Informe Cáritas con el Empleo 2014 con ocasión del 1 de Mayo, Día internacional de los trabajadores

abril 30, 2015 § Deja un comentario


 

Cáritas Madrid. Campaña contra el paro 2015

Cáritas Madrid. Campaña contra el paro 2015

1 de Mayo. Día internacional de los trabajadores.

1 de Mayo. Día internacional de los trabajadores. Cortesía de la American Federation of Labor.

 

El provocativo lema de Caritas Española para la campaña contra el paro de este año es el siguiente: “Busco trabajo. Lo que sea”. El que escribe poco tiene que añadir a lo señalado por esta dignísima organización. Me remito, por tanto, al texto de Cáritas para la campaña. En cuanto a mí, “una sola cosa pido al Señor: habitar en su Casa por los días de mi vida”.

“Durante este curso resuena permanentemente en nosotros la pregunta ¿qué haces con tu hermano? ( Gn 4, 9), que nos interpela sobre quién es realmente el otro, quién es la persona para nosotros, cuál es su dignidad, y cómo acompañamos y cuidamos al que está situación de necesidad o de desventaja social. Y ante esta pregunta la Campaña Contra el Paro de Cáritas Madrid contesta diciendo “Defiende un trabajo digno”. Con ella se nos invita a construir una fraternidad comprometida, que no sólo nos lleva a acoger y acompañar a las personas que en estos momentos están pasando por una situación de desempleo, sino que nos urge a defender un trabajo digno.

En esta campa se nos invita a defender un trabajo digno, no se puede consentir que las personas ante su situación de desesperación, por la falta de empleo, lleguen a decir: “Busco trabajo. Lo que sea”. Y, por supuesto que la sociedad permita que estén ofreciendo trabajos que no sean lo suficientemente dignos. Nos invita a relfexionar sobre lo que está aconteciendo en el mundo laboral. Nos invita a favorecer y crear trabajo digno en nuestro entorno, llevándonos a discernir qué podemos hacer desde nuestro propio ser de trabajadores, familia, comunidad…

Todos, a nivel personal e institucional, somos corresponsables en esta realidad que deseamos transformar“.

Hasta aquí las palabras oficiales de Caritas. Por mi parte, poco más que añadir. Recordad mi condición de parado de larga duración y altamente cualificado, Doctor en Ciencia Jurídica e incapaz de encajar en una sociedad enferma que me dice que el enfermo soy yo. No me voy a rendir a ese discurso. Por mi propia dignidad. Feliz Día del Trabajo y arriba a las organizaciones que, tradicionalmente, desde la Izquierda democrática, han defendido el derecho al trabajo digno de hombres y mujeres. Con ellas quiero gritar alto: ¡Feliz Día del Trabajo! ¡Pan, Trabajo y Justicia! ¡Feliz 1 de Mayo!

 

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid y del Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”

Acreditado para Plazas de Profesorado universitario permanente por la Agencia de Calidad, Acreditación y Prospectiva de la Comunidad de Madrid (ACAP)

Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la UAM (ICFS-UAM)

Colegiado ICAM 97901

Desempleado y demandante de empleo inscrito en el Servicio Público de Empleo de la Comunidad de Madrid desde el 28/7/2011. Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado. Calle Einstein, no. 1, 28049 Madrid.

——————————————————————————————————————–

Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

Ex Professor of Criminal Law of the Autonomous University of Madrid and of the Universitary School “Cardenal Cisneros”

Tenured as Professor of Criminal Law received by the Quality, Accreditation and Prospective Agency of the Region Madrid

Member of the Institute of Forensic Sciences and Security of the Autonomous University of Madrid (ICFS-UAM)

Referee of hon. Attorneys Council of Madrid n. 97901

Unemployed and seeking employment registered on the Public Employment Service of the Region Madrid since 28/7/2011. Reason: Autonomous University of Madrid, Rector. Einstein Street, n. 1, 28049 Madrid.

 

 

 

Licencia de Creative Commons
Informe Cáritas con el Empleo 2014, con ocasión del 1 de Mayo, Día internacional de los trabajadores by Ennio Morricone, American Federation of Labor, Hermandades del Trabajo, Cáritas Madrid, Justicia y Paz, Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en preguntar via pablo.guerez@gmail.com, pablo.guerez@uam.es, @pabloguerez

 

 

antes de 2015 ¡actúa!

La Declaración de la Organización Internacional del Trabajo sobre la justicia social para una globalización justa (2008) va de la mano de la Declaración del Milenio (2000). Esta propuesta de Trabajo Decente de la OIT, en un contexto de globalización justa, es esencial para la realización de dichos objetivos comunes porque cada uno de los ocho ODM tienen que ver con la forma en que el empleo decente y productivo, la erradicación del hambre, el acceso a la salud, la protección social, los derechos en el trabajo y el diálogo contribuyen a cristalizar los objetivos y a restaurar la dignidad de las personas empobrecidas y desempleadas.

presentacion caritas empleo

Cáritas –ha presentado el informe Cáritas con el Empleo 2014 (ver aquí)- propone tomar conciencia de que nuestro mercado laboral sigue cerrando sus puertas a algunos colectivos, especialmente los jóvenes, las mujeres, los parados de larga duración, los mayores de 45 años…

Ver la entrada original 152 palabras más

Interesantísimo artículo sobre la exclusión de trabajadores no tan jóvenes hipercualificados de los nuevos modelos de sistema productivo: ¿importa el sistema o la persona?

febrero 23, 2015 § Deja un comentario


 

A mis padres

No se hizo el hombre para el sábado, sino el sábado para el hombre (Mc 2, 27)

No podéis servir a Dios y al dinero (Lc 16, 13)

 

Enlace:

http://interesproductivo.blogspot.com.es/2015/02/el-arte-de-dirigir.html

Poco más que añadir. Las consideraciones sobre esta cuestión las he expuesto en múltiples entradas en este blog. Para los que “aterricen” por primera vez aquí, escribiré sólo un lacónico comentario sobre el reconocimiento laboral (el social lo voy a omitir por esta vez, pues podéis deducir mi pensamiento de la lectura de varias entradas anteriores sobre la situación de los desempleados calificados en España. Entre éstos, recomiendo la relectura de

http://pabloguerez.com/2014/05/22/los-parados-hipercualificados-una-nueva-forma-de-discapacidad/

Algunos estamos dispuestos a trabajar como “Seniors”, que es lo que somos, o para lo que nos hemos formado, aun aceptando sueldos para “Juniors”, aceptando con resignación cristiana nuestra santificación por el trabajo y la acción de la Divina Providencia que nos ha colocado -o a permitido que se nos colocara- en una situación tan triste según los criterios del mundo, pues el mundo adora al ídolo Dinero, pero que no lo es para nosotros, si no fuera porque a veces tenemos que llegar a componendas con el mundo. Así que no nos importa asumir la sobriedad de vida de un trabajo que nos asegure nuestro decoroso sustento sirviendo a la comunidad con los talentos que nos ha dado Nuestro Señor, a imitación de Aquél que, teniéndolo todo, se hizo pobre y quiso nacer humildemente, y pasar como hijo de un carpintero.

El perro del hortelano del blindaje del mercado laboral español. “Ni-nis”, pero para la patronal: ni jóvenes ni mayores (A collaboration in Facebook remixed)

febrero 16, 2015 § Deja un comentario


“Y saliendo como a la hora undécima, encontró a otros parados, y les dijo: “¿Por qué habéis estado aquí parados todo el día sin trabajar? Ellos le dijeron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a la viña. Y al atardecer, el señor de la viña dijo a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta los primeros (…)” (Mt 20, 6-8)

 

  1. La noticia:

http://www.20minutos.es/noticia/2376145/0/un-tercio-jovenes/carece-formacion-minima/suficiente-para-trabajar/

  1. El comentario:

Realmente kafkiano… Es decir, los jóvenes no valen para trabajar por falta de formación, y los mayores de 35 tampoco por viejos, por senectos, por abuelos y por saber demasiado y por exceso de experiencia. ¿Alguien lo entiende? En serio, yo ya no sé a qué carta quedarme. O yo estoy loco, o los tarados son los moradores de los departamentos de personal.

Y al parecer el 100% de los mayores de 35 años nos hemos vuelto gilipollas e incapaces para trabajar por cuestión de “suposiciones”, a pesar de contar con experiencia contrastada. ¿Realmente saben los inútiles de recursos humanos lo que quieren/exigen…? Creo que no. Eso sí, la mierda de Gobierno actual sigue apostando por NI-NIS.

  1. El análisis:

Como decía Rober Iniesta, del grupo “Extremo duro”, “o no lo entiendo, o lo entiendo demasiado”[i]. A ver. No soy tarados, sino “jóvenes sobradamente preparados”. Gente que sabe muy bien lo que hace y aplica las consignas del manual de recursos humanos al uso con la misma rigidez y contundencia con lo que el antiguo Politburó o el Comisariado Político aplicaba purgas a los “intelectuales”. Los departamentos de recursos humanos de las grandes empresas de nuestro país están formados en su mayoría por Licenciados y Licenciadas en Psicología -las mujeres aquí, por una vez, tienden a ser mayoría-, con buena pinta, pero en ocasiones son auténticos sociópatas (gente incapaz de empatizar), o, dicho en inglés, como a esta gente le gusta utilizar en las entrevistas de trabajo, “succesful psychopats”: es decir, psicópatas que han aprendido la estrategia de renunciar a la violencia tradicional y se han dado cuenta de que pueden conseguir lo que quieren -su propio interés y nada más, pues ya hemos dicho que esta gente se caracteriza, por motivos neurológicos, por no carecer de empatía hacia su prójimo-, solamente sirviendo de verdugos para un sistema social cruel e injusto, pero que beneficia a quien se adapta a él, y más a quienes lo promueven: el sistema de economía capitalista, basado exclusivamente en la obtención del lucro individual, y desprovisto ya, en la posmodernidad, de los argumentos filosófico-ideológicos que trataron antaño de hacerlo tolerable para la mayoría de la población.

En nuestro país, además, donde nunca hubo una revolución burguesa y el capitalismo salvaje tampoco llegó a imponerse del todo, debido, entre otras cosas, a los residuos falangistas que miraban con benevolencia la existencia de una cierta justicia social, y que la Dictadura de Franco nunca suprimió, así como a otras variables endémicas de la idiosincrasia hispánica, como la permanencia del caciquismo, las subvenciones y los rescates, la dialéctica del capitalismo (o de la Ilustración, como la denominaran Horkheimer y Adorno en su inmortal, denso y premonitorio ensayo de 1940 del mismo título[ii]), ha conseguido mostrar sus efectos más perversos (objetivación, despersonalización y dominio de las personas) sólo en una parte, minoritaria todavía, por mucho que se acreciente, de la población. Mas en esto la singularidad española no es importante, pues ya hemos visto que el modelo de capitalismo puro, inspirado en el modelo económico que en microeconomía suele denominarse de “competencia perfecta” no existe en ningún país del mundo que se proclame, oficiosamente -nunca jurídicamente, ¿os habéis dado cuenta?-, como de economía capitalista. A lo sumo, en los países europeos avanzados, se habla de economía de mercado, y muchas veces con correcciones, como en el caso de Alemania, que define su Constitución económica –es decir, la parte de la Constitución que regula el sistema económico del Estado- como economía social de mercado (Sozialmarktwirktschafft), o España, cuya Constitución económica, hoy papel mojado por la Unión neoliberal europea, habla claramente de Estado social y democrático de Derecho (art. 1 CE), de la función social de la propiedad privada (art. 33.2 CE), del derecho a trabajar en los siguientes términos: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo” (art. 35.1 CE), o del principio general con el que se abre su Título VII, cuyo artículo 128.1 dice literalmente: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”.

No es éste el lugar para desarrollar de nuevo consideraciones ya realizadas en otros posts de este blog sobre la relación entre Constitución económica y realidad normativa real, incluida la aplicación torticera de un Derecho que sólo sirve al interés de los poderosos. Sin embargo, el capitalismo actual, en el estadio posfordista de producción, está caracterizado, por lo que aquí interesa, por la presencia de oligopolios que van adquiriendo cada vez más el rango de corporatocracias, con mezcla de poder político y económico. Así, en los Estados Unidos, en la Unión Europea y en los demás Estados occidentales de economía capitalista, la presencia de empresas TBTF (“to big to fail”) es patente, y su poder se manifiesta no sólo durante la vida jurídico-económica de la corporación, con el abuso de posición dominante, sino también en sus crisis, siendo objeto de rescates públicos. En este contexto, ¿alguien se cree de verdad en la actualidad el viejo ideal de la ética capitalista basada en el pequeño comercio y en la existencia de mercados de competencia perfecta defendidos por autores de la modernidad como Locke, Stuart Mill o Benjamin Franklin?

El que escribe ahora estas líneas, Pablo Guérez, ha compartido este artículo en las redes sociales, también al hilo de un buen reportaje publicado el 30 de noviembre de 2014 en El Confidencial sobre la “figura” de los “ni-nis” en todo el mundo[iii], del que tuvo conocimiento a través de un retuit de los miles que le llegan a lo largo del día porque la lectura de ambos artículos le ha parecido interesante, y le ha suscitado una serie de reflexiones, fruto de las cuales ha surgido este post. Se trata de una colaboración entre un amigo de Facebook y él mismo, un refrito de algo ya publicado en las redes sociales pero que, por su interés y su temática, ya más centrada en la sociedad española, ha considerado importante publicarlo en su blog. Ruego por tanto al lector nos disculpe si encuentra reiteraciones en las reflexiones sociológicas que en esta entrada se vierten, a veces difíciles de seguir para el público profano.

Sobre los tan mencionados “ni-nis”, a fecha de hoy, año 2015. Para favorecer la claridad del lector, las observaciones personales que siguen pertenecen a la autoría de Pablo Guérez, que asume la responsabilidad exclusiva por los comentarios vertidos.

Hace poco publicaba lo siguiente en Facebook, al hilo del reportaje publicado en El Confidencial: “He decir de entrada que no siento ningún tipo de empatía hacia los “ni-nis”. Al menos hacia los de mi país y los de los Estados occidentales avanzados. La situación de los “ni-nis” de clase baja de verdad, en países del Tercer Mundo, es casi la única que compadezco. Tal vez ello tenga que ver con el hecho de que yo no me sienta para nada identificado con la actitud de algunos “ni-nis” hijos de familias bien que se muestra en la entrevista, a pesar de ser una persona económicamente enteramente dependiente de mis padres y, en su defecto, de la caridad. Y también con el hecho de que ya no soy joven, o no me siento como tal. Estadísticamente ya no lo soy, ni pertenezco cronológica ni generacionalmente al grupo de individuos con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años. A dicho grupo pertenecen “ni-nis”, pero también empresarios de “nuevas tecnologías” que no me despiertan ninguna simpatía. Por el contrario, acabo de enterarme de que soy un parado “de larga duración”, pues llevo más de dos años en paro. Curioso empleo del término “larga duración”. No porque a mí, desde mi subjetividad, no se me haya hecho largo llevar más de tres años y medio en paro, sino porque el sistema social así lo considera objetivamente, gracias a una perversión del lenguaje que desde el lenguaje microeconómico se ha “colado” en el lenguaje común. No es de extrañar, pues el lenguaje de la economía “ortodoxa” detenta hoy la hegemonía cultural del discurso público. La terminología de las inversiones en los mercados secundarios de valores que considera largo plazo todo lo que pase de un año es utilizado hoy para designar todas las facetas de la vida de la persona, que en el sistema económico capitalista se encuentra ya despersonalizada y condenada a convertirse en un productor/consumidor (emprendedor en el lenguaje políticamente correcto), o a la marginación, de acuerdo con una lógica binaria sistémica de inclusión/exclusión que necesariamente es inherente al sistema capitalista, y que recuerda al pensamiento nazi de Carl Schmitt. El sistema capitalista, en el estadio posfordista, el triunfo de la llamada posmodernidad y el pensamiento débil, y la hegemonía cultural de la economía ultraliberal y su primacía sobre el resto de las ciencias sociales, y aun las naturales, han llevado a cabo un delicado reduccionismo de la persona a su faceta estrictamente económica, de “homo oeconomicus”, anulando el resto de facetas de la vida y la interacción sociales, y con ello, a la persona misma, reducida a una variable más del sistema capitalista.

En cuanto al contexto que propició el surgimiento de la generación “ni-ni”, en España, en los años anteriores a la crisis, muchos jóvenes abandonaron los estudios seducidos por los cantos de sirena del mundo de la construcción, que se hallaba entonces en plena burbuja inmobiliaria. Así consiguieron ganar sueldos en “A”, en “B” y en “C” superiores al de un Catedrático de Universidad o un funcionario del Estado de alto nivel: ¿para qué estudiar? El problema que más que me preocupa no es tanto la actitud de los jóvenes insensatos, sino la insensatez de la clase -que no casta- política ante el fenómeno. No hace mucho, el Dr. profesor funcionario de Universidad Rubalcaba, proponía “recuperar” a esos jóvenes, como si no supieran lo que hicieron. Si ganaron 4.000 o 5.000 euros al mes y se lo gastaron, o se hipotecaron hasta las cejas, no fue precisamente porque no sabían lo que hacían. Por otra parte, en un país tan acostumbrado a querer acelerar el ritmo natural de los tiempos, la sociedad y la publicidad se ocuparon de ensalzar la “juventud”, incluso la primera adolescencia, como prototipo de una etapa vital en la que alcanzar, definitivamente, la estabilidad personal y profesional (ambas palabras han ido acercándose hasta confundirse peligrosamente como consecuencia de la hegemonía del pensamiento único). Los jóvenes “JASP”, hijos por supuesto de clases acomodas, eran aquellos que iban a triunfar con el mínimo esfuerzo, “colocados” en empresas de sus papás después de haber realizado, a su tiempo por supuesto, sus “pecados de juventud”. Otros, teóricamente los más sensatos, seducidos por las promesas de confort de una estabilidad rápida, comenzaban a preparar oposiciones hasta dos años antes de haber acabado sus Licenciaturas, algo sencillamente impensable en los países de nuestro entorno cultural. Algunos, por el contrario, preferimos seguir el camino largo y angosto del estudio, hasta alcanzar el máximo grado reconocido por el ordenamiento jurídico español. Ganando precisamente como máximo el sueldo del que uno de los entrevistados se queja en el reportaje, unos 1.300 euros netos, juntando complementos específicos y de méritos. Hasta que me dieron la patada tras trece años de servicio por circunstancias del mercado. Así que ni soy ni me identifico con un “ni-ni”. Soy una persona altamente cualificada con una trayectoria profesional impecable que ha sido dramáticamente mutilada. Los responsables de ello sabrán. Comprendan entonces los lectores por qué no puedo tener ninguna empatía hacia los “ni-nis”, al menos hacia los de mi país, salvo quizá para los hijos de clases bajas, hacia los que siempre mostré compasión. A los demás, les he visto y los sigo viendo como competidores directos en el mercado laboral. Frente a mi formación clásica, ellos disponen del humo comercial de estos tiempos, que no es más que un bagaje light de conocimientos que disfrazan de alta cualificación tecnológica, propia del lenguaje mediático y político de estos tiempos: habilidades, aptitudes, “competencias” (sic), en una variedad de términos inglés que no expresan sino la vacuidad de su formación, alentada hoy por las máximas autoridades educativas, comenzando por el señor ministro de Educación Wert. El responsable de proponer adelgazar las carreras -ahora denominadas “Grados”-, hipertrofiar Másters “light” mal diseñados para hombres y mujeres “light” y de desinflar los Doctorados, renunciando en la práctica a la investigación básica y queriendo ignorar deliberadamente la importancia de las disciplinas consideradas “inútiles” para la vida o los negocios -ahora empleados, como decía antes, como sinónimos-, como las Humanidades o la Filosofía. De esta manera, el poder político quiere constuir supersonalidades instrumentales al sistema económico capitalista “expertas” en “branding”, “coaching”, “selling”, “community management”, con el pretexto de la “modernización” de la Universidad y de su interconexión con la “empresa” o “los emprendedores”, en un mundo feliz constituido por una sociedad insostenible, basada en la producción de bienes de consumo con obsolescencia programada y el consumo desmedido por parte de aquellos que tienen la “suerte” de tener poder adquisitivo. Una sociedad lacerada por una crisis de valores, en la que de momento alcanzo a identificar tres grupos prototípicos: los “jóvenes irresponsables de treinta años que sólo piensan en ganar dinero”, como se refiera a ellos el multimillonario especulador para nada sospechoso de izquierdista George Soros o el ex primer ministro francés de finanzas Raymond Barre, “gran defensor del liberalismo económico”[iv], clones de lo que quizá quisiera ser el señor Wert, y reducidos a meros productores/consumidores, a quienes ya no interesa ser ciudadanos, y mucho menos personas; las personas ya jubiladas o en vías de jubilarse, nacidas en la modernidad e incapaces de comprender las nuevas realidades; y los marginados y excluidos, miserables, pobres, que contemplan con estupefacción, rabia, cinismo o resignación cristiana cómo un mundo que ya no perciben como suyo les pisotea y pretende anularlos como personas en nombre de “los mercados”, a manos de los nuevos adoradores del Dinero”[v].

  1. Conclusiones:

En cuanto al análisis de la población en nuestro país, la parte constituida por los hijos de los ricos, o de los pertenecientes a una clase media cada vez más adelgazada, sigue soñando, bajo el amparo de las ideologías decimonónicas, en las bondades del sistema capitalista, mientras no se da cuenta de que la alienación también les afecta a ellos -de eso ya se dieron cuenta notables exponentes de la escuela de Frankfurt ya a partir de los años 40, como los citados Horkheimer, Adorno, o Marcuse[vi], en los años 60, y representantes del ecologismo político razonable, como Schumacher[vii], en los años 70; eso sí, la alienación de los ricos no es igual a la alienación de los pobres. Aquéllos tienen al menos sus necesidades básicas cubiertas, demasiado cubiertas; pero desde la lógica del sistema -y no voy a entrar ahora en la valoración de los sentimientos personales-, los ricos o, simplemente, los individuos con poder adquisitivo suficiente como para mantener el demencial sistema socioeconómico que tenemos, y algunos padecemos, también están alienados, en la medida en la que de personas se ven reducidos en productores/consumidores. Las demás facetas de su supuesta “personalidad”, como ya se expresaba antes, han sido fagocitadas por el mago insaciable de la lógica del sistema económico capitalista, que con la ayuda del pensamiento único -que detenta desde hace ya demasiado tiempo la hegemonía cultural del discurso público-, les ha transformado, sin ellos saberlo o quererlo saber, en meros instrumentos, en “homines oeconomici”[viii]. Ya no son ciudadanos de un sistema político aun formalmente basado en el pueblo, sino variables sistémicas de un sistema económico basado en la lógica binaria de inclusión/exclusión que tiene como patrones de conducta la producción y el consumo en una sociedad -o mejor, en un agregado de personas, como lo definió Carlos Castilla del Pino[ix]-, basado en la producción de humo comercial y su consumo por parte de aquellos agentes -que no personas, para el sistema- con poder adquisitivo suficiente como para perpetuar este absurdo círculo que sirve como base a una sociedad sin personas, sino de comunicaciones operacionales, el nada tienen que ver con la comunicación humana, como quiso ver el sociólogo Niklas Luhmann -pero podría haberlo visto también Carl Schmitt-, basadas a su vez en el intercambio de la sustancia idolatrada por excelencia: el Dinero.

[i] “Emparedado”, letra de Roberto Iniesta, del álbum “Rock transgresivo”: 1984. Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=qyZ0Yla6RK0

[ii] Vid. HORKHEIMER, M. / ADORNO, Th., Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Social Studies Association, Inc.: New York, 1944. La edición fue posteriormente revisada en algunos puntos poco esenciales, a juicio de los autores, y republicada en Alemania en 1969 con el mismo nombre. Hay traducción al castellano de esta versión publicada por la Ed. Trotta, Barcelona: 1944. Introducción y traducción: Juan José Sánchez. De esta versión, vid., especialmente, la introducción, que se cita por la 9ª edición de 2001 (pp. 9-46) y ya, de la obra en sí, vid. pp. 59 ss., desde las que los autores desvelan ya su tesis inicial: la Ilustración, en sí misma, es un proceso totalitario que ha conducido, por su propia naturaleza de dominación, al dominio del mundo, incluido el ser humano, con el consiguiente desvanecimiento de las fronteras entre lo objetivo y lo subjetivo, la objetivización y la cosificación (o reificación) del hombre, esclavo ahora ya no de los viejos mitos, sino del nuevo mito del hombre burgués que, habiendo desencantado la naturaleza y los dioses, se vuelve contra sí mismo para resacralizar en el liberalismo burgués una sociedad administrada, en la que cada uno ocupa el papel que ha de ocupar. Sobre esta cuestión, vid. especialmente las pp. 75 ss.

[iii] http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-11-30/los-mil-milliones-de-ni-nis-que-hay-en-el-mundo-tienen-uno-de-estos-dos-problemas_511800/

[iv] Cfr. CHOMSKY, N. / RAMONET, I., Cómo nos venden la moto, publicado por Icaria, Barcelona: 1995, pp. 56-57, quienes se refieren a las siguientes declaraciones de Raymond Barre: “Decididamente, ya no podemos dejar el mundo en manos de unos irresponsables que no piensan sino en hacer dinero”.

[v] https://www.facebook.com/pablo.guerez?fref=nf

[vi] Cfr. MARCUSE, One-dimensional Man, Bacon Press, Boston: 1954. Hay varias traducciones al castellano. Entre otras, puede descargarse, para fines investigadores, la version publicada por Planeta: 1993, vía https://zoonpolitikonmx.files.wordpress.com/2013/10/marcuse-el-hombre-unidimensional.pdf, pp. 31 ss.

[vii] Vid. SCHUMACHER, E. F., Small is beautiful: Economics as if People Mattered, 1973. Blond and Bridgss, Ltd, London: 1973. Varias versiones en inglés están disponibles para su descarga en la red para uso investigador. Por su diseño y presentación, destaco la versión en pdf via http://sciencepolicy.colorado.edu/students/envs_5110/small_is_beautiful.pdf. Hay traducción al castellano por la Ed. Akal, posiblemente descatalogada, con el título Lo pequeño es hermoso. Economía como si la gente importara. Para una rápida aproximación a los contenidos del libro, además de los numerosos enlaces a comentarios a la obra en castellano disponibles en la red, puede leerse, en inglés, por todas, la recensión crítica publicada por el diario The Guardian, de la periodista y escritora anglosajona Madeleine Bunting, que centra su análisis en el daño que ha hecho a la economía real el olvido de las denuncias y “recetas” en su día formuladas por primera vez por Schumacher, via http://www.theguardian.com/commentisfree/2011/nov/10/small-is-beautiful-economic-idea

[viii] Sobre el concepto de “homo oeconomicus”, hoy hegemónico en el análisis de los modelos microeconómicos, existe una muy amplia literatura. En este mismo blog, para el lector que desee ampliar sus conocimientos sobre esta concepción del “agente económico” y de sus críticos, así como de sus alternativas, pueden verse otras entradas en este blog, como “Where is this capitalist system leading us to?”, publicada el 20 de enero de 2014, vía http://pabloguerez.com/2014/01/20/where-is-this-capitalist-system-leading-us-to/, con más referencias. Sobre las alternativas al “homo oeconomicus” en teoría de juegos, sin pretender agotar la cuestión, puede leerse, brevemente, con más refefencias, NASH, J. F., (1950): “Equilibrium Points in N-person Games”. Proceedings of the National Academy of Sciences 36 (36): 48–9. doi:10.1073/pnas.36.1.48. PMC 1063129. PMID 16588946., MR 0031701. El mismo, “The Bargaining Problem”. Econometrica (18): 155–62. 1950.. MR 0035977. Nash, J. (1951). “Non-cooperative Games”. Annals of Mathematics 54 (54): 286–95. doi:10.2307/1969529. JSTOR 1969529. “Two-person Cooperative Games”. Econometrica (21): 128–40. 1953., MR 0053471.

[ix] Vid. CARLOS CASTILLA DEL PINO, La incomunicación, Madrid: 1970. Reeditado por Ed. Península: 2001.

 

Licencia de Creative CommonsEl perro del hortelano del blindaje del mercado laboral español. “Ni-nis”, pero para la patronal: ni jóvenes ni mayores, by Carlos Mainzer & Pablo Guérez, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en ask to the authors via pablo.guerez@gmail.com, pablo.guerez@uam.es, @pabloguerez

On Facebook. See Group: NADIE SIN TRABAJO: ningún desempleado sin prestaciones.

¿Educar para ser útiles? Reflexiones generales y personales, a modo de ensayo, sobre las relaciones entre educación, economía y empleo, y sobre mi situación académico-laboral, al hilo de la entrevista al Prof. Lledó publicada en El País del miércoles 19/11/2014

noviembre 21, 2014 § Deja un comentario


 

El enlace:

 

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/18/actualidad/1416318635_332372.HTML

 

Ilustración de Doré. Satanás expulsado del Paraíso.

 EL PARAÍSO PERDIDO. ILUSTRACIÓN DE GUSTAVO DORÉ

“¿Eres tú…? Mas, caído, cuán cambiado y cuán otro de aquél que en los felices reinos de la luz, ornado de fulgor trascendente, sobrepujaba a miles por brillantes que fueran… Tú eres, sí, al que la alianza de una esperanza misma, idéntico proyecto e igual azar y riesgo en la gloriosa empresa, unió a mí como ahora la adversidad nos une en ruina semejante. ¡De qué altura y de qué abismo hemos ahora caídos, puesto que él con su trueno demostró ser más fuerte! Pero ¿quién hasta entonces conocía la fuerza de sus armas? (…)” (El Paraíso perdido, John Milton, Libro I, 85-94)

Ars gratia artis

Defensionem vitae maea

υπεράσπιση της ζωής μου

הגנה של החיים שלי

A mis padres, quienes pagaron  parte de mi formación académica, y con quienes tengo una deuda de gratitud por tantas otras cosas que guardo para mí

A los contribuyentes cumplidores, quienes sufragaron con sus impuestos la mayor parte de mi formación universitaria, hasta que logré el Grado de Doctor, el Premio Extraordinario de Doctorado y la acreditación a plazas de profesorado laboral permanente

A mis ex compañeros

To whom it may concern

 

Esta entrada la tenéis disponible, para su mejor descarga y lectura más cómoda, en un archivo pdf: Defensa

 

Nota muy personal: Os recomiendo encarecidamente la lectura de la entrevista. No tiene desperdicio. Éstas son sólo reflexiones personales de un modesto investigador y ex profesor universitario en paro, quien aprovecha, “by the way”, algunos de los comentarios del ilustre Profesor para reflexionar sobre algunas cuestiones teóricas que han afectado de manera muy cercana a su vida. Los responsables de dicha situación están sentados en el trono del Rectorado de la Universidad Autónoma de Madrid, o pululan como fuerzas vivas de cuyo nombre no quiero acordarme, carentes de representatividad, siquiera estamental alguna, por su Facultad de Derecho, a la cual me es permitido en ocasiones regresar fugazmente para mover o retirar los libros y enseres personales que dejé en mi antiguo despacho tras mi reciente salida, cual fantasma que no quiere abandonar el plano astral por haber dejado cosas pendientes en la tierra. Ninguno de los profesores a los que aludo pertenece al Área de Derecho Penal. No guardo contra aquéllos rencor alguno, y escribo estas líneas desde la serenidad y sin acritud; mas a aquéllos que pudieron haber tenido una responsabilidad, siquiera política o administrativa, aun objetiva, les invito, serenamente, a reflexionar con sinceridad sobre los efectos de una política de no promoción del personal docente e investigador en formación basada en una concepción del becario y del profesor ayudante de reemplazo, deliberadamente elegida, entre otras que fueron posibles, incluso habiendo mantenido los objetivos de reducción del déficit del presupuesto universitario. Como consecuencia, asuman ellos, desde sus cálidos y funcionariales tronos, dominaciones y potestades empíreas de la Academia, la responsabilidad que les corresponda, aun objetiva y por omisión, por no haber promocionado a varios de sus mejores talentos, entre los que servidor se cuenta, según me han reconocido insignes penalistas nacionales y extranjeros, y por haber permitido que profesionales como yo, ahora mismo, estemos en la calle sin adjetivar. Sí, debí ser “instrumental”. Haber hecho una tesis rápida y haberme acreditado enseguida. Como algunos, cuyos nombres no diré, sencillamente porque no hace falta. Sólo para “colocarme”. Sin vocación. Sin amor al conocimiento.

Mis acusadores, entre los que se encuentra, como lo denominaba Milton en su inmortal poema, el Archienemigo, tentarán a mis enemigos, a mis amigos y a mí mismo, empujándome a la desesperación, y poniéndome a prueba. Sí, es verdad, he cometido errores. Y los estoy pagando con intereses desorbitados y, sobre todo, con mucho sufrimiento. Pero mi culpa no es una culpa de ángeles, sino de hombre. Desgraciadamente, la humanidad y muchas de las ideas que hizo aflorar en una sociedad inhóspita el humanismo cristiano se están perdiendo o se han perdido ya. Pero mientras quede un alma buena en el mundo, no todo estará perdido. Los errores cometidos por quienes no aprendimos, o no quisimos, aprender a desenvolvernos en este mundo, y no queremos aceptar algunas consecuencias de una culpa (o deuda) desmesurada, serán reparados. Mejor dicho, ya han sido reparados, aunque todavía muchos no nos hayamos dando suficiente cuenta. Fueron reparados por la Sangre de Aquél cuya Fiesta como Rey del Universo muchos celebraremos, si Él nos lo permite, el domingo 23 de noviembre. Con tal de que le digamos que sí. Al cumplimiento de Su santa y sabia Voluntad.

doreexpulsiondelparais(2)

EL PARAÍSO PERDIDO. ILUSTRACIÓN DE GUSTAVO DORÉ.

————————————————————————————————————————

 

1. Algunas ideas políticamente comprometidas sobre la educación

 

Excelente entrevista de Tereixa Costenla en el diario El País de ayer al Prof. Enrique Lledó, que acaba de hacer un “triplete” de premios literarios. Es un ejemplo de pensador “de la vieja escuela”; y yo diría, “de la buena escuela, de la de siempre”. Coincido con buena parte de su pensamiento, políticamente muy incorrecto. Especialmente, con el distanciamiento con el que el viejo profesor se muestra respecto a la importancia desmedida que hoy se le da a las “nuevas” tecnologías (que ya no son tan nuevas), y al bilingüismo: “La verdadera riqueza es la cultura”, sostiene. Y también: “El bilingüismo de algunos colegios me pone un poco nervioso. No, lo que se necesitan son colegios monolingües que enseñen bien otros idiomas”. Para mí, que me eduqué en el Liceo Italiano de Madrid, esta afirmación es completamente acertada. Aquél era -no sé si seguirá siendo- un colegio italiano en el extranjero donde se complementaban algunas asignaturas en lengua española para obtener la convalidación al Bachillerato Unificado Polivalente (B.U.P) y al Curso de Orientación Universitaria (C.O.U.). Sin embargo, la peregrina idea de los colegios bilingües de la señora Aguirre y del ministro Wert, no es sino un intento publicitario de modernidad condenado al fracaso. Para ello, no hace falta dar muchos argumentos. Baste con echar un vistazo al índice de fracaso escolar reflejado, por ejemplo, en el último informe Pisa. Mi experiencia universitaria como profesor y corrector de exámenes también me reveló la enorme caída en formación básica, comenzando por la ortografía, que se dio en los estudiantes españoles al menos desde el año 2002 al 2008.

También afirma Lledó que “Obsesionar a los jóvenes con ganarse la vida es la manera más terrible de perderla”. Me recuerda a la máxima de Jesús, quien en Mt 16, 25, dice: “Quien quiera salvar su vida, la perderá. Pero quien la pierda por mi causa, la ganará”. En el Evangelio de Marcos 8, 25, se contiene la misma idea, y con mayor precisión leemos: “Quien quiera salvar su vida, la perderá. Pero quien la pierda por mi causa y la de mi Evangelio, la ganará”. Sabias palabras las de Jesús. Y las de Lledó. Palabras que me producen, al mismo tiempo, alegría y melancolía juntas, por difícil que parezca poder compaginar dichas emociones. Quizá porque una parte de mí todavía crea que haber estudiado filosofía o historia, o Derecho, por amor al conocimiento, “ars gratia artis”, como decía el lema de la productora Metro Goldwin Mayer, todavía cree que en estos tiempos dominados por el eficientismo inmediatista y las estrategias instrumentales es posible emprender un camino humanista, camino que creí encontrar en la Academia y que por cierto culminé. Si no encontré plaza fue sencillamente porque no se convocaron, no porque yo fracasara como fracasa un opositor que luego es contratado por un gran despacho de abogados como premio a su esfuerzo memorístico. Así que, aquellos que sostengan todavía que debo pasar por una oposición no universitaria para “culminar mi tarea” incurren a mi juicio en un “bis in idem” muy injusto.

 

2. Sobre el problema de la clase empresarial española. Mentalidad funcionarial en la selección de personal y en la propia dinámica de la empresa: una revolución burguesa pendiente

 

Volviendo a la entrevista, creo que Lledó también compartiría conmigo mi crítica a la, a mi modesto juicio, nefasta inclusión obligatoria en los programas descafeinados de Filosofía en el Bachillerato de “Filosofía aplicada a la empresa”, algo que me rechina casi tanto como la simonía, a menos a nivel sentimental. Aunque, una vez dicho esto, otra parte de mí, más pragmática, está cada vez más convencida -y no le faltan razones- de la necesidad de adular a la empresa, dada mi situación laboral actual; y ello, pese a mi orientación política, que simpatiza con las tendencias, normalmente identificadas con las izquierdas, en la tradición histórico-política continental europea, defensoras de la justicia social y de la redistribución de la riqueza como uno de los medios para aproximarse a ella -que nunca lograrla del todo-, o con el liberalismo igualitario de autores como Rawls o Dworkin, en la tradición filosófica y política anglonorteamericana, procedente a su vez de la filosofía analítica moral y jurídica y de la teoría de la justicia.

Sí, el pensamiento, el conocimiento y la literatura son refugios, como señala Lledó, en los que el hombre puede alcanzar su máxima libertad. Para lo demás, para ganarse el pan, hoy por hoy, hay que acudir a las empresas, y eso también es filosofía; pragmática, pero filosofía. Y quizá hoy más que nunca yo muestre una simpatía que nunca haya tenido hacia el mundo empresarial, entre otras cosas, porque la empresa española, en general, nunca se ha caracterizado por un espíritu verdaderamente emprendedor, ni ha aceptado del todo las reglas del libre mercado que dice proclamar, cuando no incluso adorar.

En España siempre ha estado el Estado, ya fuera monárquico de corte más o menos autoritario, ya dictatorial, ya socialdemócrata o demócrata conservador, para subvencionar a las empresas, o para rescatarlas cuando venían mal dadas. Así que esta falta de espíritu emprendedor siempre me ha hecho dudar de la calidad de la mayor parte de la clase -que no casta- empresarial española. Por otra parte, tampoco el Estado ha querido incentivar una mentalidad diferente, trasmitiendo su nefasta mentalidad funcionarial a las mayores empresas de la Historia de España; normalmente, del sector bancario y, en menor medida, del sector de servicios en general. A este respecto, si realmente se quiere respetar la libertad de mercado y fomentar el tan cacareado por nuestra clase política “autoempleo”, hay que comenzar por eliminar el ingente volumen de papeleo inútil de trámites burocráticos a que se ve sometida, sobre todo, la pequeña y la mediana empresa (la mediana de verdad, pues el concepto de “mediana empresa” en política económica es, a mi modesto entender, demasiado amplio), tanto desde su génesis, como durante su vida jurídica y económica (formularios variados de inscripción en varios registros, declaraciones de impuestos con plazos demasiado cortos, etc.).

Asimismo, y mientras en Europa y en el mundo el pensamiento único ultraliberal siga detentando la hegemonía cultural, el Estado social (tal y como lo define nuestra Constitución en el art. 1, además de democrático y de Derecho), o lo que queda de él, debería fomentar una fiscalidad realista para redistribuir la riqueza del país, que, de acuerdo con el art. 128 de nuestra Constitución, “sea cual fuere su titularidad, está subordinada al interés general”, tanto para las grandes multinacionales y corporaciones, como para las PYMES. La fiscalidad adecuada podría ser calculada por los economistas en términos de buena economía como la resultante de la curva del óptimo de Pareto en el máximo tipo impositivo que las grandes multinacionales estén dispuestas a soportar a cambio de no deslocalizar su producción, lo cual podría lograrse con una buena política de incentivos fiscales o de bonificaciones a la Seguridad Social. Por el contrario, y debido a la naturaleza más “personal” o “humana” de las pequeñas empresas, el Gobierno debería aliviar la presión fiscal de los trabajadores autónomos, muchas veces insoportable, especialmente en períodos recesivos como en el que vivimos, al mismo tiempo que fomentar el pequeño comercio, con el objetivo de aproximarse más a ideales de justicia social. Al mismo tiempo, debería promover un discurso económico, a nivel supranacional, capaz de contrarrestar el discurso dominante de las viejas recetas de la austeridad del ultraliberalismo de la escuela de Chicago, y encarnado por las vetustas instituciones de Bretton Woods.

Retomando mis reflexiones iniciales, y en relación con los perfiles demandados con la mayoría de las empresas de países occidentales razonables, se puede constatar que éstas prefieren, en sus escalas superiores, a empleados con capacidad crítica -que no es lo mismo que rebeldes-, y no a simples autómatas o sumisos. Ello debería ser tenido en cuenta en la mayor parte de los departamentos de recursos humanos de las empresas de nuestro país, y ahí lo dejo para la reflexión de “a quien pueda interesar”, o “to whom it may concern”, como se acostumbra a decir en el ámbito anglosajón. Por otra parte, de incentivos y motivación a los trabajadores, mejor no hablamos, o se lo dejamos a las psicólogas recién licenciadas de recursos humanos -sí, en femenino, porque son mayoría, y además, monas; y es así, no me importa ser políticamente incorrecto, las cosas funcionan de esa manera, y ésta también es una de las varias formas de machismo. Ellas se limitan, en la mayor parte de las empresas, y en el mejor de los casos, a seguir firmando las nóminas de los afortunados que tienen trabajo, y, en el peor, a “negociar” EREs o despidos “objetivos”. Alguien con un currículum Senior no tiene que pasar por ellas, pues no sabrán -o no querrán- apreciar lo que podemos aportar; sencillamente, porque no viene en el manual; porque no se han formado en una escuela crítica como aquélla que quizá tuviera en la mente el Prof. Lledó. Sin embargo, son las empresas las que me pueden dar trabajo, y a ellas se lo debo suplicar.

 

3. Crítica del proceso de selección en el sector público

 

La otra solución para encontrarlo, el empleo público, es para mí peor y quiebra aún más mis principios, sencillamente por la ridiculez de su proceso preferente de selección por antonomasia: las oposiciones. En la mayoría de ellas sólo se valora -y de manera desmedida- una de las características de la capacidad: la memoria, en su vertiente más cruda: la memorización alienante consistente en la compresión, que no comprensión, de temas en un tiempo determinado. Que dicha característica pueda ser un “mérito”, lo dudo; en cualquier caso, está en el mismo plano lógico -y también deontológico- de mérito que la cualidad del que consigue subir o bajar los peldaños de la Torre Eiffel mil o cien veces. Más les valdría a ciertos opositores memorizar piezas imperdurables de la literatura, como el Tenorio, o el Paraíso Perdido, antes que artículos de normas que versan sobre plazos, términos y triquiñuelas procesales contingentes, que pueden ser derogadas por “el  legislador” al día siguiente al de la toma de posesión de la plaza ganada. Ello les daría al menos una formación más humana; a los funcionaros de las incontables Administraciones Públicas, para conocer mejor a la persona que se esconde detrás del calificativo de “administrado”, propio del lenguaje administrativista; y a las juezas y fiscales, para conocer mejor la realidad social, de la que la literatura constituye una emanación preeminente, en orden a la aplicación e interpretación de las normas del Derecho positivo, el cual, de acuerdo con el art. 3 del Código Civil, deben ser interpretadas de acuerdo con “la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas”. Con arreglo a esta consideración, es legítima la pregunta: ¿con qué criterio pueden conocer la realidad social una joven o un joven perfectamente disciplinados, chicas o chicas obedientes, como cantaba el grupo Jarcha, “hasta en la cama”, de veintitantos años, que se ha pasado cuatro o cinco años de media memorizando de forma alienante normas jurídicas sin ton ni son? Desde luego, la opositora o el opositor han conocido el sufrimiento. Pero se trata de un sufrimiento inhumano y que no tiene nada que ver con el mundo ni con la vida. Y el Derecho, como dijo sabiamente Legasi Lacambra, “o sirve para la vida, o no sirve para nada”.

Por su parte, la clasificación de las plazas de funcionarios en grados de tipo A, B, C y D según la titulación (sobre todo si tenemos en cuenta que para optar a plazas “A” sólo basta hoy un nivel académico de “Grado” y sin valoración alguna de la calificación, algo impensable en países serios como Alemania, y accesible a todo el mundo gracias, entre otras cosas, a la “titulitis” de que adolece el país), acompañada de obstáculos fácticos y normativos para la promoción interna, sí que refleja un modelo que sociológicamente podría definirse “de castas”, y que resulta, utilizando el lenguaje de la Administración, “manifiestamente mejorable”. Una mala copia del modelo francés, el cual, también en la educación, prima otras cualidades o, como se dice ahora en el lenguaje de los pedagogos, que llegó hace mucho al de los burócratas redatores de leyes, “competencias”, un anglicismo como tantos otros.

En definitiva, está bien que intelectuales como Lledó hablen, siquiera de pasada, de estas cosas, y puedan suscitar reflexiones como la mía, o mover a ciudadanos como yo a escribirlas. Coincidiendo con Fernando Vallespín, D.E.P. el “librepensador”, el intelectual, mientras agoniza el escritor. Bienvenidos los expertos, los “community managers”, los “coachers”, “counsellers” y los “oustiders” procedentes de tierras inhóspitas.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Acreditado por la ACAP a Profesor Contratado Doctor desde mayo de 2012

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid

Desempleado desde el 28-7-2011, sin prestación social alguna desde el 10-7-2013

Hijo de Dios, por Su entrañable Misericordia, desde el 19-5-1979

@pabloguerez

http://pabloguerez.com

 

Licencia seleccionada

 

Licencia de Creative Commons
¿Educar para ser útiles? Reflexiones generales y personales, a modo de ensayo, sobre las relaciones entre educación, economía y empleo, y sobre mi situación académico-laboral, al hilo de la entrevista al Prof. Lledó publicada en El País del miércoles 19/11/2014 by Dr. Pablo Guérez Tricarico is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia preguntando al autor en pablo.guerez@uam.es o pablo.guerez@gmail.com, o @pabloguerez. Se permite la reproducción del texto, sin ánimo de lucro, con la cita obligada de su autoría, respetando el formato original, y la prohibición de obra derivada. Para cualquier duda sobre el alcance de esta licencia, preguntar al autor.

 

<a rel=”license” href=”http://creativecommons.org/licenses/by-nd/4.0/”><img alt=”Licencia de Creative Commons” style=”border-width:0″ src=”https://i.creativecommons.org/l/by-nd/4.0/88×31.png&#8221; /></a><br /><span xmlns:dct=”http://purl.org/dc/terms/&#8221; property=”dct:title”>¿Educar para ser útiles? Reflexiones generales y personales sobre las relaciones entre educación, economía y empleo, y sobre mi situación académico-laboral, al hilo de la entrevista al Prof. Lledó publicada en El País del miércoles</span> by <a xmlns:cc=”http://creativecommons.org/ns#&#8221; href=”http://pabloguerez.com&#8221; property=”cc:attributionName” rel=”cc:attributionURL”>Dr. Pablo Guérez Tricarico</a> is licensed under a <a rel=”license” href=”http://creativecommons.org/licenses/by-nd/4.0/”>Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional License</a>.<br />Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en <a xmlns:cc=”http://creativecommons.org/ns#&#8221; href=”preguntando al autor en pablo.guerez@uam.es o pablo.guerez@gmail.com, o @pabloguerez” rel=”cc:morePermissions”>preguntando al autor en pablo.guerez@uam.es o pablo.guerez@gmail.com, o @pabloguerez</a>

 

Y ahora, os dejo con una bonita canción para el fin de semana:

¿Podemos emprender una política de rostro humano? Compromiso político y religión.

agosto 24, 2014 § Deja un comentario


 

Jesús, llamándolos junto a sí, dijo: Sabéis que los gobernantes de este mundo se enseñorean de ellos, y que los grandes ejercen autoridad sobre ellos. No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera entre vosotros llegar a ser grande, que sea vuestro servidor, y el que quiera entre vosotros ser el primero, que sea vuestro siervo (Mt 20, 25-27, ca. 80 d. C)

The brave men, living and dead, who struggled here, have consecrated it far above our poor power to add or detract. The world will little note, nor long remember, what we say here, but it can never forget what they did here. It is for us the living, rather, to be dedicated here to the unfinished work which they who fought here, have, thus far, so nobly advanced. It is rather for us to be here dedicated to the great task remaining before us—that from these honored dead we take increased devotion to that cause for which they here gave the last full measure of devotion—that we here highly resolve that these dead shall not have died in vain—that this nation, under God, shall have a new birth of freedom—and that, government of the people, by the people, for the people, shall not perish from the earth (Abraham Lincoln, given to Edward Everett, 1864)

Todo el mundo quiere cambiar a la Humanidad, pero nadie quiere cambiarse a sí mismo (Lev Tolstói, ca. 1900)

Cambia tu corazón, y cambiarás el mundo. Porque el que es fiel en lo pequeño será fiel en lo grande

A todas las personas de buena voluntad de los movimientos sociales, especialmente de los vinculados a Izquierda Unida y a PODEMOS

A Tania Sánchez, cuyo discurso sigue ilusionando como un vergel en el desierto mediático previamente repartido por los responsables de la información

 

El problema: buena parte del mundo crítico del panorama sociopolítico español, no sin mucha razón, propone lo siguiente para

+EL PUEBLO UNIDO CONTRA LAS INJUSTICIAS

La lectura de estos puntos programáticos que me han hecho llegar a través de Google + algunas personas próximas al movimiento PODEMOS me ha producido, por una parte, simpatía, y, por el otro, impotencia. Simpatía porque estaría de acuerdo en el 90% de sus puntos si pudieran cumplirse sin que los poderes de este mundo -no sólo los económicos- no tuvieran capacidad de reacción. Es más: aun si pudiera ser posible, como hacker, extender un virus que destruyese todos los títulos de propiedad, legal o ilegalmente adquiridos, esa opción robinhoodiana me merecería simpatía, como en la película Los fisgones, 1991, aunque no considero que ésta fuese una opción razonable, ni menos deseable o generalizable. Lo que ocurre es que, leyendo los puntos programáticos del ámbito de PODEMOS, y a pesar de algún nuevo lenguaje, me suenan a viejo marxismo, el cual, en sus concretas aplicaciones históricas nunca favoreció del todo a las clases más bajas -aunque a favor de algunos regímenes marxistas occidentales “mitigados”, como algunos países del Este de Europa, o la propia URSS posterior a Kruschev, hay que decir que las necesidades más básicas de toda la población fueron atendidas, si bien a costa de reducir las oportunidades de aumentar la riqueza nacional y un reparto equitativo de mayores bienes, como denunciaran muchos marxistas críticos o teóricos de la justica como John Rawls-; más bien, a las clases populares y profesionales -por cierto, todavía enfrentadas en los países “libres” por el voto por los partidos del centro-izquierda, sociológicamente preferidas por las clases populares, o del centro-derecha, sociológicamente preferidas, al menos hasta ahora por los llamados “profesionales” que se sienten superiores- se las sometió, en los tiempos del “socialismo real”, al opio de la doctrina comunista oficial, que no de la religión. Dicho esto, he querido aprovechar este mensaje para expresar mi opinión sobre PODEMOS y los movimientos sociales, respecto de los cuales, y a pesar de sus buenas razones -sí, buenas, por si a algunos “hombres de bien” o de law and order no se lo parece-, y sobre su capacidad transformadora de la sociedad no puedo menos que mostrar un triste escepticismo. Y no precisamente por las razones más apuntadas por la prensa al uso: desconfianza de la población general para que PODEMOS pueda convertirse en una alternativa de gobierno viable, preferencia del movimiento por puntos programáticos en lugar de una nueva manera de hacer gobierno, así como algunas otras acusaciones al menos dudosas de que la formación y sus simpatizantes han sido y continúan siendo objeto de la prensa conservadora.

A estas alturas de la evolución humana, está visto que cualquier sistema económico, ya sea capitalista, ya comunista o intermedio, está sujeto a la necesidad de los poderosos de utilizar el poder para mayor gloria de ellos, y no de la comunidad política. Con ello no pretendo adherirme a las tesis del liberalismo político tradicional, que proclama que el hombre es egoísta por naturaleza -personalmente sostengo que hay hombres más egoístas y hombres más altruistas; incluso la misma persona puede actuar de una manera u otra en función de su entorno y de su aprendizaje-. Por ello, me cuento entre los que consideran que precisamente debe limitarse cualquier poder, incluido el poder político, uno de los mayores enemigos de la libertad del hombre, junto a las riquezas, y no sólo para los que lo padecen, sino para los que lo practican, que se convierten en esclavos de ídolos modernos, auténticas dependencias -y mucho más fuertes que las estigmatizadas, como las drogas o los comportamientos “antisociales” o desadaptativos- en el mundo actual.

Lo que parece haber demostrado la Historia de la Humanidad es que tanto las riquezas -entendidas como objetivo último, y no como instrumento para una justa, equitativa y caritativa distribución y, si es necesaria, redistribución del welfare o de la riqueza- o el poder -entendido como poder para gloria del que lo ejerce y no como servicio-, no sólo son nocivos para las personas que tienen que padecer los desmanes de los ricos y de los poderosos-, sino para ellos mismos, debido a la tendencia natural que proporcionan estos instrumentos a la acumulación y a la maldad: porque, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recuperarla?

Los ricos y poderosos de este mundo, asistidos por “coaches” intrusistas que han ocupado el papel de los antiguos magos y chamanes, prometen a sus aspirantes e iniciados la dominación, primero de sí mismos, y luego la de los demás. Ellos deberían saber a dónde conduce este camino, muy diferente al que conduce la vía estrecha de las disciplinas prácticas de las grandes religiones como la ascesis y la mística. Por ello, llegadas las cosas a la entronización de la economía como disciplina desacralizada, en términos de Mircea Eliade, a la que hay que sacrificar a la persona, es necesaria una reflexión transversal, que vaya más allá de los objetivos de los partidos políticos y de las personas que de verdad quieren cambiar el mundo. Porque no se hizo la economía para el hombre, sino el hombre para la economía. Para ello, es necesario un cambio personal radical, que no sé hasta qué punto las personas estamos verdaderamente dispuestos a emprender.

Me considero una persona cristiana que intenta vivir su fe sobre todo desde la autenticidad y no desde la autoridad. Pertenezco a la Iglesia Católica, que para mí no es otra cosa que el pueblo de Dios y mi casa espiritual. Una Iglesia que no entiendo excluyente, sino más bien abierta a todo el mundo, incluidos a los que no quieren entrar en ella formalmente pero buscan la verdad como ellos la entienden, y realizan realmente la voluntad de Dios, como en la parábola de los dos hijos. En relación con esto, simplemente quisiera realizar dos matizaciones a los “puntos programáticos” que me han llegado desde la esfera de PODEMOS, y que intentan, desde mi posición, que no es la de un “hombre de bien”, perfectamente integrado en la sociedad conservadora que criticara Jesús de Nazaret y que le costó la vida, en la defensa de los débiles, de los necesitados, de los marginados y de los excluidos por el status quo de la época, tanto político como religioso; pues la política era religión y la religión era política: algo, por cierto, no muy diferente en nuestros días, en las que hay pseudorreligiones desacralizadas, en palabras de Mircea Eliade, como la economía, a la que sirve la política formal. En primer lugar, en cuanto a la eliminación de los privilegios de la Iglesia, la Iglesia Católica declaró en 1964, en un documento conciliar del máximo nivel institucional, la Gaudium et spes, que estaría dispuesta a renunciar a dichos privilegios si ello redundara realmente en favor del bien común. Pues bien, a mi modesto entender ha llegado este momento, y el papa Francisco está dando muy buenos ejemplos de ello, de auténtica actitud evangélica que constituye el espíritu de la Iglesia. No es éste el lugar adecuado para explicar la falta de desarrollo de esta propuesta de la Iglesia. Por otra parte, los críticos de la Iglesia Católica deberían ver los fondos que se destinan en las colectas y en otras actividades, auditados por empresas independientes, y, sobre todo, la labor desarrollada en este ámbito por muy diversas organizaciones católicas, diocesanas o de adscripción diversa, como Cáritas, aquí y en el Tercer Mundo. No hay nadie, ni en cifras ni en dedicación – y de ello tenemos cada día ejemplos de personas que, por Cristo y su Evangelio, que proclama en la práctica fundamentalmente el amor al prójimo-, que lo haga mejor. Y a su vez, los católicos instransigentes, o “de rito”, deberían reflexionar -si es que muchos pueden hacerlo y no están obcecados por el fanatismo, en ocasiones incluso violento-, sobre la realidad y el compromiso de su fe, abandonando una falsa piedad y una falta de mezcla con la gente que no es como ellos, y que ha sido una de las causas que más ha contribuido al abandono de muchas personas de buena voluntad del seno de la Iglesia; por cierto, de cualquier Iglesia, no sólo de la católica. Porque, advertidos por Jesús, no todos los que dicen “Señor, Señor” serán admitidos en el Reino, sino sólo los que hacen la voluntad de su Padre. Un Padre que, por lo demás, es misericordiosísimo y que, tal y como se nos enseña en las parábolas de validez universal del hijo pródigo y de las otras parábolas pequeñas de Lucas 15, está siempre dispuesto a perdonar y a devolver al hombre su dignidad perdida, ensalzándolo incluso sobre aquellos que se consideran a sí mismos como “justos”; así nosotros, pecadores, deberíamos perdonar a los que nos ofenden, como rezamos en el Padrenuestro.

Llegamos entonces al punto fundamental de mi crítica constructiva y de mis reflexiones para cualquier proceso de regeneración política y social. Ahora que todo el mundo -con mayor o menor preparación- habla de economía, ahora que lo que es llamado economía detenta la hegemonía cultural del pensamiento a todos los niveles del conocimiento práctico occidental, vamos a hablar también de economía. Es una disciplina más sencilla que sus espurias derivadas pseudocientíficas que estudian los estocásticos, el análisis técnico y el análisis de los mercados de valores, cuestiones que intentan predecir, normalmente retroactivamente, sobre la base de “modelos”,  y no de personas. La economía trata de algo mucho más sencillo: la distribución de las necesidades. Y es aquí donde quisiera expresar mi reflexión fundamental: no es posible pensar en emprender un esfuerzo colectivo de cambio social -en sentido progresista-, de regeneración política o de sumisión de la macroeconomía a las necesidades reales de la gente sin tener en cuenta  precisamente la cuestión de las necesidades. Es necesario redefinir las necesidades. Como expresa el lema de Cáritas, vive sencillamente, para que otros, sencillamente, puedan vivir. Algunos economistas que han tratado de volver a los orígenes de su ciencia -por cierto, muchos de ellos no procedentes de países “desarrollados”-, han comprendido realmente lo que la economía significa, y no sólo a nivel teórico, como hicieran en el ámbito occidental los epígonos del marxismo metodológico como Horkheimer, Adorno o Marcuse en los años 60 y 70, sino a nivel práctico e intercultural, como el tachado de heterodoxo por sus colegas del pensamiento único de la Escuela de Chicago Amartya Sen, bengalí de nacimiento y Premio Nobel de Economía en 1998. Era necesario que el genio espiritual de un país como la India se hiciera notar también en el pensamiento económico, como también lo era que el espíritu del catolicismo ortodoxo, despojado de su lucha geopolítica en favor del mal menor -el capitalismo de los años 60- frente al socialismo real de entonces, volviera a sus auténticas raíces -el Evangelio- con documentos conciliares sobre economía y vida política, a juzgar por eminentes teólogos -fundamentalmente pertenecientes o simpatizantes al movimiento de la teología de la liberación, como Ellacurría o Tamayo, pero no sólo, sino también según buena parte del jesuitismo y del franciscanismo “otrodoxos”, insuficientemente desarrollados por la realpolitik vaticana de los años anteriores a la caída del Muro. Ya antes, teólogos tanto católicos de la talla de Urs von Balthasar, Vito Mancuso o Hans Küng -este último todavía en activo-, en el ámbito católico, o Robert Bultmann o Karl Rahner, para el ámbito protestante, así como pensadores ecuménicos norteamericanos como R. W. Emerson mostraran su compromiso por las tesis sobre la parcialidad de Dios y la opción preferencial por los pobres, que debe implicar la labor de la Iglesia. Es algo todavía proclamado por representantes de algunas parroquias abiertas incluso en barrios conservadores y excluyentes como en el que habito, como el párroco Alejandro Fernández Barrajón, fraile mercedario, o el conocido Padre Ángel.

Volviendo al tema de las necesidades… ¿De verdad necesitamos tantas cosas, cuando sólo una es importante? La gestión de las necesidades es la base de la ciencia económica. No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita. Y, aunque suenen a tópico, estas expresiones muestran con una sencillez perfectamente intersubjetiva la verdad que se esconde tras de ellas, accesible tanto al campesino analfabeto como al catedrático de Filosofía Moral. Como que hay gente tan pobre, tan pobre, que sólo tiene dinero. Pero entiéndaseme bien: con ello no pretendo quitarle valor, en primer lugar, a la necesidad de trabajar, aquí y ahora, por un mundo más justo, que yo entiendo con el Reino anunciado por Jesús, cada uno a su manera y ayudando a los más desfavorecidos, poniendo en práctica sus carismas pero también aceptando sus limitaciones. Tampoco pretendo criticar el valor de liberación personal y social del trabajo, el progreso e incluso las riquezas, salvo que quiera seguirse una, por cierto, respetabilísima, vocación contemplativa, monacal o eremítica. Precisamente por ello, en el momento actual es necesario devolver a muchas personas la dignidad de poder aspirar a un trabajo digno o de recuperar el que tuvieron -a mi juicio, no todos los “trabajos” lo son-, que en un Estado capitalista casi “puro” en crisis, precisamente como el nuestro, ha escindido la formación superior, todavía a su cargo en más de un 80% según cifras del INE, de la empleabilidad, que ha “dejado” al mercado -no sin mantener organismos de intermediación laboral cuya efectividad deja mucho que desear-, hay que ir mendigando a las responsables de recursos humanos de las grandes empresas, para las personas con formación, o a los gerentes machistas de la pequeña empresa, para las personas sin formación. Sí, soy políticamente muy incorrecto, y además, me gusta serlo. Hay que poder comer y beber para vivir con dignidad, tener vestido y techo. Lo que hace falta es un cambio de actitud hacia las “cosas del mundo”, que nos conduzca a otorgar a los bienes materiales el valor instrumental y relativo que realmente les corresponde, es decir, ser capaces de no perder al mismo tiempo de vista que sólo una cosa es importante. Ésta es la idea que, en mayor o menor grado, está detrás de todas las religiones: el desapego, comenzando por el de los bienes materiales. Pero para ello es necesario un cambio de actitud, muchas veces, radical. Es necesario renunciar a muchas necesidades artificiales a las que muy a menudo nos cuesta renunciar. Lo que sí tengo claro a estas alturas es que, si no cambiamos nuestro corazón, no podremos experimentar la auténtica alegría de la libertad que nos lleve de manera natural, como un niño, a ayudar a nuestro prójimo, movidos por la empatía, la compasión y el Amor, y con ello, a irnos desprendiendo poco a poco de nuestros propios egoísmos, de nuestros problemas y de nuestro “yo”. Pues no hay mejor manera, como ya señalara el siglo pasado el gran psicólogo Adler, de curar nuestras neurosis que saliendo de nosotros mismos y ayudando a los demás. Algo que ya nos enseño Jesús con su mensaje de que “el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí y por mi evangelio, la salvará”. Se trata de un mensaje a mi juicio universal, que puede ser aplicado, como todas las ideas de fondo de este artículo, a las personas de cualquier religión, credo, ideología y a las que no profesan religión alguna, pues todas somos hermanas y nos unen al menos dos cosas radicalmente fundamentales: la conciencia de nuestra muerte y el deseo de sobrevivir a ella, nuestro deseo de inmortalidad. Es este sentido, desde el punto de vista teológico-religioso, me ha interesado hablar más de actitudes y de comportamientos que de “verdades” dogmáticas, precisamente con vistas a la construcción de un terreno común para la acción práctica de todas aquellas personas de buena voluntad que realmente quieran, cada una desde su posición, contribuir, literalmente, a cambiar el mundo. Estas ideas no pueden ni deben ser ajenas al discurso y a la praxis política y social. Precisamente por ello he querido ser radical en el sentido etimológico de la palabra, para manifestar mi convicción de que cualquier cambio político y social debe venir “desde abajo”, desde un cambio en nuestra actitud egoísta de la que todos somos esclavos. Sólo así podrá desenmascararse por las buenas, generando credibilidad en nuestro entorno más inmediato, a modo de “luz del mundo”, es decir, sin enemistad, la actitud de muchos representantes religiosos, de esos “hombres de bien” respetables que cumplen los ritos de la religión católica, las dobles morales, las cargas illevaderas ordenadas por estas personas con poder como para ejercer presión social. No se me oculta que el condicionamiento social de la conducta -que incluye pensamiento como conducta verbal, en términos skinnerianos, y acción- resulta muy difícil para todos, no sólo para aquellas personas que no tienen tiempo material para plantearse esta cosas, o para aquellos que, pensando solamente en sí mismos y en su “bienestar” material, constituyen el “rebaño adormecido del que hablara Noam Chomsky. También algunas personas cultas caímos en el pasado en la trampa del consumo como sustitutivo de la necesidad de reconocimiento social a que se refierera el psicólogo Maxwell en su teoría piramidal de las necesidades humanas, y con ello, en el ciclo kármico -por emplear un término religioso panindio pero de validez mítica universal, como expresara Mircea Eliade- de la rueda del consumo-disfrute-trabajo-crédito-más consumo. Para todos es difícil sustraerse a la presión del entorno sofisticadamente diseñada por aquellos que detentan la economía cultural, pues todos somo esclavos de nuestras pasiones, jóvenes y mayores, y nadie está exento de tomar el camino equivocado -o el pecado-. Pero precisamente por ello, la novedad del mensaje de Jesús reside en el hecho de que todos estamos perdonados, y con ello, justificados. Sólo es necesaria una actitud de reconocimiento, de conversión y de lo que, en otras épocas no muy lejanos, estaba abarcado no sin ambigüedad en lo que llamábamos “penitencia” (Küng, 2014). Por ello, el momento de crisis en el que nos encontramos, si no caemos en el desánimo, puede ofrecernos una oportunidad real -es decir, sujeta a vaivenes, a la vuelta a los mismos errores, a pasos atrás, como no puede ser de otra manera- de cambiar nuestra actitud hacia nosotros mismos, nuestras necesidades, nuestro modelo de sociedad y nuestras relaciones entre nuestro prójimo y entre otras sociedades -de personas, se entiende-. Ello sólo podrá ser posible, a mi juicio, cambiando nuestro corazón, con la ayuda de Dios -cada uno como lo entienda-. Sólo así, desde lo pequeño, podremos trabajar con impecabilidad en tareas humildes que nos consigan el respeto de los demás. Porque el que es fiel en lo pequeño, también lo será en lo grande. Desde el que ha pasado por la experiencia de la humildad, podremos aspirar a puestos en los que la Providencia nos ponga, pues para Dios, que quiso nacer como hijo de un carpintero, no hay nada imposible. La predicación de Jesús cambió el mundo, y si el reino de Dios, que él proclamó ya entonces en medio de nosotros no ha llegado a la tierra ha sido por la dureza de los corazones.

En cuanto a promover cambios positivos en la sociedad, comencemos planteándonos objetivos concretos, y se nos irán dando los cometidos de lo grande. Así, por ejemplo, centrémonos en combatir la situación de pobreza -material y espiritual- de nuestro prójimo; la degradación material y moral de los barrios de nuestras urbes deshumanizadas y caracterizadas cada vez más por contactos anónimos aplaudidos por insignes sociólogos, que ven sociedades de comunicaciones donde deberían ver sociedades de personas. También podremos darnos cuenta de que la intolerable degradación y contaminación de nuestros espacios naturales acaba a la larga con la supervivencia de la propia especie humana, superando el cortoplacismo imperante en este tiempo de la instantaneidad. Y sólo así podremos devolver la dignidad a continentes enteros deliberadamente excluidos de las bondades del consumo y de la globalización, como África, gran parte de Centroamérica, la mayor parte de América Latina y buena parte de Oceanía, aliviando la situación de miseria extrema que clama al Cielo.

Desde la opinión que quiero sostener, todas las personas, de cualquier credo, o de ninguno, pero que compartan esta necesidad de cambio de actitud individual antes de adquirir cualquier compromiso social, sobre todo político, son capaces, desde su ser y sus circunstancias, como diría Ortega, de contribuir al bienestar y a la justicia social, a la caridad, al fomento de un empleo cuya adjudicación se realice en equidad, es decir, en función del reconocimiento de los talentos y carismas y de las limitaciones y debilidades de cada uno, así como a una distribución de la riqueza basada en las necesidades de toda la comunidad política, especialmente, de los más pobres, de los excluidos, de los marginados, de los victimizados y de los estigmatizados, para que éstos, superando su situación, puedan contribuir realmente al bienestar de la Nación y de todo el orbe y recuperar con ello la dignidad que proporciona el trabajo, aportando sus habilidades y sobre todo su humanidad, y convirtiéndose de este modo en protagonistas activos de su destino y del bien común.

 

A.M.D.G.

 

Licencia de Creative Commons
¿Podemos emprender una política de rostro humano? by Dr. Pablo Guérez Tricarico is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en preguntar al autor en pablo.guerez@uam.es, pablo.guerez@gmail.com, @pabloguerez
Aprenda cómo compartir sus obras con las comunidades existentes que ya han habilitado el uso de licencias de Creative Commons.

¿Es posible conciliar la planificación de nuestra vida con la confianza en la Providencia divina? Especial referencia al trabajo en la situación de CRISIS actual, a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia.

julio 28, 2014 § Deja un comentario


A mi padre

 

http://es.catholic.net/escritoresactuales/854/1702/articulo.php?id=39646&msj=2&msj=1

 

Comentario:

 

El enlace que acabo de postear, publicado por Pioneros de Schoenstatt, movimiento católico que me merece el mayor de los respetos, realiza una breve exégesis del conocido y precioso mensaje de confianza en la Providencia contenido de Mt 6,24-34, sobre los pájaros del cielo y los lirios del campo. Intenta conciliar la confianza en la Providencia con nuestra necesidad humana de previsión y seguridad. Sin embargo, desde mi punto de vista el artículo “se queda corto” y no convence, a mi juicio. Y se queda corto precisamente desde el lado “providencialista”. La posibilidad conciliadora entre confianza en la providencia yy planificación de nuestras vidas, que sostiene el artículo posteado, resulta hoy, por la “certeza de la inseguridad” en la que se basan las sociedades aun de los países más desarrollados, no guarda relación directa con otros pasajes del Evangelio. En particular, con la condena de Jesús de la acumulación de riquezas -que no es equiparable al ahorro-, así como con otros pasajes neotestamentarios que recuerdan la sabiduría de los Salmos de David o de los Libros Proféticos del AT, algunos recordados por algunas epístolas de San Pablo: “Mis caminos no son vuestros caminos” (Is 55, 58), pasajes que nos recuerdan la absoluta precariedad de la vida y de la condición humanas, que sólo pueden descansar en la confianza en Dios, y no en las seguridades que nos construimos los hombres, seguridades cuyo carácter ilusorio es puesto de manifiesto por los signos de los tiempos cada vez con mayor crudeza y con pavorosa actualidad. En otro lugar del Evangelio de Mateo se nos invita a no atesorar tesoros en la tierra, sino a buscar los bienes del Cielo. Así, en Mt  6,19-23 leemos: “Jesús dijo a sus discípulos: “No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en le cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman, ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque dónde esté tu tesoro, allí estará tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!”).

Así las cosas, y por comentar críticamente la exégesis realizada de la invitación a la Providencia, quisiera comenzar diciendo que el mensaje evangélico me parece, a mi modo de ver, un sabio mensaje común a casi todas las religiones, antiguas y modernas, tanto occidentales como orientales -y sobre todo propio de éstas-, que con sabiduría milenaria han conseguido transmitir una enseñanza capaz de llevar mejor la paz al corazón del hombre que el mensaje contrario: el mensaje cristiano tergiversado propio del protestantismo clásico y de sus derivaciones en varias Iglesias reformadas, que insiste en la necesidad de triunfar en los negocios como signo externo de la gracia divina (cfr. Weber, Max, El espíritu protestante y la ética del capitalismo), y en el que se funda en buena parte el llamado “progreso” de nuestra decadente -pues ha perdido ya su ética originaria, incluso comercial- sociedad occidental.

Descendiendo a la “realidad de las cosas y del trabajo” en los actuales tiempos, ¿qué hacer cuando no hay trabajo y la lacra del paro se ceba precisamente con los que más hemos hecho fructificar nuestros talentos, precisamente porque los “emprendedores” tiene miedo de que no aceptemos sueldos menores? ¿Hasta cuándo debemos las personas que nos hemos esforzado toda nuestra vida en hacer fructificar nuestros talentos -aun en momentos de pecado y debilidad-, hasta conseguir la máxima titulación académica, la de Doctor (PhD), y no encontramos trabajo? ¿Mandar 100 currícula? ¿200? ¿500? Cualquier número podrá ser insuficiente porque siempre es posible pensar, in abstracto, en una mayor. Si mandamos 1000, siempre se nos puede reprobar que no hayamos mandado 1001.  Genitori et societati numquam satis. La única solución lógica, pero injusta, es infinito, lo que pasa por la extenuación del demandante de empleo, sobre todo porque ante esta situación es muy probable que se vea afligido por la depresión y la frustración, que paraliza, sin culpa alguna del trabajador en paro -el cual es encima victimizado y culpabilizado por su situación por las generaciones que le precedieron, por la clase política y empresarial y por la sociedad en su conjunto-, sus posibilidades de emprender una búsqueda fructífera de un trabajo que le procure un sostenimiento decoroso, no digamos ya la posibilidad de formar una familia, como han venido enseñando reiteradamente los papas en sus encíclicas sobre la doctrina social de la Iglesia. A este respecto, quisiera hacer una observación de la parábola de los talentos, que debe intepretarse sistemáticamente; el Señor, al igual que reparte talentos, reparte -o permite- cruces. Es por este motivo por lo que, especialmente en la situación socioeconómica actual, y especialmente en lo tocante a las economías de los países llamados “desarrollados”, la utilización de esta parábola como arma arrojadiza generacional es peligrosa en boca de las generaciones ya colocadas, que no entienden de la BRUTAL CRISIS que padece la sociedad, que lleva a cosas tan ilógicas como la hipercualificación constituya una desventaja. Desde luego, ilógicas desde el punto de vista de la justica y la equidad, pero perfectamente lógicas desde el mercado de trabajo y, en particular, de la figura del llamado “emprendedor”, que con la excusa de la crisis no aceptará personas cualificadas o hipercualificadas con el pretexto de no poder pagar salarios acordes con la cualificación alegada. Es más, presionará a los “mercados del conocimiento”, es decir, a las instituciones académicas, públicas o privadas, para que impartan enseñanzas conformes sólo con los caprichos coyunturales del mercado, denominados “nuevas necesidades del mercado” e incluso “necesidades de la nueva sociedad de la información y del conocimiento”. Y ante la conformidad del trabajador, ésta será vista con sospecha, sobre todo si se trata de un trabajador bien formado intelectualmente, con capacidad crítica y competencia para resolver problemas complejos, que la cortedad de mira sdel “emprendedor” no sabrá valorar, y mucho menos los psicólogas -y utilizo el femenino porque son abrumadora mayoría- de recursos humanos reclutadoras de carne fresca según los manuales al uso para para que los trabajadores finalmente seleccionados puedan ocupar un puesto para que la empresa “vaya tirando”. Por supuesto, los beneficios empresariales obedecerán a otra lógica muy distinta: la lógica de su inversión en los mercados financieros y su mágica transmutación en productos de nombres cuasi esotéricos; derivados, futuros, warrants up o down, bonos convertibles, acciones A, B, C, o cócteles financieros de todos ellos empaquetados en respetables fondos de inversión o planes de inversiones listos para la venta a los “ahorradores”, que no son más que las personas decentes que han conseguido acumular un pequeñísimo patrimonio con su trabajo a la largo de toda su vida. Si me habéis seguido hasta aquí, queridos lectores, ¿acaso no estáis ya cansados, pero desde hace ya muchísimo tiempo, de toda esta palabrería economicista que se cobra a precios de 60.000 euros en algunos “Másteres” de “ciencias empresariales, MBA, márketing y ciencias ocultas análogas?
Lógicamente, esta situación varía de país en país, de acuerdo con la diferente “cultura empresarial” que se tenga. Pero en España lo que ha primado y sigue primando -aunque la crisis haya detenido las ansias de codicia de los empresarios, que volverá a reaparecer si cabe con mayor virulencia cuando comencemos a experimentar un crecimiento económico real-, es un modelo que volverá a aplicarse; un modelo económico basado en el natural connubio entre construcción, servicios inmobiliarios, entidades financieras y corrupción pública, todo ello condimentado con una alta dosis de cinismo aplicada por los políticos que seguirán pidiendo “sacrificios” a los trabajadores en términos de moderación salarial, renuncia a los seguros sociales y a las pensiones públicas, renuncia a la sanidad y a la educación pública y a otros sistemas de previsión social mínimamente tutelados por el Gobierno.
En los tiempos de Cristo era más fácil poder vivir con poco. Lamentablemente hoy no. La doctrina social de la Iglesia, muchas veces no conocida en su integridad, y más compleja de lo que parece -aunque a mi juicio desde que surgiera como disciplina eclesiástica con cierta autonomía con la publicación de la Rerum novarum por parte del papa León XIII siempre se ha mostrado más favorable a los ricos que a los pobres, como espero poder tener tiempo de argumentar en una entrada posterior- revela sorpresas incluso para los que la blanden como arma arrojadiza en contra de opciones políticas legítimas “de izquierdas” respecto de las cuales la Iglesia, de conformidad con su propia doctrina, debería permanecer neutra, siempre y cuando aquellas doctrinas puedan funcionar sin una concepción socioantropológica distorsionada del hombre y de su dignidad en el mundo. Ello puede deducirse fácilmente de una lectura sosegada de varios documentos y declaraciones del Concilio Vaticano II, cuya enumeración, para no sobrecargar al lector con un farragoso elenco, resulta innecesaria, pero entre las que destaca la “Gaudium et spes”, que proclama la neutralidad política de la Iglesia en cuanto a opciones políticas temporales, así como las cartas encíclicas “Mater et magistra” de S. S. el papa San Juan XXIII de 1961 o la “Populorum Progressio de S. S. el papa Pablo VI de 1967. También son interesantes declaraciones a este respecto de los papas San Juan Pablo II, Benedicto XVI o del actual papa Francisco, por cierto, muy sensibilizado con el problema del paro juvenil, hasta el punto de que lo ha considerado un problema que afecta a la propia dignidad de quien lo sufre y a sus posibilidades de desarrollo personal, familiar, intelectual y aun espiritual dentro del sistema social. En este punto la doctrina sobre la dignificación del trabajo, constante en la evolución de la doctrina social de la Iglesia debe ser aplaudida, mas no por ello deben aceptarse cualesquiera condiciones de trabajo -algo de ello dicen también algunas encíclicas-, ni mucho menos debe dejarse al arbitrio de las coyunturas del mercado la determinación de las condiciones de trabajo y, especialmente la determinación del salario justo (vid., unánimemente, las encíclicas Rerum Novarum, Quadragesimo Anno, Mater et Magistra, Pacem in Terris, Populorum Progressio, Sollecitudo rei socialis, así como múltiples declaraciones tanto del Concilio Vaticano II como de los papas del siglo pasado y de éste, especialmente del papa Francisco.
A los que buscamos trabajo se nos dice muchas veces que debemos acudir al patrón -hoy llamado empleador o, peor, “emprendedor”, aunque no emprenda nada-, y no al revés, y conozco casos en los que esta acusación es vertida contra el demandante de empleo en su propia cara por parte del empresario cuando aquél acude a la empresa a pedir trabajo. A la luz de la terrible injusticia que suponen estas incidencias, que no son más que una manifestación más de la terrible desigualdad entre empresario y trabajador en el estadio del capitalismo actual posfordista, como curiosidad histórica sobre la evolución de la doctrina social de la Iglesia, puedo comentar, a favor de aliviar la carga a los trabajadores en su búsqueda de un empleo que les permita su decoroso sustento, que ya en la encíclica Quadragesimo Anno, S.S. el papa Pío XI comentaba que sería deseable que fuera el Capital el buscara al trabajo, y no al revés. Por su parte, el actual papa Francisco ha cargado ya en innumerables ocasiones justamente las tintas contra un mercado economicista que no tiene en cuenta el talento de las personas y nuestra dignidad, habiendo alertado a los empresarios sobre la gran responsabilidad que tienen para erradicar la lacra del desempleo y, especialmente, el que afecta a las personas con menos recuros y a los más jóvenes, en relación con los cuales las cifras del paro, especialmente en los países mediterráneos, reviste cifras alarmantes.
A.M.D.G.
Fdo./Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD.
En Calpe (Alicante), a veintinueve de julio de dos mil catorce.
Licencia de Creative Commons
¿Es posible conciliar la planificación de nuestra vida con la confianza en la Providencia divina? Especial referencia al trabajo en la situación de CRISIS actual, a la luz del Evangelio y de la doctrina social de la Iglesia, by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
Creado a partir de la obra en pabloguerez.com.
Puede hallar permisos más allá de los concedidos con esta licencia en preguntar al autor en pablo.guerez@uam.es, pablo.guerez@gmail.com, @pabloguerez
Este artículo está publicado con una licencia de Creative Commons.
Donate

Creative Commons es una organización sin fines de lucro.
Necesitamos de tu apoyo para seguir entregando estas herramientas.
¡Colabora hoy donando!

De nuevo sobre el problema de la hipercualificación y contra la crítica a la presunta “ociosidad” de la juventud sin trabajo

julio 8, 2014 § 1 comentario


Creo que hay que reconocer que los jóvenes más inteligentes de los países occidentales tienden a padecer aquella clase de infelicidad que se deriva de no encontrar un trabajo adecuado para su talento (…) El cinismo que tan frecuentemente observamos en los jóvenes occidentales con estudios superiores es el resultado de la combinación de la comodidad con la impotencia. La impotencia le hace a uno sentir que no vale la pena hacer nada, y la comodidad hace soportable el dolor que causa esa sensación (Bertrand Russell, La conquista de la felicidad, 1930)

 

La lucidez y la clarividencia del gran matemático, fílósofo, lógico, epistemólogo y humanista Bertrand Russell, quen ganara el Premio Nobel de Literatura escribiendo prácticamente sólo ensayo, hacen que sus siempre textos de referencia, escritos en la mejor tradición de la prosa anglosajona, hablen por sí mismos y no merezcan comentarios. Por esta razón, me limitaré a subrayar la actualidad de esta reflexión de Russell, que mantiene plena vigencia en el tiempo presente.

En una entrada anterior expresé una idea ciertamente iconoclasta, en la que describí como acreedora a una nueva forma de discapacidad a la persona hipercualificada, joven o no tanto, pues la formación de la buena necesita su tiempo y su madurez, más allá de las modas impuestas por las supuestas necesidades de innovación que tan bien parecen interpretar los políticos, con su incesante reforma de las enseñanzas regladas con el único objeto no declarado de sumir a la Academia en una vorágine burocráctica que, cual Leviatán acaba por fagocitarse a sí misma. En aquella entrada, como recordarán mis lectores, me aventuré a definir al parado hipercualificado como una persona extraordinariamente formada -no sólo en un ámbito del conocimiento humano, pues todo conocimiento está interconectado-, la cual, precisamente por su peculiar estilo investigador y su profundo amor al conocimiento teórico -no digamos ya si posee un Doctorado, cuyo contenido ha querido aligerarse en los últimos años con el pretexto de la convergencia con el proceso de Bolonia-, estaba en estos tiempos en peores condiciones de obtener un puesto de trabajo “normal” o, si se quiere, empleando términos más ampulosos de la sociología sistémica moderna, “disfuncional” para el sistema. Un sistema de producción y distribución de bienes que se basa en un estadio de la economía capitalista que parece que ya no da más de sí, y en el que la brecha entre los llamados “creadores de empleo” o “emprendedores” y los trabajadores va aumentando cada vez más, tanto en poder adquisitivo como, sobre todo, en el diverso estatus social de unos y otros, a quienes se les reconoce, de facto, un diferente estatus jurídico, con menos derechos y con menos dignidad. Pero sobre ello ya he tratado largo y tendido en otras ocasiones. Fijémonos en la cita de Russell: a diferencia de algunos “discursos” que ahondan en la idea de que la “titulitis” ha sido el mal endémico de la juventud española, y de que los jóvenes -y aquellos no tan jóvenes que han perdido el trabajo-, no quieren trabajar, Russel se fija en el aspecto psicológico, causa de infelicidad en los jóvenes universitarios, los cuales, como el propio Russell reconoce, desarrollan sus propias estrategias de evitación emocional para no sucumbir ante lo que el autor, en capítulos atrás, hubiera magistralmente como la mayor de las desdichas psicológicas, la “infelicidad byroniana”, en honor a Lord Byron. En lo referente a la infelicidad de la que trata el párrafo citado, el aspecto psicológico comprende, aunque no lo agota, un doble sentimiento de frustración por parte de las personas cualificadas que no pueden acceder a un puesto de trabajo acorde con su formación -lo que significa, ni más ni menos, ¡un puesto que van a desempeñar mejor que otras personas no cualificadas!, y eso se les olvida a muchos de aquellos que ven la solución al problema del desempleo en España en que los ingenieros, por poner un ejemplo, se vayan a servir cafés a Londes (escuchado en el Congreso de los Diputados, sic.)-. Por esta razón cuando he expresado en anteriores entradas que lo que produce frustración a muchas personas hipercualificadas es su profunda sensación de no poder devolver a la sociedad, en términos de progreso y de desarrollo económico, aquello que la sociedad -muchas veces con los impuestos reamente pagados, y que normalmente son los impuestos que recaen sobre las nóminas, pensiones e ingresos regulares directamente controlables por el fisco- ha invertido en su formación. A esta primera frustración se añade el pesar derivado de la constatación que mucha gente, de cuyas buenas intenciones no cabría dudar, y que han pagado impuestos para formar a los mejores talentos del país, se suma a los argumentos populistas del estilo de que “si los jóvenes y/o los parados no trabajan es porque no quieren, porque podrían trabajar perfectamente limpiando suelos o de reponedores por 400 0 600 euros mensuales con jornadas de 12 horas”. Exceptuando a nuestros políticos, prefiero pensar que la pobre gente que utiliza estos argumentos lo hace con buenas intenciones; no obstante, permítaseme destacar algunas características que se suelen dar en la gente que busca este tipo de “soluciones” al desempleo juvenil y cualificado. Por mi experiencia, he podido constatar que se trata de personas, digamos, al menos de clase media acomodada, con un puesto fijo -algo ya impensable en la “nueva economía”-, y con cierta formación -más bien titulación- universitaria, por cierto, la mínima formación académica instrumental que les permitiera en su día acceder a puestos de trabajo clásicos como empleados de banca, corredores de seguros, asesores, e incluso abogados.

La solución al tremendo drama del desempleo juvenil y no tan juvenil cualificado tiene que venir, por el contrario, de un replanteamiento de las estructuras económicas que sirven de base a la superestructura jurídica constituida por el Estado. Mis lectores podrán reprocharme la falta de rigor científico en la elección deliberada de términos marxistas -o marxianos-, pero éstos son los que expresan más que nunca la actual supremacía de la economía frente a la política en la más noble de sus acepciones, es decir, el arte del buen gobierno de la cosa pública en aras al Bien Común.

Lo que ocurre con el drama al que acabo de aludir es que no es sino el corolario necesario del actual estadio del sistema capitalista; comoquiera que la educación, como derecho prestacional de un Estado social cada vez más en crisis, se ha escindido del fomento del empleo, por parte de los poderes públicos, que tenga en cuenta el grado de formación para que los mejores talentos puedan desarrollar las competencias y las habilidades adquridas durante su largo proceso formativo, muchos ellos no encuentran salidas en empleos acordes a su formación. Nótese aquí cómo estoy presentando el problema desde un punto de vista de cálculo de la eficiencia económica: una de las funciones del Estado social y del Estado de bienestar consiste en ofrecer canales entre la educación y el empleo, pero no para satisfacer el orgullo -ni siquiera la dignidad- del trabajador cualificado o hipercualificado en paro, sino para lanzar el gran reto al sector productivo privado de contar con gente de elevada cualificación, la cual, en puestos directivos, garantizará seguramente a largo plazo el desarrollo de empresas concretas y, con ello, el desarrollo del país. Dicho de una manera mucho más simple: el hecho de que haya “muchos ingenieros sirviendo cafés” puede ciertamente contribuir a culivar la virtud de la humildad de los ingenieros, pero resulta tremendamente disfuncional para un sistema socioeconómico que no esté centrado exclusivamente en obtener beneficios a corto plazo. Si hay ingenieros de caminos sirviendo cafés, significa que no se construirán puentes, como no habrá progreso tecnológico si los informáticos se dedican a limpar escaleras. Y todos convendremos, incluso desde un punto de vista de estricta eficiencia económica, que un país moderno debe apostar por el trabajo cualificado enmarcado en una dirección empresarial con anchura de miras, sobre todo, como respuesta a “los retos” de la tan cacareada por los actores sociales y políticos “sociedad de la información y del conocimiento”, la cual ya adelanto, desde mi punto de vista, que no es sino una “sociedad de la desinformación y de la ignorancia”. Sin embargo, y analizando la realidad social española -pero no sólo, puesto que sobre ella influyen premisas ideológicas disfrazadas de ciencia económica basadas en el austericidio, cuyas consecuencias en orden a cualquier recuperación económica siempre son omitidas por los “sabios” de la Troika y de las instituciones clásicas del orden mundial surgido tras los acuerdos de Bretton Woods-, me temo que nos hemos topado ante uno de los principales escollos: la combinación, terrible, entre “emprendedores” que sólo buscan el beneficio a corto plazo e intentan minimizar el riesgo, con lo que siguen empeñándose en procedimientos y en maneras tradicionales -y ello dificulta la contratación de personas con elevados conocimientos pero con capacidad realmente crítica y transformadora-, y una banca caracterizada por privatizar los beneficios y socializar las pérdidas, con el apoyo de los Gobiernos a los que sustenta, que no dudan en “echarles un cable”, vía línea de crédito o directamente de préstamo con dinero que sale de los contribuyentes y cuya supervisión brilla por su ausencia.

En este contexto socioeconómico, las palabras de Russell cobran nuevos matices en el ámbito psicológico. Russel habla de impotencia, pero la impotencia no es más que el reflejo psicológico de la lucha por la dignificación del trabajo cualificado que resulta menospreciado por el connubio Estado-Banca-Empresa. Y la comodidad no deja de ser una huida humana, muy humana, que alivia el dolor, el que previó Russell y el dolor más existencial referido al sentimiento personal de autofrustración y falta de dignidad a que siempre lleva el talento desperdiciado. Tras este análisis, ¿realmente puede alguien en conciencia reprochar humanamente a los jóvenes sin empleo o a los parados que han perdido el suyo, después de que éstos hayan “quemado”, muchas veces casi literalmente, los mejores años de su vida en la preparación para carreras vocacionales con la esperanza no sólo de ganarse la vida, sino de contribuir al desarrollo del país? Que cada uno responda a esta pregunta en conciencia.

Sobre este problema, tenéis más referencias en este mismo blog en http://pabloguerez.com/2014/07/08/de-nuevo-sobre-el-prolema-de-la-hipercalificacion-y-contra-la-critica-a-la-presunta-ociosidad-de-la-juventud-sin-trabajo/.

 

Por Pablo Guérez Tricarico, PhD. /Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

@pabloguerez

 

Creative Commons License
De nuevo sobre el problema de la hipercualificación y contra la crítica a la presunta “ociosidad” de la juventud sin trabajo by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International License.
Permissions beyond the scope of this license, including comercial purposes, may be available at write to the autor on pablo.guerez@uam.es, pablo.guerez@gmail.com, @pabloguerez
Learn how to share your work with existing communities that have enabled Creative Commons licensing.
Donate

Creative Commons is a non-profit organization.
We need your support to continue providing these tools.
Donate today!

Creative Commons on Facebook Creative Commons on Twitter Creative Commons on Identi.ca

 

¿Dónde estoy?

Actualmente estás explorando las entradas etiquetadas con paro en Victimología social, "blaming the victim", teoría social, religión, Derecho y crítica legislativa.

A %d blogueros les gusta esto: