No sólo de pan vive el hombre…

febrero 10, 2016 § Deja un comentario


“¿Es ése el ayuno que el Señor desea, el día en que el hombre se mortifica? Mover la cabeza como un junco, acostarse sobre estera y ceniza, ¿a eso lo llamáis ayuno, día agradable al Señor? El ayuno que yo quiero es éste: abrir las prisiones injustas, hacer saltar los cerrojos de los cepos, liberar a los oprimidos, romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, vestir al que ves desnudo y no desentenderte de tu hermano. Entonces brillará tu luz como la aurora, tus heridas sanarán rápidamente; tu justicia te abrirá el camino, detrás irá la gloria de Jahvé. Entonces llamarás al Señor, y te responderá; pedirás auxilio, y te dirá: Aquí estoy. Si destierras de ti los cepos, y el señalar con el dedo, y la maledicencia; si das tu pan al hambriento y sacias el estómago del indigente, surgirá tu luz en las tinieblas, tu oscuridad se volverá mediodía. El Señor te guiará siempre, en el desierto saciará tu hambre, hará fuertes tus huesos, serás un huerto bien regado, un manantial de aguas cuya vena nunca engaña, reconstruirás viejas ruinas, levantarás sobre los cimientos de antaño; te llamarán tapiador de brechas, restaurador de casas en ruinas” (Is 58, 5-12)

No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios (Mt 4, 4)

Jesús en el Desierto

La Cuaresma es un tiempo de recogimiento, retiro y reflexión para encontrarnos con Jesucristo, desde las prácticas penitenciales que la Iglesia recomienda desde sus primeros tiempos: el ayuno, la oración y la limosna, pero que deben ser vividas con la alegría basada en la esperanza de sus efectos. Se trata de prácticas recomendadas por todas las religiones desde tiempos inmemoriales y que tienden a nuestra purificación, al desapego y al fomento de la vida espiritual. Con ellas, como todavía nos recuerda la liturgia de la Iglesia católica latina, “refrenamos nuestras pasiones”, con el fin mediato de desapegarnos de los bienes de este mundo y elevar nuestra mirada hacia los bienes del cielo, para, sin despreciar los primeros, volver a darles el justo valor que tienen, hoy artificialmente hipertrofiado por una sociedad sin valores y que tiene, precisamente en los bienes de este mundo, su máxima referencia, por encima de las personas o los individuos que deberían componerla. De acuerdo con un espíritu de autenticidad y sinceridad, vivamos esta Cuaresma con una oportunidad de encontrarnos con la Persona de Jesucristo, la que aparece relatada en el Evangelio, cuya Palabra y cuyas acciones muchas veces contrastan con las de sus representantes de la Iglesia Católica, desde los purpurados cardenales hasta los sencillos diáconos. Ellos, muchas veces, como expresó el propio Jesús condenando la actitud de los fariseos, cargan a los demás con cargas illevaderas, cuando ellos no son capaces de tocarlas ni con un sólo dedo. Y también advirtió Jesús a sus discípulos que hicieran lo que dicen los fariseos, pero que no hiciesen lo que éstos hacían, ya que no hacían lo que decían hacer. Parece un trabalenguas, pero es perfectamente entendible: ¡qué lejos están del Evangelio muchos hombres, sobre todo, y también mujeres, que dicen ser “hombres y mujeres de Dios, ley y orden”, y cuánto daño hacen a las personas de buena voluntad, sean éstas creyentes en Jesucristo, en Mahoma, en Moisés o en nadie en absoluto! ¡Y cuánto bien está haciendo el papa Francisco, en la medida de lo que la realpolitik vaticana le pueda permitir, denunciando las actitudes farisaicas y mundanas, en el peor sentido del término, de sus subordinados, a la vez que, con la creación de más de treinta nueve cardenales, intenta equilibrar el predominio de conservadurismo retrógado y, en mi opinión, en muchas veces antievangélico que prima en la Curia Vaticana y en muchas Iglesias nacionales, entre ellas, la de nuestro país, tan dado a los extremismos, aun con buenas intenciones!

Por el contrario, el Jesús en el que yo creo, es el Jesús de los pobres. Es el Jesús de la Misericordia que perdonó a la mujer adúltera, que predicó el perdón incondicional y el amor a los enemigos, que murió perdonando a los que le crucificaron y que le prometió el Paraíso al buen ladrón.  Convirtámonos a ese Jesús y Él nos llevará a nuestro Padre bueno del Cielo, simbolizado en el Padre de la parábola del hijo pródigo que vuelve a acoger a su hijo, o en el propio Jesús en la parábola del buen pastor, que deja las 99 ovejas que le son fieles y se va a por la oveja perdida.

En este Año Jubilar 2016, dedicado a la Misericordia Divina, la Cuaresma, como “tiempo fuerte” de la Iglesia, adquiere una dimensión espiritual especialmente esperanzadora, por cuanto nos invita a llorar nuestros pecados con la esperanza puesta en la Misericordia Divina que todo lo perdona, que es más grande que todas las obras de Dios, y, como rezan las Letanías de Santa Faustina Kowalska, es un Misterio impenetrable, “asombro para los ángeles, incomprensible para las almas santas”. Es un tiempo de gracia penitencial que se nos otorga para ponernos en paz con Dios y con nosotros mismos, y, de esa manera, reconciliarnos con nuestro prójimo. Es el momento para reconciliarnos con personas a las que quizá, por miedo, tibieza o por falsos respetos humanos, no nos hayamos dirigido la palabra, quizá durante años, simplemente para pedirles perdón. El mismo perdón incondicional que el Hijo pidió al Padre en la Cruz para los que le crucificaban, porque no sabían lo que hacían. El papa Francisco nos invita en este tiempo a entrar por las Puertas de la Misericordia de nuestras parroquias y catedrales y conseguir, por pura gracia, el perdón incondicional del Padre que siempre está esperando a su hijo pródigo, por muchas faltas que éste tenga en su haber o en su “debe”. De recibir el abrazo del Padre misericordioso que, como reza la fórmula del Sacramento de la Penitencia, “reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. El Señor te ha perdonado. Vete en paz”.

En relación con esto, se recuerda que este año, con motivo del Jubileo y por Decreto pontificio, cualquier sacerdote puede absolver directamente del pecado del aborto y de cualquier censura que no esté expresamente reservada a la Sede Apostólica.

Nosotros, los cristianos, con nuestra prácticas cuaresmales bien encauzadas conseguiremos olvidarnos un poco más de nosotros mismos y ayudar al de al lado. Precisamente en estos tiempos en los que no nos vienen precisamente bien dadas, pero, justamente por ello, podemos ayudar con nuestro poco a aquellos que no tienen ni ese poco.

En este sentido, es importante destacar que, en buena exégesis neotestamentaria, no pueden desligarse las obras de misericordia espirituales de las obras de misericordia corporales. Así, si bien sigue siendo válida la afirmación de “no sólo de pan vive el hombre”, con la que suele abrirse el período cuaresmal, la frase continúa diciendo “sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”. Y en muchos pasajes del Evangelio Jesús, que es la propia Palabra de Dios encarnada, el “Logos” divino, muestra cómo no es indiferente ante el hambre de los hombres, tanto en los milagros de la multiplicación de panes, como en el episodio de la pesca milagrosa “por Su Palabra”, como en la indicación de las obras de misericordia (“tuve hambre y me diste de comer” en Mateo 25), o en la propia elección de la especie del pan para ser tabernáculo de su propio Cuerpo, la noche de su Pasión, en la institución de la Eucaristía.

Precisamente, no sólo de pan vive el hombre porque éste tiene que acordarse que sin la práctica de la justicia y de la caridad no hay pan para todos. La Cuaresma nos recuerda la necesidad de volver, siquiera temporalmente, a las exigencias de una vida sencilla para que todos puedan vivir con la dignidad de Hijos redimidos de Dios.

Pablo Guérez Tricarico

Hijo redimido por la gracia de Dios el 19 de mayo de 1979

 

 

A.M.D.G.

A.I.P.M.

Mensaje de la Comisión Episcopal de Pastoral con motivo de la Pascua del Enfermo (RB)

mayo 10, 2015 § Deja un comentario


Jornada Mundial del Enfermo y Pascia del Enfermo 2015.

Jornada Mundial del Enfermo y Pascia del Enfermo 2015.Porque (…) estaba enfermo y me visitásteis (Mt 25, 35; 36)

 

Porque (…) estaba enfermo, y me visitasteis (Mt 25, 35; 36)  

Hoy, VI Domingo de Pascua, la Iglesia Universal ha celebrado y sigue celebrando, allende la mar océana, la Pascua del Enfermo, con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo. Son muchos los templos en los que se ha impartido, en Misas especiales o en celebración colectiva o individual, el Sacramento de la Unción de los Enfermos. Sacramento que, sobre todo después del Concilio Vaticano II, no se reserva sólo para los enfermos terminales -para eso está el Viático-, sino para todos los enfermos graves en el sentido más amplio de la palabra. Es curioso observar cómo la liturgia latina de la Iglesia Católica ha mantenido, en el rito de administración de la Santa Unción, las palabras de la Carta de Santiago. Gracias, Señor, por este Domingo y por tanta Misericordia.

Parte de la fórmula del rito de la Unción de los Enfermos, de la Carta de Santiago 5, 14-16-

Parte de la fórmula del rito de la Unción de los Enfermos, de la Carta de Santiago 5, 14-16-

En nuestras sociedades ricas, los enfermos, pequeños y mayores, son descuidados brutalmente por las dinámicas sociales y por lo que, expresado en un lenguaje propio de la teología moral católica, el gran papa San Juan Pablo II denominara “estructuras de pecado”. Y es que el pecado, en sus formas más graves, incluidos los pecados de indiferencia y omisión culpables -recordemos el pasaje del Génesis (cfr. Gn 4, 9): “¿Qué haces tú por tu hermano?”- son la peor enfermedad.

Tovavía resuenan en mi mente los ecos del discurso pronuncionado por S. S. el papa Francsico en el Parlamento Europeo: “Una de las peores enfermedades que constato en esta Europa es la soledad”. Y es que la salud en algo más complejo de lo que el mundo entiende, si bien por no ello no necesariamente objetivable, sino precisamente por ello, subjetivizable e individualizable hasta el máximo.

Y es que, como han tenido y siguen teniendo en cuenta, gracias a Dios, grandes Médicos, “no hay enfermedades, sino enfermos”. Porque con la salud y la enfermedad, lo que está en juego es la salud de la persona, única e irrepetible con su circunstancia mórbida, e inmersa en un contexto social “enfermo”, en el sentido de orientado hacia valores nocivos para la persona, el cual influye, como no puede ser de otra manera, sobre la salud de todos y cada uno de los individuos que la integran.

En una bonita definición de salud de la Organización Mundial de la Salud, ésta destacó tres aspectos, al mismo nivel, de la salud de las personas: salud física; salud psíquica o mental; y salud social. Todas estas dimensiones de la salud son importantes, pues sin una sola de ellas, el “sujeto” -prefiero el término no clínico persona-, no puede alcanzar la salud, tal y como es entendida por una de las muchas definiciones de la OMS: como el estado de completo bienestar físico, psíquico y social del individuo. Aunque yo añadiría, de acuerdo con mi concepción socioantropológica del ser humano y de su posición en el mundo, cristina y humanista, “de acuerdo con las posibilidades que la persona pueda alcanzar”. Posibilidades que muchas veces vienen de serie, pero que otras son negadas por la cultura del descarte denunciada por el papa Francisco, que niega a los débiles, a los enfermos, a los excluidos, a los marginados, su dignidad de personas. Esto es algo grave, amigos. Y los cristianos, creyentes de otras confesiones o credos colectivos o individuales, y todas las personas de buena voluntad, debemos esforzarnos por atender con un trato auténticamente humano al enfermo.

Que los profesionales sanitarios, entre otros, como figuraba en la dedicatoria de mi tesis doctoral sobre consentimiento y Derecho, sepan tratar al enfermo como un ser humano libre, y al mismo tiempo necesitado. Porque la atención a los enfermos es una de las mayores bienaventuranzas y obras de misericordia, no sólo corporales, sino integrales, que podemos realizar por amor, y conforme hayamos ayudado, nosotros creemos que seremos juzgados en el atardecer de la vida, recordando a San Juan de la Cruz, en el Amor. Para que podamos escuchar, en palabras del propio Jesucristo, aquella maravillosa promesa hecha para todos y cada uno para el fin de los tiempos. Aquellas palabras que fueron pronunciadas por Jesús en un lenguaje sencillo, y que Él mismo quiso que quedaran plasmadas en el Evangelio de Mateo 25, 34-35, con el deseo, que es al mismo tiempo misteriosa realidad natural y sobrenatural, humana y divina, de que reconozcamos en el hermano enfermo y necesitado el mismo rostro de Jesucristo Nuestro Señor: “Venid, benditos de mi Padre, y heredad el reino preparado para vosotros desde antes de la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, era inmigrante y me acogisteis, estaba desnudo y me vestisteis, estaba enfermo y me visitasteis, estaba encarcelado y vinisteis a verme”.

 

Por Pablo Guérez Tricarico, Phd

Doctor en Derecho

Colegiado ICAM 97.901

Hijo de Dios, por su entrañable Misericordia, desde el 19/5/1979

Iglesiaactualidad

SALUD Y SABIDURÍA DE CORAZÓN
Jornada Mundial del Enfermo y Pascua del Enfermo

Domingo 10 de mayo de 2015

1. Quien vive la Pastoral de la Salud sabe que su lenguaje propio es el del corazón. Vivir el sufrimiento o acompañarlo toca el corazón. Esta Campaña de Pastoral de la Salud 2015 nos invita precisamente a contemplar el corazón de Cristo ante quien sufre, y su vivencia del sufrimiento. Si nos dejamos empapar por sus actitudes cambiará también nuestra mirada sobre el enfermo, y transformará nuestro corazón con esa sabiduría de Dios que está “llena de compasión” (Sant. 3, 17).

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El encuentro entre Jesús Resucitado y María Magdalena

abril 7, 2015 § Deja un comentario


 

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Jesús Resucitado y María Magdalena  Jesús Resucitado y María Magdalena3

El Evangelio de este Martes, Solemnidad del Martes de la Octava de Pascua, nos presenta el encuentro entre el Señor resucitado, en cuerpo, alma y divinidad gloriosos, y María Magdalena, una de sus más fieles discípulas.

Siempre me ha conmovido este pasaje del Evangelio de Juan, lleno de amor y ternura. Es un texto en el que el Señor se vuelve a encontrar con María de Magdala, a la cual había liberado de su vieja condición de pecadora, y esta vez le comunica su gloria, manifestada por su resurrección, pero que sólo podremos vislubrar sumergiéndonos en el misterio con los ojos de la fe, y que no llegaremos plenamente a comprender hasta que hayamos llegado a nuestra propia Pascua, es decir, a nuestro paso, tras la muerte, a un tipo de vida completamente nueva. La aparición de Jesús, ya resucitado, en la gloria de un cuerpo inmortal, hace que ni siquiera sus discípulos lo reconozcan “a primera vista”, pues, como hemos dicho, en la resurrección se trata de algo completamente distinto, y que prefigura la nueva humanidad que Cristo nos ha regalado a todos tras su muerte y resurrección, lo que hace dudar a la Magdalena de la realidad de esta última. De hecho, en un primer momento María no le reconoce y le confunde con el jardinero. Mas por sus palabras le reconoce y se postra ante Él adorándolo como Maestro: ¡Rabboní!

A continuación, por su belleza tanto literaria como espiritual, reproduzco el pasaje del Evangelio de Juan, seguida de una meditación a cargo del Padre Antoni ORIOL i Tataret (Vic, Barcelona).

Evangelio (Jn 20, 11-18): “En aquel tiempo, estaba María junto al sepulcro fuera llorando. Y mientras lloraba se inclinó hacia el sepulcro, y ve dos ángeles de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Dícenle ellos: «Mujer, ¿por qué lloras?». Ella les respondió: «Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto». Dicho esto, se volvió y vio a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Le dice Jesús: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré». Jesús le dice: «María». Ella se vuelve y le dice en hebreo: «Rabbuní», que quiere decir “Maestro”». Dícele Jesús: «No me toques, que todavía no he subido al Padre. Pero vete donde mis hermanos y diles: ‘Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios’». Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor y que había dicho estas palabras”.

Meditación: Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor

Hoy, en la figura de María Magdalena, podemos contemplar dos niveles de aceptación de nuestro Salvador: imperfecto, el primero; completo, el segundo. Desde el primero, María se nos muestra como una sincerísima discípula de Jesús. Ella lo sigue, maestro incomparable; le es heroicamente adherente, crucificado por amor; lo busca, más allá de la muerte, sepultado y desaparecido. ¡Cuán impregnadas de admirable entrega a su “Señor” son las dos exclamaciones que nos conservó, como perlas incomparables, el evangelista Juan: «Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto» (Jn 20,13); «Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo me lo llevaré»! (Jn 20,15). Pocos discípulos ha contemplado la historia, tan afectos y leales como la Magdalena.

No obstante, la buena noticia de hoy, de este martes de la octava de Pascua, supera infinitamente toda bondad ética y toda fe religiosa en un Jesús admirable, pero, en último término, muerto; y nos traslada al ámbito de la fe en el Resucitado. Aquel Jesús que, en un primer momento, dejándola en el nivel de la fe imperfecta, se dirige a la Magdalena preguntándole: «Mujer, ¿por qué lloras?» (Jn 20,15) y a la cual ella, con ojos miopes, responde como corresponde a un hortelano que se interesa por su desazón; aquel Jesús, ahora, en un segundo momento, definitivo, la interpela con su nombre: «¡María!» y la conmociona hasta el punto de estremecerla de resurrección y de vida, es decir, de Él mismo, el Resucitado, el Viviente por siempre. ¿Resultado? Magdalena creyente y Magdalena apóstol: «Fue María Magdalena y dijo a los discípulos que había visto al Señor» (Jn 20,18).

Hoy no es infrecuente el caso de cristianos que no ven claro el más allá de esta vida y, pues, que dudan de la resurrección de Jesús. ¿Me cuento entre ellos? De modo semejante son numerosos los cristianos que tienen suficiente fe como para seguirle privadamente, pero que temen proclamarlo apostólicamente. ¿Formo parte de ese grupo? Si fuera así, como María Magdalena, digámosle: —¡Maestro!, abracémonos a sus pies y vayamos a encontrar a nuestros hermanos para decirles: —El Señor ha resucitado y le he visto

Padre Antoni ORIOL i Tataret.

¡CRISTO RESUCITÓ, ALELUYA! FELIZ PASCUA A TODOS

abril 5, 2015 § Deja un comentario


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¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? (Lc 24, 5)

¿Venís a buscar al Crucificado? No está aquí: Ha resucitado (cfr. Mc 16, 6)

Feliz Pascua a todos en la alegría de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte y dispensador de la nueva y eterna vida que no cesa para todo el que quiera acogerla.

Como recientemente ha expresado el papa Francisco, ninguna teología es capaz de explicar completamente a la manera humana el Amor que Dios ha tenido y tiene por nosotros, cuya manifestación más gloriosa encontramos en el Misterio incomprensible de la Resurrección de Jesús. La afirmación del Pontífice debe ser entendida correctamente, en el sentido no de negar valor a las disquisiciones teológicas, sino en el de poner el acento en la subordinación de la lógica humana, incluso teológica, a la apertura del corazón, dispuesto a recibir el Misterio por excelencia: la respuesta a “la Pregunta” o “el Problema por antonomasia”, cual es la pregunta sobre la vida y la muerte, sobre lo divino y lo humano, sobre nuestro sentido y nuestra felicidad. Todas estas cuestiones se unen en misteriosa comunión en el Exultávit pascual a la luz del Cirio Pascual encendido esta misma noche, mientras se escuchan acordes que rezan frases como “Ésta es la noche de la que estaba escrito: “será la noche clara como el día, el día claro como la noche”; o “¡qué noche tan dichosa, donde se unen el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!”.  Así, el Misterio de la Resurrección, nos enseña a través de la teología, de la liturgia y del culto la verdad última sobre la muerte y sobre los enemigos de la humanidad: que la muerte no tiene la última palabra. Y como no la tuvo para Jesús, tampoco la tendrá para nosotros, pues el Amor triunfa sobre la muerte. El mensaje de la Resurrección pascual nos enseña que Dios es un Dios de amor, y que, como dicen las escrituras, es un Dios de vivos, y no de muertos. El triunfo del amor y de la vida es lo que celebramos en la Pascua cristiana, que en su acepción originaria judía significa paso; pero en esta ocasión se trata del paso definitivo hacia una vida nueva, a la vida nueva. Una vida eterna, incomprensible, misteriosa, que ya ha comenzado, y aunque no entendamos, podemos en ocasiones vislumbrar como la gran promesa de Nuestro Señor Jesucristo. Él, con su muerte, ha vencido al mundo y a nuestra muerte, y resucitando, nos ha dado la vida propia de la comunión con la Santísima Trinidad: la vida nueva que brota del Amor que, como proclamabael poeta Dante Alighieri, mueve el Sol y las demás estrellas.

Como el año pasado, agradeciéndoos las constantes visitas a mi humilde blog desde todos los rincones de la Tierra, os envío un mensaje de comunicación pascual en casi todos los idiomas de los países de los que me han visitado, como muestra de gratitud y reconocimiento.

Paz a vosotros. Que no tiemble vuestro corazón, que no se acobarde: Os deseo de todo corazón una Feliz Pascua de Resurrección y un tiempo pascual lleno de gozo y alegría. Cristo ha resucitado: ¡Aleluya!
Please excuse my spelling and syntax mistakes in every language. I will try to wish you happy Easter in all your mother languages.

En expresión inglesa:

Peace may be with you: I wish with all my heart a happy Easter full of joy and a gladness Eastertime. Christ is resurrected, Hallelujah!
En expresión francesa:
La paix soit avec vous: je souhaite de tout mon cœur plein d’allégresse pascal. Le Christ est ressuscité, Alléluia!
En expresión italiana:
La pace sia con voi: Vi auguro con tutto il mio cuore una felice Pasqua e un tempo pasquale pieno di gioia e di letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión napolitana:
A pace sia cu’ voi. Vi auguro con tutt’ el mio core ‘na felice Pasqua e nu tempo pasquale pien di gioia e letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión romanesca:
A pace sia co’ voi, Ve auguro con tutt’ el mio cuore una felice Pasqua e un tempo pasquale pieno de gioia e de letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión catalana:
Pau a vosaltres: Us desitjo de tot cor una feliç Pasqua de Resurrecció i un temps pasqual ple de goig i alegria. Crist ha ressuscitat: Al · leluia!
En expresión galega:
Paz a vosotros: Os deseo feliz de todo corazón unha Pascua de Resurrección llena de alegría pascal e gozo. Cristo resucitou: ¡Aleluia!
En expresión euskera:
Vosotros bakean: The deseo una ematea zoriontsua Pazko eta a tiempo lleno pazko poza eta zoriona. Kristo gora egin du: ‘hallelujahs’!
En expresión portuguesa:
Paz a vosotros: Os desse de todo o coração uma feliz Páscoa da Ressurreição e um Tempo pascal lleno de gozo e alegria. Cristo foi ressuscitado: ¡Aleluya!
En expresión alemana:
Friede sei mit euch: Ich wünsche Ihnen von ganzem Herzen ein frohes Osterfest und eine Osternzeit mit voller Friede und Freude. Christus ist auferstanden, Halleluja!
En expresión holandesa:
Vrede zij met u: ik wens met heel mijn hart een vrolijk Pasen en vol vreugde en blijdschap Eastertide. Christus is verrezen, Halleluja!
En expresión polaca:
Pokój niech będzie z wami: Życzę z całego serca Wesołych Świąt i pełne radości i wesela Wielkanocnym. Chrystus zmartwychwstał, Alleluja!
En expresión danesa:
Fred være med dig: Jeg ønsker af hele mit hjerte en god påske og fuld af fryd og glæde Eastertide. Kristus er opstanden, Halleluja!
En expresión noruega:
Fred være med deg: Jeg ønsker av hele mitt hjerte en god påske og full av fryd og glede påsketid. Kristus er oppstanden, halleluja!
En expresión sueca:
Frid vare med dig: Jag önskar av hela mitt hjärta en glad påsk och full av glädje och fröjd Eastertide. Kristus är uppstånden, Halleluja!
En expresión finesa:
Rauha teille: Toivon koko sydämestäni hyvää pääsiäistä ja täynnä iloa ja riemua Eastertide. Kristus nousi kuolleista, Halleluja!
En expresión islandesa:
Rauha teille: Toivon koko sydämestäni hyvää pääsiäistä ja täynnä iloa ja riemua Eastertide. Kristus nousi kuolleista, Halleluja!
En expresión húngara:
Bárcsak minden a szívem boldog húsvéti és teljes az öröm és a boldogság húsvéti.Krisztus feltámadott, Alleluja!
En expresión búlgara:
Мир вам: Желая с цялото си сърце щастлив Великден и пълна с радост. Христос е възкръснал, Алилуя!
En expresión rumana:

Pacea să fie cu voi: doresc cu toată inima mea un Paste fericit si plin de bucurie și veselie pascal. Hristos a înviat, Aleluia!

En expresión ucraniana:

Мир вам: Я хочу від усього серця раді Великодня і повний радості і веселощів Великдень. Христос воскресе, Алилуя!
En expresión lituana:
Linkiu iš visos širdies Linksmų Velykų ir pilnas džiaugsmo ir džiaugsmas Velykų.Kristus prisikėlė, Aleliuja!
En expresión letona:
Es vēlos no visas sirds Priecīgas Lieldienas un pilna ar prieku un līksmību Lieldienās. Kristus ir augšāmcēlies, Alleluia!
En expresión estona:
Soovin kogu südamest õnnelik lihavõtted ja täis rõõmu ja rõõm Eastertide. Kristuson üles tõusnud, halleluuja!
En expresión rusa:
Мир вам: Я хочу от всего сердца рады Пасхи и полный радости и веселия Пасху. Христос воскресе, Аллилуиа!
En expresión croata:
Mir s vama: Volio bih svim srcem sretan Uskrs i puna radosti i veselja uskrsno vrijeme. Krist je uskrsnuo, Aleluja!
En expresión eslovena:
Želim si, z vsem srcem vesel velikonočni in poln radosti in veselja Eastertide.Kristus je vstal, Aleluja!
En expresión turca:
Barış sizinle olsun: Ben bütün kalbimle mutlu bir Paskalya ve neşe ve sevinç paskalya dolu diliyorum. Mesih, Alleluia yükseldi!
En expresión azerí:
Mən bütün ürəyimlə xoşbəxt Pasxa sevinc. Məsih elhamdülillah artmışdır deyil!
En expresión afrikáans:
Ek wens met my hele hart ‘n gelukkige Paasfees en vol van vreugde en blydskapPaasfees. Christus het opgestaan​​, Halleluja!
En expresión suajili:
Napenda kwa moyo wangu wote na furaha Pasaka na kamili ya furaha. Kristo amefufuka, Haleluya!
En expresión somalí:
 
Waxaan jeclaan lahaa qalbigaaga oo dhan ku faraxsan Easter ah iyo ka buuxaanfarxad iyo rayrayn Eastertime. Masiixa sara kacay, Alleluia!
En expresión zulú:
Ngifisa ngayo yonke inhliziyo yami ibe Easter ojabulisayo futhi igcwele injabulonokuthokoza Eastertime. UKristu uvukile, Alleluia!
En expresión malaya:
Saya ingin dengan sepenuh hati yang Paskah gembira dan penuh dengan kegembiraan dan sukacita Eastertide. Kristus bangkit, Alleluia!
En expresión hindi:
मैं दिल से चाहता हूं और पूवीऩ खुशी खुशी खुशी और पूवीऩ के एक बार पूर्ण. ईसा बढ रहा है: पोस्को!
En expresión china:
愿你们平安:我想用我所有的心脏复活节快乐,充满喜悦和欢乐复活节季的。基督复活了,哈利路亚!
En expresión mongola:
Би бүх зүрх сэтгэл, аз жаргалтай Улаан өндөгний баярын болон баяр хөөр.Христ, Alleluia амилсан байна!
En expresión tailandesa:

ฉันต้องการพร้อมด้วยหัวใจของฉันมีความสุขวันอีสเตอร์และวันอีสเตอร์เวลาที่มีความสุขและความสุขพระเยซูคริสต์ได้ลุกขึ้นทหารชรา

En expresión japonesa:
平和はあなたと一緒に:私はすべて私の心幸せなイースターをお祈りし、喜びと喜び復活節の完全な。キリストは、ハレルヤ上昇している!
En expresión tagala:
Gusto ko ang lahat ng aking puso isang Maligayang Pasko ng Pagkabuhay at puno ng kagalakan at kagalakan Eastertime. Si Kristo ay risen, Alleluia!
En expresión papiamienta (Aruba)
Os deseo di todo corason una felice pascua di Resurreccion cu paz. Kristo ha resucitado: Aleluya!
En expresión árabe:
واود ان الجنسين كفالة النجاح من اعماق قلبى عيد الفصح, وقت باسكوال اعادة مليئة غوزو والسرور. السيد المسيح بعثت من جديد: ولندع
 
En expresión hebrea:
שלום לכם: אני מאחל בכל לבי חג הפסחא שמח ומלא שמחה ושמחה חג הפסחא. המשיח קם, הללויה!
En expresión yidis:
אַ וואָסאָטראָס: אָס דעסעאָ דע טאָדאָ קאָראַזאָון ונאַ פעליז פּאַסקואַ דע רעסוררעקסיóן. קריסטאָ המגיד רעסוסיטאַדאָ: ¡אַלעלויאַ!
En expresión esperanta:
Paco estas vosotros: Os Nokto de todo koro una Feliĉa rospis de Reviviĝo. Cristo ha Revivigita: £ Haleluja!
En expresión griega:
Ειρήνη μαζί σας: εύχομαι με όλη μου την καρδιά μια χαρά το Πάσχα και το Πάσχα μια φορά γεμάτο χαρά και ευτυχία. Χριστός έχει αυξηθεί: αλληλούια!
En expresión latina:
Pax vobiscum: Cristus resurrexit, sicut dixit! Halleluihah!
De nuevo, Feliz Pascua a todos,
Pablo
Exultavit de la noche de la Vigilia Pascual (pregón pascual). Siempre me emocionó el momento en el que el diácono entona este antiguo tanto, como diría San Agustín, de belleza tan antigua y tan nueva. La versión es en lengua vernácula castellana.
 CC0
To the extent possible under law,
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Después de Epifanía: Que la Virgen nos acompañe y nos guarde durante este nuevo año

enero 7, 2015 § 2 comentarios


La Adoración de los Magos

La Adoración de los Magos

En la Navidad, el Niño Dios, el Dios-con-nosotros (Enmanuel, en hebreo), se hace visible en medio de la noche a los más pobres, a los pastores, y, como tuvo oportunidad de pronunciarse Su Santidad el papa Francisco en la homilía de la Nochebuena, “la Luz de Jesús no la vieron los poderosos, los reyes, los gobernantes, los tiranos”, sino gente humilde.

Como contrapunto, en el episodio narrado por Mateo en la Epifanía, que la Iglesia latina separa -pero que pudo estar mucho menos distante en el tiempo o incluso coincidir en el mismo con la llegada de los magos, de los que nada se sabe por los textos canónicos, más que debían de ser unos hombres sabios, magos y astrólogos, ya que en aquellos tiempos la astronomía en nada se diferenciaba de la astrología-, se nos muestra el reverso de una misma medalla: la manifestación de Jesús a los pueblos gentiles; es decir, a todo el mundo. Así, los magos observaron la estrella de Belén y la intepretaron como un prodigio celeste de tal magnitud que vieron en ella el símbolo de la Divinidad Única en la que creían (C. S. Lewis), y se pusieron en camino desde tierras lejanas de oriense, probablemente, desde la antigua Persia o desde el valle del Indo, donde había arraigado la religiosidad védica de los indoarios, padres también del zoroastrismo maniqueísta persa.

Pero los magos, buscadores del Logos, de la verdad, se pusieron en camino en una travesía larga, a partir de sus conocimientos astrológicos de los signos celestes, pero guiada y sostenida fundamentalmente por la fe en la verdad.

A continuación, valiéndome del derecho de cita, reproduzco un pasaje del Evangelio de Mateo -único del que tenemos noticia del episodio de la Adoración-, así como un valioso comentario a cargo del Rvdo. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll (Barcelona, España), que nos muestra el profundo sentido de temor de Dios -en el buen sentido- que debemos tener ante el Misterio de la Encarnación y ante la Presencia del Verbo hecho carne; presencia perpetuada diariamente en la Eucaristía, en la que Jesús mismo se hace pan de vida, como predicará, y ya en este tiempo denominado “Después de Epifanía” podremos escuchar su predicación de adulto, sobre todo a partir de su Bautismo en el Río Jordán. El breve texto concluye con las sabias palabras de que, si nosotros no podemos ver la estrella de Belén, acudamos a María, Stella Matutina, y ella nos conducirá, a pesar de las penalidades de la vida, representadas por sendas estrechas y de pedregales que también conocieron los magos, y a pesar de nuestras desviaciones, a Jesús. Porque ad Iesum per Mariam. Y entonces lo adoraremos, y ya nada en nuestra vida será vano.

 

Mirad que llega el Señor del señorío: en la mano tiene el reino, y la potestad y el imperio (Antífona de entrada de la Misa de Epifanía)

Texto del Evangelio (Mt 2,1-12): Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’».

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

Comentario: Rev. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll (Barcelona, España)

Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron

Hoy, el profeta Isaías nos anima: «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60,1). Esa luz que había visto el profeta es la estrella que ven los Magos en Oriente, con muchos otros hombres. Los Magos descubren su significado. Los demás la contemplan como algo que les parece admirable, pero que no les afecta. Y, así, no reaccionan. Los Magos se dan cuenta de que, con ella, Dios les envía un mensaje importante por el que vale la pena cargar con las molestias de dejar la comodidad de lo seguro, y arriesgarse a un viaje incierto: la esperanza de encontrar al Rey les lleva a seguir a esa estrella, que habían anunciado los profetas y esperado el pueblo de Israel durante siglos.

Llegan a Jerusalén, la capital de los judíos. Piensan que allí sabrán indicarles el lugar preciso donde ha nacido su Rey. Efectivamente, les dirán: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta» (Mt 2,5). La noticia de la llegada de los Magos y su pregunta se propagaría por toda Jerusalén en poco tiempo: Jerusalén era entonces una ciudad pequeña, y la presencia de los Magos con su séquito debió ser notada por todos sus habitantes, pues «el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mt 2,3), nos dice el Evangelio.

Jesucristo se cruza en la vida de muchas personas, a quienes no interesa. Un pequeño esfuerzo habría cambiado sus vidas, habrían encontrado al Rey del Gozo y de la Paz. Esto requiere la buena voluntad de buscarle, de movernos, de preguntar sin desanimarnos, como los Magos, de salir de nuestra poltronería, de nuestra rutina, de apreciar el inmenso valor de encontrar a Cristo. Si no le encontramos, no hemos encontrado nada en la vida, porque sólo Él es el Salvador: encontrar a Jesús es encontrar el Camino que nos lleva a conocer la Verdad que nos da la Vida. Y, sin Él, nada de nada vale la pena.

 

Comentario:REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano)

La Epifanía: Jesús se manifiesta a todas las gentes

Hoy el misterio de la Navidad se irradia sobre la tierra, difundiéndose en círculos concéntricos: la Sagrada Familia de Nazaret, los pastores de Belén y, finalmente, los Magos, que constituyen las primicias de los pueblos paganos. Quedan en la sombra los palacios del poder de Jerusalén, donde la noticia del nacimiento del Mesías no suscita alegría, sino temor y reacciones hostiles.

Lo maravilloso de los Magos es que se postraron en adoración ante un simple niño en brazos de su madre; no en el marco de un palacio real, sino en la pobreza de una cabaña. ¿Cómo fue posible? Ciertamente los persuadió la señal de la estrella. Pero ésta no habría bastado si los Magos no hubieran sido personas íntimamente abiertas a la verdad.

—A diferencia de Herodes, obsesionado por el poder y la riqueza, los Magos se pusieron en camino hacia la meta de su búsqueda, y cuando la encontraron, aunque eran hombres cultos, se comportaron como los pastores de Belén: reconocieron la señal y adoraron al Niño.

Meditación del día de Hablar con Dios

Epifanía del Señor
6 de enero

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS

— Alegría de encontrar a Jesús. Adoración en la Sagrada Eucaristía.

— Los dones de los Magos. Nuestras ofrendas.

— Manifestación del Señor a todos los hombres. Apostolado.

I. Mirad que llega el Señor del señorío: en la mano tiene el reino, y la potestad y el imperio1.

Hoy celebra la Iglesia la manifestación de Jesús al mundo entero. Epifanía significa «manifestación»; y en los Magos están representadas las gentes de toda lengua y nación que se ponen en camino, llamadas por Dios, para adorar a Jesús. Los reyes de Tarsis y las islas le ofrecen dones, los reyes de Arabia y de Sabá le traerán presentes y le adorarán todos los reyes de la tierra; todas las naciones le servirán2.

Al salir los Magos de Jerusalén he aquí que la estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría3.

No se extrañan por haber sido conducidos a una aldea, ni porque la estrella se detenga ante una casita sencilla. Ellos se alegran. Se alegran con un gozo incontenible. ¡Qué grande es la alegría de estos sabios que vienen desde tan lejos para ver a un rey, y son conducidos a una casa pequeña de una aldea! ¡Cuántas enseñanzas tiene para nosotros! En primer lugar, aprenderemos que todo reencuentro con el camino que nos conduce a Jesús está lleno de alegría.

Nosotros tenemos, quizá, el peligro de no darnos cuenta cabal de lo cerca de nuestras vidas que está el Señor, «porque Dios se nos presenta bajo la insignificante apariencia de un trozo de pan, porque no se revela en su gloria, porque no se impone irresistiblemente, porque, en fin, se desliza en nuestra vida como una sombra, en vez de hacer retumbar su poder en la cima de las cosas…

»¡Cuántas almas a quienes oprime la duda, porque Dios no se muestra de un modo conforme al que ellos esperan!…»4.

Muchos de los habitantes de Belén vieron en Jesús a un niño semejante a los demás. Los Magos supieron ver en Él al Niño al que desde entonces todos los siglos adoran. Y su fe les valió un privilegio singular: ser los primeros entre los gentiles en adorarle cuando el mundo le desconocía. ¡Qué alegría tan grande debieron tener estos hombres venidos de lejos por haber podido contemplar al Mesías al poco tiempo de haber llegado al mundo!

Nosotros hemos de estar atentos porque el Señor se nos manifiesta también en lo habitual de cada día. Que sepamos recuperar esa luz interior que permite romper la monotonía de los días iguales y encontrar a Jesús en nuestra vida corriente.

Y entrando en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y postrándose le adoraron5.

«Nos arrodillamos también nosotros delante de Jesús, del Dios escondido en la humanidad: le repetimos que no queremos volver la espalda a su divina llamada, que no nos apartaremos nunca de Él; que quitaremos de nuestro camino todo lo que sea un estorbo para la fidelidad; que deseamos sinceramente ser dóciles a sus inspiraciones»6.

Le adoraron. Saben que es el Mesías, Dios hecho hombre. El Concilio de Trento cita expresamente este pasaje de la adoración de los Magos al enseñar el culto que se debe a Cristo en la Eucaristía. Jesús presente en el Sagrario es el mismo a quien encontraron estos hombres sabios en brazos de María. Quizá debamos examinar nosotros cómo le adoramos cuando está expuesto en la custodia o escondido en el Sagrario, con qué adoración y reverencia nos arrodillamos en los momentos indicados en la Santa Misa, o cada vez que pasamos por aquellos lugares donde está reservado el Santísimo Sacramento.

II. Los Magos abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra7. Los dones más preciosos del Oriente; lo mejor, para Dios. Le ofrecen oro, símbolo de la realeza. Nosotros los cristianos también queremos tener a Jesús en todas las actividades humanas, para que ejerza su reino de justicia, de santidad y de paz sobre todas las almas. También le ofrecemos «el oro fino del espíritu de desprendimiento del dinero y de los medios materiales. No olvidemos que son cosas buenas, que vienen de Dios. Pero el Señor ha dispuesto que los utilicemos, sin dejar en ellos el corazón, haciéndolos rendir en provecho de la humanidad»8.

Le ofrecemos incienso, el perfume que, quemado cada tarde en el altar, era símbolo de la esperanza puesta en el Mesías. Son incienso «los deseos, que suben hasta el Señor, de llevar una vida noble, de la que se desprende el bonus odor Christi (2 Cor 2, 15), el perfume de Cristo. Impregnar nuestras palabras y acciones en el bonus odor, es sembrar comprensión, amistad. Que nuestra vida acompañe las vidas de los demás hombres para que nadie se encuentre o se sienta solo (…).

»El buen olor del incienso es el resultado de una brasa, que quema sin ostentación una multitud de granos; el bonus odor Christi se advierte entre los hombres no por la llamarada de un fuego de ocasión, sino por la eficacia de un rescoldo de virtudes: la justicia, la lealtad, la fidelidad, la comprensión, la generosidad, la alegría»9.

Y, con los Reyes Magos, ofrecemos también mirra, porque Dios encarnado tomará sobre sí nuestras enfermedades y cargará con nuestros dolores. La mirra es «el sacrificio que no debe faltar en la vida cristiana. La mirra nos trae al recuerdo la Pasión del Señor: en la cruz le dan a beber mirra mezclada con vino (Cfr. Mc 15, 23), y con mirra ungieron su cuerpo para la sepultura (Cfr. Jn19, 39). Pero no penséis que, reflexionar sobre la necesidad del sacrificio y de la mortificación, signifique añadir una nota de tristeza a esta fiesta alegre que celebramos hoy.

»Mortificación no es pesimismo, ni espíritu agrio»10. La mortificación, por el contrario, está muy relacionada con la alegría, con la claridad, con hacer la vida agradable a los demás. La mortificación «no consistirá de ordinario en grandes renuncias, que tampoco son frecuentes. Estará compuesta de pequeños vencimientos: sonreír a quien nos importuna, negar al cuerpo caprichos de bienes superfluos, acostumbrarnos a escuchar a los demás, hacer rendir el tiempo que Dios pone a nuestra disposición… Y tantos detalles más, insignificantes en apariencia, que surgen sin que los busquemos –contrariedades, dificultades, sinsabores–, a lo largo de cada día»11.

Diariamente hacemos nuestra ofrenda al Señor, porque cada día podemos tener un encuentro con Él en la Santa Misa y en la Comunión. En la patena que el sacerdote ofrece, podemos poner también nuestra ofrenda, hecha de cosas pequeñas, y que Jesús aceptará. Si las hacemos con rectitud de intención, esas cosas pequeñas que ofrecemos obtienen mucho más valor que el oro, el incienso y la mirra, pues se unen al sacrificio de Cristo, Hijo de Dios, que allí se ofrece12.

III. Después, obedeciendo a la voz de un ángel, los Magos regresaron a su país por otro camino13, nos dice el Evangelista. ¡Qué transparente han debido tener el alma estos hombres hasta el fin de sus días por haber visto al Niño y a su Madre!

Nosotros vemos en estos singulares personajes a miles de almas de toda la tierra que se ponen en camino para adorar al Señor. Han pasado veinte siglos desde aquella primera adoración y ese largo desfile del mundo gentil sigue llegando a Cristo.

Mediante esta fiesta, la Iglesia proclama la manifestación de Jesús a todos los hombres, de todos los tiempos, sin distinción de raza o nación. Él «instituyó la nueva alianza en su sangre, convocando un pueblo entre los judíos y los gentiles que se congregará en unidad… y constituirá el nuevo Pueblo de Dios»14.

La fiesta de la Epifanía nos mueve a todos los fieles a compartir las ansias y las fatigas de la Iglesia, que «ora y trabaja a un tiempo, para que la totalidad del mundo se incorpore al pueblo de Dios, Cuerpo del Señor y Templo del Espíritu Santo»15.

Nosotros podemos ser de aquellos que, estando en el mundo, en medio de las realidades temporales hemos visto la estrella de una llamada de Dios, y llevamos esa luz interior, consecuencia de tratar cada día a Jesús; y sentimos por eso la necesidad de hacer que muchos indecisos o ignorantes se acerquen al Señor y purifiquen su vida. La Epifanía es la fiesta de la fe y del apostolado de la fe. «Participan en esta fiesta tanto quienes han llegado ya a la fe como los que se encuentran en el camino para alcanzarla. Participan, agradeciendo el don de la fe, al igual que los Magos, que, llenos de gratitud, se arrodillaron ante el Niño. En esta fiesta participa la Iglesia, que cada año se hace más consciente de la amplitud de su misión. ¡A cuántos hombres es preciso llevar todavía a la fe! Cuántos hombres es preciso reconquistar para la fe que han perdido, siendo a veces esto más difícil que la primera conversión a la fe. Sin embargo, la Iglesia, consciente de aquel gran don, el don de la Encarnación de Dios, no puede detenerse, no puede pararse jamás. Continuamente debe buscar el acceso a Belén para todos los hombres y para todas las épocas. La Epifanía es la fiesta del desafío de Dios»16.

La Epifanía nos recuerda que debemos poner todos los medios para que nuestros amigos, familiares y colegas se acerquen a Jesús: a unos será facilitarles un libro de buena doctrina, a otros unas palabras vibrantes para que se decidan a ponerse en camino, a aquella otra persona hablándole de la necesidad de formación espiritual.

Al terminar hoy nuestra oración, no pedimos a estos santos Reyes que nos den oro, incienso y mirra; parece más natural pedirles que nos enseñen el camino que lleva a Cristo para que cada día le llevemos nuestro oro, nuestro incienso y nuestra mirra. Pidámosle también «a la Madre de Dios, que es nuestra Madre, que nos prepare el camino que lleva al amor pleno: Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum! Su dulce corazón conoce el sendero más seguro para encontrar a Cristo.

»Los Reyes Magos tuvieron una estrella; nosotros tenemos a María Stella maris, Stella orientis»17.

1 Antífona de entrada de la Misa. — 2 Salmo responsorial de la Misa, Sal 71. — 3 Mt 2, 10. — 4 J. Leclerq,Siguiendo el año litúrgico, p. 100. — 5 Mt 2, 11. — 6 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 35. — 7 Mt2, 11. — 8 San Josemaría Escrivá, o. c., 35. — 9 Ibídem, 36. — 10 Ibídem, 37. — 11 Ibídem. — 12 Cfr. Oración de la Ofrenda de la Misa. — 13 Mt 2, 12. — 14Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 9. — 15 Ibídem, 17. — 16 Juan Pablo II, Homilía 6-1-1979. — 17 San Josemaría Escrivá, o. c., 38.

A.I.P.M.

A.M.D.G.

Papa Francisco: Vivamos una Navidad auténticamente cristiana, ajena a toda mundanidad

diciembre 23, 2014 § Deja un comentario


Estad en el mundo sin ser del mundo (San Juan Evangelista)

 

Estimados seguidores:

En medio de un mundo profano que desprecia el auténtico sentido de la Navidad, os remito este enlace del Papa Francisco:

https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-vivamos-una-navidad-verdaderamente-cristiana-libres-de-toda-mundanidad-88159/

Feliz Navidad a todos.

Navidad en sencillez: Sobre el desprendimiento en la auténtica vida cristiana

diciembre 23, 2014 § Deja un comentario


PRESEPIO DI BAROCCIO

PRESEPIO DI BAROCCIO. NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

 

Todas las religiones han practicado el desprendimiento como modo de vida auténtica. En el Cristianismo, el desprendimiento se hace patente desde el primer momento, en el que el Hijo de Dios acepta hacerse Hombre por Amor en el seno virginal de María, y nace en un pesebre, inerme, renunciando a todo lujo o comodidad innecesaria. Y Jesús mantendrá un estilo de vida sobrio durante toda su vida -lo cual no le impedirá asistir a banquetes y celebrar acontecimientos importantes, como las bodas de Caná, con sus discípulos, y también con publicanos y pecadores-. Pero el modo de vida sencillo y manso se mantendrá, como resulta de todo el Evangelio: la renuncia a los “bienes de aquí” para “aspirar” a los “bienes de allá arriba” es una de las mayores constantes de la predicación de Jesús de Nazaret, Quien llegará a decir que “El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Mt 8, 20)”. Mas, y sin ánimo de ahondar mucho en ello, la renuncia que se propone es gradual, no automática, y, sobre todo, se nos invita a que nazca del Amor. Con ello, Jesús nos da un ejemplo de vida cristiana a quienes queremos ser sus discípulos y al mundo, el cual, muchas veces, ha criticado y continúa criticando con razón comportamientos poco decorosos de representantes de la Iglesia que fundó Jesucristo, cuando no de eclesiásticos que viven abiertamente en el lujo y en el afán de codicia, dinero y poder.

La nueva espiritualidad promovida por el papa Francisco ha supuesto un nuevo “aggiornamento” de la Iglesia, que no es otra cosa que el Pueblo de Dios con nosotros, del Dios que se hace cercano y que comparte su Vida con los hombres y, especialmente con los más necesitados; pero, al mismo tiempo, también conlleva un retorno a los orígenes, a esa sencillez apostólica de las primeras comunidades cristianas.

El texto que reproduzco a continuación, con autorización de quien me lo ha enviado, es un comentario sobre el Evangelio de hoy, día 23 de diciembre, Feria privilegiada de Adviento, a un día de celebrar la Nochebuena. Y trata, con extraordinaria lucidez, precisamente sobre el tema del desprendimiento en la vida cristiana como modo de vivir unas Navidades auténticas, en sencillez. Feliz Navidad a todos.

 

Día litúrgico: Feria privilegiada de Adviento: 23 de Diciembre

Texto del Evangelio (Lc 1,57-66): Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre».

EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues, ¿qué será este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

Comentario: Rev. D. Miquel MASATS i Roca (Girona, España)

‘¿Qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él

Hoy, en la primera lectura leemos: «Esto dice el Señor: ‘Yo envío mi mensajero para que prepare el camino delante de Mí’» (Mal 3,1). La profecía de Malaquías se cumple en Juan Bautista. Es uno de los personajes principales de la liturgia de Adviento, que nos invita a prepararnos con oración y penitencia para la venida del Señor. Tal como reza la oración colecta de la misa de hoy: «Concede a tus siervos, que reconocemos la proximidad del Nacimiento de tu Hijo, experimentar la misericordia del Verbo que se dignó tomar carne de la Virgen María y habitar entre nosotros».

El nacimiento del Precursor nos habla de la proximidad de la Navidad. ¡El Señor está cerca!; ¡preparémonos! Preguntado por los sacerdotes venidos desde Jerusalén acerca de quién era, él respondió: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: ‘Enderezad el camino del Señor’» (Jn 1,23).

«Mira que estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20), se lee en la antífona de comunión. Hemos de hacer examen para ver cómo nos estamos preparando para recibir a Jesús el día de Navidad: Dios quiere nacer principalmente en nuestros corazones.

La vida del Precursor nos enseña las virtudes que necesitamos para recibir con provecho a Jesús; fundamentalmente, la humildad de corazón. Él se reconoce instrumento de Dios para cumplir su vocación, su misión. Como dice san Ambrosio: «No te gloríes de ser llamado hijo de Dios —reconozcamos la gracia sin olvidar nuestra naturaleza—; no te envanezcas si has servido bien, porque has cumplido aquello que tenías que hacer. El sol hace su trabajo, la luna obedece; los ángeles cumplen su misión. El instrumento escogido por el Señor para los gentiles dice: ‘Yo no merezco el nombre de Apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios’ (1Cor 15,9)».

Busquemos sólo la gloria de Dios. La virtud de la humildad nos dispondrá a prepararnos debidamente para las fiestas que se acercan.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano)

Juan, el Bautista

Hoy nos preguntamos: “¿Qué será este niño?”. Su aparición llevaba consigo algo totalmente nuevo: desde su concepción hasta su circuncisión —con el nombre de Juan—, llegando a su ministerio, todo es original. Juan anunciará a alguien más Grande que había de venir después de él. Ha sido enviado para preparar el camino a ese misterioso Otro; toda su misión está orientada a Él.

En los Evangelios se describe esa misión con pasajes del Antiguo Testamento (Isaías, Malaquías, Éxodo): “Una voz clama en el desierto: ¡Preparad el camino al Señor!”; “Yo envío a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino”… Con la predicación del Bautista se hicieron realidad todas estas antiguas palabras de esperanza: se anunciaba algo realmente grande.

—Por fin aparecía un profeta cuya vida también le acreditaba como tal. Por fin se anunciaba de nuevo la acción de Dios en la historia. Juan bautiza con agua, pero el más Grande, Aquel que bautizará con el Espíritu Santo y con “fuego”, está al llegar.

Meditación del día de Hablar con Dios

Adviento. 23 de diciembre

DESPRENDIMIENTO Y POBREZA CRISTIANA

— La Navidad nos llama a vivir la pobreza predicada y vivida por el Señor. El ejemplo de Jesús.

— En qué consiste la pobreza evangélica.

— Detalles de pobreza y modos de vivirla.

I. El desprendimiento efectivo de lo que somos y poseemos es necesario para seguir a Jesús, para abrir nuestra alma al Señor, que pasa y llama. Por el contrario, el apegamiento a los bienes de la tierra cierra las puertas a Cristo, y nos cierra las puertas al amor y al entendimiento de lo más esencial en nuestra vida: si alguno no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo1.

El nacimiento de Jesús, y toda su vida, es una invitación para que nosotros examinemos en estos días la actitud de nuestro corazón hacia los bienes de la tierra. El Señor, Unigénito del Padre, Redentor del mundo, no nace en un palacio, sino en una cueva; no en una gran ciudad, sino en una aldea perdida, en Belén. Ni siquiera tuvo una cuna, sino un pesebre. La precipitada huida a Egipto fue para la Sagrada Familia la experiencia del exilio en tierra extraña, con pocos más medios de subsistencia que los brazos de José acostumbrados al trabajo. Durante su vida pública Jesús pasará hambre2, no dispondrá de dos pequeñas monedas de escaso valor para pagar el tributo del templo3. Él mismo dirá que el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza4. La muerte en la Cruz es la muestra del supremo desprendimiento.

El Señor quiso conocer el rigor de la pobreza extrema –falta de lo necesario– especialmente en las horas más señaladas de su vida.

La pobreza que ha de vivir el cristiano ha de ser una pobreza real, ligada al trabajo, a la limpieza, al cuidado de la casa, de los instrumentos de trabajo, a la ayuda a los demás, a la sobriedad de vida. Por eso se ha dicho que «el mejor modelo de pobreza han sido siempre esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre, que se desviven por sus hijos, y que con su esfuerzo y su constancia –muchas veces sin voz para decir a nadie que sufren necesidades– sacan adelante a los suyos, creando un hogar alegre en el que todos aprenden a amar, a servir, a trabajar»5.

Si llegan los bienes, siempre será posible vivir como «esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre» y hacer con ellos el bien, porque «la pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros»6.

La pobreza que nos pide a todos el Señor no es suciedad, ni miseria, ni dejadez, ni pereza. Estas cosas no son virtud. Para aprender a vivir el desprendimiento de los bienes, en medio de esta ola de materialismo que parece envolver a la humanidad, hemos de mirar a nuestro Modelo, Jesucristo, que se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza7.

II. Los pobres a quienes el Señor promete el reino de los Cielos8 no son cualquier persona que padece necesidad, sino aquellos que, teniendo bienes materiales o no, están desprendidos y no se encuentran aprisionados por ellos. Pobreza de espíritu que ha de vivirse en cualquier circunstancia de la vida. Yo sé vivir –decía San Pablo– en la abundancia, pero sé también sufrir hambre y escasez9.

El hombre puede orientar su vida a Dios, a quien se alcanza usando todas las cosas materiales como medios, o bien puede tener como fin el dinero y la riqueza en sus muchas manifestaciones: deseo de lujo, de comodidad desmedida, ambición, codicia… Estos dos fines son irreconciliables: no se puede servir a dos señores10. El amor a la riqueza desaloja, con firmeza, el amor al Señor: no es posible que Dios pueda habitar en un corazón que ya está lleno de otro amor. La palabra de Dios queda ahogada en el corazón del rico, como la simiente que cae entre cardos11. Por eso no nos sorprende oír al Señor enseñar que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que el que entre un rico en el reino de los cielos12. ¡Y qué fácil es, si no se está vigilante, que se meta en el corazón el espíritu de riqueza!

La Iglesia nos recuerda, desde sus comienzos hasta nuestros días, que el cristiano ha de vigilar el modo como utiliza los bienes materiales, y amonesta a sus hijos a que estén «atentos a encauzar rectamente sus afectos, no sea que el uso de las cosas del mundo y un apego a las riquezas, contrario al espíritu de pobreza evangélica, les impida alcanzar la caridad perfecta. Acordándose de la advertencia del Apóstol: los que usan de este mundo no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan (Cfr. 1 Cor 7, 31)»13. El que se apegue a las cosas de la tierra no solo pervierte su recto uso y destruye el orden dispuesto por Dios, sino que su alma queda insatisfecha, prisionera de esos bienes materiales que la incapacitan para amar de verdad a Dios.

El estilo de vida cristiano supone un cambio radical de actitud ante los bienes terrenos: se procuran y se usan, no como si fueran un fin, sino como medio para servir a Dios. Al ser medios, no merecen que pongamos en ellos el corazón: son otros los bienes auténticos.

Hemos de recordar en nuestra oración que el desprendimiento efectivo de las cosas supone sacrificio. Un desprendimiento que no cuesta no se vive. Y se manifestará frecuentemente en la generosidad en la limosna, en saber prescindir de lo superfluo, en la lucha contra la tendencia desordenada al bienestar y a la comodidad, en evitar caprichos innecesarios, en renunciar al lujo, a los gastos por vanidad, etcétera.

Es tan importante esta virtud de la pobreza para un cristiano que bien se puede decir que «quien no ame y viva la virtud de la pobreza no tiene el espíritu de Cristo. Y esto es válido para todos: tanto para el anacoreta que se retira al desierto, como para el cristiano corriente que vive en medio de la sociedad humana, usando de los recursos de este mundo o careciendo de muchos de ellos…»14.

III. El corazón humano tiende a buscar desmedidamente los bienes de la tierra: si no hay lucha positiva por andar desprendido de las cosas, se puede afirmar que el hombre, más o menos conscientemente, ha puesto su fin aquí abajo. Y el cristiano no debe olvidar nunca que camina hacia Dios.

Por eso ha de examinarse con frecuencia, preguntándose si ama la virtud de la pobreza y si la vive; si se mantiene atento para no caer en la comodidad o en un aburguesamiento que es incompatible con ser discípulo de Cristo; si está desprendido de las cosas de la tierra; si las tiene, en fin, como medios para hacer el bien y vivir cada vez más cerca de Dios. Porque «en el decurso de la historia, el uso de los bienes temporales ha sido desfigurado con graves defectos… Incluso en nuestros días, no pocos… caen como en una idolatría de los bienes materiales, haciéndose más bien siervos que señores de ellos»15.

Siempre podemos y debemos ser parcos en las necesidades personales, frenando los gastos superfluos, no cediendo a los caprichos, vigilando la tendencia a crearse falsas necesidades, siendo generosos en la limosna, o en la ayuda a las obras buenas. Por el mismo motivo, debemos cuidar con esmero las cosas de nuestro hogar, así como toda clase de bienes que, en realidad, tenemos solo como en depósito para administrarlos bien. «La pobreza está en encontrarse verdaderamente desprendido de las cosas terrenas; en llevar con alegría las incomodidades, si las hay, o la falta de medios (…). Vivir pensando en los demás, usar de las cosas de tal manera que haya algo que ofrecer a los otros: todo eso son dimensiones de la pobreza, que garantizan el desprendimiento efectivo»16.

De esta y de otras formas diferentes se manifestará nuestro deseo de no tener el corazón puesto en las riquezas; también cuando, por razones de profesión u oficio, dispongamos para nuestro uso personal de otros bienes. La sobriedad de que entonces demos prueba será el buen aroma de Cristo, que siempre tiene que acompañar la vida de un cristiano.

Dirigiéndose a hombres y mujeres que se esfuerzan por alcanzar la santidad en medio del mundo –comerciantes, catedráticos, campesinos, oficinistas, padres y madres de familia– decía San Josemaría Escrivá: «Todo cristiano corriente tiene que hacer compatibles, en su vida, dos aspectos que pueden a primera vista parecer contradictorios.Pobreza real, que se note y se toque –hecha de cosas concretas–, que sea una profesión de fe en Dios, una manifestación de que el corazón no se satisface con las cosas creadas, sino que aspira al Creador, que desea llenarse de amor de Dios, y dar luego a todos de ese mismo amor. Y, al mismo tiempo, ser uno más entre sus hermanos los hombres, de cuya vida participa, con quienes se alegra, con los que colabora, amando al mundo, utilizando todas las cosas creadas para resolver los problemas de la vida humana, y para establecer el ambiente espiritual y material que facilita el desarrollo de las personas y de las comunidades.

»Lograr la síntesis entre esos dos aspectos es –en buena parte– cuestión personal, cuestión de vida interior, para juzgar en cada momento, para encontrar en cada caso lo que Dios no pide»17.

Si luchamos eficazmente por vivir desprendidos de lo que tenemos y usamos, el Señor encontrará nuestro corazón limpio y abierto de par en par cuando venga de nuevo a nosotros en la Nochebuena. No ocurrirá con nuestra alma, lo que sucedió con aquella posada: estaba llena y no tenían sitio para el Señor.

1 Lc 14, 33. — 2 Cfr. Mt 4, 2. — 3 Cfr. Mt 17, 23-26. — 4 Mt 8, 20. — 5 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 111. — 6 S. C. para la Doctrina de la fe, Instr. Sobre la libertad cristiana y la liberación, 22-III-1986, 66. — 7 2 Cor 8, 9. — 8 Mt 5, 3. — 9 Flp 4, 12. — 10 Mt 6, 24. — 11 Mt 13, 7. — 12 Mt 19, 24. — 13Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 42. — 14 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 110. — 15Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 7. — 16 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 111. — 17 Ibídem, 110.

Who are the enemies of Pope Francis? Vatican increases security measures due to ISIS Terror. Meanwhile, the Church needs urgently a new “aggiornamento” to boost its credibility

septiembre 20, 2014 § Deja un comentario


http://www.iltempo.it/esteri/2014/09/20/l-isis-minaccia-il-vaticano-controlli-raddoppiati-a-s-pietro-1.1312658

 

To Evil’s victory, it is enough that the good people do not make nothing (Burke)

Siembra vientos y recogerás tempestades (Proverbio anónimo)

 

Scrivo questo post, preoccupato per la vita e l’ integrità di uno dei migliori Papi che Dio ci ha dato negli ultimi cento anni, in lingua italiana, perché è la lingua ufficiale, assieme al latino, della Santa Sede, in considerazioni ai miei seguitori dall’ Italia, credenti e non credenti, e perché credo possa essere seguito anche dallo spagnoloparlante colto.

Coloro che vorranno trovare in questo post una ferma condanna al terrorismo islamico non la troveranno. Non perché io non condanni la crudele follia dell’ ISIS, alimentata in buona parte da una politica estera degli Stati Uniti imperalista a ancora basata sulla logica del Far West, ma perché questa condanna sta essendo utilizzata da lobbies conservatori per difendere qualsiasi mezzo di lotta contro il terrorismo. Sicuramente una política piú comprensiva con la situazione del popolo palestinese, basata sull’ intesa, l’ accordo diplomatico con il legittimo Stato di Israele e una politica chiara di investimento per l’ educazione e per la coesistenza pacifica nel rispetto alla diversità non avrebbero reso il terreno cosí facile alla semina dell’ odio che scaturisce dalla paura e dalla incomprensione della cosiddetta “societá internazionale civilizzata”, e da una Europa immatura la cui política estera sembra essere ancora irremissibilmente legata alla logica della guerra fredda, nella quale la “sinistra” equivale ad appoggio incondizionale al popolo palestinese, anche ai terroristi, e “destra” equivale ad appoggio internazionale allo Stato d’ Israele, anche al suo terrorismo di Stato. Mentre i “pseudointelletuali” europei si dibattono ancora su tali termini, a maggior gloria dei loro leader politici o giornalistici, molti siamo stanchi della politizzazione, nel peggior senso del termine, e nel liguaggio piú oscuro, basso e interessato, di ciò che è una vera e propia catastrofe umanitaria in Medio Oriente, alimentata dal circolo dell’ odio tra estremisti sionisti e fondamentalisti islamici di Hammas. In questo contesto viene fuori lo Stato Islamico, assieme alle declarazioni degli screditati leader iracheni e iraniani, i quali, como i leader dell’ Arabia Saudita, per contentare a tutti, e soprattutto il loro alleato supremo, il Governo Federale degli Stati Uniti di Norteamerica, con il Presidente Obama in testa, colpevole, como egli stesso ha riconosciuto, di tortura. La situazione è prebellica a livello mondiale, e gli atteggiamenti sia dal lato del “mondo libero”, sia dal lato islamico non sembrano troppo pacifici. Siamo, como ha detto il Papa, in una situazione di guerra mondiale “a pezzetti” (a trocitos). Adesso pare che –secondo fonti giornalistiche all’ uso, e quindi, che meritano la stessa credibilità dei leader o del pensiero unico degli Stati ai quali servono, sarebbe il Papa sotto il punto di mira degli islamisti. Propio la figura internazionale che piú ha pregato per la pace, che piú ha denunciato che un mondo dominato dalle regole del mercato e dalla volontá dell’ Occidente non è sostenibile né giusto, che bisogna trovare una soluzione per la pace in Oriente Medio che non passi per negare la giustizia che legittimamente appartiene sia a israeliani sia a palestinesi. Forse è vero, ma queste minacce, come si usa dire colloquialmente, non me la contano giusta. Se fosse stato Obama ad essere stato minacciato sarebbe stata una cosa diversa. E forse, ma dico soltanto forse, non è stato cosí perché anche egli ha deluso una buona parte del suo elettorato e si è messo da parte del “conservative law and order”. Una volta piú, le oscure e criminali agenzie di sicurezza degli Stati Uniti, la NSA, la CIA, hanno fatto quello che hanno voluto, alimentando l’ isteria collettiva cui é tanto ricettiva la popolazione media americana ed hanno colpito anche l’ integrità del Presidente eletto dal popolo, e che dovrebbe governare per il popolo. Cinquanta anni fa, in un discorso tenuto dal suo compagno di partito il Presidente J. F. K., ucciso in strane circostanze, gli assistenti alla conferenza tenutasi  all’ Università di Columbia, D.C. con occasione dell’ apertura dell’ anno accademico, ascoltarono como il loro Presidente cattolico, dopo aver messo fine a quella che fu forse la crisi piú grave della Storia dell’ uomo sulla terra, poiché potrebbe aver portato l’ Umanità intera alla distruzione nucleare, dichiarava di non volere una “pax americana” basata sulla assoluta egemonia degli Stati Uniti, ma di una vera pace nell’ interesse comuni di tutti i popoli e di tutti gli Stati, compresa l’ Unione Sovietica, “because everybody  live in the same planet, everybody breath the same air, everyone take care of the future of their children and, at least, everybody are mortals”.

La fiducia nella Provvidenza e nella presenza di Cristo risorto, assieme al Suo spirito, è la miglior sicurezza per il Papa, a guida della sua Santa Chiesa. Noi preghiamo a lungo il Papa, affinché non venga sconfitto dai suoi nemici sia interni sia esterni, ed affinché Dio muova i loro cuori nella direzione dell’ Amore. Nemici del Papa non appartengo soltanto a movimenti fondamentalisti islamici como lo Stato Islamico, ma ce ne sono anche dentro la Chiesa Cattolica. Coloro che disprezzano il Papa e la sua attività volta ad avvicinare la Chiesa ai poveri, ai disperati, agli emarginati di questo mondo, e lo fanno sotto le vecchie insegne di una Chiesa imperiale malintesa, basata sull’ ornato, la condiscendeza o la collaborazione, attiva od omissiva, con il potere civile, non fanno altro che ostacolizzare la lavore di evangelizzazione affidata dallo Spirito Santo al legittimo successore di San Pietro. Questi, tanto affetti all’ autorità come concetto, disprezzano l’ autorità concreta di colui che incarna nel momento presente il potere delle chiavi affidato da Gesú stesso alla Sua Chiesa, cuando non conviene loro. Per no contare i numerosi gruppi settari norteamericani che costituiscono la base sociológica di una buona parte dell’ elettorato del Partito Repubblicano. Fra di loro ci sono i lefrebviani presumibilmente “reabilitati” da Benedtto XVI, i tridentini preconciliari e molte settte e persone paranoiche che vedono nella Chiesa soltanto un cumulo di riti e liturgie senza Spirito, senza condivisione con il prossimo e senza il messaggio autentico di Gesú, il Quale, essendo il piú grande ed innocente, si abassò e fu contato fra i peccatori proprio per la nostra salvezza. Ma noi, che siamo tutti peccatori, compresi quelli che non riconoscono il loro peccato in nome di una presumibile condizione di “cittadini di legge ed ordine” dobbiamo seguire il messaggio di umiltà che scaturisce da una lettura sincera, anche la piú semplice, del Vangelo, il cui seguimento si manifesta otre che nella preghiera, negli atti di Misericordia, anche corporali, per il prossimo, come ci ricordava il Vangelo sulle beatitudini della Messa di prima di ieri, venerdí 19 settembre del 2014.

Sono dell’ opinione che il Vaticano debba conservare il suo potere temporale guadagnato storicamente attraverso giusti titoli di proprietà. cosí como il suo particolare status giuridico internazionale. Ma i beni e i poteri temporali della Chiesa devono essere intesi soltanto como servizio alla comunità umana, dove la Chiesa debe svolgere la sua opera di evangelizzazione attraverso la preghiera, i testimoni di fede, la sua presenza sacramentale, ma anche mediante l’ aiuto e il sostegno temporale. Soltanto attraverso le Missioni Pontificie arrivano ai paesi piú poveri miliardi di euro che contruiscono non soltanto alla costruzione di chiese, ma anche a promuovere la justizia sociale e la carità nei territorio piú poveri della terra, laddove né gli Stati, né gli organismo intermedi, né le NPO, né la propria Croce Rossa, riescono a paliare la situazione di miseria estrema patita dalla popolazione. E lá ci vuole un aiuto massivo proveniente proprio dalla Chiesa come portatrice di un messaggio di speranza ragionevole. Non si può -oppure é molto meno effettivo- parlare di Gesú e delle beatitudine, o degli atti di Misericordia corporali cui si riferisce Nostro Signore in Mt 27, per esempio, senza offrire a chi è estenuato dalla fame da intere settimane un pezzo di pane, acqua, e tutti i beni necessari per il suo decoroso sostegno. Proprio su questo punto, ed anche a rischio di essere malinterpretato, oggi piú che mai la Chiesa cattolica debe avere un patrimonio economico e un potere temporale e diplomatico il quale, seppur sui generis, le consenta di arrivare là dove l’ azione degli Stati e delle NGU non arrivano, e le consenta pure di mediare, como storicamente ha sempre saputo fare, nelle controversie fra gli Stati allo scopo di raggiungere fini condivisi da tutta la comunità internazionale, come la justizia, la pace, o la lotta contro la miseria. Oggi piú che mai, la Chiesa Cattolica è investita da una auctoritas e da una opinio iuris riconosciuta informalmente dalla comunitá internazionale che le può consentire una collaborazione piú efficace con le autoritá civil nel conseguimento degli obiettivi di rendere migliore il mondo. Il crollo delle ideologie e la palese menzogna sulla quale sono edificati gli Stati moderni -il potere del popolo- sono ormai noti a tutti: chi comanda sono i poteri finanziari, indipendenti dagli Stati, sottratti ai loro classici poteri “formali” e ai quali gli Stati, soprattutto quelli occidentali, di tradizione cristina, rendono colto. Sono, in parole del propio Pontefice, le “economie idolatriche” quelle che rendono il mundo. Esse sequestrano oggi sorta di potere minimamente democratico, onde per molti di noi hanno perso quella legittimità di origine proclamata dai classici e che fondava l’ autorità democratica del potere civile proprio nel contratto sociale. In questa situazione, nella quale il potere civile -comprese le Nazioni Unite e, soprattutto, le istituzioni di Bretton Woods, non avrebbe nessuna autorità -legittima, si intende- “se non fosse stata loro concessa dall’ alto” (cfr. Gn 19, 11), soltanto una instituzione como la Chiesa Cattolica, nella misura in cui esprima la sua particolare autorevolezza mondiale nel linguaggio e nelle forme dell’ autenticità, e non dell’ imposizione, una istituzione aperta al dialogo ecumenico e al dialogo con il potere civile, sia esso formalmente democratico o non democratico, una Chiesa amministratrice dei beni di questo mondo ma che non é del mondo –una Chiesa che, pur non essendo del modo, deve agire in questo mondo, perché fu in questo mondo, con tutto il suo peccato e la sua miseria, per il quale morí Nostro Signore-, non può disintendersi della sofferenza materiale della gente. Eppure, non dobbiamo confonde la Chiesa con il Regno di Dio: la Chiesa è pur sempre uno strumento, preziosissimo, attraverso la quale si manifesta l’ azione di Gesù e dello Spirito Santo, di tutta la Trinità, nel mondo, attraverso la preghiera, le opere di misericordia, e, soprattuto e in maniera fondamentale, per volontà expressa di Gesucristo, attraverso il miracolo della sua sacramentalità. A questo punto… come sostenere al contempo la neccessità di una Chiesa povera, non soltanto ni Spirito, ma anche nel materiale, e del potere temporale della Chiesa? Nella linea sostenuta da vari teologi del Novecento, con particolare sensibilità sociale, ciò è possibile se i responsabili dell’ amministrazione vaticana e di tutti gli istituti cattolici praticano il distacco tra la volontà di possedere e il fatto di possedere, nel nome dei valori che essi vogliono e devono perseguire: che la ricchezza della Chiesa Cattolica serva come strumento o come destino finale per lenire la sofferenza del prossimo, sia materiale sia spirituale. La pratica del distacco, comune a tante religioni attuali e scomparse sulla terra, è stata practicata da molte persone di buona volontà, cristiani oppure di altre religioni, i quali, non hanno semplicemente lasciato tutto a i poveri, ma si sono riservati la amministrazione anche durante anni, creando fondazioni, monti di pietà ed altri istituti benefici. Ma ad una condizione: essi hanno cambiato radicalmente il loro rapporto funzionale fra le proprie ricchezze (l’ avere) e la percezione del proprio io. Come esempio del fatto di un tale atteggiamento può essere riscontrato in altre religioni millenare, nel tardo buddismo, il ramo meno rigoristico del Buddismo scolastico, raprresentato dalla Bhagavad-Gita, non richiede la rinuncia al mondo, a se stessi e ai beni temporali -como nemmeno una tale richiesta è pienamente soddisfatta del proprio Buddha e da molti suoi autorevoli discepoli-, ma si accontenta con il mandato di trasformare  in sacrificio le proprie azioni, rinunciando ai loro frutti -che vanno cosí a beneficiare gli atri o Dio-, rompendo in questo modo la ruota karmica del pensiero indiano responsabile della schiavitú operata da noi stessi e dalla interminabile catena di azioni-conseguenze que determineranno, a sua volta, il ciclo delle reincarnazioni. Invece, sacrificando i frutti (buoni, si intende) delle proprie azioni l’ uomo si libera da una delle cause del dolore che lo lega a questo mondo, l’ ansia di possedere, e puó giungere, senza necessità di grandi processi meditativi o ascetici, alla “liberazione”.

Ora, tornando al cristianesimo e alla Chiesa Cattolica, possiamo ritrovare elementi comuni di queste idee, le quali devono ovviamente essere contestualizzate, nel comportamento di grandi santi e sante della Chiesa. Mi piacerebbe avere un dialogo con Giovanni Papini su questo punto, piché egli fu molto duro sulla questione della accumulazione delle ricchezze da parte della Chiesa, ma si dichiaró anche “medievale” (cfr. La scala di Giacobbe). Tornando al punto di partenza, credo sinceramente che siamo entrati in una nuova era dal punto di vista político ed economico, ma non alla leggera o “light”, como sostengono i raprresentanti dei cerchi new age, ma proprio pero la assenza di un potere civile forte che ha caratterizzato sia l’ Antichitá (l ‘ Impero), sia l’ Etá moderna e parte di quella contemporánea, al meno fino alla comparsa della cosiddetta “postmodernità”. Le istituzioni piú politiche delle Nazione Unite -e con questa precisione voglio mettere a salvo da questa analisi critica le principali istituzioni della “famiglia” delle NU, quali la FAO, l’ UNESCO, l’ UNCTAD, l’ ACNUR, l’ OMS e molte altre, che svolgono una importantissima funzione di “coscienza critica” della comunità internazione- non valgono piú, rispecchiano ancora i vecchi rancori della Guerra Fredda. E accanto all’ ONU istituzioni che dovrebbero reggere con giustizia i rapporti economici e finanziari fra le Nazioni per migliorare le condizioni di vita delle persone, non fanno altro che servire gli interessi delle grandi corporazioni economiche e finanziarie multinazionali. In questo contesto internazione, l’ attività istituzionale della Chiesa Cattolica può essere efficace se si fonda sull’ apertura alla società internazionale, soprattuto ai paesi piú poveri, e tende loro la mano, como oggi ha espresso il Presidente dell’ Albania al Papa. Ma é soltanto nel Vangelo di Gesù dove la Chiesa debe ritrovare continuamente la forza che viene dall’ Alto e che le da la sua indistinguibile autorevolezza, nel senso di autenticità. E da questa Fonte senza fine la Chiesa debe saper portare, anche institucionalmente, oltre al messaggio evangelico di speranza nella nuova vita regalataci da Gesú, l’ esempio della sua prassi concreta attraverso le opere di beneficenza, protezione e rifugio. Anche facendo valere la sua riconosciuta autorità internazionale come Santa Sede, sapendo che é sempre assistita dallo Spirito Santo secondo la promessa di Gesú, e mettendo a lavorare tutte le sue forze umane, materiali, istituzionali, giuridiche, mediatrici e diplomatiche al servizio di tutti gli uomini, specialmente dei piú deboli ed emarginati della Terra. Affinché loro possano sentirsi assistiti dalla comunità di vita che è la Chiesa e, dinanzi al mondo, possano anche mettersi a rifugio, come si diceva anticamente, “in sacro”, dove nessuna autorità umana né nessun potere civile oserrebbe toccarlo, perché sono i figli prediletti di Dio, coloro che sono stati rifiutati, per azione o per omissione colposa, dalla nostra società ipocrita. Come lo furono gli ebrei e gli altri  uonini, donne e bambini perseguitati dal nazismo e dal comunismo in molte Chiese, anche con l’ aiuto -oggi dimenticato- di molti paesi neutrali o non belligeranti.

Preghiamo dunque per il Papa. Affinché egli sappia gestire con umiltà, saggezza, intelligenza e lungimiranza, assistito dallo Spirito Santo, il Tesoro che gli è stato affidato da Gesú: la Santa Chiesa Cattolica. Perché sappiamo che le porte dell’ inferno non prevalebunt. Cristus vincit, Cristus regnat, Cristus imperat. Benedicat omnes gentes omnipotens Deus. Amen.

 

Madrid, a 21 settembre del 2014, Festività di San Matteo Apostolo ed Evangelista

 

Per: Dott. ric. Pablo Guérez Tricarico

Signed by.: Pablo Guérez Tricarico, PhD

 

I. H. S.

A. M. D. G.

 

La plaza San Pedro ha reforzado las medidas de seguridad.
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Who are the enemies of Pope Francis? Vatican increases security measures due to ISIS Terror. Meanwhile, the Church needs urgently a new “aggiornamento” to boost its credibility by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.

¿Podemos emprender una política de rostro humano? Compromiso político y religión.

agosto 24, 2014 § Deja un comentario


 

Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: Sabéis que los gobernantes de este mundo se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, que sea vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, que sea vuestro siervo (Mt 20, 25-27, ca. 80 d. C)

The brave men, living and dead, who struggled here, have consecrated it far above our poor power to add or detract. The world will little note, nor long remember, what we say here, but it can never forget what they did here. It is for us the living, rather, to be dedicated here to the unfinished work which they who fought here, have, thus far, so nobly advanced. It is rather for us to be here dedicated to the great task remaining before us—that from these honored dead we take increased devotion to that cause for which they here gave the last full measure of devotion—that we here highly resolve that these dead shall not have died in vain—that this nation, under God, shall have a new birth of freedom—and that, government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth (Abraham Lincoln, given to Edward Everett, 1864)

Todo el mundo quiere cambiar a la Humanidad, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo (Lev Tolstói, ca. 1900)

Cambia tu corazón, y cambiarás el mundo. Porque el que es fiel en lo pequeño será fiel en lo grande

A todas las personas de buena voluntad de los movimientos sociales, especialmente de los vinculados a Izquierda Unida y a PODEMOS

A Tania Sánchez, cuyo discurso sigue ilusionando como un vergel en el desierto mediático previamente repartido por los responsables de la información

 

El problema: buena parte del mundo crítico del panorama sociopolítico español, no sin mucha razón, propone lo siguiente para

+EL PUEBLO UNIDO CONTRA LAS INJUSTICIAS

La lectura de estos puntos programáticos que me han hecho llegar a través de Google + algunas personas próximas al movimiento PODEMOS me ha producido, por una parte, simpatía, y, por el otro, impotencia. Simpatía porque estaría de acuerdo en el 90% de sus puntos si pudieran cumplirse sin que los poderes de este mundo -no sólo los económicos- no tuvieran capacidad de reacción. Es más: aun si pudiera ser posible, como hacker, extender un virus que destruyese todos los títulos de propiedad, legal o ilegalmente adquiridos, esa opción robinhoodiana me merecería simpatía, como en la película Los fisgones, 1991, aunque no considero que ésta fuese una opción razonable, ni menos deseable o generalizable. Lo que ocurre es que, leyendo los puntos programáticos del ámbito de PODEMOS, y a pesar de algún nuevo lenguaje, me suenan a viejo marxismo, el cual, en sus concretas aplicaciones históricas nunca favoreció del todo a las clases más bajas -aunque a favor de algunos regímenes marxistas occidentales “mitigados”, como algunos países del Este de Europa, o la propia URSS posterior a Kruschev, hay que decir que las necesidades más básicas de toda la población fueron atendidas, si bien a costa de reducir las oportunidades de aumentar la riqueza nacional y un reparto equitativo de mayores bienes, como denunciaran muchos marxistas críticos o teóricos de la justica como John Rawls-; más bien, a las clases populares y profesionales -por cierto, todavía enfrentadas en los países “libres” por el voto por los partidos del centro-izquierda, sociológicamente preferidas por las clases populares, o del centro-derecha, sociológicamente preferidas, al menos hasta ahora por los llamados “profesionales” que se sienten superiores- se las sometió, en los tiempos del “socialismo real”, al opio de la doctrina comunista oficial, que no de la religión. Dicho esto, he querido aprovechar este mensaje para expresar mi opinión sobre PODEMOS y los movimientos sociales, respecto de los cuales, y a pesar de sus buenas razones -sí, buenas, por si a algunos “hombres de bien” o de law and order no se lo parece-, y sobre su capacidad transformadora de la sociedad no puedo menos que mostrar un triste escepticismo. Y no precisamente por las razones más apuntadas por la prensa al uso: desconfianza de la población general para que PODEMOS pueda convertirse en una alternativa de gobierno viable, preferencia del movimiento por puntos programáticos en lugar de una nueva manera de hacer gobierno, así como algunas otras acusaciones al menos dudosas de que la formación y sus simpatizantes han sido y continúan siendo objeto de la prensa conservadora.

A estas alturas de la evolución humana, está visto que cualquier sistema económico, ya sea capitalista, ya comunista o intermedio, está sujeto a la necesidad de los poderosos de utilizar el poder para mayor gloria de ellos, y no de la comunidad política. Con ello no pretendo adherirme a las tesis del liberalismo político tradicional, que proclama que el hombre es egoísta por naturaleza -personalmente sostengo que hay hombres más egoístas y hombres más altruistas; incluso la misma persona puede actuar de una manera u otra en función de su entorno y de su aprendizaje-. Por ello, me cuento entre los que consideran que precisamente debe limitarse cualquier poder, incluido el poder político, uno de los mayores enemigos de la libertad del hombre, junto a las riquezas, y no sólo para los que lo padecen, sino para los que lo practican, que se convierten en esclavos de ídolos modernos, auténticas dependencias -y mucho más fuertes que las estigmatizadas, como las drogas o los comportamientos “antisociales” o desadaptativos- en el mundo actual.

Lo que parece haber demostrado la Historia de la Humanidad es que tanto las riquezas -entendidas como objetivo último, y no como instrumento para una justa, equitativa y caritativa distribución y, si es necesaria, redistribución del welfare o de la riqueza- o el poder -entendido como poder para gloria del que lo ejerce y no como servicio-, no sólo son nocivos para las personas que tienen que padecer los desmanes de los ricos y de los poderosos-, sino para ellos mismos, debido a la tendencia natural que proporcionan estos instrumentos a la acumulación y a la maldad: porque, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recuperarla?

Los ricos y poderosos de este mundo, asistidos por “coaches” intrusistas que han ocupado el papel de los antiguos magos y chamanes, prometen a sus aspirantes e iniciados la dominación, primero de sí mismos, y luego la de los demás. Ellos deberían saber a dónde conduce este camino, muy diferente al que conduce la vía estrecha de las disciplinas prácticas de las grandes religiones como la ascesis y la mística. Por ello, llegadas las cosas a la entronización de la economía como disciplina desacralizada, en términos de Mircea Eliade, a la que hay que sacrificar a la persona, es necesaria una reflexión transversal, que vaya más allá de los objetivos de los partidos políticos y de las personas que de verdad quieren cambiar el mundo. Porque no se hizo la economía para el hombre, sino el hombre para la economía. Para ello, es necesario un cambio personal radical, que no sé hasta qué punto las personas estamos verdaderamente dispuestos a emprender.

Me considero una persona cristiana que intenta vivir su fe sobre todo desde la autenticidad y no desde la autoridad. Pertenezco a la Iglesia Católica, que para mí no es otra cosa que el pueblo de Dios y mi casa espiritual. Una Iglesia que no entiendo excluyente, sino más bien abierta a todo el mundo, incluidos a los que no quieren entrar en ella formalmente pero buscan la verdad como ellos la entienden, y realizan realmente la voluntad de Dios, como en la parábola de los dos hijos. En relación con esto, simplemente quisiera realizar dos matizaciones a los “puntos programáticos” que me han llegado desde la esfera de PODEMOS, y que intentan, desde mi posición, que no es la de un “hombre de bien”, perfectamente integrado en la sociedad conservadora que criticara Jesús de Nazaret y que le costó la vida, en la defensa de los débiles, de los necesitados, de los marginados y de los excluidos por el status quo de la época, tanto político como religioso; pues la política era religión y la religión era política: algo, por cierto, no muy diferente en nuestros días, en las que hay pseudorreligiones desacralizadas, en palabras de Mircea Eliade, como la economía, a la que sirve la política formal. En primer lugar, en cuanto a la eliminación de los privilegios de la Iglesia, la Iglesia Católica declaró en 1964, en un documento conciliar del máximo nivel institucional, la Gaudium et spes, que estaría dispuesta a renunciar a dichos privilegios si ello redundara realmente en favor del bien común. Pues bien, a mi modesto entender ha llegado este momento, y el papa Francisco está dando muy buenos ejemplos de ello, de auténtica actitud evangélica que constituye el espíritu de la Iglesia. No es éste el lugar adecuado para explicar la falta de desarrollo de esta propuesta de la Iglesia. Por otra parte, los críticos de la Iglesia Católica deberían ver los fondos que se destinan en las colectas y en otras actividades, auditados por empresas independientes, y, sobre todo, la labor desarrollada en este ámbito por muy diversas organizaciones católicas, diocesanas o de adscripción diversa, como Cáritas, aquí y en el Tercer Mundo. No hay nadie, ni en cifras ni en dedicación – y de ello tenemos cada día ejemplos de personas que, por Cristo y su Evangelio, que proclama en la práctica fundamentalmente el amor al prójimo-, que lo haga mejor. Y a su vez, los católicos instransigentes, o “de rito”, deberían reflexionar -si es que muchos pueden hacerlo y no están obcecados por el fanatismo, en ocasiones incluso violento-, sobre la realidad y el compromiso de su fe, abandonando una falsa piedad y una falta de mezcla con la gente que no es como ellos, y que ha sido una de las causas que más ha contribuido al abandono de muchas personas de buena voluntad del seno de la Iglesia; por cierto, de cualquier Iglesia, no sólo de la católica. Porque, advertidos por Jesús, no todos los que dicen “Señor, Señor” serán admitidos en el Reino, sino sólo los que hacen la voluntad de su Padre. Un Padre que, por lo demás, es misericordiosísimo y que, tal y como se nos enseña en las parábolas de validez universal del hijo pródigo y de las otras parábolas pequeñas de Lucas 15, está siempre dispuesto a perdonar y a devolver al hombre su dignidad perdida, ensalzándolo incluso sobre aquellos que se consideran a sí mismos como “justos”; así nosotros, pecadores, deberíamos perdonar a los que nos ofenden, como rezamos en el Padrenuestro.

Llegamos entonces al punto fundamental de mi crítica constructiva y de mis reflexiones para cualquier proceso de regeneración política y social. Ahora que todo el mundo -con mayor o menor preparación- habla de economía, ahora que lo que es llamado economía detenta la hegemonía cultural del pensamiento a todos los niveles del conocimiento práctico occidental, vamos a hablar también de economía. Es una disciplina más sencilla que sus espurias derivadas pseudocientíficas que estudian los estocásticos, el análisis técnico y el análisis de los mercados de valores, cuestiones que intentan predecir, normalmente retroactivamente, sobre la base de “modelos”,  y no de personas. La economía trata de algo mucho más sencillo: la distribución de las necesidades. Y es aquí donde quisiera expresar mi reflexión fundamental: no es posible pensar en emprender un esfuerzo colectivo de cambio social -en sentido progresista-, de regeneración política o de sumisión de la macroeconomía a las necesidades reales de la gente sin tener en cuenta  precisamente la cuestión de las necesidades. Es necesario redefinir las necesidades. Como expresa el lema de Cáritas, vive sencillamente, para que otros, sencillamente, puedan vivir. Algunos economistas que han tratado de volver a los orígenes de su ciencia -por cierto, muchos de ellos no procedentes de países “desarrollados”-, han comprendido realmente lo que la economía significa, y no sólo a nivel teórico, como hicieran en el ámbito occidental los epígonos del marxismo metodológico como Horkheimer, Adorno o Marcuse en los años 60 y 70, sino a nivel práctico e intercultural, como el tachado de heterodoxo por sus colegas del pensamiento único de la Escuela de Chicago Amartya Sen, bengalí de nacimiento y Premio Nobel de Economía en 1998. Era necesario que el genio espiritual de un país como la India se hiciera notar también en el pensamiento económico, como también lo era que el espíritu del catolicismo ortodoxo, despojado de su lucha geopolítica en favor del mal menor -el capitalismo de los años 60- frente al socialismo real de entonces, volviera a sus auténticas raíces -el Evangelio- con documentos conciliares sobre economía y vida política, a juzgar por eminentes teólogos -fundamentalmente pertenecientes o simpatizantes al movimiento de la teología de la liberación, como Ellacurría o Tamayo, pero no sólo, sino también según buena parte del jesuitismo y del franciscanismo “otrodoxos”, insuficientemente desarrollados por la realpolitik vaticana de los años anteriores a la caída del Muro. Ya antes, teólogos tanto católicos de la talla de Urs von Balthasar, Vito Mancuso o Hans Küng -este último todavía en activo-, en el ámbito católico, o Robert Bultmann o Karl Rahner, para el ámbito protestante, así como pensadores ecuménicos norteamericanos como R. W. Emerson mostraran su compromiso por las tesis sobre la parcialidad de Dios y la opción preferencial por los pobres, que debe implicar la labor de la Iglesia. Es algo todavía proclamado por representantes de algunas parroquias abiertas incluso en barrios conservadores y excluyentes como en el que habito, como el párroco Alejandro Fernández Barrajón, fraile mercedario, o el conocido Padre Ángel.

Volviendo al tema de las necesidades… ¿De verdad necesitamos tantas cosas, cuando sólo una es importante? La gestión de las necesidades es la base de la ciencia económica. No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Y, aunque suenen a tópico, estas expresiones muestran con una sencillez perfectamente intersubjetiva la verdad que se esconde tras de ellas, accesible tanto al campesino analfabeto como al catedrático de Filosofía Moral. Como que hay gente tan pobre, tan pobre, que sólo tiene dinero. Pero entiéndaseme bien: con ello no pretendo quitarle valor, en primer lugar, a la necesidad de trabajar, aquí y ahora, por un mundo más justo, que yo entiendo con el Reino anunciado por Jesús, cada uno a su manera y ayudando a los más desfavorecidos, poniendo en práctica sus carismas pero también aceptando sus limitaciones. Tampoco pretendo criticar el valor de liberación personal y social del trabajo, el progreso e incluso las riquezas, salvo que quiera seguirse una, por cierto, respetabilísima, vocación contemplativa, monacal o eremítica. Precisamente por ello, en el momento actual es necesario devolver a muchas personas la dignidad de poder aspirar a un trabajo digno o de recuperar el que tuvieron -a mi juicio, no todos los “trabajos” lo son-, que en un Estado capitalista casi “puro” en crisis, precisamente como el nuestro, ha escindido la formación superior, todavía a su cargo en más de un 80% según cifras del INE, de la empleabilidad, que ha “dejado” al mercado -no sin mantener organismos de intermediación laboral cuya efectividad deja mucho que desear-, hay que ir mendigando a las responsables de recursos humanos de las grandes empresas, para las personas con formación, o a los gerentes machistas de la pequeña empresa, para las personas sin formación. Sí, soy políticamente muy incorrecto, y además, me gusta serlo. Hay que poder comer y beber para vivir con dignidad, tener vestido y techo. Lo que hace falta es un cambio de actitud hacia las “cosas del mundo”, que nos conduzca a otorgar a los bienes materiales el valor instrumental y relativo que realmente les corresponde, es decir, ser capaces de no perder al mismo tiempo de vista que sólo una cosa es importante. Ésta es la idea que, en mayor o menor grado, está detrás de todas las religiones: el desapego, comenzando por el de los bienes materiales. Pero para ello es necesario un cambio de actitud, muchas veces, radical. Es necesario renunciar a muchas necesidades artificiales a las que muy a menudo nos cuesta renunciar. Lo que sí tengo claro a estas alturas es que, si no cambiamos nuestro corazón, no podremos experimentar la auténtica alegría de la libertad que nos lleve de manera natural, como un niño, a ayudar a nuestro prójimo, movidos por la empatía, la compasión y el Amor, y con ello, a irnos desprendiendo poco a poco de nuestros propios egoísmos, de nuestros problemas y de nuestro “yo”. Pues no hay mejor manera, como ya señalara el siglo pasado el gran psicólogo Adler, de curar nuestras neurosis que saliendo de nosotros mismos y ayudando a los demás. Algo que ya nos enseño Jesús con su mensaje de que “el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí y por mi evangelio, la salvará”. Se trata de un mensaje a mi juicio universal, que puede ser aplicado, como todas las ideas de fondo de este artículo, a las personas de cualquier religión, credo, ideología y a las que no profesan religión alguna, pues todas somos hermanas y nos unen al menos dos cosas radicalmente fundamentales: la conciencia de nuestra muerte y el deseo de sobrevivir a ella, nuestro deseo de inmortalidad. Es este sentido, desde el punto de vista teológico-religioso, me ha interesado hablar más de actitudes y de comportamientos que de “verdades” dogmáticas, precisamente con vistas a la construcción de un terreno común para la acción práctica de todas aquellas personas de buena voluntad que realmente quieran, cada una desde su posición, contribuir, literalmente, a cambiar el mundo. Estas ideas no pueden ni deben ser ajenas al discurso y a la praxis política y social. Precisamente por ello he querido ser radical en el sentido etimológico de la palabra, para manifestar mi convicción de que cualquier cambio político y social debe venir “desde abajo”, desde un cambio en nuestra actitud egoísta de la que todos somos esclavos. Sólo así podrá desenmascararse por las buenas, generando credibilidad en nuestro entorno más inmediato, a modo de “luz del mundo”, es decir, sin enemistad, la actitud de muchos representantes religiosos, de esos “hombres de bien” respetables que cumplen los ritos de la religión católica, las dobles morales, las cargas illevaderas ordenadas por estas personas con poder como para ejercer presión social. No se me oculta que el condicionamiento social de la conducta -que incluye pensamiento como conducta verbal, en términos skinnerianos, y acción- resulta muy difícil para todos, no sólo para aquellas personas que no tienen tiempo material para plantearse esta cosas, o para aquellos que, pensando solamente en sí mismos y en su “bienestar” material, constituyen el “rebaño adormecido del que hablara Noam Chomsky. También algunas personas cultas caímos en el pasado en la trampa del consumo como sustitutivo de la necesidad de reconocimiento social a que se refierera el psicólogo Maxwell en su teoría piramidal de las necesidades humanas, y con ello, en el ciclo kármico -por emplear un término religioso panindio pero de validez mítica universal, como expresara Mircea Eliade- de la rueda del consumo-disfrute-trabajo-crédito-más consumo. Para todos es difícil sustraerse a la presión del entorno sofisticadamente diseñada por aquellos que detentan la economía cultural, pues todos somo esclavos de nuestras pasiones, jóvenes y mayores, y nadie está exento de tomar el camino equivocado -o el pecado-. Pero precisamente por ello, la novedad del mensaje de Jesús reside en el hecho de que todos estamos perdonados, y con ello, justificados. Sólo es necesaria una actitud de reconocimiento, de conversión y de lo que, en otras épocas no muy lejanos, estaba abarcado no sin ambigüedad en lo que llamábamos “penitencia” (Küng, 2014). Por ello, el momento de crisis en el que nos encontramos, si no caemos en el desánimo, puede ofrecernos una oportunidad real -es decir, sujeta a vaivenes, a la vuelta a los mismos errores, a pasos atrás, como no puede ser de otra manera- de cambiar nuestra actitud hacia nosotros mismos, nuestras necesidades, nuestro modelo de sociedad y nuestras relaciones entre nuestro prójimo y entre otras sociedades -de personas, se entiende-. Ello sólo podrá ser posible, a mi juicio, cambiando nuestro corazón, con la ayuda de Dios -cada uno como lo entienda-. Sólo así, desde lo pequeño, podremos trabajar con impecabilidad en tareas humildes que nos consigan el respeto de los demás. Porque el que es fiel en lo pequeño, también lo será en lo grande. Desde el que ha pasado por la experiencia de la humildad, podremos aspirar a puestos en los que la Providencia nos ponga, pues para Dios, que quiso nacer como hijo de un carpintero, no hay nada imposible. La predicación de Jesús cambió el mundo, y si el reino de Dios, que él proclamó ya entonces en medio de nosotros no ha llegado a la tierra ha sido por la dureza de los corazones.

En cuanto a promover cambios positivos en la sociedad, comencemos planteándonos objetivos concretos, y se nos irán dando los cometidos de lo grande. Así, por ejemplo, centrémonos en combatir la situación de pobreza -material y espiritual- de nuestro prójimo; la degradación material y moral de los barrios de nuestras urbes deshumanizadas y caracterizadas cada vez más por contactos anónimos aplaudidos por insignes sociólogos, que ven sociedades de comunicaciones donde deberían ver sociedades de personas. También podremos darnos cuenta de que la intolerable degradación y contaminación de nuestros espacios naturales acaba a la larga con la supervivencia de la propia especie humana, superando el cortoplacismo imperante en este tiempo de la instantaneidad. Y sólo así podremos devolver la dignidad a continentes enteros deliberadamente excluidos de las bondades del consumo y de la globalización, como África, gran parte de Centroamérica, la mayor parte de América Latina y buena parte de Oceanía, aliviando la situación de miseria extrema que clama al Cielo.

Desde la opinión que quiero sostener, todas las personas, de cualquier credo, o de ninguno, pero que compartan esta necesidad de cambio de actitud individual antes de adquirir cualquier compromiso social, sobre todo político, son capaces, desde su ser y sus circunstancias, como diría Ortega, de contribuir al bienestar y a la justicia social, a la caridad, al fomento de un empleo cuya adjudicación se realice en equidad, es decir, en función del reconocimiento de los talentos y carismas y de las limitaciones y debilidades de cada uno, así como a una distribución de la riqueza basada en las necesidades de toda la comunidad política, especialmente, de los más pobres, de los excluidos, de los marginados, de los victimizados y de los estigmatizados, para que éstos, superando su situación, puedan contribuir realmente al bienestar de la Nación y de todo el orbe y recuperar con ello la dignidad que proporciona el trabajo, aportando sus habilidades y sobre todo su humanidad, y convirtiéndose de este modo en protagonistas activos de su destino y del bien común.

 

A.M.D.G.

 

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¿Podemos emprender una política de rostro humano? by Dr. Pablo Guérez Tricarico is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
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Secuencia de Pentecostés

junio 7, 2014 § Deja un comentario


Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra (Salmo 103)

Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo. 

Padre amoroso del pobre, Don, en tus dones espléndido.

Luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo.

Ven, Dulce Huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma, Divina Luz y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado, si  tú no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo.
Lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
Amén. Aleluya.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo,

como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. 

Para aquellos lectores que no la conozcáis, ya seáis cristianos o no, de otras confesiones religiosas, agnósticos, ateos o antirregliosos, esta es la Secuencia que, mayoritariamente, ha ido rezando la Iglesia Universal en las últimas semanas del tiempo pascual, para que, según la promesa de Jesucristo, descienda sobre nosotros el Espíritu Santo, el mismo Espíritu de Dios, “por medio del cual”, como reza la liturgia católica latina, en su oración a Dios Padre durante el Ofertorio en la Santa Misa, “das vida y santificas todo”. Para que el Espíritu Santo Paráclito (que, en griego, significa “Abogado”), sea precisamente nuestro Defensor, precisamente en los casos de mayor tribulación. El Hijo asciende  a los Cielos, pero su Presencia amorosa permanece entre nosotros, y, para los católicos, de modo especialísimo por medio de Su “presencia real” en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, en el que Él mismo se hace pan para alimentarnos espiritualmente y confortarnos en los momentos de duelo por los méritos de Su Pasión y Su Cruz, como expresa magistralmente la Oración de poscomunión y acción de gracias atribuida a San Ignacio de Loyola: “Pasión de Cristo, confórtame”. Pero para comprender -siempre limitadamente, pues la verdad sólo podrá mostrarse a nosotros de forma completa en la otra vida, salvo quizá casos especialísimos reservados a las almas más santas a través de la mística-, y, sobre todo, para experimentar el gozo derivado de la presencia de Dios, frente al vacío experimentado por su ausencia, es necesaria la acción del Espíritu, que es Dios, junto con el Padre y con el Hijo. Él será nuestro Defensor si le dejamos entrar en nuestros corazones, y ha sido Él el que ha guiado a los discípulos de Jesús a dar testimonio de la verdad y, en muchísimos casos a través de la Historia, a dar su vida por Él. Si le invocamos, el Espíritu Santo siempre actuará; pero la intensidad de su acción dependerá fundamentalmente de la apertura de nuestro corazón. Si nuestro corazón permanece cerrado por miedo, por iras o por resentimientos, poco o nada podrá hacer, porque no le dejaremos moverse libremennte en nuestro interior; pero si, por el contrario, hacemos, aunque sólo sea un pequeñísimo esfuerzo para que el Espíritu entre en nuestro corazón y transforme nuestro Ser, Él actuará en nuestra alma y nos glorificará, como glorificó al Hijo. Aun el primer caso, la Luz del Espíritu es tan poderosa que, aunque nuestra disposición sea muy poca, siempre se colará como por una pequeña rendija. Dios quiera que podamos disponernos adecuadamente, cada uno con nuestras cinrcunstancias y con nuestra miseria, para recibir la mayor efusión que el Espíritu quiere darnos, pues no es otra cosa que una Persona fruto del Amor entre el Padre y el Hijo, en sí misma Amor infinito, y que cuya efusión plena a los Apóstoles en el Cenáculo la Iglesia Universal conmemora mañana. Dispongámonos pues a recibir esa acción benéfica en medio de nuestros tormentos y dificultades, para que sane nuestros corazones y nos conceda sus dones, entre ellos, el don de fortaleza, con el cual podremos ser capaces de vencer las tribulaciones del mundo, incluidas las que son consecuencia de nuestro propio pecado. Porque el Amor de Dios es más fuerte que el pecado del hombre. Recordémolos una vez más. Él, frente al llamado “acusador desde el principio” (el diablo), o frente a nosotros mismos que muchas veces nos acusamos demasiado, tanto a los demás como a nostros mismos, es el Paráclito, el Defensor. Y lo precioso de esta afirmación es que Él, como Dios, no sólo “nos hará justicia”, sino que nos dará la paz de corazón, y Su gozo eterno.

Y si nuestro corazón está herido, recordemos el Salmo de David: “un corazón contrito y humillado tú nunca lo desprecias, Señor” (Salmo 51). Si aun así nuestra alma no está en paz, recurramos a la Madre de Dios, por ejemplo, con el rezo del precioso “Acordaos” de San Bernardo, cuya oración comienza “Acordaos, o piadosísima Virgen María, que jamás se oyó decir que ninguno hubieran acudido a Vos, imporando Vuestro auxilio o reclamando Vuestra protección”, haya sido jamás abandonado de Vos”. La omnipotencia suplicante de la Virgen resulta especialmente efectiva en estos casos.  Si estamos pasando momentos difíciles de prueba en los que sentimos que no se nos ha hecho justicia, y no sentimos la presencia de Dios a nuestro lado, pidámosle a Ella, con infinita confianza, encomendándonos en su mes a su Inmaculado Corazón, que nos conceda la gracia actual suficiente para acudir al Sacramento de la Reconciliación, especialmente parra desterrar de nuestra alma sentimientos de miedo, ira o cólera, así como para prevenir o reparar cualquier sensación de desesperación que pueda hundir nuestra vida espiritual. Con confianza, dirijámonos a la Confesión, pues Dios lo Está deseando y su Espíritu quiere actuar en nosotros, para que cantemos Sus maravillas, incluso -y sobre todo- en la adversidad. Es ahí donde el alma del cristiano se ve auténticamente probada y, con la confianza en su Dios, se ve santificada en el camino a su perfección espiritual.

  Que el Espíritu de Dios mueva, en este final del tiempo pascual, muchos corazones sendientos de de Él a recibir la gracia y la paz que emana del Sacramento de la Confesión, del perdón de los pecados conferido por Jesucristo a los Apóstoles, como muchos, D. m., escucharemos mañana en el Evangelio.  Y que las palabras de la fórmula sacramental completa  que para el Sacramento de la Confesión prevé la Iglesia Católica latina, calen en el alma del cristiano como una lluvia fina purificadora que, al mismo tiempo que borra la culpa el pecado y concede la paz al pecador, le dá asimismo la fuerza para seguir viviendo cristianamente y aceptar pacientemente los sufrimientos que pudiéramos padecer para nuestra santificación. No está de más reproducirla, para que incluso su mera lectura resulte reconfortadora y alhentadora para el lector, preparándole así para una mejor recepción del don del Espíritu Santo, con sus siete dones y sus doce frutos, en la inminente Solemnidad de Pentecostés: Dios Padre Misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por medio de la muerte y resurreción de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espítitu Santo. La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, los méritos y la intercesión de la Virgen y de Todos los Santos, el bien que realices y el mal que puedas padecer, te sirvan como remedio de tus pecados, aumento de gracia y prenda de vida eterna. El Señor te ha perdonado; vete en paz.

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