¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya!

marzo 27, 2016 § Deja un comentario


A mis padres, que me dieron la vida

A todos mis compañeros y amigos presentes, pasados y futuros, a las personas de buena voluntad que se han cruzado conmigo en el camino de mi vida, y a todas las personas que tengo en mi pobre corazón

A los Cardenales, Obispos, presbíteros, diáconos, religiosos y fieles seglares de la Iglesia Católica que tuvieron, tienen, y espero sigan teniendo la paciencia de escucharme en mis momentos de tribulación

A los ministros y pastores de todas las Iglesias cristianas que todavía conservan la valentía y la alegría de trasmitir el mensaje de Jesús Resucitado

A los hombres y mujeres que renuncian al mundo para dedicarse a la vida contemplativa

A los representantes del poder civil

A los atribulados, a los pobres, a los enfermos, a los niños indefensos, maltratados o víctimas de abusos, a las mujeres maltratadas o víctimas de trata, a las víctimas de la violencia y del terrorismo y sus familias y allegados, a los huérfanos y viudas, a los presos, a los cautivos y a las víctimas de cualquier esclavitud, a los ancianos, a las personas con diversidad funcional o con ncesidades especiales, a los raros, a los excluidos, a los que huyen de la guerra, de las catástrofes naturales o de la miseria, y a todas las demás personas víctimas de la cultura del descarte, especialmente a aquellas a las que no puedo ayudar

A los creyentes, teístas y no teístas, gnósticos, agnósticos y ateos

A mis enemigos

Y A.M.D.G.

 

¡Aleluya!

¡Aleluya!

 

 

¿Venís a buscar al Crucificado? No está aquí: ¡Ha resucitado! (cfr. Mc 16, 6)

 

Con la expresión “Verdaderamente ha resucitado”, como respuesta a la exclamación: “¡Jesucristo ha resucitado!” hay constancia histórica que se saludaban las primeras comunidades cristinas y griegas. Costumbre que, más allá del ámbito litúrgico de la Iglesia Católica de rito latino, de la Iglesia ortodoxa y de la Iglesia armenia, se sigue utilizando en algunos países de nuestra más cercana Europa, como Rumanía o Moldavia.

Para la Iglesia Universal, alumbrada por el primer plenilunio de la Primavera, la estación en la que vuelve la vida, la noche santísima de la Vigilia Pascual constituye la celebración más importante del Año Litúrgico.

¡Feliz Pascua de corazón a todos en la alegría de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte y dispensador de la nueva y eterna vida que no cesa para todo el que quiera acogerla!

Pero… ¿qué, o a Quién celebramos en la Pascua cristiana?

Como ha expresado de manera muy didáctica el papa Francisco, ninguna teología es capaz de explicar completamente a la manera humana el Amor que Dios ha tenido y tiene por nosotros, cuya manifestación más gloriosa encontramos en el Misterio incomprensible de la Resurrección de Jesús. Esta afirmación del Pontífice debe ser entendida correctamente, en el sentido no de negar valor a las disquisiciones teológicas que históricamente se han sucedido en el campo de la Teodicea o “justificación de Dios”, sino en el de poner el acento en la subordinación de la lógica humana, incluso teológica, a la apertura del corazón, dispuesto a recibir el Misterio por excelencia: la respuesta a “la Pregunta” o “el Problema por antonomasia”. La pregunta sobre la vida y sobre la muerte, sobre lo divino y lo humano, sobre el sentido de nuestra vida, de nuestro dolor y sobre el anhelo de felicidad impreso en el corazón de todos los hombres.

Todas estas cuestiones se unen en misteriosa comunión en el “Exultávit” a la luz del Cirio Pascual encendido esta misma noche, en el lucernario que da inicio de la Vigilia Pascual en el que la luz pascual del Cirio, y que representa la Luz de Cristo, Luz del mundo y para el mundo, Luz “que no mengua cuando se reparte” es multiplicada en un luminar de velas más pequeñitas portadas por los asistentes, mientras se escuchan acordes gregorianos que cantan versos sagrados como “Ésta es la noche de la que estaba escrito: “será la noche clara como el día, el día claro como la noche”; o “¡qué noche tan dichosa, donde se unen el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!”  Así, el Misterio de la Resurrección, se abre camino a través de la teología, de la liturgia, del culto y de la experiencia personal de la Presencia de Dios a la verdad última sobre la muerte y sobre los enemigos de la Humanidad: y el mensaje, o, mejor, uno de los mensajes de la Pascua cristiana, es que la muerte no tiene la última palabra. Y como no la tuvo para Jesús, según su Palabra, tampoco la tendrá para nosotros, pues el Amor triunfa sobre la muerte. El mensaje de la Resurrección pascual nos enseña o, mejor, nos muestra, que Dios es un Dios de amor, y que, como dicen las escrituras, es un Dios de vivos, y no de muertos. El triunfo del amor y de la vida es lo que celebramos en la Pascua cristiana, que en su acepción originaria judía significa paso; pero en esta ocasión se trata del paso definitivo hacia una vida nueva, a la vida nueva, a la vida de verdad en el Ser de Dios, que sustenta constantemente toda nuestra existencia. Una vida eterna, incomprensible, misteriosa, que ya ha comenzado, y que, aunque no la entendamos, podemos en ocasiones vislumbrar como la gran promesa de Nuestro Señor Jesucristo, aun en medio de los sufrimientos.

Vivimos tiempos difíciles para la fe, pero, sobre todo, para la esperanza. Las intolerables desigualdades entre personas y Naciones ricas y pobres, las injusticias flagrantes, la pérdida de los valores tradicionales y no tradicionales, las falsas seducciones del mundo de las que nadie, en algún momento de sus vidas, está libre de entregarse, el “silencio de Dios”, tan meditado y sufrido en la tradición de las Iglesias reformadas, pero también en la Iglesia Católica, los azotes de la guerra, las hambrunas, los desastres naturales, la presencia del Mal en las diversas formas de terrorismo, de indiferencia, de arrogancia, de comodidad y de banalidad excluyentes, y otras muchas cosas que “no están bien” en el mundo hacen muy difícil al hombre y a la mujer de hoy, al hombre y la mujer de la Posmodernidad, creer en un Dios. Y mucho más difícil creer en un Dios mecanicista, como lo pensaran filósofos como Pascal o Hume, o en un Dios que se desentiende de la vida de los hombres. Por el contrario, el Dios del que nos habla el cristianismo es un Dios activo, amante, hasta el punto en que es Él mismo, una comunidad de Amor conformada por un Dios-relación, en el Misterio de la Santísima Trinidad. Un Dios trascendente e inmanente, que por su encarnación se ha unido misteriosamente a todo el género humano, como recordaba hace no mucho, en la liturgia de la Navidad, el papa Francisco. Un Dios que vive, experimenta la alegría y la tristeza, se acerca y tiene trato con buenos y malos. Un Dios que se compadece del dolor de los hombres, hasta el punto de cargar sobre sí todos los pecados de la Humanidad y justificarla. Y, al final de todo este camino, un Dios que resucita, y que “va por delante” a prepararnos el camino. Jesucristo intercede en la Eternidad del Padre a través de su Espíritu por toda la Humanidad, tan querida por Dios. En este Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, el Papa nos invita a dejarnos tocar por esta Luz de esperanza, como los primeros cristianos, de los que relata San Pablo que “esperaron contra toda esperanza”. Contra toda esperanza humana. Y es que sólo a través de la fe podemos entrar en la dimensión, realmente ininteligible, de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Pero, llegados a este punto, podríamos preguntarnos: ¿Por qué muchos cristianos no nos alegramos de verdad? ¿Cambiará nuestra vida después de una Pascua más? ¿Nos hará más buenos? ¿Nos hará capaces de soportar los dolores del mundo movidos por la fe en el Resucitado que, en la noche de su Pasión, le dijo a sus discípulos que venció al mundo?

Puede que sí, y puede que no. Pero no por eso los que creemos que Nuestro Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos y que, realmente va por delante, a prepararnos el camino del Reino de los Cielos, tenemos una razón práctica, que es fruto de una profunda creencia, que puede darnos razones para la esperanza.

Jesús, que experimentó el dolor físico, psicológico y el abandono espiritual y moral, es consciente de esto. Y sabe que no es suficiente comprender intelectualmente el mensaje de que Él va por delante hasta que este mensaje no llegue a impregnar nuestras almas, todo nuestro ser y nuestras vidas. Porque nuestra vida cristiana depende de que interioricemos lo que significa la Resurrección, aun sin comprenderla del todo. En la vida de la Iglesia que Jesucristo encomendó a sus discípulos, y que, tal y como proclama el Concilio Vaticano II, subsiste a día de hoy en la Iglesia Católica, se da la comunicación de la gracia que Jesús dio a sus discípulos tras su Resurrección. Por medio del Espíritu Santo, que es el Espíritu de Dios, la gracia es capaz de liberar al hombre de todas las cadenas de este mundo que le tienen atado. En la concepción socioantropológica cristiana del ser humano, y sin necesidad de ahondar mucho en profundidades teológicas, la gracia pasa primero el espíritu o alma (pnéuma), de ahí a la mente (psiché) y de ahí al soma (cuerpo). Pero el trabajo de interiorización de sentirnos perdonados, y no sólo, sino amados por Dios sin medida, y en la libertad de los hijos de Dios por adopción, se realiza en buena parte a través de nuestra colaboración y del resto de colaboraciones humanas, misteriosamente gobernadas por la Providencia. Y, en definitiva, es un trabajo espiritual en cuyo progreso siempre estamos en camino, siempre estamos de paso, de “Pascua” en el sentido etimológico judío antiguo. Somos nosotros los que, a través de los signos tangibles de nuestro prójimo, y, en este Año Jubilar de la Misericordia, del ejemplo de los cristianos, los que a veces tenemos que hacer un trabajo difícil: dejarnos sanar por la gracia de Dios. Por su Misericordia. Tampoco Jesús en su vida mortal se sustrajo a las colaboraciones humanas. Sobre este volveré, D. m., en la próxima entrada de carácter religioso, dedicada a la Fiesta de la Divina Misericordia.

Dios no nos ahorra el sufrimiento. Jesús mismo, como recordaba hace unas líneas, se lo dice a sus discípulos en la Última Cena: “En el mundo pasaréis tribulación; pero tened valor: yo he vencido al mundo (Jn 16, 33). El sufrimiento, incomprensible para casi todo el mundo, no deja de ser un Misterio (como la vida, y la vida eterna), que, por lo menos, por lo que el autor de estas líneas respecta, nunca es comprendido del todo. Ninguna teodicea, por elaborada que sea, puede superar el “non liquet” al que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, con siglos de filosofía y teología a nuestras espaldas, de Oriente y Occidente se ven hoy muchas veces abocados como conclusión humana, que, como todas, sólo puede ser provisional. El respetado teólogo católico Hans Küng, movido por una fuerte confianza en Jesucristo, escribía en su libro “Credo” (1990), frente al absurdo de un mundo sin Dios, si bien Dios no nos preserva de todo sufrimiento, sí nos preserva en todo sufrimiento. La Persona de Jesucristo, que vivió y murió por nosotros, nos ha dejado un ejemplo vivo en la Historia del mundo de que el Amor es capaz de ser una razón ética suficiente para dar la vida. Lo que venga después, no lo sabremos hasta que no pasemos, cada uno de nosotros, por la muerte. Por la muerte en Cristo. Pero la fe y la esperanza en las palabras del Hijo del Hombre, como se refería a sí mismo Jesús, que significa “alguien como nosotros” en el original hebreo, y sus palabras, nos invitan a confiar siempre en Dios, que es Padre Misericordioso.

La Resurrección de Jesucristo es la respuesta de Dios padre a a desesperación en Getsemaní, a las burlas y las torturas de los soldados romanos, al camino al Gólgota, de la dolorosa muerte en cruz. En la figura de Jesuscristo desfigurado podemos ver, como proclamaba ayer el papa Francisco en la liturgia del Viernes Santo, a Aquél “varón de dolores” que vive, ama y sufre como consecuencia del Amor verdadero, y en el que tantas veces el Papa nos invita a reconocer a las personas “descartadas de esta sociedad”: a los refugiados, a los emigrantes, a los pobres, a los atribulados, por quienes rezamos en una de las invocaciones de las preces del Oficio del Viernes Santo. Sin embargo, tras el luto de la Semana Santa, la Iglesia nos invita, como en los primeros tiempos, a mirar más allá. Es precisamente la fe en el Resucitado la que mueve la acción (praxis) de las primeras comunidades cristianas de Oriente y Occidente, y la que continúa dirigiendo la barca de la Iglesia hoy en día. Una fe tan firme que sólo puede proceder del encuentro con el Amor que lleva a dar la vida. Jesucristo, con su muerte, ha vencido al mundo y a nuestra propia muerte, y, resucitando, nos ha dado la vida propia de la comunión con la Santísima Trinidad: la vida nueva que brota de la filiación divina por adopción, recibida ordinariamente a través del Sacramento del Santo Bautismo. El Paraíso, cerrado por el pecado del hombre, es de nuevo abierto a toda la Humanidad ya desde el Viernes Santo. Pero con la Resurrección, Jesús nos regala el precioso don de la filiación divina y el don de que, como canta una hermosa canción de la Iglesia Católica, “amigo mío, también a ti, un tercer día te llegará”, de donde es posible volver al “Exultávit” inicial de la Vigilia Pascual siendo más conscientes de los planes del Amor de Dios para la Humanidad, y proclamar, como los Padres de la Iglesia, que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, y “Feliz culpa, que mereció tan grande Redentor”.

Como en años anteriores, agradeciéndoos las constantes visitas a mi humilde blog desde todos los rincones de la Tierra, aun a pesar de la disminución del número de entradas desde que que yo comenzara a trabajar de manera regular, desde todos los rincones de la Tierra, os envío un mensaje de comunicación pascual en casi todos los idiomas de los países de los que me han visitado, como muestra de gratitud y reconocimiento.

Paz a vosotros. Que no tiemble vuestro corazón, que no se acobarde: Os deseo de todo corazón una Feliz Pascua de Resurrección y un tiempo pascual lleno de gozo y alegría. Cristo ha resucitado: ¡Aleluya!
Please excuse my spelling and syntax mistakes in every language. I will try to wish you happy Easter in all your mother languages.

En expresión inglesa:

Peace may be with you: I wish with all my heart a happy Easter full of joy and a gladness Eastertime. Christ is resurrected, Hallelujah!
En expresión francesa:
La paix soit avec vous: je souhaite de tout mon cœur plein d’allégresse pascal. Le Christ est ressuscité, Alléluia!
En expresión italiana:
La pace sia con voi: Vi auguro con tutto il mio cuore una felice Pasqua e un tempo pasquale pieno di gioia e di letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión napolitana:
A pace sia cu’ voi. Vi auguro con tutt’ el mio core ‘na felice Pasqua e nu tempo pasquale pien di gioia e letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión romanesca:
A pace sia co’ voi, Ve auguro con tutt’ el mio cuore una felice Pasqua e un tempo pasquale pieno de gioia e de letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión catalana:
Pau a vosaltres: Us desitjo de tot cor una feliç Pasqua de Resurrecció i un temps pasqual ple de goig i alegria. Crist ha ressuscitat: Al · leluia!
En expresión galega:
Paz a vosotros: Os deseo feliz de todo corazón unha Pascua de Resurrección llena de alegría pascal e gozo. Cristo resucitou: ¡Aleluia!
En expresión euskera:
Vosotros bakean: The deseo una ematea zoriontsua Pazko eta a tiempo lleno pazko poza eta zoriona. Kristo gora egin du: ‘hallelujahs’!
En expresión portuguesa:
Paz a vosotros: Os desse de todo o coração uma feliz Páscoa da Ressurreição e um Tempo pascal lleno de gozo e alegria. Cristo foi ressuscitado: ¡Aleluya!
En expresión alemana:
Friede sei mit euch: Ich wünsche Ihnen von ganzem Herzen ein frohes Osterfest und eine Osternzeit mit voller Friede und Freude. Christus ist auferstanden, Halleluja!
En expresión holandesa:
Vrede zij met u: ik wens met heel mijn hart een vrolijk Pasen en vol vreugde en blijdschap Eastertide. Christus is verrezen, Halleluja!
En expresión polaca:
Pokój niech będzie z wami: Życzę z całego serca Wesołych Świąt i pełne radości i wesela Wielkanocnym. Chrystus zmartwychwstał, Alleluja!
En expresión danesa:
Fred være med dig: Jeg ønsker af hele mit hjerte en god påske og fuld af fryd og glæde Eastertide. Kristus er opstanden, Halleluja!
En expresión noruega:
Fred være med deg: Jeg ønsker av hele mitt hjerte en god påske og full av fryd og glede påsketid. Kristus er oppstanden, halleluja!
En expresión sueca:
Frid vare med dig: Jag önskar av hela mitt hjärta en glad påsk och full av glädje och fröjd Eastertide. Kristus är uppstånden, Halleluja!
En expresión finesa:
Rauha teille: Toivon koko sydämestäni hyvää pääsiäistä ja täynnä iloa ja riemua Eastertide. Kristus nousi kuolleista, Halleluja!
En expresión islandesa:
Rauha teille: Toivon koko sydämestäni hyvää pääsiäistä ja täynnä iloa ja riemua Eastertide. Kristus nousi kuolleista, Halleluja!
En expresión húngara:
Bárcsak minden a szívem boldog húsvéti és teljes az öröm és a boldogsághúsvéti.Krisztus feltámadott, Alleluja!
En expresión búlgara:
Мир вам: Желая с цялото си сърце щастлив Великден и пълна с радост. Христос е възкръснал, Алилуя!
En expresión rumana:

Pacea să fie cu voi: doresc cu toată inima mea un Paste fericit si plin de bucurie și veselie pascal. Hristos a înviat, Aleluia!

En expresión ucraniana:

Мир вам: Я хочу від усього серця раді Великодня і повний радості і веселощів Великдень. Христос воскресе, Алилуя!
En expresión lituana:
Linkiu iš visos širdies Linksmų Velykų ir pilnas džiaugsmo ir džiaugsmasVelykų.Kristus prisikėlė, Aleliuja!
En expresión letona:
Es vēlos no visas sirds Priecīgas Lieldienas un pilna ar prieku un līksmībuLieldienās. Kristus ir augšāmcēlies, Alleluia!
En expresión estona:
Soovin kogu südamest õnnelik lihavõtted ja täis rõõmu ja rõõm Eastertide.Kristuson üles tõusnud, halleluuja!
En expresión rusa:
Мир вам: Я хочу от всего сердца рады Пасхи и полный радости и веселия Пасху. Христос воскресе, Аллилуиа!
En expresión croata:
Mir s vama: Volio bih svim srcem sretan Uskrs i puna radosti i veselja uskrsno vrijeme. Krist je uskrsnuo, Aleluja!
En expresión eslovena:
Želim si, z vsem srcem vesel velikonočni in poln radosti in veseljaEastertide.Kristus je vstal, Aleluja!
En expresión turca:
Barış sizinle olsun: Ben bütün kalbimle mutlu bir Paskalya ve neşe ve sevinç paskalya dolu diliyorum. Mesih, Alleluia yükseldi!
En expresión azerí:
Mən bütün ürəyimlə xoşbəxt Pasxa sevinc. Məsih elhamdülillah artmışdır deyil!
En expresión afrikáans:
Ek wens met my hele hart ‘n gelukkige Paasfees en vol van vreugde en blydskapPaasfees. Christus het opgestaan​​, Halleluja!
En expresión suajili:
Napenda kwa moyo wangu wote na furaha Pasaka na kamili ya furaha. Kristo amefufuka, Haleluya!
En expresión somalí:
 
Waxaan jeclaan lahaa qalbigaaga oo dhan ku faraxsan Easter ah iyo ka buuxaanfarxad iyo rayrayn Eastertime. Masiixa sara kacay, Alleluia!
En expresión zulú:
Ngifisa ngayo yonke inhliziyo yami ibe Easter ojabulisayo futhi igcweleinjabulonokuthokoza Eastertime. UKristu uvukile, Alleluia!
En expresión malaya:
Saya ingin dengan sepenuh hati yang Paskah gembira dan penuh dengan kegembiraan dan sukacita Eastertide. Kristus bangkit, Alleluia!
En expresión hindi:
मैं दिल से चाहता हूं और पूवीऩ खुशी खुशी खुशी और पूवीऩ के एक बार पूर्ण. ईसा बढ रहा है: पोस्को!
En expresión china:
愿你们平安:我想用我所有的心脏复活节快乐,充满喜悦和欢乐复活节季的。基督复活了,哈利路亚!
En expresión mongola:
Би бүх зүрх сэтгэл, аз жаргалтай Улаан өндөгний баярын болон баяр хөөр.Христ, Alleluia амилсан байна!
En expresión tailandesa:

ฉันต้องการพร้อมด้วยหัวใจของฉันมีความสุขวันอีสเตอร์และวันอีสเตอร์เวลาที่มีความสุขและความสุขพระเยซูคริสต์ได้ลุกขึ้นทหารชรา

En expresión japonesa:
平和はあなたと一緒に:私はすべて私の心幸せなイースターをお祈りし、喜びと喜び復活節の完全な。キリストは、ハレルヤ上昇している!
En expresión tagala:
Gusto ko ang lahat ng aking puso isang Maligayang Pasko ng Pagkabuhay at puno ng kagalakan at kagalakan Eastertime. Si Kristo ay risen, Alleluia!
En expresión papiamienta (Aruba)
Os deseo di todo corason una felice pascua di Resurreccion cu paz. Kristo ha resucitado: Aleluya!
En expresión árabe:
واود ان الجنسين كفالة النجاح من اعماق قلبى عيد الفصح, وقت باسكوال اعادة مليئة غوزو والسرور. السيد المسيح بعثت من جديد: ولندع
 
En expresión hebrea:
שלום לכם: אני מאחל בכל לבי חג הפסחא שמח ומלא שמחה ושמחה חג הפסחא. המשיח קם, הללויה!
En expresión yidis:
אַ וואָסאָטראָס: אָס דעסעאָ דע טאָדאָ קאָראַזאָון ונאַ פעליז פּאַסקואַ דע רעסוררעקסיóן. קריסטאָ המגיד רעסוסיטאַדאָ: ¡אַלעלויאַ!
En expresión esperanta:
Paco estas vosotros: Os Nokto de todo koro una Feliĉa rospis de Reviviĝo. Cristo ha Revivigita: £ Haleluja!
En expresión griega:
Ειρήνη μαζί σας: εύχομαι με όλη μου την καρδιά μια χαρά το Πάσχα και το Πάσχα μια φορά γεμάτο χαρά και ευτυχία. Χριστός έχει αυξηθεί: αλληλούια!
En expresión latina:
Pax vobiscum: Cristus resurrexit, sicut dixit! Halleluihah!
De nuevo, Feliz Pascua a todos,
Pablo
Exultavit de la noche de la Vigilia Pascual (pregón pascual). Desde que acudo a la Vigilia Pascua, siempre me ha emocionado el momento en el que el diácono entona este antiguo canto, como diría San Agustín, de belleza tan antigua y tan nueva. La versión es en lengua vernácula castellana, con estilo gregoriano:
https://www.youtube.com/watch?v=NK6I1JoabRU (pregón pascual gregoriano con subtítulos)
Dos piezas más con el deseo de que concedan paz al corazón:
 https://www.youtube.com/watch?v=llyADThAg5o (Leonard Cohen / Jeff Buckley – Hallelujah (Hannah Trigwell live cover)
Pablo Luis Guérez Tricarico. Hijo redimido por la gracia de Dios el 19 de mayo de 1979
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Tú eres mi Hijo amado: en ti me complazco

enero 11, 2015 § Deja un comentario


 

A mis padres y padrinos de Bautismo

“En aquel tiempo, predicaba Juan diciendo: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo». Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a Él. Y se oyó una voz que venía de los cielos: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco»” (Mc 1, 7-11)

 

Tú eres mi Hijo amado: en ti me complazco.

Tú eres mi Hijo amado: en ti me complazco.

 

Hoy la Iglesia Católica latina se viste de blanco para conmemorar la Solemnidad del Bautismo de Nuestro Señor Jesucristo. Con la celebración de esta Fiesta, se cierra el tiempo litúrgico de Navidad y comienza el tiempo ordinario antes de Cuaresma.

Hoy es, ante todo, un día de gozo y alegría. El acontecimiento histórico del bautizo de Jesús en el río Jordan, que ya es reconocido como Misterio luminoso en el rezo del Rosario a partir de la reforma de esta devoción introducida por San Juan Pablo II, no debe llevarnos a desconocer la realidad teológica, mucho más honda, del significado de dicho acontecimiento. El bautismo de Jesús a manos de Juan el Bautista marcó el inicio de la vida pública de Jesús, tras unos treinta años de vida oculta, de la que apenas sabemos nada, al menos por los Evangelios canónicos. En el momento de recibir el bautismo, Jesús, el Inocente por antonomasia, recibe de su Padre celestial la plenitud del don del Espíritu Santo. La Trinidad completa está presente en esta nueva gran epifanía o manifestación de Dios a los hombres. La carne humana de Jesús, ya en previsión de los méritos de su Pasión y su Cruz, es trasformada, es glorificada visiblemente por el don del Espíritu en su plenitud comunicado por el Padre al Hijo hecho hombre. Será a partir de entonces cuando sus discípulos de Israel le reconozcan como “el Cristo”, que significa “ungido”. Como el Mesías, el Salvador del mundo, y el Hijo de Dios, destinado a llevar a cabo la misión salvífica de la redención del género humano.

Pero… ¿qué importancia puede tener esta celebración litúrgica para nosotros, y, sobre todo, qué relación puede tener con nuestra propia vida?

Pues, a mi juicio, mucho.

Es cierto que, para algunos que ya vamos cumpliendo una edad, con ocasión de la celebración del Bautismo de Jesús pueden aparecer sentimientos de nostalgia, que nos recuerden nuestro propio bautismo, con un recuerdo real o imaginario, ya que normalmente, en la tradición latina, el bautizo suele ser administrado en la niñez; juntos a estos sentimientos, también puede aparecer el recuerdo mitificado de la inocencia y de la infancia perdidas que, de alguna manera, imbuye también todo el espíritu del tiempo de Navidad.

Sin embargo, si profundizamos en el Misterio del Sacramento del Bautismo, podemos encontrar en él, todavía, la fuerza de lo Alto para seguir esperando, renovando nuestras promesas bautismales, ya fueran aquéllas hechas en nuestra vida por nosotros mismos o por nuestros padres o representantes legales en nuestro nombre.

Pues una cosa fue nuestro bautizo, una ceremonia, de apenas unos minutos, limitada a un momento temporal muy concreto, y la otra, el Sacramento del Bautismo, mediante la cual no sólo recibimos el perdón y la remisión total de todos nuestros pecados y de nuestras penas, quedando nuestra alma blanca como la nieve; en este sentido, la vestidura blanca que se impone a los catecúmenos y que se nos entregó en su día simboliza esa pureza originaria que ya quiso prefigurar Jesús con su Bautismo en el río Jordán, y que después instituyó, tras su resurrección, con la fórmula trinitaria, mandando bautizar a todo el mundo, “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19), después incorporada al Credo de Nicea-Constantinopla y cuya fórmula es válida en cualquier Iglesia cristiana, católica, ortodoxa, reformada, copta, armenia o de otro rito.

Con el Bautismo recibimos mucho más: la condición de Hijos de Dios por adopción, partícipes de la gracia divina y coherederos con Cristo, según relata San Pablo. Y el don del Espíritu Santo, cuya plenitud alcanzamos, en la Iglesia Católica, con el Sacramento de la Confirmación, inmediatamente ligado al primero y administrado seguidamente en las Iglesias de rito oriental en comunión plena con el Romano Pontífice. Recibimos, por tanto, mucho más de lo que perdimos con la desobediencia de nuestros primeros padres. Y el Sacramento del Bautismo, unido al de la Confirmación, son indelebles o, como se decía antes, imprimen carácter; nuestra condición de Hijos de Dios es la que nos hace ser sujetos de la gracia divina que se nos derrama copiosamente en los demás Sacramentos y que constituyen el alimento de nuestra vida y crecimiento espirituales, incluido el Sacramento de la Confesión o de la Reconciliación. Por tanto, siempre podemos volver a activar los resortes que nos permitan comenzar de nuevo, rehacer nuestra vida, por maltrecha que esté; dejar que Dios haga su obra en nosotros y volver nuestra mirada a nuestro Padre celestial en las alturas, Quien, como en una de las pocas teofanías narradas en el Nuevo Testamento, nos dirá con ternura: “Éste es mi hijo amado: en ti me complazco”.

 

 

A.I.P.M.

A.M.D.G.

Creative Commons License
Tú eres mi Hijo amado: en ti me complazco by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International License.
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MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: SEÑOR, TE PIDO…

octubre 5, 2014 § 1 comentario


Dios Padre rico en Misericordia, hoy Tu Iglesia celebra la memoria de Santa Faustina Kowalska, Apóstol de tu Misericordia, como San Francisco de Asís, cuya Fiesta celebramos ayer, fue el Apóstol de tu Amor y de la pobreza que tu Hijo eligió para enriquecernos con los dones de Tu Espíritu y hacernos dignos de Tu presencia. Te pido, tal y como Tu Hijo le encomendó a Santa Faustina Kowalska esta oración, tan bendecida por tu humilde siervo San Juan Pablo II, que, por Su dolorosa Pasión, tengas Misericordia de nosotros y del mundo entero.
Porque las Misericordias del Señor son más grandes que todas sus obras. Por eso cantaré las Misericordias del Señor por siempre. Pablo.

 

Jesús de la Misericordia

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

SEÑOR TE PIDO

Ver la entrada original

Misericordia Divina, en Ti confío.

abril 27, 2014 § Deja un comentario


 

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En este Segundo Domingo de Pascual, o Domingo de la Octava de Pascua, por institución de San Juan Pablo II, que ha sido llevado hoy a los altares con su proclamación de santo para mayor Gloria de Dios, junto a su precedesor en la silla de Pedro Juan XIII, se celebra la Fiesta de la Divina Misericordia.

Esta Fiesta, que se celebra el domingo siguiente a la Pascua y, como he comentado, instituida por San Juan Pablo II, tiene su origen en las revelaciones que, privadamente, le habrían hecho Jesús y la Virgen a Sor Santa Faustina Kowalska, a quien Jesús le mandó escribir un prolijo diario. En él se describen multitud de revelaciones privadas en torno a la idea de la Misericiordia infinita, como el atributo más excelso de Dios. Jesús mandó a Santa Faustina que pintara un cuadro, que hoy es objeto de veneración en todas las Igleas.

MISERICORDIA: Se trata de una preciosa palabra, hoy para mucha gente vacía de significado, y que ha sido sustitudia por otras palabras más “políticamente correctas”, como solidaridad (Fresneda Crespo, A., en conversación, 2014), la cual tiene un significado análogo, pero no igual. Misericordia tiene un significado etimológico preciso, que nace de la unión de dos términso latinos: miseria y corazón, y literalemente vendría a quivaler a dar corazón a la miseria. En el contexto regligioso y humano en el que estamos tratando, misericordia supone compadecerse del otro de, prójimo, del enfermo, del “miserable”, de aquél que no tiene nada, del hambriento, del sediento, del necesitado, del preso, del imigrante, del desvalido, de la viuda y del huérfano, del discapacitado, y de una larga lista de colectivos que mi agotamiento me impide, por su gran número, mencionarlos a todos. Se trata de “Los miserables”, como en la novela de Víctor Hugo, de los excluidos, de los desvaforecidos, de los marginados, de las víctimas, de los desahuciados, de los desamparados y de los parias de la Tierra. Aquellos que algún día la heredarán para siempre, porque heredarán el Reino.

Pero más allá de todo esto, la idea de misericordia -y más de una Misericordia divina-, nos remite a la idea de perdón; de perdón de los pecados, que fue para lo que Él vino, para con que Su muerte fuera borrado el antiguo pecado de Adán y todos los pecados de toda la Humanidad, y para que con su Resurreción nos diera vida eterna, haciéndonos a nosotros Hijos de Dios, y partícipes de Su natulaza y vida divinas. La salvación es para todos: pero sobre todo, para los más miserables, ya se trate, como explicaba el papa Francisco en el mensaje para la Cuaresma de este año, de miseria materia, espitual o moral, siendo estas últimas las miserias más miserables. Pero el Misterio inefable de la Divina Misericordia, que nace del Amor prefecto de Dios, no conoce límites. Incluso el pecador más empedernido a los ojos del mundo puede abrirse a la Divina Misericordia, tantas veces que, estando bien dispuesto, la pida. Basta un punto, como diría el Tenorio, para salvarnos y obtener esa gracia inefable que es la Misericordia Divina. Es más, de Santa Faustina, el Magistero de la Iglesia, Dios da a todas las personas agonizantes, aun sin fuerzas, un momento de lucidez antes de la muerte en el que pueden impetrar Su misericordia. Y, misteriosamente, afirma Santa Faustina, muchas almas se han salvado así, muchas veces ayudadas por la oración de intercesión de otras almas, de los Santos y, de un modo especialísimo, de la Santísima Virgen María, Madre de Dios. Es un mensaje de esperanza para toda la Humanidad. Su muerte de la falta más leve al pecado más horrendo. No hay nada que Dios no pueda perdona, pues, como reza el Salmo 135. Su cólera dura un segundo. Pero Su Misericordia es para siempre. Con tal de que nosotros nos fiémos de él, le abramos en corazón y, arrepentidos de nuestros pecados, nos propongamos, con la ayuda de Su Divina Gracia, nunca más pecar. Y ello, tantas veces cuando haga falta, porque Dios perdona, como dice en Su Evagelio, setenta veces siete. Es decir, Dios perdona siempre y, al mismo tiempo, en el Sacramento de la Reconcilación, derrama, según el Diario de Santa Faustina, un torrente de gracias.

Seamos, pues, un torrente de Misericordia como los demás, pues, los hemos recibido la Misericordia de Dios no se la puede guardar para sí, sino que la tiene que ir derramando por el mundo, allá donde esté, a veces con pequeñas obras que quizá no sean tan pequeñas: un gesto amable, una palabra de consuelo, una visita a un enfermo, un pequeño sacfrificio para agradar a los demás, un comportamiento amable con alquien que no nos cae muy bien o que incluso nos tenga como enemigo, un comportamiento y una actitud empática y compasiva, no juzgadora para con los demás, en la idea de “aborrece el pecado, pero compadece al pecador””, de la misma manera que hizo Jesucristo, amándonos con un corazón divino, pero también humano. Pidámosle al Señor que, los que hemos conocido la paz que da nuestra justificación ante el Padre por Su Misericordia, nos sintamos siempre confortados por ella, especialmente en los períodos de mayor prueba y tribulación, y que vayamos por el mundo siendo personas misericordiosas, derramando Misericordial por donde quiera que los Caminos del Señor nos lleven.

A continuación es dejo con un enlace de Yuotube con la coronilla o rosario de la Divina Misericordia cantado:

Y, para quien quiera seguir leyendo, con las letanías a la Divina Misericordia, tomadas de la página de Satna Faustina y que conviene rezar tras el rosario o la coronilla, a las que pueden añadirse, como yo he hecho, algunas letanías de los Santos que vivieron o se sintieron unidos especialmente a la Divina Misericordia, y que no me he resistido a incorporar en este blog, pues son, al humilde juicio de este fiel de la Iglesia, unas de las letanías más preciosas del Devocionario Romano. Que las disfrutéis. Paz y Misericordia para todos.

Pablo Guérez Tricarico

 

Letanías a la Divina Misericordia

Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.

Jesucristo, óyenos.

Jesucristo, escúchanos.

Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros.

Dios Hijo, Redentor del mundo, ten piedad de nosotros.

Dios Espíritu Santo, ten piedad de nosotros.

Santísima Trinidad que eres un solo Dios verdadero, ten piedad de nosotros.

Después de cada invocación se dice:   En ti confío”                        

(Diario, 949):

1.  “Misericordia Divina, que brota del seno del Padre.

2.  Misericordia Divina, supremo atributo de Dios.

3.  Misericordia Divina, misterio incomprensible.

4.  Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad.

5.  Misericordia Divina, insondable para todo entendimiento humano o angélico.

6.  Misericordia Divina, de donde brotan toda vida y felicidad.

7.  Misericordia Divina, más sublime que los cielos.

8.  Misericordia Divina, fuente de milagros y maravillas.

9.  Misericordia Divina, que abarca todo el universo.

10.  Misericordia Divina, que baja al mundo en la Persona del Verbo Encarnado.

11.  Misericordia Divina, que manó de la herida abierta del Corazón de Jesús.

12.  Misericordia Divina, encerrada en el Corazón de Jesús para nosotros y especialmente para los pecadores.

13.  Misericordia Divina, impenetrable en la institución de la Sagrada Hostia.

14.  Misericordia Divina, en la institución de la Santa Iglesia.

15.  Misericordia Divina, en el sacramento del Santo Bautismo.

16.  Misericordia Divina, en nuestra justificación por Jesucristo.

17.  Misericordia Divina, que nos acompaña durante toda la vida.

18.  Misericordia Divina, que nos abraza especialmente a la hora de la muerte.

19.  Misericordia Divina, que nos otorga la vida inmortal.

20.  Misericordia Divina, que nos acompaña en cada momento de nuestra vida.

21.  Misericordia Divina, que nos protege del fuego infernal.

22.  Misericordia Divina, en la conversión de los pecadores empedernidos.

23.  Misericordia Divina, asombro para los ángeles, incomprensible para los Santos.

24. Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios.

25.  Misericordia Divina, que nos rescata de toda miseria.

26.  Misericordia Divina, fuente de nuestra felicidad y deleite.

27.  Misericordia Divina, que de la nada nos llamó a la existencia.

28.  Misericordia Divina, que abarca todas las obras de sus manos.

29.  Misericordia Divina, corona de todas las obras de Dios.

30.  Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos.

31.  Misericordia Divina, dulce consuelo para los corazones angustiados.

32.  Misericordia Divina, única esperanza de las almas desesperadas.

33.  Misericordia Divina, remanso de corazones, paz ante el temor.

34.  Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas.

35.  Misericordia Divina, que infunde esperanza, perdida ya toda esperanza”.

                                                                                                                        (Diario, 949).

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.                          

Perdónanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.                          

Escúchanos, Señor.

Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo.

Ten piedad de nosotros

Santa María, Madre de Dios,

Ruega por nosotros

Santa María Magdalena,

Ruega por nosotros,

Santos Pedro y Pablo, apóstoles de Cristo,

Rogad por nosotros

Santos Arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael,

Rogad por nosotros

Santos Ángeles Custodios,

Rogad por nosotros

Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia,

Rogad por nosotros

San Judas Tadeo, apóstol de Cristo y abogado de las causas desesperadas,

Ruega por nosotros

San Agustín, Doctor de la Iglesia,

Ruega por nosotros

San Juan María Vianney, pastor de almas,

Ruega por nosotros

Santa Faustina Kowalska,

Ruega por nosotros

San Juan XXXIII,

Ruega por nosotros

San Juan Pablo II,

Ruega por nosotros.

V.  Las Misericordias de Dios son más grandes que todas sus obras.

R.  Por eso cantaré las Misericordias de Dios para siempre.

Por último , es conveniente rezar una Salve a la Virgen, Madre de  Misericordia

ORACIÓN

“Oh Dios Eterno, en quien la misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu santa voluntad, que es el Amor y la Misericordia Mismos. Amén” (Diario, 950).

 

Carta a los Reyes Magos. De paso, una breve recensión a “Barioná”, de J. P. Sartre.

enero 6, 2014 § 2 comentarios


Imagen

La Adoración de los Magos, Eugenio Orozco, Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid

 Yo quisiera ofrecerte también algún presente que te agrade, Señor, mas Tú ya sabes que soy pobre también, y no poseo más que un viejo tambor (El tamborilero)

A SS. MM. los Reyes Magos de Oriente:

Queridos Reyes Magos:

Seguramente recordaréis la última carta que os escribí. O al menos la última vez que dejé los zapatos junto a la ventana; creo recordar que yo estaba ya bastante “crecidito”, por encima de la veintena. Para vosotros, no hace mucho, pues contáis el tiempo por siglos, aun por milenios. Pero el Señor, al Cual tuvisteis el privilegio de adorar de Niño y de ofrecerLe vuestros presentes, os concedió el don de poder contar el tiempo por siglos, cuando no por milenios, para llevar regalos y, sobre todo, alegría, a los niños de todo el mundo. Incluso a los que se han portado mal, pues vosotros sabéis muy bien que un niño, por mal que se haya portado, nunca es “malo”, ni se le puede juzgar como a un adulto: los niños son siempre buenos, aunque algunos de ellos cometan atrocidades, pues, en el fondo utilizando las palabras del propio Niño Jesús, ya con treinta y tres años, “no saben lo que hacen”, especialmente los niños maltratados o los que han sufrido problemas. Por eso, como mucho, y con muy buen criterio, les lleváis carbón, pero dulce. A veces nosotros, ya adultos, tampoco sabemos lo que hacemos, o lo hacemos sin malicia, o no podemos actuar de otra manera. La edad adulta, las circunstancias, nos complican tanto las cosas, que uno de los bienes más preciados que nos ha dado nuestro Creador -como vosotros sabéis, la Libertad-, se ve muy mermada, cuando no anulada por completo. Y aunque actuemos con libertad, nuestras debilidades, con la posibilidad de cometer errores que se ve demostrada empíricamente en todas las personas, no debe suscitar en nosotros únicamente una exigencia de responsabilidad. Tal tipo de sociedad fría, como era la sociedad judía desde los tiempos de Moisés, nacida bajo la Ley, hace mucho que fue desterrada -como ya venía siendo profetizado por el Libro de los Salmos y por los Libros Proféticos- por la Luz, por Jesucristo, quien, junto a la lógica contrapartida de la responsabilidad por lo cometido, le añadió, por así decirlo, el calificativo de “humana”. Nuestra responsabilidad no es una responsabilidad de ángeles, de ser incondicionados por factores externos o internos que influyen en nuestra libertad, sino de hombres; y como hombre, Nuestro Señor mismo quiso experimentar en su propia carne y en su alma las debilidades, la fragilidad, la duda del ser humano. Nuestro Señor fue el que mejor ha hablado en la tierra de compasión y de Misericordia, palabras y actitudes hoy en día por desgracia muy alejadas de nuestro “sentimiento de justicia” en todas las sociedades, empezando por sus núcleos más pequeños, las familias. Pero, como bien advierten las Escrituras… ¡menos mal que nuestra justicia no es la justicia de Dios, si no todos estaríamos perdidos! Pues… ¿Quién es inocente ante Él? ¿Quién puede subir a Su morada santa?

Majestades: Como vosotros la conocéis y sois protagonistas de la obra, no vendría de mal que les regalarais a los adultos la obra “Barioná. El Hijo del Trueno”, obra de teatro poco extensa y menos conocida cuyo autor, el ateo y existencialista Jean Paul Sartre, escribió con ocasión de la Navidad de 1940 para animar a los presos de un campo de prisioneros nazi cuyo cautiverio compartió, y que se trata, a mi juicio, de una de las obras que mejor describe, sobre todo para los ateos y para los agnósticos, el Misterio de la Navidad y la elección del hombre para adorar al Dios que ha venido entre nosotros, que ha acampado entre nosotros, y cuya trama me permito resumir, sin querer desvelarla del todo, a mis lectores. Abajo dejo para mis lectores unos enlaces muy interesantes al respecto, sobre una historia tan trágica como bella, y muy poco conocida. La obra está ambientada precisamente en la primera Navidad, hace más de dos mil años, en las inmediaciones de Belén. La historia se abre con una confabulación de judíos que, cansados de la opresión romana y de un Dios que, a pesar de las promesas hechas a su pueblo ochocientos años atrás a través del profeta Isaías, todavía no ha enviado a un Salvador al mundo que les libre de la opresión romana. Por esta razón, un grupo de fariseos, levitas y judíos radicales deciden “poner fin a su estirpe”, jurando por YHVH no tener, desde entonces en adelante, relación carnal alguna con sus mujeres. Sin embargo, el nacimiento del Niño Jesús, acompañado de extrañas señales en el Cielo y del testimonio de los pastores despierta algo en ellos y, especialmente, en el jefe de los judíos, Barioná, que no duda en tramar lo peor contra el Niño. Pero será la intervención de los Reyes Magos, con su venida para adorar al Niño, y el diálogo profundo sobre el sentido y la trascendencia del hombre, sobre su libertad y su dignidad, que se establecerá entre aquéllos y Barioná, lo que perturbará el corazón de este último.

Por eso, Majestades, este año, y a pesar de la crisis, y de las miles de crisis que cada uno experimentamos -y que no son sino el reflejo de la pérdida de sentido de la vida, de la pérdida del Dios-con-nosotros que un día adorasteis de niño en su carne mortal-, no quiero pediros ni oro, ni riquezas, ni bienes, ni otras cosas que en el pasado no me trajisteis, quizá porque no pedía lo que me convenía. Tampoco pido cosas materiales para otros, pues de eso deben ocuparse los hombres, y sé bien que, en cuanto a los niños, vosotros ya habéis provisto lo suficiente. Lo que os pido es algo mucho más humilde pero, a la vez, mucho más grande: Que nos traigáis a todos, especialmente a las personas que más lo necesitamos, la Luz de Cristo, que vosotros ya habéis contemplado, para que sea Él el que, desde Su fragilidad de Niño, que nunca perdió a lo largo de toda Su vida mortal, desde Su humildad y Humanidad, nos invite a caminar a Su lado, con nuestros gozos y nuestras esperanzas, con nuestras debilidades y nuestras flaquezas, para conducirnos a la verdadera felicidad que sólo Él puede darnos; para que reconozcamos con la Fe no sólo Su humanidad, sino Su verdadera divinidad, y podamos ser dignos testigos de Él en este mundo que cada vez anda más en tinieblas, cada vez más necesitado de Amor y de compasión. El camino no es fácil, a lo largo de su vida Jesús nos habló muchas veces de entrar “por la puerta estrecha”, y las tinieblas nos envolverán muchas veces también a nosotros. Pero desde Su voluntaria y asumida debilidad, Jesús se manifestó como el más grande, y, como se nos recordará dentro de poco en la Solemnidad de Su Bautismo, como el verdadero Hijo de Dios, en el que el Padre tiene puestas todas sus complacencias. Ojalá, Dios lo quiera, que todos los padres pudieran decir eso de sus hijos, pues el gozo no podría ser mayor en los hogares en los que se manifestaran los sentimientos que entraña esa afirmación. Pero para ello hace falta que la fe -en su sentido más amplio de confianza, y de confianza no sólo en Dios, sino también en el prójimo, o en el otro-, la esperanza y el Amor aniden en nuestros hogares, como la Palabra hecha carne, el Niño Jesús, acampó entre nosotros. Y ése no es un camino fácil. Me atrevería a decir que es imposible, sin la gracia de Dios; sin la Luz del mundo, que es Jesucristo.

Vosotros, queridos Magos, os pusiste en camino sin la certeza de llegar, siguiendo solamente la estrella de la Fe, desafiando los múltiples peligros de un viaje de más de mil millas, y la amenaza de Herodes de daros muerte: ¿para qué? Para adorar al Niño Dios, al verdadero Hijo de Dios, nuestro Señor, nuestro Salvador, y postraros ante Él. Y después, como dicen las Escrituras, al marcharos a vuestra tierra “por otro camino”, evitando así la espada de Herodes, disteis testimonio de lo que habías visto a todos los pueblos de la Tierra. En la Epifanía, de hecho, conmemoramos la manifestación de Jesús, del Dios-con-nosotros, a los entonces llamados “pueblos gentiles” (es decir, los no judíos), y por tanto, a toda la Humanidad; se trata de la buena nueva para todos, de un modo ya público, y no tan “privado” como la que habían escuchado por la voz de los ángeles los pastores de las inmediaciones de Belén en la santa Noche que vio nacer la verdadera Luz, al Salvador del Mundo. Dios nace, vivirá, padecerá, morirá y al final resucitará POR TODOS LOS HOMBRES. Por ti, por mí, por todos. Ése es el sentido profundo de la fiesta de la Epifanía, de la que Dios, en su infinita sabiduría, quiso que vosotros, Majestades, fuerais los primeros protagonistas. Así que no dejéis de traernos a Jesús, una y otra vez, porque nos hace falta, mucha falta. Y a Él, en este Día solemne en el que quiso manifestar Su verdadera divinidad y Su verdadera humanidad a todos los pueblos de la Tierra, le dirijo una plegaria personal muy especial: Señor Jesús, Tú que viniste a este mundo a salvar lo que estaba perdido y que quisiste, en tu Divina Providencia, que la celebración de los Misterios de tu Nacimiento y Epifanía, en el llamado tiempo de Navidad, se conmemorara en toda la tierra y perdurara, siquiera simbólicamente, más de veinte siglos después de tu vida mortal, te ruego que sanes los corazones heridos, que devuelvas la paz y la esperanza al que la ha perdido, que consueles al afligido, que cures las viejas heridas, que destierres los viejos rencores, que arregles todos nuestros desencuentros, que restaures las familias deshechas, que envíes tu calor a todos los hogares y que “te cueles” por los resquicios de bondad que encuentres en nuestros corazones; para que desde ahí, puedas nacer de nuevo en nosotros, acampar en nuestros corazones como acampaste en la Tierra y para que así nosotros podamos, llenos de tu Espíritu de Amor, cantar tus maravillas.

Y Dios quiera que hoy puedan darse un abrazo el esposo con la esposa, el padre con el hijo, el hijo con el padre, la madre con el hijo, el hijo con la madre, los hermanos con sus padres, los padres con sus hijos, los hermanos con sus hermanos, los abuelos con sus hijos y con sus nietos, y todos los miembros de las familias del mundo, los amigos con sus amigos, e incluso el amigo con su enemigo, y todos podamos vivir un día de Epifanía en un abrazo con Dios, hecho hombre y hecho niño.

Y a vosotros, queridos Magos de Oriente, os pido que nos os vayáis del todo, sino que regreséis cuando haga falta a nuestros corazones, para infundirnos vuestra esperanza y recordarnos la buena noticia que presenciasteis en Belén: que, aun en medio del sufrimiento -como cierra Sartre la obra comentada- es posible y cabe la Alegría.

Un abrazo,

Pablo

 

ENLACES RECOMENDADOS:

Barioná, el Hijo del Trueno, en Youtube: http://www.youtube.com/watch?v=Hds38JvQzaY

http://barionaa.blogspot.com.es/

El libro creo que no está agotado y puede pedirse en cualquier librería generalista o especializada, o puede ser comprado directamente y descargado desde varias páginas web . Precio, en torno a 18-25 euros/dólares. Cualquier consulta, preguntadme.

 

Bueno, queridos lectores, familiares, compañeros y amigos: De nuevo, Feliz Navidad, Feliz Epifanía y Feliz Año Nuevo,

Pablo

 

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