http://www.papafranciscovideos.com/papa-a-moviemientos-populares-no-es-comunismo-es-doctrina-social-de-la-iglesia-126/

diciembre 14, 2014 § Deja un comentario


A mis padres, con todo mi cariño

Y el Rey les dirá: "Venid a mí, benditos de mi Padre, y heredad el Reino preparado para vosotros desde antes de la Creación del mundo. Porque tuve habmbre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me cubrísteis, estuve enfermo y en la cárcel y vinísteis a verme".

Y el Rey les dirá: “Venid a mí, benditos de mi Padre, y heredad el Reino preparado para vosotros desde antes de la Creación del mundo. Porque tuve habmbre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, estuve desnudo y me cubrísteis, estuve enfermo y en la cárcel y vinísteis a verme”.

 

 

Yo soy el Pan de Vida. Quien coma de este pan, tendrá vida eterna.

Yo soy el Pan de Vida. Quien coma de este pan, tendrá vida eterna.

 

 

Escuchad al Papa:

En España, muchos católicos procedentes del “francismo sociológico”, incluidos movimientos que no voy a nombrar, no están de acuerdo. La cuestión social, que interesó a la Iglesia desde la encíclica “Rerum Novarum” de León XIII y, sobre todo, a partir del Concilio Vaticano II y su magnífica Declaración “Gaudium et spes”, supuso sin duda el germen de una apertura o “aggiornamento” de la Iglesia a los más pobres, los más necesitados, opción que no ha sido desarrollada del todo y en relación con la cual me apena que muchas personas que se declaran católicas no dediquen nada de su tiempo e interés a las cuestiones sociales -las cuales, como subraya el Papa, están en el centro del mensaje evangélico-, y se producen fenómenos, por parte de determinados fieles, de ataque directamente de “comunismo” a todo lo que suene a mejorar el nivel de vida de la gente más pobre y a un mejor reparto de los bienes de este mundo, así como de ataque a teólogos, algunos de ellos Santos de la Iglesia Católica, respecto de los cuales San Juan Pablo II declaró que se hallaban en “perfecta consonancia” con la doctrina católica. Muchas de estas personas pertenecen o han pertenecido a la Compañía de Jesús, a la Orden Franciscana, a la Orden Mercedaria o a otras Órdenes, Prelaturas o caminos espirituales religiosos en plena comunión con la Iglesia Católica de Roma. De momento, no me voy a alargar con la lista que los que fueran sedicentes lefebvrianos perdonados por Benedicto XVI, o grupos preconciliares, pero es posible que lo haga en un futuro.

 

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Doctor en Derecho Penal por la Universidad Autónoma de Madrid

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid y del Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”

Acreditado a plazas de profesorado permanente

Experto en Historia comparada de las religiones y escritor

@pabloguerez

 

Vid., en relación con esta entrada, la siguiente entrada relacionada: http://pabloguerez.com/2014/09/20/who-are-the-enemies-of-pope-francis-vatican-increases-security-measures-due-to-isis-terror/

Salvo el título, está escrito en italiano.

 

A.M.D.G.

A.I.P.M.

 

Palabras del papa Francisco sobre los más pobres

diciembre 14, 2014 § Deja un comentario


 

A mis padres

Donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón (Mt 6, 21)

Él les dijo: "Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón"

Él les dijo: “Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”

 

Amigos:

En este Domingo Tercero de Adviento, también denominado “Domingo de Laetare (o “Gaudete”), por la alegría qe debe despertarse en nuestros corazones por la inminente venida del Mesías, y tras haber cumplido mi blog, ayer, su primer año, haciendo uso del derecho de cita, quisiera dejar la palabra al Santo Padre S. S. el Papa Francisco, no sin antes realizar una breve reflexión:

Los que hemos tenido mala suerte en el reparto de los bienes temporales, o bien por causas diversas, algunas a nosotros imputables, no hemos tenido la delicadeza de administrarlos rectamente; los que no hemos sido “instrumentales” ni nos las hemos sabido ingeniar según la sabiduría del mundo para “abrirnos paso” en él según sus normas, estamos con los más pobres de la tierra. Antes de que nos quiten lo nuestro los poderosos que dicen servir a Jesús, cuando sólo se sirven a sí mismos, soportemos con estoica serenidad los padecimientos que la Providencia permita para nuestro bien y nuestra santificación, confiados en que saldremos victoriosos de la prueba. Nuestros enemigos pueden amendrentarnos, pueden tratar de infundirnos miedo, pueden quitarnos cosas materiales que apreciamos. A Jesús, el Inocente entre los Inocentes, le llevaron a juicio y le despojaron de sus vestiduras. Resistamos, con el auxilio de la gracia divina, silenciosos, mansos, humildes y pasivos, y, por ello, o quizá gracias a ello, también compasivos con los demás, tanto si les consideramos víctimas como verdugos, pues todos somos hijos de un mismo Padre celestial a Quien muchos no conocen, y cuya Misericordia infinita no pueden aceptar, simplemente porque no cabe en nuestros limitados esquemas mentales. En cuanto a los deshauciados, embargados, excluidos, desempleados, victimizados, estigmatizados, perseguidos y, en general, a los que sufrimos tribulación, hay cosas que nunca nos podrán quitar: la libertad interior y la paz del corazón.

Con mis mejores deseos de paz y bien,

Pablo

http://www.osservatoreromano.va/it/news/davanti-al-grido-dei-poveri

 

Feliz Domingo,

Pablo

 

A.M.D.G.

A.I.P.M.

Con Jesús, Rey del Universo, despedimos el Año Litúrgico

noviembre 29, 2014 § Deja un comentario


 

Cristo+Rey                        Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán (Mt 24, 35)

JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO

 

El pasado domingo 23 de noviembre, la Iglesia Católica de rito latino -la más extendida del mundo- celebró la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo.

Fue una Fiesta, en sus orígenes no muy remotos, instituida en momentos en los que peligraba la influencia y el poder de la Iglesia frente a los avances de la Modernidad, y, especialmente, el poder temporal de aquélla. Ahora, en un momento en el que el poder temporal de la Iglesia se reduce a la garantía de la imparcialidad e inmunidad de coacción frente al poder civil, labradas a través de los siglos, por medio de la figura de Derecho internacional público de la persona jurídica internacional de la Santa Sede, albergada en el Estado de la Ciudad del Vaticano, de apenas 0,4 km2 de extensión, así como a los vestigios de los antiguos privilegios procesales del refugio “en sagrado” -y que a mi  juicio, como jurista, en un momento de crisis de valores y de legitimidad del poder civil y de los Estados Nación, habría que recuperar-, la Fiesta de Cristo Rey, con la lectura del conocido pasaje de Mt 25 referido al Juicio Universal, representa litúrgicamente la culminación del designio escatológico del hombre y del mundo.

A Jesús, cuya venida volveremos a esperar en el inminente nuevo Año Litúrgico que comienza, con el tiempo de Adviento, ya esta tarde del 29 de noviembre, se le trata como Rey ya desde las antiguas profecías de Isaías y de Zacarías, quien se refiere a un hombre “destinado a gobernar las Naciones con vara de hierro” (Zac 14, 16). La misma descripción aparece en el Apocalipsis (Ap, 12, 5), Libro complejo y de inagotable lectura, escrito en clave de Eternidad, es decir, en la más pura definición borgiana de la misma como “simultaneidad de pasado, presente y futuro aprehendidas por una misma mente”. Por ello, y porque el lenguaje alegórico empleado muchas veces en el Texto Sagrado, muchas de las descripciones bíblicas deben ser entendidas metafóricamente, en su justo sentido.

Los Evangelios nos hablan de que Jesús es adorado ya como Rey por los magos desde su Nacimiento. Pero se trata, como sabemos todos los cristianos, de un Rey muy distinto, como distinta es la predicación de Jesús durante su Reino: “Mirad: el Reino de Dios está dentro de vosotros” (Lc 17, 21). En la noche de su Pasión, preguntado por el Sanedrín y por Pilato, responderá que sí a la pregunta de si es rey. Pero enseguida se aprestará a pronunciarse sobre la naturaleza de su reinado: “Mi reino no es de este mundo” (Jn 18, 36).

¿Qué clase de rey es Jesús? ¿Cuál es la manera de reinar que tiene Jesús? No puede ser un reinado al estilo de los hombres, pues ya había declarado, durante su predicación, que “Los reyes de las naciones las dominan con su poder, y pretenden ser reconocidos como bienhechores… Entre vosotros, que no sea así… Yo estoy entre vosotros como vuestro servidor” (Lc 22, 25-27). Se trata de un rey que se ciñe el cinto, que va a buscar a la oveja descarriada y la pone a salvo. Que nos sostiene a todos y a cada uno de nosotros y nos pone a salvo, diciendo, con el Salmo: “yo te sostengo”. Que no tiene reparos en mezclarse con el pueblo “pecador” y en comer con ellos, con meretrices y publicanos. Es un rey que, antes de ser proclamado burlescamente como tal por sus torturadores, se remanga la camisa y lava los pies a sus discípulos. Ésa es la manera que tiene Jesús de reinar: reinar para nosotros, entendiendo su reinado como un instrumento al servicio de la redención y salvación de los hombres. Jesús reina en nuestros corazones, con tal que le dejemos un mínimo resquicio para poder entrar en ellos. Es un Rey que nos abrió las puertas del cielo llevando por corona una corona de espinas, y por trono una cruz. Por Amor a todos los hombres, su Corazón está representado, en la iconografía católica, especialmente, a partir de la fundación del movimiento de los Sagrados Corazones, con un corazón cubierto por una corona de espinas: símbolo de un Amor sin límites que está dispuesto a aceptar los sufrimientos más horribles con tal de ponernos a salvo y de ensalzarnos hasrta hacernos partícipes de su divina condición. Pues, con el Bautismo, la liturgia católica nos recuerda que el Sacramento hace al catecúmeno “sacerdote, profeta y rey”. Jesús es un Rey deseoso de conducirnos al Padre, que es el Amor mismo, que le ha ensalzado y le ha dado poder sobre toda la Creación, y de hacernos coherederos con Él del Reino de los Cielos que el Padre le ha entregado, preparado para sus benditos desde antes de la creación del mundo. Con tal de que le digamos que sí. Al cumplimiento de su voluntad. Y a cambio escucharemos: “Venid a mí, benditos de mi Padre”. Así, leemos en el Evangelio del Domingo de Cristo Rey: “Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos. Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda. Entonces dirá el Rey a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, recibid la herencia del Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; era forastero, y me acogisteis; estaba desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a verme”. Entonces los justos le responderán: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; o sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos forastero, y te acogimos; o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y el Rey les dirá: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 31-14).

Rebuscando en el ciberespacio de las homilías católicas para esta Solemnidad, no he podido encontrar mejor colofón que éste para terminar este post. Pertenece a una página católica muy recomendable que destila autenticidad evangélica desde el principiol, y tiene una licencia de copyleft, es decir, una licencia similar a las de creativecommons.org que yo suelo utilizar. Se permite la reproducción de su contenido citando su origen, y que podéis encontrar íntegro en http://www.acogerycompartir.org/palabra/2012/1125.html, no sin antes situar al lector en el contexto del mismo, a partir de la reflexión que puedan suscitar estas palabras a las que antes me he referido: “Jesús reina en nuestros corazones”. Creo compartir con muchas personas, creyentes y no creyentes, la percepción de una renovación en la Iglesia, tanto desde abajo, pedida desde los grupos de oración de las parroquias más humildes en todo el mundo cristiano, como desde arriba, en cuanto está siendo promovida por el papa Francisco. El texto que cito parte de la necesidad de situar la primacía del reinado de Cristo aquí y ahora. Cristo ha resucitado y ya es Rey. Aunque no lo veamos, como Él mismo dijo: “El Reino de Dios está en vuestros corazones”. Depende de nosotros, por tanto, remover las estructuras de pecado que configuran una sociedad muchas tecnológicamente muy avanzada pero muchas veces inhóspita para hacer posibles los ideales del Reino de Dios aquí y ahora, en este mundo que Cristo ha ganado para nosotros. Así, el objetivo escatológico de un cielo nuevo y una tierra nueva no debe sumirnos en una espera apática, sino servirnos de referente para ayudar a mejor este mundo, de una manera sencilla, como se expresaba y actuaba Jesús, “dando de comer al hambriento”. El párrafo que escogido del texto al que antes he aludido es el siguiente: “Aunque la fe cristiana nos lleve a mirar siempre más allá de la sociología y la política, ya es bueno que, con otras muchas personas, luchemos por metas intermedias, que son, sin embargo, bien importantes.  Jesús hace presente a Dios en el centro de nuestra historia y por eso Él en persona es el Reinado de Dios.  Sin olvidar que Dios reina místicamente en las personas santas.  En el concilio Vaticano II la Iglesia renunció a monopolizar la realización del Reinado de Dios.  Bastó decir que ha de ser germen o signo del Reinado de Dios hacia el mundo.

Eso debería haber sido y eso debería ser.  La crítica del poder absoluto de la realeza terrena se extiende también en el evangelio al poder absoluto que ejercen las instancias religiosas. A poco de iniciar el relato de la activación del programa del Reino, el evangelio de san Marcos indica que fariseos y herodianos se confabularon para hacer desaparecer a Jesús (Marcos 3,6).  La imagen del Reinado de Dios y de Cristo Rey del Universo no justifica que en la Iglesia se reproduzcan los símbolos y las estructuras de los gobiernos absolutos que tiranizan al mundo”.

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Who are the enemies of Pope Francis? Vatican increases security measures due to ISIS Terror. Meanwhile, the Church needs urgently a new “aggiornamento” to boost its credibility

septiembre 20, 2014 § Deja un comentario


http://www.iltempo.it/esteri/2014/09/20/l-isis-minaccia-il-vaticano-controlli-raddoppiati-a-s-pietro-1.1312658

 

To Evil’s victory, it is enough that the good people do not make nothing (Burke)

Siembra vientos y recogerás tempestades (Proverbio anónimo)

 

Scrivo questo post, preoccupato per la vita e l’ integrità di uno dei migliori Papi che Dio ci ha dato negli ultimi cento anni, in lingua italiana, perché è la lingua ufficiale, assieme al latino, della Santa Sede, in considerazioni ai miei seguitori dall’ Italia, credenti e non credenti, e perché credo possa essere seguito anche dallo spagnoloparlante colto.

Coloro che vorranno trovare in questo post una ferma condanna al terrorismo islamico non la troveranno. Non perché io non condanni la crudele follia dell’ ISIS, alimentata in buona parte da una politica estera degli Stati Uniti imperalista a ancora basata sulla logica del Far West, ma perché questa condanna sta essendo utilizzata da lobbies conservatori per difendere qualsiasi mezzo di lotta contro il terrorismo. Sicuramente una política piú comprensiva con la situazione del popolo palestinese, basata sull’ intesa, l’ accordo diplomatico con il legittimo Stato di Israele e una politica chiara di investimento per l’ educazione e per la coesistenza pacifica nel rispetto alla diversità non avrebbero reso il terreno cosí facile alla semina dell’ odio che scaturisce dalla paura e dalla incomprensione della cosiddetta “societá internazionale civilizzata”, e da una Europa immatura la cui política estera sembra essere ancora irremissibilmente legata alla logica della guerra fredda, nella quale la “sinistra” equivale ad appoggio incondizionale al popolo palestinese, anche ai terroristi, e “destra” equivale ad appoggio internazionale allo Stato d’ Israele, anche al suo terrorismo di Stato. Mentre i “pseudointelletuali” europei si dibattono ancora su tali termini, a maggior gloria dei loro leader politici o giornalistici, molti siamo stanchi della politizzazione, nel peggior senso del termine, e nel liguaggio piú oscuro, basso e interessato, di ciò che è una vera e propia catastrofe umanitaria in Medio Oriente, alimentata dal circolo dell’ odio tra estremisti sionisti e fondamentalisti islamici di Hammas. In questo contesto viene fuori lo Stato Islamico, assieme alle declarazioni degli screditati leader iracheni e iraniani, i quali, como i leader dell’ Arabia Saudita, per contentare a tutti, e soprattutto il loro alleato supremo, il Governo Federale degli Stati Uniti di Norteamerica, con il Presidente Obama in testa, colpevole, como egli stesso ha riconosciuto, di tortura. La situazione è prebellica a livello mondiale, e gli atteggiamenti sia dal lato del “mondo libero”, sia dal lato islamico non sembrano troppo pacifici. Siamo, como ha detto il Papa, in una situazione di guerra mondiale “a pezzetti” (a trocitos). Adesso pare che –secondo fonti giornalistiche all’ uso, e quindi, che meritano la stessa credibilità dei leader o del pensiero unico degli Stati ai quali servono, sarebbe il Papa sotto il punto di mira degli islamisti. Propio la figura internazionale che piú ha pregato per la pace, che piú ha denunciato che un mondo dominato dalle regole del mercato e dalla volontá dell’ Occidente non è sostenibile né giusto, che bisogna trovare una soluzione per la pace in Oriente Medio che non passi per negare la giustizia che legittimamente appartiene sia a israeliani sia a palestinesi. Forse è vero, ma queste minacce, come si usa dire colloquialmente, non me la contano giusta. Se fosse stato Obama ad essere stato minacciato sarebbe stata una cosa diversa. E forse, ma dico soltanto forse, non è stato cosí perché anche egli ha deluso una buona parte del suo elettorato e si è messo da parte del “conservative law and order”. Una volta piú, le oscure e criminali agenzie di sicurezza degli Stati Uniti, la NSA, la CIA, hanno fatto quello che hanno voluto, alimentando l’ isteria collettiva cui é tanto ricettiva la popolazione media americana ed hanno colpito anche l’ integrità del Presidente eletto dal popolo, e che dovrebbe governare per il popolo. Cinquanta anni fa, in un discorso tenuto dal suo compagno di partito il Presidente J. F. K., ucciso in strane circostanze, gli assistenti alla conferenza tenutasi  all’ Università di Columbia, D.C. con occasione dell’ apertura dell’ anno accademico, ascoltarono como il loro Presidente cattolico, dopo aver messo fine a quella che fu forse la crisi piú grave della Storia dell’ uomo sulla terra, poiché potrebbe aver portato l’ Umanità intera alla distruzione nucleare, dichiarava di non volere una “pax americana” basata sulla assoluta egemonia degli Stati Uniti, ma di una vera pace nell’ interesse comuni di tutti i popoli e di tutti gli Stati, compresa l’ Unione Sovietica, “because everybody  live in the same planet, everybody breath the same air, everyone take care of the future of their children and, at least, everybody are mortals”.

La fiducia nella Provvidenza e nella presenza di Cristo risorto, assieme al Suo spirito, è la miglior sicurezza per il Papa, a guida della sua Santa Chiesa. Noi preghiamo a lungo il Papa, affinché non venga sconfitto dai suoi nemici sia interni sia esterni, ed affinché Dio muova i loro cuori nella direzione dell’ Amore. Nemici del Papa non appartengo soltanto a movimenti fondamentalisti islamici como lo Stato Islamico, ma ce ne sono anche dentro la Chiesa Cattolica. Coloro che disprezzano il Papa e la sua attività volta ad avvicinare la Chiesa ai poveri, ai disperati, agli emarginati di questo mondo, e lo fanno sotto le vecchie insegne di una Chiesa imperiale malintesa, basata sull’ ornato, la condiscendeza o la collaborazione, attiva od omissiva, con il potere civile, non fanno altro che ostacolizzare la lavore di evangelizzazione affidata dallo Spirito Santo al legittimo successore di San Pietro. Questi, tanto affetti all’ autorità come concetto, disprezzano l’ autorità concreta di colui che incarna nel momento presente il potere delle chiavi affidato da Gesú stesso alla Sua Chiesa, cuando non conviene loro. Per no contare i numerosi gruppi settari norteamericani che costituiscono la base sociológica di una buona parte dell’ elettorato del Partito Repubblicano. Fra di loro ci sono i lefrebviani presumibilmente “reabilitati” da Benedtto XVI, i tridentini preconciliari e molte settte e persone paranoiche che vedono nella Chiesa soltanto un cumulo di riti e liturgie senza Spirito, senza condivisione con il prossimo e senza il messaggio autentico di Gesú, il Quale, essendo il piú grande ed innocente, si abassò e fu contato fra i peccatori proprio per la nostra salvezza. Ma noi, che siamo tutti peccatori, compresi quelli che non riconoscono il loro peccato in nome di una presumibile condizione di “cittadini di legge ed ordine” dobbiamo seguire il messaggio di umiltà che scaturisce da una lettura sincera, anche la piú semplice, del Vangelo, il cui seguimento si manifesta otre che nella preghiera, negli atti di Misericordia, anche corporali, per il prossimo, come ci ricordava il Vangelo sulle beatitudini della Messa di prima di ieri, venerdí 19 settembre del 2014.

Sono dell’ opinione che il Vaticano debba conservare il suo potere temporale guadagnato storicamente attraverso giusti titoli di proprietà. cosí como il suo particolare status giuridico internazionale. Ma i beni e i poteri temporali della Chiesa devono essere intesi soltanto como servizio alla comunità umana, dove la Chiesa debe svolgere la sua opera di evangelizzazione attraverso la preghiera, i testimoni di fede, la sua presenza sacramentale, ma anche mediante l’ aiuto e il sostegno temporale. Soltanto attraverso le Missioni Pontificie arrivano ai paesi piú poveri miliardi di euro che contruiscono non soltanto alla costruzione di chiese, ma anche a promuovere la justizia sociale e la carità nei territorio piú poveri della terra, laddove né gli Stati, né gli organismo intermedi, né le NPO, né la propria Croce Rossa, riescono a paliare la situazione di miseria estrema patita dalla popolazione. E lá ci vuole un aiuto massivo proveniente proprio dalla Chiesa come portatrice di un messaggio di speranza ragionevole. Non si può -oppure é molto meno effettivo- parlare di Gesú e delle beatitudine, o degli atti di Misericordia corporali cui si riferisce Nostro Signore in Mt 27, per esempio, senza offrire a chi è estenuato dalla fame da intere settimane un pezzo di pane, acqua, e tutti i beni necessari per il suo decoroso sostegno. Proprio su questo punto, ed anche a rischio di essere malinterpretato, oggi piú che mai la Chiesa cattolica debe avere un patrimonio economico e un potere temporale e diplomatico il quale, seppur sui generis, le consenta di arrivare là dove l’ azione degli Stati e delle NGU non arrivano, e le consenta pure di mediare, como storicamente ha sempre saputo fare, nelle controversie fra gli Stati allo scopo di raggiungere fini condivisi da tutta la comunità internazionale, come la justizia, la pace, o la lotta contro la miseria. Oggi piú che mai, la Chiesa Cattolica è investita da una auctoritas e da una opinio iuris riconosciuta informalmente dalla comunitá internazionale che le può consentire una collaborazione piú efficace con le autoritá civil nel conseguimento degli obiettivi di rendere migliore il mondo. Il crollo delle ideologie e la palese menzogna sulla quale sono edificati gli Stati moderni -il potere del popolo- sono ormai noti a tutti: chi comanda sono i poteri finanziari, indipendenti dagli Stati, sottratti ai loro classici poteri “formali” e ai quali gli Stati, soprattutto quelli occidentali, di tradizione cristina, rendono colto. Sono, in parole del propio Pontefice, le “economie idolatriche” quelle che rendono il mundo. Esse sequestrano oggi sorta di potere minimamente democratico, onde per molti di noi hanno perso quella legittimità di origine proclamata dai classici e che fondava l’ autorità democratica del potere civile proprio nel contratto sociale. In questa situazione, nella quale il potere civile -comprese le Nazioni Unite e, soprattutto, le istituzioni di Bretton Woods, non avrebbe nessuna autorità -legittima, si intende- “se non fosse stata loro concessa dall’ alto” (cfr. Gn 19, 11), soltanto una instituzione como la Chiesa Cattolica, nella misura in cui esprima la sua particolare autorevolezza mondiale nel linguaggio e nelle forme dell’ autenticità, e non dell’ imposizione, una istituzione aperta al dialogo ecumenico e al dialogo con il potere civile, sia esso formalmente democratico o non democratico, una Chiesa amministratrice dei beni di questo mondo ma che non é del mondo –una Chiesa che, pur non essendo del modo, deve agire in questo mondo, perché fu in questo mondo, con tutto il suo peccato e la sua miseria, per il quale morí Nostro Signore-, non può disintendersi della sofferenza materiale della gente. Eppure, non dobbiamo confonde la Chiesa con il Regno di Dio: la Chiesa è pur sempre uno strumento, preziosissimo, attraverso la quale si manifesta l’ azione di Gesù e dello Spirito Santo, di tutta la Trinità, nel mondo, attraverso la preghiera, le opere di misericordia, e, soprattuto e in maniera fondamentale, per volontà expressa di Gesucristo, attraverso il miracolo della sua sacramentalità. A questo punto… come sostenere al contempo la neccessità di una Chiesa povera, non soltanto ni Spirito, ma anche nel materiale, e del potere temporale della Chiesa? Nella linea sostenuta da vari teologi del Novecento, con particolare sensibilità sociale, ciò è possibile se i responsabili dell’ amministrazione vaticana e di tutti gli istituti cattolici praticano il distacco tra la volontà di possedere e il fatto di possedere, nel nome dei valori che essi vogliono e devono perseguire: che la ricchezza della Chiesa Cattolica serva come strumento o come destino finale per lenire la sofferenza del prossimo, sia materiale sia spirituale. La pratica del distacco, comune a tante religioni attuali e scomparse sulla terra, è stata practicata da molte persone di buona volontà, cristiani oppure di altre religioni, i quali, non hanno semplicemente lasciato tutto a i poveri, ma si sono riservati la amministrazione anche durante anni, creando fondazioni, monti di pietà ed altri istituti benefici. Ma ad una condizione: essi hanno cambiato radicalmente il loro rapporto funzionale fra le proprie ricchezze (l’ avere) e la percezione del proprio io. Come esempio del fatto di un tale atteggiamento può essere riscontrato in altre religioni millenare, nel tardo buddismo, il ramo meno rigoristico del Buddismo scolastico, raprresentato dalla Bhagavad-Gita, non richiede la rinuncia al mondo, a se stessi e ai beni temporali -como nemmeno una tale richiesta è pienamente soddisfatta del proprio Buddha e da molti suoi autorevoli discepoli-, ma si accontenta con il mandato di trasformare  in sacrificio le proprie azioni, rinunciando ai loro frutti -che vanno cosí a beneficiare gli atri o Dio-, rompendo in questo modo la ruota karmica del pensiero indiano responsabile della schiavitú operata da noi stessi e dalla interminabile catena di azioni-conseguenze que determineranno, a sua volta, il ciclo delle reincarnazioni. Invece, sacrificando i frutti (buoni, si intende) delle proprie azioni l’ uomo si libera da una delle cause del dolore che lo lega a questo mondo, l’ ansia di possedere, e puó giungere, senza necessità di grandi processi meditativi o ascetici, alla “liberazione”.

Ora, tornando al cristianesimo e alla Chiesa Cattolica, possiamo ritrovare elementi comuni di queste idee, le quali devono ovviamente essere contestualizzate, nel comportamento di grandi santi e sante della Chiesa. Mi piacerebbe avere un dialogo con Giovanni Papini su questo punto, piché egli fu molto duro sulla questione della accumulazione delle ricchezze da parte della Chiesa, ma si dichiaró anche “medievale” (cfr. La scala di Giacobbe). Tornando al punto di partenza, credo sinceramente che siamo entrati in una nuova era dal punto di vista político ed economico, ma non alla leggera o “light”, como sostengono i raprresentanti dei cerchi new age, ma proprio pero la assenza di un potere civile forte che ha caratterizzato sia l’ Antichitá (l ‘ Impero), sia l’ Etá moderna e parte di quella contemporánea, al meno fino alla comparsa della cosiddetta “postmodernità”. Le istituzioni piú politiche delle Nazione Unite -e con questa precisione voglio mettere a salvo da questa analisi critica le principali istituzioni della “famiglia” delle NU, quali la FAO, l’ UNESCO, l’ UNCTAD, l’ ACNUR, l’ OMS e molte altre, che svolgono una importantissima funzione di “coscienza critica” della comunità internazione- non valgono piú, rispecchiano ancora i vecchi rancori della Guerra Fredda. E accanto all’ ONU istituzioni che dovrebbero reggere con giustizia i rapporti economici e finanziari fra le Nazioni per migliorare le condizioni di vita delle persone, non fanno altro che servire gli interessi delle grandi corporazioni economiche e finanziarie multinazionali. In questo contesto internazione, l’ attività istituzionale della Chiesa Cattolica può essere efficace se si fonda sull’ apertura alla società internazionale, soprattuto ai paesi piú poveri, e tende loro la mano, como oggi ha espresso il Presidente dell’ Albania al Papa. Ma é soltanto nel Vangelo di Gesù dove la Chiesa debe ritrovare continuamente la forza che viene dall’ Alto e che le da la sua indistinguibile autorevolezza, nel senso di autenticità. E da questa Fonte senza fine la Chiesa debe saper portare, anche institucionalmente, oltre al messaggio evangelico di speranza nella nuova vita regalataci da Gesú, l’ esempio della sua prassi concreta attraverso le opere di beneficenza, protezione e rifugio. Anche facendo valere la sua riconosciuta autorità internazionale come Santa Sede, sapendo che é sempre assistita dallo Spirito Santo secondo la promessa di Gesú, e mettendo a lavorare tutte le sue forze umane, materiali, istituzionali, giuridiche, mediatrici e diplomatiche al servizio di tutti gli uomini, specialmente dei piú deboli ed emarginati della Terra. Affinché loro possano sentirsi assistiti dalla comunità di vita che è la Chiesa e, dinanzi al mondo, possano anche mettersi a rifugio, come si diceva anticamente, “in sacro”, dove nessuna autorità umana né nessun potere civile oserrebbe toccarlo, perché sono i figli prediletti di Dio, coloro che sono stati rifiutati, per azione o per omissione colposa, dalla nostra società ipocrita. Come lo furono gli ebrei e gli altri  uonini, donne e bambini perseguitati dal nazismo e dal comunismo in molte Chiese, anche con l’ aiuto -oggi dimenticato- di molti paesi neutrali o non belligeranti.

Preghiamo dunque per il Papa. Affinché egli sappia gestire con umiltà, saggezza, intelligenza e lungimiranza, assistito dallo Spirito Santo, il Tesoro che gli è stato affidato da Gesú: la Santa Chiesa Cattolica. Perché sappiamo che le porte dell’ inferno non prevalebunt. Cristus vincit, Cristus regnat, Cristus imperat. Benedicat omnes gentes omnipotens Deus. Amen.

 

Madrid, a 21 settembre del 2014, Festività di San Matteo Apostolo ed Evangelista

 

Per: Dott. ric. Pablo Guérez Tricarico

Signed by.: Pablo Guérez Tricarico, PhD

 

I. H. S.

A. M. D. G.

 

La plaza San Pedro ha reforzado las medidas de seguridad.
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Llamamiento a participar en la Jornada de Oración y Ayuno por la Paz convocada por el papa Francisco

septiembre 7, 2014 § Deja un comentario


La paz os dejo, mi paz os doy. No os la dejo como os la da el mundo. No tiemble vuestro corazón ni tengáis miedo (Jn 14, 27)

 

El Papa Francisco ha convocado este Domingo 7 de septiembre, Víspera de la Fiesta de la Natividad de la Virgen María, una Jornada Mundial de oración y ayuno por la paz en Siria, en Oriente Medio, Ucrania y otros territorios en guerra. En estos tiempos difíciles, en los que algunos nos quejamos de la demanda justa de no tener trabajo ni sustento, volvamos la mirada hacia quienes sufren unas condiciones de precariedad mucho más trágicas, y se levantan todos los días sin saber si volverán a acostarse.

Siguiendo la estela apostólica del gran papa San Juan XXIII y de su memorable encíclica “Pacem in terris”, el Pontífice llama a los hombres y mujeres de todas las religiones, creyentes y no creyentes, y, en definitiva, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que se unan con su participación y con sus intenciones a la oración de la Iglesia universal por la paz. Recordando el espíritu y la letra de la citada encíclica, el entonces para San Juan XXIII expresaba su deseo de que los responsables políticos de las naciones caminaran en una dirección en la que, por su peculiares características, toda guerra debería ser prohibida. Profundizaron en esta idea documentos conciliares como la magnífica Carta “Gaudium et spes”.

A cincuenta años de su publicación, vivimos en un mundo mucho más inestable y menos controlado, aunque obsesionado por la “seguridad”, la cual es esgrimida muchas veces por los exponentes del pensamiento único del nuevo orden mundial así como por sus prácticos -los líderes políticos occidentales-, en detrimento de la justicia. Poco recuerdan algunos de estos líderes su conexión con el movimiento democristiano y la doctrina social de la iglesia. En este sentido, baste la afirmación, repetida por la saciedad por el papa San Juan Pablo II, de que no puede haber paz sin justicia.  En el nuevo orden mundial actual, que puede ser explicado como un desarrollo perfectamente lógico, aunque inhumano, del pensamiento único que ocupó la hegemonía cultural mundial utilizando de manera privilegiada el lugar de las cenizas del bloque socialista y de los ataques del 11-S, la carrera de armamentos ya no explica el equilibrio de fuerzas, pero el fanatismo en el que aquella se inspiró sigue vivo, y muchas veces vinculado a errores cometidos por líderes políticos y religiosos de Oriente y Occidente. De nuevo, no va a ser la paz táctica, la que Kennedy llamara de manera crítica “pax americana”, la que traiga la verdadera paz, y con ello, la justicia, al mundo, sino aquella que nace del corazón puro y del amor al prójimo, incluido el amor a quien consideramos o nos considera nuestro enemigo.

Desde esta pequeña plataforma os invito a participar, de la manera que mejor estiméis en conciencia, en esta Jornada, desde vuestras casas, comunidades, puestos de trabajo o en el Templo. Las puertas de varias iglesias católicas estarán abiertas para recibir a todos aquellos que quieran unirse a esta sincera oración colectiva por la paz. Por mi parte, estaré esta tarde en la parroquia de San Germán, sita en Madrid, D. m., adorando a Jesús Sacramentado, que estará expuesto hasta las doce de la noche, y pidiéndole que ilumine los corazones de los políticos, de los poderosos, de los fanáticos, de las gentes resentidas y especialmente vulnerables a caer en la espiral de la violencia y con ello a convertirse en víctimas de ella; en definitiva, para que Jesús, que vino a traer la paz, infunda sobre toda la Humanidad doliente su Espíritu de Amor, a fin de que el hombre, con la ayuda del Espíritu de Dios, pueda resolver los problemas que él mismo ha causado por vías pacíficas y respetuosas con los derechos humanos. Que con la ayuda de Su divina gracia, y con la intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de la paz, se derriben los muros de la incomprensión y se rompan las cadenas del odio, la ira, la violencia y el rencor que sólo llevan a encadenar nuevos actos de crueldad con otros y que, del reconocimiento de la dignidad del otro y de su humanidad, brote el Amor verdadero que lleve a la paz. Amén.

 

A.M.D.G.

 

 

¿Es posible conciliar la planificación de nuestra vida con la confianza en la Providencia divina? Especial referencia al trabajo en la situación de CRISIS actual, a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia.

julio 28, 2014 § Deja un comentario


A mi padre

 

http://es.catholic.net/escritoresactuales/854/1702/articulo.php?id=39646&msj=2&msj=1

 

Comentario:

 

El enlace que acabo de postear, publicado por Pioneros de Schoenstatt, movimiento católico que me merece el mayor de los respetos, realiza una breve exégesis del conocido y precioso mensaje de confianza en la Providencia contenido de Mt 6,24-34, sobre los pájaros del cielo y los lirios del campo. Intenta conciliar la confianza en la Providencia con nuestra necesidad humana de previsión y seguridad. Sin embargo, desde mi punto de vista el artículo “se queda corto” y no convence, a mi juicio. Y se queda corto precisamente desde el lado “providencialista”. La posibilidad conciliadora entre confianza en la providencia yy planificación de nuestras vidas, que sostiene el artículo posteado, resulta hoy, por la “certeza de la inseguridad” en la que se basan las sociedades aun de los países más desarrollados, no guarda relación directa con otros pasajes del Evangelio. En particular, con la condena de Jesús de la acumulación de riquezas -que no es equiparable al ahorro-, así como con otros pasajes neotestamentarios que recuerdan la sabiduría de los Salmos de David o de los Libros Proféticos del AT, algunos recordados por algunas epístolas de San Pablo: “Mis caminos no son vuestros caminos” (Is 55, 58), pasajes que nos recuerdan la absoluta precariedad de la vida y de la condición humanas, que sólo pueden descansar en la confianza en Dios, y no en las seguridades que nos construimos los hombres, seguridades cuyo carácter ilusorio es puesto de manifiesto por los signos de los tiempos cada vez con mayor crudeza y con pavorosa actualidad. En otro lugar del Evangelio de Mateo se nos invita a no atesorar tesoros en la tierra, sino a buscar los bienes del Cielo. Así, en Mt  6,19-23 leemos: “Jesús dijo a sus discípulos: “No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en le cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque dónde esté tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!”).

Así las cosas, y por comentar críticamente la exégesis realizada de la invitación a la Providencia, quisiera comenzar diciendo que el mensaje evangélico me parece, a mi modo de ver, un sabio mensaje común a casi todas las religiones, antiguas y modernas, tanto occidentales como orientales -y sobre todo propio de éstas-, que con sabiduría milenaria han conseguido transmitir una enseñanza capaz de llevar mejor la paz al corazón del hombre que el mensaje contrario: el mensaje cristiano tergiversado propio del protestantismo clásico y de sus derivaciones en varias Iglesias reformadas, que insiste en la necesidad de triunfar en los negocios como signo externo de la gracia divina (cfr. Weber, Max, El espíritu protestante y la ética del capitalismo), y en el que se funda en buena parte el llamado “progreso” de nuestra decadente -pues ha perdido ya su ética originaria, incluso comercial- sociedad occidental.

Descendiendo a la “realidad de las cosas y del trabajo” en los actuales tiempos, ¿qué hacer cuando no hay trabajo y la lacra del paro se ceba precisamente con los que más hemos hecho fructificar nuestros talentos, precisamente porque los “emprendedores” tiene miedo de que no aceptemos sueldos menores? ¿Hasta cuándo debemos las personas que nos hemos esforzado toda nuestra vida en hacer fructificar nuestros talentos -aun en momentos de pecado y debilidad-, hasta conseguir la máxima titulación académica, la de Doctor (PhD), y no encontramos trabajo? ¿Mandar 100 currícula? ¿200? ¿500? Cualquier número podrá ser insuficiente porque siempre es posible pensar, in abstracto, en una mayor. Si mandamos 1000, siempre se nos puede reprobar que no hayamos mandado 1001.  Genitori et societati numquam satis. La única solución lógica, pero injusta, es infinito, lo que pasa por la extenuación del demandante de empleo, sobre todo porque ante esta situación es muy probable que se vea afligido por la depresión y la frustración, que paraliza, sin culpa alguna del trabajador en paro -el cual es encima victimizado y culpabilizado por su situación por las generaciones que le precedieron, por la clase política y empresarial y por la sociedad en su conjunto-, sus posibilidades de emprender una búsqueda fructífera de un trabajo que le procure un sostenimiento decoroso, no digamos ya la posibilidad de formar una familia, como han venido enseñando reiteradamente los papas en sus encíclicas sobre la doctrina social de la Iglesia. A este respecto, quisiera hacer una observación de la parábola de los talentos, que debe intepretarse sistemáticamente; el Señor, al igual que reparte talentos, reparte -o permite- cruces. Es por este motivo por lo que, especialmente en la situación socioeconómica actual, y especialmente en lo tocante a las economías de los países llamados “desarrollados”, la utilización de esta parábola como arma arrojadiza generacional es peligrosa en boca de las generaciones ya colocadas, que no entienden de la BRUTAL CRISIS que padece la sociedad, que lleva a cosas tan ilógicas como la hipercualificación constituya una desventaja. Desde luego, ilógicas desde el punto de vista de la justica y la equidad, pero perfectamente lógicas desde el mercado de trabajo y, en particular, de la figura del llamado “emprendedor”, que con la excusa de la crisis no aceptará personas cualificadas o hipercualificadas con el pretexto de no poder pagar salarios acordes con la cualificación alegada. Es más, presionará a los “mercados del conocimiento”, es decir, a las instituciones académicas, públicas o privadas, para que impartan enseñanzas conformes sólo con los caprichos coyunturales del mercado, denominados “nuevas necesidades del mercado” e incluso “necesidades de la nueva sociedad de la información y del conocimiento”. Y ante la conformidad del trabajador, ésta será vista con sospecha, sobre todo si se trata de un trabajador bien formado intelectualmente, con capacidad crítica y competencia para resolver problemas complejos, que la cortedad de mira sdel “emprendedor” no sabrá valorar, y mucho menos los psicólogas -y utilizo el femenino porque son abrumadora mayoría- de recursos humanos reclutadoras de carne fresca según los manuales al uso para para que los trabajadores finalmente seleccionados puedan ocupar un puesto para que la empresa “vaya tirando”. Por supuesto, los beneficios empresariales obedecerán a otra lógica muy distinta: la lógica de su inversión en los mercados financieros y su mágica transmutación en productos de nombres cuasi esotéricos; derivados, futuros, warrants up o down, bonos convertibles, acciones A, B, C, o cócteles financieros de todos ellos empaquetados en respetables fondos de inversión o planes de inversiones listos para la venta a los “ahorradores”, que no son más que las personas decentes que han conseguido acumular un pequeñísimo patrimonio con su trabajo a la largo de toda su vida. Si me habéis seguido hasta aquí, queridos lectores, ¿acaso no estáis ya cansados, pero desde hace ya muchísimo tiempo, de toda esta palabrería economicista que se cobra a precios de 60.000 euros en algunos “Másteres” de “ciencias empresariales, MBA, márketing y ciencias ocultas análogas?
Lógicamente, esta situación varía de país en país, de acuerdo con la diferente “cultura empresarial” que se tenga. Pero en España lo que ha primado y sigue primando -aunque la crisis haya detenido las ansias de codicia de los empresarios, que volverá a reaparecer si cabe con mayor virulencia cuando comencemos a experimentar un crecimiento económico real-, es un modelo que volverá a aplicarse; un modelo económico basado en el natural connubio entre construcción, servicios inmobiliarios, entidades financieras y corrupción pública, todo ello condimentado con una alta dosis de cinismo aplicada por los políticos que seguirán pidiendo “sacrificios” a los trabajadores en términos de moderación salarial, renuncia a los seguros sociales y a las pensiones públicas, renuncia a la sanidad y a la educación pública y a otros sistemas de previsión social mínimamente tutelados por el Gobierno.
En los tiempos de Cristo era más fácil poder vivir con poco. Lamentablemente hoy no. La doctrina social de la Iglesia, muchas veces no conocida en su integridad, y más compleja de lo que parece -aunque a mi juicio desde que surgiera como disciplina eclesiástica con cierta autonomía con la publicación de la Rerum novarum por parte del papa León XIII siempre se ha mostrado más favorable a los ricos que a los pobres, como espero poder tener tiempo de argumentar en una entrada posterior- revela sorpresas incluso para los que la blanden como arma arrojadiza en contra de opciones políticas legítimas “de izquierdas” respecto de las cuales la Iglesia, de conformidad con su propia doctrina, debería permanecer neutra, siempre y cuando aquellas doctrinas puedan funcionar sin una concepción socioantropológica distorsionada del hombre y de su dignidad en el mundo. Ello puede deducirse fácilmente de una lectura sosegada de varios documentos y declaraciones del Concilio Vaticano II, cuya enumeración, para no sobrecargar al lector con un farragoso elenco, resulta innecesaria, pero entre las que destaca la “Gaudium et spes”, que proclama la neutralidad política de la Iglesia en cuanto a opciones políticas temporales, así como las cartas encíclicas “Mater et magistra” de S. S. el papa San Juan XXIII de 1961 o la “Populorum Progressio de S. S. el papa Pablo VI de 1967. También son interesantes declaraciones a este respecto de los papas San Juan Pablo II, Benedicto XVI o del actual papa Francisco, por cierto, muy sensibilizado con el problema del paro juvenil, hasta el punto de que lo ha considerado un problema que afecta a la propia dignidad de quien lo sufre y a sus posibilidades de desarrollo personal, familiar, intelectual y aun espiritual dentro del sistema social. En este punto la doctrina sobre la dignificación del trabajo, constante en la evolución de la doctrina social de la Iglesia debe ser aplaudida, mas no por ello deben aceptarse cualesquiera condiciones de trabajo -algo de ello dicen también algunas encíclicas-, ni mucho menos debe dejarse al arbitrio de las coyunturas del mercado la determinación de las condiciones de trabajo y, especialmente la determinación del salario justo (vid., unánimemente, las encíclicas Rerum Novarum, Quadragesimo Anno, Mater et Magistra, Pacem in Terris, Populorum Progressio, Sollecitudo rei socialis, así como múltiples declaraciones tanto del Concilio Vaticano II como de los papas del siglo pasado y de éste, especialmente del papa Francisco.
A los que buscamos trabajo se nos dice muchas veces que debemos acudir al patrón -hoy llamado empleador o, peor, “emprendedor”, aunque no emprenda nada-, y no al revés, y conozco casos en los que esta acusación es vertida contra el demandante de empleo en su propia cara por parte del empresario cuando aquél acude a la empresa a pedir trabajo. A la luz de la terrible injusticia que suponen estas incidencias, que no son más que una manifestación más de la terrible desigualdad entre empresario y trabajador en el estadio del capitalismo actual posfordista, como curiosidad histórica sobre la evolución de la doctrina social de la Iglesia, puedo comentar, a favor de aliviar la carga a los trabajadores en su búsqueda de un empleo que les permita su decoroso sustento, que ya en la encíclica Quadragesimo Anno, S.S. el papa Pío XI comentaba que sería deseable que fuera el Capital el buscara al trabajo, y no al revés. Por su parte, el actual papa Francisco ha cargado ya en innumerables ocasiones justamente las tintas contra un mercado economicista que no tiene en cuenta el talento de las personas y nuestra dignidad, habiendo alertado a los empresarios sobre la gran responsabilidad que tienen para erradicar la lacra del desempleo y, especialmente, el que afecta a las personas con menos recuros y a los más jóvenes, en relación con los cuales las cifras del paro, especialmente en los países mediterráneos, reviste cifras alarmantes.
A.M.D.G.
Fdo./Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD.
En Calpe (Alicante), a veintinueve de julio de dos mil catorce.
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Sobre la petición de perdón del papa Francisco por los abusos sexuales cometidos contra niños

julio 9, 2014 § Deja un comentario


En un blog de orientación de humanismo cristiano sobre victimizaciones no podía faltar una referencia autónoma al problema de la, a veces tibia, posición de la jerarquía eclesiástica con respecto a los abusos cometidos sobre menores y sobre cualesquiera personas vulnerables, o simplemente la situación de denuncia de mujeres maltratadas o agredidas sexualmente sin su consentimiento. La doble moral franquista en este asunto parece ya incompatible con las señales del Papa Francisco, siguiendo la línea de su predecesor Benedicto XVI. Como curiosidad en materia de evolución de la teología moral sexual, quiero pensar que quedan atrás los tiempos, en el seno de la Iglesia Católica, no muy lejanos, en los que para algunos “moralistas” católicos el pecado de “simple fornicación” era teológicamente más grave que el de abusos contra personas que no pueden prestar su consentimiento, puesto que el primero entrañaba también un pecado contra la caridad, al comprometer la salvación eterna de la persona que prestaba su consentimiento al acto impuro. En buena teología “razonable”, esta posición ya no puede sostenerse. El propio Catecismo vigente de la Iglesia Católica señala que, en cualquier falta grave, el juicio sobre la pérdida o no de la gracia santificante como principal efecto del llamado “pecado mortal” corresponde sólo a Dios, lo que resulta conciliable con la nueva jerarquía axiológica que parece haber adoptado la Iglesia -aun sin haberla explicitado- en materia de moral sexual -al menos, en lo que se refiere a la importancia de la indemnidad sexual de los menores y de los incapaces, y al respeto al consentimiento de los participantes en el acto sexual-, y sobre todo, con el mensaje evangélico, que es el primer tesoro que tiene salvaguardar la Iglesia Católica. El papa Francisco ha declarado el 8 de julio de 2014 que los actos de abuso perpetrados contra menores son algo más que actos reprobables. Utilizando sus propias palabras, el papa ha comparado los actos de abuso contra niños con un culto sacrílego, realizado por ministros que habían recibido de Dios el carisma de conducir esos niños a Dios, y aquéllos los sacrificaron al ídolo de su concupiscencia. También ha criticado la omisiones culpables de encubrimiento de estas acciones por parte de los superiores jerárquicos de los religiosos. Ha pedido perdón por los crímenes de abusos vergonzantes realizados contra menores y se ha comprometido a que tales crímenes, por la parte que le toca, no vuelvan a consentirse nunca más o, al menos, que reciban su castigo. Recordemos aquellas palabras de Jesús, unas de las más duras del Evangelio: “Ay de quien escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y le hundan en lo profundo del mar” (Mt 18, 6; cfr. también 1 Co 8, 10-13).

 

Para los que quieran saber más sobre las palabras del Papa, pueden leer la siguiente información contrastada: http://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-celebra-misa-con-victimas-de-abusos-sexuales-y-pide-perdon-por-sacerdotes-que-traicionaron-su-mision-96562/#.U71sD_XlodV

 

 

 

 

 

TREINTA MONEDAS. Carta abierta a S.E.R. Ignacio Ducasse, Presidente de la Conferencia Episcopal Chilena.

junio 23, 2014 § Deja un comentario


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Acogiéndome al derecho de cita, para mayor conocimiento de mis lectores, he considerado interesante postear abajo las declaraciones de Monseñor Ignacio Ducasse, Presidente de la Conferencia Espiscopal de la República de Chile, en formato similar al que me fue retwitteado a mi cuenta particular de Twitter hace unos días. No en vano he escogido estas declaraciones por proceder de una persona que vive en un país cuyo pensamiento económico se fundó durante muchos años en las corrientes doctrinarias más ultraliberales e incluso antidemocrácticas de la Escuela de Chicago, perfectamente compatibles con una dictadura como fuera la chilena, o las actuales dictaduras del competitivo Sudeste asiático. En ellas se aborda la espinosa cuestión del valor o el precio de las personas, en relación con el mercado del fútbol. Más bien sobre el precio, porque, como bien dijera Antonio Machado, “todo necio confunde valor y precio”. Mi intención con esta Carta, a la que puede que le sigan más desarrollos, es ir mucho más allá, y expresar mi opinión sobre la diabólica inversión valorativa que se ha producido en nuestras sociedades posmodernas, en las que todo se compra y se vende. También la vida y la dignidad. Y ya no “sólo” en el Tercer Mundo, sino en todo el ancho mundo. Más aún, el mercado y la compraventa constituyen para nuestras sociedades y economías actuales lo que algunos filósofos o sociólogos del siglo pasado habrían llamado “la cifra” (Jaspers) o “la relación comunicativa por excelencia que conforma la identidad social de nuestros sistemas y subsistemas sociales” (Luhmann).

 

Eminencia:

En pocos casos como en los deportes-espectáculo, S. S. el papa Francisco, a pesar de su procedencia argentina, se ha mostrado tan crítico con el fenómeno que se da, no sólo simbólicamente, como S. E. explica tan bien en sus declaraciones, de la tasación de la vida humana. Sobre esto, que creo que se sitúa en el centro de su mensaje, y no sobre el fútbol, quería compartir con S. E. una serie de reflexiones, no sin antes dejar de expresar mi opinión sobre la gran razón que tienen, a mi juicio, la mayoría de las personas que en Brasil, país donde el fútbol es vivido por muchos como una pseudorreligión, con ocasión de este mundial, han manitestado una postura muy crítica en torno a la suntuosidad de los gastos públicos realizados a mayor gloria del evento, teniendo en cuenta la situación de extrema desigualdad y de pobreza que asola al país.

En cuanto a la cuestión de fondo: el valor de la persona y su tasación. Procedo de un país todavía más cohesionado que el de Su Eminencia, España, y al que todavía nos atrevemos a definir como “desarrollado”, solamente porque mantiene un régimen democrático formal y las desigualdades, aunque graves, no son extremadamente sangrantes. Sin embargo, si seguimos el ritmo que llevamos en Europa -especialmente en Europa del Sur-, sometiendo nuestra política, nuestras propias personas y nuestra dignidad a los dictados de los mercados financieros, o a las “economías idolátricas”, como las denominara recientemente el papa Francisco, acabaremos llegando a una situación social en la que se junten, además de la crisis de fe propia del Primer Mundo, la pobreza y la miseria propias del Tercero. Ya antes de que se produzca esta situación, muchas personas en situación de desempleo y en riesgo de exclusión social, anteriormente “socialmente integradas” en un sistema capitalista con contrapesos sociales, nos sentimos pisoteadas en nuestra dignidad, y con razón. Es algo más que un sentimiento de privación, de inutilidad y de carencia de valor, algo de por sí suficientemente grave como para despertar la conciencia colectiva de un pueblo en torno a la cuestión de que su economía no puede seguir cimentándose en los mismos engranajes -pues no me atrevo a llamarlos principios- que han llevado a nuestro país al borde de la ruina económica y moral. Se trata de una crisis que ha golpeado en Europa de un modo especialmente duro a los países del Mediterráneo, los por algunos llamados “PIGS”. En este sentido, resulta muy significativo que personalidades de la máxima autoridad moral, comenzando con S. S. el papa Francisco, S. M. el rey Don Juan Carlos I, S. M. el rey de España Don Felipe VI, el Presidente de la República italiana Giorgio Napolitano, así como políticos de diversas posiciones ideológicas que merecen todos mis respetos, como el ex primer ministro italiano democristiano Enrico Letta o el candidato a la Presidencia de la Comisión Europea Tsipras por la Izquierda Unitaria Europea-Izquierda Verde Nórdica, por poner sólo algunos ejemplos, hayan tenido en el centro de sus mensajes sobre el desempleo la misma idea: la pérdida prolongada del empleo acaba afectando no sólo al país, por cuanto el absoluto desprecio de los mercados y de los llamados “emprendedores” del talento de varias generaciones muy preparadas y, en muchos casos, hipercualificadas, conducen a la pérdida irreparable de una oportunidad histórica para el progreso del país en términos de desarrrollo, sino, sobre todo, porque dicha situación prolongada de desempleo nos ha llevado a muchos a ese sentimiento legítimo de pérdida de nuestra dignidad.

No soy yo quién para hablar de deuda, cuando la deuda de los países mediterráneos, tanto pública como privada, no se acerca ni de lejos a la injusta deuda que el Tercer Mundo mantienene como una losa frente al Primero, y que en la mayoría de las ocasiones no va a poder pagar si no media una condonación total o parcial. Como ciudadano comprometido con mi entorno social que nunca he dejado de ser, en mis tiempos de bonanza, creo hice lo que pude para exigir a nuestros gobiernos, responsables -que no causantes, que es distinto, pues los causantes son los principales mercados occidentales de materias primas-, la condonación de la deuda. Hoy resulta absolutamente imposible abogar por un comercio justo en una economía regresiva cuyo curso sólo se explica por la especulación de unos pocos. Así que, Eminencia, si le llegan estas breves líneas, le diría que tiene razón en el mensaje, pero que “el mundo” -tal y como lo entendió conceptualmente el evangelista San Juan-, no se rige ya por estos criterios. El ampuloso discurso de la tradición jurídico-política del Norte occidental, en el que nuestros mediocres políticos repiten incansablemente palabras y expresiones ya desgastadas como “dignidad humana”, “dignidad de la persona”, “derechos humanos”, “derechos sociales”, muchas de las cuales encontramos en nuestras leyes y en nuestros textos constitucionales, resulta ya hueco y falto de toda credibilidad. A diferencia de tiempos pasados, no se rige en parte por estas leyes, sino por el capricho y los dicterios de “los mercados”, a los que hay que satisfacer como a “ídolos”, sacrificando públicamente ante sus altares, por ejemplo, la dignidad, la salud, y la integridad física y moral de personas que han perdido su empleo por causa de una crisis que ha sido causada por el hombre, y que, utilizando las palabras que empleara J.F. Kennedy tras la victoria de la cordura frente a la locura tras un oscuro episodio de nuestra Historia mundial no tan lejana, “es el hombre el que debe resolverla”. En en mi país, muchos no podemos pagar deudas contraídas con entidades usureras que tienen, de facto, mayores derechos que nosotros, a los que se nos considera ciudadanos. En este contexto de pérdida de empleo, peso de la deuda y pérdida de expectativas de lograr una vida digna, que afecta de un modo sangrante a personas jóvenes y no tan jóvenes, de pérdida de derechos básicos como el derecho a la educación o el derecho a la sanidad, cuando no de “derechos formales” como el derecho de manifestación o la libertad de prensa -incluida la propia libertad religiosa cuando lo que se diga en su amparo no convenga a los intereses financieros-, muchos hemos sentido que hemos perdido la dignidad, y por qué no, la vida. Quizá no estemos muy lejos de un escenario distópico en el que por fin se diga claramente lo que cuesta cada ser humano por parte de un Gobierno mundial tecnológico de tintes totalitarios, como muchos se aventuran a prececir. Aunque no se trata de algo completamente nuevo, pues siempre se puso precio a la vida de los hombres por parte de los hombres. Personalmente, mi posición es que no vivimos en democracias reales, sino, a lo sumo, en democracias reales que respetan algunos derechos mientras su ejercicio no les sea demasiado incómodo a los poderosos, que son los que verdaderamente nos gobiernan; élites -y ya es atribuirles una cualidad moral que dudosamente poseen- plutocráticas; estamos ante un gobierno de los mercados, pero que no es el exigido por la tradición del constitucionalismo social del siglo XX, que demanda un gobierno de los mercados ejercido por representantes políticos elegidos democráticamente, en la línea de defender una recuperación de la primacía de la política frente a la economía que reclamara hace poco el papa Francisco en su entrevista. Por el contrario, nuestro sistema socio-económico-político, o simplemente nuestras sociedades, están regidas por un gobierno de los mercados ejercido desde éstos, por éstos y para éstos, con instituciones que les bailan el agua, y frente al cual los antiguos valores defendidos tanto por ideologías políticas tradicionales “de derechas” o “de izquierdas”, que antiguamente podían haber servido de contrapeso al pensamiento único y a la hegemonía cultural del mismo expresado por la primacía de la economía como ciencia comprensiva de la totalidad de la realidad social actual, ya no cumplen ninguna función de contrapeso al afán de codicia del ser humano. Algo similar sostiene el propio papa Francisco, cuando dice que vivimos en “economías idolátricas”, que ponen precio a la vida y a la dignidad humanas. En cuanto a la mía, ya sé su precio, y corresponde exactamente a la cantidad que debo a las entidades financieras. El propio Rey Felipe VI de España, por su parte, en su discurso de inauguración de su reinado en las Cortes Generales, habló de los efectos de la lacra del desempleo, que han llegado, en sus propias palabras, hasta el punto de que muchas personas hayan perdido su dignidad como tales, y de la responsabilidad colectiva del Estado y de la sociedad civil en orden a que estas personas seamos “recuperadas” para el bien de la comunidad. El nuevo Rey juró defender los derechos “de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas”, y, que yo sepa, los que mandan, las entidades financieras y los mercados no son “ciudadanos ni Comunidades
Autónomas”. Y, sin embargo, me encuentro personalmente en la paradoja de que pronto seré juzgado por las autoridades humanas de este país en su nombre, y condenado. Recordando a Shakespeare, sólo podré ofrecer una libra de mi carne como tributo a las entidades usureras que me demandan. Algo anda podrido en este país y en el sistema económico mundial cuando se permiten estas cosas, y, personalmente, me va bastante bien si me comparo con otras personas que han sido tasadas por los créditos hipotecarios, y se ven ahora desahuciadas y con el peso de la deuda, como he expresado antes. Y no digamos frente a personas del Tercer Mundo que mueren todos los días literalmente por un puñado de dólares al amparo o bajo la complicidad de los gobiernos del Primer Mundo, los cuales dicen defender “sus intereses nacionales”, cuando realmente lo que defienden son los interereses de unos pocos. En fin, no quiero extenderme más. No creo haber dicho mucho más de lo que ya todos sepamos, y que algunos defienden, otros criticamos, y a otros les resulta indiferente. No creo en la justicia humana, y apelo a la justicia y a la misericordia divinas. Porque, como no me corresponde a mí juzgar, si a mí, y a muchos, no se nos ha hecho justicia en este mundo, como dice la sabiduría de los Salmos, “el Señor me hará justicia”.

A modo de epílogo: lo que escribo en esta carta quiero hacerlo sin rencor ni resentimiento a los que me juzguen, aunque me resulte difícil, pues, como he dicho antes, no me correspode a mí juzgar, y está escrito: “no juzgues, y no serás juzgado”. Dicho lo cual, la correción fraterna me aconseja, es más, considero que me obliga en conciencia a denunciar las graves inversiones valorativas del mundo de hoy regido por el dios Dinero, en la línea expresada por el propio Santo Padre. Mi Dios, espero que sea siempre el Dios crucificado. El Dios que se rebajó a la altura de los hombres, y no precisamente a la de los más ricos. El que siendo rico, se hizo pobre, haciéndose en todo semejante a nosotros, salvo en el pecado. Su Vida, precisamente la de Aquél inocente que era y que es la Vida, también fue tasada por los hombres: concretamente en treinta monedas de plata. Mi vida y mi dignidad están hoy tasadas en unos cuantos miles de euros. Suficientes para que me maten en el Tercer Mundo o para que en el Primer Mundo me perdonen la vida pero me condenen a la muerte civil. También Nuestro Señor sintió la infamia, el ostracismo de Su pueblo y el abandono de los suyos, hasta el punto de exclamar: “Me muero de tristeza” (Mt 26, 38). Por no mencionar el grito de abandono al Padre justo en el momento más doloroso de Su Crucifixión (Mt 27, 46). La Pasión de Nuestro Señor Jesucristo es lo único que puede confortarme en momentos vitales en los que uno parece tener que enfrentarse solo a las estrcuturas de poder y de pecado, como las denominara el papa San Juan Pablo II. Y, claro, la impotencia y la amargura, cuando no cosas peores, se apoderan de mi espíritu, que va atravesando sin cesar noches oscuras, malas noches en malas posadas…. Solamente contemplar la comparación entre ambas “tasaciones” debería hacerme desfallecer, no ya por la cuantía, sino por la meditación sobre la Bondad y la Majestad de Quien fue entregado aceptando el precio de la traición por nuestra causa, desde la conciencia de mi miseria como hombre pecador. Tal vez quisiera el mundo sojuzgado por el peso de sus deudas y sus culpas -por cierto, la raíz etimológica de ambos términos es en muchos idiomas la misma, y la historia de la liturgia cristiana los ha intercambiado muchas veces, como en el rezo del Padre Nuestro-, no ya sólo saber, sino experimentar, lo que Dios ha hecho por mí, y que ahora, sin embargo, en una situación de grave desánimo, apenas puedo recordar con alegría. A veces no es culpa nuestra. Los sentimientos, simplemente, aparecen, y también el desánimo, la desesperación frente a un Dios silente que, como en muchos de los Salmos de David, parece dar la espalda al hombre afligido y cercaado por sus enemigos. Pero Dios actúa en el mundo, y siempre tiene la última palabra. Porque Él, que era inocente, por mí, por ti, y por todos los hombres, aceptó el precio de la ignominia, de ser contado entre los criminales, para salvar a toda la Humanidad. Con ello no sólo pagó la antigua deuda de Adán, sino todos nuestros pecados y nuestras culpas, justificándonos por Su Pasión y Su Cruz ante Dios Padre, y regalándonos el don de la filiación divina por adopción: ¡Qué alejado parece este discurso de la mentalidad contemporánea y del pensamiento economicista que parece vertebrar nuestros sistemas socioeconómicos y políticos! Y es que el Amor sin límites es el Único que nos puede salvar, como nos recordó recientemente el papa Francisco en una de sus últimas publicaciones. Sobre todo en los momentos de tribulación, de prueba, de humillación, de vejación y aun de pecado, volvamos nuestra mirada a Jesús compasivo y misericordioso, crucificado, y a la Cruz, y unámonos solemne y silenciosamente al canto de la antífona del Oficio de la Adoración de la Cruz de la Liturgia del Viernes Santo, “mirad el árbol de la Cruz, en el que estuvo clavada la salvación del mundo”. Porque Jesús no se bajó de la Cruz, hasta que todo estuvo consumado. Ayer celebrábamos en España la Solemnidad del Corpus, del Misterio Eucarístico de la Sangre y del Cuerpo de Cristo. Pidámosle a Él, que ha querido quedarse en este Sacramento como Memorial de su Pasión que nos conceda, como reza la liturgia final de la Adoración Eucarística, venerar siempre los sagrados Misterios de Su Cuerpo y de Su Sangre, de tal modo que experimentemos siempre el gozo de Su Redención. Pidámosle a Jesús también, a través de su Madre, Mediadora de todas las gracias, y al Espíritu Santo Defensor, poder contemplar con los ojos de la fe la verdad de que una sola gota de la Sangre de Cristo derramada por nosotros vale infinitamente más que todas las deudas y todos los pecados de todos los hombres cometidos durante la Historia de la Humanidad, desde su comienzo hasta su final. Él ha pagado por nosotros a Dios Padre, y el Padre le ha hecho Señor de todas las cosas. Dios es el verdadero dueño de todo lo creado. Dios quiera que podamos experimentar la alegría de que su Hijo Jesucristo pagó y satisfizo por nosotros, de una vez para siempre, nuestras deudas. Por el inmenso Sacrificio de Jesucristo éstas están pagadas ante la Justicia divina, y nosotros en amistad con Dios. Y, recordando a San Pablo, si Dios está con nosotros… ¿Quién contra nosotros?

Ruego, Eminencia, rece por mí, para que lo que acabo de escribir pueda calar en mi corazón como lluvia fina, y por todos los que en estos momentos experimentamos un ataque constante a nuestra dignidad como personas en una sociedad inhumana, que se desentiende arbitrariamente de las aportaciones que le podemos y debemos prestar, para que nosotros, los excluidos, llenos de nuevo del Espíritu Santo y de Sus siete dones, especialmente del don de fortaleza, y con Sus frutos de paz y gozo, podamos experimentar de nuevo la alegría de nuestra salvación, en nuestra conciencia de sabernos Hijos perdonados y amados por Dios.

El Señor le bendiga, le guarde de todo mal y le lleve a la vida eterna.

 

Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

 

Mundial FIFA Brasil 2014 debe recordar que la persona no vale por el dinero, expresa Obispo

Mons. Ignacio Ducasse. Foto: iglesia.cl
    Mons. Ignacio Ducasse. Foto: iglesia.cl

SANTIAGO, 19 Jun. 14 / 03:28 am (ACI/EWTN Noticias).- El Secretario General de la Conferencia Episcopal Chilena (CECh),   Mons. Ignacio Ducasse, expresó su deseo de que el mundial de fútbol que se disputa estos días en Brasil sea una oportunidad para recordar que la persona –incluyendo el futbolista-, vale por su dignidad humana y no por su condición física o la tasación de su pase.

En un artículo publicado en el sitio Iglesia.cl, el Prelado destacó los valores que inculca el deporte, así como los beneficios económicos que trae a las personas que trabajan alrededor de los espectáculos deportivos.

“Muchos piensan que los tiempos de ir al fútbol en familia son parte del pasado. Explican que la violencia ahuyentó a la familia de los estadios y que la tecnología nos lleva el espectáculo deportivo a la comodidad del hogar. Sin embargo, el público no decae y son múltiples las industrias que se benefician con el fútbol, desde la industria de los mega-auspiciadores globales, pasando por las grandes redes de televisión, hasta los vendedores de comida y los acomodadores de autos”, afirmó.

Asimismo, recordó que “en la competencia futbolística se aprende a trabajar en equipo y a promover el respeto, que cada uno puede desplegar con sus mejores talentos. ¡Cuántas veces el fútbol ha sido capaz de silenciar metrallas y superar barreras políticas, económicas, idiomáticas y culturales!”.

“El fútbol enseña a ser leales, coherentes y consecuentes con la palabra empeñada, capaces de levantarnos con esperanza para volver a la lucha cotidiana”.

Sin embargo, “también en el deporte el egoísmo humano puede ensuciar hasta la más sana y noble de las ilusiones. Cuánto talento juvenil termina enmarañado en las usureras redes del tráfico de talentos. Cuántas veces la competencia se ensucia con límites extremos y violentos”.

Por ello, expresó su deseo de que el mundial de fútbol sea “una buena oportunidad para recordar que los seres humanos valen por su dignidad de personas, no por su condición muscular ni la tasación de su pase. Y que los verdaderos triunfos en la vida se logran a punta de esfuerzos colectivos y no exentos de sufrimiento. La vida no se resuelve por penales”.

 

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Sobre la crisis y la economía de guerra. A propósito de un artículo retweeteado por Cristina Martín Jiménez, especialista en el Club Bilderberg

junio 17, 2014 § Deja un comentario


Sobre la crisis y la economía de guerra. A propósito de un artículo retweeteado por Cristina Martín Jiménez, especialista en el Club Bilderberg

Desde luego, en la realidad sociopolítica actual se presentan dos factores fundamentales relacionados con el punto que comenta la autora. El primero tiene que ver con la necesidad de proyectos de inversión serios y con objetivos a medio y largo plazo; comoquiera que las economías de los llamados países desarrollados se basan esencialmente en la especulación y en el corto plazo, este tipo de inversión para uso civil está desctarado por sus gobiernos, quienes lo consideran “no rentable”. Por ello, sólo una amenaza de un mal real no económico como una guerra es suficientemente fuerte como para desviar la atención de nuestros mediocres gobernantes hacia la necesidad de realizar inversiones en investigación, desarrollo e innovación del máximo nivel, puesto que en este caso el objetivo de manipular los precios cede ante el más urgente y menos evitable objetivo, no exento de costes políticos, de derrotar al enemigo o, al menos, de prevenir sus amenazas. No en vano, como recuerda el propio artículo posteado, grandes inventos de uso civil nacieron como invenciones militares (en este sentido, entre otros, Guérez Roig, en conversación). El segundo factor tiene que ver con el viejo argumento keynesiano también citado en el artículo, el cual, según cálculos de varios economistas actuales, como por ejemplo, los que realizara hace dos años el economista y Premio Nobel Paul Krugman, seguiría siendo válido en la actualidad. Así, y sin querer desmerecer la importancia de otros factores de carácter étnico, religioso, nacional o de cualquier otra índole -los cuales son promovidos o aprovechados muchas veces por Occidente-, los conflictos puntuales en diversas zonas del Tercer Mundo no son otra cosa que la trágica manifestación de la necesidad que tienen la economías idolátricas -como hace poco las definiera el papa refiriéndose a las economías del Primer Mundo-, de mantener el control sobre el precio de las materias primas. Ni el mundo ni la naturaleza humana han cambiado tanto como para que la causa común de la lucha contra el enemigo consiga superar las absurdas divisiones producto de un sistema económico injusto y que ya no parece poder sostenerse durante mucho tiempo, montando economías de emergencia que nos sacarían de la crisis en nueve meses, y destruyendo de esta manera, parafafraseando a Shakespeare, “el tejido del que están hecho los sueños”, que constituye la trama de la economía financiera actual, con sus derivados, sus estocásticos, sus análisis técnicos, sus intradías y toda esta marañana de vocablos pseudocientíficos, la cual, aunque parezca poesía, le es a tan extraña a la ciencia económica como lo es la propia persona.

Fdo. Pablo Guérez Tricarico, PhD

@pabloguerez

El papa Francisco habla en su primera entrevista concedida a los medios (concretamente a la cadena española cuatro) sobre varios aspectos de su pontificado.

junio 16, 2014 § Deja un comentario


 

Como muchos ya sabréis, el papa Francisco concedió ayer, en algo que constituye un acto inusual por parte de un pontífice, su primera entrevista a un medio de comunicación: la cadena española cuatro. Como siempre, no deja de sorprendernos positivamente con su vuelta a lo que él mismo denominó como “las raíces del mensaje evangélico”. Por mi parte, habría bastado con enviaros el enlace adjunto sin realizar ningún comentario adicional, si no fuera porque, a mi juicio -y no pretendo especular sobre la causa de posibles omisiones informativas-, en el artículo digital de cuatro no se dice todo lo que se emitió en la entrevista. Inexplicablemente, se omite un aspecto fundamental sobre el que el Papa fue preguntado, cual es su opinión sobre el sistema económico mundial y la globalización. Y digo inexplicablemente porque, a estas alturas, todos conocemos la opinión del Pontífice al respecto, que ha sido publicitada por multitud de medios internacionales. Quizá ayer se dijo algo más, o se dijo con una precisión didáctica que los propios entrevistadores no se esperaran. Pero a los que escuchamos la entrevista, y tenemos buena memoria, se nos quedó grabado casi como si se tratase de una teofanía (y perdón por la licencia hiperbólica). En cualquier caso, para un católico, esté de acuerdo o no con las declaraciones del Pontífice, éste no deja de ser la autoridad suprema de su Iglesia. Y se trata de una autoridad marcada por unas formas y unos estilos muy diferentes a las de la mayoría de sus predecesores del siglo XX, una autoridad no entendida como “imperium” y ejercicio dogmático de la potestad de las llaves, sino como “auctoritas” en el sentido latino del término, es decir, como una autoridad moral que se sugiere, se propone y no se impone. Como, por otra parte, sucede o debería suceder con la fe cristiana, y con cualquier fe, pues sólo desde la libertad puede abrazarse no sólo un credo, sino sobre todo la opción de seguimiento personal propuesta por cualquier religión y que constituye la base del acto de fe: en el caso del Cristianismo, la opción de vida propuesta por Cristo Jesús.

Volviendo a la entrevista papal, por lo dicho anteriormente me interesa destacar dos puntos, que guardan relación entre sí. Un primer punto, fundamental, sobre la opinión del Papa en torno al sistema económico mundial o a las economías que rigen el mundo y su concepción de la globalización; y un segundo aspecto menor, pero que no deja de ser significativo y reconciliador -al menos, a mí me sorprendió muy positivamente-, que tiene que ver con la recuperación de la política como arte del buen gobierno, aspecto muy descuidado por los mensajes y las encíclicas pontificias, y tan necesitado de una reflexión por el pensamiento cristiano, frente a la hegemonía cultural de la economía, especialmente si se trata de una economía: la economía del pensamiento único. Comenzando por este último punto, el papa citó expresamente un escrito de un religioso cuyo nombre ahora no alcanzo a recordar, sobre la necesidad de recuperar la política. Me interesa traer a colación esta cuestión porque, lejos de ser completamente menor, se trata de una de las reinvindiaciones de la izquierda sociológica tan castigada por un pensamiento único -y todos interpretamos que se trata del pensamiento único ultraliberal con sus varias corrientes “ideológicas”, como por ejemplo, la Escuela de Chicago, y el que presentaron periodistas y pseudoeconomistas como Francis Fukuyama tras la caída del Muro, vendiendo un discurso a muchos partidos “de derechas” europeos, y, con él, una doctrina económica que constituye la base de las políticas procíclicas y de austericidio que muchos padecemos en la actualidad-. Más aún, por si quedara alguna duda sobre la condena del Papa -que fue explícita- del pensamiento único, realizada al hilo de la cuestión mayor que trataré enseguida, en la entrevista puede contemplar con satisfacción que se hablaba con una contingencia inusitada de la licitud de varias opciones políticas -siempre y cuando respetaran a la persona- con total naturalidad y sin alineamientos con determinados lados del espectro político sociológico con los que, velada o expresamente, ha prestado su colaboración la doctina social de la Iglesia Católica, cuando no su praxis, incluso con regímenes no democráticos. Y es que, al hablar de antisemitismo, el Papa declaró que se trata de un fenómeno condenable que ha tenido su principal caldo de cultivo sobre todo en los partidos de “la Derecha”. Ahí queda eso. Y, mal que le pese a algunos -o a muchos-, durante la entrevista el Pontífice habló con toda naturalidad de los partidos de centro derecha y de centro-izquierda. Se trata con mucho de una apertura hacia el pluralismo ideológico y político hasta el momento sin precedentes, que va mucho más allá del análisis hermético que realizara su predecesor Pablo VI en la encíclica “Populorum Progressio” de 1967, en la que alertaba a sus fieles incluso de interpretaciones prácticamente inocentes del marxismo como método de análisis histórico y metodológico; alertas innecesarias cuando determinado sector del marxismo occidental quiso corvenger con compromisos históricos con la democracia cristiana, renunciado a una buena parte de su bagaje dogmático hasta el punto de que, como ocurrió con la mayor parte de los autores de la llamada Escuela de Frankurt -en teoría marxista-, el marxismo ortodoxo perdió buena parte de su contenido “ideológico” para convertirse en un método de explicación de la realidad que, aun utilizando viejas categorías heredadas, constituyó un valioso aporte sociológico para comprender mejor las sociedades modernas o posmodernas.

Pero vayamos a la cuestión principal que quería referir a mis lectores, y que como verán, enlaza perfectamente con la que se acaba de comentar: el papa Francisco fue preguntado sobre la licitud del sistema económico actual y sobre la globalización. Su respuesta no pudo ser más didáctica y certera, tanto desde el punto de vista evangélico como desde un punto de vista estrictamente humanista: el Papa sostuvo que los sistemas económicos actuales no son buenos y que hemos incurrido en el grave pecado de idolatría: de idolatría del dios Dinero. Comenzando por la premisa valorativa de que todo sistema económico debe tener en su centro al hombre -al hombre y la mujer, precisó-, el papa constató el apartamiento radical de los sistemas económicos actuales de esta premisa. Más aún, habló de economías idolátricas, en el sentido antedicho, cuyo funcionamiento operaba por descarte. Por descarte de las personas -de los seres humanos- que el sistema había decidido de antemano que ya no serían productivos. Y puso como ejemplos paradigmáticos -si bien no únicos-, el descarte, por abajo, de los jóvenes, a quienes se les negaba cualquier posibilidad de acceder a un empleo. Y, por arriba, a los mayores, considerados como improductivos, como clases pasivas, que debían ser desechados. Con ello, los sistemas idolátricos estaban condenándose a no tener futuro, pues el futuro de un sistema económico-social, explicó el Papa, se basa en la pujanza de los jóvenes, que pueden y quieren contribuir al desarrollo de sus sociedades, inspirados por la sabiduría de los mayores. Con ello -y esto ya es añadido mío, en el que tomo prestada una frase del magnate George Soros-, el sistema está en manos de treintañeros -hoy quizá más cuarentañeros- aprendices de economistas y especuladores que sólo piensan en ganar dinero. El Papa mostró una gran preocupación por el desempleo juvenil y, como siempre, muy lejos de cargar las tintas contra “jóvenes vagos e improductivos” -como acostumbran muchas veces a denominarlos las generaciones de sus padres, cuando no ciertos sectores de la Iglesia española, hoy minoritarios, al menos en su expresión-, tuvo la valentía de denunciar directamente al sistema económico en su propia estructura, del cual dijo que “no es bueno”. Y con respecto al fenómeno de la globalización, el Papa explicó magistralmente que existen dos tipos de globalización; una mala, a la que tendemos, que trata de igualar a todo el mundo según un canon economicista que no es otro que el del pensamiento único. El Pontífice quiso expresar gráficamente esta idea con la idea de una esfera, en la que todos los puntos de su superficie son equidistantes respecto de su centro. En este tipo de globalización, dijo el Papa, no hay lugar para la diversidad ni para las diferencias individuales, y se acaba anulando a la persona; es propia de los gobiernos totalitarios, pero no sólo, sino también de estas nuevas formas economías idolátricas que, realizando una verdadera adoración del dios Dinero, consideran a las personas como números, o como elementos fungibles carentes de valor. Frente a este modelo de globalización, el Papa considera que es posible una globalización positiva; repitiendo el paralelismo con la imagen, ésta se asemejaría más bien a un poliedro, donde todas las piezas están interconectadas, pero cada una conserva su singularidad y su particularidad individual en la comunidad. Precisamente como ocurre con el Misterio de la Santísima Trinidad a cuya imagen, como nos recordó el Pontífice en sus catequesis más recientes, fue hecho el hombre, donde las Tres Personas no anulan la común naturaleza divina, sino que la enriquecen a través de una comunicación constante basada en el Amor.

En cuanto a la actitud personal que el papa Francisco mostró en la entrevista, estuvo humilde, didáctico, parco, sencillo, comunicador y lleno de Dios. Como los primeros discípulos de Jesús.

Hasta aquí la información que he tratado de comunicar, como complemento, a mis lectores. Abajo, os incluyo un link con otros puntos de la entrevista:

 

http://www.cuatro.com/practica-cuatro/entrevista-papa-francisco_0_1812300167.html

 

Fdo. Pablo Guérez, PhD

 

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