El Derecho concursal y los pobres. Comentarios al artículo del Catedrático de Derecho Mercantil Dr. Jesús Alfaro desde la justicia social o, si se quiere, desde una Izquierda razonable

enero 29, 2015 § 1 comentario


 

http://derechomercantilespana.blogspot.com.es/2015/01/la-mejor-forma-de-redistribuir-renta.htm

 

“SHYLOCK: Esta es mi bondad. Vayamos a un notario, y poned vuestro aval a un pagaré sencillo; y, por hacer un chiste, si no me devolvéis en el día preciso y en el lugar preciso la suma o las sumas estipuladas, el desquite ha de ser una libre exacta de vuestra carne blanca, que podrá ser cortada de la parte del cuerpo que me plazca” (William Shakespeare, El Mercader de Venecia) Dedicado a los neoliberales, a las entidades usureras ilegales “toleradas” por el Derecho realmente aplicado, a los bancos y a los jueces que inaplican el poco Derecho vigente a favor de los pobres)

 

Lo que siempre he pensado y discutido con mis queridos colegas Profesores de la Universidad Autónoma de Madrid de Derecho Procesal, especialistas en Derecho concursal: es necesario un Derecho concursal “de rostro humano”, reflejo, si se quiere, de un “conservadurismo compasivo”. Desde la aprobación de la Ley Concursal, que simplificó y facilitó bastante los trámites a favor de los acreedores de las sociedades mercantiles, pero admitió el concurso de persona física, que continúa respondiendo, conforme al artículo 1911 del Código Civil, “con todos sus bienes, presentes y futuros”, sostuve que era necesaria una reforma que contemplase la posibilidad de “salvación” del deudor persona física “in bonis”, a través de una regulación de “second step” o de “segunda oportunidad” que le permitiera rehacer su vida.

Ello vendría exigido no sólo por un sentimiento de mínima justicia social, requerida por el Estado social y democrático de Derecho y redistribuidor (arts. 1 y 128 de la Constitución Española, hoy en gran parte, a mi juicio, “derogados” materialmente por el Derecho tanto originario como derivado de la Unión Europea, desde la aprobación del Tratado de la Maastricht el 7 de febrero de 1992, reflejo de políticas neoliberales), sino también por la extraordinaria asimetría entre la posición jurídica y económica, claramente dominante, que ejercen muchas sociedades oligopólicas, manifestada por el manejo de patrimonios cuya cuantía resulta prácticamente inimaginable para el ciudadano común, el abuso en las cláusulas generales de la contratación y en la legalización sin más de la usura; en este punto, considere el lector que tenemos en España empresas de créditos rápidos -si bien de escasa cuantía-, con un interés del orden de hasta el 8.000 % TAE, así como entidades bancarias y de crédito filiales de la “banca tradicional” con créditos al consumo o créditos vinculados a tarjetas de crédito para particulares de tipo “revolving”, que llevan aparejados un interés del orden de hasta el 28% TAE. Este dislate económico, “tolerado” legislativamente, contrasta claramente no sólo con legislación positiva que quiere entenderse derogada “de facto” por “los mercados” -como por ejemplo, la Ley de Usura de 1908, o “Ley Azcárate”, que declara nulos cualesquiera préstamos que lleven aparejados un interés notablemente superior al del mercado, Ley a la que algunos Juzgados de Primera Instancia han comenzado a prestar atención-, sino con nuestra propia Constitución económica. Frente a esta situación, urge una regulación para reconocer el “derecho a la segunda oportunidad” del “quebrado” persona física: él es, en definitiva, y por mucho que les pueda pesar a los defensores, mayoritarios, de las pretendidas bondades para el “tráfico jurídico” de la gran ficción histórica de “persona jurídica”, tráfico que no es otro que el que se deriva del sistema de préstamo y consumo de un sistema capitalista hoy ya muy cuestionado por prestigiosos economistas, como Amartya Sen, Krugman, Piketty, Stiglitz, Riekin y muchos otros, incluso en su raíz, la única persona -si nos creemos el positivismo incluyente constitucional-, que tiene dignidad y que tiene, a mi juicio, verdadero interés ético, jurídico y político, a la cual está ordenada la construcción de la persona jurídica: es decir, aunque suene a populista, la persona de carne y hueso, la que sufre, la que tiene hijos que alimentar y la que tiene derecho a realizar sus planes de vida por encima de los condicionantes del “mercado”, su actual dueño y señor. Desde el punto de vista constitucional, la dignidad de la persona (física, se entiende) no es sólo un derecho fundamental brumoso y un principio de máximo nivel del ordenamiento jurídico (¡por encima de la propiedad privada, sí, señores, entérense, la cual la Constitución no sólo limita internamente, con la mención específica de que su función social delimitará su contenido, a tenor de lo dispuesto en el artículo 33 de nuestro máximo texto constitucional, sino que este mismo artículo NO se encuentra ubicado en la Sección 1ª del Capítulo II de su Título I, arts. 14 a 29, que recoge los derechos fundamentales y libertades públicas de los ciudadanos), sino que, además de esta dimensión privada, reviste una dimensión pública de innegable importancia, en cuanto es, recordémoslo una vez más, “fundamento del orden político y de la paz social” (art. 10.1 de la Constitución Española).

Desde un punto de vista conservador, mi colega el Dr. Alfaro muestra cómo países con mayor “espíritu comercial”, en los que más ha cuajado el “espíritu del capitalismo”, como los propios Estados Unidos de América, tienen legislaciones más benéficas que la nuestra en materia de concurso de persona física, que permiten al deudor “in bonis” renegociar su deuda privada. Algo que vendría muy bien en España, también como política de saneamiento económico “bueno”, y que podría contribuir a conseguir logros de política económica general que permitieran por fin una salida honrada de esta asburda crisis provocada por el abuso del crédito en un sistema económico injusto. No olvidemos que gran parte de la deuda del país es deuda privada, y deuda de las familias. Y si bien aisladamente (per capitat) no representa mucha cantidad, de manera agregada supone un lastre para la recuperación económica, a nivel “macro”, que es el que empieza a importar a “los mercados”, los cuales son los verdaderos legisladores en una democracia secuestrada como la nuestra. Afortunadamente, no todo está perdido. Si bien en un contexto globalizado dominado por el pensamiento ultraliberal único poco puede hacerse desde los Gobiernos nacionales, propuestas sensatas de renegociación de la deuda deberán ser aceptadas por los mercados y por las instituciones financieras reguladoras mundiales si éstos no están dispuestos a permitir que paguemos un precio demasiado alto en términos de cohesión social, y que no conduciría a nada bueno. Grecia, con el nuevo Gobierno de Syriza, ya se ha puesto a trabajar en ese sentido. Veremos si a los ciudadanos “de a pie”, los “deudores in bonis”, en definitiva, los que componemos “el pueblo” del que tan cacareadamente emana la soberanía y los propios poderes de los Estados constitucionales, aun en este tiempo posmoderno, podremos seguir defendiendo nuestros derechos o seremos acallados por nuevas “Leyes mordaza” que lleguen a suprimir hasta la propia “libertad de expresión”: ¿en nombre de la seguridad nacional, de la necesidad de defenderse de los fanáticos islamistas, de Occidente, de nuestros valores? No, señores: en nombre de los mercados.

 

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid y del Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”

Acreditado para Plazas de Profesorado universitario permanente por la Agencia de Calidad, Acreditación y Prospectiva de la Comunidad de Madrid (ACAP)

Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la UAM (ICFS-UAM)

Colegiado ICAM 97901

Desempleado y demandante de empleo inscrito en el Servicio Público de Empleo de la Comunidad de Madrid desde el 28/7/2011. Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado. Calle Einstein, no. 1, 28049 Madrid.

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Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

Ex Professor of Criminal Law of the Autonomous University of Madrid and of the Universitary School “Cardenal Cisneros”

Tenured as Professor of Criminal Law received by the Quality, Accreditation and Prospective Agency of the Region Madrid

Member of the Institute of Forensic Sciences and Security of the Autonomous University of Madrid (ICFS-UAM)

Referee of hon. Attorneys Council of Madrid n. 97901

Unemployed and seeking employment registered on the Public Employment Service of the Region Madrid since 28/7/2011. Reason: Autonomous University of Madrid, Rector. Einstein Street, n. 1, 28049 Madrid.

 

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La propiedad intelectual e industrial deben ser rediseñadas para que aprovechen a sus autores y a la comunidad, reduciendo el poder de los intermediarios. Al mismo tiempo, a título personal, considero, al más puro estilo Proudhon, que estas formas de propiedad -como todas las formas de propiedad privada-, tal y como se dan en el sistema económico capitalista actual, son, al menos en parte, un robo. En este sentido, la propiedad debe servir para aprovechar al ciudadano particular, pero también a la comunidad, cuyo conocimiento acumulado a través del trabajo colectivo ha inspirado la obra del autor.

NOTE TO COMMERCIAL LAWYERS and “ORTHODOX” ECONOMISTS: This page supports most programmatic points of the ideology of the Confederation of Spanish State Parties Pirate (vid http://confederacionpirata.org.) And European Pirates movement, still under construction and international recognition (http://www.europeanpirates.net), and in particular the principles of cooperation and not competition.

The intellectual property must be redesigned to benefit the authors and the community, reducing the power of intermediaries. At the same time, personally, I think, in the purest style Proudhon, that these forms of ownership, as all forms of private property, as given in the current capitalist economic system are, at least in part, a robbery. In this sense, the property should serve to benefit the private citizen, but also the community, whose knowledge accumulated through collective work has inspired the author’s work.

 

 

 

“Quizá la propiedad, así, sin más, no sea un robo: pero hoy está tramada en tal red de explotación y usura, está inscrita en una estructura tan evidentemente fundada en el hambre de muchos, la ignorancia o el adoctrinamiento miserable de tantos, la violencia organizada de todos, que rebelarse contra ella nunca puede parecer algo en sí mismo reprochable a las almas menos cómplices. ¿No deberíamos empezar ya a desobedecer sistemáticamente sus convenciones como primer paso para revocar de una vez por todas su imperio enraizado en equívocos, tinieblas y temores, pero amparado por las banderas respetadas de la «utilidad» o la «necesidad económica»?” (Prof. Dr. Dr. h. c. Fernando Savater, El contenido de la Felicidad, 1993). Una brevísima recensión a dos frases.

mayo 31, 2014 § Deja un comentario


 

A Fernando Savater, Profesor de Filosofía, filósofo, compañero académico y ciudadano. Felicidades en el día de tu Santo.

 

 

Sorprendente… ¿verdad? Yo no podría haberlo expresado mejor. Por eso he querido reproducir el párrafo entero de Savater. La propiedad está inserta, en la actualidad, en una estructura de poder injusta y opresora. Como he pensado ya desde hace muchos años, la acumulación de la propiedad privada de los medios de producción en manos de unos pocos, en la sofisticada forma que reviste en el estadio del capitalismo posfordiano, afecta de tal manera a la esfera de libertad de cada uno y de todos los ciudadanos que no puede decirse sin más que este tipo de propiedad resulte algo de por sí “natural” o “bueno”, sino que es una artificiosa construcción social de un sistema económico injusto que debe servir para servir al individuo, y no al revés. Sea como fuere, en el párrafo recensionado de Savater encontramos una declaración moral sobre la tendencia a la inmoralidad de la propiedad en el mundo actual tan lúcida,  que me ha despertado al mismo tiempo tanto sorpresa como simpatía. Sobre todo por provenir esta frase de quién viene: El Profesor Dr. Dr. h.c. Fernando Savater, al cual admiro por varias razones, y que no es precisamente un marxista-leninista, sino uno de los pocos intelectuales de este país que realmente merecen ese nombre y que se ha significado notoriamente, hasta el punto de haber puesto en riesgo su vida, en contra de la intolerancia y de la barbarie asesina de ETA, así como de sus cómplices por acción u omisión de un buen sector del movimiento abertxale. Es más, se trata de un firme defensor de la ibertad del individuo frente al Estado y frente a cualquier forma de dominación, sobre todo externa, que no ha dudado, como espero que lean mis lectores en breve, en arremeter contra formas más sutiles de Estado dominador incluso en las sociedades democráticas occidentales; sobre todo, contra la supervivencia de elementos del Estado paternalista y contra el llamado “Estado paternalista terapéutico”; un Estado que, utilizando el lenguaje de la psicología freudiana, “transfiere” los roles tradicionales del Estado absoluto bien entendido como teocracia, bien como suprema realización de la razón hegeliana, a los profesionales de una “salud” definida desde arriba, para el paciente, en beneficio del paciente, pero sin contar con éste. A la defensa de los derechos del paciente, incluso de los que en la actualidad, aun en sociedades democrácticas avanzadas, se niega de iurede facto su libertad, de acuerdo con una  concepción paternalista del proceso terapéutico, he dedicado varias horas durante más de diez años de mi vida, fruto tangible de los cuales han sido una tesis doctoral que probablemente, a pesar de su Premio Extraordinario, quede relegada al olvido, una monografía, un artículo cienttífico largo pendiente de publicación y, sobre todo, una multitud de conocimientos adquiridos y de reflexiones que han quedado para mí y para el resto de mis compañeros. Sin embargo, ya me estoy alargando mucho con esta cuestión. Adelanto la republicaciíon inminente de mi artículo sobre victimización en la psiquiatría, con referencias apropiadas, entre otras, a este magnífico libro “El contenido de la felicidad” de Fernando Savater, ya descatalogado, y que merece más de una recensión. Volvamos por ello a la frase que he querido postear como primicia de la aproximación de este libro, en la línea de mis últimos posts sobre injusticias sociales.

Es por muchos conocida la famosa frase del filósofo, politólogo, economista y trabajador manual francés Pierre-Joseph Proudhon, uno de los mayores pensadores anarquistas de que “la propiedad es un robo”. En realidad, esta frase fue utilizada más a modo de consigna por los movimientos anarquistas revolucionarios y por las encarnizadas discusiones dogmáticas en el seno de la I Internacional sobre las “verdades” de las izquierdas que en su sentido adecuado. En realidad, Proudhon, como el propio Karl Marx, con el cual aquél mantuvo enconadas discusiones teóricas -sobre todo en el ámbito de sus respectivas concepciones de la economía-, nunca sostuvo tal cosa en un sentido radical, es decir, etimológico. Al referise a que la propiedad es un robo, Proudhon habría venido más o menos a defender, contra la propiedad privada de los medios de producción, aquella concepción de la propiedad que venía a considerar el justo precio de la cosa como la suma de su valor originario más el coste proporcional del trabajo realizado para su producción, de manera muy similar a la concepción marxiana -que no marxista-, es decir, del propio Karl Marx, expresada de modo muy clara en el Manifiesto, y de modo algo más sofisticado en El Capital, de que el precio de un bien viene dado por el tiempo de trabajo, y no por la ganancia ulterior del empresario -justificada por el liberalismo por el riesgo de la inversión-, y dada por la economía ortodoxa por el cruce de las curvas de la oferta y la demanda. En ambos casos parece definirse lo que luego, en el pensamientio más elaborado de Karl Marx en Das Kapital, pasaría a la historia del pensamiento socialista como “plusvalía”, o valor añadido. Es significativo que en Alemania se utilice esta palabra (Mehrwert) para indicar ambas realidades económicas, por ejemplo, al definir el IVA (Mehrwertsteuer). De hecho, Karl Marx trata en el Manifiesto, obra genial y cuasi precognitiva -al menos en su primera parte- sobre fenómenos económicos y de globalización consecuencia de la expansión del capitalismo ocurridos un siglo más tarde precisamente en el mundo occidental, y no en el del llamado “socialismo real”, y seguidamente declara expresamente que ni él ni los que pueden denominarse “comunistas” se oponen, ni pueden oponerse, a la propiedad, entendida como un derecho a disponer y administrar los bienes que son fruto del trabajo de la clase proletaria, propiedad a la que prefiere denominar “propiedad personal” en lugar de “propiedad privada”, reservando este términdo para la propiedad de los medios de producción, que es la que el filósofo pretende colectivizar y a cuyo llamamiento llama a los comunistas como vanguardia del proletariado del mundo entero. Es más, la propiedad personal no sólo no debe ser abolida, sino que, a partir de una posición filosófica materialista, constituye un elemento fundamental para el desarrollo de los derechos llamados por el marxismo “burgueses” o “formales”. Esta conclusión está clara y es cierta, y puede ser entendida fácilmente con algún ejemplo, como he propuesto en algún otro post: si yo, el autor de estas líneas, no tengo de qué comer, si no dispongo de un ordenador ni de acceso a Internet, no podría escribir estas líneas y, por lo tanto, no podría desarrolar en plenitud mi derecho a la libertad de expresión y libre difusión de ideas reconocido en el artículo 20 de la Constitución Española. Estaría, en términos marxistas, alienado, pues el ejercicio de mis derechos dependería en definitiva de las pretendidas bondades de un empleador. Contra ello podría argumentarse que podría no tener nada en propiedad, y vivir “de prestado” o, mejor dicho, en precario. Esta situación se parece mucho a la que tengo actualmente. Pero, llevada a sus últimas consecuencias, ello significaría que el ejercicio de mis derechos fundamentales -y esto vale para cualquier derecho de esta clase que podamos imaginar, como el derecho al voto-, estaría siempre en entredicho, pues dependería de otros que quisieran darme muestras de caridad. Un mendigo puede votar, y, por cierto, su voto vale lo mismo que la persona más rica del país, oficialmente el ciudadano Amancio Ortega -igual de ciudadano, al menos formalmente, que el mendigo-, pero si no tiene de qué comer hasta la extenuación, difícilmente le será posible poder desplazarse hasta las urnas. Ni siquiera las ayudas de un Estado social en progresiva deconstrucción -por utilizar un término posmoderno-, podrá garantizarle ese derecho fundamental, derecho que para el ciudadano Ortega -y quiero utilizar la palabra ciudadano deliberadamente, como se utilizaba en la Revolución francesa y tantas veces ha alabado el Doctor Savater- está perfectamente garantizado; tanto, que hasta puede resultarle irrelevante.

Desde una línea de pensamiento formal y aparentemente opuesta, el propio pensamiento católico volvió a tratar sobre la propiedad privada como derecho natural a partir de la publicación en 1891 de la encíclica “De Rerum Novarum”, del papa León XIII, siguiendo la tradición de los Padres de la Iglesia -los cuales, por cierto, eran más colectivistas que la corriente cristiana que ha acabado por ser la dominante, tanto en el mundo católico como en el protestante-. Sobre los motivos de la oportunidad de la publicación de dicha encíclica se ha escrito ya mucho, y ya es conocida la tesis que sostiene que fue publicada para frenar lo que parecía ser una huida imparable del proletariado cristiano, el cual, a la vez que había adquirido conciencia de clase, era cada vez más consciente de la incompatibilidad entre actitud de la jeraquía eclesíastica y el mensaje evangélico originario. Sin embargo, la corriente cirstiana dominante que tanto la Iglesia católica como las Iglesias reformadas han tratado de imponer a sus fieles a lo largo de los siglos, probablemente por las veleidades de la Iglesia de justificar teológicamente un poder civil cada vez más apoyado en el desarrollo del comercio y de la economía de mercado, y cuyas primeras formas empiezan a costituirse, según auotres como Weber, ya en la Baja Edad Media tardía, a partir de los siglos XIV y XV, a partir del afianzamiento del mercadeo que corrió paralelo al florecimiento de llas ciudades (comunes) del Medievo, ha permaecido cuasi inalterada hasta la actualidad, con poquísimas exepciones como la declaración sobre la “opción preferencial por los pobres” que consta en varios documentos del Concilio Vaticano II promovido por San Juan Pablo XXIII y cerrado de manera algo abrupta por el Pablo VI, Concilio del que, por cierto, la mayoría de los obispos y teólogos españoles de la época apenas se enteraron. O, mejor dicho, no quisieron enterarse.

En el siglo XX, probablemente la común lucha del poder civil de la Iglesia y de los países democrácticos dominantes contra el bloque comunista haya favorecido excesivamente la preferencia de la Iglesia institucional por el capital frente a los derechos de los obreros y de los pobres. La publicación en 1991 de la encíclica “Centesimus annus”, por el papa San Juan Pablo II, en la que, además de condenar los ya desaparecidos regímenes comunistas, encontramos feroces condenas sobre los excesos del capitalismo realizados, a mi juicio, de un modo cualitativamente nuevo, parece confirmar esta tesis. Sin embargo, para lo desviarme demasiado de los objetivos de este limitado post, lo que pretendo destacar con estas referencias a la doctrina social de la Iglesia es que la justificaciíon de la propiedad natural realizada por el papa León XIII no se aparta en lo esencial de una comprensión adecuada que tantoi Marx como Proudhon quisieron realizar, al menos en sus primeros escritos, si bien el texto pontificio es heredero de una tradición eclesial viciada durante mucho tiempo por el autoritarismo y por un cierto “despotismo paternalista”, que cabe apreciar sobre todo en la indulgencia con la que el papa trata en su encíclica a la figura del patrón, y que en aquellos tiempos no tan lejanos era un verdadero cacique en casi todos los países católicos occidentales, como hoy lo es el la mayoría de los países del Tercer Mundo. Por ello, a pesar de la indudable valentía del papa de abrir desde la Iglesia Católica la discusión sobre la llamada “cuestión social” o “cuestión obrera”, toda la encíclica, así como otras venideras y conmemorativas de su aniversario, no pueden sino pecar de tibieza en el tratamiento de la cuestión, denotada sobre todo en la primación que se concede en el tratamiento de todas las cuestiones sociales a la caridad sobre la justicia.

Es indudable que la economía actual no puede ser explicada en términos del XIX. Pero lo cierto es que las predicciones de Marx, pensadas en aquella época, y plasmadas en el Manifiesto, librito cuya lectura recomiendo a todos los seguidores de mi blog, cualesquiera que sea su tendencia, se están cumpliendo a marchas forzadas en la llamada por Joaqín Estefanía “nueva economía” o “economía globalizada”. Se trata de una economía en la que los elementos que tienen que ver con el capital y sus derivados -y utilizao esta palabra en toda su ambigüedad-, han adquirido un protagonismo que ha trascendido lo que el filsófo italiano liberal, tanto antifascista como anticomunista Benedetto Croce definiera como uno de los ámbitos del pensamiento y de la actividad humana: lo económico, para pasar a usurpar otros ámbitos -cuando no a desplazarlos total o parcialmente-, como el filosófico, el político e incluso el ámbito religioso. La Economía para ser, si no la ciencia del todo, la ciencia a la que se le pide la solución a los problemas que la gente considera como más impoortantes. No es mi intención extraer las consecuencias de esta afirmación, cuestión que excedería en mucho los propósitos de este humilde post, que nace como comentario a la frase del Dr. Savater. Sí lo es, por el contrario, subrayar la actualidad de la idea de Savater del carácter espuiro y de la -al menos relativa- falta de legitimidad, aunque sea sólo de legitimidad en ejercicio, de la propiedad privada, entendida ésta sobre todo como acumulación de capitial y como fruto de la compraventa de bienes y servicios cuyo precio está fijado por mecanismos que se me antojan tan esotéricos como las cartas del tarot; un ejemplo de ello es la gran aceptación del llamado “análisis técnico” utilizado en los mercados busátiles para tratar de “adivinar” el precio que alcanzarán los valores cotizados, o de los “instrumentos estocásticos”, todo ello fruto de un ámbito del conocimiento humano que otrora los más destacados filósofos y epistemólogos de la ciencia -sobre todo de orientación popperiana, libera-, no vacilarían en catalogar como “pseudociencias”. Con ello no pretendo declarar sin más la iliciitud general del sistema de economía capitalista financiera in abstracto, sino simplemente ceñirme a la reflexión de Savater. Con todo, a mi juicio, el sistema capitalista en un sistema injusto en su raíz, sin perjuicio de que haya manifestaciones concretas del mismo que no lo sean. Pero no puedo menos que pensar que, en la actualidad, el comercio y la propiedad han perdido tanto de lo que pudo haber sido su ética originaria que resulta perfectamente planteable su ilicitud para cualquier intelectual comprometido con la realidad social.

 

Madrid, a treinta y uno de mayo de dos mil catorce, Festividad de San Fernando.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

 

“Quizá la propiedad, así, sin más, no sea un robo: pero hoy está tramada en tal red de explotación y usura, está inscrita en una estructura tan evidentemente fundada en el hambre de muchos, la ignorancia o el adoctrinamiento miserable de tantos, la violencia organizada de todos, que rebelarse contra ella nunca puede parecer algo en sí mismo reprochable a las almas menos cómplices. ¿No deberíamos empezar ya a desobedecer sistemáticamente sus convenciones como primer paso para revocar de una vez por todas su imperio enraizado en equívocos, tinieblas y temores, pero amparado por las banderas respetadas de la «utilidad» o la «necesidad económica»?” (Prof. Dr. Dr. h. c. Fernando Savater, El contenido de la Felicidad, 1993). Una brevísima recensión a dos frases. by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
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