17 de octubre: Día internacional para la erradicación de la pobreza

octubre 17, 2014 § Deja un comentario


Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza – 17 de octubre

«En el día de hoy, nos comprometemos una vez más a pensar, tomar decisiones y actuar unidos contra la pobreza extrema, y a forjar planes para un mundo donde nadie quede postergado. Nuestro objetivo debe ser la prosperidad para todos, no solo para unos cuantos».

(Del Mensaje del Secretario General, Ban Ki-moon,
con motivo del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza
17 de octubre).

EDITORIAL

El 17 de octubres es el Día internacional para la erradicación de la pobreza en el mundo, oficialmente establecido por Naciones Unidas. Los acuerdos y protocolos de Kyoto sobre crecimiento y desarrollo sostenible, los objetivos de reducción de la pobreza de la Ronda del Milenio y varias decenas de instrumentos normativos internacionales en torno a la lucha con la pobreza siguen sin cumplirse. Las propuestas de Naciones Unidas para lograr la “pobreza cero” en 2025,  a pesar de las buenas intenciones recogidas en el papel y de la voluntad de colaboración con gobiernos de distinto signo, distan demasiado de cumplir siquiera una ínfima parte de su objetivo para cualquier espectador mínimamente inteligente y neutral que se detenga a contemplar la situación económica mundial en la actualidad. En estos momentos, ahora, según datos de la conservadora y ortodoxa institución Banco Mundial, más de 2500 millones de personas malviven bajo el umbral de la pobreza, medida según el doble rasero de los cánones occidentales para los países pobres (es decir, se considera pobres a las personas que “viven” con menos de 2 dólares por día, lo que el mencionado organismo político y económico estima suficiente para adquirir productos de primera necesidad al precio que estos tienen en los países más pobres; de manera similar, se considera en situación de “pobreza extrema” a aquellas personas que subsisten con menos de 1,25 dólares por día), y la mayoría de ellas se encuentran en situación de pobreza extrema y marginación social. Dicha definición, por insultante, no puede ser aceptada, pues deja fuera del concepto de “pobreza” a una multiud ingente de personas que realmente no viven con lo necesario, sencillamente porque la cantidad de poder adquisitivo de que disponen es con mucho inferior a los precios reales de los bienes de consumo de primera necesidad, tal y como otros los entendemos. Un entendimiento tan riguroso de la pobreza por parte de los máximos organismos de Naciones Unidas, con arreglo a los cánones someramente explicados explicaría el optimismo en torno a los objetivos fijados por los puntos contra la erradicación de la pobreza por la Ronda del Milenio para 2025,  en el marco de un discurso neoliberal en el que hallan cabida declaraciones macroeconómicas falsas del estilo de que la pobreza extrema global agregada habría disminuido del 50 al 26 % por ciento en los últimos treinta años (fuente: Banco Mundial, 2013). Pues bien: Desde el punto de vista que auí sostengo, apoyado por organizaciones humanitarias independientes y por economistas desgraciadamente minoritarios pero de la talla moral como James Tobin, Paul Krugman o Amartya Sen, todos Premios Nobel de Economía, considero que tales declaraciones resultan sencillamente insultante para las personas que tienen que padecer no sólo su trágica situación de deprivación de los bienes materiales más básicos, sino la falta de condena por las autoridades supranacionales de verdaderas causas fundamentales de la pobreza que tienen su origen en los mercados secundarios de materias primas occidentales, como el Londres o el de Nueva York, y que sonnegadas sistemáticamente por las instituciones de Bretton Woods, con la complicidad de otros organismos humanitarios de la familia de Naciones Unidas. En esta línea, organizaciones como Intermon Oxfam, entre otras, con arreglo a criterios más realistas y, sobre todo, más humanos, estiman la pobreza global en torno 3000 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, según los cálculos más “optimistas”. Por otra parte, la brecha Norte-Sur se ha ampliado cada vez más. En feliz, pero trágica expresión del economista Joaquín Estefanía, vivimos en un mundo de “globalización mutilada”, en el que a muchas personas no llegan los beneficios de la globalización, aunque sí sus servidumbres.  En ocasiones eso ha sucedido con continentes enteros, refiriéndose el mencionado autor a África (La nueva economía: la globalización, 2003). En este sentido, en una nota de prensa de la ortodoxa y conservadora institución Banco Mundial publicada el 17 de abril del año pasado por “The Washington Post”, dicha institución reconoció que hay “1200 millones de personas que viven en la pobreza extrema, y pese a los avances impresionantes logrados en los últimos tiempos, en África al sur del Sáhara siguen viviendo más de las dos terceras partes de las personas en situación de pobreza extrema del mundo”.

POST SOBRE LA POBREZA EN EL MUNDO 

A la memoria de San Daniele Comboni, en la Gloria de Dios

Africa o morte (San Daniele Comboni)

No es más feliz el que más tiene, sino quien menos necesita (Proverbio panindio, probablemente, hacia 600 a.C.) 

“(…) plagas provocadas por ese antivalor, ése que sostiene que somos más felices sin nos enriquecemos, sea como sea. Hemos sacrificado los viejos dioses inmateriales y ocupamos el templo con el dios Mercado. Él nos organiza la economía, la política, los hábitos, la vida… y hasta nos financia cuotas y tarjetas de apariencia de felicidad. Parecería que hemos nacido sólo para consumir, y consumir. Y cuando no podemos cargamos con la frustración, la pobreza, y hasta la autoexclusión. Lo cierto, lo cierto hoy, que para gastar y enterrar los detritos en eso que se llama la huella de carbono por la ciencia, si aspiráramos en esta Humanidad a consumir como un americano medio o promedio, son imprescrindibles tres planetas para poder vivir. Es decir: nuestra civilización montó un desafío mentiroso, y así como vamos no es posible para todos colmar ese sentido de despilfarro que se le ha dado a la vida, que en los hechos está masificando como una cultura a nuestra época siempre dirigida por la acumulación y el mercado. Prometemos una vida de derroche y despilfarro. En el fondo constituye una cuenta regresiva contra la naturaleza y contra la Humanidad como futuro, civilización contra sencillez, contra la sobriedad, contra todos los ciclos naturales, pero peor, civilización contra la libertad que supone tener tiempo para vivir las relaciones humanas, lo único trascendente, amor, amistad, aventura, solidaridad, familia. Civilización contra el tiempo libre, que no paga, que no se compra, y que nos permite contemplar y escudriñar el escenario de la Naturaleza (…) Es posible arracar de cuajo toda la indigencia del Planeta (…) ¡Piensen que la vida es un milagro: que estamos vivos por milagro ¡Y no hay nada que valga más que la vida! Y que nuestro deber biológico es por encima de todas las cosas respetar a la vida e impulsarla, cuidarla, procrearla, y entender que la especie es nuestro nosotros. Gracias”.

(Discurso de José Mugica, Presidente de la República del Uruguay, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, 2014;  la negrita, así como la selección de los párrafos del discurso, son míos; recomiendo el visionado del discurso íntegro en el link que posteo al final)

Advertencia: algunas de las siguientes imágenes pueden herir la sensibilidad del lector:

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La pobreza extrema, la miseria, que lleva a la degradación física y moral a unos 3.000 millones de personas en este Planeta, más de la mitad de la población mundial, según datos de organizaciones humanitarias independientes, entre las que se Encuentran Intermón Oxfam y Acción contra el Hambre, es uno de los mayores azotes de la Humanidad y la peor de sus plagas. Es, a su vez, la génesis de otras, como muchos conflictos bélicos y enfermedades que podrían evitarse con una mejor distribución de los recursos. El sencillo lema de una organización como Cáritas española, “vive sencillamente, para que otros, sencillamente, puedan vivir”, no significa una austeridad impuesta y castradora, sino simplemente una vida decorosa que resulte compatible, en la medida de lo posible, con una adecuada distribución de las riquezas y, simbólicamente, del dinero, como unidad de medida cuyo valor real en cuanto realidad social construida por el hombre, y que no puede agotarse en su valor meramente financiero, deberemos replantearnos si pretendemos caminar hacia un mundo más justo o, simplemente, justo. Porque está claro que el mundo en el que vivimos no lo es, y mucha responsabilidad de ello recae sobre el modelo de producción y distribución de bienes y servicios del actual estadio del sistema capitalista, y en el modelo de consumo, íntimamente ligado al primero. Estos modelos deben ser urgentemente revisados, si no queremos perder la batalla contra la pobreza. Lo cual nos lleva a abrir el debate sobre las necesidades reales de la población, aquellas que hay que garantizar a todas las personas, y aquellas otras que consideramos superfluas, y buscar el consenso social y político necesario para lograr un reparto equitativo de las riquezas; un reparto que, para ser verdaderamente justo y equitativo, sólo podrá estar basado -o al menos muy principalmente- en criterios humanistas, como la atención a las personas en primer lugar, lo que equivale a decir la atención las necesidades verdaderamente humanas. Lo cierto es que toda la población mundial clama al cielo me conduce a considerar que ni el mercado como único productor-distribuidor, ni el Estado socialista con su aparato burocrático y su monopolio de los medios de producción, llevan a soluciones justas en el reparto de los bienes. Hace falta más sentido común y sensatez en la macrociencia que se ha dado en llamar Economía y ha venido a usurpar campos que no le corresponden, como el de la política, y que no es -o no debería ser- otra cosa que la técnica que estudia el reparto de bienes que, por su propia naturaleza y por sus propios ciclos de replicación natural, son escasos. Una economía verdaderamente “de rostro humano” debería conducirnos a pensar que otro modelo de producción de bienes, así como otro modelo de consumo, es posible. Que, dicho en el lenguaje “de la gente de la calle”, aquí, en el Primer Mundo, tal vez no necesitemos tener dos coches, dos casas, cuatro teléfonos móviles o dieciocho trajes, además de comida caducada en el frigorífico. Lo que te sobre, dáselo a tu prójimo. Pero estamos tan ciegos que a veces no conocemos ni el sentido de la expresión “sobrante”, ni el de la expresión “prójimo”, o simplemente “gente”, que no debe ser comprada, aunque en la realidad sea objeto de comercio, como prácticamente todo. Tal ha sido el logro de la economía capitalista pura basada en el espíritu y la ética protestante.  Y, por otra parte, nosotros tal vez necesitemos escuchar más las necesidades de la gente, tanto de nuestro entorno, como de aquella que, por haber tenido la azarosa desgracia de haber nacido por debajo de un determinado paralelo, no tiene lo necesario para vivir. Y muchas veces, por nuestra culpa, no dejamos que se la escuche. Hasta que llama a nuestra puerta con sus ropajes ensangrentados por nuestras vallas, por nuestros muros de la vergüenza.

Fdo. Dr. Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

Enlace a la página de Naciones Unidas sobre el 17-O: http://www.un.org/es/events/povertyday/

 

Sobre las verdaderas causas de la pobreza podría escribir un artículo académico, inadecuado para este formato. No descarto sin embargo escribir algo al respecto en el futuro. De momento, os dejo el enlace al

Histórico discurso de José Mujica En la ONU contra el orden mundial 2014 (FULL HD):

 

El discurso tiene mucho que ver con las reflexiones sobre las necesidades que habéis podido leerme en éste y en anteriores blogs, y que, a mi juicio, contribuyen a arrojar mucha luz sobre las verdaderas causas de la pobreza, y, en consecuencia, a conseguir las herramientas adecuadas para su erradicación desde su verdadera raíz, la cual, como en todos los fenómenos complejos, es multifactorial, pero puede ser interpretada de acuerdo con pustos de vista más o menos acertados. El que propongo es que, a mi juicio, mejor se ajusta a la descripción del problema y, en este sentido, hago mías las declaraciones del presidente de la República del Uruguay José Mugica. Después de escuchar el discurso, os hago una propuesta de lectura de un clásico del ecologismo político humanista: “Lo pequeño es hermoso”, de Schumacher, de 1973, y que resulta de máxima utilidad. Está disponible para su descarga en la web. Amparándome en el derecho de cita, os dejo uno de los links: http://archivolibre.com.ar/lacocovilla/Permacultura/(CARPETA)%20Filosofia%20permacultural/lo%20peque%F1o%20es%20hermoso.pdf

 

Canción de Juan Luis Guerra, uno de los cantautores comprometidos económicamente ayer en el Día contra la pobreza: https://www.youtube.com/watch?v=XZOLOggfWp0

 

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 A.M.D.G.

¿En verdad Dios se compadece del hambre de los hombres? Mientras tanto, hagámoslo nosotros: Nada de lo humano me es ajeno.

febrero 15, 2014 § Deja un comentario


ADVERTENCIA: ALGUNAS IMÁGENES, ASÍ COMO ALGUNAS OPINIONES, PUEDEN HERIR LA SENSIBILIDAD DEL LECTOR.

 “Humani nihil a me alienum puto” (Terencio)

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“Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial” (Mt 18, 10)

“Me muero de tristeza; quedaos aquí y velad conmigo” (Tomado de la Oración de Jesús en Getsemaní, Mt 26, 38, in fine)

“Tesis”

Día litúrgico: Sábado V del tiempo ordinario (15 de febrero de 2014)

Texto del Evangelio de hoy (Mc 8,1-10): En aquel tiempo, habiendo de nuevo mucha gente con Jesús y no teniendo qué comer, Él llama a sus discípulos y les dice: «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos». Sus discípulos le respondieron: «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?». Él les preguntaba: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos le respondieron: «Siete». Entonces Él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

 

“Antítesis”

Un día yo pregunté: Abuelo, dónde está Dios. Mi abuelo se puso triste, y nada me respondió. Mi abuelo murió en los campos, sin rezo ni confesión. Y lo enterraron los indios, flauta de caña y tambor. Al tiempo yo pregunté: ¿Padre, qué sabes de Dios? Mi padre se puso serio y nada me respondió. Mi padre murió en la mina sin doctor ni protección. ¡Color de sangre minera tiene el oro del patrón! Mi hermano vive en los montes y no conoce una flor. Sudor, malaria, serpientes, la vida del leñador. Y que nadie le pregunte si sabe dónde está Dios. Por su casa no ha pasado tan importante señor. Yo canto par los caminos, y cuando estoy en prisión oigo las voces del pueblo que canto mejor que yo. Hay un asunto en la tierra más importante que Dios. Y es que nadie escupa sangre pa que otro viva mejor. ¿Que Dios vela por los pobres? Tal vez sí, y tal vez no. Pero es seguro que almuerza en la mesa del patrón (Atahualpa Yupanqui, Preguntitas sobre Dios)

 

¿Síntesis?

“Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. Entonces, el padre del muchacho se puso a gritar: Creo, pero ayuda mi falta de fe” (tomado del Evangelio de Marcos 9, 22 in fine a 24). 

¿DIOS SE COMPADECE DEL HAMBRE DE LOS HOMBRES?

¿Y NOSOTROS?

Son preguntas que me dirijo a mí mismo, para después dirigirlas a todos mis lectores, cristianos, de otras religiones, agnósticos, ateos o anticristianos, en esta aciaga mañana de sábado lluvioso en Madrid, después de haber leído el Evangelio de hoy.

El hambre en el mundo, o la pobreza, la falta de alimentos, de medicinas, de vestido, de cobijo, de aquello que hemos de compartir con nuestro prójimo, ha llegado, desde hace mucho, al Primer Mundo. Desde dentro y desde fuera. Cada vez son más los pobres que acuden a pedir lo que les es negado incluso en las iglesias; gente que, hace unos años, a lo mejor pertenecía a la clase media; ¿pero qué decir de la pobreza que viene de fuera, que está empujando con una fuerza casi sobrehumana las fronteras de nuestra “Europa fortaleza”? Sobre ello quiero escribir un post independiente, pues considero que la cuestión lo merece. Será breve, pero suficiente y contundente. Lo que quiero plantear con esta entrada es una cuestión de alcance mucho mayor, que tiene que ver con la propia intervención divina y con nuestra responsabilidad como hombres y hermanos en el Señor. Se trata de la pregunta clásica ante estas catástrofes humanitarias… ¿Dónde está Dios? Parecería, para el incrédulo, pero también para el creyente que duda -como no puede ser de otra manera, pues todos tenemos dudas-, que, como dice la canción de Atahualpa Yupanqui en un famoso poema “por aquí no se ha pasado tan importante señor”. ¿Cómo no pensar, con todo lo que ocurre en el mundo, que Dios nos ha abandonado? ¿Que ha abandonado la Creación de sus manos, utilizando el lenguaje de los Salmos? Si el propio Jesucristo, Él mismo verdadero Dios y verdadero hombre, gritó en el máximo momento de su agonía, recitando el Salmo 22, que comienza diciendo: “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza”. Y en Mateo 27, 45-46, leemos: “Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron las tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente Elí, Elí, lemá sabaqtaní (es decir, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”).

Y nosotros, ¿qué hacemos frente a la miseria y a la injusticia del mundo? Frente a todas las catástrofes humanitarias que vemos pasar, como si no nos importara, como si a nadie le importaran, cada día en los telediarios durante unos breves minutos, los responsables del poder civil y de las máximas instancias internacionales, incluida la ONU, sin autoridad moral alguna ante su pasividad cómplice en los conflictos bélicos y en los mayores problemas de la Humanidad, como el representado ahora por el caso de Siria, miran para otro lado y, en lugar de cooperar con la Iglesia, ponen el acento en algunos casos aislados presuntamente encubiertos por la Santa Sede, que, de ser ciertos, son ciertamente condenables, como los abusos a niños presuntamente cometidos por algunos sacerdotes o religiosos. Hay pocos actos humanos que me repugnen más que éstos. El propio Jesús pronuncia frente a los que los cometen palabras durísimas: “Al que escandalizara a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Hay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!” (Mt 18, 6-7). Pero la Santa Sede, sobre todo durante el pontificado de Benedicto XVI -y estoy seguro de que el papa Francisco seguirá en la misma línea, si no la superará-, dejó suficientemente claro su compromiso de luchar contra tales actos tan reprobables, de cuya autoría, por cierto, no tienen “la exclusiva” los curas. Y aunque el Derecho canónico pueda parecerme -y en mi opinión lo es- manifiestamente mejorable para luchar contra estos casos, es el Derecho soberano de Ia Iglesia, si nos creemos realmente lo que dice el Derecho internacional: que pregunten las Naciones Unidas cómo luchan contra los abusos sexuales de todo tipo países, por ejemplo, como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos. O cómo luchan los países que se autodenominan “civilizados” contra la trata de mujeres y de niños orquestada a nivel internacional, de proporciones incalculables y verdadera lacra de nuestra Humanidad, a pesar de los numerosos convenios suscritos por casi todos los Estados miembros de Naciones Unidas. El mayor mercado de consumo de trata, prostitución forzada de mujeres y niños, y pornografía infantil, está en el llamado Primer Mundo. Así que de nuevo la autoridad moral de Naciones Unidas se encuentra atrapada -en el mejor de los casos- en su propia viga en el ojo. El poder civil, estatal o supranacional que sea, suponiendo que conserve algo del poder que históricamente tuvo -salvo casos aislados, como el Gobierno federal de lo Estados Unidos o el Gobierno dictatorial chino-, frente al tan denostado poder eclesiástico, que en muchas ocasiones históricas contribuyó, a pesar de sus indudables errores -por cierto, errores que no fueron privativos de la Iglesia -y no quiero entrar en el tema de la Inquisición, pues la Inquisición civil existió, y los tormentos infligidos por las autoridades civiles a los, entonces sí, presuntos delincuentes, se perpertuaron con carácter general, en los países occidentales, hasta bien entrado el siglo XVIII-, con sus ideas de compasión, clemencia y misericordia, a mitigar al primero, ya no tiene ninguna legitimidad, ni de origen ni de ejercicio. Es una farsa. Por lo que, las recientes declaraciones de responsables de Naciones Unidas atacando a la Santa Sede, entidad con personalidad internacional soberana, y a su Derecho canónico, pecan a mi juicio -y soy consciente de lo polémica de esta opinión-, de falta de sentido de la oportunidad y falta de miras, precisamente en un momento en el que la Iglesia Católica está viviendo una nueva “primavera”, y de apertura a los problemas reales del hombre en el mundo, que no se veía desde la apertura del Concilio Vaticano II por parte de Juan XXIII, como declaraba hace poco en su último libro Leonardo Boff (Francisco de Roma y Francisco de Asís: ¿una nueva primavera en la Iglesia, Ed. Trotta, Madrid, 2013), uno de los teólogos de la liberación que el “stablishment” vaticano de los años inmediatamente anteriores a la caída del Muro de Berlín -dominado, sobre todo, por la influencia ejercida sobre Juan Pablo II por el entonces Cardenal Ratzinger- condenara al silencio como parte de una estrategia geopolítica, que no venía de Dios, sino de los hombres. No es mi propósito ahora tratar sobre la teología de la liberación; desde mi punto de vista la misión fundamental de la Iglesia sigue siendo la salvación del género humano, es una misión fundamentalmente soteriológica, pero como tal no puede entenderse sin una perspectiva de liberación y de trabajo por la paz en el mundo. Lo dijo el propio Jesús en sus bienaventuranzas. Y, hoy por hoy, no existe ninguna institución que ayude más y mejor a los necesitados de este mundo que la Iglesia Católica, y las organizaciones directa o indirectamente vinculadas a ella, como Caritas o Manos Unidas, por citar sólo algunas de las más conocidas. Muchas veces sus miembros se implican hasta dar su vida por el prójimo. Es más, reto a alguien que me diga alguna institución que lo haga mejor. La propia Cruz Roja, entidad también por cierto dotada de personalidad jurídica internacional, tiene sus raíces en el pensamiento cristiano. Así que no podemos desconocer que la propia idea de liberación ¡aquí, en este mundo!, primero de Israel, que fue liberado de la opresión de Egipto y de todos sus enemigos cuando se mostró fiel al Señor YHVH, y después de todas las naciones de la Tierra -en las que ya se hace referencia en los Salmos-, así como las constantes referencias a la ayuda al prójimo, también en sus necesidades materiales, está presente en toda la Biblia; y la necesidad de ayudar al prójimo en sus necesidades materiales está presente ya desde el Antiguo Testamento, sobre todo en los libros proféticos, para culminar en el Evangelio. Y para quien tenga dudas sobre lo acertado que resultó ser el posicionamiento oficial de la Iglesia Católica en los documentos conciliares del Vaticano II, y su “opción preferencial por los pobres”, que vemos en numerosos documentos, como la “Gaudium et spes”, de acuerdo con los textos sagrados, sirva la lectura de este pasaje de Isaías, tan repetido en la Liturgia de las Horas, la Oración de la Iglesia Universal, y en las Adoraciones Sálmicas: “¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿mortificarnos, si no te enteras? En realidad, en día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos. No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo. ¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza ¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor? Éste es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán todas tus heridas, anti ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor (shekhinah YHVH)” (Is 58, 3-8).

Y si leemos el Evangelio, es según la ayuda al prójimo, y fijaos que Jesús insiste ¡en la ayuda material!, en lo que la doctrina de la Iglesia ha venido en llamar “obras de misericordia corporales”, frente a las espirituales, además, seremos juzgados, tal y como se afirma en Mt 25, 37-46: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me hospedasteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a verme”. Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te hospedamos? ¿o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y respondiendo el Rey, les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles: Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; Fui forastero, y no me hospedasteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis”. Entonces también ellos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?” Entonces les responderá, diciendo: “En verdad os digo que lo que no hicisteis con uno de éstos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo. Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

Visitad esta página sobre la pobreza: podéis comenzar con la situación de la pobreza en España: http://lacebolla.es/?p=11561

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