¿Educar para ser útiles? Reflexiones generales y personales, a modo de ensayo, sobre las relaciones entre educación, economía y empleo, y sobre mi situación académico-laboral, al hilo de la entrevista al Prof. Lledó publicada en El País del miércoles 19/11/2014

noviembre 21, 2014 § Deja un comentario


 

El enlace:

 

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/18/actualidad/1416318635_332372.HTML

 

Ilustración de Doré. Satanás expulsado del Paraíso.

 EL PARAÍSO PERDIDO. ILUSTRACIÓN DE GUSTAVO DORÉ

“¿Eres tú…? Mas, caído, cuán cambiado y cuán otro de aquél que en los felices reinos de la luz, ornado de fulgor trascendente, sobrepujaba a miles por brillantes que fueran… Tú eres, sí, al que la alianza de una esperanza misma, idéntico proyecto e igual azar y riesgo en la gloriosa empresa, unió a mí como ahora la adversidad nos une en ruina semejante. ¡De qué altura y de qué abismo hemos ahora caídos, puesto que él con su trueno demostró ser más fuerte! Pero ¿quién hasta entonces conocía la fuerza de sus armas? (…)” (El Paraíso perdido, John Milton, Libro I, 85-94)

Ars gratia artis

Defensionem vitae maea

υπεράσπιση της ζωής μου

הגנה של החיים שלי

A mis padres, quienes pagaron  parte de mi formación académica, y con quienes tengo una deuda de gratitud por tantas otras cosas que guardo para mí

A los contribuyentes cumplidores, quienes sufragaron con sus impuestos la mayor parte de mi formación universitaria, hasta que logré el Grado de Doctor, el Premio Extraordinario de Doctorado y la acreditación a plazas de profesorado laboral permanente

A mis ex compañeros

To whom it may concern

 

Esta entrada la tenéis disponible, para su mejor descarga y lectura más cómoda, en un archivo pdf: Defensa

 

Nota muy personal: Os recomiendo encarecidamente la lectura de la entrevista. No tiene desperdicio. Éstas son sólo reflexiones personales de un modesto investigador y ex profesor universitario en paro, quien aprovecha, “by the way”, algunos de los comentarios del ilustre Profesor para reflexionar sobre algunas cuestiones teóricas que han afectado de manera muy cercana a su vida. Los responsables de dicha situación están sentados en el trono del Rectorado de la Universidad Autónoma de Madrid, o pululan como fuerzas vivas de cuyo nombre no quiero acordarme, carentes de representatividad, siquiera estamental alguna, por su Facultad de Derecho, a la cual me es permitido en ocasiones regresar fugazmente para mover o retirar los libros y enseres personales que dejé en mi antiguo despacho tras mi reciente salida, cual fantasma que no quiere abandonar el plano astral por haber dejado cosas pendientes en la tierra. Ninguno de los profesores a los que aludo pertenece al Área de Derecho Penal. No guardo contra aquéllos rencor alguno, y escribo estas líneas desde la serenidad y sin acritud; mas a aquéllos que pudieron haber tenido una responsabilidad, siquiera política o administrativa, aun objetiva, les invito, serenamente, a reflexionar con sinceridad sobre los efectos de una política de no promoción del personal docente e investigador en formación basada en una concepción del becario y del profesor ayudante de reemplazo, deliberadamente elegida, entre otras que fueron posibles, incluso habiendo mantenido los objetivos de reducción del déficit del presupuesto universitario. Como consecuencia, asuman ellos, desde sus cálidos y funcionariales tronos, dominaciones y potestades empíreas de la Academia, la responsabilidad que les corresponda, aun objetiva y por omisión, por no haber promocionado a varios de sus mejores talentos, entre los que servidor se cuenta, según me han reconocido insignes penalistas nacionales y extranjeros, y por haber permitido que profesionales como yo, ahora mismo, estemos en la calle sin adjetivar. Sí, debí ser “instrumental”. Haber hecho una tesis rápida y haberme acreditado enseguida. Como algunos, cuyos nombres no diré, sencillamente porque no hace falta. Sólo para “colocarme”. Sin vocación. Sin amor al conocimiento.

Mis acusadores, entre los que se encuentra, como lo denominaba Milton en su inmortal poema, el Archienemigo, tentarán a mis enemigos, a mis amigos y a mí mismo, empujándome a la desesperación, y poniéndome a prueba. Sí, es verdad, he cometido errores. Y los estoy pagando con intereses desorbitados y, sobre todo, con mucho sufrimiento. Pero mi culpa no es una culpa de ángeles, sino de hombre. Desgraciadamente, la humanidad y muchas de las ideas que hizo aflorar en una sociedad inhóspita el humanismo cristiano se están perdiendo o se han perdido ya. Pero mientras quede un alma buena en el mundo, no todo estará perdido. Los errores cometidos por quienes no aprendimos, o no quisimos, aprender a desenvolvernos en este mundo, y no queremos aceptar algunas consecuencias de una culpa (o deuda) desmesurada, serán reparados. Mejor dicho, ya han sido reparados, aunque todavía muchos no nos hayamos dando suficiente cuenta. Fueron reparados por la Sangre de Aquél cuya Fiesta como Rey del Universo muchos celebraremos, si Él nos lo permite, el domingo 23 de noviembre. Con tal de que le digamos que sí. Al cumplimiento de Su santa y sabia Voluntad.

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EL PARAÍSO PERDIDO. ILUSTRACIÓN DE GUSTAVO DORÉ.

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1. Algunas ideas políticamente comprometidas sobre la educación

 

Excelente entrevista de Tereixa Costenla en el diario El País de ayer al Prof. Enrique Lledó, que acaba de hacer un “triplete” de premios literarios. Es un ejemplo de pensador “de la vieja escuela”; y yo diría, “de la buena escuela, de la de siempre”. Coincido con buena parte de su pensamiento, políticamente muy incorrecto. Especialmente, con el distanciamiento con el que el viejo profesor se muestra respecto a la importancia desmedida que hoy se le da a las “nuevas” tecnologías (que ya no son tan nuevas), y al bilingüismo: “La verdadera riqueza es la cultura”, sostiene. Y también: “El bilingüismo de algunos colegios me pone un poco nervioso. No, lo que se necesitan son colegios monolingües que enseñen bien otros idiomas”. Para mí, que me eduqué en el Liceo Italiano de Madrid, esta afirmación es completamente acertada. Aquél era -no sé si seguirá siendo- un colegio italiano en el extranjero donde se complementaban algunas asignaturas en lengua española para obtener la convalidación al Bachillerato Unificado Polivalente (B.U.P) y al Curso de Orientación Universitaria (C.O.U.). Sin embargo, la peregrina idea de los colegios bilingües de la señora Aguirre y del ministro Wert, no es sino un intento publicitario de modernidad condenado al fracaso. Para ello, no hace falta dar muchos argumentos. Baste con echar un vistazo al índice de fracaso escolar reflejado, por ejemplo, en el último informe Pisa. Mi experiencia universitaria como profesor y corrector de exámenes también me reveló la enorme caída en formación básica, comenzando por la ortografía, que se dio en los estudiantes españoles al menos desde el año 2002 al 2008.

También afirma Lledó que “Obsesionar a los jóvenes con ganarse la vida es la manera más terrible de perderla”. Me recuerda a la máxima de Jesús, quien en Mt 16, 25, dice: “Quien quiera salvar su vida, la perderá. Pero quien la pierda por mi causa, la ganará”. En el Evangelio de Marcos 8, 25, se contiene la misma idea, y con mayor precisión leemos: “Quien quiera salvar su vida, la perderá. Pero quien la pierda por mi causa y la de mi Evangelio, la ganará”. Sabias palabras las de Jesús. Y las de Lledó. Palabras que me producen, al mismo tiempo, alegría y melancolía juntas, por difícil que parezca poder compaginar dichas emociones. Quizá porque una parte de mí todavía crea que haber estudiado filosofía o historia, o Derecho, por amor al conocimiento, “ars gratia artis”, como decía el lema de la productora Metro Goldwin Mayer, todavía cree que en estos tiempos dominados por el eficientismo inmediatista y las estrategias instrumentales es posible emprender un camino humanista, camino que creí encontrar en la Academia y que por cierto culminé. Si no encontré plaza fue sencillamente porque no se convocaron, no porque yo fracasara como fracasa un opositor que luego es contratado por un gran despacho de abogados como premio a su esfuerzo memorístico. Así que, aquellos que sostengan todavía que debo pasar por una oposición no universitaria para “culminar mi tarea” incurren a mi juicio en un “bis in idem” muy injusto.

 

2. Sobre el problema de la clase empresarial española. Mentalidad funcionarial en la selección de personal y en la propia dinámica de la empresa: una revolución burguesa pendiente

 

Volviendo a la entrevista, creo que Lledó también compartiría conmigo mi crítica a la, a mi modesto juicio, nefasta inclusión obligatoria en los programas descafeinados de Filosofía en el Bachillerato de “Filosofía aplicada a la empresa”, algo que me rechina casi tanto como la simonía, a menos a nivel sentimental. Aunque, una vez dicho esto, otra parte de mí, más pragmática, está cada vez más convencida -y no le faltan razones- de la necesidad de adular a la empresa, dada mi situación laboral actual; y ello, pese a mi orientación política, que simpatiza con las tendencias, normalmente identificadas con las izquierdas, en la tradición histórico-política continental europea, defensoras de la justicia social y de la redistribución de la riqueza como uno de los medios para aproximarse a ella -que nunca lograrla del todo-, o con el liberalismo igualitario de autores como Rawls o Dworkin, en la tradición filosófica y política anglonorteamericana, procedente a su vez de la filosofía analítica moral y jurídica y de la teoría de la justicia.

Sí, el pensamiento, el conocimiento y la literatura son refugios, como señala Lledó, en los que el hombre puede alcanzar su máxima libertad. Para lo demás, para ganarse el pan, hoy por hoy, hay que acudir a las empresas, y eso también es filosofía; pragmática, pero filosofía. Y quizá hoy más que nunca yo muestre una simpatía que nunca haya tenido hacia el mundo empresarial, entre otras cosas, porque la empresa española, en general, nunca se ha caracterizado por un espíritu verdaderamente emprendedor, ni ha aceptado del todo las reglas del libre mercado que dice proclamar, cuando no incluso adorar.

En España siempre ha estado el Estado, ya fuera monárquico de corte más o menos autoritario, ya dictatorial, ya socialdemócrata o demócrata conservador, para subvencionar a las empresas, o para rescatarlas cuando venían mal dadas. Así que esta falta de espíritu emprendedor siempre me ha hecho dudar de la calidad de la mayor parte de la clase -que no casta- empresarial española. Por otra parte, tampoco el Estado ha querido incentivar una mentalidad diferente, trasmitiendo su nefasta mentalidad funcionarial a las mayores empresas de la Historia de España; normalmente, del sector bancario y, en menor medida, del sector de servicios en general. A este respecto, si realmente se quiere respetar la libertad de mercado y fomentar el tan cacareado por nuestra clase política “autoempleo”, hay que comenzar por eliminar el ingente volumen de papeleo inútil de trámites burocráticos a que se ve sometida, sobre todo, la pequeña y la mediana empresa (la mediana de verdad, pues el concepto de “mediana empresa” en política económica es, a mi modesto entender, demasiado amplio), tanto desde su génesis, como durante su vida jurídica y económica (formularios variados de inscripción en varios registros, declaraciones de impuestos con plazos demasiado cortos, etc.).

Asimismo, y mientras en Europa y en el mundo el pensamiento único ultraliberal siga detentando la hegemonía cultural, el Estado social (tal y como lo define nuestra Constitución en el art. 1, además de democrático y de Derecho), o lo que queda de él, debería fomentar una fiscalidad realista para redistribuir la riqueza del país, que, de acuerdo con el art. 128 de nuestra Constitución, “sea cual fuere su titularidad, está subordinada al interés general”, tanto para las grandes multinacionales y corporaciones, como para las PYMES. La fiscalidad adecuada podría ser calculada por los economistas en términos de buena economía como la resultante de la curva del óptimo de Pareto en el máximo tipo impositivo que las grandes multinacionales estén dispuestas a soportar a cambio de no deslocalizar su producción, lo cual podría lograrse con una buena política de incentivos fiscales o de bonificaciones a la Seguridad Social. Por el contrario, y debido a la naturaleza más “personal” o “humana” de las pequeñas empresas, el Gobierno debería aliviar la presión fiscal de los trabajadores autónomos, muchas veces insoportable, especialmente en períodos recesivos como en el que vivimos, al mismo tiempo que fomentar el pequeño comercio, con el objetivo de aproximarse más a ideales de justicia social. Al mismo tiempo, debería promover un discurso económico, a nivel supranacional, capaz de contrarrestar el discurso dominante de las viejas recetas de la austeridad del ultraliberalismo de la escuela de Chicago, y encarnado por las vetustas instituciones de Bretton Woods.

Retomando mis reflexiones iniciales, y en relación con los perfiles demandados con la mayoría de las empresas de países occidentales razonables, se puede constatar que éstas prefieren, en sus escalas superiores, a empleados con capacidad crítica -que no es lo mismo que rebeldes-, y no a simples autómatas o sumisos. Ello debería ser tenido en cuenta en la mayor parte de los departamentos de recursos humanos de las empresas de nuestro país, y ahí lo dejo para la reflexión de “a quien pueda interesar”, o “to whom it may concern”, como se acostumbra a decir en el ámbito anglosajón. Por otra parte, de incentivos y motivación a los trabajadores, mejor no hablamos, o se lo dejamos a las psicólogas recién licenciadas de recursos humanos -sí, en femenino, porque son mayoría, y además, monas; y es así, no me importa ser políticamente incorrecto, las cosas funcionan de esa manera, y ésta también es una de las varias formas de machismo. Ellas se limitan, en la mayor parte de las empresas, y en el mejor de los casos, a seguir firmando las nóminas de los afortunados que tienen trabajo, y, en el peor, a “negociar” EREs o despidos “objetivos”. Alguien con un currículum Senior no tiene que pasar por ellas, pues no sabrán -o no querrán- apreciar lo que podemos aportar; sencillamente, porque no viene en el manual; porque no se han formado en una escuela crítica como aquélla que quizá tuviera en la mente el Prof. Lledó. Sin embargo, son las empresas las que me pueden dar trabajo, y a ellas se lo debo suplicar.

 

3. Crítica del proceso de selección en el sector público

 

La otra solución para encontrarlo, el empleo público, es para mí peor y quiebra aún más mis principios, sencillamente por la ridiculez de su proceso preferente de selección por antonomasia: las oposiciones. En la mayoría de ellas sólo se valora -y de manera desmedida- una de las características de la capacidad: la memoria, en su vertiente más cruda: la memorización alienante consistente en la compresión, que no comprensión, de temas en un tiempo determinado. Que dicha característica pueda ser un “mérito”, lo dudo; en cualquier caso, está en el mismo plano lógico -y también deontológico- de mérito que la cualidad del que consigue subir o bajar los peldaños de la Torre Eiffel mil o cien veces. Más les valdría a ciertos opositores memorizar piezas imperdurables de la literatura, como el Tenorio, o el Paraíso Perdido, antes que artículos de normas que versan sobre plazos, términos y triquiñuelas procesales contingentes, que pueden ser derogadas por “el  legislador” al día siguiente al de la toma de posesión de la plaza ganada. Ello les daría al menos una formación más humana; a los funcionaros de las incontables Administraciones Públicas, para conocer mejor a la persona que se esconde detrás del calificativo de “administrado”, propio del lenguaje administrativista; y a las juezas y fiscales, para conocer mejor la realidad social, de la que la literatura constituye una emanación preeminente, en orden a la aplicación e interpretación de las normas del Derecho positivo, el cual, de acuerdo con el art. 3 del Código Civil, deben ser interpretadas de acuerdo con “la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas”. Con arreglo a esta consideración, es legítima la pregunta: ¿con qué criterio pueden conocer la realidad social una joven o un joven perfectamente disciplinados, chicas o chicas obedientes, como cantaba el grupo Jarcha, “hasta en la cama”, de veintitantos años, que se ha pasado cuatro o cinco años de media memorizando de forma alienante normas jurídicas sin ton ni son? Desde luego, la opositora o el opositor han conocido el sufrimiento. Pero se trata de un sufrimiento inhumano y que no tiene nada que ver con el mundo ni con la vida. Y el Derecho, como dijo sabiamente Legasi Lacambra, “o sirve para la vida, o no sirve para nada”.

Por su parte, la clasificación de las plazas de funcionarios en grados de tipo A, B, C y D según la titulación (sobre todo si tenemos en cuenta que para optar a plazas “A” sólo basta hoy un nivel académico de “Grado” y sin valoración alguna de la calificación, algo impensable en países serios como Alemania, y accesible a todo el mundo gracias, entre otras cosas, a la “titulitis” de que adolece el país), acompañada de obstáculos fácticos y normativos para la promoción interna, sí que refleja un modelo que sociológicamente podría definirse “de castas”, y que resulta, utilizando el lenguaje de la Administración, “manifiestamente mejorable”. Una mala copia del modelo francés, el cual, también en la educación, prima otras cualidades o, como se dice ahora en el lenguaje de los pedagogos, que llegó hace mucho al de los burócratas redatores de leyes, “competencias”, un anglicismo como tantos otros.

En definitiva, está bien que intelectuales como Lledó hablen, siquiera de pasada, de estas cosas, y puedan suscitar reflexiones como la mía, o mover a ciudadanos como yo a escribirlas. Coincidiendo con Fernando Vallespín, D.E.P. el “librepensador”, el intelectual, mientras agoniza el escritor. Bienvenidos los expertos, los “community managers”, los “coachers”, “counsellers” y los “oustiders” procedentes de tierras inhóspitas.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Acreditado por la ACAP a Profesor Contratado Doctor desde mayo de 2012

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid

Desempleado desde el 28-7-2011, sin prestación social alguna desde el 10-7-2013

Hijo de Dios, por Su entrañable Misericordia, desde el 19-5-1979

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¿Educar para ser útiles? Reflexiones generales y personales, a modo de ensayo, sobre las relaciones entre educación, economía y empleo, y sobre mi situación académico-laboral, al hilo de la entrevista al Prof. Lledó publicada en El País del miércoles 19/11/2014 by Dr. Pablo Guérez Tricarico is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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Y ahora, os dejo con una bonita canción para el fin de semana:

TTIP Secret: Por favor, no molesten

octubre 13, 2014 § Deja un comentario


El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan a él (José Mugica, Presidente de Uruguay)

 

Muchos ya lo sabíamos. Y no hicimos nada. Nos creimos consumidores antes que personas, como nos enseña la socióloga e historiadora Cris Martín Jiménez . Ahora, quizá, ya sea demasiado tarde para pararlo. Ya lo comenté en una entrada anterior en este blog publicada el 23 de junio de este mismo año, y que podéis encontrar en  http://pabloguerez.com/2014/06/23/tisa-el-nuevo-tratado-secreto-del-nuevo-orden-mundial/. En aquel momento la noticia sólo había aparecido en algunos medios de comunicación independientes de manera más o menos difusa, como Le monde diplomatique, por lo que he esperado a observar el devenir de los acontecimientos para volver a publicar de nuevo sobre el tema. Recientemente, rebuscando en la prensa independiente en el ciberespacio, he podido comprobar que tanto el diario.es (http://eldiario.es), junto a La Marea (http://www.lamarea.com) y Diagonal (https://diagonalperiodico.net/), han tenido acceso a una parte de los documentos secretos que sirven de base para la negociación del Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversiones del TTIP (Transatlatic Trade and Investment Partnership), como se le conoce por sus siglas en inglés y que suponen, como he podido comprobar directamente y ha sido contrastar con fuentes fidedignas de eldiario.net, la oferta de servicios que Europa está dispuesta a negociar con Washington. El documento (https://data.awp.is/filtrala/2014/06/13/4.html), al parecer, ha llegado a través de Filtrala.org (https://flitrala.org), la herramienta e filtraciones anónimas en la que colaboran estos medios.

Según fuentes de eldiario.net, el acuerdo está en el punto de mira de organizaciones sociales y partidos de izquierda, ya que sus efectos pueden suponer en la práctica una mayor liberalización de decenas de sectores en la UE, que tiene en general una normativa más exigente que en EE UU, y abra la puerta a un mayor poder de las corporaciones, a las que se les concedería un papel protagonista como sujetos de Derecho público y privado, por encima de los derechos y de las reivindicaciones de los ciudadanos y de los consumidores, al mismo tiempo que prevé la liberalización casi absoluta de los servicios de sanidad y educación. Hasta aquí los hechos.

En este comentario reblogueado del excelente blog de “Amigos de la Tierra”, aunque quisiera profundizar en ello, me voy a abstener de realizar consideraciones de orden jurídico, como podrían ser, por ejemplo, la constatación de que el Tratado incumple las condiciones materiales mínimas para considerar su negociación constitucionalmente legítima y vulnera directamente los arts. 93 ss de la Constitución Española; mi renuncia a un análisis jurídico radica en mi aproximación epistemológica actual hacia lo jurídico. Y es que, en estas cuestiones, ya hace tiempo que, por encima de lo jurídico, está lo político, pero en la peor de sus facetas: la política antidemocrática y promotora de los intereses de unos pocos. En este sentido, el Derecho no es más que la expresión política de una voluntad política, y, por mucho que los juristas nos empeñemos en hacer valer en determinadas materias un consenso constituyente que parece roto de facto desde hace ya demasiado tiempo, el realismo jurídico acaba por imponerse, lo que equivale a decir, en su versión más radical, que el Derecho acaba siendo lo que los poderes fácticos quieren que sea.  En relación con la cuestión que nos ocupa, comenzaré diciendo que la voluntad política consiste en promover una liberalización del comercio en el contexto de una macroeconomía financiera globalizada sin preocuparse mucho de las consecuencias en orden a la falta de globalización de los derechos de los ciudadanos. Se trata de una voluntad presidida por el llamado “pensamiento único”, que detenta la hegemonía cultural, en términos gramscianos, de la industria política, económica y cultural de los tiempos que nos ha tocado padecer, especialmente a las personas “no acomodadas” de mi generación, tiempos que, en anteriores entradas he venido llamando “Post-postmodernidad”.

Sin embargo, a pesar de todo lo que nos están vendiendo desde el Poder para “dinamizar la economía”, “hacer frente a la crisis” o conseguir otros loables objetivos por parte del poder político, lo que está claro es que se necesita otro modelo de sociedad en el que redefinir las necesidades y plantearse seriamente las diferencias entre lo necesario y lo superfluo; un modelo de sociedad en el que las personas, y no el dinero o las corporaciones sean el centro de la cuestión económica. Lo contrario supone seguir manteniendo un sistema insostenible y cuya factura, como siempre, toca pagarla a los que menos tienen: los excluidos por el sistema económico-político de bienes y servicios de consumo. Pero una crítica frontal del consumismo es inseparable de una crítica del capitalismo y de sus raíces. Es necesario un sistema económico-político-social que ponga a las personas en primer luga, y realice lo mejor posible un reparto equitativo de la riqueza entre toda la población, sin caer en los errores de los modelos puros “liberal” -atribución al mercado de la distribución- o “socialista” -atribución al Estado burocrático de la competencia exclusiva para la distribución de la riqueza-. Buenos puntos de partida para el cambio, procedentes de tendencias ideólogicas históricas diferentes, pero encontradas, pueden ser el liberalismo igualitario de J. Rawls y su “Justice Theory”, de 1970; el estudio de la teoría y de la experiencia de las socialdemocracias nórdicas de los años 70′ a 90′ del pasado siglo; las enseñanzas económicas contenidas en el clásico del ecologismo político y social de Schumacher “Small is beautiful. A study of economics as if people mattered”, 1973; o el pensamiento económico de Amartya Sen y otros economistas de su línea. También el estudio de máximas de comportamiento económico que cabe deducir de muchas religiones, desde las versiones más progresistas de la doctrina social católica hasta algunas derivadas de las enseñanzas budistas, pueden aportar mucho a un correcto entendimiento del problema económico. Corren malos tiempos para estas aproximaciones teóricas. Pero las consecuencias imparables de la crisis y de las desigualdades sociales deberán ponernos a todos, tarde o temprano, en la encrucijada de “rehumanizar” la política económica como gestión razonable de las necesidades de todos, utilizando para ello las valiosas herramientas desarrolladas por la ciencia económica, como el “óptimo de Pareto” o la idea de “equilibrio de Nash”. Aquella parte de la economía basada en el prototipo del “homo oeconomicus”, guiado exclusivamente por su beneficio -definido, por cierto, de manera muy pobre- dista mucho de corresponderse con la realidad -salvo en la parte en la que ésta ha sido ya manipulada por el sistema que detenta la “hegemonía cultural” dominante-, y está cediendo en la actualidad, a pesar del silenciamiento ideológico promovocado por el pensamiento único en Política y Economía, a versiones más humanas de análisis del comportamiento económico, como la propuesta por el modelo que atiende, en lugar de al “homo oeconomicus”, al “homo reciprocans”, y todas las teorías que premian la cooperación. Porque en el fondo, de lo que se trata en la Política económica, es del análisis de las necesidades y de la distribución de los recursos. En este sentido, una política económica justa debe buscar el objetivo de satisfacer las necesidades básicas de todos y de no generar más desigualdad de aquella que sea necesaria y compatible, a su vez, con la garantía de la máxima libertad de todos en el ámbito económico. Puesto que la mayor parte de los bienes -aquellos cuyo valor es directamente expresado en dinero-, y salvo ciertos bienes compartidos, se presenta en un escenario, empleando el lenguaje de la teoría de juegos, de suma cero (lo que tú tienes yo no lo tengo), los criterios para la distribución o, en su caso, redistribución de la riqueza (típicamente, del dinero) deben responder a exigencias éticas que tengan en cuenta, para empezar, el destino universal de los bienes humanos, además de otros criterios relativos a la priorización de las necesidades de la población o el trabajo. La justificación del derecho exclusivo y excluyente de la propiedad debe estar cimentada en una Teoría de la Justicia que pueda fomentar la prosperidad que hasta ahora ha generado el mercado, pero de una manera sostenible y que resulte tolerable para la mayoría de la gente, lo que implica la proscripción de las desigualdades extremas y se traduce, en la práctica, en el deber de compromiso de la ciudadanía en la lucha contra la pobreza.

Fdo./Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD
@pabloguerez

 

PD.:  Os dejo un enlace a una conferencia reciente de José Mugica, Presidente de Uruguay, que da que pensar sobre esta cuestión: “Lo que era economía de mercado se ha convertido en sociedad de mercado (…) Los mercados nos gobiernan, hay que gobernar los mercados”: https://www.youtube.com/watch?v=n0J5sWIeMFM

TTIP SECRET. NO al Tratado de Troya

TTIP Secret: Por favor, no molesten

Desde junio de 2013, la Comisión Europea, el Gobierno estadounidense y los grandes lobbies empresariales se reúnen a espaldas de la sociedad para negociar las condiciones del Tratado de Comercio e Inversiones (TTIP), un nuevo caballo de troya que oculta una importante pérdida de derechos y que cambiará la vida de los ciudadanos europeos.

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¿Qué es el “aggiornamento”? De nuevo sobre la posición de la Iglesia Católica frente a las desigualdades sociales y a los auténticos desafíos del siglo XXI.

mayo 30, 2014 § Deja un comentario


Aviso a mis lectores: Este post ha sido retomado y reescrito para ampliar algunas de las ideas allí contenidas, así como para ofrecer al lector, de una manera amena, las claves históricas, teológicas y jurídico-canónicas que quizá faltaron en el texto original -si bien mi intención fue introducir algunos matices en este sentido. Nuevamente, la denuncia de las exigencias sensacionalistas del periodismo ortodoxo, centrado, en el mejor de los casos, en dar la noticia, cuando no en dar opinión sin suficiente base argumentativa sobre fenómenos siempre a corto plazo, me han movido, junto a mi interés paralelo de escribir algo más serio al respecto, a reformular esta entrada en un texto algo más largo, que espero que contribuya a esclarecer muchas cuestiones más que a oscurecerlas, así como a fijar más nítidamente mi posición en algunos aspectos, incluso espinosos, del debate mediático que recientemente ha sido abierto por los medios en torno al “aperturismo” del Papa Francisco. Como investigador, los buenos profesores y directores de investigación -pocos-, siempre me enseñaron a ir a las fuentes, sin por ello tener que renunciar a un estilo periodístico, divulgativo, claro y sencillo, y del que mucho podría aprender la vetusta Academia europea continental -disfrazada de modernismo tecnocrático-. Pero esto, queridos lectores, no es un post sobre la Academia, el cual llegará, D. m., más pronto que tarde.

Os dejo el enlace directo del nuevo artículo: http://pabloguerez.com/2014/06/09/feliz-pentecostes-culminacion-del-tiempo-pascual-dios-nos-ha-dejado-solos-su-espiritu-habita-en-nuestros-corazones/

Liquid society and “man of water” and their victims

enero 8, 2014 § 1 comentario


Imagen

Dedicated to James Cameron, Robert Zemeckis, George Lucas, Steven Spielberg and many other science fiction directors, for teaching ourselves, in the times of our chilhood and our first youth, that the future is not written.

 

Para cuando Skynet fue consciente de su capacidad, se había esparcido por millones de servidores informáticos por todo el Planeta; ordenadores corrientes en servidores de oficinas, en cibercafés, en todas partes. Todo era software. Y ciberespacio. No había núcleo del sistema. Y no se podía desconectar. El ataque empezó a las 18:18. Tal y como él había dicho. El Día del Juicio. El Día en que la raza humana quedó prácticamente destruida por las armas que había fabricado para protegerse. Debí darme cuenta, de que nuestro destino nunca fue evitar el Día del Juicio. Era simplemente sobrevivir a él. Juntos. El Terminator lo sabía. Intentó decírnoslo. Pero yo no quise escucharle. Puede que el futuro ya esté escrito; no lo sé. Sólo sé lo que el Terminator me enseñó: Nunca dejes de luchar. Y nunca lo haré. La batalla no ha hecho más que empezar (Terminator 3).

  La expresión “sociedad líquida”, junto a la de “modernidad líquida”, ambas acuñadas por el filósofo, sociólogo y ensayista polaco Zygmunt Bauman, es una categoría sociológica con la que el pensador describe, en el mejor de los estilos, la situación de la sociedad actual, posterior a la postmodernidad, si con ésta entendemos la situación social producida por el comienzo de la pérdida de referentes universales. Por otra parte, la expresión “hombre de agua”, acuñada en círculos cristianos de estudios de antropología social, como en la Universidad de San Dámaso, hace alusión a la situación del hombre en una sociedad privada de valores fijos y sólidos, el cual, en el mejor de los casos, es un sujeto que da rienda suelta a caprichos y veleidades cuya satisfacción resulta inmediata y dura un instante, cuando no es presa de esos mismos caprichos, debilidades y veleidades, ya convertidas en pasiones, que acaban por sojuzgarle y esclavizarle. La causa fundamental, como en muchas otras ocasiones: la ausencia de la Presencia de Dios (o de la Trascendencia, del “punto fuerte” sobre el que construir una cosmovisión que no nos resulte a muchos insoportable).

Volviendo al concepto de sociedad líquida, mi intención en este post es aplicarlo a la situación que sufrimos muchos individuos, jóvenes y no tan jóvenes, que hemos tenido la -para mí- desgracia de confrontarnos con esta nueva sociedad, de la que no dudo que ofrece pingües beneficios a otras tantas personas. Se trata de personas, utilizando un lenguaje del género distópico de la ciencia ficción, “polimiméticas”, capaces de adapartse a una nueva sociedad que les ha “venido al pelo”, dada su natural carencia de escrúpulos. Muchos de ellos son lo que la criminología y la psiquiatría llamaría “succesful pychopaths”, psicópatas bien integrados a los que les da igual ocho que ochenta, con habilidades sociales desarrolladas en la nueva sociedad líquida y dispuestos a poner la zancadilla a las personas más vulnerables tras su siempre repetida frase: “no es nada personal”. En cuanto a la sociedad en sí, lo cierto es que las cosas son como son, la “nueva sociedad” es como es -preferiría decir que “parece ser” como es, pues a una sociedad tal no le otorgaría ni siquiera el estatus ontológico del “ser”-. Algo de lo que, en el fondo, reniega. En la sociedad líquida nada parece tener un valor fundante -en el sentido originario de la palabra-; todo es multicéntrico, cuando no sin centro alguno. Al nivel de la intrahistoria -que es lo que me interesa, la sociedad líquida es aquella con la que tienen que confrontarse los jóvenes de hoy en día, enlazando becas con becas, becas remuneradas con trabajos precarios, en un círculo que no parece tener final, y que se prolonga más allá de los treinta o cuarenta y diez años. “Empresas” que aparecen y desaparecen, muchas veces sin un objeto social claro, muchas con buenas intenciones, y otras dedicadas a la mera especulación, pero que acaban disolviéndose inexorablemente en la “espuma cuántica” de la sociedad líquida. El que puede y quiera sacar tajada de ello la sacará. Pero los medios, modos y formas no serán los mismos que los que se gestaron en la sociedad en la que vivió la generación de nuestros mayores, al menos la de las personas que ya tienen “su vida hecha”, de cincuenta y tantos para arriba, salvo que les “alcance” una prejubilación forzosa o… ¡vaya, esto no lo había pensado! se den cuenta de que la caja de las pensiones estaba vacía. Y nosotros, los de la generación de los treinta y tantos… ¿Qué queremos ser de mayores? (pregunta retórica). Respuesta: Mayores ya somos. Y lo que queremos, aun instintivamente, como cualquier criatura viva, es sobrevivir. Sobrevivir y adaptarse a este nuevo mundo y a esta nueva sociedad, aceptando minijobs, discontinuidades y trabajos precarios, hasta que la Providencia nos traiga algo mejor. Y si no, los que somos creyentes, dar Gloria a Dios donde quiera que estemos y con cualquier cosa que hagamos. Ya no funcionan las antiguas consignas de “estudia, hijo, estudia mucho y serás un hombre de provecho, tendrás trabajo fijo como funcionario o como empleado de banca…”, o frases por el estilo.

Nosotros, los excluidos de la generación de los treinta y tantos, ya estamos acostumbrados a la inseguridad. A no saber lo que será de nosotros no ya dentro de unos meses, sino dentro de quince minutos. Y ello por muchos errores que hayamos cometido en el pasado, un pasado del que nos cambiaron las reglas -y nunca me cansaré de repetirlo- una vez comenzada la partida. Y no fuimos nosotros los culpables. Tal vez un día, si llegara a escribir mi biografía -¡y hojas ya tengo de sobra, creédme!-, me gustaría comenzar diciendo algo así: “Si hubiera nacido cinco años antes, sería Profesor Titular de Universidad. Si hubiera nacido cinco años después, sería hacker. Pero nací cuando nací, y me toca lidiar con el mundo tal y como está en el presente”. Así que, en esta selva, al que le vaya bien, pues bien para él. Pero muchos de nosotros fuimos solidarios cuando las circunstancias nos los permitieron, y, en la medida de lo posible, seguimos siéndolo, compartiendo con los más pobres la mitad de las migajas que nos caen de las mesas de los señores. Como bien señalaba la Beata Madre Teresa de Calcuta, una sola moneda dada por Amor, vale más que cientos de fundaciones en favor de los pobres, levantadas no por la Gloria de Dios, sino por la de su fundador. Y es curioso que este tipo de argumentos -de liberalismo extremo y favorecimiento del mecenazgo- sean esgrimidos en España por la más irrenconciliable ultraderecha ultramontana, cuya falta de ayuda y mecenazgo hacia obras pías o en favor del bien común -en especial, las dedicadas a la ayuda a la difusión del conocimiento y de la ciencia-, ha sido siempre inexistente. Eso sí, es la misma Derecha a la que se le llena la boca con “lo bien que lo hacen” personajes como el Bill Gates de turno. A aquélla no le doy ningún crédito. Aunque el personaje mencionado merezca mi respeto, entre otras cosas porque su actuación se ha visto enmarcada en un contexto sociocultural donde incluso la “sociedad líquida” ha encontrado contrapesos, por la presencia de valores sociales fuertes: la Nación americana, el honor, el mérito, o Dios, como cada uno lo entienda.

Sin embargo, no todo es “desechable” en la llamada “sociedad líquida”. Para Bauman, “la cruzada por la ética del trabajo debía entenderse como una batalla por imponer el control y la subordinación. Se trataba de una lucha por el poder en todo, salvo en el nombre; una batalla para obligar a los trabajadores a aceptar, en homenaje a la ética y a la nobleza del trabajo, una vida que ni era noble ni se ajustaba a sus propios principios de moral” (Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Edición española publicada por Gedisa, Barcelona: 2000). Como ha sido señalado por numerosos autores, la ética del trabajo que traía su origen en la famosa ética protestante, imbuida por el “espíritu del capitalismo”, según la obra de Weber, constituía una inmoralidad patente, además de grosera, sobre todo en los tiempos del reaganismo; responsabilizar a los pobres de su pobreza por causa de su falta de su falta de disposición al trabajo y, por lo tanto, de su inmoralidad y degradación personal (lo que provoca su castigo ante el pecado) fue uno de los últimos -e inútiles- servicios de la -entonces vigente- ética protestante del trabajo a la sociedad de los consumidores. En la nueva “estética del consumo”, inseparable del capitalismo -cosa que muchas veces se olvida, pues se critica como inmoral al capitalismo sin criticar el consumismo, que constituye uno de los motores de aquél-, las clases que concentran las riquezas pasan a ser objetos de “adoración”, y los “nuevos pobres” son aquellos que son incapaces de acceder al consumo y a la novedad del sistema capitalista.

Llegados a este punto, no es mi intención con este post hacer un comentario en condiciones -¡Dios me libre!- a la obra de Bauman sobre la sociedad líquida; ello requeriría, además de mucho esfuerzo por mi parte, tiempo para abordar los argumentos del autor en un lenguaje menos periodístico y más académico. Solamente he querido, al hilo de una breve reflexión, hacer una referencia al carácter “light”, “soft”, de todo, lo que constituye el pensamiento más profundo (¡menuda paradoja!) del propio Bauman. Así, como expliqué en otro lugar, todo resulta ser “light”. Desde los presuntos fundamentos de un sistema político que no resulta sino ser una sombra de sombras (como en el mito de la Caverna de Platón, sólo que en este caso, del poder económico, un poder lábil, cobarde, difuso, sin centro y por lo tanto… ¿ilocalizable?) hasta las relaciones de trabajo, las relaciones personales, incluidas las de pareja, y las relaciones familiares (¡Marta García Aller!… ¿Dónde estás?) reducidas a objetos de consumo y negociación, y, en el “mejor de los casos”, a apariencia social tan perfecta que no puede sino levantar la duda de lo que hay detrás, y que muchos de los “formados” en la Modernidad podemos todavía advertir como lo que en realidad ES: el cuadro consumiéndose de Dorian Gray, como en el escalofriante pero a la vez realista relato de Oscar Wilde.

Hasta aquí el “post”. Os adjunto un enlace a un artículo científico muy interesante sobre la sociedad líquida, de Adolfo Vásquez Rocca, Profesor de la Universidad Católica de Valparaíso (Chile): http://pendientedemigracion.ucm.es/info/nomadas/19/avrocca2.pdf

Comentarios y entradas complementarias bienvenidos, especialmente de periodistas, juristas, psicólogos, antropólogos, religiosos, médicos y sociólogos.

Un saludo,

Pablo Guérez Tricarico, PhD

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 Para quien quiera disfrutar de un toque más audiovisual de la cita de la película “Terminator 3”, con la que abría mi post, os dejo el siguiente enlace en youtube (en inglés, con subtítulos también en inglés), con una magnífica banda sonora y una cuidada fotografía. Al verlo, una y otra vez, me vienen a la mente dos palabras: una, aceptación; y la otra, lucha: http://www.youtube.com/watch?v=O6gPPj8B_nU
  Así que, animo a todos a los que perdimos algo en el camino o sencillamente no obtuvimos lo que quizá no estuvo nunca destinado a nosotros, a los que no tenemos nada que perder, para que ¡luchemos!

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