El perro del hortelano del blindaje del mercado laboral español. “Ni-nis”, pero para la patronal: ni jóvenes ni mayores (A collaboration in Facebook remixed)

febrero 16, 2015 § Deja un comentario


“Y saliendo como a la hora undécima, encontró a otros parados, y les dijo: “¿Por qué habéis estado aquí parados todo el día sin trabajar? Ellos le dijeron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a la viña. Y al atardecer, el señor de la viña dijo a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta los primeros (…)” (Mt 20, 6-8)

 

  1. La noticia:

http://www.20minutos.es/noticia/2376145/0/un-tercio-jovenes/carece-formacion-minima/suficiente-para-trabajar/

  1. El comentario:

Realmente kafkiano… Es decir, los jóvenes no valen para trabajar por falta de formación, y los mayores de 35 tampoco por viejos, por senectos, por abuelos y por saber demasiado y por exceso de experiencia. ¿Alguien lo entiende? En serio, yo ya no sé a qué carta quedarme. O yo estoy loco, o los tarados son los moradores de los departamentos de personal.

Y al parecer el 100% de los mayores de 35 años nos hemos vuelto gilipollas e incapaces para trabajar por cuestión de “suposiciones”, a pesar de contar con experiencia contrastada. ¿Realmente saben los inútiles de recursos humanos lo que quieren/exigen…? Creo que no. Eso sí, la mierda de Gobierno actual sigue apostando por NI-NIS.

  1. El análisis:

Como decía Rober Iniesta, del grupo “Extremo duro”, “o no lo entiendo, o lo entiendo demasiado”[i]. A ver. No soy tarados, sino “jóvenes sobradamente preparados”. Gente que sabe muy bien lo que hace y aplica las consignas del manual de recursos humanos al uso con la misma rigidez y contundencia con lo que el antiguo Politburó o el Comisariado Político aplicaba purgas a los “intelectuales”. Los departamentos de recursos humanos de las grandes empresas de nuestro país están formados en su mayoría por Licenciados y Licenciadas en Psicología -las mujeres aquí, por una vez, tienden a ser mayoría-, con buena pinta, pero en ocasiones son auténticos sociópatas (gente incapaz de empatizar), o, dicho en inglés, como a esta gente le gusta utilizar en las entrevistas de trabajo, “succesful psychopats”: es decir, psicópatas que han aprendido la estrategia de renunciar a la violencia tradicional y se han dado cuenta de que pueden conseguir lo que quieren -su propio interés y nada más, pues ya hemos dicho que esta gente se caracteriza, por motivos neurológicos, por no carecer de empatía hacia su prójimo-, solamente sirviendo de verdugos para un sistema social cruel e injusto, pero que beneficia a quien se adapta a él, y más a quienes lo promueven: el sistema de economía capitalista, basado exclusivamente en la obtención del lucro individual, y desprovisto ya, en la posmodernidad, de los argumentos filosófico-ideológicos que trataron antaño de hacerlo tolerable para la mayoría de la población.

En nuestro país, además, donde nunca hubo una revolución burguesa y el capitalismo salvaje tampoco llegó a imponerse del todo, debido, entre otras cosas, a los residuos falangistas que miraban con benevolencia la existencia de una cierta justicia social, y que la Dictadura de Franco nunca suprimió, así como a otras variables endémicas de la idiosincrasia hispánica, como la permanencia del caciquismo, las subvenciones y los rescates, la dialéctica del capitalismo (o de la Ilustración, como la denominaran Horkheimer y Adorno en su inmortal, denso y premonitorio ensayo de 1940 del mismo título[ii]), ha conseguido mostrar sus efectos más perversos (objetivación, despersonalización y dominio de las personas) sólo en una parte, minoritaria todavía, por mucho que se acreciente, de la población. Mas en esto la singularidad española no es importante, pues ya hemos visto que el modelo de capitalismo puro, inspirado en el modelo económico que en microeconomía suele denominarse de “competencia perfecta” no existe en ningún país del mundo que se proclame, oficiosamente -nunca jurídicamente, ¿os habéis dado cuenta?-, como de economía capitalista. A lo sumo, en los países europeos avanzados, se habla de economía de mercado, y muchas veces con correcciones, como en el caso de Alemania, que define su Constitución económica –es decir, la parte de la Constitución que regula el sistema económico del Estado- como economía social de mercado (Sozialmarktwirktschafft), o España, cuya Constitución económica, hoy papel mojado por la Unión neoliberal europea, habla claramente de Estado social y democrático de Derecho (art. 1 CE), de la función social de la propiedad privada (art. 33.2 CE), del derecho a trabajar en los siguientes términos: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo” (art. 35.1 CE), o del principio general con el que se abre su Título VII, cuyo artículo 128.1 dice literalmente: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”.

No es éste el lugar para desarrollar de nuevo consideraciones ya realizadas en otros posts de este blog sobre la relación entre Constitución económica y realidad normativa real, incluida la aplicación torticera de un Derecho que sólo sirve al interés de los poderosos. Sin embargo, el capitalismo actual, en el estadio posfordista de producción, está caracterizado, por lo que aquí interesa, por la presencia de oligopolios que van adquiriendo cada vez más el rango de corporatocracias, con mezcla de poder político y económico. Así, en los Estados Unidos, en la Unión Europea y en los demás Estados occidentales de economía capitalista, la presencia de empresas TBTF (“to big to fail”) es patente, y su poder se manifiesta no sólo durante la vida jurídico-económica de la corporación, con el abuso de posición dominante, sino también en sus crisis, siendo objeto de rescates públicos. En este contexto, ¿alguien se cree de verdad en la actualidad el viejo ideal de la ética capitalista basada en el pequeño comercio y en la existencia de mercados de competencia perfecta defendidos por autores de la modernidad como Locke, Stuart Mill o Benjamin Franklin?

El que escribe ahora estas líneas, Pablo Guérez, ha compartido este artículo en las redes sociales, también al hilo de un buen reportaje publicado el 30 de noviembre de 2014 en El Confidencial sobre la “figura” de los “ni-nis” en todo el mundo[iii], del que tuvo conocimiento a través de un retuit de los miles que le llegan a lo largo del día porque la lectura de ambos artículos le ha parecido interesante, y le ha suscitado una serie de reflexiones, fruto de las cuales ha surgido este post. Se trata de una colaboración entre un amigo de Facebook y él mismo, un refrito de algo ya publicado en las redes sociales pero que, por su interés y su temática, ya más centrada en la sociedad española, ha considerado importante publicarlo en su blog. Ruego por tanto al lector nos disculpe si encuentra reiteraciones en las reflexiones sociológicas que en esta entrada se vierten, a veces difíciles de seguir para el público profano.

Sobre los tan mencionados “ni-nis”, a fecha de hoy, año 2015. Para favorecer la claridad del lector, las observaciones personales que siguen pertenecen a la autoría de Pablo Guérez, que asume la responsabilidad exclusiva por los comentarios vertidos.

Hace poco publicaba lo siguiente en Facebook, al hilo del reportaje publicado en El Confidencial: “He decir de entrada que no siento ningún tipo de empatía hacia los “ni-nis”. Al menos hacia los de mi país y los de los Estados occidentales avanzados. La situación de los “ni-nis” de clase baja de verdad, en países del Tercer Mundo, es casi la única que compadezco. Tal vez ello tenga que ver con el hecho de que yo no me sienta para nada identificado con la actitud de algunos “ni-nis” hijos de familias bien que se muestra en la entrevista, a pesar de ser una persona económicamente enteramente dependiente de mis padres y, en su defecto, de la caridad. Y también con el hecho de que ya no soy joven, o no me siento como tal. Estadísticamente ya no lo soy, ni pertenezco cronológica ni generacionalmente al grupo de individuos con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años. A dicho grupo pertenecen “ni-nis”, pero también empresarios de “nuevas tecnologías” que no me despiertan ninguna simpatía. Por el contrario, acabo de enterarme de que soy un parado “de larga duración”, pues llevo más de dos años en paro. Curioso empleo del término “larga duración”. No porque a mí, desde mi subjetividad, no se me haya hecho largo llevar más de tres años y medio en paro, sino porque el sistema social así lo considera objetivamente, gracias a una perversión del lenguaje que desde el lenguaje microeconómico se ha “colado” en el lenguaje común. No es de extrañar, pues el lenguaje de la economía “ortodoxa” detenta hoy la hegemonía cultural del discurso público. La terminología de las inversiones en los mercados secundarios de valores que considera largo plazo todo lo que pase de un año es utilizado hoy para designar todas las facetas de la vida de la persona, que en el sistema económico capitalista se encuentra ya despersonalizada y condenada a convertirse en un productor/consumidor (emprendedor en el lenguaje políticamente correcto), o a la marginación, de acuerdo con una lógica binaria sistémica de inclusión/exclusión que necesariamente es inherente al sistema capitalista, y que recuerda al pensamiento nazi de Carl Schmitt. El sistema capitalista, en el estadio posfordista, el triunfo de la llamada posmodernidad y el pensamiento débil, y la hegemonía cultural de la economía ultraliberal y su primacía sobre el resto de las ciencias sociales, y aun las naturales, han llevado a cabo un delicado reduccionismo de la persona a su faceta estrictamente económica, de “homo oeconomicus”, anulando el resto de facetas de la vida y la interacción sociales, y con ello, a la persona misma, reducida a una variable más del sistema capitalista.

En cuanto al contexto que propició el surgimiento de la generación “ni-ni”, en España, en los años anteriores a la crisis, muchos jóvenes abandonaron los estudios seducidos por los cantos de sirena del mundo de la construcción, que se hallaba entonces en plena burbuja inmobiliaria. Así consiguieron ganar sueldos en “A”, en “B” y en “C” superiores al de un Catedrático de Universidad o un funcionario del Estado de alto nivel: ¿para qué estudiar? El problema que más que me preocupa no es tanto la actitud de los jóvenes insensatos, sino la insensatez de la clase -que no casta- política ante el fenómeno. No hace mucho, el Dr. profesor funcionario de Universidad Rubalcaba, proponía “recuperar” a esos jóvenes, como si no supieran lo que hicieron. Si ganaron 4.000 o 5.000 euros al mes y se lo gastaron, o se hipotecaron hasta las cejas, no fue precisamente porque no sabían lo que hacían. Por otra parte, en un país tan acostumbrado a querer acelerar el ritmo natural de los tiempos, la sociedad y la publicidad se ocuparon de ensalzar la “juventud”, incluso la primera adolescencia, como prototipo de una etapa vital en la que alcanzar, definitivamente, la estabilidad personal y profesional (ambas palabras han ido acercándose hasta confundirse peligrosamente como consecuencia de la hegemonía del pensamiento único). Los jóvenes “JASP”, hijos por supuesto de clases acomodas, eran aquellos que iban a triunfar con el mínimo esfuerzo, “colocados” en empresas de sus papás después de haber realizado, a su tiempo por supuesto, sus “pecados de juventud”. Otros, teóricamente los más sensatos, seducidos por las promesas de confort de una estabilidad rápida, comenzaban a preparar oposiciones hasta dos años antes de haber acabado sus Licenciaturas, algo sencillamente impensable en los países de nuestro entorno cultural. Algunos, por el contrario, preferimos seguir el camino largo y angosto del estudio, hasta alcanzar el máximo grado reconocido por el ordenamiento jurídico español. Ganando precisamente como máximo el sueldo del que uno de los entrevistados se queja en el reportaje, unos 1.300 euros netos, juntando complementos específicos y de méritos. Hasta que me dieron la patada tras trece años de servicio por circunstancias del mercado. Así que ni soy ni me identifico con un “ni-ni”. Soy una persona altamente cualificada con una trayectoria profesional impecable que ha sido dramáticamente mutilada. Los responsables de ello sabrán. Comprendan entonces los lectores por qué no puedo tener ninguna empatía hacia los “ni-nis”, al menos hacia los de mi país, salvo quizá para los hijos de clases bajas, hacia los que siempre mostré compasión. A los demás, les he visto y los sigo viendo como competidores directos en el mercado laboral. Frente a mi formación clásica, ellos disponen del humo comercial de estos tiempos, que no es más que un bagaje light de conocimientos que disfrazan de alta cualificación tecnológica, propia del lenguaje mediático y político de estos tiempos: habilidades, aptitudes, “competencias” (sic), en una variedad de términos inglés que no expresan sino la vacuidad de su formación, alentada hoy por las máximas autoridades educativas, comenzando por el señor ministro de Educación Wert. El responsable de proponer adelgazar las carreras -ahora denominadas “Grados”-, hipertrofiar Másters “light” mal diseñados para hombres y mujeres “light” y de desinflar los Doctorados, renunciando en la práctica a la investigación básica y queriendo ignorar deliberadamente la importancia de las disciplinas consideradas “inútiles” para la vida o los negocios -ahora empleados, como decía antes, como sinónimos-, como las Humanidades o la Filosofía. De esta manera, el poder político quiere constuir supersonalidades instrumentales al sistema económico capitalista “expertas” en “branding”, “coaching”, “selling”, “community management”, con el pretexto de la “modernización” de la Universidad y de su interconexión con la “empresa” o “los emprendedores”, en un mundo feliz constituido por una sociedad insostenible, basada en la producción de bienes de consumo con obsolescencia programada y el consumo desmedido por parte de aquellos que tienen la “suerte” de tener poder adquisitivo. Una sociedad lacerada por una crisis de valores, en la que de momento alcanzo a identificar tres grupos prototípicos: los “jóvenes irresponsables de treinta años que sólo piensan en ganar dinero”, como se refiera a ellos el multimillonario especulador para nada sospechoso de izquierdista George Soros o el ex primer ministro francés de finanzas Raymond Barre, “gran defensor del liberalismo económico”[iv], clones de lo que quizá quisiera ser el señor Wert, y reducidos a meros productores/consumidores, a quienes ya no interesa ser ciudadanos, y mucho menos personas; las personas ya jubiladas o en vías de jubilarse, nacidas en la modernidad e incapaces de comprender las nuevas realidades; y los marginados y excluidos, miserables, pobres, que contemplan con estupefacción, rabia, cinismo o resignación cristiana cómo un mundo que ya no perciben como suyo les pisotea y pretende anularlos como personas en nombre de “los mercados”, a manos de los nuevos adoradores del Dinero”[v].

  1. Conclusiones:

En cuanto al análisis de la población en nuestro país, la parte constituida por los hijos de los ricos, o de los pertenecientes a una clase media cada vez más adelgazada, sigue soñando, bajo el amparo de las ideologías decimonónicas, en las bondades del sistema capitalista, mientras no se da cuenta de que la alienación también les afecta a ellos -de eso ya se dieron cuenta notables exponentes de la escuela de Frankfurt ya a partir de los años 40, como los citados Horkheimer, Adorno, o Marcuse[vi], en los años 60, y representantes del ecologismo político razonable, como Schumacher[vii], en los años 70; eso sí, la alienación de los ricos no es igual a la alienación de los pobres. Aquéllos tienen al menos sus necesidades básicas cubiertas, demasiado cubiertas; pero desde la lógica del sistema -y no voy a entrar ahora en la valoración de los sentimientos personales-, los ricos o, simplemente, los individuos con poder adquisitivo suficiente como para mantener el demencial sistema socioeconómico que tenemos, y algunos padecemos, también están alienados, en la medida en la que de personas se ven reducidos en productores/consumidores. Las demás facetas de su supuesta “personalidad”, como ya se expresaba antes, han sido fagocitadas por el mago insaciable de la lógica del sistema económico capitalista, que con la ayuda del pensamiento único -que detenta desde hace ya demasiado tiempo la hegemonía cultural del discurso público-, les ha transformado, sin ellos saberlo o quererlo saber, en meros instrumentos, en “homines oeconomici”[viii]. Ya no son ciudadanos de un sistema político aun formalmente basado en el pueblo, sino variables sistémicas de un sistema económico basado en la lógica binaria de inclusión/exclusión que tiene como patrones de conducta la producción y el consumo en una sociedad -o mejor, en un agregado de personas, como lo definió Carlos Castilla del Pino[ix]-, basado en la producción de humo comercial y su consumo por parte de aquellos agentes -que no personas, para el sistema- con poder adquisitivo suficiente como para perpetuar este absurdo círculo que sirve como base a una sociedad sin personas, sino de comunicaciones operacionales, el nada tienen que ver con la comunicación humana, como quiso ver el sociólogo Niklas Luhmann -pero podría haberlo visto también Carl Schmitt-, basadas a su vez en el intercambio de la sustancia idolatrada por excelencia: el Dinero.

[i] “Emparedado”, letra de Roberto Iniesta, del álbum “Rock transgresivo”: 1984. Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=qyZ0Yla6RK0

[ii] Vid. HORKHEIMER, M. / ADORNO, Th., Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Social Studies Association, Inc.: New York, 1944. La edición fue posteriormente revisada en algunos puntos poco esenciales, a juicio de los autores, y republicada en Alemania en 1969 con el mismo nombre. Hay traducción al castellano de esta versión publicada por la Ed. Trotta, Barcelona: 1944. Introducción y traducción: Juan José Sánchez. De esta versión, vid., especialmente, la introducción, que se cita por la 9ª edición de 2001 (pp. 9-46) y ya, de la obra en sí, vid. pp. 59 ss., desde las que los autores desvelan ya su tesis inicial: la Ilustración, en sí misma, es un proceso totalitario que ha conducido, por su propia naturaleza de dominación, al dominio del mundo, incluido el ser humano, con el consiguiente desvanecimiento de las fronteras entre lo objetivo y lo subjetivo, la objetivización y la cosificación (o reificación) del hombre, esclavo ahora ya no de los viejos mitos, sino del nuevo mito del hombre burgués que, habiendo desencantado la naturaleza y los dioses, se vuelve contra sí mismo para resacralizar en el liberalismo burgués una sociedad administrada, en la que cada uno ocupa el papel que ha de ocupar. Sobre esta cuestión, vid. especialmente las pp. 75 ss.

[iii] http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-11-30/los-mil-milliones-de-ni-nis-que-hay-en-el-mundo-tienen-uno-de-estos-dos-problemas_511800/

[iv] Cfr. CHOMSKY, N. / RAMONET, I., Cómo nos venden la moto, publicado por Icaria, Barcelona: 1995, pp. 56-57, quienes se refieren a las siguientes declaraciones de Raymond Barre: “Decididamente, ya no podemos dejar el mundo en manos de unos irresponsables que no piensan sino en hacer dinero”.

[v] https://www.facebook.com/pablo.guerez?fref=nf

[vi] Cfr. MARCUSE, One-dimensional Man, Bacon Press, Boston: 1954. Hay varias traducciones al castellano. Entre otras, puede descargarse, para fines investigadores, la version publicada por Planeta: 1993, vía https://zoonpolitikonmx.files.wordpress.com/2013/10/marcuse-el-hombre-unidimensional.pdf, pp. 31 ss.

[vii] Vid. SCHUMACHER, E. F., Small is beautiful: Economics as if People Mattered, 1973. Blond and Bridgss, Ltd, London: 1973. Varias versiones en inglés están disponibles para su descarga en la red para uso investigador. Por su diseño y presentación, destaco la versión en pdf via http://sciencepolicy.colorado.edu/students/envs_5110/small_is_beautiful.pdf. Hay traducción al castellano por la Ed. Akal, posiblemente descatalogada, con el título Lo pequeño es hermoso. Economía como si la gente importara. Para una rápida aproximación a los contenidos del libro, además de los numerosos enlaces a comentarios a la obra en castellano disponibles en la red, puede leerse, en inglés, por todas, la recensión crítica publicada por el diario The Guardian, de la periodista y escritora anglosajona Madeleine Bunting, que centra su análisis en el daño que ha hecho a la economía real el olvido de las denuncias y “recetas” en su día formuladas por primera vez por Schumacher, via http://www.theguardian.com/commentisfree/2011/nov/10/small-is-beautiful-economic-idea

[viii] Sobre el concepto de “homo oeconomicus”, hoy hegemónico en el análisis de los modelos microeconómicos, existe una muy amplia literatura. En este mismo blog, para el lector que desee ampliar sus conocimientos sobre esta concepción del “agente económico” y de sus críticos, así como de sus alternativas, pueden verse otras entradas en este blog, como “Where is this capitalist system leading us to?”, publicada el 20 de enero de 2014, vía http://pabloguerez.com/2014/01/20/where-is-this-capitalist-system-leading-us-to/, con más referencias. Sobre las alternativas al “homo oeconomicus” en teoría de juegos, sin pretender agotar la cuestión, puede leerse, brevemente, con más refefencias, NASH, J. F., (1950): “Equilibrium Points in N-person Games”. Proceedings of the National Academy of Sciences 36 (36): 48–9. doi:10.1073/pnas.36.1.48. PMC 1063129. PMID 16588946., MR 0031701. El mismo, “The Bargaining Problem”. Econometrica (18): 155–62. 1950.. MR 0035977. Nash, J. (1951). “Non-cooperative Games”. Annals of Mathematics 54 (54): 286–95. doi:10.2307/1969529. JSTOR 1969529. “Two-person Cooperative Games”. Econometrica (21): 128–40. 1953., MR 0053471.

[ix] Vid. CARLOS CASTILLA DEL PINO, La incomunicación, Madrid: 1970. Reeditado por Ed. Península: 2001.

 

Licencia de Creative CommonsEl perro del hortelano del blindaje del mercado laboral español. “Ni-nis”, pero para la patronal: ni jóvenes ni mayores, by Carlos Mainzer & Pablo Guérez, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
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¿Educar para ser útiles? Reflexiones generales y personales, a modo de ensayo, sobre las relaciones entre educación, economía y empleo, y sobre mi situación académico-laboral, al hilo de la entrevista al Prof. Lledó publicada en El País del miércoles 19/11/2014

noviembre 21, 2014 § Deja un comentario


 

El enlace:

 

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/18/actualidad/1416318635_332372.HTML

 

Ilustración de Doré. Satanás expulsado del Paraíso.

 EL PARAÍSO PERDIDO. ILUSTRACIÓN DE GUSTAVO DORÉ

“¿Eres tú…? Mas, caído, cuán cambiado y cuán otro de aquél que en los felices reinos de la luz, ornado de fulgor trascendente, sobrepujaba a miles por brillantes que fueran… Tú eres, sí, al que la alianza de una esperanza misma, idéntico proyecto e igual azar y riesgo en la gloriosa empresa, unió a mí como ahora la adversidad nos une en ruina semejante. ¡De qué altura y de qué abismo hemos ahora caídos, puesto que él con su trueno demostró ser más fuerte! Pero ¿quién hasta entonces conocía la fuerza de sus armas? (…)” (El Paraíso perdido, John Milton, Libro I, 85-94)

Ars gratia artis

Defensionem vitae maea

υπεράσπιση της ζωής μου

הגנה של החיים שלי

A mis padres, quienes pagaron  parte de mi formación académica, y con quienes tengo una deuda de gratitud por tantas otras cosas que guardo para mí

A los contribuyentes cumplidores, quienes sufragaron con sus impuestos la mayor parte de mi formación universitaria, hasta que logré el Grado de Doctor, el Premio Extraordinario de Doctorado y la acreditación a plazas de profesorado laboral permanente

A mis ex compañeros

To whom it may concern

 

Esta entrada la tenéis disponible, para su mejor descarga y lectura más cómoda, en un archivo pdf: Defensa

 

Nota muy personal: Os recomiendo encarecidamente la lectura de la entrevista. No tiene desperdicio. Éstas son sólo reflexiones personales de un modesto investigador y ex profesor universitario en paro, quien aprovecha, “by the way”, algunos de los comentarios del ilustre Profesor para reflexionar sobre algunas cuestiones teóricas que han afectado de manera muy cercana a su vida. Los responsables de dicha situación están sentados en el trono del Rectorado de la Universidad Autónoma de Madrid, o pululan como fuerzas vivas de cuyo nombre no quiero acordarme, carentes de representatividad, siquiera estamental alguna, por su Facultad de Derecho, a la cual me es permitido en ocasiones regresar fugazmente para mover o retirar los libros y enseres personales que dejé en mi antiguo despacho tras mi reciente salida, cual fantasma que no quiere abandonar el plano astral por haber dejado cosas pendientes en la tierra. Ninguno de los profesores a los que aludo pertenece al Área de Derecho Penal. No guardo contra aquéllos rencor alguno, y escribo estas líneas desde la serenidad y sin acritud; mas a aquéllos que pudieron haber tenido una responsabilidad, siquiera política o administrativa, aun objetiva, les invito, serenamente, a reflexionar con sinceridad sobre los efectos de una política de no promoción del personal docente e investigador en formación basada en una concepción del becario y del profesor ayudante de reemplazo, deliberadamente elegida, entre otras que fueron posibles, incluso habiendo mantenido los objetivos de reducción del déficit del presupuesto universitario. Como consecuencia, asuman ellos, desde sus cálidos y funcionariales tronos, dominaciones y potestades empíreas de la Academia, la responsabilidad que les corresponda, aun objetiva y por omisión, por no haber promocionado a varios de sus mejores talentos, entre los que servidor se cuenta, según me han reconocido insignes penalistas nacionales y extranjeros, y por haber permitido que profesionales como yo, ahora mismo, estemos en la calle sin adjetivar. Sí, debí ser “instrumental”. Haber hecho una tesis rápida y haberme acreditado enseguida. Como algunos, cuyos nombres no diré, sencillamente porque no hace falta. Sólo para “colocarme”. Sin vocación. Sin amor al conocimiento.

Mis acusadores, entre los que se encuentra, como lo denominaba Milton en su inmortal poema, el Archienemigo, tentarán a mis enemigos, a mis amigos y a mí mismo, empujándome a la desesperación, y poniéndome a prueba. Sí, es verdad, he cometido errores. Y los estoy pagando con intereses desorbitados y, sobre todo, con mucho sufrimiento. Pero mi culpa no es una culpa de ángeles, sino de hombre. Desgraciadamente, la humanidad y muchas de las ideas que hizo aflorar en una sociedad inhóspita el humanismo cristiano se están perdiendo o se han perdido ya. Pero mientras quede un alma buena en el mundo, no todo estará perdido. Los errores cometidos por quienes no aprendimos, o no quisimos, aprender a desenvolvernos en este mundo, y no queremos aceptar algunas consecuencias de una culpa (o deuda) desmesurada, serán reparados. Mejor dicho, ya han sido reparados, aunque todavía muchos no nos hayamos dando suficiente cuenta. Fueron reparados por la Sangre de Aquél cuya Fiesta como Rey del Universo muchos celebraremos, si Él nos lo permite, el domingo 23 de noviembre. Con tal de que le digamos que sí. Al cumplimiento de Su santa y sabia Voluntad.

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EL PARAÍSO PERDIDO. ILUSTRACIÓN DE GUSTAVO DORÉ.

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1. Algunas ideas políticamente comprometidas sobre la educación

 

Excelente entrevista de Tereixa Costenla en el diario El País de ayer al Prof. Enrique Lledó, que acaba de hacer un “triplete” de premios literarios. Es un ejemplo de pensador “de la vieja escuela”; y yo diría, “de la buena escuela, de la de siempre”. Coincido con buena parte de su pensamiento, políticamente muy incorrecto. Especialmente, con el distanciamiento con el que el viejo profesor se muestra respecto a la importancia desmedida que hoy se le da a las “nuevas” tecnologías (que ya no son tan nuevas), y al bilingüismo: “La verdadera riqueza es la cultura”, sostiene. Y también: “El bilingüismo de algunos colegios me pone un poco nervioso. No, lo que se necesitan son colegios monolingües que enseñen bien otros idiomas”. Para mí, que me eduqué en el Liceo Italiano de Madrid, esta afirmación es completamente acertada. Aquél era -no sé si seguirá siendo- un colegio italiano en el extranjero donde se complementaban algunas asignaturas en lengua española para obtener la convalidación al Bachillerato Unificado Polivalente (B.U.P) y al Curso de Orientación Universitaria (C.O.U.). Sin embargo, la peregrina idea de los colegios bilingües de la señora Aguirre y del ministro Wert, no es sino un intento publicitario de modernidad condenado al fracaso. Para ello, no hace falta dar muchos argumentos. Baste con echar un vistazo al índice de fracaso escolar reflejado, por ejemplo, en el último informe Pisa. Mi experiencia universitaria como profesor y corrector de exámenes también me reveló la enorme caída en formación básica, comenzando por la ortografía, que se dio en los estudiantes españoles al menos desde el año 2002 al 2008.

También afirma Lledó que “Obsesionar a los jóvenes con ganarse la vida es la manera más terrible de perderla”. Me recuerda a la máxima de Jesús, quien en Mt 16, 25, dice: “Quien quiera salvar su vida, la perderá. Pero quien la pierda por mi causa, la ganará”. En el Evangelio de Marcos 8, 25, se contiene la misma idea, y con mayor precisión leemos: “Quien quiera salvar su vida, la perderá. Pero quien la pierda por mi causa y la de mi Evangelio, la ganará”. Sabias palabras las de Jesús. Y las de Lledó. Palabras que me producen, al mismo tiempo, alegría y melancolía juntas, por difícil que parezca poder compaginar dichas emociones. Quizá porque una parte de mí todavía crea que haber estudiado filosofía o historia, o Derecho, por amor al conocimiento, “ars gratia artis”, como decía el lema de la productora Metro Goldwin Mayer, todavía cree que en estos tiempos dominados por el eficientismo inmediatista y las estrategias instrumentales es posible emprender un camino humanista, camino que creí encontrar en la Academia y que por cierto culminé. Si no encontré plaza fue sencillamente porque no se convocaron, no porque yo fracasara como fracasa un opositor que luego es contratado por un gran despacho de abogados como premio a su esfuerzo memorístico. Así que, aquellos que sostengan todavía que debo pasar por una oposición no universitaria para “culminar mi tarea” incurren a mi juicio en un “bis in idem” muy injusto.

 

2. Sobre el problema de la clase empresarial española. Mentalidad funcionarial en la selección de personal y en la propia dinámica de la empresa: una revolución burguesa pendiente

 

Volviendo a la entrevista, creo que Lledó también compartiría conmigo mi crítica a la, a mi modesto juicio, nefasta inclusión obligatoria en los programas descafeinados de Filosofía en el Bachillerato de “Filosofía aplicada a la empresa”, algo que me rechina casi tanto como la simonía, a menos a nivel sentimental. Aunque, una vez dicho esto, otra parte de mí, más pragmática, está cada vez más convencida -y no le faltan razones- de la necesidad de adular a la empresa, dada mi situación laboral actual; y ello, pese a mi orientación política, que simpatiza con las tendencias, normalmente identificadas con las izquierdas, en la tradición histórico-política continental europea, defensoras de la justicia social y de la redistribución de la riqueza como uno de los medios para aproximarse a ella -que nunca lograrla del todo-, o con el liberalismo igualitario de autores como Rawls o Dworkin, en la tradición filosófica y política anglonorteamericana, procedente a su vez de la filosofía analítica moral y jurídica y de la teoría de la justicia.

Sí, el pensamiento, el conocimiento y la literatura son refugios, como señala Lledó, en los que el hombre puede alcanzar su máxima libertad. Para lo demás, para ganarse el pan, hoy por hoy, hay que acudir a las empresas, y eso también es filosofía; pragmática, pero filosofía. Y quizá hoy más que nunca yo muestre una simpatía que nunca haya tenido hacia el mundo empresarial, entre otras cosas, porque la empresa española, en general, nunca se ha caracterizado por un espíritu verdaderamente emprendedor, ni ha aceptado del todo las reglas del libre mercado que dice proclamar, cuando no incluso adorar.

En España siempre ha estado el Estado, ya fuera monárquico de corte más o menos autoritario, ya dictatorial, ya socialdemócrata o demócrata conservador, para subvencionar a las empresas, o para rescatarlas cuando venían mal dadas. Así que esta falta de espíritu emprendedor siempre me ha hecho dudar de la calidad de la mayor parte de la clase -que no casta- empresarial española. Por otra parte, tampoco el Estado ha querido incentivar una mentalidad diferente, trasmitiendo su nefasta mentalidad funcionarial a las mayores empresas de la Historia de España; normalmente, del sector bancario y, en menor medida, del sector de servicios en general. A este respecto, si realmente se quiere respetar la libertad de mercado y fomentar el tan cacareado por nuestra clase política “autoempleo”, hay que comenzar por eliminar el ingente volumen de papeleo inútil de trámites burocráticos a que se ve sometida, sobre todo, la pequeña y la mediana empresa (la mediana de verdad, pues el concepto de “mediana empresa” en política económica es, a mi modesto entender, demasiado amplio), tanto desde su génesis, como durante su vida jurídica y económica (formularios variados de inscripción en varios registros, declaraciones de impuestos con plazos demasiado cortos, etc.).

Asimismo, y mientras en Europa y en el mundo el pensamiento único ultraliberal siga detentando la hegemonía cultural, el Estado social (tal y como lo define nuestra Constitución en el art. 1, además de democrático y de Derecho), o lo que queda de él, debería fomentar una fiscalidad realista para redistribuir la riqueza del país, que, de acuerdo con el art. 128 de nuestra Constitución, “sea cual fuere su titularidad, está subordinada al interés general”, tanto para las grandes multinacionales y corporaciones, como para las PYMES. La fiscalidad adecuada podría ser calculada por los economistas en términos de buena economía como la resultante de la curva del óptimo de Pareto en el máximo tipo impositivo que las grandes multinacionales estén dispuestas a soportar a cambio de no deslocalizar su producción, lo cual podría lograrse con una buena política de incentivos fiscales o de bonificaciones a la Seguridad Social. Por el contrario, y debido a la naturaleza más “personal” o “humana” de las pequeñas empresas, el Gobierno debería aliviar la presión fiscal de los trabajadores autónomos, muchas veces insoportable, especialmente en períodos recesivos como en el que vivimos, al mismo tiempo que fomentar el pequeño comercio, con el objetivo de aproximarse más a ideales de justicia social. Al mismo tiempo, debería promover un discurso económico, a nivel supranacional, capaz de contrarrestar el discurso dominante de las viejas recetas de la austeridad del ultraliberalismo de la escuela de Chicago, y encarnado por las vetustas instituciones de Bretton Woods.

Retomando mis reflexiones iniciales, y en relación con los perfiles demandados con la mayoría de las empresas de países occidentales razonables, se puede constatar que éstas prefieren, en sus escalas superiores, a empleados con capacidad crítica -que no es lo mismo que rebeldes-, y no a simples autómatas o sumisos. Ello debería ser tenido en cuenta en la mayor parte de los departamentos de recursos humanos de las empresas de nuestro país, y ahí lo dejo para la reflexión de “a quien pueda interesar”, o “to whom it may concern”, como se acostumbra a decir en el ámbito anglosajón. Por otra parte, de incentivos y motivación a los trabajadores, mejor no hablamos, o se lo dejamos a las psicólogas recién licenciadas de recursos humanos -sí, en femenino, porque son mayoría, y además, monas; y es así, no me importa ser políticamente incorrecto, las cosas funcionan de esa manera, y ésta también es una de las varias formas de machismo. Ellas se limitan, en la mayor parte de las empresas, y en el mejor de los casos, a seguir firmando las nóminas de los afortunados que tienen trabajo, y, en el peor, a “negociar” EREs o despidos “objetivos”. Alguien con un currículum Senior no tiene que pasar por ellas, pues no sabrán -o no querrán- apreciar lo que podemos aportar; sencillamente, porque no viene en el manual; porque no se han formado en una escuela crítica como aquélla que quizá tuviera en la mente el Prof. Lledó. Sin embargo, son las empresas las que me pueden dar trabajo, y a ellas se lo debo suplicar.

 

3. Crítica del proceso de selección en el sector público

 

La otra solución para encontrarlo, el empleo público, es para mí peor y quiebra aún más mis principios, sencillamente por la ridiculez de su proceso preferente de selección por antonomasia: las oposiciones. En la mayoría de ellas sólo se valora -y de manera desmedida- una de las características de la capacidad: la memoria, en su vertiente más cruda: la memorización alienante consistente en la compresión, que no comprensión, de temas en un tiempo determinado. Que dicha característica pueda ser un “mérito”, lo dudo; en cualquier caso, está en el mismo plano lógico -y también deontológico- de mérito que la cualidad del que consigue subir o bajar los peldaños de la Torre Eiffel mil o cien veces. Más les valdría a ciertos opositores memorizar piezas imperdurables de la literatura, como el Tenorio, o el Paraíso Perdido, antes que artículos de normas que versan sobre plazos, términos y triquiñuelas procesales contingentes, que pueden ser derogadas por “el  legislador” al día siguiente al de la toma de posesión de la plaza ganada. Ello les daría al menos una formación más humana; a los funcionaros de las incontables Administraciones Públicas, para conocer mejor a la persona que se esconde detrás del calificativo de “administrado”, propio del lenguaje administrativista; y a las juezas y fiscales, para conocer mejor la realidad social, de la que la literatura constituye una emanación preeminente, en orden a la aplicación e interpretación de las normas del Derecho positivo, el cual, de acuerdo con el art. 3 del Código Civil, deben ser interpretadas de acuerdo con “la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas”. Con arreglo a esta consideración, es legítima la pregunta: ¿con qué criterio pueden conocer la realidad social una joven o un joven perfectamente disciplinados, chicas o chicas obedientes, como cantaba el grupo Jarcha, “hasta en la cama”, de veintitantos años, que se ha pasado cuatro o cinco años de media memorizando de forma alienante normas jurídicas sin ton ni son? Desde luego, la opositora o el opositor han conocido el sufrimiento. Pero se trata de un sufrimiento inhumano y que no tiene nada que ver con el mundo ni con la vida. Y el Derecho, como dijo sabiamente Legasi Lacambra, “o sirve para la vida, o no sirve para nada”.

Por su parte, la clasificación de las plazas de funcionarios en grados de tipo A, B, C y D según la titulación (sobre todo si tenemos en cuenta que para optar a plazas “A” sólo basta hoy un nivel académico de “Grado” y sin valoración alguna de la calificación, algo impensable en países serios como Alemania, y accesible a todo el mundo gracias, entre otras cosas, a la “titulitis” de que adolece el país), acompañada de obstáculos fácticos y normativos para la promoción interna, sí que refleja un modelo que sociológicamente podría definirse “de castas”, y que resulta, utilizando el lenguaje de la Administración, “manifiestamente mejorable”. Una mala copia del modelo francés, el cual, también en la educación, prima otras cualidades o, como se dice ahora en el lenguaje de los pedagogos, que llegó hace mucho al de los burócratas redatores de leyes, “competencias”, un anglicismo como tantos otros.

En definitiva, está bien que intelectuales como Lledó hablen, siquiera de pasada, de estas cosas, y puedan suscitar reflexiones como la mía, o mover a ciudadanos como yo a escribirlas. Coincidiendo con Fernando Vallespín, D.E.P. el “librepensador”, el intelectual, mientras agoniza el escritor. Bienvenidos los expertos, los “community managers”, los “coachers”, “counsellers” y los “oustiders” procedentes de tierras inhóspitas.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Acreditado por la ACAP a Profesor Contratado Doctor desde mayo de 2012

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid

Desempleado desde el 28-7-2011, sin prestación social alguna desde el 10-7-2013

Hijo de Dios, por Su entrañable Misericordia, desde el 19-5-1979

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¿Educar para ser útiles? Reflexiones generales y personales, a modo de ensayo, sobre las relaciones entre educación, economía y empleo, y sobre mi situación académico-laboral, al hilo de la entrevista al Prof. Lledó publicada en El País del miércoles 19/11/2014 by Dr. Pablo Guérez Tricarico is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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Y ahora, os dejo con una bonita canción para el fin de semana:

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