¡Verdaderamente ha resucitado! ¡Aleluya!

marzo 27, 2016 § Deja un comentario


A mis padres, que me dieron la vida

A todos mis compañeros y amigos presentes, pasados y futuros, a las personas de buena voluntad que se han cruzado conmigo en el camino de mi vida, y a todas las personas que tengo en mi pobre corazón

A los Cardenales, Obispos, presbíteros, diáconos, religiosos y fieles seglares de la Iglesia Católica que tuvieron, tienen, y espero sigan teniendo la paciencia de escucharme en mis momentos de tribulación

A los ministros y pastores de todas las Iglesias cristianas que todavía conservan la valentía y la alegría de trasmitir el mensaje de Jesús Resucitado

A los hombres y mujeres que renuncian al mundo para dedicarse a la vida contemplativa

A los representantes del poder civil

A los atribulados, a los pobres, a los enfermos, a los niños indefensos, maltratados o víctimas de abusos, a las mujeres maltratadas o víctimas de trata, a las víctimas de la violencia y del terrorismo y sus familias y allegados, a los huérfanos y viudas, a los presos, a los cautivos y a las víctimas de cualquier esclavitud, a los ancianos, a las personas con diversidad funcional o con ncesidades especiales, a los raros, a los excluidos, a los que huyen de la guerra, de las catástrofes naturales o de la miseria, y a todas las demás personas víctimas de la cultura del descarte, especialmente a aquellas a las que no puedo ayudar

A los creyentes, teístas y no teístas, gnósticos, agnósticos y ateos

A mis enemigos

Y A.M.D.G.

 

¡Aleluya!

¡Aleluya!

 

 

¿Venís a buscar al Crucificado? No está aquí: ¡Ha resucitado! (cfr. Mc 16, 6)

 

Con la expresión “Verdaderamente ha resucitado”, como respuesta a la exclamación: “¡Jesucristo ha resucitado!” hay constancia histórica que se saludaban las primeras comunidades cristinas y griegas. Costumbre que, más allá del ámbito litúrgico de la Iglesia Católica de rito latino, de la Iglesia ortodoxa y de la Iglesia armenia, se sigue utilizando en algunos países de nuestra más cercana Europa, como Rumanía o Moldavia.

Para la Iglesia Universal, alumbrada por el primer plenilunio de la Primavera, la estación en la que vuelve la vida, la noche santísima de la Vigilia Pascual constituye la celebración más importante del Año Litúrgico.

¡Feliz Pascua de corazón a todos en la alegría de Nuestro Señor Jesucristo Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte y dispensador de la nueva y eterna vida que no cesa para todo el que quiera acogerla!

Pero… ¿qué, o a Quién celebramos en la Pascua cristiana?

Como ha expresado de manera muy didáctica el papa Francisco, ninguna teología es capaz de explicar completamente a la manera humana el Amor que Dios ha tenido y tiene por nosotros, cuya manifestación más gloriosa encontramos en el Misterio incomprensible de la Resurrección de Jesús. Esta afirmación del Pontífice debe ser entendida correctamente, en el sentido no de negar valor a las disquisiciones teológicas que históricamente se han sucedido en el campo de la Teodicea o “justificación de Dios”, sino en el de poner el acento en la subordinación de la lógica humana, incluso teológica, a la apertura del corazón, dispuesto a recibir el Misterio por excelencia: la respuesta a “la Pregunta” o “el Problema por antonomasia”. La pregunta sobre la vida y sobre la muerte, sobre lo divino y lo humano, sobre el sentido de nuestra vida, de nuestro dolor y sobre el anhelo de felicidad impreso en el corazón de todos los hombres.

Todas estas cuestiones se unen en misteriosa comunión en el “Exultávit” a la luz del Cirio Pascual encendido esta misma noche, en el lucernario que da inicio de la Vigilia Pascual en el que la luz pascual del Cirio, y que representa la Luz de Cristo, Luz del mundo y para el mundo, Luz “que no mengua cuando se reparte” es multiplicada en un luminar de velas más pequeñitas portadas por los asistentes, mientras se escuchan acordes gregorianos que cantan versos sagrados como “Ésta es la noche de la que estaba escrito: “será la noche clara como el día, el día claro como la noche”; o “¡qué noche tan dichosa, donde se unen el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!”  Así, el Misterio de la Resurrección, se abre camino a través de la teología, de la liturgia, del culto y de la experiencia personal de la Presencia de Dios a la verdad última sobre la muerte y sobre los enemigos de la Humanidad: y el mensaje, o, mejor, uno de los mensajes de la Pascua cristiana, es que la muerte no tiene la última palabra. Y como no la tuvo para Jesús, según su Palabra, tampoco la tendrá para nosotros, pues el Amor triunfa sobre la muerte. El mensaje de la Resurrección pascual nos enseña o, mejor, nos muestra, que Dios es un Dios de amor, y que, como dicen las escrituras, es un Dios de vivos, y no de muertos. El triunfo del amor y de la vida es lo que celebramos en la Pascua cristiana, que en su acepción originaria judía significa paso; pero en esta ocasión se trata del paso definitivo hacia una vida nueva, a la vida nueva, a la vida de verdad en el Ser de Dios, que sustenta constantemente toda nuestra existencia. Una vida eterna, incomprensible, misteriosa, que ya ha comenzado, y que, aunque no la entendamos, podemos en ocasiones vislumbrar como la gran promesa de Nuestro Señor Jesucristo, aun en medio de los sufrimientos.

Vivimos tiempos difíciles para la fe, pero, sobre todo, para la esperanza. Las intolerables desigualdades entre personas y Naciones ricas y pobres, las injusticias flagrantes, la pérdida de los valores tradicionales y no tradicionales, las falsas seducciones del mundo de las que nadie, en algún momento de sus vidas, está libre de entregarse, el “silencio de Dios”, tan meditado y sufrido en la tradición de las Iglesias reformadas, pero también en la Iglesia Católica, los azotes de la guerra, las hambrunas, los desastres naturales, la presencia del Mal en las diversas formas de terrorismo, de indiferencia, de arrogancia, de comodidad y de banalidad excluyentes, y otras muchas cosas que “no están bien” en el mundo hacen muy difícil al hombre y a la mujer de hoy, al hombre y la mujer de la Posmodernidad, creer en un Dios. Y mucho más difícil creer en un Dios mecanicista, como lo pensaran filósofos como Pascal o Hume, o en un Dios que se desentiende de la vida de los hombres. Por el contrario, el Dios del que nos habla el cristianismo es un Dios activo, amante, hasta el punto en que es Él mismo, una comunidad de Amor conformada por un Dios-relación, en el Misterio de la Santísima Trinidad. Un Dios trascendente e inmanente, que por su encarnación se ha unido misteriosamente a todo el género humano, como recordaba hace no mucho, en la liturgia de la Navidad, el papa Francisco. Un Dios que vive, experimenta la alegría y la tristeza, se acerca y tiene trato con buenos y malos. Un Dios que se compadece del dolor de los hombres, hasta el punto de cargar sobre sí todos los pecados de la Humanidad y justificarla. Y, al final de todo este camino, un Dios que resucita, y que “va por delante” a prepararnos el camino. Jesucristo intercede en la Eternidad del Padre a través de su Espíritu por toda la Humanidad, tan querida por Dios. En este Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia, el Papa nos invita a dejarnos tocar por esta Luz de esperanza, como los primeros cristianos, de los que relata San Pablo que “esperaron contra toda esperanza”. Contra toda esperanza humana. Y es que sólo a través de la fe podemos entrar en la dimensión, realmente ininteligible, de la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

Pero, llegados a este punto, podríamos preguntarnos: ¿Por qué muchos cristianos no nos alegramos de verdad? ¿Cambiará nuestra vida después de una Pascua más? ¿Nos hará más buenos? ¿Nos hará capaces de soportar los dolores del mundo movidos por la fe en el Resucitado que, en la noche de su Pasión, le dijo a sus discípulos que venció al mundo?

Puede que sí, y puede que no. Pero no por eso los que creemos que Nuestro Señor Jesucristo resucitó de entre los muertos y que, realmente va por delante, a prepararnos el camino del Reino de los Cielos, tenemos una razón práctica, que es fruto de una profunda creencia, que puede darnos razones para la esperanza.

Jesús, que experimentó el dolor físico, psicológico y el abandono espiritual y moral, es consciente de esto. Y sabe que no es suficiente comprender intelectualmente el mensaje de que Él va por delante hasta que este mensaje no llegue a impregnar nuestras almas, todo nuestro ser y nuestras vidas. Porque nuestra vida cristiana depende de que interioricemos lo que significa la Resurrección, aun sin comprenderla del todo. En la vida de la Iglesia que Jesucristo encomendó a sus discípulos, y que, tal y como proclama el Concilio Vaticano II, subsiste a día de hoy en la Iglesia Católica, se da la comunicación de la gracia que Jesús dio a sus discípulos tras su Resurrección. Por medio del Espíritu Santo, que es el Espíritu de Dios, la gracia es capaz de liberar al hombre de todas las cadenas de este mundo que le tienen atado. En la concepción socioantropológica cristiana del ser humano, y sin necesidad de ahondar mucho en profundidades teológicas, la gracia pasa primero el espíritu o alma (pnéuma), de ahí a la mente (psiché) y de ahí al soma (cuerpo). Pero el trabajo de interiorización de sentirnos perdonados, y no sólo, sino amados por Dios sin medida, y en la libertad de los hijos de Dios por adopción, se realiza en buena parte a través de nuestra colaboración y del resto de colaboraciones humanas, misteriosamente gobernadas por la Providencia. Y, en definitiva, es un trabajo espiritual en cuyo progreso siempre estamos en camino, siempre estamos de paso, de “Pascua” en el sentido etimológico judío antiguo. Somos nosotros los que, a través de los signos tangibles de nuestro prójimo, y, en este Año Jubilar de la Misericordia, del ejemplo de los cristianos, los que a veces tenemos que hacer un trabajo difícil: dejarnos sanar por la gracia de Dios. Por su Misericordia. Tampoco Jesús en su vida mortal se sustrajo a las colaboraciones humanas. Sobre este volveré, D. m., en la próxima entrada de carácter religioso, dedicada a la Fiesta de la Divina Misericordia.

Dios no nos ahorra el sufrimiento. Jesús mismo, como recordaba hace unas líneas, se lo dice a sus discípulos en la Última Cena: “En el mundo pasaréis tribulación; pero tened valor: yo he vencido al mundo (Jn 16, 33). El sufrimiento, incomprensible para casi todo el mundo, no deja de ser un Misterio (como la vida, y la vida eterna), que, por lo menos, por lo que el autor de estas líneas respecta, nunca es comprendido del todo. Ninguna teodicea, por elaborada que sea, puede superar el “non liquet” al que los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, con siglos de filosofía y teología a nuestras espaldas, de Oriente y Occidente se ven hoy muchas veces abocados como conclusión humana, que, como todas, sólo puede ser provisional. El respetado teólogo católico Hans Küng, movido por una fuerte confianza en Jesucristo, escribía en su libro “Credo” (1990), frente al absurdo de un mundo sin Dios, si bien Dios no nos preserva de todo sufrimiento, sí nos preserva en todo sufrimiento. La Persona de Jesucristo, que vivió y murió por nosotros, nos ha dejado un ejemplo vivo en la Historia del mundo de que el Amor es capaz de ser una razón ética suficiente para dar la vida. Lo que venga después, no lo sabremos hasta que no pasemos, cada uno de nosotros, por la muerte. Por la muerte en Cristo. Pero la fe y la esperanza en las palabras del Hijo del Hombre, como se refería a sí mismo Jesús, que significa “alguien como nosotros” en el original hebreo, y sus palabras, nos invitan a confiar siempre en Dios, que es Padre Misericordioso.

La Resurrección de Jesucristo es la respuesta de Dios padre a a desesperación en Getsemaní, a las burlas y las torturas de los soldados romanos, al camino al Gólgota, de la dolorosa muerte en cruz. En la figura de Jesuscristo desfigurado podemos ver, como proclamaba ayer el papa Francisco en la liturgia del Viernes Santo, a Aquél “varón de dolores” que vive, ama y sufre como consecuencia del Amor verdadero, y en el que tantas veces el Papa nos invita a reconocer a las personas “descartadas de esta sociedad”: a los refugiados, a los emigrantes, a los pobres, a los atribulados, por quienes rezamos en una de las invocaciones de las preces del Oficio del Viernes Santo. Sin embargo, tras el luto de la Semana Santa, la Iglesia nos invita, como en los primeros tiempos, a mirar más allá. Es precisamente la fe en el Resucitado la que mueve la acción (praxis) de las primeras comunidades cristianas de Oriente y Occidente, y la que continúa dirigiendo la barca de la Iglesia hoy en día. Una fe tan firme que sólo puede proceder del encuentro con el Amor que lleva a dar la vida. Jesucristo, con su muerte, ha vencido al mundo y a nuestra propia muerte, y, resucitando, nos ha dado la vida propia de la comunión con la Santísima Trinidad: la vida nueva que brota de la filiación divina por adopción, recibida ordinariamente a través del Sacramento del Santo Bautismo. El Paraíso, cerrado por el pecado del hombre, es de nuevo abierto a toda la Humanidad ya desde el Viernes Santo. Pero con la Resurrección, Jesús nos regala el precioso don de la filiación divina y el don de que, como canta una hermosa canción de la Iglesia Católica, “amigo mío, también a ti, un tercer día te llegará”, de donde es posible volver al “Exultávit” inicial de la Vigilia Pascual siendo más conscientes de los planes del Amor de Dios para la Humanidad, y proclamar, como los Padres de la Iglesia, que “donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, y “Feliz culpa, que mereció tan grande Redentor”.

Como en años anteriores, agradeciéndoos las constantes visitas a mi humilde blog desde todos los rincones de la Tierra, aun a pesar de la disminución del número de entradas desde que que yo comenzara a trabajar de manera regular, desde todos los rincones de la Tierra, os envío un mensaje de comunicación pascual en casi todos los idiomas de los países de los que me han visitado, como muestra de gratitud y reconocimiento.

Paz a vosotros. Que no tiemble vuestro corazón, que no se acobarde: Os deseo de todo corazón una Feliz Pascua de Resurrección y un tiempo pascual lleno de gozo y alegría. Cristo ha resucitado: ¡Aleluya!
Please excuse my spelling and syntax mistakes in every language. I will try to wish you happy Easter in all your mother languages.

En expresión inglesa:

Peace may be with you: I wish with all my heart a happy Easter full of joy and a gladness Eastertime. Christ is resurrected, Hallelujah!
En expresión francesa:
La paix soit avec vous: je souhaite de tout mon cœur plein d’allégresse pascal. Le Christ est ressuscité, Alléluia!
En expresión italiana:
La pace sia con voi: Vi auguro con tutto il mio cuore una felice Pasqua e un tempo pasquale pieno di gioia e di letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión napolitana:
A pace sia cu’ voi. Vi auguro con tutt’ el mio core ‘na felice Pasqua e nu tempo pasquale pien di gioia e letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión romanesca:
A pace sia co’ voi, Ve auguro con tutt’ el mio cuore una felice Pasqua e un tempo pasquale pieno de gioia e de letizia. Cristo è risorto: Alleluia!
En expresión catalana:
Pau a vosaltres: Us desitjo de tot cor una feliç Pasqua de Resurrecció i un temps pasqual ple de goig i alegria. Crist ha ressuscitat: Al · leluia!
En expresión galega:
Paz a vosotros: Os deseo feliz de todo corazón unha Pascua de Resurrección llena de alegría pascal e gozo. Cristo resucitou: ¡Aleluia!
En expresión euskera:
Vosotros bakean: The deseo una ematea zoriontsua Pazko eta a tiempo lleno pazko poza eta zoriona. Kristo gora egin du: ‘hallelujahs’!
En expresión portuguesa:
Paz a vosotros: Os desse de todo o coração uma feliz Páscoa da Ressurreição e um Tempo pascal lleno de gozo e alegria. Cristo foi ressuscitado: ¡Aleluya!
En expresión alemana:
Friede sei mit euch: Ich wünsche Ihnen von ganzem Herzen ein frohes Osterfest und eine Osternzeit mit voller Friede und Freude. Christus ist auferstanden, Halleluja!
En expresión holandesa:
Vrede zij met u: ik wens met heel mijn hart een vrolijk Pasen en vol vreugde en blijdschap Eastertide. Christus is verrezen, Halleluja!
En expresión polaca:
Pokój niech będzie z wami: Życzę z całego serca Wesołych Świąt i pełne radości i wesela Wielkanocnym. Chrystus zmartwychwstał, Alleluja!
En expresión danesa:
Fred være med dig: Jeg ønsker af hele mit hjerte en god påske og fuld af fryd og glæde Eastertide. Kristus er opstanden, Halleluja!
En expresión noruega:
Fred være med deg: Jeg ønsker av hele mitt hjerte en god påske og full av fryd og glede påsketid. Kristus er oppstanden, halleluja!
En expresión sueca:
Frid vare med dig: Jag önskar av hela mitt hjärta en glad påsk och full av glädje och fröjd Eastertide. Kristus är uppstånden, Halleluja!
En expresión finesa:
Rauha teille: Toivon koko sydämestäni hyvää pääsiäistä ja täynnä iloa ja riemua Eastertide. Kristus nousi kuolleista, Halleluja!
En expresión islandesa:
Rauha teille: Toivon koko sydämestäni hyvää pääsiäistä ja täynnä iloa ja riemua Eastertide. Kristus nousi kuolleista, Halleluja!
En expresión húngara:
Bárcsak minden a szívem boldog húsvéti és teljes az öröm és a boldogsághúsvéti.Krisztus feltámadott, Alleluja!
En expresión búlgara:
Мир вам: Желая с цялото си сърце щастлив Великден и пълна с радост. Христос е възкръснал, Алилуя!
En expresión rumana:

Pacea să fie cu voi: doresc cu toată inima mea un Paste fericit si plin de bucurie și veselie pascal. Hristos a înviat, Aleluia!

En expresión ucraniana:

Мир вам: Я хочу від усього серця раді Великодня і повний радості і веселощів Великдень. Христос воскресе, Алилуя!
En expresión lituana:
Linkiu iš visos širdies Linksmų Velykų ir pilnas džiaugsmo ir džiaugsmasVelykų.Kristus prisikėlė, Aleliuja!
En expresión letona:
Es vēlos no visas sirds Priecīgas Lieldienas un pilna ar prieku un līksmībuLieldienās. Kristus ir augšāmcēlies, Alleluia!
En expresión estona:
Soovin kogu südamest õnnelik lihavõtted ja täis rõõmu ja rõõm Eastertide.Kristuson üles tõusnud, halleluuja!
En expresión rusa:
Мир вам: Я хочу от всего сердца рады Пасхи и полный радости и веселия Пасху. Христос воскресе, Аллилуиа!
En expresión croata:
Mir s vama: Volio bih svim srcem sretan Uskrs i puna radosti i veselja uskrsno vrijeme. Krist je uskrsnuo, Aleluja!
En expresión eslovena:
Želim si, z vsem srcem vesel velikonočni in poln radosti in veseljaEastertide.Kristus je vstal, Aleluja!
En expresión turca:
Barış sizinle olsun: Ben bütün kalbimle mutlu bir Paskalya ve neşe ve sevinç paskalya dolu diliyorum. Mesih, Alleluia yükseldi!
En expresión azerí:
Mən bütün ürəyimlə xoşbəxt Pasxa sevinc. Məsih elhamdülillah artmışdır deyil!
En expresión afrikáans:
Ek wens met my hele hart ‘n gelukkige Paasfees en vol van vreugde en blydskapPaasfees. Christus het opgestaan​​, Halleluja!
En expresión suajili:
Napenda kwa moyo wangu wote na furaha Pasaka na kamili ya furaha. Kristo amefufuka, Haleluya!
En expresión somalí:
 
Waxaan jeclaan lahaa qalbigaaga oo dhan ku faraxsan Easter ah iyo ka buuxaanfarxad iyo rayrayn Eastertime. Masiixa sara kacay, Alleluia!
En expresión zulú:
Ngifisa ngayo yonke inhliziyo yami ibe Easter ojabulisayo futhi igcweleinjabulonokuthokoza Eastertime. UKristu uvukile, Alleluia!
En expresión malaya:
Saya ingin dengan sepenuh hati yang Paskah gembira dan penuh dengan kegembiraan dan sukacita Eastertide. Kristus bangkit, Alleluia!
En expresión hindi:
मैं दिल से चाहता हूं और पूवीऩ खुशी खुशी खुशी और पूवीऩ के एक बार पूर्ण. ईसा बढ रहा है: पोस्को!
En expresión china:
愿你们平安:我想用我所有的心脏复活节快乐,充满喜悦和欢乐复活节季的。基督复活了,哈利路亚!
En expresión mongola:
Би бүх зүрх сэтгэл, аз жаргалтай Улаан өндөгний баярын болон баяр хөөр.Христ, Alleluia амилсан байна!
En expresión tailandesa:

ฉันต้องการพร้อมด้วยหัวใจของฉันมีความสุขวันอีสเตอร์และวันอีสเตอร์เวลาที่มีความสุขและความสุขพระเยซูคริสต์ได้ลุกขึ้นทหารชรา

En expresión japonesa:
平和はあなたと一緒に:私はすべて私の心幸せなイースターをお祈りし、喜びと喜び復活節の完全な。キリストは、ハレルヤ上昇している!
En expresión tagala:
Gusto ko ang lahat ng aking puso isang Maligayang Pasko ng Pagkabuhay at puno ng kagalakan at kagalakan Eastertime. Si Kristo ay risen, Alleluia!
En expresión papiamienta (Aruba)
Os deseo di todo corason una felice pascua di Resurreccion cu paz. Kristo ha resucitado: Aleluya!
En expresión árabe:
واود ان الجنسين كفالة النجاح من اعماق قلبى عيد الفصح, وقت باسكوال اعادة مليئة غوزو والسرور. السيد المسيح بعثت من جديد: ولندع
 
En expresión hebrea:
שלום לכם: אני מאחל בכל לבי חג הפסחא שמח ומלא שמחה ושמחה חג הפסחא. המשיח קם, הללויה!
En expresión yidis:
אַ וואָסאָטראָס: אָס דעסעאָ דע טאָדאָ קאָראַזאָון ונאַ פעליז פּאַסקואַ דע רעסוררעקסיóן. קריסטאָ המגיד רעסוסיטאַדאָ: ¡אַלעלויאַ!
En expresión esperanta:
Paco estas vosotros: Os Nokto de todo koro una Feliĉa rospis de Reviviĝo. Cristo ha Revivigita: £ Haleluja!
En expresión griega:
Ειρήνη μαζί σας: εύχομαι με όλη μου την καρδιά μια χαρά το Πάσχα και το Πάσχα μια φορά γεμάτο χαρά και ευτυχία. Χριστός έχει αυξηθεί: αλληλούια!
En expresión latina:
Pax vobiscum: Cristus resurrexit, sicut dixit! Halleluihah!
De nuevo, Feliz Pascua a todos,
Pablo
Exultavit de la noche de la Vigilia Pascual (pregón pascual). Desde que acudo a la Vigilia Pascua, siempre me ha emocionado el momento en el que el diácono entona este antiguo canto, como diría San Agustín, de belleza tan antigua y tan nueva. La versión es en lengua vernácula castellana, con estilo gregoriano:
https://www.youtube.com/watch?v=NK6I1JoabRU (pregón pascual gregoriano con subtítulos)
Dos piezas más con el deseo de que concedan paz al corazón:
 https://www.youtube.com/watch?v=llyADThAg5o (Leonard Cohen / Jeff Buckley – Hallelujah (Hannah Trigwell live cover)
Pablo Luis Guérez Tricarico. Hijo redimido por la gracia de Dios el 19 de mayo de 1979
 CC0
To the extent possible under law,
 ¡CRISTO RESUCITÓ, ALELUYA! FELIZ PASCUA A TODOS, has waived all copyright and related or neighboring rights tohttp://pabloguerez.com. This work is published from: Hispanujo (speranto)

Después de Epifanía: Que la Virgen nos acompañe y nos guarde durante este nuevo año

enero 7, 2015 § 2 comentarios


La Adoración de los Magos

La Adoración de los Magos

En la Navidad, el Niño Dios, el Dios-con-nosotros (Enmanuel, en hebreo), se hace visible en medio de la noche a los más pobres, a los pastores, y, como tuvo oportunidad de pronunciarse Su Santidad el papa Francisco en la homilía de la Nochebuena, “la Luz de Jesús no la vieron los poderosos, los reyes, los gobernantes, los tiranos”, sino gente humilde.

Como contrapunto, en el episodio narrado por Mateo en la Epifanía, que la Iglesia latina separa -pero que pudo estar mucho menos distante en el tiempo o incluso coincidir en el mismo con la llegada de los magos, de los que nada se sabe por los textos canónicos, más que debían de ser unos hombres sabios, magos y astrólogos, ya que en aquellos tiempos la astronomía en nada se diferenciaba de la astrología-, se nos muestra el reverso de una misma medalla: la manifestación de Jesús a los pueblos gentiles; es decir, a todo el mundo. Así, los magos observaron la estrella de Belén y la intepretaron como un prodigio celeste de tal magnitud que vieron en ella el símbolo de la Divinidad Única en la que creían (C. S. Lewis), y se pusieron en camino desde tierras lejanas de oriense, probablemente, desde la antigua Persia o desde el valle del Indo, donde había arraigado la religiosidad védica de los indoarios, padres también del zoroastrismo maniqueísta persa.

Pero los magos, buscadores del Logos, de la verdad, se pusieron en camino en una travesía larga, a partir de sus conocimientos astrológicos de los signos celestes, pero guiada y sostenida fundamentalmente por la fe en la verdad.

A continuación, valiéndome del derecho de cita, reproduzco un pasaje del Evangelio de Mateo -único del que tenemos noticia del episodio de la Adoración-, así como un valioso comentario a cargo del Rvdo. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll (Barcelona, España), que nos muestra el profundo sentido de temor de Dios -en el buen sentido- que debemos tener ante el Misterio de la Encarnación y ante la Presencia del Verbo hecho carne; presencia perpetuada diariamente en la Eucaristía, en la que Jesús mismo se hace pan de vida, como predicará, y ya en este tiempo denominado “Después de Epifanía” podremos escuchar su predicación de adulto, sobre todo a partir de su Bautismo en el Río Jordán. El breve texto concluye con las sabias palabras de que, si nosotros no podemos ver la estrella de Belén, acudamos a María, Stella Matutina, y ella nos conducirá, a pesar de las penalidades de la vida, representadas por sendas estrechas y de pedregales que también conocieron los magos, y a pesar de nuestras desviaciones, a Jesús. Porque ad Iesum per Mariam. Y entonces lo adoraremos, y ya nada en nuestra vida será vano.

 

Mirad que llega el Señor del señorío: en la mano tiene el reino, y la potestad y el imperio (Antífona de entrada de la Misa de Epifanía)

Texto del Evangelio (Mt 2,1-12): Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían del Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle». En oyéndolo, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén. Convocó a todos los sumos sacerdotes y escribas del pueblo, y por ellos se estuvo informando del lugar donde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta: ‘Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre los principales clanes de Judá; porque de ti saldrá un caudillo que apacentará a mi pueblo Israel’».

Entonces Herodes llamó aparte a los magos y por sus datos precisó el tiempo de la aparición de la estrella. Después, enviándolos a Belén, les dijo: «Id e indagad cuidadosamente sobre ese niño; y cuando le encontréis, comunicádmelo, para ir también yo a adorarle».

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y he aquí que la estrella que habían visto en el Oriente iba delante de ellos, hasta que llegó y se detuvo encima del lugar donde estaba el Niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra. Y, avisados en sueños que no volvieran donde Herodes, se retiraron a su país por otro camino.

Comentario: Rev. D. Joaquim VILLANUEVA i Poll (Barcelona, España)

Entraron en la casa; vieron al Niño con María su madre y, postrándose, le adoraron

Hoy, el profeta Isaías nos anima: «Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti» (Is 60,1). Esa luz que había visto el profeta es la estrella que ven los Magos en Oriente, con muchos otros hombres. Los Magos descubren su significado. Los demás la contemplan como algo que les parece admirable, pero que no les afecta. Y, así, no reaccionan. Los Magos se dan cuenta de que, con ella, Dios les envía un mensaje importante por el que vale la pena cargar con las molestias de dejar la comodidad de lo seguro, y arriesgarse a un viaje incierto: la esperanza de encontrar al Rey les lleva a seguir a esa estrella, que habían anunciado los profetas y esperado el pueblo de Israel durante siglos.

Llegan a Jerusalén, la capital de los judíos. Piensan que allí sabrán indicarles el lugar preciso donde ha nacido su Rey. Efectivamente, les dirán: «En Belén de Judea, porque así está escrito por medio del profeta» (Mt 2,5). La noticia de la llegada de los Magos y su pregunta se propagaría por toda Jerusalén en poco tiempo: Jerusalén era entonces una ciudad pequeña, y la presencia de los Magos con su séquito debió ser notada por todos sus habitantes, pues «el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mt 2,3), nos dice el Evangelio.

Jesucristo se cruza en la vida de muchas personas, a quienes no interesa. Un pequeño esfuerzo habría cambiado sus vidas, habrían encontrado al Rey del Gozo y de la Paz. Esto requiere la buena voluntad de buscarle, de movernos, de preguntar sin desanimarnos, como los Magos, de salir de nuestra poltronería, de nuestra rutina, de apreciar el inmenso valor de encontrar a Cristo. Si no le encontramos, no hemos encontrado nada en la vida, porque sólo Él es el Salvador: encontrar a Jesús es encontrar el Camino que nos lleva a conocer la Verdad que nos da la Vida. Y, sin Él, nada de nada vale la pena.

 

Comentario:REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano)

La Epifanía: Jesús se manifiesta a todas las gentes

Hoy el misterio de la Navidad se irradia sobre la tierra, difundiéndose en círculos concéntricos: la Sagrada Familia de Nazaret, los pastores de Belén y, finalmente, los Magos, que constituyen las primicias de los pueblos paganos. Quedan en la sombra los palacios del poder de Jerusalén, donde la noticia del nacimiento del Mesías no suscita alegría, sino temor y reacciones hostiles.

Lo maravilloso de los Magos es que se postraron en adoración ante un simple niño en brazos de su madre; no en el marco de un palacio real, sino en la pobreza de una cabaña. ¿Cómo fue posible? Ciertamente los persuadió la señal de la estrella. Pero ésta no habría bastado si los Magos no hubieran sido personas íntimamente abiertas a la verdad.

—A diferencia de Herodes, obsesionado por el poder y la riqueza, los Magos se pusieron en camino hacia la meta de su búsqueda, y cuando la encontraron, aunque eran hombres cultos, se comportaron como los pastores de Belén: reconocieron la señal y adoraron al Niño.

Meditación del día de Hablar con Dios

Epifanía del Señor
6 de enero

LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS

— Alegría de encontrar a Jesús. Adoración en la Sagrada Eucaristía.

— Los dones de los Magos. Nuestras ofrendas.

— Manifestación del Señor a todos los hombres. Apostolado.

I. Mirad que llega el Señor del señorío: en la mano tiene el reino, y la potestad y el imperio1.

Hoy celebra la Iglesia la manifestación de Jesús al mundo entero. Epifanía significa «manifestación»; y en los Magos están representadas las gentes de toda lengua y nación que se ponen en camino, llamadas por Dios, para adorar a Jesús. Los reyes de Tarsis y las islas le ofrecen dones, los reyes de Arabia y de Sabá le traerán presentes y le adorarán todos los reyes de la tierra; todas las naciones le servirán2.

Al salir los Magos de Jerusalén he aquí que la estrella que habían visto en Oriente iba delante de ellos, hasta pararse sobre el sitio donde estaba el niño. Al ver la estrella se llenaron de inmensa alegría3.

No se extrañan por haber sido conducidos a una aldea, ni porque la estrella se detenga ante una casita sencilla. Ellos se alegran. Se alegran con un gozo incontenible. ¡Qué grande es la alegría de estos sabios que vienen desde tan lejos para ver a un rey, y son conducidos a una casa pequeña de una aldea! ¡Cuántas enseñanzas tiene para nosotros! En primer lugar, aprenderemos que todo reencuentro con el camino que nos conduce a Jesús está lleno de alegría.

Nosotros tenemos, quizá, el peligro de no darnos cuenta cabal de lo cerca de nuestras vidas que está el Señor, «porque Dios se nos presenta bajo la insignificante apariencia de un trozo de pan, porque no se revela en su gloria, porque no se impone irresistiblemente, porque, en fin, se desliza en nuestra vida como una sombra, en vez de hacer retumbar su poder en la cima de las cosas…

»¡Cuántas almas a quienes oprime la duda, porque Dios no se muestra de un modo conforme al que ellos esperan!…»4.

Muchos de los habitantes de Belén vieron en Jesús a un niño semejante a los demás. Los Magos supieron ver en Él al Niño al que desde entonces todos los siglos adoran. Y su fe les valió un privilegio singular: ser los primeros entre los gentiles en adorarle cuando el mundo le desconocía. ¡Qué alegría tan grande debieron tener estos hombres venidos de lejos por haber podido contemplar al Mesías al poco tiempo de haber llegado al mundo!

Nosotros hemos de estar atentos porque el Señor se nos manifiesta también en lo habitual de cada día. Que sepamos recuperar esa luz interior que permite romper la monotonía de los días iguales y encontrar a Jesús en nuestra vida corriente.

Y entrando en la casa, vieron al Niño con María, su madre, y postrándose le adoraron5.

«Nos arrodillamos también nosotros delante de Jesús, del Dios escondido en la humanidad: le repetimos que no queremos volver la espalda a su divina llamada, que no nos apartaremos nunca de Él; que quitaremos de nuestro camino todo lo que sea un estorbo para la fidelidad; que deseamos sinceramente ser dóciles a sus inspiraciones»6.

Le adoraron. Saben que es el Mesías, Dios hecho hombre. El Concilio de Trento cita expresamente este pasaje de la adoración de los Magos al enseñar el culto que se debe a Cristo en la Eucaristía. Jesús presente en el Sagrario es el mismo a quien encontraron estos hombres sabios en brazos de María. Quizá debamos examinar nosotros cómo le adoramos cuando está expuesto en la custodia o escondido en el Sagrario, con qué adoración y reverencia nos arrodillamos en los momentos indicados en la Santa Misa, o cada vez que pasamos por aquellos lugares donde está reservado el Santísimo Sacramento.

II. Los Magos abrieron sus cofres y le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra7. Los dones más preciosos del Oriente; lo mejor, para Dios. Le ofrecen oro, símbolo de la realeza. Nosotros los cristianos también queremos tener a Jesús en todas las actividades humanas, para que ejerza su reino de justicia, de santidad y de paz sobre todas las almas. También le ofrecemos «el oro fino del espíritu de desprendimiento del dinero y de los medios materiales. No olvidemos que son cosas buenas, que vienen de Dios. Pero el Señor ha dispuesto que los utilicemos, sin dejar en ellos el corazón, haciéndolos rendir en provecho de la humanidad»8.

Le ofrecemos incienso, el perfume que, quemado cada tarde en el altar, era símbolo de la esperanza puesta en el Mesías. Son incienso «los deseos, que suben hasta el Señor, de llevar una vida noble, de la que se desprende el bonus odor Christi (2 Cor 2, 15), el perfume de Cristo. Impregnar nuestras palabras y acciones en el bonus odor, es sembrar comprensión, amistad. Que nuestra vida acompañe las vidas de los demás hombres para que nadie se encuentre o se sienta solo (…).

»El buen olor del incienso es el resultado de una brasa, que quema sin ostentación una multitud de granos; el bonus odor Christi se advierte entre los hombres no por la llamarada de un fuego de ocasión, sino por la eficacia de un rescoldo de virtudes: la justicia, la lealtad, la fidelidad, la comprensión, la generosidad, la alegría»9.

Y, con los Reyes Magos, ofrecemos también mirra, porque Dios encarnado tomará sobre sí nuestras enfermedades y cargará con nuestros dolores. La mirra es «el sacrificio que no debe faltar en la vida cristiana. La mirra nos trae al recuerdo la Pasión del Señor: en la cruz le dan a beber mirra mezclada con vino (Cfr. Mc 15, 23), y con mirra ungieron su cuerpo para la sepultura (Cfr. Jn19, 39). Pero no penséis que, reflexionar sobre la necesidad del sacrificio y de la mortificación, signifique añadir una nota de tristeza a esta fiesta alegre que celebramos hoy.

»Mortificación no es pesimismo, ni espíritu agrio»10. La mortificación, por el contrario, está muy relacionada con la alegría, con la claridad, con hacer la vida agradable a los demás. La mortificación «no consistirá de ordinario en grandes renuncias, que tampoco son frecuentes. Estará compuesta de pequeños vencimientos: sonreír a quien nos importuna, negar al cuerpo caprichos de bienes superfluos, acostumbrarnos a escuchar a los demás, hacer rendir el tiempo que Dios pone a nuestra disposición… Y tantos detalles más, insignificantes en apariencia, que surgen sin que los busquemos –contrariedades, dificultades, sinsabores–, a lo largo de cada día»11.

Diariamente hacemos nuestra ofrenda al Señor, porque cada día podemos tener un encuentro con Él en la Santa Misa y en la Comunión. En la patena que el sacerdote ofrece, podemos poner también nuestra ofrenda, hecha de cosas pequeñas, y que Jesús aceptará. Si las hacemos con rectitud de intención, esas cosas pequeñas que ofrecemos obtienen mucho más valor que el oro, el incienso y la mirra, pues se unen al sacrificio de Cristo, Hijo de Dios, que allí se ofrece12.

III. Después, obedeciendo a la voz de un ángel, los Magos regresaron a su país por otro camino13, nos dice el Evangelista. ¡Qué transparente han debido tener el alma estos hombres hasta el fin de sus días por haber visto al Niño y a su Madre!

Nosotros vemos en estos singulares personajes a miles de almas de toda la tierra que se ponen en camino para adorar al Señor. Han pasado veinte siglos desde aquella primera adoración y ese largo desfile del mundo gentil sigue llegando a Cristo.

Mediante esta fiesta, la Iglesia proclama la manifestación de Jesús a todos los hombres, de todos los tiempos, sin distinción de raza o nación. Él «instituyó la nueva alianza en su sangre, convocando un pueblo entre los judíos y los gentiles que se congregará en unidad… y constituirá el nuevo Pueblo de Dios»14.

La fiesta de la Epifanía nos mueve a todos los fieles a compartir las ansias y las fatigas de la Iglesia, que «ora y trabaja a un tiempo, para que la totalidad del mundo se incorpore al pueblo de Dios, Cuerpo del Señor y Templo del Espíritu Santo»15.

Nosotros podemos ser de aquellos que, estando en el mundo, en medio de las realidades temporales hemos visto la estrella de una llamada de Dios, y llevamos esa luz interior, consecuencia de tratar cada día a Jesús; y sentimos por eso la necesidad de hacer que muchos indecisos o ignorantes se acerquen al Señor y purifiquen su vida. La Epifanía es la fiesta de la fe y del apostolado de la fe. «Participan en esta fiesta tanto quienes han llegado ya a la fe como los que se encuentran en el camino para alcanzarla. Participan, agradeciendo el don de la fe, al igual que los Magos, que, llenos de gratitud, se arrodillaron ante el Niño. En esta fiesta participa la Iglesia, que cada año se hace más consciente de la amplitud de su misión. ¡A cuántos hombres es preciso llevar todavía a la fe! Cuántos hombres es preciso reconquistar para la fe que han perdido, siendo a veces esto más difícil que la primera conversión a la fe. Sin embargo, la Iglesia, consciente de aquel gran don, el don de la Encarnación de Dios, no puede detenerse, no puede pararse jamás. Continuamente debe buscar el acceso a Belén para todos los hombres y para todas las épocas. La Epifanía es la fiesta del desafío de Dios»16.

La Epifanía nos recuerda que debemos poner todos los medios para que nuestros amigos, familiares y colegas se acerquen a Jesús: a unos será facilitarles un libro de buena doctrina, a otros unas palabras vibrantes para que se decidan a ponerse en camino, a aquella otra persona hablándole de la necesidad de formación espiritual.

Al terminar hoy nuestra oración, no pedimos a estos santos Reyes que nos den oro, incienso y mirra; parece más natural pedirles que nos enseñen el camino que lleva a Cristo para que cada día le llevemos nuestro oro, nuestro incienso y nuestra mirra. Pidámosle también «a la Madre de Dios, que es nuestra Madre, que nos prepare el camino que lleva al amor pleno: Cor Mariae dulcissimum, iter para tutum! Su dulce corazón conoce el sendero más seguro para encontrar a Cristo.

»Los Reyes Magos tuvieron una estrella; nosotros tenemos a María Stella maris, Stella orientis»17.

1 Antífona de entrada de la Misa. — 2 Salmo responsorial de la Misa, Sal 71. — 3 Mt 2, 10. — 4 J. Leclerq,Siguiendo el año litúrgico, p. 100. — 5 Mt 2, 11. — 6 San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa, 35. — 7 Mt2, 11. — 8 San Josemaría Escrivá, o. c., 35. — 9 Ibídem, 36. — 10 Ibídem, 37. — 11 Ibídem. — 12 Cfr. Oración de la Ofrenda de la Misa. — 13 Mt 2, 12. — 14Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 9. — 15 Ibídem, 17. — 16 Juan Pablo II, Homilía 6-1-1979. — 17 San Josemaría Escrivá, o. c., 38.

A.I.P.M.

A.M.D.G.

Papa Francisco: Vivamos una Navidad auténticamente cristiana, ajena a toda mundanidad

diciembre 23, 2014 § Deja un comentario


Estad en el mundo sin ser del mundo (San Juan Evangelista)

 

Estimados seguidores:

En medio de un mundo profano que desprecia el auténtico sentido de la Navidad, os remito este enlace del Papa Francisco:

https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-vivamos-una-navidad-verdaderamente-cristiana-libres-de-toda-mundanidad-88159/

Feliz Navidad a todos.

Navidad en sencillez: Sobre el desprendimiento en la auténtica vida cristiana

diciembre 23, 2014 § Deja un comentario


PRESEPIO DI BAROCCIO

PRESEPIO DI BAROCCIO. NATIVIDAD DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

 

Todas las religiones han practicado el desprendimiento como modo de vida auténtica. En el Cristianismo, el desprendimiento se hace patente desde el primer momento, en el que el Hijo de Dios acepta hacerse Hombre por Amor en el seno virginal de María, y nace en un pesebre, inerme, renunciando a todo lujo o comodidad innecesaria. Y Jesús mantendrá un estilo de vida sobrio durante toda su vida -lo cual no le impedirá asistir a banquetes y celebrar acontecimientos importantes, como las bodas de Caná, con sus discípulos, y también con publicanos y pecadores-. Pero el modo de vida sencillo y manso se mantendrá, como resulta de todo el Evangelio: la renuncia a los “bienes de aquí” para “aspirar” a los “bienes de allá arriba” es una de las mayores constantes de la predicación de Jesús de Nazaret, Quien llegará a decir que “El Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza (Mt 8, 20)”. Mas, y sin ánimo de ahondar mucho en ello, la renuncia que se propone es gradual, no automática, y, sobre todo, se nos invita a que nazca del Amor. Con ello, Jesús nos da un ejemplo de vida cristiana a quienes queremos ser sus discípulos y al mundo, el cual, muchas veces, ha criticado y continúa criticando con razón comportamientos poco decorosos de representantes de la Iglesia que fundó Jesucristo, cuando no de eclesiásticos que viven abiertamente en el lujo y en el afán de codicia, dinero y poder.

La nueva espiritualidad promovida por el papa Francisco ha supuesto un nuevo “aggiornamento” de la Iglesia, que no es otra cosa que el Pueblo de Dios con nosotros, del Dios que se hace cercano y que comparte su Vida con los hombres y, especialmente con los más necesitados; pero, al mismo tiempo, también conlleva un retorno a los orígenes, a esa sencillez apostólica de las primeras comunidades cristianas.

El texto que reproduzco a continuación, con autorización de quien me lo ha enviado, es un comentario sobre el Evangelio de hoy, día 23 de diciembre, Feria privilegiada de Adviento, a un día de celebrar la Nochebuena. Y trata, con extraordinaria lucidez, precisamente sobre el tema del desprendimiento en la vida cristiana como modo de vivir unas Navidades auténticas, en sencillez. Feliz Navidad a todos.

 

Día litúrgico: Feria privilegiada de Adviento: 23 de Diciembre

Texto del Evangelio (Lc 1,57-66): Se le cumplió a Isabel el tiempo de dar a luz, y tuvo un hijo. Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor le había hecho gran misericordia, y se congratulaban con ella. Y sucedió que al octavo día fueron a circuncidar al niño, y querían ponerle el nombre de su padre, Zacarías, pero su madre, tomando la palabra, dijo: «No; se ha de llamar Juan». Le decían: «No hay nadie en tu parentela que tenga ese nombre». Y preguntaban por señas a su padre cómo quería que se le llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre».

EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

EL NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA

Y todos quedaron admirados. Y al punto se abrió su boca y su lengua, y hablaba bendiciendo a Dios. Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: «Pues, ¿qué será este niño?». Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él.

Comentario: Rev. D. Miquel MASATS i Roca (Girona, España)

‘¿Qué será este niño?’. Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él

Hoy, en la primera lectura leemos: «Esto dice el Señor: ‘Yo envío mi mensajero para que prepare el camino delante de Mí’» (Mal 3,1). La profecía de Malaquías se cumple en Juan Bautista. Es uno de los personajes principales de la liturgia de Adviento, que nos invita a prepararnos con oración y penitencia para la venida del Señor. Tal como reza la oración colecta de la misa de hoy: «Concede a tus siervos, que reconocemos la proximidad del Nacimiento de tu Hijo, experimentar la misericordia del Verbo que se dignó tomar carne de la Virgen María y habitar entre nosotros».

El nacimiento del Precursor nos habla de la proximidad de la Navidad. ¡El Señor está cerca!; ¡preparémonos! Preguntado por los sacerdotes venidos desde Jerusalén acerca de quién era, él respondió: «Yo soy la voz del que clama en el desierto: ‘Enderezad el camino del Señor’» (Jn 1,23).

«Mira que estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» (Ap 3,20), se lee en la antífona de comunión. Hemos de hacer examen para ver cómo nos estamos preparando para recibir a Jesús el día de Navidad: Dios quiere nacer principalmente en nuestros corazones.

La vida del Precursor nos enseña las virtudes que necesitamos para recibir con provecho a Jesús; fundamentalmente, la humildad de corazón. Él se reconoce instrumento de Dios para cumplir su vocación, su misión. Como dice san Ambrosio: «No te gloríes de ser llamado hijo de Dios —reconozcamos la gracia sin olvidar nuestra naturaleza—; no te envanezcas si has servido bien, porque has cumplido aquello que tenías que hacer. El sol hace su trabajo, la luna obedece; los ángeles cumplen su misión. El instrumento escogido por el Señor para los gentiles dice: ‘Yo no merezco el nombre de Apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios’ (1Cor 15,9)».

Busquemos sólo la gloria de Dios. La virtud de la humildad nos dispondrá a prepararnos debidamente para las fiestas que se acercan.

Comentario: REDACCIÓN evangeli.net (elaborado a partir de textos de Benedicto XVI) (Città del Vaticano, Vaticano)

Juan, el Bautista

Hoy nos preguntamos: “¿Qué será este niño?”. Su aparición llevaba consigo algo totalmente nuevo: desde su concepción hasta su circuncisión —con el nombre de Juan—, llegando a su ministerio, todo es original. Juan anunciará a alguien más Grande que había de venir después de él. Ha sido enviado para preparar el camino a ese misterioso Otro; toda su misión está orientada a Él.

En los Evangelios se describe esa misión con pasajes del Antiguo Testamento (Isaías, Malaquías, Éxodo): “Una voz clama en el desierto: ¡Preparad el camino al Señor!”; “Yo envío a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino”… Con la predicación del Bautista se hicieron realidad todas estas antiguas palabras de esperanza: se anunciaba algo realmente grande.

—Por fin aparecía un profeta cuya vida también le acreditaba como tal. Por fin se anunciaba de nuevo la acción de Dios en la historia. Juan bautiza con agua, pero el más Grande, Aquel que bautizará con el Espíritu Santo y con “fuego”, está al llegar.

Meditación del día de Hablar con Dios

Adviento. 23 de diciembre

DESPRENDIMIENTO Y POBREZA CRISTIANA

— La Navidad nos llama a vivir la pobreza predicada y vivida por el Señor. El ejemplo de Jesús.

— En qué consiste la pobreza evangélica.

— Detalles de pobreza y modos de vivirla.

I. El desprendimiento efectivo de lo que somos y poseemos es necesario para seguir a Jesús, para abrir nuestra alma al Señor, que pasa y llama. Por el contrario, el apegamiento a los bienes de la tierra cierra las puertas a Cristo, y nos cierra las puertas al amor y al entendimiento de lo más esencial en nuestra vida: si alguno no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo1.

El nacimiento de Jesús, y toda su vida, es una invitación para que nosotros examinemos en estos días la actitud de nuestro corazón hacia los bienes de la tierra. El Señor, Unigénito del Padre, Redentor del mundo, no nace en un palacio, sino en una cueva; no en una gran ciudad, sino en una aldea perdida, en Belén. Ni siquiera tuvo una cuna, sino un pesebre. La precipitada huida a Egipto fue para la Sagrada Familia la experiencia del exilio en tierra extraña, con pocos más medios de subsistencia que los brazos de José acostumbrados al trabajo. Durante su vida pública Jesús pasará hambre2, no dispondrá de dos pequeñas monedas de escaso valor para pagar el tributo del templo3. Él mismo dirá que el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza4. La muerte en la Cruz es la muestra del supremo desprendimiento.

El Señor quiso conocer el rigor de la pobreza extrema –falta de lo necesario– especialmente en las horas más señaladas de su vida.

La pobreza que ha de vivir el cristiano ha de ser una pobreza real, ligada al trabajo, a la limpieza, al cuidado de la casa, de los instrumentos de trabajo, a la ayuda a los demás, a la sobriedad de vida. Por eso se ha dicho que «el mejor modelo de pobreza han sido siempre esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre, que se desviven por sus hijos, y que con su esfuerzo y su constancia –muchas veces sin voz para decir a nadie que sufren necesidades– sacan adelante a los suyos, creando un hogar alegre en el que todos aprenden a amar, a servir, a trabajar»5.

Si llegan los bienes, siempre será posible vivir como «esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre» y hacer con ellos el bien, porque «la pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros»6.

La pobreza que nos pide a todos el Señor no es suciedad, ni miseria, ni dejadez, ni pereza. Estas cosas no son virtud. Para aprender a vivir el desprendimiento de los bienes, en medio de esta ola de materialismo que parece envolver a la humanidad, hemos de mirar a nuestro Modelo, Jesucristo, que se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza7.

II. Los pobres a quienes el Señor promete el reino de los Cielos8 no son cualquier persona que padece necesidad, sino aquellos que, teniendo bienes materiales o no, están desprendidos y no se encuentran aprisionados por ellos. Pobreza de espíritu que ha de vivirse en cualquier circunstancia de la vida. Yo sé vivir –decía San Pablo– en la abundancia, pero sé también sufrir hambre y escasez9.

El hombre puede orientar su vida a Dios, a quien se alcanza usando todas las cosas materiales como medios, o bien puede tener como fin el dinero y la riqueza en sus muchas manifestaciones: deseo de lujo, de comodidad desmedida, ambición, codicia… Estos dos fines son irreconciliables: no se puede servir a dos señores10. El amor a la riqueza desaloja, con firmeza, el amor al Señor: no es posible que Dios pueda habitar en un corazón que ya está lleno de otro amor. La palabra de Dios queda ahogada en el corazón del rico, como la simiente que cae entre cardos11. Por eso no nos sorprende oír al Señor enseñar que es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja que el que entre un rico en el reino de los cielos12. ¡Y qué fácil es, si no se está vigilante, que se meta en el corazón el espíritu de riqueza!

La Iglesia nos recuerda, desde sus comienzos hasta nuestros días, que el cristiano ha de vigilar el modo como utiliza los bienes materiales, y amonesta a sus hijos a que estén «atentos a encauzar rectamente sus afectos, no sea que el uso de las cosas del mundo y un apego a las riquezas, contrario al espíritu de pobreza evangélica, les impida alcanzar la caridad perfecta. Acordándose de la advertencia del Apóstol: los que usan de este mundo no se detengan en eso, porque los atractivos de este mundo pasan (Cfr. 1 Cor 7, 31)»13. El que se apegue a las cosas de la tierra no solo pervierte su recto uso y destruye el orden dispuesto por Dios, sino que su alma queda insatisfecha, prisionera de esos bienes materiales que la incapacitan para amar de verdad a Dios.

El estilo de vida cristiano supone un cambio radical de actitud ante los bienes terrenos: se procuran y se usan, no como si fueran un fin, sino como medio para servir a Dios. Al ser medios, no merecen que pongamos en ellos el corazón: son otros los bienes auténticos.

Hemos de recordar en nuestra oración que el desprendimiento efectivo de las cosas supone sacrificio. Un desprendimiento que no cuesta no se vive. Y se manifestará frecuentemente en la generosidad en la limosna, en saber prescindir de lo superfluo, en la lucha contra la tendencia desordenada al bienestar y a la comodidad, en evitar caprichos innecesarios, en renunciar al lujo, a los gastos por vanidad, etcétera.

Es tan importante esta virtud de la pobreza para un cristiano que bien se puede decir que «quien no ame y viva la virtud de la pobreza no tiene el espíritu de Cristo. Y esto es válido para todos: tanto para el anacoreta que se retira al desierto, como para el cristiano corriente que vive en medio de la sociedad humana, usando de los recursos de este mundo o careciendo de muchos de ellos…»14.

III. El corazón humano tiende a buscar desmedidamente los bienes de la tierra: si no hay lucha positiva por andar desprendido de las cosas, se puede afirmar que el hombre, más o menos conscientemente, ha puesto su fin aquí abajo. Y el cristiano no debe olvidar nunca que camina hacia Dios.

Por eso ha de examinarse con frecuencia, preguntándose si ama la virtud de la pobreza y si la vive; si se mantiene atento para no caer en la comodidad o en un aburguesamiento que es incompatible con ser discípulo de Cristo; si está desprendido de las cosas de la tierra; si las tiene, en fin, como medios para hacer el bien y vivir cada vez más cerca de Dios. Porque «en el decurso de la historia, el uso de los bienes temporales ha sido desfigurado con graves defectos… Incluso en nuestros días, no pocos… caen como en una idolatría de los bienes materiales, haciéndose más bien siervos que señores de ellos»15.

Siempre podemos y debemos ser parcos en las necesidades personales, frenando los gastos superfluos, no cediendo a los caprichos, vigilando la tendencia a crearse falsas necesidades, siendo generosos en la limosna, o en la ayuda a las obras buenas. Por el mismo motivo, debemos cuidar con esmero las cosas de nuestro hogar, así como toda clase de bienes que, en realidad, tenemos solo como en depósito para administrarlos bien. «La pobreza está en encontrarse verdaderamente desprendido de las cosas terrenas; en llevar con alegría las incomodidades, si las hay, o la falta de medios (…). Vivir pensando en los demás, usar de las cosas de tal manera que haya algo que ofrecer a los otros: todo eso son dimensiones de la pobreza, que garantizan el desprendimiento efectivo»16.

De esta y de otras formas diferentes se manifestará nuestro deseo de no tener el corazón puesto en las riquezas; también cuando, por razones de profesión u oficio, dispongamos para nuestro uso personal de otros bienes. La sobriedad de que entonces demos prueba será el buen aroma de Cristo, que siempre tiene que acompañar la vida de un cristiano.

Dirigiéndose a hombres y mujeres que se esfuerzan por alcanzar la santidad en medio del mundo –comerciantes, catedráticos, campesinos, oficinistas, padres y madres de familia– decía San Josemaría Escrivá: «Todo cristiano corriente tiene que hacer compatibles, en su vida, dos aspectos que pueden a primera vista parecer contradictorios.Pobreza real, que se note y se toque –hecha de cosas concretas–, que sea una profesión de fe en Dios, una manifestación de que el corazón no se satisface con las cosas creadas, sino que aspira al Creador, que desea llenarse de amor de Dios, y dar luego a todos de ese mismo amor. Y, al mismo tiempo, ser uno más entre sus hermanos los hombres, de cuya vida participa, con quienes se alegra, con los que colabora, amando al mundo, utilizando todas las cosas creadas para resolver los problemas de la vida humana, y para establecer el ambiente espiritual y material que facilita el desarrollo de las personas y de las comunidades.

»Lograr la síntesis entre esos dos aspectos es –en buena parte– cuestión personal, cuestión de vida interior, para juzgar en cada momento, para encontrar en cada caso lo que Dios no pide»17.

Si luchamos eficazmente por vivir desprendidos de lo que tenemos y usamos, el Señor encontrará nuestro corazón limpio y abierto de par en par cuando venga de nuevo a nosotros en la Nochebuena. No ocurrirá con nuestra alma, lo que sucedió con aquella posada: estaba llena y no tenían sitio para el Señor.

1 Lc 14, 33. — 2 Cfr. Mt 4, 2. — 3 Cfr. Mt 17, 23-26. — 4 Mt 8, 20. — 5 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 111. — 6 S. C. para la Doctrina de la fe, Instr. Sobre la libertad cristiana y la liberación, 22-III-1986, 66. — 7 2 Cor 8, 9. — 8 Mt 5, 3. — 9 Flp 4, 12. — 10 Mt 6, 24. — 11 Mt 13, 7. — 12 Mt 19, 24. — 13Conc. Vat. II, Const. Lumen gentium, 42. — 14 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 110. — 15Conc. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 7. — 16 Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer, 111. — 17 Ibídem, 110.

About the mediation of pope Francis between the USA and Cuba

diciembre 22, 2014 § Deja un comentario


 

Quod Deus coniunxit, homo non separet iterum

us  vaticano  cuba

 

http://www.theguardian.com/world/2014/dec/17/us-cuba-diplomatic-relations-obama-raul-castro?CMP=EMCNEWEML6619I2

 

The work of diplomatic mediation of Pope Francis, a pope with a new spirit, between the United States and Cuba is a political accomplished that we should not hesitate to describe as historic. Entrenched relations between the two powers from the conflict in the missile crisis in 1962 and the work carried out by two singular men, JF Kennedy and N. Khrushchev, who accepted the historical commitment not to plunge mankind into disaster the reopening of negotiations between the two countries has now needed work and the blessing of a personality political stature of the above. That is the Pope Francis.

The embargo only hurt the poorest and, generally, are not effective measures to “encourage” the local population to rebel against their dictators, but are the result of geopolitical strategies dictated by the most powerful nations in the world, and lobbies that support them. Only the most conservative GOP or more recalcitrant anti-Castro sectors, sectors that members of sociological Franchism in our country who are active in the economic party that supports the government are targeted, can not rejoice at the lifting of the embargo.

Shy openings West to Cuba by Pope that sank the Soviet bloc, Saint John Paul II, made their impact on the meeting that had both leaders in 1998. In the religious aspect, the fruits were noted in further opening of the Castro regime to the Cuban religious reality. And in the political speeches of both leaders reflected the harsh condemnation of fierce capitalism that encouraged them to both signatories, while also warned of the dangers of unbridled development of the capitalist system, and, as events have shown, has come to prevail during the early years of the century.

Above ideologies, especially now, in XXI century, people and their attitudes are. And regardless of ideology, there is no doubt that the pope Francisco itself is to rise to the occasion. High above Obama and, of course, Raul Castro.

So congratulations, Holy Father. God bless you. And God bless the Holy See, the United States of America and the Nation of Cuba.

Las 15 enfermedades de la Curia vaticana, diagnosticadas por el Papa

diciembre 22, 2014 § Deja un comentario


Estimados lectores:

 

Os dejo el enlace, que espero que sea de vuestro interés:

http://www.yotengofe.com/estas-son-las-15-enfermedades-de-la-curia-vaticana-diagnosticadas-por-el-papa-francisco?utm_source=dlvr.it&utm_medium=twitter

 

Apenas tengo nada que añadir a las palabras del Papa. Él ha arrojado luz sobre lo que muchos sólo sospechábamos y que, desgraciadamente, no sólo subsiste en el franquismo sociológico y en la intransigencia que reina en algunos sectores de la jerarquía eclesiástica de mi país, sino en la propia Curia romana.

En cuanto al poder del dinero en la Curia, hay mucha literatura. Entre la más actual, recomiendo el libro de periodismo de investigación Las cartas secretas de Benedicto XVI (El libro que ha destapado el escándalo vaticano; título original: Sua Santità. Le carte segrete di Benedetto XVI, 2012), del periodista Gianluigi Nuzzi, Ed. Planeta Madrid, 2012.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid y del Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”

@pabloguerez

http://www.citizengo.org/es/14871-papa-francisco-rezo-por-vos?m=5&tcid=8989303

diciembre 18, 2014 § 1 comentario


Mensaje de Felicitación al papa Francisco por su 78 cumpleaños

 

Mensaje general, que hago mío plenamente (publicado en http://www.citizengo.org/es/14871-papa-francisco-rezo-por-vos?m=5&tcid=8989303):

 

Rezo por vos

Estimado Papa Francisco:

Gracias por ser la luz moral y espiritual en un mundo que adora el dinero y el poder y descarta a quienes no son útiles o “convenientes”.

Cuente con mis oraciones.

Atentamente,
[Tu nombre]

 

 

Mensaje personal

 

Felicidades, Santidad.

Estáis haciendo muchas cosas muy buenas en la Iglesia. Estoy seguro que gracias a vuestras palabras y a vuestros hechos, a vuestro ejemplo y estilo sencillo y humilde, como el de Francisco de Asís, muchos católicos no practicantes, o agnósticos, han vuelto a la plena comunión con la Iglesia Católica, entendiendo el ministerio que Vos ejercéis como un servicio y no como un ejercicio de poder, y que permite sensibilidades distintas dentro de esta Casa tan grande que es la Iglesia Católica, porque es la Casa que Jesús quiso para todos en este mundo. Ojalá ésta, y especialmente los sectores jerárquicos más reticentes a seguir el consejo evangélico de la pobreza y a practicar las obras de Misericordia en Nombre del Dios Amor, se impregne del espíritu de humildad que guía a Vuestra Santidad. Mi más sincera felicitación por vuestro cumpleaños y mi felicitación y agradecimiento por vuestra obra pastoral y de gobierno.

Atentamente,

Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

 

 

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando las entradas etiquetadas con papa Francesco en Victimología social, "blaming the victim", teoría social, religión, Derecho y crítica legislativa.

A %d blogueros les gusta esto: