A few words about the last Senate’s CIA torture report in the US

diciembre 10, 2014 § 2 comentarios


Dedicated to Professors Carmen Almendros, PhD; Raquel Benito, LLM; Carlos Ezama, PhBch; Liborio Hierro, PhD; Juan Antonio Lascuraín, Phd; Blanca Mendoza, PhD; Fernando Molina, Phd; Enrique Peñaranda, PhD; Evaristo Prieto, PhD; Carmen Tomás-Valiente, PhD, and many other Masters, that teached me the reasons why the torture never must be justified.

To all men and women of goodwill, included a few workers of Intelligence Agencies

Info:

http://www.theguardian.com/us-news/2014/dec/08/cia-torture-report-release-date-nears

Official reactions: http://www.theguardian.com/us-news/2014/dec/09/americas-politicians-activists-reacted-senates-cia-torture-report-twitter

Link to my comment on theguardian.com (it reproduces this post): http://discussion.theguardian.com/comment-permalink/44785592

Document in pdf (for discharge see below the conditions of the CC License) About US Senate’s CIA Torture Report

STOP AMERICAN TORTURE!

STOP AMERICAN TORTURE! STOP CIA TORTURE!

 

Dear Srs. responsible of tortures at your respective level of command, civil and militar authorities:

Only your conscience knows or will know what you have done or permitted, even with good intentions. This is just my brief and humble opinion on the state of the question, just published yesterday on https://www.facebook.com/pablo.guerez?fref=nf&pnref=story.

Nothing, absolutely nothing, justifies torture aginst any human been inflicted by the State, and less in a democratic Nation.

Premature Nobel Peace Prize Barack Obama must take his responsibility, even objectively or by omission, before their national courts and the international community.

Some people will think I am an “idealist”, or an “antiamerican”, just for express my opinion in a several matter, according to the 1st Amendment of the Constitution of the United States of America.

I do not care. I prefer to be the subject of accusations of the new McCarthyism based in the Patriot Acts post 9/11 than be the subject of accusation of support of the torture as a normal State mechanism, or supporter of the omission of his complaint. So no war against ISIS, no war against domestic or external enemies, no menace, is to important four your Nation, and for the community of democratic Nations, to loose the faith in the human rights and human dignity.

Only for this reason, President Obama, President of the United States, you have me deeply disappointed not only me, but a huge part of your American voters and supporters all over the world. Not only because I trusted you as US President, but because I know the world when I live and I konw you are formally the most powerful man on the earth.

Fortunately, in a democratic Nation like the United States, these things sooner or later come to be known. And even judged. No one is privileged regarding these crimes as in the twentieth century. No one, I repeat, no one, can claim the right to torture anyone as a State reppresentant. Even, as indicated, among others, Prof. Fernando Molina, Phd, Autonomous University of Madrid, in tragic cases like “nuclear ticking bomb” scenes (cfr. Molina, Estado de Necesidad y Justificación Penal: ¿es lícita la tortura en situaciones extremas?: 2009). The UN Convention against Torture, which in the opinion of many internationalists, is about to be considered “ius cogens”, is clear at this point. In Spain, our Constitution is sharp in the case of torture, as established in art. 15: “In no case be justified torture”.

With best regards,

Singned by: Pablo Guérez Tricarico, Phd, Spain

Ex Professor of Criminal Law of the Autonomous Univeristy of Madrid

Member of the “think tank” Institut of Forensic and Security Sciences of the Autonomous University of Madrid (ICSA-UAM).

 

Creative Commons License
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17 de octubre: Día internacional para la erradicación de la pobreza

octubre 17, 2014 § Deja un comentario


Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza – 17 de octubre

«En el día de hoy, nos comprometemos una vez más a pensar, tomar decisiones y actuar unidos contra la pobreza extrema, y a forjar planes para un mundo donde nadie quede postergado. Nuestro objetivo debe ser la prosperidad para todos, no solo para unos cuantos».

(Del Mensaje del Secretario General, Ban Ki-moon,
con motivo del Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza
17 de octubre).

EDITORIAL

El 17 de octubres es el Día internacional para la erradicación de la pobreza en el mundo, oficialmente establecido por Naciones Unidas. Los acuerdos y protocolos de Kyoto sobre crecimiento y desarrollo sostenible, los objetivos de reducción de la pobreza de la Ronda del Milenio y varias decenas de instrumentos normativos internacionales en torno a la lucha con la pobreza siguen sin cumplirse. Las propuestas de Naciones Unidas para lograr la “pobreza cero” en 2025,  a pesar de las buenas intenciones recogidas en el papel y de la voluntad de colaboración con gobiernos de distinto signo, distan demasiado de cumplir siquiera una ínfima parte de su objetivo para cualquier espectador mínimamente inteligente y neutral que se detenga a contemplar la situación económica mundial en la actualidad. En estos momentos, ahora, según datos de la conservadora y ortodoxa institución Banco Mundial, más de 2500 millones de personas malviven bajo el umbral de la pobreza, medida según el doble rasero de los cánones occidentales para los países pobres (es decir, se considera pobres a las personas que “viven” con menos de 2 dólares por día, lo que el mencionado organismo político y económico estima suficiente para adquirir productos de primera necesidad al precio que estos tienen en los países más pobres; de manera similar, se considera en situación de “pobreza extrema” a aquellas personas que subsisten con menos de 1,25 dólares por día), y la mayoría de ellas se encuentran en situación de pobreza extrema y marginación social. Dicha definición, por insultante, no puede ser aceptada, pues deja fuera del concepto de “pobreza” a una multiud ingente de personas que realmente no viven con lo necesario, sencillamente porque la cantidad de poder adquisitivo de que disponen es con mucho inferior a los precios reales de los bienes de consumo de primera necesidad, tal y como otros los entendemos. Un entendimiento tan riguroso de la pobreza por parte de los máximos organismos de Naciones Unidas, con arreglo a los cánones someramente explicados explicaría el optimismo en torno a los objetivos fijados por los puntos contra la erradicación de la pobreza por la Ronda del Milenio para 2025,  en el marco de un discurso neoliberal en el que hallan cabida declaraciones macroeconómicas falsas del estilo de que la pobreza extrema global agregada habría disminuido del 50 al 26 % por ciento en los últimos treinta años (fuente: Banco Mundial, 2013). Pues bien: Desde el punto de vista que auí sostengo, apoyado por organizaciones humanitarias independientes y por economistas desgraciadamente minoritarios pero de la talla moral como James Tobin, Paul Krugman o Amartya Sen, todos Premios Nobel de Economía, considero que tales declaraciones resultan sencillamente insultante para las personas que tienen que padecer no sólo su trágica situación de deprivación de los bienes materiales más básicos, sino la falta de condena por las autoridades supranacionales de verdaderas causas fundamentales de la pobreza que tienen su origen en los mercados secundarios de materias primas occidentales, como el Londres o el de Nueva York, y que sonnegadas sistemáticamente por las instituciones de Bretton Woods, con la complicidad de otros organismos humanitarios de la familia de Naciones Unidas. En esta línea, organizaciones como Intermon Oxfam, entre otras, con arreglo a criterios más realistas y, sobre todo, más humanos, estiman la pobreza global en torno 3000 millones de personas, casi la mitad de la población mundial, según los cálculos más “optimistas”. Por otra parte, la brecha Norte-Sur se ha ampliado cada vez más. En feliz, pero trágica expresión del economista Joaquín Estefanía, vivimos en un mundo de “globalización mutilada”, en el que a muchas personas no llegan los beneficios de la globalización, aunque sí sus servidumbres.  En ocasiones eso ha sucedido con continentes enteros, refiriéndose el mencionado autor a África (La nueva economía: la globalización, 2003). En este sentido, en una nota de prensa de la ortodoxa y conservadora institución Banco Mundial publicada el 17 de abril del año pasado por “The Washington Post”, dicha institución reconoció que hay “1200 millones de personas que viven en la pobreza extrema, y pese a los avances impresionantes logrados en los últimos tiempos, en África al sur del Sáhara siguen viviendo más de las dos terceras partes de las personas en situación de pobreza extrema del mundo”.

POST SOBRE LA POBREZA EN EL MUNDO 

A la memoria de San Daniele Comboni, en la Gloria de Dios

Africa o morte (San Daniele Comboni)

No es más feliz el que más tiene, sino quien menos necesita (Proverbio panindio, probablemente, hacia 600 a.C.) 

“(…) plagas provocadas por ese antivalor, ése que sostiene que somos más felices sin nos enriquecemos, sea como sea. Hemos sacrificado los viejos dioses inmateriales y ocupamos el templo con el dios Mercado. Él nos organiza la economía, la política, los hábitos, la vida… y hasta nos financia cuotas y tarjetas de apariencia de felicidad. Parecería que hemos nacido sólo para consumir, y consumir. Y cuando no podemos cargamos con la frustración, la pobreza, y hasta la autoexclusión. Lo cierto, lo cierto hoy, que para gastar y enterrar los detritos en eso que se llama la huella de carbono por la ciencia, si aspiráramos en esta Humanidad a consumir como un americano medio o promedio, son imprescrindibles tres planetas para poder vivir. Es decir: nuestra civilización montó un desafío mentiroso, y así como vamos no es posible para todos colmar ese sentido de despilfarro que se le ha dado a la vida, que en los hechos está masificando como una cultura a nuestra época siempre dirigida por la acumulación y el mercado. Prometemos una vida de derroche y despilfarro. En el fondo constituye una cuenta regresiva contra la naturaleza y contra la Humanidad como futuro, civilización contra sencillez, contra la sobriedad, contra todos los ciclos naturales, pero peor, civilización contra la libertad que supone tener tiempo para vivir las relaciones humanas, lo único trascendente, amor, amistad, aventura, solidaridad, familia. Civilización contra el tiempo libre, que no paga, que no se compra, y que nos permite contemplar y escudriñar el escenario de la Naturaleza (…) Es posible arracar de cuajo toda la indigencia del Planeta (…) ¡Piensen que la vida es un milagro: que estamos vivos por milagro ¡Y no hay nada que valga más que la vida! Y que nuestro deber biológico es por encima de todas las cosas respetar a la vida e impulsarla, cuidarla, procrearla, y entender que la especie es nuestro nosotros. Gracias”.

(Discurso de José Mugica, Presidente de la República del Uruguay, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, 2014;  la negrita, así como la selección de los párrafos del discurso, son míos; recomiendo el visionado del discurso íntegro en el link que posteo al final)

Advertencia: algunas de las siguientes imágenes pueden herir la sensibilidad del lector:

Africa_pobreza   pobreza3173    20130725_melilla  muchos euros  B0J44ptCQAAZGSE

La pobreza extrema, la miseria, que lleva a la degradación física y moral a unos 3.000 millones de personas en este Planeta, más de la mitad de la población mundial, según datos de organizaciones humanitarias independientes, entre las que se Encuentran Intermón Oxfam y Acción contra el Hambre, es uno de los mayores azotes de la Humanidad y la peor de sus plagas. Es, a su vez, la génesis de otras, como muchos conflictos bélicos y enfermedades que podrían evitarse con una mejor distribución de los recursos. El sencillo lema de una organización como Cáritas española, “vive sencillamente, para que otros, sencillamente, puedan vivir”, no significa una austeridad impuesta y castradora, sino simplemente una vida decorosa que resulte compatible, en la medida de lo posible, con una adecuada distribución de las riquezas y, simbólicamente, del dinero, como unidad de medida cuyo valor real en cuanto realidad social construida por el hombre, y que no puede agotarse en su valor meramente financiero, deberemos replantearnos si pretendemos caminar hacia un mundo más justo o, simplemente, justo. Porque está claro que el mundo en el que vivimos no lo es, y mucha responsabilidad de ello recae sobre el modelo de producción y distribución de bienes y servicios del actual estadio del sistema capitalista, y en el modelo de consumo, íntimamente ligado al primero. Estos modelos deben ser urgentemente revisados, si no queremos perder la batalla contra la pobreza. Lo cual nos lleva a abrir el debate sobre las necesidades reales de la población, aquellas que hay que garantizar a todas las personas, y aquellas otras que consideramos superfluas, y buscar el consenso social y político necesario para lograr un reparto equitativo de las riquezas; un reparto que, para ser verdaderamente justo y equitativo, sólo podrá estar basado -o al menos muy principalmente- en criterios humanistas, como la atención a las personas en primer lugar, lo que equivale a decir la atención las necesidades verdaderamente humanas. Lo cierto es que toda la población mundial clama al cielo me conduce a considerar que ni el mercado como único productor-distribuidor, ni el Estado socialista con su aparato burocrático y su monopolio de los medios de producción, llevan a soluciones justas en el reparto de los bienes. Hace falta más sentido común y sensatez en la macrociencia que se ha dado en llamar Economía y ha venido a usurpar campos que no le corresponden, como el de la política, y que no es -o no debería ser- otra cosa que la técnica que estudia el reparto de bienes que, por su propia naturaleza y por sus propios ciclos de replicación natural, son escasos. Una economía verdaderamente “de rostro humano” debería conducirnos a pensar que otro modelo de producción de bienes, así como otro modelo de consumo, es posible. Que, dicho en el lenguaje “de la gente de la calle”, aquí, en el Primer Mundo, tal vez no necesitemos tener dos coches, dos casas, cuatro teléfonos móviles o dieciocho trajes, además de comida caducada en el frigorífico. Lo que te sobre, dáselo a tu prójimo. Pero estamos tan ciegos que a veces no conocemos ni el sentido de la expresión “sobrante”, ni el de la expresión “prójimo”, o simplemente “gente”, que no debe ser comprada, aunque en la realidad sea objeto de comercio, como prácticamente todo. Tal ha sido el logro de la economía capitalista pura basada en el espíritu y la ética protestante.  Y, por otra parte, nosotros tal vez necesitemos escuchar más las necesidades de la gente, tanto de nuestro entorno, como de aquella que, por haber tenido la azarosa desgracia de haber nacido por debajo de un determinado paralelo, no tiene lo necesario para vivir. Y muchas veces, por nuestra culpa, no dejamos que se la escuche. Hasta que llama a nuestra puerta con sus ropajes ensangrentados por nuestras vallas, por nuestros muros de la vergüenza.

Fdo. Dr. Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

Enlace a la página de Naciones Unidas sobre el 17-O: http://www.un.org/es/events/povertyday/

 

Sobre las verdaderas causas de la pobreza podría escribir un artículo académico, inadecuado para este formato. No descarto sin embargo escribir algo al respecto en el futuro. De momento, os dejo el enlace al

Histórico discurso de José Mujica En la ONU contra el orden mundial 2014 (FULL HD):

 

El discurso tiene mucho que ver con las reflexiones sobre las necesidades que habéis podido leerme en éste y en anteriores blogs, y que, a mi juicio, contribuyen a arrojar mucha luz sobre las verdaderas causas de la pobreza, y, en consecuencia, a conseguir las herramientas adecuadas para su erradicación desde su verdadera raíz, la cual, como en todos los fenómenos complejos, es multifactorial, pero puede ser interpretada de acuerdo con pustos de vista más o menos acertados. El que propongo es que, a mi juicio, mejor se ajusta a la descripción del problema y, en este sentido, hago mías las declaraciones del presidente de la República del Uruguay José Mugica. Después de escuchar el discurso, os hago una propuesta de lectura de un clásico del ecologismo político humanista: “Lo pequeño es hermoso”, de Schumacher, de 1973, y que resulta de máxima utilidad. Está disponible para su descarga en la web. Amparándome en el derecho de cita, os dejo uno de los links: http://archivolibre.com.ar/lacocovilla/Permacultura/(CARPETA)%20Filosofia%20permacultural/lo%20peque%F1o%20es%20hermoso.pdf

 

Canción de Juan Luis Guerra, uno de los cantautores comprometidos económicamente ayer en el Día contra la pobreza: https://www.youtube.com/watch?v=XZOLOggfWp0

 

CC0: Results//

CC0
To the extent possible under law, Dr. Pablo Guérez Tricarico has waived all copyright and related or neighboring rights, with the exception of the images posted, to 17 de octubre: Día internacional para la erradicación de la pobreza. This work is published from: España.

 A.M.D.G.

Un relato estremecedor sobre los conflictos olvidados por Occidente con final feliz

mayo 28, 2014 § Deja un comentario


Un relato estremecedor sobre los conflictos olvidados por Occidente con final feliz

Breve comentario: Mientras nosotros, los occidentales habitantes de una Europa y de unos Estados Unidos decadentes, nos miramos el ombligo y nos quejamos de “la crisis” -y hasta aquí yo me incluyo-, aceptando todo tipo de recetas malignas del FMI y demás maestros de la sumisión, no nos damos cuenta de nuestra responsabilidad histórica para con el continente africano, condenado a sufrir conflictos despiadados y luchas tribales mientras nosotros ponemos precio a las vidas de sus habitantes a uno y a otro lado de la frontera Norte-Sur. En el Sur, alterando los precios de las materias primas en nuestros famosos “mercados” en nombre de los cuales debe girar cualquier ayuda al desarrollo por parte de las instituciones de Bretton Woods, y pecando de omisión tanto en cooperación al desarrollo -base para construir sociedades cohesionadas que vivan en paz-, como en la autorización y puesta en marcha de operaciones de mantenimiento de la paz (peacekeeping operations), en un momento histórico en el que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas está más preocupado por mantener a raya el déficit público mundial que en autorizar intervenciones de “injerencia humanitaria”, en favor de cuya legitimidad deseo posicionarme públicamente frente a una mal entendida concepción del multiculturalismo. Y en el Norte, reforzando con cuchillas asesinas y muros de la vergüenza una Europa y un mundo occidental que ha perdido buena parte de sus valores humanistas y cristianos a costa de su obsesión por el dominio de la Economía como ciencia de la acumulación de dinero en manos de unos pocos.

Fdo.: Pablo Guérez Tricarico, PhD

@pabloguerez

 

¿Hasta cuándo?

mayo 28, 2014 § Deja un comentario


¿Hasta cuándo?

 

Un grupo de inmigrantes tras entrar en Melilla. | Efe

 

How many roads must a man walk down
Before you call him a man
How many seas must a white dove sail
Before she sleeps in the sand
How many times must the cannonballs fly
Before they are forever banned

The answer, my friend, is blowing in the wind
The answer is blowing in the wind

How many years can a mountain exist
Before it is washed to the sea
How many years can some people exist
Before they’re allowed to be free
How many times can a man turn his head
And pretend that he just doesn’t see

The answer, my friend, is blowing in the wind
The answer is blowing in the wind

How many times must a man look up
Before he can see the sky
How many ears must one man have
Before he can hear people cry
How many deaths will it take
Till he knows
That too many people have died

The answer, my friend, is blowing in the wind
The answer is blowing in the wind

Bob Dylan – Blowing in the wind

Cuántos caminos debe recorrer un hombre,
antes de que le llames “hombre”
Cuántos mares debe surcar una blanca paloma,
antes de dormir en la arena.
Cuántas veces deben volar las balas de cañón,
antes de ser prohibidas para siempre.

La respuesta, amigo mío, está flotando (silbando) en el viento,
la respuesta está flotando en el viento.

Cuántos años puede existir una montaña,
antes de que sea lavada (arrasada) por el mar.
Cuántos años pueden vivir algunos,
antes de que se les permita ser libres.
Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza,
y fingir que simplemente no lo ha visto.

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
La respuesta está flotando en el viento.

Cuántas veces debe un hombre levantar la vista,
antes de poder ver el cielo.
Cuántas orejas debe tener un hombre,
antes de poder oír a la gente llorar.
Cuántas muertes serán necesarias,
antes de que él se de cuenta,
de que ha muerto demasiada gente.

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
La respuesta está flotando en el viento.

Bob Dylan – Blowing in the wind – Flotando en el viento

Epílogo personal: No hace muchos años pertenecí como voluntario y militante de una pequeña organización -que podríamos definir como una ONG-, ya desaparecida a causa de los recortes de los gobiernos neoliberales del PSOE y del PP, en defensa de los derechos de los refugiados, asilados e inmigrantes en el Estado Español, llamada COMRADE, y presidida durante mucho tiempo por un buen amigo y compañero al que le he perdido la pista, Rafael Polo Guardo. Hasta llegué a formar parte de su Junta Directiva, cuyos miembros, por cierto, no cobrábamos un duro según los Estatutos de la Asociación (ni siquiera los 1900 euros que dicen que van a cobrar, limitándose el sueldo, los recién elegidos europarlamentarios de PODEMOS). El  tiempo que permanecí en dicha Asociación, cuya labor siempre estimé encomiable, tanto de sus trabajadores como de sus volutarios, me brindó más sufrimientos que satisfacciones, sufrimientos que culminaron con mi dimisión de la Junta Directiva de la Asociación. Sólo el factor humano del trato con los voluntarios, los trabajadores y los inmigrantes sin papeles, a los que asesoré jurídicamente durante mi voluntariado de asistencia en el Servicio jurídico de dicha Asociación, pudieron darme algo de satisfacción. Sobre todo al contemplar la miseria y la serenidad con la que algunos inmigrantes en situación irregular y con los problemas que ello conlleva, sumados a problemas comunes de todo tipo -conflictividad familiar, maltratos de la pareja, violencia doméstica, consecuencias de la usura bancaria-, pudo darme algo de satisfacción, así como de autoridad moral para enfrentarme a una sociedad enferma como la nuestra que, incluso en sus tiempos de bonanza, no supo digerir adecuada y dignamente -y sigue sin poder hacerlo- las consecuencias sociales del fenómeno migratorio en nuestro país. Yo tenía un sueldo indigno para mi puesto y con perspectivas de no tener ninguno, como yo ahora, pero ellos no tenían nada -en sentido material-, más que a sus familias y el consuelo de sus creencias religiosas o morales. Es verdad que está escrito. “No sólo de pan vive el hombre” (Mt 4, 3-4), pero yo destacaría la palabra “sólo”. También está escrito, en el mismo Evangelio: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me diste de beber” (Mt 23, 35). Y San Pablo afirma: “El obrero merece su salario” (1 Tim 5, 18). Por no olvidar pasajes del Antiguo Testamento como éste del Libro del Deuteronomio: No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te rescató el Señor, tu Dios” (Dt 24, 17).  Sólo por el conocimiento de aquellas personas, aquella participación en el proyecto colectivo de COMRADE fue una experiencia enriquecedora, sobre la que en varias ocasiones me he planteado volver “en el frente”, es decir, con mi presencia directa en organizaciones humanitarias que actúen en los cínicamente llamados países en vías de desarrollo.

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la Tierra (Salmo 103)

  Fdo.: Pablo Guérez Tricarico, PhD

  @pabloguerez

CRIMEA: MAY WE TOLLERATE ANOTHER WAR IN THE HEART OF EUROPE?

marzo 2, 2014 § 1 comentario


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A estas alturas de la película, el ataque perpetrado por las tropas rusas en la Región Autónoma de Crimea, y su “ocupación temporal”, es ya un hecho consumado. Aprovechando la gran presencia militar de bases rusas en la península ucraniana, su despliegue se ha multiplicado tanto como para que haya sido considerado por las autoridades ucranianas, y, en concreto, por su Presidente actual, Arseni Yatseniuk, que, de hecho, tras la dimisión de Yanukóvich, detenta la representación exterior de un Estado soberano y candidato a la anexión a la Unión Europea, una auténtica declaración de guerra.

Hace unos días advertí, si bien “by the way” o de pasada, sobre el peligro de una falta de posición clara de la Unión Europea sobre este asunto, aparentemente tan lejano e inocuo para “nuestros” intereses occidentales. Una Unión Europea -entonces Comunidades Europeas-, que surgieron en la década de los años 50 del pasado siglo precisamente para impedir que volviera a haber enfrentamientos en el viejo continente; al menos, en la parte perteneciente al entonces denominado “mundo libre”, en el lenguaje de la Guerra Fría, ya que la Unión Soviética y su poderoso Pacto de Varsovia impedían cualquier acción en ese sentido en el otro lado del telón de acero, sofocando, en nombre del llamado “Derecho internacional socialista”, cualquier tímida revuelta popular legítima que tuviera como objeto, simplemente, “humanizar” aquellos regímenes (como la primavera de Praga con el Gobierno de Dubçec en 1968). Después de la Guerra Fría, de la caída del Muro y de la Unión Soviética, y con la implantación de lo que se ha venido en llamar “nuevo orden mundial”, la ampliación de la Unión Europea a los 27 en el año 2007 (con dicha ampliación entraban en la UE como miembros “de pleno derecho” Bulgaria y Rumanía,  al tiempo que se propiciaban las negociaciones para ampliar la anexión a la Unión Europea a todos aquellos países que, una vez pasado un filtro económico y organizativo muy bajo, estuvieran ya incorporados al Consejo de Europa -en la actualidad, son miembros de pleno derecho todos, incluso algunos países no europeos, salvo Bielorrusia y el Vaticano;  este último tiene en esta organización el status de observador permanente cualificado, el mismo que tiene la Santa Sede en la ONU), constituyó para algunos un gesto de apertura política de gran magnanimidad, en el que, en parte -y al menos en la visión de futuro de algunos políticos de buena voluntad-, primó el interés político de contribuir a la democratización de antiguos países “satélites” de la Unión Europea, sin ocultar que con ello, pero de modo complementario, se estaba haciendo el juego a los euroescépticos que preferían un panorama bien distinto, bien lejos de la integración. Estos últimos abogaban por una estrategia política más o menos velada, que habría de contribuir a la deslocalización de muchas empresas de la “vieja Europa” y a abrir los mercados de los nuevos países a los países occidentales. Con ello, se abría de un modo muy sutil la posibilidad de “abrir el melón” sobre el problema de una Europa “a tres velocidades” (la primera: la de Alemania, Francia, el Reino Unido, Italia y el Benelux; la segunda: la de los llamados PIGS o la Europa mediterránea con la exclusión de Francia, la indiferencia hacia Malta y Chipre y la inclusión de Irlanda; y la tercera, la de las ex-repúblicas soviéticas, los países bálticos y Eslovenia). Aunque la mayor apertura hacia los países del Este se produjo con la anexión hacia la Europa de los 25, el 1 de enero de 2004, ampliación que exigió una profunda revisión de los Tratados y del peso político de cada Estado en las variadas instituciones de la Unión Europea, así como la toma de conciencia de las grandes diferencias entre los distintos países que por aquel entonces ya componían la Unión Europea, lo que redundó en una renuncia progresiva a la armonización y a la utilización quizá excesiva de los mecanismos de cooperación reforzada, muchas veces utilizados sin pensar en el interés común de la Unión, sino únicamente en los intereses de los Estados que los suscribieron. 

Tras la crisis económica mundial de otoño de 2007, en el momento actual, la Unión Europea arrastra una crisis de legitimidad democrática no ya de origen, que yo creo que es endémica, pese a las tímidas reformas a favor de procedimientos de codecisión que implican la mayor presencia de la Unión Europea operadas precisamente en el Tratado de la Unión Europea (TUE), más conocido como Tratado de Maastricht, a cambio de renunciar hábilmente a que este proceso semidemocrático se diera en las cuestiones centrales en las cuales los Estados debían ceder soberanía (lo habéis adivinado: lo económico y financiero, incluida la política monetaria de la UE, que desde su creación pasaría a ser dictada por los “sabios” economistas -o ecónomos- del Banco Central Europeo). Precisamente por estas cesiones, y por la incapacidad del sistema de instituciones de la UE para hacer frente a los problemas reales de los ciudadanos, la Unión pasa ahora también por una crisis de legitimidad de ejercicio. Los señores Draghi y Barroso, títeres del gran mercado que domina el entamado burocrático-financiero de la Unión, no son más que hombres -si realmente merecen tal calificativo- de paja, títeres movidos por el hilo de la maraña burocrático-financiera que se ha apoderado de la Unión. Por eso no debemos extrañarnos que no haya habido ninguna declaración seria de ninguno de los máximos responsables de los variopintos órganos o instituciones de la UE en relación con los “hechos” sucedidos y que se siguen sucediendo en Crimea. Los Estados Unidos, a través de su Secretario de Estado de Asuntos Exteriores, John Kerry, ha anunciado, además de un bloqueo económico a Rusia si sigue por el camino de una invasión encubierta, la posibilidad de estudiar la retirada de Rusia del G8. Pero los europeos de los países “ricos”… ¿debemos esperar una vez más a que sean los americanos los que nos saquen las castañas del fuego cuando el “conflicto bélico” de pequeños Estados de nuestro continente nos salpique, o sacuda a nuestra opinión pública como para que los representantes políticos deban tomar medidas? ¿Como en la guerra de Yugoslavia? Sinceramente, y ojalá me equivoque, estamos en una situación cuyas repercusiones pueden ser mucho mayores. No es cuestión de ser sensacionalista comenzando por decir la verdad, y es que ambos Estados en contienda tienen armas nucleares. El hecho es que una de las partes, la parte atacante, es nada más y nada menos que la Federación Rusa, sucesora de la extinta Unión Soviética. Y la presencia militar rusa, si bien muy mermada y ya no comparable a la de la antigua URSS, “no da tanto miedo”, supone la intromisión ilegítima de un Estado cuyo peso político y militar, aun a día de hoy, no puede ser desconocido. Comenzando por su puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo que vetaría cualquier operación de “peacekeeping” de la ONU, normalmente liderado por los Estados Unidos. Así las cosas… ¿Qué podemos hacer? Desde mi punto de vista, varias cosas, pero no es cuestión de desarrollaras aquí. Y todas tienen en común una cosa. La imperiosa necesidad de tener que pasar del análisis de la realidad a la acción, como diría el propio Karl Marx. Deben reformarse tanto las instituciones de la Unión Europea como de Naciones Unidas; entre éstas, fundamentalmente, la única institución con poder decisorio legítimo según el Derecho internacional público, pues está diseñada para un mundo, el de la posguerra fría, en el cual ya no vivimos. Y su reforma es necesaria para dotar de mayor coactividad a las decisiones de Naciones Unidas; para vencer, con la fuerza de los argumentos y de la razón, a los partidarios del respeto al multiculturalismo más extremista y de la no intervención, y dotar a las instituciones de las Naciones Unidas de un instrumento eficaz para ejercer el derecho humanitario de injerencia, a mi juicio legítimo. Otra cosa es la discusión sobre quién y con qué límites podrá ejercerlo legítimamente. Pero una cosa es cierta: tanto los detractores -entre los que me incluyo- junto con los partidarios del constructivismo multicultural. Permítanme mis lectores un breve excurso sobre esta clase de personajes, que pueden decir lo que dicen precisamente porque viven en un Estado que no permite todo, pero sí que permite -es más, la considera como una libertad central-, la libertad de expresión. Entre éstos -los cuales, sin duda, se han aprovechado de los famosos “dividendos de la paz” que los Estados Unidos repartió generosamente a Europa a lo largo del pasado siglo -lo que permitió precisamente la construcción de Estados del Bienestar modélicos, y ha pasado a cobrarse hace unas décadas, se cuentan los que permiten, e incluso argumentan filosóficomoralmente la licitud de la ablación de clítoris, por ejemplo, en aras a la soberanía de un Estado no democrático, cuando no muchas veces fallido, para en el fondo denegar el derecho de injerencia humanitaria, mientras no dudan severamente en penalizarla cuando es practicada dentro del “concierto de las Naciones civilizadas”, expresión que hemos tenido que leer, los que procedemos del Primer Mundo, muchas veces con sonrojo, en las decisiones judiciales de la Audiencia Nacional, del Tribunal Supremo e incluso en alguna Sentencia de nuestro Tribunal Constitucional español: ¡hipócritas!

Pero volviendo a Crimea: la partida a nivel geopolítico debe jugarse con inteligencia. La “ocupación temporal” -por cierto, siempre he desconfiado de las situaciones lesivas e reductoras de derechos temporales, las cuales tienden a ser permanentes- a pesar de Crimea más bien me suena a una acción táctica que pretenda la ocupación indefinida de un territorio clave para hacerse con todo o parte del territorio ucraniano, o para forzar un acuerdo con Ucrania favorable a Rusia, en el sentido, por ejemplo, de que ésta renuncie a integrarse en la Unión Europea. Y la jugada podría ser brillantemente magistral, si los Estados democráticos, hoy tan mediocres en jugadas de estrategia, no nos adelantamos. Con Putin no se juega, es decir, no se le pierde el respeto. Es un ser inteligente que sabe cómo puede extorsionar a la Unión Europea, con la complicidad incluso de alguno de sus miembros, y no precisamente de sus miembros más nuevos. Ya nos lo demostró no hace muchos años con su famoso cierre del gaseoducto y con el cierre de las negociaciones sobre proyectos similares. Y aquí entran en pugna, de nuevo, los intereses económicos de la Unión Europea -que son inexistentes, y se reducen a los intereses financieros de los países miembros, según su peso-, y los intereses de Rusia, claros y poco publicitados, salvo por felices filtraciones de sus servicios de seguridad. Es hora de poner a trabajar a todas las agencias y centros de inteligencia de la Unión Europea y a sus analistas. Y de ponerlos a trabajar ya, sin perjuicio de utilizar todas las vías diplomáticas posibles, aun con cesiones, si con ello se puede evitar una masacre y la ocupación de un Estado soberano, con el pretexto de proteger a su población rusa, pues este objetivo bien se puede obtener de otra manera; de manera logística y con intervenciones puntuales, pidiendo ayuda a la comunidad internacional en lugar de recurrir en primer lugar al uso de la fuerza. Y si les faltan ideas, la Unión Europea tendría aquí un buen interés con el que negociar, como es el estatuto de los habitantes de Kaliningrado dentro de la Unión Europea, por ejemplo, concediéndoles la ciudadanía comunitaria. Así se zanjaría también un foco de tensiones entre la Unión Europea y Rusia que, por vicisitudes varias, la historia y la geografía han tenido precisamente el “capricho” de situar precisamente “allí”. En cuanto a la ciudadanía comunitaria (equiparable materialmente a una especie de residencia permanente del estilo de la que otorga la Green Card estadounidense, pero con derechos políticos ante las instituciones de la Unión, los Tratados no la proscriben, en los años de la primera gran ampliación de este siglo se habló mucho de esta posibilidad entre los círculos europeos más progresistas, y sólo habría que hacer algunos cambios en el Derecho derivado. Pero antes de que -esta vez sí- el interés de la Unión Europea como organización supranacional se viera amenazado, no ya por unos cientos o miles de inmigrantes sin papeles, sino por los tanques de la Federación Rusa, que recuerdan a las épocas más sangrientas del Pacto de Varsovia, a falta de una posibilidad de respuesta eficaz y contundente desde Naciones Unidas, considero legítima una intervención, razonable y proporcionada a la situación que previsiblemente pudiera desarrollarse en esa zona de Europa, de la OTAN. Es la única organización que, hoy por hoy, puede arrogarse un poder de intervención militar legítimo supranacional como representante de una sensatez secuestrada por la propia dinámica de la no-acción de Naciones Unidas, por mucha condena que pueda provenir de su máximo representante. En tiempos de bonanza, me mostré a favor de un Euroejército para la Unión Europea. En abstracto, sería la solución ideal, a mi juicio. En tiempos de crisis, no sé si eso sería viable, pues no soy economista; quizá el ponerse a fundar un Ejército europeo contribuyera a relanzar la economía, como en las economías de emergencia. Sin embargo, siendo realistas, y por la inminencia de la situación, tendrán que ser de nuevo, como siempre, los Estados Unidos, los que resolvieran el conflicto. Y ellos ya tienen sus propios problemas.

Quisiera terminar esta entrada con una breve reflexión sobre las partes en contienda, seguida de una reflexión histórica, que escribo con el propósito de que sea leída en clave de actualidad, huyendo de todo sensacionalismo, pero no de una sana prudencia y desconfianza hacia Rusia, reconocido país autoritario y cuna de mafias peligrosísimas, regido por una mezcla entre capitalismo salvaje y nepotismo, por cierto, no muy original en los gobiernos despóticos de los tiempos modernos. Precisamente es el alcance del conflicto lo que nos debe poner en alerta, dando por descontada la necesidad de ayuda humanitaria a la población civil de Crimea de acuerdo con lo dispuesto en los Convenios de Ginebra, de los que la Federación Rusa es parte por sucesión de lo contraído en la anterioridad por su predecesora, la Unión Soviética, de manera muy similar a la que ha “heredado”, de un modo muy discutible, su asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

A lo mejor podamos sacar una lectura positiva de esta situación, y precisamente donde más nos hace falta, en clave económica. La puesta en alerta y la militarización de los países occidentales propicia un contexto de economía de emergencia que, como señalara, en relación con otros acontecimientos, el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, quizá tenga la capacidad de sacar a la vieja Europa de su ombliguismo y de despertar a sus pseudoeconomistas tecnócratas que detentan el poder económico y político de la Unión de su sueño gris de “mercados de competencia perfecta + rescates puntuales al sector financiero”. Fenómenos parecidos, de gran crecimiento económico en economías de emergencia, se dieron en varios países durante la Segunda Guerra Mundial, así como en otros conflictos bélicos. Ya hace tiempo que, en muchos círculos, de todos los niveles culturales, de “derechas”  y de “izquierdas”, puedo oír, no sin que una parte de mí asienta, frases del estilo de “aquí hace falta una guerra”. Pues ya la tenemos. Y si no la tenemos, podemos aprovechar la ocasión para construir algo funcionalmente equivalente, en relación con los objetivos de crecimiento económico que nos prefijemos, con tal de que los líderes de las principales naciones europeas, que vayan a reunirse previsiblemente este jueves 6 de marzo, D. m., para tratar del conflicto de Crimea, tengan el suficiente sentido de Estado y la suficiente altitud de miras. Que el Señor ilumine su entendimiento, para que puedan realmente hacer algo digno del nombre -que no marca- “Europa”. Y, aunque en la mañana de hoy, las bolsas de todo el mundo hayan bajado -el dinero es muy cobarde, y se trata de un movimiento de retirada táctica especulativo-, quizá suceda “el milagro”. A lo mejor, como sucede en los pacientes que creen estar enfermos por enfermedades que han provocado ellos mismos, o que la sociedad les ha atribuido, nuestras sociedades civiles teóricamente “avanzadas” y sus aparatos estatales se olvidan del cáncer de la “crisis” y de sus varias metástasis manifestadas en los cambios en las primas de riesgo nacionales -que no soberanas-, y, orquestando conjuntamente un plan común de paz, arreglan a su vez esta absurda “crisis” que nos han metido en el inconsciente colectivo de todo Occidente, provocando un pesimismo generalizado que se ve día tras día retroalimentado por los diversos agentes políticos, económicos y sociales. Tal vez, pero digo sólo tal vez, una acción conjunta, un plan, un objetivo, sea lo que necesitemos para salir de esta aburrida crisis. Pues si algo demostró, experimentalmente, el gran médico y psicoterapeuta Alfred Adler en la primera mitad del siglo pasado, es que la ayuda mutua nos ayuda a salir de nuestros problemas, de nuestros ensimismamientos y de nuestros ombliguismos. Y cuando es eficaz y es realizada con fe, es decir, con confianza, nos hace mejores. Además de lograr el objetivo de resolver los problemas del otro, nos ayudamos a nosotros mismos; y esto mismo se puede aplicar, a mi juicio, tanto a nivel personal como a nivel de sociedad.

A modo de conclusión. Lo he dicho antes y lo repito. Aquí no nos encontramos en un escenario regional y territorialmente controlable como el de la guerra en la ex Yugoslavia de los años 90 del pasado siglo. En aquella situación, nos hallábamos ante la disgregación de un Estado modesto -aunque el orden mundial de la Guerra Fría se hubiese arrogado el liderazgo, más moral y simbólico, que real y militar, por supuesto, de los “países no alineados”-. Se trata de un conato de invasión de un Estado soberano, Ucrania, por parte de la tercera potencia militar mundial, del Estado del mundo más grande en extensión, la Federación Rusa, sucesora de la Unión Soviética y con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que bloqueó, durante el siglo xx, valiéndose de su derecho de veto, numerosas decisiones humanitarias sobre la base de intereses geopolíticos y vendiéndolos a sus ciudadanos y a los ciudadanos comunistas occidentales de buena fe como “males menores” que había que aceptar en aras de impedir el auge del “imperialismo yanqui” (el que rescató, con la sangre de sus soldados, a una Europa derruida por dos guerras mundiales). Frente a esta amenaza, ¿qué decir con respecto a Ucrania? Es un Estado soberano, cuya población, al menos en parte, ha querido mostrar, al menos, distanciamiento frente al gran vecino ruso, como ha querido mostrar al mundo a varios niveles, desde el político hasta el cultural o el deportivo desde su misma independencia en 1990, y su integración por separado en el Consejo de Europa en 1995, adelantándose al ingreso en dicha organización supranacional de la Federación Rusa, producida en 1996. Otra parte de su población ha mostrado un sentimiento proeuropeo, en el sentido de favorable a la anexión a la Unión Europea, a pesar del momento actual que la UE está viviendo, actitud que ha sido recogida seriamente por los responsables de los órganos competentes de la Unión; y, por último, otra parte, de mayoría rusa -preferentemente situada en Crimea, pero también en otras zonas del sur del país- ha mostrado una actitud de rechazo de Gobiernos proeuropeos y un sentimiento proruso. Así las cosas, de acuerdo con el Derecho internacional público general y regional, y con el Derecho internacional humanitario, nada autoriza el uso masivo de la fuerza a la Federación Rusa, ni un despliegue de fuerzas bélicas en territorio ucraniano equivalente a una amenaza de guerra. En estos momentos, según refieren las principales agencias de comunicación internacionales, la situación es la de una ocupación de facto de la región de Crimea por parte de Rusia, que parece destinada a prolongarse en el tiempo y a imponer condiciones inaceptables al actual gobierno ucraniano, y a un a la propia Unión Europea, como la secesión de la península, contraria, hoy por hoy, al Derecho internacional general. Otras cosas sí podrán ser discutidas. Concluyo ya con una muy breve reflexión. La Primera Guerra Mundial comenzó técnicamente como respuesta a un magnicidio, en apoyo o en contra del cual se fueron uniendo las potencias europeas de la época casi como si se tratara de fichas de dominó que iban cayendo. La Segunda Guerra Mundial comenzó en respuesta a una invasión de un Estado soberano (Polonia), por parte de Alemania, precedida por otras dos invasiones alemanas, la de Austria y la de Checoslovaquia.  Por cierto, la ocupación de Austria fue considerada prácticamente como una anexión por el III Reich y por la mayoría de la población austríaca, la cual no dudó en mostrar exultaciones de júbilo y vítores por su incorporación a la “grande Alemania”. Frente a la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra mundial presentaba un componente ideológico, no necesariamente compartido por los dos bandos en contienda (de una parte, los totalitarismos nazi-fascistas, y el totalitarismo estalinista; y, por la otra, la defensa de las democracias occidentales). Pero un elemento común que contribuyó, entre muchísimos factores, a ambas guerras, además del fracaso de la diplomacia, fue la débil relación entre las naciones europeas. Alguien dijo una vez que el proyecto de las becas erasmus había contribuido más a la integración europea que todos los fondos de cohesión -o algo parecido-. Lo que importa es que la historia nos demuestra que es en los momentos de debilidad, y ciertamente, la Unión Europea, con una crisis económica, de corrupción, de impotencia y, sobre todo, de legitimidad y de valores, está ahora en uno de ellos, cuando el terreno resulta ser de más fácil abono para los partidarios de la violencia y de la guerra.

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CRIMEA: MAY WE TOLLERATE ANOTHER WAR IN THE HEART OF EUROPE? by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 International License.
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