Informe Cáritas con el Empleo 2014 con ocasión del 1 de Mayo, Día internacional de los trabajadores

abril 30, 2015 § Deja un comentario


 

Cáritas Madrid. Campaña contra el paro 2015

Cáritas Madrid. Campaña contra el paro 2015

1 de Mayo. Día internacional de los trabajadores.

1 de Mayo. Día internacional de los trabajadores. Cortesía de la American Federation of Labor.

 

El provocativo lema de Caritas Española para la campaña contra el paro de este año es el siguiente: “Busco trabajo. Lo que sea”. El que escribe poco tiene que añadir a lo señalado por esta dignísima organización. Me remito, por tanto, al texto de Cáritas para la campaña. En cuanto a mí, “una sola cosa pido al Señor: habitar en su Casa por los días de mi vida”.

“Durante este curso resuena permanentemente en nosotros la pregunta ¿qué haces con tu hermano? ( Gn 4, 9), que nos interpela sobre quién es realmente el otro, quién es la persona para nosotros, cuál es su dignidad, y cómo acompañamos y cuidamos al que está situación de necesidad o de desventaja social. Y ante esta pregunta la Campaña Contra el Paro de Cáritas Madrid contesta diciendo “Defiende un trabajo digno”. Con ella se nos invita a construir una fraternidad comprometida, que no sólo nos lleva a acoger y acompañar a las personas que en estos momentos están pasando por una situación de desempleo, sino que nos urge a defender un trabajo digno.

En esta campa se nos invita a defender un trabajo digno, no se puede consentir que las personas ante su situación de desesperación, por la falta de empleo, lleguen a decir: “Busco trabajo. Lo que sea”. Y, por supuesto que la sociedad permita que estén ofreciendo trabajos que no sean lo suficientemente dignos. Nos invita a relfexionar sobre lo que está aconteciendo en el mundo laboral. Nos invita a favorecer y crear trabajo digno en nuestro entorno, llevándonos a discernir qué podemos hacer desde nuestro propio ser de trabajadores, familia, comunidad…

Todos, a nivel personal e institucional, somos corresponsables en esta realidad que deseamos transformar“.

Hasta aquí las palabras oficiales de Caritas. Por mi parte, poco más que añadir. Recordad mi condición de parado de larga duración y altamente cualificado, Doctor en Ciencia Jurídica e incapaz de encajar en una sociedad enferma que me dice que el enfermo soy yo. No me voy a rendir a ese discurso. Por mi propia dignidad. Feliz Día del Trabajo y arriba a las organizaciones que, tradicionalmente, desde la Izquierda democrática, han defendido el derecho al trabajo digno de hombres y mujeres. Con ellas quiero gritar alto: ¡Feliz Día del Trabajo! ¡Pan, Trabajo y Justicia! ¡Feliz 1 de Mayo!

 

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid y del Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”

Acreditado para Plazas de Profesorado universitario permanente por la Agencia de Calidad, Acreditación y Prospectiva de la Comunidad de Madrid (ACAP)

Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la UAM (ICFS-UAM)

Colegiado ICAM 97901

Desempleado y demandante de empleo inscrito en el Servicio Público de Empleo de la Comunidad de Madrid desde el 28/7/2011. Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado. Calle Einstein, no. 1, 28049 Madrid.

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Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

Ex Professor of Criminal Law of the Autonomous University of Madrid and of the Universitary School “Cardenal Cisneros”

Tenured as Professor of Criminal Law received by the Quality, Accreditation and Prospective Agency of the Region Madrid

Member of the Institute of Forensic Sciences and Security of the Autonomous University of Madrid (ICFS-UAM)

Referee of hon. Attorneys Council of Madrid n. 97901

Unemployed and seeking employment registered on the Public Employment Service of the Region Madrid since 28/7/2011. Reason: Autonomous University of Madrid, Rector. Einstein Street, n. 1, 28049 Madrid.

 

https://www.youtube.com/watch?v=hsBo3rN6Z1M

 

 

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antes de 2015 ¡actúa!

La Declaración de la Organización Internacional del Trabajo sobre la justicia social para una globalización justa (2008) va de la mano de la Declaración del Milenio (2000). Esta propuesta de Trabajo Decente de la OIT, en un contexto de globalización justa, es esencial para la realización de dichos objetivos comunes porque cada uno de los ocho ODM tienen que ver con la forma en que el empleo decente y productivo, la erradicación del hambre, el acceso a la salud, la protección social, los derechos en el trabajo y el diálogo contribuyen a cristalizar los objetivos y a restaurar la dignidad de las personas empobrecidas y desempleadas.

presentacion caritas empleo

Cáritas –ha presentado el informe Cáritas con el Empleo 2014 (ver aquí)- propone tomar conciencia de que nuestro mercado laboral sigue cerrando sus puertas a algunos colectivos, especialmente los jóvenes, las mujeres, los parados de larga duración, los mayores de 45 años…

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¿Educar para ser útiles? Reflexiones generales y personales, a modo de ensayo, sobre las relaciones entre educación, economía y empleo, y sobre mi situación académico-laboral, al hilo de la entrevista al Prof. Lledó publicada en El País del miércoles 19/11/2014

noviembre 21, 2014 § Deja un comentario


 

El enlace:

 

http://cultura.elpais.com/cultura/2014/11/18/actualidad/1416318635_332372.HTML

 

Ilustración de Doré. Satanás expulsado del Paraíso.

 EL PARAÍSO PERDIDO. ILUSTRACIÓN DE GUSTAVO DORÉ

“¿Eres tú…? Mas, caído, cuán cambiado y cuán otro de aquél que en los felices reinos de la luz, ornado de fulgor trascendente, sobrepujaba a miles por brillantes que fueran… Tú eres, sí, al que la alianza de una esperanza misma, idéntico proyecto e igual azar y riesgo en la gloriosa empresa, unió a mí como ahora la adversidad nos une en ruina semejante. ¡De qué altura y de qué abismo hemos ahora caídos, puesto que él con su trueno demostró ser más fuerte! Pero ¿quién hasta entonces conocía la fuerza de sus armas? (…)” (El Paraíso perdido, John Milton, Libro I, 85-94)

Ars gratia artis

Defensionem vitae maea

υπεράσπιση της ζωής μου

הגנה של החיים שלי

A mis padres, quienes pagaron  parte de mi formación académica, y con quienes tengo una deuda de gratitud por tantas otras cosas que guardo para mí

A los contribuyentes cumplidores, quienes sufragaron con sus impuestos la mayor parte de mi formación universitaria, hasta que logré el Grado de Doctor, el Premio Extraordinario de Doctorado y la acreditación a plazas de profesorado laboral permanente

A mis ex compañeros

To whom it may concern

 

Esta entrada la tenéis disponible, para su mejor descarga y lectura más cómoda, en un archivo pdf: Defensa

 

Nota muy personal: Os recomiendo encarecidamente la lectura de la entrevista. No tiene desperdicio. Éstas son sólo reflexiones personales de un modesto investigador y ex profesor universitario en paro, quien aprovecha, “by the way”, algunos de los comentarios del ilustre Profesor para reflexionar sobre algunas cuestiones teóricas que han afectado de manera muy cercana a su vida. Los responsables de dicha situación están sentados en el trono del Rectorado de la Universidad Autónoma de Madrid, o pululan como fuerzas vivas de cuyo nombre no quiero acordarme, carentes de representatividad, siquiera estamental alguna, por su Facultad de Derecho, a la cual me es permitido en ocasiones regresar fugazmente para mover o retirar los libros y enseres personales que dejé en mi antiguo despacho tras mi reciente salida, cual fantasma que no quiere abandonar el plano astral por haber dejado cosas pendientes en la tierra. Ninguno de los profesores a los que aludo pertenece al Área de Derecho Penal. No guardo contra aquéllos rencor alguno, y escribo estas líneas desde la serenidad y sin acritud; mas a aquéllos que pudieron haber tenido una responsabilidad, siquiera política o administrativa, aun objetiva, les invito, serenamente, a reflexionar con sinceridad sobre los efectos de una política de no promoción del personal docente e investigador en formación basada en una concepción del becario y del profesor ayudante de reemplazo, deliberadamente elegida, entre otras que fueron posibles, incluso habiendo mantenido los objetivos de reducción del déficit del presupuesto universitario. Como consecuencia, asuman ellos, desde sus cálidos y funcionariales tronos, dominaciones y potestades empíreas de la Academia, la responsabilidad que les corresponda, aun objetiva y por omisión, por no haber promocionado a varios de sus mejores talentos, entre los que servidor se cuenta, según me han reconocido insignes penalistas nacionales y extranjeros, y por haber permitido que profesionales como yo, ahora mismo, estemos en la calle sin adjetivar. Sí, debí ser “instrumental”. Haber hecho una tesis rápida y haberme acreditado enseguida. Como algunos, cuyos nombres no diré, sencillamente porque no hace falta. Sólo para “colocarme”. Sin vocación. Sin amor al conocimiento.

Mis acusadores, entre los que se encuentra, como lo denominaba Milton en su inmortal poema, el Archienemigo, tentarán a mis enemigos, a mis amigos y a mí mismo, empujándome a la desesperación, y poniéndome a prueba. Sí, es verdad, he cometido errores. Y los estoy pagando con intereses desorbitados y, sobre todo, con mucho sufrimiento. Pero mi culpa no es una culpa de ángeles, sino de hombre. Desgraciadamente, la humanidad y muchas de las ideas que hizo aflorar en una sociedad inhóspita el humanismo cristiano se están perdiendo o se han perdido ya. Pero mientras quede un alma buena en el mundo, no todo estará perdido. Los errores cometidos por quienes no aprendimos, o no quisimos, aprender a desenvolvernos en este mundo, y no queremos aceptar algunas consecuencias de una culpa (o deuda) desmesurada, serán reparados. Mejor dicho, ya han sido reparados, aunque todavía muchos no nos hayamos dando suficiente cuenta. Fueron reparados por la Sangre de Aquél cuya Fiesta como Rey del Universo muchos celebraremos, si Él nos lo permite, el domingo 23 de noviembre. Con tal de que le digamos que sí. Al cumplimiento de Su santa y sabia Voluntad.

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EL PARAÍSO PERDIDO. ILUSTRACIÓN DE GUSTAVO DORÉ.

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1. Algunas ideas políticamente comprometidas sobre la educación

 

Excelente entrevista de Tereixa Costenla en el diario El País de ayer al Prof. Enrique Lledó, que acaba de hacer un “triplete” de premios literarios. Es un ejemplo de pensador “de la vieja escuela”; y yo diría, “de la buena escuela, de la de siempre”. Coincido con buena parte de su pensamiento, políticamente muy incorrecto. Especialmente, con el distanciamiento con el que el viejo profesor se muestra respecto a la importancia desmedida que hoy se le da a las “nuevas” tecnologías (que ya no son tan nuevas), y al bilingüismo: “La verdadera riqueza es la cultura”, sostiene. Y también: “El bilingüismo de algunos colegios me pone un poco nervioso. No, lo que se necesitan son colegios monolingües que enseñen bien otros idiomas”. Para mí, que me eduqué en el Liceo Italiano de Madrid, esta afirmación es completamente acertada. Aquél era -no sé si seguirá siendo- un colegio italiano en el extranjero donde se complementaban algunas asignaturas en lengua española para obtener la convalidación al Bachillerato Unificado Polivalente (B.U.P) y al Curso de Orientación Universitaria (C.O.U.). Sin embargo, la peregrina idea de los colegios bilingües de la señora Aguirre y del ministro Wert, no es sino un intento publicitario de modernidad condenado al fracaso. Para ello, no hace falta dar muchos argumentos. Baste con echar un vistazo al índice de fracaso escolar reflejado, por ejemplo, en el último informe Pisa. Mi experiencia universitaria como profesor y corrector de exámenes también me reveló la enorme caída en formación básica, comenzando por la ortografía, que se dio en los estudiantes españoles al menos desde el año 2002 al 2008.

También afirma Lledó que “Obsesionar a los jóvenes con ganarse la vida es la manera más terrible de perderla”. Me recuerda a la máxima de Jesús, quien en Mt 16, 25, dice: “Quien quiera salvar su vida, la perderá. Pero quien la pierda por mi causa, la ganará”. En el Evangelio de Marcos 8, 25, se contiene la misma idea, y con mayor precisión leemos: “Quien quiera salvar su vida, la perderá. Pero quien la pierda por mi causa y la de mi Evangelio, la ganará”. Sabias palabras las de Jesús. Y las de Lledó. Palabras que me producen, al mismo tiempo, alegría y melancolía juntas, por difícil que parezca poder compaginar dichas emociones. Quizá porque una parte de mí todavía crea que haber estudiado filosofía o historia, o Derecho, por amor al conocimiento, “ars gratia artis”, como decía el lema de la productora Metro Goldwin Mayer, todavía cree que en estos tiempos dominados por el eficientismo inmediatista y las estrategias instrumentales es posible emprender un camino humanista, camino que creí encontrar en la Academia y que por cierto culminé. Si no encontré plaza fue sencillamente porque no se convocaron, no porque yo fracasara como fracasa un opositor que luego es contratado por un gran despacho de abogados como premio a su esfuerzo memorístico. Así que, aquellos que sostengan todavía que debo pasar por una oposición no universitaria para “culminar mi tarea” incurren a mi juicio en un “bis in idem” muy injusto.

 

2. Sobre el problema de la clase empresarial española. Mentalidad funcionarial en la selección de personal y en la propia dinámica de la empresa: una revolución burguesa pendiente

 

Volviendo a la entrevista, creo que Lledó también compartiría conmigo mi crítica a la, a mi modesto juicio, nefasta inclusión obligatoria en los programas descafeinados de Filosofía en el Bachillerato de “Filosofía aplicada a la empresa”, algo que me rechina casi tanto como la simonía, a menos a nivel sentimental. Aunque, una vez dicho esto, otra parte de mí, más pragmática, está cada vez más convencida -y no le faltan razones- de la necesidad de adular a la empresa, dada mi situación laboral actual; y ello, pese a mi orientación política, que simpatiza con las tendencias, normalmente identificadas con las izquierdas, en la tradición histórico-política continental europea, defensoras de la justicia social y de la redistribución de la riqueza como uno de los medios para aproximarse a ella -que nunca lograrla del todo-, o con el liberalismo igualitario de autores como Rawls o Dworkin, en la tradición filosófica y política anglonorteamericana, procedente a su vez de la filosofía analítica moral y jurídica y de la teoría de la justicia.

Sí, el pensamiento, el conocimiento y la literatura son refugios, como señala Lledó, en los que el hombre puede alcanzar su máxima libertad. Para lo demás, para ganarse el pan, hoy por hoy, hay que acudir a las empresas, y eso también es filosofía; pragmática, pero filosofía. Y quizá hoy más que nunca yo muestre una simpatía que nunca haya tenido hacia el mundo empresarial, entre otras cosas, porque la empresa española, en general, nunca se ha caracterizado por un espíritu verdaderamente emprendedor, ni ha aceptado del todo las reglas del libre mercado que dice proclamar, cuando no incluso adorar.

En España siempre ha estado el Estado, ya fuera monárquico de corte más o menos autoritario, ya dictatorial, ya socialdemócrata o demócrata conservador, para subvencionar a las empresas, o para rescatarlas cuando venían mal dadas. Así que esta falta de espíritu emprendedor siempre me ha hecho dudar de la calidad de la mayor parte de la clase -que no casta- empresarial española. Por otra parte, tampoco el Estado ha querido incentivar una mentalidad diferente, trasmitiendo su nefasta mentalidad funcionarial a las mayores empresas de la Historia de España; normalmente, del sector bancario y, en menor medida, del sector de servicios en general. A este respecto, si realmente se quiere respetar la libertad de mercado y fomentar el tan cacareado por nuestra clase política “autoempleo”, hay que comenzar por eliminar el ingente volumen de papeleo inútil de trámites burocráticos a que se ve sometida, sobre todo, la pequeña y la mediana empresa (la mediana de verdad, pues el concepto de “mediana empresa” en política económica es, a mi modesto entender, demasiado amplio), tanto desde su génesis, como durante su vida jurídica y económica (formularios variados de inscripción en varios registros, declaraciones de impuestos con plazos demasiado cortos, etc.).

Asimismo, y mientras en Europa y en el mundo el pensamiento único ultraliberal siga detentando la hegemonía cultural, el Estado social (tal y como lo define nuestra Constitución en el art. 1, además de democrático y de Derecho), o lo que queda de él, debería fomentar una fiscalidad realista para redistribuir la riqueza del país, que, de acuerdo con el art. 128 de nuestra Constitución, “sea cual fuere su titularidad, está subordinada al interés general”, tanto para las grandes multinacionales y corporaciones, como para las PYMES. La fiscalidad adecuada podría ser calculada por los economistas en términos de buena economía como la resultante de la curva del óptimo de Pareto en el máximo tipo impositivo que las grandes multinacionales estén dispuestas a soportar a cambio de no deslocalizar su producción, lo cual podría lograrse con una buena política de incentivos fiscales o de bonificaciones a la Seguridad Social. Por el contrario, y debido a la naturaleza más “personal” o “humana” de las pequeñas empresas, el Gobierno debería aliviar la presión fiscal de los trabajadores autónomos, muchas veces insoportable, especialmente en períodos recesivos como en el que vivimos, al mismo tiempo que fomentar el pequeño comercio, con el objetivo de aproximarse más a ideales de justicia social. Al mismo tiempo, debería promover un discurso económico, a nivel supranacional, capaz de contrarrestar el discurso dominante de las viejas recetas de la austeridad del ultraliberalismo de la escuela de Chicago, y encarnado por las vetustas instituciones de Bretton Woods.

Retomando mis reflexiones iniciales, y en relación con los perfiles demandados con la mayoría de las empresas de países occidentales razonables, se puede constatar que éstas prefieren, en sus escalas superiores, a empleados con capacidad crítica -que no es lo mismo que rebeldes-, y no a simples autómatas o sumisos. Ello debería ser tenido en cuenta en la mayor parte de los departamentos de recursos humanos de las empresas de nuestro país, y ahí lo dejo para la reflexión de “a quien pueda interesar”, o “to whom it may concern”, como se acostumbra a decir en el ámbito anglosajón. Por otra parte, de incentivos y motivación a los trabajadores, mejor no hablamos, o se lo dejamos a las psicólogas recién licenciadas de recursos humanos -sí, en femenino, porque son mayoría, y además, monas; y es así, no me importa ser políticamente incorrecto, las cosas funcionan de esa manera, y ésta también es una de las varias formas de machismo. Ellas se limitan, en la mayor parte de las empresas, y en el mejor de los casos, a seguir firmando las nóminas de los afortunados que tienen trabajo, y, en el peor, a “negociar” EREs o despidos “objetivos”. Alguien con un currículum Senior no tiene que pasar por ellas, pues no sabrán -o no querrán- apreciar lo que podemos aportar; sencillamente, porque no viene en el manual; porque no se han formado en una escuela crítica como aquélla que quizá tuviera en la mente el Prof. Lledó. Sin embargo, son las empresas las que me pueden dar trabajo, y a ellas se lo debo suplicar.

 

3. Crítica del proceso de selección en el sector público

 

La otra solución para encontrarlo, el empleo público, es para mí peor y quiebra aún más mis principios, sencillamente por la ridiculez de su proceso preferente de selección por antonomasia: las oposiciones. En la mayoría de ellas sólo se valora -y de manera desmedida- una de las características de la capacidad: la memoria, en su vertiente más cruda: la memorización alienante consistente en la compresión, que no comprensión, de temas en un tiempo determinado. Que dicha característica pueda ser un “mérito”, lo dudo; en cualquier caso, está en el mismo plano lógico -y también deontológico- de mérito que la cualidad del que consigue subir o bajar los peldaños de la Torre Eiffel mil o cien veces. Más les valdría a ciertos opositores memorizar piezas imperdurables de la literatura, como el Tenorio, o el Paraíso Perdido, antes que artículos de normas que versan sobre plazos, términos y triquiñuelas procesales contingentes, que pueden ser derogadas por “el  legislador” al día siguiente al de la toma de posesión de la plaza ganada. Ello les daría al menos una formación más humana; a los funcionaros de las incontables Administraciones Públicas, para conocer mejor a la persona que se esconde detrás del calificativo de “administrado”, propio del lenguaje administrativista; y a las juezas y fiscales, para conocer mejor la realidad social, de la que la literatura constituye una emanación preeminente, en orden a la aplicación e interpretación de las normas del Derecho positivo, el cual, de acuerdo con el art. 3 del Código Civil, deben ser interpretadas de acuerdo con “la realidad social del tiempo en que han de ser aplicadas”. Con arreglo a esta consideración, es legítima la pregunta: ¿con qué criterio pueden conocer la realidad social una joven o un joven perfectamente disciplinados, chicas o chicas obedientes, como cantaba el grupo Jarcha, “hasta en la cama”, de veintitantos años, que se ha pasado cuatro o cinco años de media memorizando de forma alienante normas jurídicas sin ton ni son? Desde luego, la opositora o el opositor han conocido el sufrimiento. Pero se trata de un sufrimiento inhumano y que no tiene nada que ver con el mundo ni con la vida. Y el Derecho, como dijo sabiamente Legasi Lacambra, “o sirve para la vida, o no sirve para nada”.

Por su parte, la clasificación de las plazas de funcionarios en grados de tipo A, B, C y D según la titulación (sobre todo si tenemos en cuenta que para optar a plazas “A” sólo basta hoy un nivel académico de “Grado” y sin valoración alguna de la calificación, algo impensable en países serios como Alemania, y accesible a todo el mundo gracias, entre otras cosas, a la “titulitis” de que adolece el país), acompañada de obstáculos fácticos y normativos para la promoción interna, sí que refleja un modelo que sociológicamente podría definirse “de castas”, y que resulta, utilizando el lenguaje de la Administración, “manifiestamente mejorable”. Una mala copia del modelo francés, el cual, también en la educación, prima otras cualidades o, como se dice ahora en el lenguaje de los pedagogos, que llegó hace mucho al de los burócratas redatores de leyes, “competencias”, un anglicismo como tantos otros.

En definitiva, está bien que intelectuales como Lledó hablen, siquiera de pasada, de estas cosas, y puedan suscitar reflexiones como la mía, o mover a ciudadanos como yo a escribirlas. Coincidiendo con Fernando Vallespín, D.E.P. el “librepensador”, el intelectual, mientras agoniza el escritor. Bienvenidos los expertos, los “community managers”, los “coachers”, “counsellers” y los “oustiders” procedentes de tierras inhóspitas.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Acreditado por la ACAP a Profesor Contratado Doctor desde mayo de 2012

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid

Desempleado desde el 28-7-2011, sin prestación social alguna desde el 10-7-2013

Hijo de Dios, por Su entrañable Misericordia, desde el 19-5-1979

@pabloguerez

http://pabloguerez.com

 

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¿Educar para ser útiles? Reflexiones generales y personales, a modo de ensayo, sobre las relaciones entre educación, economía y empleo, y sobre mi situación académico-laboral, al hilo de la entrevista al Prof. Lledó publicada en El País del miércoles 19/11/2014 by Dr. Pablo Guérez Tricarico is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-SinObraDerivada 4.0 Internacional License.
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Y ahora, os dejo con una bonita canción para el fin de semana:

LO QUE HA DICHO…

mayo 27, 2014 § Deja un comentario


LO QUE HA DICHO EL PAPA SOBRE EL PARO JUVENIL EN ESPAÑA

 

“El paro juvenil en España es del 50%, y en Andalucía del 60% (…) Se trata de un sistema económico inhumano”.

Ante estas palabras del Santo Padre, poco puedo añadir. Este sistema capitalista es un sistema injusto en su raíz, y, además, inhumano. Ambas cosas han sido afirmadas en varias ocasiones por el Pontífice. Que los empresarios y “emprendedores” de nuestro país tomen buena nota de ello, especialmente los que se jactan de “personas de bien” y de “buenas cristianos”. El obrero, dice la Escritura, merece su salario. Más allá de esto, es constatable que la doble moral sigue vigente en España -o en las dos Españas-, y no será difícil que el Papa sea criticado -cuando no sea objeto de cosas peores- si se desvía un ápice del discurso tan rancio como ambiguo al que nos ha venido acostumbrando la COPE y los “curas jóvenes” entusiastas y pagados de sí mismos disfrazados de corderos progresistas.

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

@pabloguerez

 

Los parados hipercualificados: ¿una nueva forma de discapacidad?

mayo 22, 2014 § 3 comentarios


A mis Padres, Hijos de Tiempos más nobles

 

La noticia de que muchos jóvenes -y no tan jóvenes- con estudios universitarios en paro en este país que se ven obligados a adelgazar sus currícula es más que una leyenda urbana. Es así, y ya me he encontrado con bastantes que sostienen que eso es mejor que nada. Ya dejen de ocultarse en los currícula ingenierías, o cualesquiera clase de estudios superiores. En la vieja Europa del Sur, con España a la cabeza, hemos llegado a un punto en el que algunos casi tenemos que pedir perdón por tener tanta formación. Formación, muchas veces, que ha sido sufragada gracias al sacrificio de miles de ciudadanos, de cualquier extracción social -más bien de la clase media empobrecida y de las clases bajas-, a través de impuestos cuya carga, como es notorio, ha recaído casi siempre sobre los ingresos fácilmente detectables por el Estado, es decir, sobre las nóminas de los ciudadanos asalariados, y, en menor medida, sobre el consumo de profesionales, consumo interno que no ha hecho más que decrecer por la crisis, según datos del propio Gobierno.

Ante la situación de paro insostenible que vive nuestro país, cabe formular una pregunta legítima, que quiero lanzar por primera vez a los actores económicos, políticos y al resto de la ciudadanía: ¿no será la hipercualificación, o sobrecualificación, una nueva forma de discapacidad? ¿O, al menos, su equivalente funcional en una sociedad que no funciona económicamente como cabría esperar de una sociedad desarrollada y avanzada? Desde estas breves líneas, que no pretenden otra cosa sino iniciar un debate en este sentido, ésta es la hipótesis que pretendo defender: la hipercualificación es una nueva forma de discapacidad en la medida en la que dificulta, cuando no impide, el acceso a un trabajo adecuado a su formación, cuando no inadecuado, a miles de personas, simplemente por la razón de que nuestro actual modelo económico -que no me atrevo a llamar productivo- o, para que se entienda más claramente, “las empresas”, no están por la labor de invertir a largo plazo y de apostar por la innovación -a través de la creación de perfiles cualificados-, sino que desean simplemente mantener sus beneficios a costa de una plantilla de trabajadores semicualificados o no cualificados que les sigan reportando los mayores beneficios sin el menor riesgo. O, dicho en otros términos, privatizando sus beneficios y socializando sus pérdidas, cuando no recurriendo a las subvenciones del papá Estado del que nunca se separaron por completo aquellos que se tildan en este país de picaresca de “liberales”. Esta actitud empresarial, en un contexto recesivo o de grave crisis económica, resulta muy racional para los empresarios, pero nefasta para el conjunto de la sociedad. En términos estrictamente macroeconómicos aboca a otra recesión, a más despidos masivos como los que ya hemos presenciado y al abaratamiento de los costes sociales que tanto ha costado conseguir. La propia demanda interna de la clase media-alta se ve resentida, y es en ese punto quizá en el que las personas hipercualificadas podamos hacer algo. Pero una vez que la sociedad económica se ha conformado con una plantilla x para mantener una situación de primacía económica sobre su competencia, cuando no directamente se producen acuerdos colusorios entre las empresas, la apuesta por la .innovación y la creación de perfiles económico-laborales que cuestionen el status quo no resulta ya atractiva para dichas empresas. O, mejor dicho, para las personas que están detrás de dichas empresas. Se les presentan plazos demasiado largos y apuestas de riesgo en un contexto económico hostil del que no son capaces de entrever un horizonte distinto; es normal que no quieran arriesgarse, su mediocridad y cortedad de miras les lleva a ello. Sin embargo, sin el riesgo empresarial nunca ha habido crecimiento ni progreso, ni para la propia empresa ni para la sociedad. Ello revela la poca altura de miras de nuestra clase empresarial de “emprendedores”, como gusta llamarla a nuestra clase política.

La hipercualificación podría entonces definirse como una discapacidad, en sentido amplio, o al menos, en el equivalente funcional de aquélla, constituida por la situación de grave incapacidad que a muchas personas toca padecer para acceder a un puesto de trabajo, ya sea este último acorde con su hipercualificación -porque estructuralmente no se han previsto los mecanismos para su incorporación-, ya sea inferior -por el miedo del empresario a que el orgullo de la persona hipercualificada o su falta de formación específica en relación con el puesto que se le oferta pueda afectar al proceso productivo, ¡cuánto más si se contagia a otros trabajadores!-. Desde un punto de vista de sociología económica podría definirse la hipercualificación como la discapacidad funcional que sufren ya varios miles de personas -muchas en nuestro país- por el hecho de encontrarse en peores condiciones ex ante a la hora de encontrar cualquier puesto de trabajo, incluso muy inferior al que les correspondería en justicia según su grado de formación; ¿la causa?: en un contexto económico recesivo o, en cualquier caso, caracterizado por políticas procíclicas que priman la llamada “austeridad” frente a las políticas de crecimiento basado en el I+D+I, el puesto de trabajo natural para dichas personas ya no resulta atractivo para las principales empresas del mercado, incluidas las multinacionales. Por otra parte, la gran valoración social (simbólica, pues no es otra cosa, pero en el análisis social el funcionalismo sistémico nos enseña que los símbolos tienen importancia) de la juventud exige mano de obra muy joven para trabajos poco cualificados, basados básicamente en el aprendizaje automático y en el cumplimiento de unas pocas instrucciones mecánicas, así como en la fuerza física (este último argumento explica también, junto con otros que no es necesario apuntar aquí -como la posibilidad de embarazo-, la todavía notable preferencia -discriminación, en términos jurídicos- que lleva a cabo el mercado de trabajo privado de varones frente a mujeres, preferencia que, curiosamente, tiende a decrecer a medida que escalamos hacia trabajos más cualificados en los que las competencias de varones y mujeres se igualan, no precisamente “a la Cañete”, sino en una progresión favorable a la mujer (mayor estabilidad emocional, además de poseer, en general, o al menos así lo establecen las últimas estadísticas psicométricas, el mismo nivel en el rango de competencias más altas -como la creatividad, la capacidad de trabajar en equipo o el pensamiento abstracto, con un nivel de desviación típica en la estadística menor al 10%). El sector público, con su prohibición de discriminación -dejo a parte a las Universidades públicas con su famosa autonomía (¿o debería decir endogamia?), trata de compensar esta situación de discriminación entre varones y mujeres con acciones positivas (esto también es Derecho europeo). Aunque esto tiene a mi juicio una pega, o más bien un efecto secundario: como no vivimos en un país socialista, sino en un mercado libre en el que el empleo público se presenta como una rara avis, el legislador tiene que tener presente las posibles disfunciones sobre el mercado laboral general: una tendencia que ya se advirtió en los años de bonanza, y que motivó el escoramiento de las mujeres hacia puestos públicos que favorecieron su estabilidad y su progresiva ausencia de los centros directivos de las empresas privadas. Desde mi punto de vista convertir a todas las mujeres en funcionarias y todos los hombres medios en empresarios sería una distiopía peor que la situación social de los años 50 y 60 en nuestro país, antes de la revolución de la mujer y de las revoluciones feministas. Sin embargo, esta situación no se va a producir, por el simple hecho de que el sector público está en un peligroso retroceso que va a afectarnos muy negativamente a todos, varones y mujeres.

Volviendo a la hipercualificación como discapacidad, sería legítimamente exigible, si no su reconocimiento expreso a nivel legislativo combinado con políticas para combatir sus efectos desfavorables, al menos una petición de perdón pública por parte de los líderes políticos parecida a la que hizo el ex presidente del Consejo de Ministros italiano Letta, antes de ser desplazado por Renzi: pidió perdón por todos los jóvenes italianos que se habían visto obligados a abandonar el país por no encontrar trabajo. Y el honorable Letta, hombre inteligente, bien sabía que se trataba de jóvenes cualificados, y que muchos de ellos, de haber permanecido en Italia y haber querido encontrar cualquier puesto de trabajo, como ahora se insta a los jóvenes desde los responsables de nuestro lamentable Ministerio de Empleo, deberían haber adelgazado sus curricula. Algo impensable para un hombre de política, pero verdaderamente democristiano y honrado. Porque sabía que esos jóvenes eran perfectamente capaces de servir cafés y pizzas en cualquier restaurante o cafetería de Italia. Una respuesta muy honesta y muy alejada de las respuestas de nuestros líderes políticos, especialmente de los que sustentan nuestro Gobierno, con sus argumentos de que servir cafés en Londres supone una experiencia enriquecedora para los jóvenes, que por lo demás, tendrían una naturaleza “aventurera”. Hemos oído estas declaraciones en los debates parlamentarios, tanto por parte del partido en el Gobierno como por parte del partido en la oposición, si bien desde éste como crítica: ¿pero qué propuso en el último debate sobre el Estado de la Nación el PSOE y el Señor Rubalcaba, Doctor en Química? ¿Que habría plazas para Doctores en empresas punteras?… Pues nada de eso, queridos lectores, siento desilusionaros. La mayoría de vosotros ya lo sabréis. Lo que propuso, y me temo que va a seguir proponiendo -a pesar de la gran habilidad de este político para cambiar de opinión-, es seguirle el juego a los que aceptan que la hipercualificación deba ser una nueva discapacidad social (salvo para la política, claro; por cierto, en ésta brilla por su ausencia no ya la hipercualificación, sino una cualificación de cualquier tipo): fomentar y alargar la formación profesional -trabajo menos cualificado que el universitario-, para que aquellos alumnos que, siguiendo el benéfico instinto de enriquecimiento, abandonaron sus estudios durante los años de bonanza, para ser readmitidos y por lo menos terminar de pagar sus hipotecas casi perpetuas con un trabajo de 1500 euros al mes. Mejor que el PP, en términos cuantitativos. Pero me atrevería a decir mucho peor, en términos cualitativos. Porque esta política supone un ninguneo -y el Sr. Rubalcaba, como universitario, si no se le ha olvidado, debería recordarlo-, de todos aquellos que en ningún momento abandonamos -al menos de manera definitiva- un camino espinoso y plagado de dificultades; sí, se nos hizo difícil, tardamos mucho, cometimos errores, cada uno los suyos, pero al final lo logramos: el camino de la ciencia, del conocimiento y del desarrollo, para obtener el máximo grado académico reconocido por el ordenamiento jurídico español, que no es precisamente el grado de Máster, a pesar de su hipervaloración social y de su excesiva publicidad, sino el de Doctor: el grado que trae consigo la plenitud de la capacidad docente e investigadora; que debería conferir a su portador, según la legislación vigente, las mayores capacidades de análisis, de creatividad, de resolución de problemas complejos y de cambio. Lo que sobre el papel demandan las grandes empresas y deberían saberse -si es que saben lo que significa-, las psicólogas que son contratadas en sus departamentos de recursos humanos. Pues bien: éste es el camino que elegí. Me equivoqué. Porque, a todas luces, entro dentro de una nueva discapacidad, y una de las que molestan al Poder si éste no es capaz de hundirnos en la depresión o de mandarnos encadenar por los poderes fácticos blandiendo contra nosotros las categorías de molestos o fanáticos, cuando no de enfermos mentales. Y en esto el Poder es muy hábil. A una persona sola pueden silenciarla. Por eso quiero publicar y difundir esto, así como otros blogs; para que, si llega a “ocurrirme” un lavado de cerebro que me devuelva al denominado por Chomsky “rebaño de los adormecidos” (aquí no somos tan importantes con en las Universidades norteamericanas con algunos de cuyos exponentes más subversivos se experimentó dentro del ya desclasificado programa MK-Ultra), si el Poder hace uso del condicionamiento operante el peor de sus sentidos -por ejemplo, a través del Estado terapéutico-, y se me da la falsa felicidad del soma del Mundo Feliz de Huxley, por lo menos estas ideas habrán sido lanzadas al ciberespacio. Lo mismo pretendo hacer, y más pronto que antes, con otros posts.

Termino con unas pocas citas de nuestra Constitución Española, tan en boca de los políticos de todos los colores como prostituida. “Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo”, dice el artículo 35 de la Constitución Española en su primer párrafo. Incluso la propia Constitución se hace eco de la protección de los discapacitados, a los que, utilizando la terminología de la época, llama “disminuidos”, en su artículo 49, cuyo texto reproduzco a continuación: “Los poderes públicos realizarán una política de previsión, tratamiento, rehabilitación e integración de los disminuidos físicos, sensoriales y psíquicos, a los que prestarán la atención especializada que requieran y los ampararán especialmente para el disfrute de los derechos que este Título otorga a todos los ciudadanos”; la cursiva es mía, y con ella quiero subrayar el hecho de que todas las limitaciones a la capacidad de obrar de los discapacitados deben ser interpretadas restrictivamente, que su tratamiento ha de ser contando con su cooperación, y no de modo paternalista, y que el objetivo del mismo debe ser el disfrute de los derechos y libertades reconocidos en la Constitución, que son para todos, y no sólo para la mayoría “normal”. Porque, entre otras cosas, de una lectura siquiera superficial del arma más mortífera de la Psiquiatría actual -es verdad que ya no hacen tantas lobotomías como antes, pero por lo general diagnostican más que hablan-, si abrimos el DSM-V de 2013, no hay nadie “normal”. Sólo basta con que alguien acuda a consulta para que sea considerado “enfermo mental”, desencadenándose con ello los nefastos efectos victimizadores propios de la dinámica de inclusión/exclusión en el colectivo de los denominados “enfermos mentales”. Casi no me resisto a seguir, pero sobre ello, téngalo por seguro mis lectores que, si Dios quiere, y como dijo el gobernador de California, “volveré”.

Volvamos sin embargo a la Constitución. Todos los criterios interpretativos sobre la capacidad de obrar de aquellas personas que por alguna u otra razón (edad, trastorno mental transitorio o permanente, incapacidad) son Derecho vigente, y manifiestan una tendencia clara en contra de la regla del paternalismo médico incluso en esos supuestos, tanto en nuestra doctrina como en nuestra jurisprudencia, así como en el ámbito deontológico médico, sobre todo a partir de la aprobación del Convenio de Oviedo de Derechos de los Pacientes de 1999, que tendrían que leerse varias veces muchos de los actuales profesionales españoles de la salud mental. Todo ello, incluso en una época de crisis, es Derecho vigente, aunque sean meros “criterios rectores de la política económica y social”. Pero a ellos han de estar sometidos todos los partidos, incluidos el PSOE y el PP. Por cierto, igualmente vigente resulta el artículo 42 de la Constitución, que dispone lo siguiente: “El Estado velará especialmente por la salvaguardia de los derechos económicos y sociales de los trabajadores españoles en el extranjero y orientará su política hacia su retorno”. Así que, además de ello, no vendría mal una petición de disculpas públicas por parte del actual Presidente del Gobierno, el Sr. Mariano Rajoy, por los miles de jóvenes y no tan jóvenes que han tenido que dejar este país por la situación de crisis de la que son responsables en cuanto gobernantes. Me dan igual las herencias recibidas; la misma declaración se la exigiría al PSOE si estuviera ahora mismo en el gobierno. Y es que en Derecho civil se enseña que las herencias se transmiten, y que el sucesor es -según las reglas generales- responsable de las deudas producidas por el causante, haya habido o no culpa; la responsabilidad como categoría esctricamente jurídica -cuestión distinta es cuando pretende extrapolarse espuriamente a otros lenguajes, como el clínico-, es una categoría que no necesita la culpa; puede fundarse perfectamente en el riesgo, en la equidad o en otras construcciones jurídicas; por ello, y en una cierta analogía con el Derecho civil, del mismo modo en Derecho político un gobierno es responsable de la situación de un país, tal y como se lo encuentre; ello se ve muy bien en el Derecho Internacional Humanitario, especialmente en las obligaciones que la IV Convención de Viena impone a los países invasores sobre el país invadido. En la medida en la que las potencias ocupantes se arrogan el ejercicio de una acción de gobierno, se hacen competentes de todos los riesgos que afectan al territorio ocupado -diríamos en teoría del Derecho penal-, procedan de donde procedan. Así que con mayor razón el Gobierno actual es responsable, objetivamente y por voluntad de las urnas -aunque sea una voluntad formal o una ficción jurídico-pública- de la situación del país, y ellos -los gobernantes- tienen que contribuir a mejorarla. Los que pretenden esquivar su responsabilidad -esta responsabilidad, la que implica acción y compromiso de cambio y no aceptación de culpa-, nos dan una idea de lo limitada de su formación intelectual y humana, además de su pusilanimidad.

En resumen: estoy dispuesto a lanzar esta idea: los parados hipercualificados como una nueva forma de discapacidad, y de lanzarla incluso a la arena política. Quiero que se hable del tema, y quiero lanzar, a través de este post, el testigo para que, desde la sociedad civil -aunque luego deban mediar los partidos-, pueda ser recogido por quienes la apoyen. El objetivo: llevar el problema del paro hipercualificado al Congreso de los Diputados como problema político de primer orden de I + D + I, con la legitimidad que debe darnos esta idea. La propuesta podría bien cristalizarse en una iniciativa legislativa popular de Proposición no de ley, pero de puntos programáticos claros, que restituya la dignidad al colectivo de los parados hipercualificados. Las personas hipercualificadas no somos simples personas “vagas” que no queremos aceptar “cualquier trabajo” -como recientemente se nos acusaba por personas afines al Ministerio de Empleo-; somos personas conscientes de que en “cualquier puesto de trabajo” lo tenemos más difícil y que, además, lo vamos a hacer peor que quien ha estado toda su vida en ese trabajo; aunque esta posición parezca elitista, no lo es, pues la mayoría de vosotros conocéis mi posición sobre la necesidad de redistribución de la riqueza y de poner límites al capital; muchos de estos conocimientos los he adquirido, además de en participación en acciones de voluntariado, sobre todo gracias a mi hipercualificación. Así que, más allá de las críticas que se nos dirijan por hacer o no hacer otras cosas, tal y como yo lo veo, somos personas conscientes de la grave responsabilidad que pesa sobre nosotros, como colectivo social, en cuanto talento desperdiciado por el sistema y que ansiamos que revierta en la sociedad para el bien común de todos. En mi caso, si no adelgazo mi currículum, no es por orgullo, sino por no faltar al respeto a tantos miles de personas -muchos de ellos ni siquiera tuvieron la oportunidad de cursar estudios superiores- que pagaron una formación excelente y a las que ahora no les puedo devolver, en términos productivos, dicha formación recibida. Ello me llena de amargura, pero constituye también un grave problema social, que espero haber denunciado con este post. Y me costa que lo mismo piensan miles de personas ahora mismo en silencio, cuando no silenciadas. También por ello, no aceptaré -al menos a fecha de hoy, 22 de mayo a las 17:00 h GMT +1)- ninguna discapacidad que no sea ésta. Porque lo contrario sería darles la razón a quienes quieren silenciarnos, a los pseudopsiquiatras y pseudopsicólogos que, a fuerza de querer hurgar en nuestros ombligos, descubren ahí sus propias miserias y justifican un sistema de autoridad prescriptiva y de trastorno mental cuya epistemología resulta altamente cuestionable. Pero eso, como diría el nunca suficientemente ponderado Michael Ende… eso es otra historia. Parte de ella trataré de contarla o de reescribirla en sucesivos posts, con la ayuda de Dios. En cualquier caso, retomo la cuestión fundamental de los problemas de la hipercualificación y de los problemas relativos a la crítica a la juventud por su “ociosidad” en http://pabloguerez.com/2014/07/08/de-nuevo-sobre-el-prolema-de-la-hipercalificacion-y-contra-la-critica-a-la-presunta-ociosidad-de-la-juventud-sin-trabajo/.

 

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico / Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

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De nuevo sobre “la crisis”: ¿es necesaria en nuestro “Primer Mundo” una nueva “revolución burguesa”? (A propósito de la última encuesta de la EPA en España)

abril 30, 2014 § Deja un comentario


 

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1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

2. La ley regulará un estatuto de los trabajadores. (Constitución Española de 1978, art. 35)

 

 

Desde luego, la encuesta sobre población activa publicada ayer nos ha dejado perplejos a muchos. Desde mi supina ignorancia de macroeconomía no he podido evitar hacerme esta pregunta: a la vista del pequeño, pero real, crecimiento económico ¿cómo es posible, o cómo dejamos que sea posible, a nivel político, que no se esté creando empleo? ¿Realmente nos encontramos ante una falta de voluntad de los poderes políticos, en connivencia con los poderes financieros, que no quieren que se creen trabajos cualificados? Porque es lo que parece, a juzgar por las estadísticas de empleo, máxime si examinamos los tramos por edades. No sólo no se crea empleo, sino que en los tramos más altos por edad, parece que se están incentivando las jubilaciones anticipadas, mientras que en los tramos más bajos el llamado paro juvenil (hasta los veinticinco años), desde el que se podría incorporar al mercado laboral a las tan elogiadas por los políticos de los dos grandes partidos como “las generaciones mejor preparadas de la historia de España (por supuesto, gracias a haber sido formadas bajo sus respectivos sistemas educativos, y a pesar de las Universidades y del esfuerzo personal de miles de jóvenes)  sigue en tasas del 45-46%. La conclusión parece muy clara: no hay voluntad política de incorporar al mercado laboral a trabajadores cualificados. Y no digamos ya nada con respecto a los denominados trabajadores “hipercualificados”, cuya sola mención parece un insulto, algunos de los cuales tienen que rebajarse, no ya a aceptar puestos de trabajo de inferior categoría a la que les correspondería según su formación –lo cual, sin dejar de ser una injusticia, supondría en ellos seguramente un signo de humildad y admiración que nunca tuvieron que demostrar, por lo general, las generaciones precedentes-, sino a  adelgazar sus currícula, cosa que ya no supone humillarse, sino una cosa bien distinta, es decir, mentir. Mentir sobre una cualificación que, en la gran mayoría de los casos, ha costado esfuerzo y años de estudio no sólo a las personas directamente concernidas o sus familias, sino a toda la sociedad, que ha contribuido por años a sufragar una formación de élites con sus impuestos y que no ahora se ve privada de su derecho legítimo a verse beneficiada por las competencias y habilidades adquiridas por las personas, jóvenes y no tan jóvenes, altamente cualificadas.

Pareciera que los poderes que actualmente configuran el status quo a todos los niveles (político, burocrático, económico, financiero, cultural e incluso académico), hubieran pactado una suerte de congelación por lo que respecta a nuevas incorporaciones. Me viene a la mente, con respecto al mundo financiero, aquella famosa frase que pronunciara el inversor británico George Soros, aquel hombre que él solo era capaz de hacer temblar la cotización de la libra y, como veis, nada sospechoso de marxista: “Es sencillamente inmoral que permitamos que el mundo esté en manos de jóvenes aprendices de treinta años que sólo piensan en ganar dinero”. Pero por aquel entonces todavía existía una ética –no necesariamente la nuestra, o la mía-, pero una ética del comerciante, que pareciera haber desaparecido casi por completo.

Ya hace años que el historiador Eric Hobsbawn se refiriera a las sublevaciones de 1848 acaecidas en varias partes del continente europeo (sobre todo en Centroeuropa, pero con repercusiones importantes también en áreas como la península itálica o los Balcanes), como la última de las revoluciones “burguesas”, en las cuales la burguesía afianzó definitivamente su poder y tomó su lugar en la sociedad, como eje motriz del desarrollo industrial, entre la nobleza y el proletariado. Así ha sido, ciertamente, a pesar del triunfo, en una buena parte del planeta, de las revoluciones proletarias que habría de llevar al comunismo o, mejor dicho, al socialismo real, al poder, en Rusia, China y el Este de Europa, además de otros países, hasta su derrumbe final como contrapoder al sistema económico capitalista a partir de la caída del Muro en 1989 y de la desaparición de la Unión Soviética en la Navidad de 1990.

Desde finales de la Segunda Mundial, al menos en Europa, en nuestra vieja Europa, se ha dicho muchas veces, tanto desde los partidos democristianos como desde los partidos socialdemócratas, que la clase media era la que sostenía un país avanzado: por un lado, porque, a través del voto y de otros instrumentos de presión más o menos estandarizados, impediría los abusos de la clase alta, en defensa de su interés en conservar determinados derechos sociales adquiridos, hasta hace poco considerados como básicos, como la educación o la sanidad; y, por la otra, porque “tiraría” de la clase baja a través del apoyo solidario a medidas gubernamentales de ayudas y de fomento a la igualdad de oportunidades. En definitiva, la existencia de una clase media es la que ha garantizado la cohesión social en los países más desarrollados económicamente, y ello tanto a nivel político, como económico, habiendo representado el principal motor de la sociedad, basado en su núcleo en la existencia de un tejido productivo compuesto por la pequeña y mediana empresa. Es precisamente por esta razón que su desaparición, hacia la que parece abocarnos la crisis, constituye un craso error, tan históricamente comprobable a través de un detenido análisis de la mayoría de los países del mundo –los cuales carecen de una clase media consistente, o de clase media en absoluto-,  como el fracaso de los regímenes socialistas. Se impone, por lo tanto, una revolución social –no necesariamente violenta-, y, por de pronto, no se me ocurre una manera mejor de llevarla a cabo que a través del fortalecimiento de una sociedad civil capaz de moverse en red y de realizar iniciativas de ayuda a microempresas o empresas cooperativas, prescindiendo, en la medida de lo posible, de intermediarios políticos o financieros, como la Banca. Por supuesto, ello constituye una tarea muy ardua, en cuanto este tipo de iniciativas, aquí tan sólo esbozadas, encontrarán todo tipo de obstáculos por parte de los poderes fácticos –especialmente por parte del poder de las corporaciones y del poder financiero-, sobre todo en una sociedad, como la nuestra –y a pesar de lo que se diga-, en su gran mayoría envejecida en edad y pensamiento y altamente conservadora. Pero esta consideración no debe inducir a desfallecer a las generaciones más jóvenes que quieran hacer algo por este país o que, desde fuera, puedan importar fórmulas de gestión económica más societarias o cooperativas. A ello mes gustaría animarles con esta breve reflexión, esperando que suscite en ellos reflexiones mejores, comentarios y vaya calando la idea, tan arraigada en movimientos del estilo del 15-M, de que “otro mundo es posible”.

 

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De nuevo sobre “la crisis”:¿ es necesaria en nuestro “Primer Mundo” una nueva “revolución burguesa”? (A propósito de la última encuenta de la EPA en España) byPablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
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