TTIP Secret: Por favor, no molesten

octubre 13, 2014 § Deja un comentario


El hombre no gobierna hoy las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado lo gobiernan a él (José Mugica, Presidente de Uruguay)

 

Muchos ya lo sabíamos. Y no hicimos nada. Nos creimos consumidores antes que personas, como nos enseña la socióloga e historiadora Cris Martín Jiménez . Ahora, quizá, ya sea demasiado tarde para pararlo. Ya lo comenté en una entrada anterior en este blog publicada el 23 de junio de este mismo año, y que podéis encontrar en  http://pabloguerez.com/2014/06/23/tisa-el-nuevo-tratado-secreto-del-nuevo-orden-mundial/. En aquel momento la noticia sólo había aparecido en algunos medios de comunicación independientes de manera más o menos difusa, como Le monde diplomatique, por lo que he esperado a observar el devenir de los acontecimientos para volver a publicar de nuevo sobre el tema. Recientemente, rebuscando en la prensa independiente en el ciberespacio, he podido comprobar que tanto el diario.es (http://eldiario.es), junto a La Marea (http://www.lamarea.com) y Diagonal (https://diagonalperiodico.net/), han tenido acceso a una parte de los documentos secretos que sirven de base para la negociación del Tratado Transatlántico de Libre Comercio e Inversiones del TTIP (Transatlatic Trade and Investment Partnership), como se le conoce por sus siglas en inglés y que suponen, como he podido comprobar directamente y ha sido contrastar con fuentes fidedignas de eldiario.net, la oferta de servicios que Europa está dispuesta a negociar con Washington. El documento (https://data.awp.is/filtrala/2014/06/13/4.html), al parecer, ha llegado a través de Filtrala.org (https://flitrala.org), la herramienta e filtraciones anónimas en la que colaboran estos medios.

Según fuentes de eldiario.net, el acuerdo está en el punto de mira de organizaciones sociales y partidos de izquierda, ya que sus efectos pueden suponer en la práctica una mayor liberalización de decenas de sectores en la UE, que tiene en general una normativa más exigente que en EE UU, y abra la puerta a un mayor poder de las corporaciones, a las que se les concedería un papel protagonista como sujetos de Derecho público y privado, por encima de los derechos y de las reivindicaciones de los ciudadanos y de los consumidores, al mismo tiempo que prevé la liberalización casi absoluta de los servicios de sanidad y educación. Hasta aquí los hechos.

En este comentario reblogueado del excelente blog de “Amigos de la Tierra”, aunque quisiera profundizar en ello, me voy a abstener de realizar consideraciones de orden jurídico, como podrían ser, por ejemplo, la constatación de que el Tratado incumple las condiciones materiales mínimas para considerar su negociación constitucionalmente legítima y vulnera directamente los arts. 93 ss de la Constitución Española; mi renuncia a un análisis jurídico radica en mi aproximación epistemológica actual hacia lo jurídico. Y es que, en estas cuestiones, ya hace tiempo que, por encima de lo jurídico, está lo político, pero en la peor de sus facetas: la política antidemocrática y promotora de los intereses de unos pocos. En este sentido, el Derecho no es más que la expresión política de una voluntad política, y, por mucho que los juristas nos empeñemos en hacer valer en determinadas materias un consenso constituyente que parece roto de facto desde hace ya demasiado tiempo, el realismo jurídico acaba por imponerse, lo que equivale a decir, en su versión más radical, que el Derecho acaba siendo lo que los poderes fácticos quieren que sea.  En relación con la cuestión que nos ocupa, comenzaré diciendo que la voluntad política consiste en promover una liberalización del comercio en el contexto de una macroeconomía financiera globalizada sin preocuparse mucho de las consecuencias en orden a la falta de globalización de los derechos de los ciudadanos. Se trata de una voluntad presidida por el llamado “pensamiento único”, que detenta la hegemonía cultural, en términos gramscianos, de la industria política, económica y cultural de los tiempos que nos ha tocado padecer, especialmente a las personas “no acomodadas” de mi generación, tiempos que, en anteriores entradas he venido llamando “Post-postmodernidad”.

Sin embargo, a pesar de todo lo que nos están vendiendo desde el Poder para “dinamizar la economía”, “hacer frente a la crisis” o conseguir otros loables objetivos por parte del poder político, lo que está claro es que se necesita otro modelo de sociedad en el que redefinir las necesidades y plantearse seriamente las diferencias entre lo necesario y lo superfluo; un modelo de sociedad en el que las personas, y no el dinero o las corporaciones sean el centro de la cuestión económica. Lo contrario supone seguir manteniendo un sistema insostenible y cuya factura, como siempre, toca pagarla a los que menos tienen: los excluidos por el sistema económico-político de bienes y servicios de consumo. Pero una crítica frontal del consumismo es inseparable de una crítica del capitalismo y de sus raíces. Es necesario un sistema económico-político-social que ponga a las personas en primer luga, y realice lo mejor posible un reparto equitativo de la riqueza entre toda la población, sin caer en los errores de los modelos puros “liberal” -atribución al mercado de la distribución- o “socialista” -atribución al Estado burocrático de la competencia exclusiva para la distribución de la riqueza-. Buenos puntos de partida para el cambio, procedentes de tendencias ideólogicas históricas diferentes, pero encontradas, pueden ser el liberalismo igualitario de J. Rawls y su “Justice Theory”, de 1970; el estudio de la teoría y de la experiencia de las socialdemocracias nórdicas de los años 70′ a 90′ del pasado siglo; las enseñanzas económicas contenidas en el clásico del ecologismo político y social de Schumacher “Small is beautiful. A study of economics as if people mattered”, 1973; o el pensamiento económico de Amartya Sen y otros economistas de su línea. También el estudio de máximas de comportamiento económico que cabe deducir de muchas religiones, desde las versiones más progresistas de la doctrina social católica hasta algunas derivadas de las enseñanzas budistas, pueden aportar mucho a un correcto entendimiento del problema económico. Corren malos tiempos para estas aproximaciones teóricas. Pero las consecuencias imparables de la crisis y de las desigualdades sociales deberán ponernos a todos, tarde o temprano, en la encrucijada de “rehumanizar” la política económica como gestión razonable de las necesidades de todos, utilizando para ello las valiosas herramientas desarrolladas por la ciencia económica, como el “óptimo de Pareto” o la idea de “equilibrio de Nash”. Aquella parte de la economía basada en el prototipo del “homo oeconomicus”, guiado exclusivamente por su beneficio -definido, por cierto, de manera muy pobre- dista mucho de corresponderse con la realidad -salvo en la parte en la que ésta ha sido ya manipulada por el sistema que detenta la “hegemonía cultural” dominante-, y está cediendo en la actualidad, a pesar del silenciamiento ideológico promovocado por el pensamiento único en Política y Economía, a versiones más humanas de análisis del comportamiento económico, como la propuesta por el modelo que atiende, en lugar de al “homo oeconomicus”, al “homo reciprocans”, y todas las teorías que premian la cooperación. Porque en el fondo, de lo que se trata en la Política económica, es del análisis de las necesidades y de la distribución de los recursos. En este sentido, una política económica justa debe buscar el objetivo de satisfacer las necesidades básicas de todos y de no generar más desigualdad de aquella que sea necesaria y compatible, a su vez, con la garantía de la máxima libertad de todos en el ámbito económico. Puesto que la mayor parte de los bienes -aquellos cuyo valor es directamente expresado en dinero-, y salvo ciertos bienes compartidos, se presenta en un escenario, empleando el lenguaje de la teoría de juegos, de suma cero (lo que tú tienes yo no lo tengo), los criterios para la distribución o, en su caso, redistribución de la riqueza (típicamente, del dinero) deben responder a exigencias éticas que tengan en cuenta, para empezar, el destino universal de los bienes humanos, además de otros criterios relativos a la priorización de las necesidades de la población o el trabajo. La justificación del derecho exclusivo y excluyente de la propiedad debe estar cimentada en una Teoría de la Justicia que pueda fomentar la prosperidad que hasta ahora ha generado el mercado, pero de una manera sostenible y que resulte tolerable para la mayoría de la gente, lo que implica la proscripción de las desigualdades extremas y se traduce, en la práctica, en el deber de compromiso de la ciudadanía en la lucha contra la pobreza.

Fdo./Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD
@pabloguerez

 

PD.:  Os dejo un enlace a una conferencia reciente de José Mugica, Presidente de Uruguay, que da que pensar sobre esta cuestión: “Lo que era economía de mercado se ha convertido en sociedad de mercado (…) Los mercados nos gobiernan, hay que gobernar los mercados”: https://www.youtube.com/watch?v=n0J5sWIeMFM

TTIP SECRET. NO al Tratado de Troya

TTIP Secret: Por favor, no molesten

Desde junio de 2013, la Comisión Europea, el Gobierno estadounidense y los grandes lobbies empresariales se reúnen a espaldas de la sociedad para negociar las condiciones del Tratado de Comercio e Inversiones (TTIP), un nuevo caballo de troya que oculta una importante pérdida de derechos y que cambiará la vida de los ciudadanos europeos.

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TISA: El nuevo Tratado secreto del nuevo orden mundial.

junio 23, 2014 § 1 comentario


TISA: El nuevo Tratado secreto del nuevo orden mundial.

¿Será verdad? No me extrañaría. Mis lectores saben que nunca he sido muy partidario del conspiracionismo ni del sensacionalismo baratos, aunque sí de la curiosidad científica e investigadora, de la prensa crítica e independiente y de determinados contenidos que, por su recurrencia, parecen tener al menos cierta verosimilitud, anunciados por los partidarios de la inminente llegada de un distópico “nuevo orden mundial”, sostenido por opacas instituciones como el Club Bilderberg y de sus opciones ideológicas a favor de la desregulación financiera. La coyuntura actual de crisis internacional y de situación de “guerra económica”, dominada por la hegemonía cultural del pensamiento único, hace plausible la firma de un tratado de este estilo. No se trata sino de seguir la línea ultraliberal de los instrumentos internacionales de “liberalización del comercio” tipo GATT, OMC, en favor no sólo de sustraer el control del comercio internacional de las grandes corporaciones a los organismos democráticos de los Estados o a organismos políticos supranacionales de integración regional -como la Unión Europea- o mundial -como Naciones Unidas-, con cierta legitimidad democrática o moral, siquiera “representativa” o indirecta, sino al propio Derecho y a los Tribunales tradicionales de los Estados-Nación, entregando las disputas que genere el “autocontrol” del comercio mundial corporativo a la ya existente lex mercatoria -el Derecho mercantil transnacional de facto aplicado por las grandes corporaciones no sólo en sus relaciones, sino en las relaciones con los Estados, de manera similar a lo que las entidades  financieras aplican a sus ciudadanos con sus contratos de adhesión, algunos de ellos contrarios a la legislación vigente,  y que sin embago son dados por válidos por la práctica judicial y arbitral de los Estados constitucionales- y a instituciones arbitrales patentemente antidemocráticas. La evolución del poder de las grandes corporaciones y el debilitamiento de los Estados-Nación, de las organizaciones supranacionales clásicas y de su control democrático por parte los ciudadanos es un hecho patente, y no es de extrañar que conduzca a escenarios como los que se pueden presentar tras la firma del Tratado mencionado; de acuerdo con lo afirmado anteriormente sobre el poder de las corporaciones y de la lex mercatoria, así como con las constantes demandas de “flexibilidad” y desregulación económica que las corporaciones dirigen a los Gobiernos, con el Tratado la situación de preeminencia de aquéllas que se da en la actualidad de facto pasaría a una situación de iure, que comprometería, a mi modo de ver, la propia concepción del  Derecho positivo, tanto nacional como internacional. Éste pasaría de ser la expresión jurídica -en forma de un sistema de premisas y argumentos estandarizados- de una voluntad política muy influida por las élites económicas (lo que es el Derecho en la actualidad,  a mi juicio), a la expresión directa de la voluntad económica corporativa, sin legitimidad de ningún tipo, al menos desde mis principios de filosofía moral y política, que coinciden con la tradición política democráctica occidental basada en la idea -hoy ficción- del contrato social.

La información que posteo en el  enlace de arriba ha sido contrastada con otras fuentes de periodismo “no oficialista”, incluyendo un artículo aparecido la semana pasada en el periódico francés Le Monde Diplomatique del 20 de junio, sobre la firma secreta de un Gran Tratado Transatlántico. Por si alguien tuviera dudas al respecto, os dejo el enlace de su edición digital: http://www.monde-diplomatique.fr/dossier/GMT. Dios nos salve del triunfo del llamado “nuevo orden mundial” y del renacimiento del becerro de oro, si es que existe tal y como lo conciben los partidarios de las teorías conspiracionistas que vienen alertando sobre el mismo desde los inicios del siglo pasado. O tal vez estemos ahora ante los últimos tiempos de la Historia de la Humanidad, pero de verdad, no como dijera Fukuyama; es decir, y aunque me tachen de loco, los tiempos preconizados por el Apocalipsis: la llegada de la bestia -que es un poder político, según una buena exégesis neotestamentaria-, en cuya cabeza estaría el Anticristo -un personaje político contrario a todos los valores representados por la Cristiandad- y todos los males anunciados por el último Libro de la Biblia. Aunque los cristianos sabemos que al final la historia acaba bien, para aquellos que no se doblegan a las servidumbres del mundo, representado hoy por la tiranía del dios Dinero legitimado por el pensamiento único de la economía oficial, convertida en ciencia omnicomprensiva y explicativa del todo.

En cualquier caso, vosotros juzgaréis. Pero por mi parte, que Dios nos pille confesados.

 

Fdo./Signed by: Pablo Guérez, PhD

@pabloguerez

 

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