mostró una gran preocupación por el desempleo juvenil y, como siempre, muy lejos de cargar las tintas contra “jóvenes vagos e improductivos” -como acostumbran muchas veces a denominarlos las generaciones de sus padres, cuando no ciertos sectores de la Iglesia española, hoy minoritarios, al menos en su expresión-, tuvo la valentía de denunciar directamente al sistema económico en su propia estructura, del cual dijo que “no es bueno”. Y con respecto al fenómeno de la globalización, el Papa explicó magistralmente que existen dos tipos de globalización; una mala, a la que tendemos, que trata de igualar a todo el mundo según un canon economicista que no es otro que el del pensamiento único. El Pontífice quiso expresar gráficamente esta idea con la idea de una esfera, en la que todos los puntos de su superficie son equidistantes respecto de su centro. En este tipo de globalización, dijo el Papa, no hay lugar para la diversidad ni para las diferencias individuales, y se acaba anulando a la persona; es propia de los gobiernos totalitarios, pero no sólo, sino también de estas nuevas formas economías idolátricas que, realizando una verdadera adoración del dios Dinero, consideran a las personas como números, o como elementos fungibles carentes de valor. Frente a este modelo de globalización, el Papa considera que es posible una globalización positiva; repitiendo el paralelismo con la imagen, ésta se asemejaría más bien a un poliedro, donde todas las piezas están interconectadas, pero cada una conserva su singularidad y su particularidad individual en la comunidad. Precisamente como ocurre con el Misterio de la Santísima Trinidad a cuya imagen, como nos recordó el Pontífice en sus catequesis más recientes, fue hecho el hombre, donde las Tres Personas no anulan la común naturaleza divina, sino que la enriquecen a través de una comunicación constante basada en el Amor.

En cuanto a la actitud personal que el papa Francisco mostró en la entrevista, estuvo humilde, didáctico, parco, sencillo, comunicador y lleno de Dios. Como los primeros discípulos de Jesús.

Hasta aquí la información que he tratado de comunicar, como complemento, a mis lectores. Abajo, os incluyo un link con otros puntos de la entrevista:

 

http://www.cuatro.com/practica-cuatro/entrevista-papa-francisco_0_1812300167.html

 

Fdo. Pablo Guérez, PhD

 

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