El perro del hortelano del blindaje del mercado laboral español. “Ni-nis”, pero para la patronal: ni jóvenes ni mayores (A collaboration in Facebook remixed)

febrero 16, 2015 § Deja un comentario


“Y saliendo como a la hora undécima, encontró a otros parados, y les dijo: “¿Por qué habéis estado aquí parados todo el día sin trabajar? Ellos le dijeron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a la viña. Y al atardecer, el señor de la viña dijo a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta los primeros (…)” (Mt 20, 6-8)

 

  1. La noticia:

http://www.20minutos.es/noticia/2376145/0/un-tercio-jovenes/carece-formacion-minima/suficiente-para-trabajar/

  1. El comentario:

Realmente kafkiano… Es decir, los jóvenes no valen para trabajar por falta de formación, y los mayores de 35 tampoco por viejos, por senectos, por abuelos y por saber demasiado y por exceso de experiencia. ¿Alguien lo entiende? En serio, yo ya no sé a qué carta quedarme. O yo estoy loco, o los tarados son los moradores de los departamentos de personal.

Y al parecer el 100% de los mayores de 35 años nos hemos vuelto gilipollas e incapaces para trabajar por cuestión de “suposiciones”, a pesar de contar con experiencia contrastada. ¿Realmente saben los inútiles de recursos humanos lo que quieren/exigen…? Creo que no. Eso sí, la mierda de Gobierno actual sigue apostando por NI-NIS.

  1. El análisis:

Como decía Rober Iniesta, del grupo “Extremo duro”, “o no lo entiendo, o lo entiendo demasiado”[i]. A ver. No soy tarados, sino “jóvenes sobradamente preparados”. Gente que sabe muy bien lo que hace y aplica las consignas del manual de recursos humanos al uso con la misma rigidez y contundencia con lo que el antiguo Politburó o el Comisariado Político aplicaba purgas a los “intelectuales”. Los departamentos de recursos humanos de las grandes empresas de nuestro país están formados en su mayoría por Licenciados y Licenciadas en Psicología -las mujeres aquí, por una vez, tienden a ser mayoría-, con buena pinta, pero en ocasiones son auténticos sociópatas (gente incapaz de empatizar), o, dicho en inglés, como a esta gente le gusta utilizar en las entrevistas de trabajo, “succesful psychopats”: es decir, psicópatas que han aprendido la estrategia de renunciar a la violencia tradicional y se han dado cuenta de que pueden conseguir lo que quieren -su propio interés y nada más, pues ya hemos dicho que esta gente se caracteriza, por motivos neurológicos, por no carecer de empatía hacia su prójimo-, solamente sirviendo de verdugos para un sistema social cruel e injusto, pero que beneficia a quien se adapta a él, y más a quienes lo promueven: el sistema de economía capitalista, basado exclusivamente en la obtención del lucro individual, y desprovisto ya, en la posmodernidad, de los argumentos filosófico-ideológicos que trataron antaño de hacerlo tolerable para la mayoría de la población.

En nuestro país, además, donde nunca hubo una revolución burguesa y el capitalismo salvaje tampoco llegó a imponerse del todo, debido, entre otras cosas, a los residuos falangistas que miraban con benevolencia la existencia de una cierta justicia social, y que la Dictadura de Franco nunca suprimió, así como a otras variables endémicas de la idiosincrasia hispánica, como la permanencia del caciquismo, las subvenciones y los rescates, la dialéctica del capitalismo (o de la Ilustración, como la denominaran Horkheimer y Adorno en su inmortal, denso y premonitorio ensayo de 1940 del mismo título[ii]), ha conseguido mostrar sus efectos más perversos (objetivación, despersonalización y dominio de las personas) sólo en una parte, minoritaria todavía, por mucho que se acreciente, de la población. Mas en esto la singularidad española no es importante, pues ya hemos visto que el modelo de capitalismo puro, inspirado en el modelo económico que en microeconomía suele denominarse de “competencia perfecta” no existe en ningún país del mundo que se proclame, oficiosamente -nunca jurídicamente, ¿os habéis dado cuenta?-, como de economía capitalista. A lo sumo, en los países europeos avanzados, se habla de economía de mercado, y muchas veces con correcciones, como en el caso de Alemania, que define su Constitución económica –es decir, la parte de la Constitución que regula el sistema económico del Estado- como economía social de mercado (Sozialmarktwirktschafft), o España, cuya Constitución económica, hoy papel mojado por la Unión neoliberal europea, habla claramente de Estado social y democrático de Derecho (art. 1 CE), de la función social de la propiedad privada (art. 33.2 CE), del derecho a trabajar en los siguientes términos: “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo” (art. 35.1 CE), o del principio general con el que se abre su Título VII, cuyo artículo 128.1 dice literalmente: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general”.

No es éste el lugar para desarrollar de nuevo consideraciones ya realizadas en otros posts de este blog sobre la relación entre Constitución económica y realidad normativa real, incluida la aplicación torticera de un Derecho que sólo sirve al interés de los poderosos. Sin embargo, el capitalismo actual, en el estadio posfordista de producción, está caracterizado, por lo que aquí interesa, por la presencia de oligopolios que van adquiriendo cada vez más el rango de corporatocracias, con mezcla de poder político y económico. Así, en los Estados Unidos, en la Unión Europea y en los demás Estados occidentales de economía capitalista, la presencia de empresas TBTF (“to big to fail”) es patente, y su poder se manifiesta no sólo durante la vida jurídico-económica de la corporación, con el abuso de posición dominante, sino también en sus crisis, siendo objeto de rescates públicos. En este contexto, ¿alguien se cree de verdad en la actualidad el viejo ideal de la ética capitalista basada en el pequeño comercio y en la existencia de mercados de competencia perfecta defendidos por autores de la modernidad como Locke, Stuart Mill o Benjamin Franklin?

El que escribe ahora estas líneas, Pablo Guérez, ha compartido este artículo en las redes sociales, también al hilo de un buen reportaje publicado el 30 de noviembre de 2014 en El Confidencial sobre la “figura” de los “ni-nis” en todo el mundo[iii], del que tuvo conocimiento a través de un retuit de los miles que le llegan a lo largo del día porque la lectura de ambos artículos le ha parecido interesante, y le ha suscitado una serie de reflexiones, fruto de las cuales ha surgido este post. Se trata de una colaboración entre un amigo de Facebook y él mismo, un refrito de algo ya publicado en las redes sociales pero que, por su interés y su temática, ya más centrada en la sociedad española, ha considerado importante publicarlo en su blog. Ruego por tanto al lector nos disculpe si encuentra reiteraciones en las reflexiones sociológicas que en esta entrada se vierten, a veces difíciles de seguir para el público profano.

Sobre los tan mencionados “ni-nis”, a fecha de hoy, año 2015. Para favorecer la claridad del lector, las observaciones personales que siguen pertenecen a la autoría de Pablo Guérez, que asume la responsabilidad exclusiva por los comentarios vertidos.

Hace poco publicaba lo siguiente en Facebook, al hilo del reportaje publicado en El Confidencial: “He decir de entrada que no siento ningún tipo de empatía hacia los “ni-nis”. Al menos hacia los de mi país y los de los Estados occidentales avanzados. La situación de los “ni-nis” de clase baja de verdad, en países del Tercer Mundo, es casi la única que compadezco. Tal vez ello tenga que ver con el hecho de que yo no me sienta para nada identificado con la actitud de algunos “ni-nis” hijos de familias bien que se muestra en la entrevista, a pesar de ser una persona económicamente enteramente dependiente de mis padres y, en su defecto, de la caridad. Y también con el hecho de que ya no soy joven, o no me siento como tal. Estadísticamente ya no lo soy, ni pertenezco cronológica ni generacionalmente al grupo de individuos con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años. A dicho grupo pertenecen “ni-nis”, pero también empresarios de “nuevas tecnologías” que no me despiertan ninguna simpatía. Por el contrario, acabo de enterarme de que soy un parado “de larga duración”, pues llevo más de dos años en paro. Curioso empleo del término “larga duración”. No porque a mí, desde mi subjetividad, no se me haya hecho largo llevar más de tres años y medio en paro, sino porque el sistema social así lo considera objetivamente, gracias a una perversión del lenguaje que desde el lenguaje microeconómico se ha “colado” en el lenguaje común. No es de extrañar, pues el lenguaje de la economía “ortodoxa” detenta hoy la hegemonía cultural del discurso público. La terminología de las inversiones en los mercados secundarios de valores que considera largo plazo todo lo que pase de un año es utilizado hoy para designar todas las facetas de la vida de la persona, que en el sistema económico capitalista se encuentra ya despersonalizada y condenada a convertirse en un productor/consumidor (emprendedor en el lenguaje políticamente correcto), o a la marginación, de acuerdo con una lógica binaria sistémica de inclusión/exclusión que necesariamente es inherente al sistema capitalista, y que recuerda al pensamiento nazi de Carl Schmitt. El sistema capitalista, en el estadio posfordista, el triunfo de la llamada posmodernidad y el pensamiento débil, y la hegemonía cultural de la economía ultraliberal y su primacía sobre el resto de las ciencias sociales, y aun las naturales, han llevado a cabo un delicado reduccionismo de la persona a su faceta estrictamente económica, de “homo oeconomicus”, anulando el resto de facetas de la vida y la interacción sociales, y con ello, a la persona misma, reducida a una variable más del sistema capitalista.

En cuanto al contexto que propició el surgimiento de la generación “ni-ni”, en España, en los años anteriores a la crisis, muchos jóvenes abandonaron los estudios seducidos por los cantos de sirena del mundo de la construcción, que se hallaba entonces en plena burbuja inmobiliaria. Así consiguieron ganar sueldos en “A”, en “B” y en “C” superiores al de un Catedrático de Universidad o un funcionario del Estado de alto nivel: ¿para qué estudiar? El problema que más que me preocupa no es tanto la actitud de los jóvenes insensatos, sino la insensatez de la clase -que no casta- política ante el fenómeno. No hace mucho, el Dr. profesor funcionario de Universidad Rubalcaba, proponía “recuperar” a esos jóvenes, como si no supieran lo que hicieron. Si ganaron 4.000 o 5.000 euros al mes y se lo gastaron, o se hipotecaron hasta las cejas, no fue precisamente porque no sabían lo que hacían. Por otra parte, en un país tan acostumbrado a querer acelerar el ritmo natural de los tiempos, la sociedad y la publicidad se ocuparon de ensalzar la “juventud”, incluso la primera adolescencia, como prototipo de una etapa vital en la que alcanzar, definitivamente, la estabilidad personal y profesional (ambas palabras han ido acercándose hasta confundirse peligrosamente como consecuencia de la hegemonía del pensamiento único). Los jóvenes “JASP”, hijos por supuesto de clases acomodas, eran aquellos que iban a triunfar con el mínimo esfuerzo, “colocados” en empresas de sus papás después de haber realizado, a su tiempo por supuesto, sus “pecados de juventud”. Otros, teóricamente los más sensatos, seducidos por las promesas de confort de una estabilidad rápida, comenzaban a preparar oposiciones hasta dos años antes de haber acabado sus Licenciaturas, algo sencillamente impensable en los países de nuestro entorno cultural. Algunos, por el contrario, preferimos seguir el camino largo y angosto del estudio, hasta alcanzar el máximo grado reconocido por el ordenamiento jurídico español. Ganando precisamente como máximo el sueldo del que uno de los entrevistados se queja en el reportaje, unos 1.300 euros netos, juntando complementos específicos y de méritos. Hasta que me dieron la patada tras trece años de servicio por circunstancias del mercado. Así que ni soy ni me identifico con un “ni-ni”. Soy una persona altamente cualificada con una trayectoria profesional impecable que ha sido dramáticamente mutilada. Los responsables de ello sabrán. Comprendan entonces los lectores por qué no puedo tener ninguna empatía hacia los “ni-nis”, al menos hacia los de mi país, salvo quizá para los hijos de clases bajas, hacia los que siempre mostré compasión. A los demás, les he visto y los sigo viendo como competidores directos en el mercado laboral. Frente a mi formación clásica, ellos disponen del humo comercial de estos tiempos, que no es más que un bagaje light de conocimientos que disfrazan de alta cualificación tecnológica, propia del lenguaje mediático y político de estos tiempos: habilidades, aptitudes, “competencias” (sic), en una variedad de términos inglés que no expresan sino la vacuidad de su formación, alentada hoy por las máximas autoridades educativas, comenzando por el señor ministro de Educación Wert. El responsable de proponer adelgazar las carreras -ahora denominadas “Grados”-, hipertrofiar Másters “light” mal diseñados para hombres y mujeres “light” y de desinflar los Doctorados, renunciando en la práctica a la investigación básica y queriendo ignorar deliberadamente la importancia de las disciplinas consideradas “inútiles” para la vida o los negocios -ahora empleados, como decía antes, como sinónimos-, como las Humanidades o la Filosofía. De esta manera, el poder político quiere constuir supersonalidades instrumentales al sistema económico capitalista “expertas” en “branding”, “coaching”, “selling”, “community management”, con el pretexto de la “modernización” de la Universidad y de su interconexión con la “empresa” o “los emprendedores”, en un mundo feliz constituido por una sociedad insostenible, basada en la producción de bienes de consumo con obsolescencia programada y el consumo desmedido por parte de aquellos que tienen la “suerte” de tener poder adquisitivo. Una sociedad lacerada por una crisis de valores, en la que de momento alcanzo a identificar tres grupos prototípicos: los “jóvenes irresponsables de treinta años que sólo piensan en ganar dinero”, como se refiera a ellos el multimillonario especulador para nada sospechoso de izquierdista George Soros o el ex primer ministro francés de finanzas Raymond Barre, “gran defensor del liberalismo económico”[iv], clones de lo que quizá quisiera ser el señor Wert, y reducidos a meros productores/consumidores, a quienes ya no interesa ser ciudadanos, y mucho menos personas; las personas ya jubiladas o en vías de jubilarse, nacidas en la modernidad e incapaces de comprender las nuevas realidades; y los marginados y excluidos, miserables, pobres, que contemplan con estupefacción, rabia, cinismo o resignación cristiana cómo un mundo que ya no perciben como suyo les pisotea y pretende anularlos como personas en nombre de “los mercados”, a manos de los nuevos adoradores del Dinero”[v].

  1. Conclusiones:

En cuanto al análisis de la población en nuestro país, la parte constituida por los hijos de los ricos, o de los pertenecientes a una clase media cada vez más adelgazada, sigue soñando, bajo el amparo de las ideologías decimonónicas, en las bondades del sistema capitalista, mientras no se da cuenta de que la alienación también les afecta a ellos -de eso ya se dieron cuenta notables exponentes de la escuela de Frankfurt ya a partir de los años 40, como los citados Horkheimer, Adorno, o Marcuse[vi], en los años 60, y representantes del ecologismo político razonable, como Schumacher[vii], en los años 70; eso sí, la alienación de los ricos no es igual a la alienación de los pobres. Aquéllos tienen al menos sus necesidades básicas cubiertas, demasiado cubiertas; pero desde la lógica del sistema -y no voy a entrar ahora en la valoración de los sentimientos personales-, los ricos o, simplemente, los individuos con poder adquisitivo suficiente como para mantener el demencial sistema socioeconómico que tenemos, y algunos padecemos, también están alienados, en la medida en la que de personas se ven reducidos en productores/consumidores. Las demás facetas de su supuesta “personalidad”, como ya se expresaba antes, han sido fagocitadas por el mago insaciable de la lógica del sistema económico capitalista, que con la ayuda del pensamiento único -que detenta desde hace ya demasiado tiempo la hegemonía cultural del discurso público-, les ha transformado, sin ellos saberlo o quererlo saber, en meros instrumentos, en “homines oeconomici”[viii]. Ya no son ciudadanos de un sistema político aun formalmente basado en el pueblo, sino variables sistémicas de un sistema económico basado en la lógica binaria de inclusión/exclusión que tiene como patrones de conducta la producción y el consumo en una sociedad -o mejor, en un agregado de personas, como lo definió Carlos Castilla del Pino[ix]-, basado en la producción de humo comercial y su consumo por parte de aquellos agentes -que no personas, para el sistema- con poder adquisitivo suficiente como para perpetuar este absurdo círculo que sirve como base a una sociedad sin personas, sino de comunicaciones operacionales, el nada tienen que ver con la comunicación humana, como quiso ver el sociólogo Niklas Luhmann -pero podría haberlo visto también Carl Schmitt-, basadas a su vez en el intercambio de la sustancia idolatrada por excelencia: el Dinero.

[i] “Emparedado”, letra de Roberto Iniesta, del álbum “Rock transgresivo”: 1984. Youtube: https://www.youtube.com/watch?v=qyZ0Yla6RK0

[ii] Vid. HORKHEIMER, M. / ADORNO, Th., Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente. Social Studies Association, Inc.: New York, 1944. La edición fue posteriormente revisada en algunos puntos poco esenciales, a juicio de los autores, y republicada en Alemania en 1969 con el mismo nombre. Hay traducción al castellano de esta versión publicada por la Ed. Trotta, Barcelona: 1944. Introducción y traducción: Juan José Sánchez. De esta versión, vid., especialmente, la introducción, que se cita por la 9ª edición de 2001 (pp. 9-46) y ya, de la obra en sí, vid. pp. 59 ss., desde las que los autores desvelan ya su tesis inicial: la Ilustración, en sí misma, es un proceso totalitario que ha conducido, por su propia naturaleza de dominación, al dominio del mundo, incluido el ser humano, con el consiguiente desvanecimiento de las fronteras entre lo objetivo y lo subjetivo, la objetivización y la cosificación (o reificación) del hombre, esclavo ahora ya no de los viejos mitos, sino del nuevo mito del hombre burgués que, habiendo desencantado la naturaleza y los dioses, se vuelve contra sí mismo para resacralizar en el liberalismo burgués una sociedad administrada, en la que cada uno ocupa el papel que ha de ocupar. Sobre esta cuestión, vid. especialmente las pp. 75 ss.

[iii] http://www.elconfidencial.com/mundo/2014-11-30/los-mil-milliones-de-ni-nis-que-hay-en-el-mundo-tienen-uno-de-estos-dos-problemas_511800/

[iv] Cfr. CHOMSKY, N. / RAMONET, I., Cómo nos venden la moto, publicado por Icaria, Barcelona: 1995, pp. 56-57, quienes se refieren a las siguientes declaraciones de Raymond Barre: “Decididamente, ya no podemos dejar el mundo en manos de unos irresponsables que no piensan sino en hacer dinero”.

[v] https://www.facebook.com/pablo.guerez?fref=nf

[vi] Cfr. MARCUSE, One-dimensional Man, Bacon Press, Boston: 1954. Hay varias traducciones al castellano. Entre otras, puede descargarse, para fines investigadores, la version publicada por Planeta: 1993, vía https://zoonpolitikonmx.files.wordpress.com/2013/10/marcuse-el-hombre-unidimensional.pdf, pp. 31 ss.

[vii] Vid. SCHUMACHER, E. F., Small is beautiful: Economics as if People Mattered, 1973. Blond and Bridgss, Ltd, London: 1973. Varias versiones en inglés están disponibles para su descarga en la red para uso investigador. Por su diseño y presentación, destaco la versión en pdf via http://sciencepolicy.colorado.edu/students/envs_5110/small_is_beautiful.pdf. Hay traducción al castellano por la Ed. Akal, posiblemente descatalogada, con el título Lo pequeño es hermoso. Economía como si la gente importara. Para una rápida aproximación a los contenidos del libro, además de los numerosos enlaces a comentarios a la obra en castellano disponibles en la red, puede leerse, en inglés, por todas, la recensión crítica publicada por el diario The Guardian, de la periodista y escritora anglosajona Madeleine Bunting, que centra su análisis en el daño que ha hecho a la economía real el olvido de las denuncias y “recetas” en su día formuladas por primera vez por Schumacher, via http://www.theguardian.com/commentisfree/2011/nov/10/small-is-beautiful-economic-idea

[viii] Sobre el concepto de “homo oeconomicus”, hoy hegemónico en el análisis de los modelos microeconómicos, existe una muy amplia literatura. En este mismo blog, para el lector que desee ampliar sus conocimientos sobre esta concepción del “agente económico” y de sus críticos, así como de sus alternativas, pueden verse otras entradas en este blog, como “Where is this capitalist system leading us to?”, publicada el 20 de enero de 2014, vía http://pabloguerez.com/2014/01/20/where-is-this-capitalist-system-leading-us-to/, con más referencias. Sobre las alternativas al “homo oeconomicus” en teoría de juegos, sin pretender agotar la cuestión, puede leerse, brevemente, con más refefencias, NASH, J. F., (1950): “Equilibrium Points in N-person Games”. Proceedings of the National Academy of Sciences 36 (36): 48–9. doi:10.1073/pnas.36.1.48. PMC 1063129. PMID 16588946., MR 0031701. El mismo, “The Bargaining Problem”. Econometrica (18): 155–62. 1950.. MR 0035977. Nash, J. (1951). “Non-cooperative Games”. Annals of Mathematics 54 (54): 286–95. doi:10.2307/1969529. JSTOR 1969529. “Two-person Cooperative Games”. Econometrica (21): 128–40. 1953., MR 0053471.

[ix] Vid. CARLOS CASTILLA DEL PINO, La incomunicación, Madrid: 1970. Reeditado por Ed. Península: 2001.

 

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El papa Francisco habla en su primera entrevista concedida a los medios (concretamente a la cadena española cuatro) sobre varios aspectos de su pontificado.

junio 16, 2014 § Deja un comentario


 

Como muchos ya sabréis, el papa Francisco concedió ayer, en algo que constituye un acto inusual por parte de un pontífice, su primera entrevista a un medio de comunicación: la cadena española cuatro. Como siempre, no deja de sorprendernos positivamente con su vuelta a lo que él mismo denominó como “las raíces del mensaje evangélico”. Por mi parte, habría bastado con enviaros el enlace adjunto sin realizar ningún comentario adicional, si no fuera porque, a mi juicio -y no pretendo especular sobre la causa de posibles omisiones informativas-, en el artículo digital de cuatro no se dice todo lo que se emitió en la entrevista. Inexplicablemente, se omite un aspecto fundamental sobre el que el Papa fue preguntado, cual es su opinión sobre el sistema económico mundial y la globalización. Y digo inexplicablemente porque, a estas alturas, todos conocemos la opinión del Pontífice al respecto, que ha sido publicitada por multitud de medios internacionales. Quizá ayer se dijo algo más, o se dijo con una precisión didáctica que los propios entrevistadores no se esperaran. Pero a los que escuchamos la entrevista, y tenemos buena memoria, se nos quedó grabado casi como si se tratase de una teofanía (y perdón por la licencia hiperbólica). En cualquier caso, para un católico, esté de acuerdo o no con las declaraciones del Pontífice, éste no deja de ser la autoridad suprema de su Iglesia. Y se trata de una autoridad marcada por unas formas y unos estilos muy diferentes a las de la mayoría de sus predecesores del siglo XX, una autoridad no entendida como “imperium” y ejercicio dogmático de la potestad de las llaves, sino como “auctoritas” en el sentido latino del término, es decir, como una autoridad moral que se sugiere, se propone y no se impone. Como, por otra parte, sucede o debería suceder con la fe cristiana, y con cualquier fe, pues sólo desde la libertad puede abrazarse no sólo un credo, sino sobre todo la opción de seguimiento personal propuesta por cualquier religión y que constituye la base del acto de fe: en el caso del Cristianismo, la opción de vida propuesta por Cristo Jesús.

Volviendo a la entrevista papal, por lo dicho anteriormente me interesa destacar dos puntos, que guardan relación entre sí. Un primer punto, fundamental, sobre la opinión del Papa en torno al sistema económico mundial o a las economías que rigen el mundo y su concepción de la globalización; y un segundo aspecto menor, pero que no deja de ser significativo y reconciliador -al menos, a mí me sorprendió muy positivamente-, que tiene que ver con la recuperación de la política como arte del buen gobierno, aspecto muy descuidado por los mensajes y las encíclicas pontificias, y tan necesitado de una reflexión por el pensamiento cristiano, frente a la hegemonía cultural de la economía, especialmente si se trata de una economía: la economía del pensamiento único. Comenzando por este último punto, el papa citó expresamente un escrito de un religioso cuyo nombre ahora no alcanzo a recordar, sobre la necesidad de recuperar la política. Me interesa traer a colación esta cuestión porque, lejos de ser completamente menor, se trata de una de las reinvindiaciones de la izquierda sociológica tan castigada por un pensamiento único -y todos interpretamos que se trata del pensamiento único ultraliberal con sus varias corrientes “ideológicas”, como por ejemplo, la Escuela de Chicago, y el que presentaron periodistas y pseudoeconomistas como Francis Fukuyama tras la caída del Muro, vendiendo un discurso a muchos partidos “de derechas” europeos, y, con él, una doctrina económica que constituye la base de las políticas procíclicas y de austericidio que muchos padecemos en la actualidad-. Más aún, por si quedara alguna duda sobre la condena del Papa -que fue explícita- del pensamiento único, realizada al hilo de la cuestión mayor que trataré enseguida, en la entrevista puede contemplar con satisfacción que se hablaba con una contingencia inusitada de la licitud de varias opciones políticas -siempre y cuando respetaran a la persona- con total naturalidad y sin alineamientos con determinados lados del espectro político sociológico con los que, velada o expresamente, ha prestado su colaboración la doctina social de la Iglesia Católica, cuando no su praxis, incluso con regímenes no democráticos. Y es que, al hablar de antisemitismo, el Papa declaró que se trata de un fenómeno condenable que ha tenido su principal caldo de cultivo sobre todo en los partidos de “la Derecha”. Ahí queda eso. Y, mal que le pese a algunos -o a muchos-, durante la entrevista el Pontífice habló con toda naturalidad de los partidos de centro derecha y de centro-izquierda. Se trata con mucho de una apertura hacia el pluralismo ideológico y político hasta el momento sin precedentes, que va mucho más allá del análisis hermético que realizara su predecesor Pablo VI en la encíclica “Populorum Progressio” de 1967, en la que alertaba a sus fieles incluso de interpretaciones prácticamente inocentes del marxismo como método de análisis histórico y metodológico; alertas innecesarias cuando determinado sector del marxismo occidental quiso corvenger con compromisos históricos con la democracia cristiana, renunciado a una buena parte de su bagaje dogmático hasta el punto de que, como ocurrió con la mayor parte de los autores de la llamada Escuela de Frankurt -en teoría marxista-, el marxismo ortodoxo perdió buena parte de su contenido “ideológico” para convertirse en un método de explicación de la realidad que, aun utilizando viejas categorías heredadas, constituyó un valioso aporte sociológico para comprender mejor las sociedades modernas o posmodernas.

Pero vayamos a la cuestión principal que quería referir a mis lectores, y que como verán, enlaza perfectamente con la que se acaba de comentar: el papa Francisco fue preguntado sobre la licitud del sistema económico actual y sobre la globalización. Su respuesta no pudo ser más didáctica y certera, tanto desde el punto de vista evangélico como desde un punto de vista estrictamente humanista: el Papa sostuvo que los sistemas económicos actuales no son buenos y que hemos incurrido en el grave pecado de idolatría: de idolatría del dios Dinero. Comenzando por la premisa valorativa de que todo sistema económico debe tener en su centro al hombre -al hombre y la mujer, precisó-, el papa constató el apartamiento radical de los sistemas económicos actuales de esta premisa. Más aún, habló de economías idolátricas, en el sentido antedicho, cuyo funcionamiento operaba por descarte. Por descarte de las personas -de los seres humanos- que el sistema había decidido de antemano que ya no serían productivos. Y puso como ejemplos paradigmáticos -si bien no únicos-, el descarte, por abajo, de los jóvenes, a quienes se les negaba cualquier posibilidad de acceder a un empleo. Y, por arriba, a los mayores, considerados como improductivos, como clases pasivas, que debían ser desechados. Con ello, los sistemas idolátricos estaban condenándose a no tener futuro, pues el futuro de un sistema económico-social, explicó el Papa, se basa en la pujanza de los jóvenes, que pueden y quieren contribuir al desarrollo de sus sociedades, inspirados por la sabiduría de los mayores. Con ello -y esto ya es añadido mío, en el que tomo prestada una frase del magnate George Soros-, el sistema está en manos de treintañeros -hoy quizá más cuarentañeros- aprendices de economistas y especuladores que sólo piensan en ganar dinero. El Papa mostró una gran preocupación por el desempleo juvenil y, como siempre, muy lejos de cargar las tintas contra “jóvenes vagos e improductivos” -como acostumbran muchas veces a denominarlos las generaciones de sus padres, cuando no ciertos sectores de la Iglesia española, hoy minoritarios, al menos en su expresión-, tuvo la valentía de denunciar directamente al sistema económico en su propia estructura, del cual dijo que “no es bueno”. Y con respecto al fenómeno de la globalización, el Papa explicó magistralmente que existen dos tipos de globalización; una mala, a la que tendemos, que trata de igualar a todo el mundo según un canon economicista que no es otro que el del pensamiento único. El Pontífice quiso expresar gráficamente esta idea con la idea de una esfera, en la que todos los puntos de su superficie son equidistantes respecto de su centro. En este tipo de globalización, dijo el Papa, no hay lugar para la diversidad ni para las diferencias individuales, y se acaba anulando a la persona; es propia de los gobiernos totalitarios, pero no sólo, sino también de estas nuevas formas economías idolátricas que, realizando una verdadera adoración del dios Dinero, consideran a las personas como números, o como elementos fungibles carentes de valor. Frente a este modelo de globalización, el Papa considera que es posible una globalización positiva; repitiendo el paralelismo con la imagen, ésta se asemejaría más bien a un poliedro, donde todas las piezas están interconectadas, pero cada una conserva su singularidad y su particularidad individual en la comunidad. Precisamente como ocurre con el Misterio de la Santísima Trinidad a cuya imagen, como nos recordó el Pontífice en sus catequesis más recientes, fue hecho el hombre, donde las Tres Personas no anulan la común naturaleza divina, sino que la enriquecen a través de una comunicación constante basada en el Amor.

En cuanto a la actitud personal que el papa Francisco mostró en la entrevista, estuvo humilde, didáctico, parco, sencillo, comunicador y lleno de Dios. Como los primeros discípulos de Jesús.

Hasta aquí la información que he tratado de comunicar, como complemento, a mis lectores. Abajo, os incluyo un link con otros puntos de la entrevista:

 

http://www.cuatro.com/practica-cuatro/entrevista-papa-francisco_0_1812300167.html

 

Fdo. Pablo Guérez, PhD

 

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