¡Necio! ¡Esta noche te pedirán la vida! (Lc 12, 20)

octubre 20, 2014 § Deja un comentario


domund-2014-destacado    Granero

VEN, ESPÍRITU DE DIOS

VEN, ESPÍRITU DE DIOS

Jesus-eucaristia                 A mi amigo Hilo Moreno, quien siempre ha sabido vivir con lo necesario, consolar al afligido y pagar con abundancia. Gracias por tus visitas noruegas.

Amigos:

Ayer, 19 de octubre, tercer Domingo de este mes, la Iglesia Universal conmemoró el Domund, el Día universal de Misiones. Parafraseando la “Gaudium et spes”, los gozos y esperanzas de la Humanidad doliente han llegado a la Iglesia, y es la Iglesia Católica, bien directamente, bien a través de sus organismos oficiales, bien a través de sus orgamismos caritativos, bien a través de sus fieles, entre los que me encuentro, la institución humana -por encima de los orgamismos de la Familia de Naciones Unidas-, que más hace contra la pobreza en el mundo. Desde hace siglos.

He escrito bastante sobre la pobreza y sus causas, numquam satis, pero espero haber aportado mi granito de arena. Ya he escrito varias veces sobre la necesidad de un cambio “desde abajo”, a nivel individual, desde los individuos, hacia el compartir y la desposesión; no sin ello eximir de responsabilidad a los responsables políticos elegidos para detentar el poder civil y controlar, también, la vida económica, cuando hoy sucede al revés. Al mismo tiempo es fundamental el papel que pueden desempeñar los grupos intermedios a través de la filantropía y del mecenazgo, como tan bien se ocupara de destacar la doctrina social de la Iglesia al menos desde los tiempos de Pío XI y de la publicación de la carta encíclica Quadragesimo Anno. Hasta aquí mi sucinta aportación personal, que no es sino un recordatorio de cosas ya escritas y cuya sensatez (espero) compartan la mayoría de mis seguidores.

Como post de día de hoy, para no ser repetitivo con un tema que sólo resulta plenamente accesible al corazón, me limitaré a señalar al Maestro en Su Evangelio de hoy, día 20 de octubre, así como a reportar un comentario sobre el pasaje evangélico a cargo del sabio Padre Fray Lluc TORCAL, Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet (Santa Maria de Poblet, Tarragona, España) sobre el mismo. Como he expresado ya reiteradamente en este blog, mi posición al respecto se encuentra ya bastante desarrollada, sin perjuicio de retomar el desarrollo en el futuro. Dejemos, pues, hablar al Maestro y dejemos que Su Palabra cale en nuestros corazones con el relato de esta magnífica parábola, perfectamente aplicable a estos tiempos de acumulación deshumanizada:

Día litúrgico: Lunes XXIX del tiempo Ordinario

Texto del Evangelio (Lc 12,13-21): En aquel tiempo, uno de la gente le dijo: «Maestro, di a mi hermano que reparta la herencia conmigo». Él le respondió: «¡Hombre! ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?». Y les dijo: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes».

Les dijo una parábola: «Los campos de cierto hombre rico dieron mucho fruto; y pensaba entre sí, diciendo: ‘¿Qué haré, pues no tengo donde reunir mi cosecha?’. Y dijo: ‘Voy a hacer esto: Voy a demoler mis graneros, y edificaré otros más grandes y reuniré allí todo mi trigo y mis bienes, y diré a mi alma: Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea’. Pero Dios le dijo: ‘¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?’. Así es el que atesora riquezas para sí, y no se enriquece en orden a Dios».

Comentario: Fray Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet (Santa Maria de Poblet, Tarragona, España)

La vida de uno no está asegurada por sus bienes

Hoy, el Evangelio, si no nos tapamos los oídos y no cerramos los ojos, causará en nosotros una gran conmoción por su claridad: «Mirad y guardaos de toda codicia, porque, aun en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes» (Lc 12,15). ¿Qué es lo que asegura la vida del hombre?

Sabemos muy bien en qué está asegurada la vida de Jesús, porque Él mismo nos lo ha dicho: «El Padre tiene el poder de dar la vida, y ha dado al Hijo ese mismo poder» (Jn 5,26). Sabemos que la vida de Jesús no solamente procede del Padre, sino que consiste en hacer su voluntad, ya que éste es su alimento, y la voluntad del Padre equivale a realizar su gran obra de salvación entre los hombres, dando la vida por sus amigos, signo del más excelso amor. La vida de Jesús es, pues, una vida recibida totalmente del Padre y entregada totalmente al mismo Padre y, por amor al Padre, a los hombres. La vida humana, ¿podrá ser entonces suficiente en sí misma? ¿Podrá negarse que nuestra vida es un don, que la hemos recibido y que, solamente por eso, ya debemos dar gracias? «Que nadie crea que es dueño de su propia vida» (San Jerónimo).

Siguiendo esta lógica, sólo falta preguntarnos: ¿Qué sentido puede tener nuestra vida si se encierra en sí misma, si halla su agrado al decirse: «Alma, tienes muchos bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe, banquetea» (Lc 12,19)? Si la vida de Jesús es un don recibido y entregado siempre en el amor, nuestra vida —que no podemos negar haber recibido— debe convertirse, siguiendo a la de Jesús, en una donación total a Dios y a los hermanos, porque «quien vive preocupado por su vida, la perderá» (Jn 12,25).

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano)

El desarrollo humano

Hoy Jesucristo nos habla del “desarrollo” genuino del hombre y nos advierte del peligro (incluso, ridiculez) de la codicia. Las realidades de la verdad y del amor —nuestro auténtico camino— no se encuentran en el mundo de las cantidades, sino que sólo podemos encontrarlas si vamos más allá de ese mundo y entramos en un nuevo orden.

De los dinosaurios se afirma que se extinguieron porque se habían desarrollado erróneamente: mucho caparazón y poco cerebro, muchos músculos y poca inteligencia. ¿No estaremos desarrollándonos también nosotros de forma errónea: mucha técnica, pero poca alma?; ¿un grueso caparazón de capacidades materiales, pero un corazón que se ha vuelto vacío? En medio de tantas cosas y de tanto aparentar, ¿no hemos perdido la capacidad de percibir en nosotros la voz de Dios, de reconocer lo bueno, lo bello y lo verdadero?

—Señor, Dios nuestro, ten misericordia de nosotros para que entendamos que el desarrollo verdaderamente humano está antes en el “ser” que en el “tener”.

Meditación del día de Hablar con Dios

29ª semana. Lunes

LA ESPERANZA DE LA VIDA

— Los bienes temporales y la esperanza sobrenatural.

— El desprendimiento cristiano.

— Nuestra esperanza está en el Señor.

  1. Se acercó uno al Señor1para pedirle que interviniera en un asunto de herencias. Por las palabras de Jesús, parece que este hombre estaba más preocupado por aquel problema de bienes materiales que atento a la predicación del Maestro. La cuestión planteada, ante el Mesías que les habla del Reino de Dios, da la impresión de ser al menos inoportuna. Jesús le responderá: Hombre, ¿quién me ha constituido juez o repartidor entre vosotros?A continuación, aprovecha la ocasión para advertir a todos: Estad alerta y guardaos de toda avaricia, porque aunque alguien tenga abundancia de bienes, su vida no depende de aquello que posee. Y para que quedara bien clara su doctrina les expuso una parábola. Las tierras de un hombre rico produjeron una gran cosecha, hasta tal punto que no cabía en los graneros, Entonces, el propietario pensó que sus días malos se habían acabado y que tenía segura su existencia. Decidió destruir los graneros y edificar otros más grandes, que pudieran almacenar aquella abundancia. Su horizonte terminaba en esto; se reducía a descansar, comer, beber y pasarlo bien, puesto que la vida se había mostrado generosa con él. Se olvidó –¡como tantos hombres!– de unos datos fundamentales: la inseguridad de la existencia aquí en la tierra y su brevedad. Puso su esperanza en estas cosas pasajeras y no consideró que todos estamos en camino hacia el Cielo.

Dios se presentó de improviso en la vida de este rico labrador que parecía tener todo asegurado, y le dijo: Necio, esta misma noche te reclaman el alma; lo que has preparado, ¿para quién será? Así ocurre al que atesora para sí y no es rico ante Dios.

La necedad de este hombre consistió en haber puesto su esperanza, su fin último y la garantía de su seguridad en algo tan frágil y pasajero como los bienes de la tierra, por abundantes que sean. La legítima aspiración de poseer lo necesario para la vida, para la familia y su normal desarrollo no debe confundirse con el afán de tener más a toda costa. Nuestro corazón ha de estar en el Cielo, y la vida es un camino que hemos de recorrer. Si el Señor es nuestra esperanza, sabremos ser felices con muchos bienes o con pocos. «Así, pues, el tener más, lo mismo para los pueblos que para las personas, no es el fin último. Todo crecimiento tiene dos sentidos bien distintos. Necesario para permitir que el hombre sea más hombre, lo encierra en una prisión desde el momento en que se convierte en el bien supremo, que impide mirar más allá. Entonces los corazones se endurecen y los espíritus se cierran; los hombres ya no se unen por amistad, sino por interés, que pronto les hace oponerse unos a otros y desunirse. La búsqueda exclusiva del poseer se convierte en un obstáculo para el crecimiento del ser, y se opone a su verdadera grandeza. Para las naciones, como para las personas, la avaricia es la forma más evidente de un subdesarrollo moral»2. El amor desordenado ciega la esperanza en Dios, que se ve entonces como algo lejano y falto de interés. No cometamos esa necedad: no hay tesoro más grande que tener a Cristo.

  1. La Sagrada Escritura nos amonesta con frecuencia a tener nuestro corazón en Dios:Tened dispuesto el ánimo, vivid con sobriedad y poned vuestra esperanza en la gracia que os ha traído la revelación de Jesucristo3, exhortaba San Pedro a los primeros cristianos. Y San Pablo aconseja a Timoteo: A los ricos de este mundo encárgales… que no pongan su confianza en la incertidumbre de las riquezas, sino en Dios, que abundantemente nos provee de todo para que lo disfrutemos4. El mismo Apóstol afirma que la avaricia está en la raíz de los males y muchos, por dejarse llevar de ella, se extravían en la fe y se atormentan a sí mismos con muchos dolores5. La Iglesia lo sigue recordando en el momento presente: «Estén todos atentos a encauzar rectamente sus afectos, no sea que el uso de las cosas del mundo, y un apego a las riquezas contrario al espíritu de pobreza evangélica, les impida la prosecución de la caridad perfecta. Acordándose de la advertencia del Apóstol: Los que usan de este mundo no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan(cfr. 1 Cor7, 31)»6.

El desorden en el uso de los bienes materiales puede provenir de la intención, cuando se desean las riquezas por sí mismas, como si fueran bienes absolutos; de los medios que se emplean para adquirirlas, buscándolas con ansiedad, con posibles daños a terceros, a la propia salud, a la educación de los hijos, a la atención que requiere la familia… El desorden que da lugar a la avaricia puede estar también en la manera de usar de ellas: si se emplean solo en provecho propio, con tacañería, sin dar limosna.

El amor desordenado a los bienes materiales, pocos o muchos, es un grave obstáculo para seguir al Señor. El desprendimiento y el recto uso de lo que se posee, de aquello que es necesario para el sostenimiento de la familia, de los instrumentos de trabajo, de aquello que es lícito poseer para el descanso, de lo que se debe prever para el futuro –sin agobios, con la confianza siempre puesta en Dios–, es un medio para disponer el alma a los bienes divinos. «Si queréis actuar a toda hora como señores de vosotros mismos, os aconsejo que pongáis un empeño muy grande en estar desprendidos de todo, sin miedo, sin temores ni recelos. Después, al atender y al cumplir vuestras obligaciones personales, familiares… emplead los medios terrenos honestos con rectitud, pensando en el servicio a Dios, a la Iglesia, a los vuestros, a vuestra tarea profesional, a vuestro país, a la humanidad entera. Mirad que lo importante no se concreta en la materialidad de poseer esto o de carecer de lo otro, sino en conducirse de acuerdo con la verdad que nos enseña nuestra fe cristiana: los bienes creados son solo eso, medios. Por lo tanto, rechazad el espejuelo de considerarlos como algo definitivo»7.

Si estamos cerca de Cristo, poco nos bastará para andar por la vida con la alegría de los hijos de Dios. Si no nos acercamos a Él, nada bastará para llenar un corazón siempre insatisfecho.

III. «En cierta ocasión –cuenta un amigo sacerdote–, hace ya muchos años estaba pasando una corta temporada de prácticas militares en el pueblo más alto de Navarra. Estas prácticas las hacíamos aprovechando la pausa de nuestros estudios. Recuerdo que cuando estaba yo en aquel pueblecito llamado Abaurrea, se presentó allí un alférez nuevo, flamante. Se presentaba al jefe para que le dijera a qué unidad iba destinado. Volvió diciendo que el jefe le había dicho que tenía que ir a Jaurrieta y que, así, como sin darle importancia, le había insinuado que tenía que tomar un caballo e irse en él (…). El nuevo estaba muy inquieto y toda la cena estuvo hablando del caballo, preguntando cosas, pidiendo algún consejo práctico. Entonces, uno de los que había allí dijo:

»—Tú lo que tienes que hacer es montarte sereno, con tranquilidad y que no se dé cuenta el caballo de que es la primera vez que montas. Esto es lo decisivo (…).

»Al día siguiente, por la mañana, muy temprano, estaban en la puerta, esperando al oficial recién incorporado, un soldado con su caballo y con otra cabalgadura para llevar la maleta, El alférez montó en el caballo y, por lo visto, el caballo se dio cuenta en el acto de que era la primera vez que montaba, porque, sin más, se lanzó a una especie de pequeño trote, con cara de alarma del alférez. El caballo se paró cuando quiso, y se puso a comer en uno de los lados de la carretera… por más que el alférez tiraba de las riendas inútilmente. Cuando el caballo lo creyó oportuno, se puso de nuevo a caminar por la carretera y, de cuando en cuando, se paraba; luego daba un trotecito, mientras el jinete miraba a los lados, con cara de susto. En esta situación venían en dirección contraria un equipo de Ingenieros que estaba enrollando un cable, para un tendido de luz. Y entonces los del cable le preguntaron:

»—¿Tú, a dónde vas? Y dijo el jinete con gran verdad y con una filosofía verdaderamente realista:

»—¿Yo? Yo iba a Jaurrieta; lo que no sé es dónde va este caballo… (…).

»Quizá también si a nosotros se nos preguntase de sopetón: “¿Tú a dónde vas?”, podríamos decir: “Yo, yo iba al amor, yo iba a la verdad, yo iba a la alegría; pero no sé dónde me está llevando la vida”»8.

¡Qué estupendo sería –si alguien nos preguntara, «¿tú a dónde vas?»– poder decir: Yo voy a Dios, con el trabajo, con las dificultades de la vida, con la enfermedad quizá!… ¡este es el objetivo, donde han de llevarnos los bienes de la tierra, la profesión,…! ¡todo! ¡Qué pena si hubiéramos constituido en un bien absoluto, lo que solo debe ser un medio! Examinemos hoy al terminar nuestra oración si la profesión es un medio para encontrar a Dios, si los bienes, cualesquiera que sean, nos ayudan a ser mejores…

Jesucristo nos enseña continuamente que el objeto de la esperanza cristiana no son los bienes terrenos, que la herrumbre y la polilla corroen y los ladrones desentierran y roban9, sino los tesoros de la herencia incorruptible. Cristo mismo es nuestra única esperanza10. Nada más puede llenar nuestro corazón. Y junto a Él, encontraremos todos los bienes prometidos, que no tienen fin. Los mismos medios materiales pueden ser objeto de la virtud de la esperanza en la medida en que sirvan para alcanzar el fin humano y el fin sobrenatural del hombre. Solo son eso: medios. No los convirtamos en fines.

Nuestra Señora, Esperanza nuestra, nos ayudará a poner el corazón en los bienes que perduran, ¡en Cristo!, si acudimos a Ella con confianza. Sancta Maria, Spes nostra, ora pro nobis.

1 Lc 12, 13-21. — 2 Pablo VI, Enc. Populorum progressio, 26-III-1967, 19. — 3 1 Pdr 1, 13. — 4 1 Tim 6, 17. —5 1 Tim 6, 10. — 6 Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 42. — 7 San Josemaría Escrivá, Amigos de Dios, 118. — 8 A. G. Dorronsoro, Tiempo para creer, pp. 111-112. — 9 Mt 6, 19. — 10 1 Tim 1, 1.​

CR2 El Comentario al Evangelio tiene los derechos reservados a favor del Padre Fray Lluc TORCAL, Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet. Se prohíbe especialmente su publicación con fines lucrativos. Para el resto de las publicaciones, se requiere permiso expreso del administrador del blog, Dr. Pablo Guérez Tricarico, a quien pueden escribir a su dirección pablo.guerez@uam.es, pablo.guerez@gmail.com. Debido al gran número de afluencias de mensajes y de tráfico en la red, no se garantiza una respuesta inmediata. Por lo demás, el resto del post es de dominio público.

 

 

TTIP Secret: Por favor, no molesten

octubre 13, 2014 § Deja un comentario


El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan a él (José Mugica, Presidente de Uruguay)

 

Muchos ya lo sabíamos. Y no hicimos nada. Nos creimos consumidores antes que personas, como nos enseña la socióloga e historiadora Cris Martín Jiménez . Ahora, quizá, ya sea demasiado tarde para pararlo. Ya lo comenté en una entrada anterior en este blog publicada el 23 de junio de este mismo año, y que podéis encontrar en  http://pabloguerez.com/2014/06/23/tisa-el-nuevo-tratado-secreto-del-nuevo-orden-mundial/. En aquel momento la noticia sólo había aparecido en algunos medios de comunicación independientes de manera más o menos difusa, como Le monde diplomatique, por lo que he esperado a observar el devenir de los acontecimientos para volver a publicar de nuevo sobre el tema. Recientemente, rebuscando en la prensa independiente en el ciberespacio, he podido comprobar que tanto el diario.es (http://eldiario.es), junto a La Marea (http://www.lamarea.com) y Diagonal (https://diagonalperiodico.net/), han tenido acceso a una parte de los documentos secretos que sirven de base para la negociación del Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversiones del TTIP (Transatlatic Trade and Investment Partnership), como se le conoce por sus siglas en inglés y que suponen, como he podido comprobar directamente y ha sido contrastar con fuentes fidedignas de eldiario.net, la oferta de servicios que Europa está dispuesta a negociar con Washington. El documento (https://data.awp.is/filtrala/2014/06/13/4.html), al parecer, ha llegado a través de Filtrala.org (https://flitrala.org), la herramienta e filtraciones anónimas en la que colaboran estos medios.

Según fuentes de eldiario.net, el acuerdo está en el punto de mira de organizaciones sociales y partidos de izquierda, ya que sus efectos pueden suponer en la práctica una mayor liberalización de decenas de sectores en la UE, que tiene en general una normativa más exigente que en EE UU, y abra la puerta a un mayor poder de las corporaciones, a las que se les concedería un papel protagonista como sujetos de Derecho público y privado, por encima de los derechos y de las reivindicaciones de los ciudadanos y de los consumidores, al mismo tiempo que prevé la liberalización casi absoluta de los servicios de sanidad y educación. Hasta aquí los hechos.

En este comentario reblogueado del excelente blog de “Amigos de la Tierra”, aunque quisiera profundizar en ello, me voy a abstener de realizar consideraciones de orden jurídico, como podrían ser, por ejemplo, la constatación de que el Tratado incumple las condiciones materiales mínimas para considerar su negociación constitucionalmente legítima y vulnera directamente los arts. 93 ss de la Constitución Española; mi renuncia a un análisis jurídico radica en mi aproximación epistemológica actual hacia lo jurídico. Y es que, en estas cuestiones, ya hace tiempo que, por encima de lo jurídico, está lo político, pero en la peor de sus facetas: la política antidemocrática y promotora de los intereses de unos pocos. En este sentido, el Derecho no es más que la expresión política de una voluntad política, y, por mucho que los juristas nos empeñemos en hacer valer en determinadas materias un consenso constituyente que parece roto de facto desde hace ya demasiado tiempo, el realismo jurídico acaba por imponerse, lo que equivale a decir, en su versión más radical, que el Derecho acaba siendo lo que los poderes fácticos quieren que sea.  En relación con la cuestión que nos ocupa, comenzaré diciendo que la voluntad política consiste en promover una liberalización del comercio en el contexto de una macroeconomía financiera globalizada sin preocuparse mucho de las consecuencias en orden a la falta de globalización de los derechos de los ciudadanos. Se trata de una voluntad presidida por el llamado “pensamiento único”, que detenta la hegemonía cultural, en términos gramscianos, de la industria política, económica y cultural de los tiempos que nos ha tocado padecer, especialmente a las personas “no acomodadas” de mi generación, tiempos que, en anteriores entradas he venido llamando “Post-postmodernidad”.

Sin embargo, a pesar de todo lo que nos están vendiendo desde el Poder para “dinamizar la economía”, “hacer frente a la crisis” o conseguir otros loables objetivos por parte del poder político, lo que está claro es que se necesita otro modelo de sociedad en el que redefinir las necesidades y plantearse seriamente las diferencias entre lo necesario y lo superfluo; un modelo de sociedad en el que las personas, y no el dinero o las corporaciones sean el centro de la cuestión económica. Lo contrario supone seguir manteniendo un sistema insostenible y cuya factura, como siempre, toca pagarla a los que menos tienen: los excluidos por el sistema económico-político de bienes y servicios de consumo. Pero una crítica frontal del consumismo es inseparable de una crítica del capitalismo y de sus raíces. Es necesario un sistema económico-político-social que ponga a las personas en primer luga, y realice lo mejor posible un reparto equitativo de la riqueza entre toda la población, sin caer en los errores de los modelos puros “liberal” -atribución al mercado de la distribución- o “socialista” -atribución al Estado burocrático de la competencia exclusiva para la distribución de la riqueza-. Buenos puntos de partida para el cambio, procedentes de tendencias ideólogicas históricas diferentes, pero encontradas, pueden ser el liberalismo igualitario de J. Rawls y su “Justice Theory”, de 1970; el estudio de la teoría y de la experiencia de las socialdemocracias nórdicas de los años 70′ a 90′ del pasado siglo; las enseñanzas económicas contenidas en el clásico del ecologismo político y social de Schumacher “Small is beautiful. A study of economics as if people mattered”, 1973; o el pensamiento económico de Amartya Sen y otros economistas de su línea. También el estudio de máximas de comportamiento económico que cabe deducir de muchas religiones, desde las versiones más progresistas de la doctrina social católica hasta algunas derivadas de las enseñanzas budistas, pueden aportar mucho a un correcto entendimiento del problema económico. Corren malos tiempos para estas aproximaciones teóricas. Pero las consecuencias imparables de la crisis y de las desigualdades sociales deberán ponernos a todos, tarde o temprano, en la encrucijada de “rehumanizar” la política económica como gestión razonable de las necesidades de todos, utilizando para ello las valiosas herramientas desarrolladas por la ciencia económica, como el “óptimo de Pareto” o la idea de “equilibrio de Nash”. Aquella parte de la economía basada en el prototipo del “homo oeconomicus”, guiado exclusivamente por su beneficio -definido, por cierto, de manera muy pobre- dista mucho de corresponderse con la realidad -salvo en la parte en la que ésta ha sido ya manipulada por el sistema que detenta la “hegemonía cultural” dominante-, y está cediendo en la actualidad, a pesar del silenciamiento ideológico promovocado por el pensamiento único en Política y Economía, a versiones más humanas de análisis del comportamiento económico, como la propuesta por el modelo que atiende, en lugar de al “homo oeconomicus”, al “homo reciprocans”, y todas las teorías que premian la cooperación. Porque en el fondo, de lo que se trata en la Política económica, es del análisis de las necesidades y de la distribución de los recursos. En este sentido, una política económica justa debe buscar el objetivo de satisfacer las necesidades básicas de todos y de no generar más desigualdad de aquella que sea necesaria y compatible, a su vez, con la garantía de la máxima libertad de todos en el ámbito económico. Puesto que la mayor parte de los bienes -aquellos cuyo valor es directamente expresado en dinero-, y salvo ciertos bienes compartidos, se presenta en un escenario, empleando el lenguaje de la teoría de juegos, de suma cero (lo que tú tienes yo no lo tengo), los criterios para la distribución o, en su caso, redistribución de la riqueza (típicamente, del dinero) deben responder a exigencias éticas que tengan en cuenta, para empezar, el destino universal de los bienes humanos, además de otros criterios relativos a la priorización de las necesidades de la población o el trabajo. La justificación del derecho exclusivo y excluyente de la propiedad debe estar cimentada en una Teoría de la Justicia que pueda fomentar la prosperidad que hasta ahora ha generado el mercado, pero de una manera sostenible y que resulte tolerable para la mayoría de la gente, lo que implica la proscripción de las desigualdades extremas y se traduce, en la práctica, en el deber de compromiso de la ciudadanía en la lucha contra la pobreza.

Fdo./Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD
@pabloguerez

 

PD.:  Os dejo un enlace a una conferencia reciente de José Mugica, Presidente de Uruguay, que da que pensar sobre esta cuestión: “Lo que era economía de mercado se ha convertido en sociedad de mercado (…) Los mercados nos gobiernan, hay que gobernar los mercados”: https://www.youtube.com/watch?v=n0J5sWIeMFM

TTIP SECRET. NO al Tratado de Troya

TTIP Secret: Por favor, no molesten

Desde junio de 2013, la Comisión Europea, el Gobierno estadounidense y los grandes lobbies empresariales se reúnen a espaldas de la sociedad para negociar las condiciones del Tratado de Comercio e Inversiones (TTIP), un nuevo caballo de troya que oculta una importante pérdida de derechos y que cambiará la vida de los ciudadanos europeos.

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De nuevo sobre el problema de la hipercualificación y contra la crítica a la presunta “ociosidad” de la juventud sin trabajo

julio 8, 2014 § 1 comentario


Creo que hay que reconocer que los jóvenes más inteligentes de los países occidentales tienden a padecer aquella clase de infelicidad que se deriva de no encontrar un trabajo adecuado para su talento (…) El cinismo que tan frecuentemente observamos en los jóvenes occidentales con estudios superiores es el resultado de la combinación de la comodidad con la impotencia. La impotencia le hace a uno sentir que no vale la pena hacer nada, y la comodidad hace soportable el dolor que causa esa sensación (Bertrand Russell, La conquista de la felicidad, 1930)

 

La lucidez y la clarividencia del gran matemático, fílósofo, lógico, epistemólogo y humanista Bertrand Russell, quen ganara el Premio Nobel de Literatura escribiendo prácticamente sólo ensayo, hacen que sus siempre textos de referencia, escritos en la mejor tradición de la prosa anglosajona, hablen por sí mismos y no merezcan comentarios. Por esta razón, me limitaré a subrayar la actualidad de esta reflexión de Russell, que mantiene plena vigencia en el tiempo presente.

En una entrada anterior expresé una idea ciertamente iconoclasta, en la que describí como acreedora a una nueva forma de discapacidad a la persona hipercualificada, joven o no tanto, pues la formación de la buena necesita su tiempo y su madurez, más allá de las modas impuestas por las supuestas necesidades de innovación que tan bien parecen interpretar los políticos, con su incesante reforma de las enseñanzas regladas con el único objeto no declarado de sumir a la Academia en una vorágine burocráctica que, cual Leviatán acaba por fagocitarse a sí misma. En aquella entrada, como recordarán mis lectores, me aventuré a definir al parado hipercualificado como una persona extraordinariamente formada -no sólo en un ámbito del conocimiento humano, pues todo conocimiento está interconectado-, la cual, precisamente por su peculiar estilo investigador y su profundo amor al conocimiento teórico -no digamos ya si posee un Doctorado, cuyo contenido ha querido aligerarse en los últimos años con el pretexto de la convergencia con el proceso de Bolonia-, estaba en estos tiempos en peores condiciones de obtener un puesto de trabajo “normal” o, si se quiere, empleando términos más ampulosos de la sociología sistémica moderna, “disfuncional” para el sistema. Un sistema de producción y distribución de bienes que se basa en un estadio de la economía capitalista que parece que ya no da más de sí, y en el que la brecha entre los llamados “creadores de empleo” o “emprendedores” y los trabajadores va aumentando cada vez más, tanto en poder adquisitivo como, sobre todo, en el diverso estatus social de unos y otros, a quienes se les reconoce, de facto, un diferente estatus jurídico, con menos derechos y con menos dignidad. Pero sobre ello ya he tratado largo y tendido en otras ocasiones. Fijémonos en la cita de Russell: a diferencia de algunos “discursos” que ahondan en la idea de que la “titulitis” ha sido el mal endémico de la juventud española, y de que los jóvenes -y aquellos no tan jóvenes que han perdido el trabajo-, no quieren trabajar, Russel se fija en el aspecto psicológico, causa de infelicidad en los jóvenes universitarios, los cuales, como el propio Russell reconoce, desarrollan sus propias estrategias de evitación emocional para no sucumbir ante lo que el autor, en capítulos atrás, hubiera magistralmente como la mayor de las desdichas psicológicas, la “infelicidad byroniana”, en honor a Lord Byron. En lo referente a la infelicidad de la que trata el párrafo citado, el aspecto psicológico comprende, aunque no lo agota, un doble sentimiento de frustración por parte de las personas cualificadas que no pueden acceder a un puesto de trabajo acorde con su formación -lo que significa, ni más ni menos, ¡un puesto que van a desempeñar mejor que otras personas no cualificadas!, y eso se les olvida a muchos de aquellos que ven la solución al problema del desempleo en España en que los ingenieros, por poner un ejemplo, se vayan a servir cafés a Londes (escuchado en el Congreso de los Diputados, sic.)-. Por esta razón cuando he expresado en anteriores entradas que lo que produce frustración a muchas personas hipercualificadas es su profunda sensación de no poder devolver a la sociedad, en términos de progreso y de desarrollo económico, aquello que la sociedad -muchas veces con los impuestos reamente pagados, y que normalmente son los impuestos que recaen sobre las nóminas, pensiones e ingresos regulares directamente controlables por el fisco- ha invertido en su formación. A esta primera frustración se añade el pesar derivado de la constatación que mucha gente, de cuyas buenas intenciones no cabría dudar, y que han pagado impuestos para formar a los mejores talentos del país, se suma a los argumentos populistas del estilo de que “si los jóvenes y/o los parados no trabajan es porque no quieren, porque podrían trabajar perfectamente limpiando suelos o de reponedores por 400 0 600 euros mensuales con jornadas de 12 horas”. Exceptuando a nuestros políticos, prefiero pensar que la pobre gente que utiliza estos argumentos lo hace con buenas intenciones; no obstante, permítaseme destacar algunas características que se suelen dar en la gente que busca este tipo de “soluciones” al desempleo juvenil y cualificado. Por mi experiencia, he podido constatar que se trata de personas, digamos, al menos de clase media acomodada, con un puesto fijo -algo ya impensable en la “nueva economía”-, y con cierta formación -más bien titulación- universitaria, por cierto, la mínima formación académica instrumental que les permitiera en su día acceder a puestos de trabajo clásicos como empleados de banca, corredores de seguros, asesores, e incluso abogados.

La solución al tremendo drama del desempleo juvenil y no tan juvenil cualificado tiene que venir, por el contrario, de un replanteamiento de las estructuras económicas que sirven de base a la superestructura jurídica constituida por el Estado. Mis lectores podrán reprocharme la falta de rigor científico en la elección deliberada de términos marxistas -o marxianos-, pero éstos son los que expresan más que nunca la actual supremacía de la economía frente a la política en la más noble de sus acepciones, es decir, el arte del buen gobierno de la cosa pública en aras al Bien Común.

Lo que ocurre con el drama al que acabo de aludir es que no es sino el corolario necesario del actual estadio del sistema capitalista; comoquiera que la educación, como derecho prestacional de un Estado social cada vez más en crisis, se ha escindido del fomento del empleo, por parte de los poderes públicos, que tenga en cuenta el grado de formación para que los mejores talentos puedan desarrollar las competencias y las habilidades adquridas durante su largo proceso formativo, muchos ellos no encuentran salidas en empleos acordes a su formación. Nótese aquí cómo estoy presentando el problema desde un punto de vista de cálculo de la eficiencia económica: una de las funciones del Estado social y del Estado de bienestar consiste en ofrecer canales entre la educación y el empleo, pero no para satisfacer el orgullo -ni siquiera la dignidad- del trabajador cualificado o hipercualificado en paro, sino para lanzar el gran reto al sector productivo privado de contar con gente de elevada cualificación, la cual, en puestos directivos, garantizará seguramente a largo plazo el desarrollo de empresas concretas y, con ello, el desarrollo del país. Dicho de una manera mucho más simple: el hecho de que haya “muchos ingenieros sirviendo cafés” puede ciertamente contribuir a culivar la virtud de la humildad de los ingenieros, pero resulta tremendamente disfuncional para un sistema socioeconómico que no esté centrado exclusivamente en obtener beneficios a corto plazo. Si hay ingenieros de caminos sirviendo cafés, significa que no se construirán puentes, como no habrá progreso tecnológico si los informáticos se dedican a limpar escaleras. Y todos convendremos, incluso desde un punto de vista de estricta eficiencia económica, que un país moderno debe apostar por el trabajo cualificado enmarcado en una dirección empresarial con anchura de miras, sobre todo, como respuesta a “los retos” de la tan cacareada por los actores sociales y políticos “sociedad de la información y del conocimiento”, la cual ya adelanto, desde mi punto de vista, que no es sino una “sociedad de la desinformación y de la ignorancia”. Sin embargo, y analizando la realidad social española -pero no sólo, puesto que sobre ella influyen premisas ideológicas disfrazadas de ciencia económica basadas en el austericidio, cuyas consecuencias en orden a cualquier recuperación económica siempre son omitidas por los “sabios” de la Troika y de las instituciones clásicas del orden mundial surgido tras los acuerdos de Bretton Woods-, me temo que nos hemos topado ante uno de los principales escollos: la combinación, terrible, entre “emprendedores” que sólo buscan el beneficio a corto plazo e intentan minimizar el riesgo, con lo que siguen empeñándose en procedimientos y en maneras tradicionales -y ello dificulta la contratación de personas con elevados conocimientos pero con capacidad realmente crítica y transformadora-, y una banca caracterizada por privatizar los beneficios y socializar las pérdidas, con el apoyo de los Gobiernos a los que sustenta, que no dudan en “echarles un cable”, vía línea de crédito o directamente de préstamo con dinero que sale de los contribuyentes y cuya supervisión brilla por su ausencia.

En este contexto socioeconómico, las palabras de Russell cobran nuevos matices en el ámbito psicológico. Russel habla de impotencia, pero la impotencia no es más que el reflejo psicológico de la lucha por la dignificación del trabajo cualificado que resulta menospreciado por el connubio Estado-Banca-Empresa. Y la comodidad no deja de ser una huida humana, muy humana, que alivia el dolor, el que previó Russell y el dolor más existencial referido al sentimiento personal de autofrustración y falta de dignidad a que siempre lleva el talento desperdiciado. Tras este análisis, ¿realmente puede alguien en conciencia reprochar humanamente a los jóvenes sin empleo o a los parados que han perdido el suyo, después de que éstos hayan “quemado”, muchas veces casi literalmente, los mejores años de su vida en la preparación para carreras vocacionales con la esperanza no sólo de ganarse la vida, sino de contribuir al desarrollo del país? Que cada uno responda a esta pregunta en conciencia.

Sobre este problema, tenéis más referencias en este mismo blog en http://pabloguerez.com/2014/07/08/de-nuevo-sobre-el-prolema-de-la-hipercalificacion-y-contra-la-critica-a-la-presunta-ociosidad-de-la-juventud-sin-trabajo/.

 

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD. /Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

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Sobre la crisis y la economía de guerra. A propósito de un artículo retweeteado por Cristina Martín Jiménez, especialista en el Club Bilderberg

junio 17, 2014 § Deja un comentario


Sobre la crisis y la economía de guerra. A propósito de un artículo retweeteado por Cristina Martín Jiménez, especialista en el Club Bilderberg

Desde luego, en la realidad sociopolítica actual se presentan dos factores fundamentales relacionados con el punto que comenta la autora. El primero tiene que ver con la necesidad de proyectos de inversión serios y con objetivos a medio y largo plazo; comoquiera que las economías de los llamados países desarrollados se basan esencialmente en la especulación y en el corto plazo, este tipo de inversión para uso civil está desctarado por sus gobiernos, quienes lo consideran “no rentable”. Por ello, sólo una amenaza de un mal real no económico como una guerra es suficientemente fuerte como para desviar la atención de nuestros mediocres gobernantes hacia la necesidad de realizar inversiones en investigación, desarrollo e innovación del máximo nivel, puesto que en este caso el objetivo de manipular los precios cede ante el más urgente y menos evitable objetivo, no exento de costes políticos, de derrotar al enemigo o, al menos, de prevenir sus amenazas. No en vano, como recuerda el propio artículo posteado, grandes inventos de uso civil nacieron como invenciones militares (en este sentido, entre otros, Guérez Roig, en conversación). El segundo factor tiene que ver con el viejo argumento keynesiano también citado en el artículo, el cual, según cálculos de varios economistas actuales, como por ejemplo, los que realizara hace dos años el economista y Premio Nobel Paul Krugman, seguiría siendo válido en la actualidad. Así, y sin querer desmerecer la importancia de otros factores de carácter étnico, religioso, nacional o de cualquier otra índole -los cuales son promovidos o aprovechados muchas veces por Occidente-, los conflictos puntuales en diversas zonas del Tercer Mundo no son otra cosa que la trágica manifestación de la necesidad que tienen la economías idolátricas -como hace poco las definiera el papa refiriéndose a las economías del Primer Mundo-, de mantener el control sobre el precio de las materias primas. Ni el mundo ni la naturaleza humana han cambiado tanto como para que la causa común de la lucha contra el enemigo consiga superar las absurdas divisiones producto de un sistema económico injusto y que ya no parece poder sostenerse durante mucho tiempo, montando economías de emergencia que nos sacarían de la crisis en nueve meses, y destruyendo de esta manera, parafafraseando a Shakespeare, “el tejido del que están hecho los sueños”, que constituye la trama de la economía financiera actual, con sus derivados, sus estocásticos, sus análisis técnicos, sus intradías y toda esta marañana de vocablos pseudocientíficos, la cual, aunque parezca poesía, le es a tan extraña a la ciencia económica como lo es la propia persona.

Fdo. Pablo Guérez Tricarico, PhD

@pabloguerez

El papa Francisco habla en su primera entrevista concedida a los medios (concretamente a la cadena española cuatro) sobre varios aspectos de su pontificado.

junio 16, 2014 § Deja un comentario


 

Como muchos ya sabréis, el papa Francisco concedió ayer, en algo que constituye un acto inusual por parte de un pontífice, su primera entrevista a un medio de comunicación: la cadena española cuatro. Como siempre, no deja de sorprendernos positivamente con su vuelta a lo que él mismo denominó como “las raíces del mensaje evangélico”. Por mi parte, habría bastado con enviaros el enlace adjunto sin realizar ningún comentario adicional, si no fuera porque, a mi juicio -y no pretendo especular sobre la causa de posibles omisiones informativas-, en el artículo digital de cuatro no se dice todo lo que se emitió en la entrevista. Inexplicablemente, se omite un aspecto fundamental sobre el que el Papa fue preguntado, cual es su opinión sobre el sistema económico mundial y la globalización. Y digo inexplicablemente porque, a estas alturas, todos conocemos la opinión del Pontífice al respecto, que ha sido publicitada por multitud de medios internacionales. Quizá ayer se dijo algo más, o se dijo con una precisión didáctica que los propios entrevistadores no se esperaran. Pero a los que escuchamos la entrevista, y tenemos buena memoria, se nos quedó grabado casi como si se tratase de una teofanía (y perdón por la licencia hiperbólica). En cualquier caso, para un católico, esté de acuerdo o no con las declaraciones del Pontífice, éste no deja de ser la autoridad suprema de su Iglesia. Y se trata de una autoridad marcada por unas formas y unos estilos muy diferentes a las de la mayoría de sus predecesores del siglo XX, una autoridad no entendida como “imperium” y ejercicio dogmático de la potestad de las llaves, sino como “auctoritas” en el sentido latino del término, es decir, como una autoridad moral que se sugiere, se propone y no se impone. Como, por otra parte, sucede o debería suceder con la fe cristiana, y con cualquier fe, pues sólo desde la libertad puede abrazarse no sólo un credo, sino sobre todo la opción de seguimiento personal propuesta por cualquier religión y que constituye la base del acto de fe: en el caso del Cristianismo, la opción de vida propuesta por Cristo Jesús.

Volviendo a la entrevista papal, por lo dicho anteriormente me interesa destacar dos puntos, que guardan relación entre sí. Un primer punto, fundamental, sobre la opinión del Papa en torno al sistema económico mundial o a las economías que rigen el mundo y su concepción de la globalización; y un segundo aspecto menor, pero que no deja de ser significativo y reconciliador -al menos, a mí me sorprendió muy positivamente-, que tiene que ver con la recuperación de la política como arte del buen gobierno, aspecto muy descuidado por los mensajes y las encíclicas pontificias, y tan necesitado de una reflexión por el pensamiento cristiano, frente a la hegemonía cultural de la economía, especialmente si se trata de una economía: la economía del pensamiento único. Comenzando por este último punto, el papa citó expresamente un escrito de un religioso cuyo nombre ahora no alcanzo a recordar, sobre la necesidad de recuperar la política. Me interesa traer a colación esta cuestión porque, lejos de ser completamente menor, se trata de una de las reinvindiaciones de la izquierda sociológica tan castigada por un pensamiento único -y todos interpretamos que se trata del pensamiento único ultraliberal con sus varias corrientes “ideológicas”, como por ejemplo, la Escuela de Chicago, y el que presentaron periodistas y pseudoeconomistas como Francis Fukuyama tras la caída del Muro, vendiendo un discurso a muchos partidos “de derechas” europeos, y, con él, una doctrina económica que constituye la base de las políticas procíclicas y de austericidio que muchos padecemos en la actualidad-. Más aún, por si quedara alguna duda sobre la condena del Papa -que fue explícita- del pensamiento único, realizada al hilo de la cuestión mayor que trataré enseguida, en la entrevista puede contemplar con satisfacción que se hablaba con una contingencia inusitada de la licitud de varias opciones políticas -siempre y cuando respetaran a la persona- con total naturalidad y sin alineamientos con determinados lados del espectro político sociológico con los que, velada o expresamente, ha prestado su colaboración la doctina social de la Iglesia Católica, cuando no su praxis, incluso con regímenes no democráticos. Y es que, al hablar de antisemitismo, el Papa declaró que se trata de un fenómeno condenable que ha tenido su principal caldo de cultivo sobre todo en los partidos de “la Derecha”. Ahí queda eso. Y, mal que le pese a algunos -o a muchos-, durante la entrevista el Pontífice habló con toda naturalidad de los partidos de centro derecha y de centro-izquierda. Se trata con mucho de una apertura hacia el pluralismo ideológico y político hasta el momento sin precedentes, que va mucho más allá del análisis hermético que realizara su predecesor Pablo VI en la encíclica “Populorum Progressio” de 1967, en la que alertaba a sus fieles incluso de interpretaciones prácticamente inocentes del marxismo como método de análisis histórico y metodológico; alertas innecesarias cuando determinado sector del marxismo occidental quiso corvenger con compromisos históricos con la democracia cristiana, renunciado a una buena parte de su bagaje dogmático hasta el punto de que, como ocurrió con la mayor parte de los autores de la llamada Escuela de Frankurt -en teoría marxista-, el marxismo ortodoxo perdió buena parte de su contenido “ideológico” para convertirse en un método de explicación de la realidad que, aun utilizando viejas categorías heredadas, constituyó un valioso aporte sociológico para comprender mejor las sociedades modernas o posmodernas.

Pero vayamos a la cuestión principal que quería referir a mis lectores, y que como verán, enlaza perfectamente con la que se acaba de comentar: el papa Francisco fue preguntado sobre la licitud del sistema económico actual y sobre la globalización. Su respuesta no pudo ser más didáctica y certera, tanto desde el punto de vista evangélico como desde un punto de vista estrictamente humanista: el Papa sostuvo que los sistemas económicos actuales no son buenos y que hemos incurrido en el grave pecado de idolatría: de idolatría del dios Dinero. Comenzando por la premisa valorativa de que todo sistema económico debe tener en su centro al hombre -al hombre y la mujer, precisó-, el papa constató el apartamiento radical de los sistemas económicos actuales de esta premisa. Más aún, habló de economías idolátricas, en el sentido antedicho, cuyo funcionamiento operaba por descarte. Por descarte de las personas -de los seres humanos- que el sistema había decidido de antemano que ya no serían productivos. Y puso como ejemplos paradigmáticos -si bien no únicos-, el descarte, por abajo, de los jóvenes, a quienes se les negaba cualquier posibilidad de acceder a un empleo. Y, por arriba, a los mayores, considerados como improductivos, como clases pasivas, que debían ser desechados. Con ello, los sistemas idolátricos estaban condenándose a no tener futuro, pues el futuro de un sistema económico-social, explicó el Papa, se basa en la pujanza de los jóvenes, que pueden y quieren contribuir al desarrollo de sus sociedades, inspirados por la sabiduría de los mayores. Con ello -y esto ya es añadido mío, en el que tomo prestada una frase del magnate George Soros-, el sistema está en manos de treintañeros -hoy quizá más cuarentañeros- aprendices de economistas y especuladores que sólo piensan en ganar dinero. El Papa mostró una gran preocupación por el desempleo juvenil y, como siempre, muy lejos de cargar las tintas contra “jóvenes vagos e improductivos” -como acostumbran muchas veces a denominarlos las generaciones de sus padres, cuando no ciertos sectores de la Iglesia española, hoy minoritarios, al menos en su expresión-, tuvo la valentía de denunciar directamente al sistema económico en su propia estructura, del cual dijo que “no es bueno”. Y con respecto al fenómeno de la globalización, el Papa explicó magistralmente que existen dos tipos de globalización; una mala, a la que tendemos, que trata de igualar a todo el mundo según un canon economicista que no es otro que el del pensamiento único. El Pontífice quiso expresar gráficamente esta idea con la idea de una esfera, en la que todos los puntos de su superficie son equidistantes respecto de su centro. En este tipo de globalización, dijo el Papa, no hay lugar para la diversidad ni para las diferencias individuales, y se acaba anulando a la persona; es propia de los gobiernos totalitarios, pero no sólo, sino también de estas nuevas formas economías idolátricas que, realizando una verdadera adoración del dios Dinero, consideran a las personas como números, o como elementos fungibles carentes de valor. Frente a este modelo de globalización, el Papa considera que es posible una globalización positiva; repitiendo el paralelismo con la imagen, ésta se asemejaría más bien a un poliedro, donde todas las piezas están interconectadas, pero cada una conserva su singularidad y su particularidad individual en la comunidad. Precisamente como ocurre con el Misterio de la Santísima Trinidad a cuya imagen, como nos recordó el Pontífice en sus catequesis más recientes, fue hecho el hombre, donde las Tres Personas no anulan la común naturaleza divina, sino que la enriquecen a través de una comunicación constante basada en el Amor.

En cuanto a la actitud personal que el papa Francisco mostró en la entrevista, estuvo humilde, didáctico, parco, sencillo, comunicador y lleno de Dios. Como los primeros discípulos de Jesús.

Hasta aquí la información que he tratado de comunicar, como complemento, a mis lectores. Abajo, os incluyo un link con otros puntos de la entrevista:

 

http://www.cuatro.com/practica-cuatro/entrevista-papa-francisco_0_1812300167.html

 

Fdo. Pablo Guérez, PhD

 

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De nuevo sobre los “valores” sociales dominantes, el valor de la economía y el valor del dinero: los llamados “sabios” actuales y la perversión del lenguaje.

enero 22, 2014 § 3 comentarios


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不尙賢,
使民不爭。
不貴難得之貨,
使民不爲盜。
不見可欲,
使民心不亂。
是以聖人之治,
虛其心,
實其腹,
弱其志,
強其骨。
常使民無知無欲,
使夫智者不敢為也。
為無為,
則無不治。

 

No ensalzar los talentos
para que el pueblo no compita.
No estimar lo que es difícil de adquirir
para que el pueblo no se haga ladrón.
No mostrar lo codiciable
para que su corazón no se ofusque.
El sabio gobierna de modo que
vacía el corazón de deseos,
llena el vientre de alimentos,
debilita la ambición,
y fortalece hasta los huesos.
Así evita que el pueblo tenga codicia
y ambiciones,
para que los oportunistas
no busquen aventajarse de los otros.
Quien practica la no-acción,
todo lo gobierna

(Lao Tse, Tao Te King, Cap. III)

 

“Os explicaré qué es la sabiduría y cuál su origen, sin ocultaros ningún secreto, sino que la rastrearé desde su origen, explicando lo que se conoce de ella, sin pasar por alto la verdad. No haré camino con la envidia corrosiva, pues nada tiene que ver con la sabiduría. Abundancia de sabios salva el mundo, y un rey sensato da bienestar al pueblo. (…) La preferí a cetros y tronos, y a su lado en nada tuve la riqueza. No la equiparé a la piedra más preciosa, porque todo el oro ante ella es un poco de arena y junto a ella la plata es como el barro. La quise más que a la salud y a la belleza y la preferí a la misma luz, porque su resplandor no tiene ocaso. Con ella me vinieron todos los bienes juntos, tiene en sus manos riquezas incontables. Disfruté de todos, porque la sabiduría los trae, aunque yo ignoraba que la sabiduría era su madre” (Del Libro de la Sabiduría, 6, 22-24 (…) 7, 8-32).

 

Tras el extenso “post” científico de hace un par de días, una simple noticia sobre el posible aumento del IVA presuntamente promovida por los llamados “sabios” asesores de Montoro me ha inducido a publicar esta entrada, más breve, a modo de reflexión en mi blog. La verdad es que el panorama social actual, dominado por el culto a la economía y al dinero, son cuestiones recurrentes en mi blog, especialmente en este “post” y en el inmediatamente anterior a él; tanto que estoy pensando en cambiarle ligeramente el título, sin renunciar a mi propósito fundamental que es el estudio y la crítica de los fenómenos de victimización; lo que ocurre es que, como intento argumentar en todas mis entradas, las principales víctimas lo son de un sistema económico y social que sencillamente no funciona, basado en la entronización del dinero y de valores que amenazan continuamente la verdadera humanidad de las personas. En la actualidad cultural más reciente, no ha pasado desapercibido para mí el estreno de la última película de Martin Scorsese, “El lobo de Walll Street”, donde el director parece querer retratar, aun exageradamente, una realidad social concreta, la de los personajes “triunfadores” en el mundo del dinero y de las finanzas -y por extensión, como intentaré argumentar a continuación, en todo el medio social-, por mucho que a algunos esta realidad nos pueda parecer o exagerada o insoportable.

Vivimos en una época en la que “La Economía” parece inundarlo todo: la economía en sentido amplio, no ya como ciencia económica, sino como discurso a veces hueco, sin ningún fundamento científico real, sino como manifestación de la preocupación por la producción y distribución de bienes y servicios y, sobre todo, como manifestación por la preocupación sobre la “creación de riqueza” (donde con esta expresión se quiere aludir normalmente a la creación de dinero), y su distribución. Esta economía omnipresente ha conseguido ya la hegemonía del pensamiento incluso al más alto nivel. El “pensamiento económico” parece capaz de explicarlo todo: la política, la psicología, el funcionamiento social, hasta la propia naturaleza humana y su biología, fagocitando a marchas forzadas otras formas de pensamiento típicas de la sociedad occidental, comenzando por el pensamiento filosófico, el pensamiento político, para intentar finalmente el asalto a uno de los pocos pensamientos respetados en Occidente, el pensamiento científico. De ahí, la “hegemonía cultural” del pensamiento económico se ha trasladado al discurso, y del discurso, a la praxis política y social de los distintos agentes que hoy por hoy detentan el poder mundial, o la apariencia del mismo. Parece que la Economía tiene que darnos respuestas para todo, incluido el Problema del Hombre. Según esta hipótesis, los problemas del hombre contemporáneo pueden y deben ser explicados fundamentalmente desde un discurso económico: surgen así el llamado “análisis económico del Derecho”, el “análisis económico de la política”, y, en definitiva, en análisis económico del comportamiento humano como análisis omnicomprensivo de su naturaleza y de las relaciones humanas. Incluso las relaciones interpersonales pueden  y deben ser interpretadas como manifestación del “homo oeconomicus”, explicable por modelos matemáticos infalibles y cuyos promotores se han arrogado incluso la competencia de poder determinar su superioridad incluso frente a modelos de comportamiento psicológicos y, por supuesto, frente a las respuestas de otras disciplinas, hoy por muchos consideradas “humanistas”, y por ello, sin el “rango” social como de las “disciplinas científicas”, como la mayoría de las denominadas ciencias sociales (sociología, antropología, psicología social, ciencias jurídicas), o de las respuestas tradicionales de la filosofía, relegada como mucho a análisis lógico al servicio de la economía, o de las religiones. En este panorama, no resulta extraño que se tilde de “sabios” a los que asesoran a los Gobiernos, normalmente en materia económica: desde los “sabios” del Ministerio de Hacienda español, hasta los “sabios” integrantes de comités variopintos en muchas prestigiosas instituciones a nivel supranacional o mundial, como los “sabios” asesores de las instituciones europeas o mundiales -ya sea del Consejo de la UE, de Banco Central Europeo, del FMI o del Banco Mundial-.

No es mi intención en este post realizar un desarrollo crítico de este panorama. Ello me tomaría demasiado tiempo y esfuerzo. Mi intención es solamente esbozar un reflexión compartida sobre las consecuencias a las que, en mi opinión, puede llevar y está llevando de hecho este planteamiento, comenzando por la perversión del lenguaje. La pregunta inicial podría plantearse en estos términos: ¿Quiénes son, realmente, dichos “sabios” que asesoran en materia de economía a los responsables -al menos formalmente- del gobierno económico del mundo? Pues son, en el mejor de los casos, personas expertas y muy bien formadas en ciencias económicas, es decir, en un sector muy determinado del conocimiento humano. Pero ya está. No son sabios, al menos en el sentido originario y real que entiendo que debe darse a dicha palabra. Fijémonos en el todavía “vigente” significado que se da al sustantivo “sabiduría” en la última edición del Diccionario de la RAE, de 2001: es cierto que la segunda acepción de término es la de “conducta prudente en la vida o en los negocios”; ello podría inducir a pensar que la aplicación del término “sabios” a las personas antes mencionadas es lingüísticamente correcta. Puede ser. Pero lo que yo critico no es su aplicación en abstracto, sino la exclusiva y desproporcionada aplicación del término a dichas personas, como si ellas tuvieran que dictar todas las reglas también en “la vida”. No se ha hecho el hombre para la economía, sino que la economía tiene que estar al servicio del hombre, o de la vida del hombre. Y es ahí, a mi juicio, donde entra en juego la verdadera sabiduría. Pues bien se puede ser “sabio” en los negocios y necio en la vida. Porque como bien dice Jesús en el Evangelio de Mateo, “¿en qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida?” (algunas traducciones del original griego koiné traducen “si pierde su alma”) ¿O qué podrá dar para recobrarla? (Mt 16, 26). Y es así. Volviendo al Diccionario de la RAE, la primera acepción de la misma es “grado más alto del conocimiento”. Desde mi punto de vista, habría que retomar la vieja distinción entre “conocimiento” y “sabiduría”. Mientras el primero sería un saber sobre una parte de la realidad cognoscible por el ser humano, normalmente adquirido, según el ámbito sobre el que recae, por el estudio y la investigación a partir de observaciones anteriores, de acuerdo con métodos y lenguajes estandarizados, la segunda sería más bien un saber basado en la experiencia vital, adquirida por medio de vivencias, ya sea de manera directa o más o menos aislada, o a través de una persona a la que se considera “sabia” o guía en el proceso de aprendizaje. Este saber no sería necesariamente racional, sino que muchas veces podría llegar a ser profundamente irracional o no racional, pero que proporcionaría al sabio la satisfacción de necesidades inefables, pero realmente importantes, muchas veces alejados de las pautas sociales predominantes: por ejemplo, la “paz interior” o la “paz del corazón”. La pobreza –o mi pobreza del lenguaje, o de mi lenguaje, fruto del pensamiento racional occidental- es incapaz de captarla en su esencia. En ocasiones, la sabiduría ha estado profundamente enraizada con el pensamiento hermético y con el pensamiento religioso o místico. Me remito aquí al Tao Te King (o Tao Te Ching), con una de cuyas citas  encabezaba este post, cita de mi querido sabio –éste sí, con mayúsculas- Lao Tse, padre del taoísmo chino (¡hay que ver cómo ha acabado el sufrido pueblo chino, de sabiduría milenaria, fruto de sus corruptos líderes que todavía tienen la desvergüenza de llamarse “comunistas”!): “El Tao que puede llamarse Tao no es el verdadero Tao. El nombre que se le puede dar no es su verdadero nombre”. Otro corolario taoísta es: El que habla del Tao no sabe del Tao, el que sabe del Tao no habla del Tao. Siguiendo esta enseñanza no hablaré del Tao, ni del zen, ni del Budismo, apuntando solamente en la importancia de que mis lectores conozcan alguno de las ideas –que no conceptos- del pensamiento de la no dualidad propia de las filosofías o modos de pensamiento y religiones orientales, para acabar sorprendiéndose de que éstas no están tan alejadas del pensamiento cristiano originario, por cierto, nacido en Judea, Oriente Próximo, pero Oriente, al fin y al cabo, ni de algunos pensadores presocráticos nacidos en la Grecia preclásica, como Parménides o Heráclito, con su idea del panta rei: en este sentido, es importante la idea del 無為 (wei wu wei)de la no acción (o mejor, de la acción a través de la no acción), y de la no-dualidad. En un ámbito más “ecuménico”, llama la atención la transversalidad, en casi todas las religiones, de las ideas de desapego y de la no preocupación por el futuro, traducida en la idea de la confianza en la Providencia propia del Cristianismo que podemos ver en Mateo 6, 19-34, donde, después de hacer una feroz crítica a la servidumbre del dinero, Jesús nos invita a no comportarnos como los paganos (hoy podríamos decir, como el homo oeconomicus), y a  confiar en la Providencia. Mis lectores ya conocen este pasaje de anteriores entradas en el blog. Así, con mis mejores deseos de paz interior para todos, concluyo esta entrada.

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De nuevo sobre los “valores” sociales dominantes, el valor de la economía y el valor del dinero: los llamados “sabios” actuales y la perversión del lenguaje. by Pablo Guérez, Phd, with the exception of the images, is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International License.
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