LO QUE HA DICHO…

mayo 27, 2014 § Deja un comentario


LO QUE HA DICHO EL PAPA SOBRE EL PARO JUVENIL EN ESPAÑA

 

“El paro juvenil en España es del 50%, y en Andalucía del 60% (…) Se trata de un sistema económico inhumano”.

Ante estas palabras del Santo Padre, poco puedo añadir. Este sistema capitalista es un sistema injusto en su raíz, y, además, inhumano. Ambas cosas han sido afirmadas en varias ocasiones por el Pontífice. Que los empresarios y “emprendedores” de nuestro país tomen buena nota de ello, especialmente los que se jactan de “personas de bien” y de “buenas cristianos”. El obrero, dice la Escritura, merece su salario. Más allá de esto, es constatable que la doble moral sigue vigente en España -o en las dos Españas-, y no será difícil que el Papa sea criticado -cuando no sea objeto de cosas peores- si se desvía un ápice del discurso tan rancio como ambiguo al que nos ha venido acostumbrando la COPE y los “curas jóvenes” entusiastas y pagados de sí mismos disfrazados de corderos progresistas.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

 

¿LA EUROPA FORTALEZA MERECE EL CALIFICATIVO DE CRISTIANA, O SIQUIERA DE HUMANA?

febrero 22, 2014 § 6 comentarios


¡VERGÜENZA! ¿LA EUROPA FORTALEZA MERECE EL CALIFICATIVO DE CRISTIANA, O SIQUIERA DE HUMANA?

Breve entrada sobre cómo estamos perdiendo a marchas forzadas nuestra común tradición histórica humanista 

“No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te rescató el Señor, tu Dios”; por eso yo te mando hoy cumplir esto. Cuando siegues la mies de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al emigrante, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas. Cuando varees tu olivar, no repases las ramas; déjaselas al emigrante, al huérfano y a la viuda. Cuando vendimies tu viña, no rebusques los racimos; déjaselos al emigrante, al huérfano y a la viuda. Acuérdate de que fuiste esclavo en Egipto. Por eso yo te mando hoy cumplir esto” (Dt 24, 17-22, ca. 1205 a. C.)

“(…) Oráculo del Señor. (…) Éste es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán todas tus heridas, anti ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor (shekhinah YHVH)” (Is 58, 3-8, ca. 800 años a. C.)

“Homo sum: humani nihil a me alienum puto” (Terencio, Heauton Timoroumenos, 165 a.C.)

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me hospedasteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a verme”. Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te hospedamos? ¿o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y respondiendo el Rey, les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles: Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; Fui forastero, y no me hospedasteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis”. Entonces también ellos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?” Entonces les responderá, diciendo: “En verdad os digo que lo que no hicisteis con uno de éstos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo. Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna” (Mt 25, 37-46, ca. 60-85 d. C.)

“El Derecho de Gentes no sólo tiene fuerza por el pacto y convenio de los hombres, sino que tiene verdadera fuerza de ley” (Francisco de Vitoria, De potestate civili, 1528)

“(…) Uom di povero stato e membra inferme/Che sia dell’alma generoso ed alto,/Non chiama se nè stima/Ricco d’or nè gagliardo,/E di splendida vita o di valente/Persona infra la gente/Non fa risibil mostra;/Ma se di forza e di tesor mendico/Lascia parer senza vergogna, e noma/Parlando, apertamente, e di sue cose/Fa stima al vero uguale./  Magnanimo animale./Non credo io già, ma stolto,/Quel che nato a perir, nutrito in pene,/Dice, a goder son fatto,/E di fetido orgoglio/Empie le carte, eccelsi fati e nove/Felicità, quali il ciel tutto ignora,/Non pur quest’orbe, promettendo in terra/A popoli che un’onda/Di mar commosso, un fiato/D’aura maligna, un sotterraneo crollo/Distrugge sì, che avanza/A gran pena di lor la rimembranza./Nobil natura è quella/Che a sollevar s’ardisce/Gli occhi mortali incontra/Al comun fato, e che con franca lingua,/Nulla al ver detraendo,/Confessa il mal che ci fu dato in sorte,/E il basso stato e frale;/Quella che grande e forte/Mostra se nel soffrir, nè gli odii e l’ire/Fraterne, ancor più gravi/D’ogni altro danno, accresce/Alle miserie sue, l’uomo incolpando/Del suo dolor, ma dà la colpa a quella/Che veramente è rea, che de’ mortali/Madre è di parto e di voler matrigna./Costei chiama inimica; e incontro a questa/Congiunta esser pensando,/Siccome è il vero, ed ordinata in pria/L’umana compagnia,/Tutti fra se confederati estima/Gli uomini, e tutti abbraccia/Con vero amor, porgendo/Valida e pronta ed aspettando aita/Negli alterni perigli e nelle angosce/Della guerra comune. Ed alle offese/Dell’uomo armar la destra, e laccio porre/Al vicino ed inciampo,/Stolto crede così, qual fora in campo/Cinto d’oste contraria, in sul più vivo/Incalzar degli assalti,/Gl’inimici obbliando, acerbe gare/Imprender con gli amici,/E sparger fuga e fulminar col brando/Infra i propri guerrieri./Così fatti pensieri/Quando fien, come fur, palesi al volgo,/E quell’orror che primo/Contra l’empia natura/Strinse i mortali in social catena,/Fia ricondotto in parte/Da verace saper, l’onesto e il retto/Conversar cittadino,/E giustizia e pietade, altra radice/Avranno allor che non superbe fole,/Ove fondata probità del volgo/Così star suole in piede/Quale star può quel ch’ha in error la sede”. (Giacomo Leopardi, Canti, La ginestra o il fiore del deserto, 1836)

“Si les terribles moyens de destruction dont les peuples disposent actuellement, paraissent devoir, à l’ avenir, abréger la durée des guerres, il semble que les batailles n’ en seront, en revancha, que plus meurtrières; et dans ce siècle où i’ imprévu joue un si grand ròle, des guerres ne peuvent-elles pas surgir, d’ un côté ou d’ un autre, de la manière la plus soudaine et la plus inattendue? – N’ y a-t-il pas dams ces considérations seules, des raisons plus que suffisantes pour ne pas se laisser prendre au déporvu?” (J. Henry Dunant, Geneve, Un souvenir de Solferino, 1863, pp. 169-168).

Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y

Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;

LA ASAMBLEA GENERAL proclama la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción: (…) Art. 13. 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

 

“Vergogna!” Con estas claras y contundentes palabras pronunciadas por el papa Francisco en noviembre del año pasado, referidas al naufragio de una patera llena de inmigrantes subsaharianos, muchos de ellos mujeres y niños, a pocas millas de la costa de la isla de Lampedusa (Italia) se habría en la opinión pública, a partir de las declaraciones de una de las máximas autoridades morales, religiosas y políticas de nuestro tiempo, un debate sobre el papel de la Unión Europea en las catástrofes humanitarias, y sobre su posible complicidad omisiva en múltiples asuntos. En estos horribles tiempos de crisis, decía el Papa, debemos ser especialmente atentos, compasivos y misericordiosos con nuestro prójimo, tal y como quiso nuestro Señor Jesucristo. Unos pocos meses después de aquel incidente, mi mirada se dirige a los responsables políticos, económicos y burocráticos de una Unión Europea demasiado centrada en lo económico y culpable, al menos por ceguera deliberada, podríamos decir, ante algunos acontecimientos recientes que no pueden ser silenciados.

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Como dice repetidamente el papa Francisco, “soltanto l’ Amore può salvarci”. En y desde un mundo, nuestro mundo, el mundo acomodado que poco a poco va empobreciéndose moral y económicamente, un mundo en el que se niega la condición de persona a los inmigrantes y se les deja naufragar para que evitar que consigan arribar a las costas de nuestra decadente Unión Europea, ya conocida por muchos autores como “La Europa Fortaleza”, y, una vez en nuestro “civilizado territorio”, para evitarnos el “mal trago” de tener que adoptar medidas de las que en el fondo, por nuestra tradición jurídico-política, moral y religiosa, de la que no es posible dar cuenta aquí, a pesar del humilde intento reflejado en las citas reportadas arriba, nos avergonzamos. Nos encontramos ante una Unión Europea y ante un país como el nuestro que permiten que se les dispare a los inmigrantes, refugiados y asilados -muchos de ellos ciudadanos de mi querido pueblo sirio, los cuales, ante la brutal guerra civil desatada en su país, huyen de una muerte segura-, simplemente por el delito de traspasar las fronteras exteriores de la UE con el propósito de buscar una vida mejor para ellos y para sus familias o, simplemente, con el de conservar la suya; una Unión Europea, con líderes a su cabeza como Barroso, que permite que en uno de los países candidatos a la anexión se esté desarrollando simple y llanamente otra guerra civil.

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La Unión Europea perdió su credibilidad hace mucho tiempo. Comenzó a perderla cuando decidió prefijarse objetivos más allá de lo económico, mientras en los Tratados y en el Derecho derivado hacía otras cosas; fundamentalmente, a partir de la aprobación del Tratado de la Unión Europea (más conocido como Tratado de Maastricht, de 7 de febrero de 1992), que entró en vigor para la mayoría de los Estados miembros de entonces el 1 de enero de 1993, comenzando un sistema diabólico de transferencia de competencias políticas a un entramado de instituciones técnica, llamado Sistema Europeo de Bancos Centrales, sin sujeción a ningún control, legibus solutus, propio más bien de las instituciones de Estados autoritarios y dictatoriales, propio de un “nuevo Antiguo Régimen”, y regido por el dios Mercado. Dicha transferencia de competencias se completó en enero de 2002 con la introducción del euro como moneda física de curso legal. Pero a diferencia de cualquier otro país del mundo -al menos que yo conozca-, el euro no tiene control político.

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Los débiles criterios, directrices o recomendaciones -por cierto, siempre de carácter neoliberal- que, muy de vez en cuando, dirige a la institución financiera el Consejo Europeo -en teoría, pero también según los Tratados, la máxima institución de la Unión Europea-, tienen para el Banco, por cierto, la institución “autónoma” público-privada notoria más poderosa de Europa, precisamente por esto mismo, la misma fuerza normativa real que pueden tener los consejos que un amiguete pobre puede dar a uno rico en una noche de juerga. Así las cosas, la Unión Europea ha tratado de extender cada vez más su normativa hacia lo no estrictamente económico, desarrollando un acervo exacerbado (y perdón por el juego de palabras) de normas de vario rango y diversa fuerza vinculante, relativas a prácticamente todo lo regulable: a la protección del medio ambiente, a los derechos laborales y sociales, a los derechos de los consumidores, a la sostenibilidad, a las llamadas “acciones positivas” en favor de la mujer, y hasta relativas al Derecho penal, llegando a hablarse incluso de un “Derecho penal federal europeo” (Tiedemann, 2002, 2005; Bajo Fernández, 2006; Gómez-Jara Díez, 2006, 2009, 2011, 2013). Pero.. ¿en qué términos se regulan estas cuestiones? A todas luces ha habido, incluso desde antes de que empezara oficialmente “la crisis” -en los Estados Unidos-, un retroceso en los llamados por los constitucionalistas derechos de segunda (derechos sociales y laborales) y tercera generación (derechos medioambientales, derechos de los consumidores frente a las corporaciones, derechos relativos al ámbito de las nuevas aplicaciones de la Biomedicina y de la Bioética, etc., etc.); ahora se está intentando el ataque a los “derechos de primera generación”, que no son otros, en su mayoría, que los derechos fundamentales y las libertades públicas reconocidos, por ejemplo, por la Constitución Española de 1978 en sus artículos 14 a 29: y no me refiero ya a algunos derechos sociales muy básicos, como el derecho a la educación, reconocido en el artículo 27 de la Constitución, sino derechos clásicos de los llamados típicamente “burgueses”, como el derecho a la seguridad personal previsto en el artículo 17 de la Constitución (amenazado, si bien en pequeña medida y sobre todo de manera indirecta, por el anteproyecto de nueva Ley de Seguridad Ciudadana, pero sobre todo de hecho, por parte de la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como se han ocupado de mostrar los acontecimientos ocurridos en Ceuta, acontecimientos que exigen un mayor esclarecimiento, más allá de la farsa parlamentaria que constituyó la comparecencia del Presidente del Gobierno ante el Senado el pasado martes 18 de febrero, en orden la depuración de las responsabilidades políticas, y aun penales, si las hubiere); entre otros derechos de primera generación conculcados, esta vez no en nombre de la seguridad, sino simplemente por el interés del Estado de recuperar el dinero presuntamente sustraído por nuestros representantes políticos, ha sido el derecho a la tutela judicial efectiva, reconocido en el artículo 24 de la Constitución, recortado por el famoso decreto promovido por el ministro Gallardón, de tasas judiciales.

En cuanto a la situación de los inmigrantes, ya he anticipado algunas de mis opiniones. Mi reprobación es especialmente dura hacia los máximos responsables de los hechos de Ceuta y de la política en materia de control férreo de nuestras fronteras exteriores, y apunta hacia el ministro del Interior y el Presidente del Gobierno, máximo responsable, presuntamente incluso penal, de acuerdo con las reglas de imputación desarrolladas por estos casos por el Derecho penal, en relación con el Derecho internacional humanitario y el Derecho Penal Internacional, del principio respondeat superior (vid. recientemente, por todos Garrocho, T.D. depositada en la Universidad Carlos III, Madrid, 2014, inédita). Esta deriva histórica en el Derecho comunitario tuvo un hito fundamental en el año 2008, con la aprobación, a nivel europeo y, posteriormente, a nivel nacional, con los correspondientes cambios legislativos y reglamentarios en materia de extranjería, de la famosa “Directiva de la vergüenza”, la directiva del retorno 2008/115/CE, aprobada por los dos grupos parlamentarios mayoritarios en el Parlamento Europeo, el Grupo Parlamentario de los Populares Europeos -al que pertenece el PP-, y el Grupo Parlamentario Socialista -al que pertenece el PSOE-, si bien con alguna notable oposición de algunos miembros del PSOE, entre otros, el señor Borrell-, y por la mayoría cualificada del Consejo de la Unión. Esta directiva vino a endurecer los requisitos para la concesión de visados de todo tipo, así como a restringir sustancialmente los derechos de los inmigrantes -permitiendo, por ejemplo, el internamiento de los extranjeros a la espera de expulsión en centros de internamiento de extranjeros hasta sesenta días-, y aun de los solicitantes de asilo, en contra de los compromisos asumidos internacionalmente en esta materia por varios Estados miembros en el ámbito de las Naciones Unidas. Sin embargo, y pese al escándalo que entonces supuso la aprobación de la la normativa, todavía nos hallábamos muy lejos de la situación actual “a la americana”, basada en el lema first shoot, ask later, presuntamente aplicado, por acción o omisión con responsabilidad equivalente -en Derecho penal solemos decir, en comisión por omisión-, por los actuales ministro del Interior, y por el actual Presidente del Gobierno, el señor Mariano Rajoy, ante lo que a mi juicio constituyen homicidios presuntamente cometidos en Ceuta o en tierra marroquí por representantes del poder público español, y ante la violencia represiva estatal desatada en la verja de Melilla. Mientras, el señor Barroso y su panda de pseudotecnócratas corruptos y con sus bolsillos llenos de billetes de 50o euros, más lo que presuntamente puedan tener en paraísos fiscales -algunos de los cuales, por cierto, permitidos por la propia Unión Europea, como Gibraltar y otros-, miran para otro lado. Dios quiera que la Iglesia Católica, a cuya cabeza está ahora uno de los papas más auténticos, en el sentido evangélico, de los últimos siglos, pueda ser una “conciencia moral” para Europa más efectiva que la que representara en su momento, a principios del siglo pasado, la voz de su predecesor Benedicto XV, quien, a pesar de sus notables intervenciones comprobadas, no pudo evitar lo que él, en sus propias palabras, denominó “el suicidio de Europa”: la primera de las dos grandes guerras mundiales, las cuales, sólo en el siglo pasado causaron conjuntamente más de sesenta millones de muertos. 

 

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¿En verdad Dios se compadece del hambre de los hombres? Mientras tanto, hagámoslo nosotros: Nada de lo humano me es ajeno.

febrero 15, 2014 § Deja un comentario


ADVERTENCIA: ALGUNAS IMÁGENES, ASÍ COMO ALGUNAS OPINIONES, PUEDEN HERIR LA SENSIBILIDAD DEL LECTOR.

 “Humani nihil a me alienum puto” (Terencio)

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“Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial” (Mt 18, 10)

“Me muero de tristeza; quedaos aquí y velad conmigo” (Tomado de la Oración de Jesús en Getsemaní, Mt 26, 38, in fine)

“Tesis”

Día litúrgico: Sábado V del tiempo ordinario (15 de febrero de 2014)

Texto del Evangelio de hoy (Mc 8,1-10): En aquel tiempo, habiendo de nuevo mucha gente con Jesús y no teniendo qué comer, Él llama a sus discípulos y les dice: «Siento compasión de esta gente, porque hace ya tres días que permanecen conmigo y no tienen qué comer. Si los despido en ayunas a sus casas, desfallecerán en el camino, y algunos de ellos han venido de lejos». Sus discípulos le respondieron: «¿Cómo podrá alguien saciar de pan a éstos aquí en el desierto?». Él les preguntaba: «¿Cuántos panes tenéis?». Ellos le respondieron: «Siete». Entonces Él mandó a la gente acomodarse sobre la tierra y, tomando los siete panes y dando gracias, los partió e iba dándolos a sus discípulos para que los sirvieran, y ellos los sirvieron a la gente. Tenían también unos pocos pececillos. Y, pronunciando la bendición sobre ellos, mandó que también los sirvieran. Comieron y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes siete espuertas. Fueron unos cuatro mil; y Jesús los despidió. Subió a continuación a la barca con sus discípulos y se fue a la región de Dalmanuta.

 

“Antítesis”

Un día yo pregunté: Abuelo, dónde está Dios. Mi abuelo se puso triste, y nada me respondió. Mi abuelo murió en los campos, sin rezo ni confesión. Y lo enterraron los indios, flauta de caña y tambor. Al tiempo yo pregunté: ¿Padre, qué sabes de Dios? Mi padre se puso serio y nada me respondió. Mi padre murió en la mina sin doctor ni protección. ¡Color de sangre minera tiene el oro del patrón! Mi hermano vive en los montes y no conoce una flor. Sudor, malaria, serpientes, la vida del leñador. Y que nadie le pregunte si sabe dónde está Dios. Por su casa no ha pasado tan importante señor. Yo canto par los caminos, y cuando estoy en prisión oigo las voces del pueblo que canto mejor que yo. Hay un asunto en la tierra más importante que Dios. Y es que nadie escupa sangre pa que otro viva mejor. ¿Que Dios vela por los pobres? Tal vez sí, y tal vez no. Pero es seguro que almuerza en la mesa del patrón (Atahualpa Yupanqui, Preguntitas sobre Dios)

 

¿Síntesis?

“Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos. Jesús replicó: “¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe”. Entonces, el padre del muchacho se puso a gritar: Creo, pero ayuda mi falta de fe” (tomado del Evangelio de Marcos 9, 22 in fine a 24). 

¿DIOS SE COMPADECE DEL HAMBRE DE LOS HOMBRES?

¿Y NOSOTROS?

Son preguntas que me dirijo a mí mismo, para después dirigirlas a todos mis lectores, cristianos, de otras religiones, agnósticos, ateos o anticristianos, en esta aciaga mañana de sábado lluvioso en Madrid, después de haber leído el Evangelio de hoy.

El hambre en el mundo, o la pobreza, la falta de alimentos, de medicinas, de vestido, de cobijo, de aquello que hemos de compartir con nuestro prójimo, ha llegado, desde hace mucho, al Primer Mundo. Desde dentro y desde fuera. Cada vez son más los pobres que acuden a pedir lo que les es negado incluso en las iglesias; gente que, hace unos años, a lo mejor pertenecía a la clase media; ¿pero qué decir de la pobreza que viene de fuera, que está empujando con una fuerza casi sobrehumana las fronteras de nuestra “Europa fortaleza”? Sobre ello quiero escribir un post independiente, pues considero que la cuestión lo merece. Será breve, pero suficiente y contundente. Lo que quiero plantear con esta entrada es una cuestión de alcance mucho mayor, que tiene que ver con la propia intervención divina y con nuestra responsabilidad como hombres y hermanos en el Señor. Se trata de la pregunta clásica ante estas catástrofes humanitarias… ¿Dónde está Dios? Parecería, para el incrédulo, pero también para el creyente que duda -como no puede ser de otra manera, pues todos tenemos dudas-, que, como dice la canción de Atahualpa Yupanqui en un famoso poema “por aquí no se ha pasado tan importante señor”. ¿Cómo no pensar, con todo lo que ocurre en el mundo, que Dios nos ha abandonado? ¿Que ha abandonado la Creación de sus manos, utilizando el lenguaje de los Salmos? Si el propio Jesucristo, Él mismo verdadero Dios y verdadero hombre, gritó en el máximo momento de su agonía, recitando el Salmo 22, que comienza diciendo: “¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado? A pesar de mis gritos, mi oración no te alcanza”. Y en Mateo 27, 45-46, leemos: “Desde la hora sexta hasta la hora nona vinieron las tinieblas sobre toda la tierra. A la hora nona, Jesús gritó con voz potente Elí, Elí, lemá sabaqtaní (es decir, “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”).

Y nosotros, ¿qué hacemos frente a la miseria y a la injusticia del mundo? Frente a todas las catástrofes humanitarias que vemos pasar, como si no nos importara, como si a nadie le importaran, cada día en los telediarios durante unos breves minutos, los responsables del poder civil y de las máximas instancias internacionales, incluida la ONU, sin autoridad moral alguna ante su pasividad cómplice en los conflictos bélicos y en los mayores problemas de la Humanidad, como el representado ahora por el caso de Siria, miran para otro lado y, en lugar de cooperar con la Iglesia, ponen el acento en algunos casos aislados presuntamente encubiertos por la Santa Sede, que, de ser ciertos, son ciertamente condenables, como los abusos a niños presuntamente cometidos por algunos sacerdotes o religiosos. Hay pocos actos humanos que me repugnen más que éstos. El propio Jesús pronuncia frente a los que los cometen palabras durísimas: “Al que escandalizara a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen una piedra de molino al cuello y lo arrojasen al fondo del mar. ¡Hay del mundo por los escándalos! Es inevitable que sucedan escándalos, ¡pero ay del hombre por el que viene el escándalo!” (Mt 18, 6-7). Pero la Santa Sede, sobre todo durante el pontificado de Benedicto XVI -y estoy seguro de que el papa Francisco seguirá en la misma línea, si no la superará-, dejó suficientemente claro su compromiso de luchar contra tales actos tan reprobables, de cuya autoría, por cierto, no tienen “la exclusiva” los curas. Y aunque el Derecho canónico pueda parecerme -y en mi opinión lo es- manifiestamente mejorable para luchar contra estos casos, es el Derecho soberano de Ia Iglesia, si nos creemos realmente lo que dice el Derecho internacional: que pregunten las Naciones Unidas cómo luchan contra los abusos sexuales de todo tipo países, por ejemplo, como Arabia Saudí o los Emiratos Árabes Unidos. O cómo luchan los países que se autodenominan “civilizados” contra la trata de mujeres y de niños orquestada a nivel internacional, de proporciones incalculables y verdadera lacra de nuestra Humanidad, a pesar de los numerosos convenios suscritos por casi todos los Estados miembros de Naciones Unidas. El mayor mercado de consumo de trata, prostitución forzada de mujeres y niños, y pornografía infantil, está en el llamado Primer Mundo. Así que de nuevo la autoridad moral de Naciones Unidas se encuentra atrapada -en el mejor de los casos- en su propia viga en el ojo. El poder civil, estatal o supranacional que sea, suponiendo que conserve algo del poder que históricamente tuvo -salvo casos aislados, como el Gobierno federal de lo Estados Unidos o el Gobierno dictatorial chino-, frente al tan denostado poder eclesiástico, que en muchas ocasiones históricas contribuyó, a pesar de sus indudables errores -por cierto, errores que no fueron privativos de la Iglesia -y no quiero entrar en el tema de la Inquisición, pues la Inquisición civil existió, y los tormentos infligidos por las autoridades civiles a los, entonces sí, presuntos delincuentes, se perpertuaron con carácter general, en los países occidentales, hasta bien entrado el siglo XVIII-, con sus ideas de compasión, clemencia y misericordia, a mitigar al primero, ya no tiene ninguna legitimidad, ni de origen ni de ejercicio. Es una farsa. Por lo que, las recientes declaraciones de responsables de Naciones Unidas atacando a la Santa Sede, entidad con personalidad internacional soberana, y a su Derecho canónico, pecan a mi juicio -y soy consciente de lo polémica de esta opinión-, de falta de sentido de la oportunidad y falta de miras, precisamente en un momento en el que la Iglesia Católica está viviendo una nueva “primavera”, y de apertura a los problemas reales del hombre en el mundo, que no se veía desde la apertura del Concilio Vaticano II por parte de Juan XXIII, como declaraba hace poco en su último libro Leonardo Boff (Francisco de Roma y Francisco de Asís: ¿una nueva primavera en la Iglesia, Ed. Trotta, Madrid, 2013), uno de los teólogos de la liberación que el “stablishment” vaticano de los años inmediatamente anteriores a la caída del Muro de Berlín -dominado, sobre todo, por la influencia ejercida sobre Juan Pablo II por el entonces Cardenal Ratzinger- condenara al silencio como parte de una estrategia geopolítica, que no venía de Dios, sino de los hombres. No es mi propósito ahora tratar sobre la teología de la liberación; desde mi punto de vista la misión fundamental de la Iglesia sigue siendo la salvación del género humano, es una misión fundamentalmente soteriológica, pero como tal no puede entenderse sin una perspectiva de liberación y de trabajo por la paz en el mundo. Lo dijo el propio Jesús en sus bienaventuranzas. Y, hoy por hoy, no existe ninguna institución que ayude más y mejor a los necesitados de este mundo que la Iglesia Católica, y las organizaciones directa o indirectamente vinculadas a ella, como Caritas o Manos Unidas, por citar sólo algunas de las más conocidas. Muchas veces sus miembros se implican hasta dar su vida por el prójimo. Es más, reto a alguien que me diga alguna institución que lo haga mejor. La propia Cruz Roja, entidad también por cierto dotada de personalidad jurídica internacional, tiene sus raíces en el pensamiento cristiano. Así que no podemos desconocer que la propia idea de liberación ¡aquí, en este mundo!, primero de Israel, que fue liberado de la opresión de Egipto y de todos sus enemigos cuando se mostró fiel al Señor YHVH, y después de todas las naciones de la Tierra -en las que ya se hace referencia en los Salmos-, así como las constantes referencias a la ayuda al prójimo, también en sus necesidades materiales, está presente en toda la Biblia; y la necesidad de ayudar al prójimo en sus necesidades materiales está presente ya desde el Antiguo Testamento, sobre todo en los libros proféticos, para culminar en el Evangelio. Y para quien tenga dudas sobre lo acertado que resultó ser el posicionamiento oficial de la Iglesia Católica en los documentos conciliares del Vaticano II, y su “opción preferencial por los pobres”, que vemos en numerosos documentos, como la “Gaudium et spes”, de acuerdo con los textos sagrados, sirva la lectura de este pasaje de Isaías, tan repetido en la Liturgia de las Horas, la Oración de la Iglesia Universal, y en las Adoraciones Sálmicas: “¿Para qué ayunar, si no haces caso? ¿mortificarnos, si no te enteras? En realidad, en día de ayuno hacéis vuestros negocios y apremiáis a vuestros servidores; ayunáis para querellas y litigios, y herís con furibundos puñetazos. No ayunéis de este modo, si queréis que se oiga vuestra voz en el cielo. ¿Es ese el ayuno que deseo en el día de la penitencia: inclinar la cabeza como un junco, acostarse sobre saco y ceniza ¿A eso llamáis ayuno, día agradable al Señor? Éste es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán todas tus heridas, anti ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor (shekhinah YHVH)” (Is 58, 3-8).

Y si leemos el Evangelio, es según la ayuda al prójimo, y fijaos que Jesús insiste ¡en la ayuda material!, en lo que la doctrina de la Iglesia ha venido en llamar “obras de misericordia corporales”, frente a las espirituales, además, seremos juzgados, tal y como se afirma en Mt 25, 37-46: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me hospedasteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a verme”. Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te hospedamos? ¿o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y respondiendo el Rey, les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles: Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; Fui forastero, y no me hospedasteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis”. Entonces también ellos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?” Entonces les responderá, diciendo: “En verdad os digo que lo que no hicisteis con uno de éstos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo. Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.

Visitad esta página sobre la pobreza: podéis comenzar con la situación de la pobreza en España: http://lacebolla.es/?p=11561

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