Refugees crisis: What is really creepy beyond Valletta Summit

noviembre 12, 2015 § Deja un comentario


Posted also as a comment approved  on the online Journal “Times of Malta” via http://www.timesofmalta.com/articles/view/20151110/opinion/Beyond-Valletta-Summit.591589 (see the original article, it is is very interesting)

 

I’m in the world of NGOs related to the immigration issue, although I receive no incomes whatsoever. I count myself among those people doubly pissed off by how it is carrying out a process that, despite the pompous objectives of the summit of La Valletta and the good intentions of development cooperation and investment, ends up being a deal refugee quota as if were a contest to see who sits at the table of the yet opulent Europe -in comparative terms, of course- the largest number of refugees.

Dark officials in Brussels, without any democratic legitimacy, say there are working to correct this, but some bureaucratic sources acknowledge that while Europe would still have a conservative majority, it will be difficult to get to other approaches.

We already know. I will not spread here about the European process and drift that has taken at least since the adoption of the TEU, completely neoliberal and marking since its inception a deficit of alarming democratic legitimacy, to the glory of free movement is built goods and capital under the pretext of a “European citizenship” for citizens. Many are practically on the street because of that policy, which, incidentally, was not only European but world, including the United States. But even in this, we have been more “papists” Chicago Boys that no European Treasury or anything. Everything is a pure sham and a scam. It is not surprising that the refugee crisis, without a socialist really humane alternative, will not be able to spend the meager amount of money needed to make viable investment projects in the origin and manage well the European budget items aimed to development cooperation, it will end in a tragedy of biblical proportions. All because European social democracy has failed to return to its origins and to fight the discourse of cultural hegemony in the field of unique thought of the IMF, the World Bank, the ECB and other criminal organizations defenders of ultra-liberalism and whose name should be pronounced: savage and inhuman capitalism.

From Pablo Guérez Tricarico, PhD
Doctor of Public Law and Juridical Philosophy
Former Professor of Criminal Law of the Autonomous University of Madrid
Former Member of the Board of the Committee on assistance to Refugees, Asylum seekers and Immigrants in the Spanish State (COMRADE, see www.comrade.es)
@pabloguerez

Blog about victimization processes and other social items: http://pabloguerez.com

Lágrimas en el mar. “When feeling ashamed is not enough”.

septiembre 3, 2015 § 2 comentarios


En el drama de las migraciones que estamos viviendo y al que todavía no he podido acostumbrarme, ayer no pude quitarme una imagen de la cabeza… Inocencia arrebatada… Ante cualquier pregunta, de cualquier por qué, a veces es cierto que una imagen vale más que mil palabras.
Desde Twitter me llegan las imágenes captadas por un periodista turco. No puede ser más expresivo. Los 140 caracteres que permite Twitter esta vez sí son suficientes para expresar todo lo que el autor de la fotografía quiso decir y, al mismo tiempo, para expresar una impotencia que no cabría ni en un millar de palabras. Lacónicamente, tuitea esta frase en inglés: “Cuando sentirse avergonzado no es suficiente”.
Y si no es suficiente para Turquía, ¿cómo no lo será para la Unión Europea?
Advierto que las siguientes imágenes pueden herir la sensibilidad del espectador:
©@// Hatice AVCI /Cuenta verificada @HaticeAVCI_ // #Journalist /Documentary. Todos los derechos reservados.

©@// Hatice AVCI /Cuenta verificada @HaticeAVCI_ // #Journalist /Documentary. Todos los derechos reservados.

Lo publico aquí en memoria de todos los niños y adultos inocentes que han muerto intentando alcanzar las costas de la prosperidad. Especialmente a los niños, que Dios tenga ya en su Gloria, les dedico este tema. Descansen en paz. Como cantara Eric Clapton, “(…) detrás de la puerta, estoy seguro de que hay paz”.

El Derecho concursal y los pobres. Comentarios al artículo del Catedrático de Derecho Mercantil Dr. Jesús Alfaro desde la justicia social o, si se quiere, desde una Izquierda razonable

enero 29, 2015 § 1 comentario


 

http://derechomercantilespana.blogspot.com.es/2015/01/la-mejor-forma-de-redistribuir-renta.htm

 

“SHYLOCK: Esta es mi bondad. Vayamos a un notario, y poned vuestro aval a un pagaré sencillo; y, por hacer un chiste, si no me devolvéis en el día preciso y en el lugar preciso la suma o las sumas estipuladas, el desquite ha de ser una libre exacta de vuestra carne blanca, que podrá ser cortada de la parte del cuerpo que me plazca” (William Shakespeare, El Mercader de Venecia) Dedicado a los neoliberales, a las entidades usureras ilegales “toleradas” por el Derecho realmente aplicado, a los bancos y a los jueces que inaplican el poco Derecho vigente a favor de los pobres)

 

Lo que siempre he pensado y discutido con mis queridos colegas Profesores de la Universidad Autónoma de Madrid de Derecho Procesal, especialistas en Derecho concursal: es necesario un Derecho concursal “de rostro humano”, reflejo, si se quiere, de un “conservadurismo compasivo”. Desde la aprobación de la Ley Concursal, que simplificó y facilitó bastante los trámites a favor de los acreedores de las sociedades mercantiles, pero admitió el concurso de persona física, que continúa respondiendo, conforme al artículo 1911 del Código Civil, “con todos sus bienes, presentes y futuros”, sostuve que era necesaria una reforma que contemplase la posibilidad de “salvación” del deudor persona física “in bonis”, a través de una regulación de “second step” o de “segunda oportunidad” que le permitiera rehacer su vida.

Ello vendría exigido no sólo por un sentimiento de mínima justicia social, requerida por el Estado social y democrático de Derecho y redistribuidor (arts. 1 y 128 de la Constitución Española, hoy en gran parte, a mi juicio, “derogados” materialmente por el Derecho tanto originario como derivado de la Unión Europea, desde la aprobación del Tratado de la Maastricht el 7 de febrero de 1992, reflejo de políticas neoliberales), sino también por la extraordinaria asimetría entre la posición jurídica y económica, claramente dominante, que ejercen muchas sociedades oligopólicas, manifestada por el manejo de patrimonios cuya cuantía resulta prácticamente inimaginable para el ciudadano común, el abuso en las cláusulas generales de la contratación y en la legalización sin más de la usura; en este punto, considere el lector que tenemos en España empresas de créditos rápidos -si bien de escasa cuantía-, con un interés del orden de hasta el 8.000 % TAE, así como entidades bancarias y de crédito filiales de la “banca tradicional” con créditos al consumo o créditos vinculados a tarjetas de crédito para particulares de tipo “revolving”, que llevan aparejados un interés del orden de hasta el 28% TAE. Este dislate económico, “tolerado” legislativamente, contrasta claramente no sólo con legislación positiva que quiere entenderse derogada “de facto” por “los mercados” -como por ejemplo, la Ley de Usura de 1908, o “Ley Azcárate”, que declara nulos cualesquiera préstamos que lleven aparejados un interés notablemente superior al del mercado, Ley a la que algunos Juzgados de Primera Instancia han comenzado a prestar atención-, sino con nuestra propia Constitución económica. Frente a esta situación, urge una regulación para reconocer el “derecho a la segunda oportunidad” del “quebrado” persona física: él es, en definitiva, y por mucho que les pueda pesar a los defensores, mayoritarios, de las pretendidas bondades para el “tráfico jurídico” de la gran ficción histórica de “persona jurídica”, tráfico que no es otro que el que se deriva del sistema de préstamo y consumo de un sistema capitalista hoy ya muy cuestionado por prestigiosos economistas, como Amartya Sen, Krugman, Piketty, Stiglitz, Riekin y muchos otros, incluso en su raíz, la única persona -si nos creemos el positivismo incluyente constitucional-, que tiene dignidad y que tiene, a mi juicio, verdadero interés ético, jurídico y político, a la cual está ordenada la construcción de la persona jurídica: es decir, aunque suene a populista, la persona de carne y hueso, la que sufre, la que tiene hijos que alimentar y la que tiene derecho a realizar sus planes de vida por encima de los condicionantes del “mercado”, su actual dueño y señor. Desde el punto de vista constitucional, la dignidad de la persona (física, se entiende) no es sólo un derecho fundamental brumoso y un principio de máximo nivel del ordenamiento jurídico (¡por encima de la propiedad privada, sí, señores, entérense, la cual la Constitución no sólo limita internamente, con la mención específica de que su función social delimitará su contenido, a tenor de lo dispuesto en el artículo 33 de nuestro máximo texto constitucional, sino que este mismo artículo NO se encuentra ubicado en la Sección 1ª del Capítulo II de su Título I, arts. 14 a 29, que recoge los derechos fundamentales y libertades públicas de los ciudadanos), sino que, además de esta dimensión privada, reviste una dimensión pública de innegable importancia, en cuanto es, recordémoslo una vez más, “fundamento del orden político y de la paz social” (art. 10.1 de la Constitución Española).

Desde un punto de vista conservador, mi colega el Dr. Alfaro muestra cómo países con mayor “espíritu comercial”, en los que más ha cuajado el “espíritu del capitalismo”, como los propios Estados Unidos de América, tienen legislaciones más benéficas que la nuestra en materia de concurso de persona física, que permiten al deudor “in bonis” renegociar su deuda privada. Algo que vendría muy bien en España, también como política de saneamiento económico “bueno”, y que podría contribuir a conseguir logros de política económica general que permitieran por fin una salida honrada de esta asburda crisis provocada por el abuso del crédito en un sistema económico injusto. No olvidemos que gran parte de la deuda del país es deuda privada, y deuda de las familias. Y si bien aisladamente (per capitat) no representa mucha cantidad, de manera agregada supone un lastre para la recuperación económica, a nivel “macro”, que es el que empieza a importar a “los mercados”, los cuales son los verdaderos legisladores en una democracia secuestrada como la nuestra. Afortunadamente, no todo está perdido. Si bien en un contexto globalizado dominado por el pensamiento ultraliberal único poco puede hacerse desde los Gobiernos nacionales, propuestas sensatas de renegociación de la deuda deberán ser aceptadas por los mercados y por las instituciones financieras reguladoras mundiales si éstos no están dispuestos a permitir que paguemos un precio demasiado alto en términos de cohesión social, y que no conduciría a nada bueno. Grecia, con el nuevo Gobierno de Syriza, ya se ha puesto a trabajar en ese sentido. Veremos si a los ciudadanos “de a pie”, los “deudores in bonis”, en definitiva, los que componemos “el pueblo” del que tan cacareadamente emana la soberanía y los propios poderes de los Estados constitucionales, aun en este tiempo posmoderno, podremos seguir defendiendo nuestros derechos o seremos acallados por nuevas “Leyes mordaza” que lleguen a suprimir hasta la propia “libertad de expresión”: ¿en nombre de la seguridad nacional, de la necesidad de defenderse de los fanáticos islamistas, de Occidente, de nuestros valores? No, señores: en nombre de los mercados.

 

Fdo.: Dr. Pablo Guérez Tricarico

Ex Profesor de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid y del Colegio Universitario “Cardenal Cisneros”

Acreditado para Plazas de Profesorado universitario permanente por la Agencia de Calidad, Acreditación y Prospectiva de la Comunidad de Madrid (ACAP)

Miembro del Instituto de Ciencias Forenses y de la Seguridad de la UAM (ICFS-UAM)

Colegiado ICAM 97901

Desempleado y demandante de empleo inscrito en el Servicio Público de Empleo de la Comunidad de Madrid desde el 28/7/2011. Razón: Universidad Autónoma de Madrid, Rectorado. Calle Einstein, no. 1, 28049 Madrid.

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Signed by: Pablo Guérez Tricarico, PhD

Ex Professor of Criminal Law of the Autonomous University of Madrid and of the Universitary School “Cardenal Cisneros”

Tenured as Professor of Criminal Law received by the Quality, Accreditation and Prospective Agency of the Region Madrid

Member of the Institute of Forensic Sciences and Security of the Autonomous University of Madrid (ICFS-UAM)

Referee of hon. Attorneys Council of Madrid n. 97901

Unemployed and seeking employment registered on the Public Employment Service of the Region Madrid since 28/7/2011. Reason: Autonomous University of Madrid, Rector. Einstein Street, n. 1, 28049 Madrid.

 

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El Derecho concursal y los pobres. Comentarios al artículo del Catedrático de Derecho Mercantil Dr. Jesús Alfaro desde la justicia social o, si se quiere, desde una Izquierda razonable by Pablo Guérez, PhD is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional License.
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La propiedad intelectual e industrial deben ser rediseñadas para que aprovechen a sus autores y a la comunidad, reduciendo el poder de los intermediarios. Al mismo tiempo, a título personal, considero, al más puro estilo Proudhon, que estas formas de propiedad -como todas las formas de propiedad privada-, tal y como se dan en el sistema económico capitalista actual, son, al menos en parte, un robo. En este sentido, la propiedad debe servir para aprovechar al ciudadano particular, pero también a la comunidad, cuyo conocimiento acumulado a través del trabajo colectivo ha inspirado la obra del autor.

NOTE TO COMMERCIAL LAWYERS and “ORTHODOX” ECONOMISTS: This page supports most programmatic points of the ideology of the Confederation of Spanish State Parties Pirate (vid http://confederacionpirata.org.) And European Pirates movement, still under construction and international recognition (http://www.europeanpirates.net), and in particular the principles of cooperation and not competition.

The intellectual property must be redesigned to benefit the authors and the community, reducing the power of intermediaries. At the same time, personally, I think, in the purest style Proudhon, that these forms of ownership, as all forms of private property, as given in the current capitalist economic system are, at least in part, a robbery. In this sense, the property should serve to benefit the private citizen, but also the community, whose knowledge accumulated through collective work has inspired the author’s work.

 

 

 

Nuestro PIB europeo / Our European GDP

junio 13, 2014 § Deja un comentario


Advertencia: Algunas de las imágenes posteadas pueden herir la sensibilidad del lector.

 

Dedicado a la Troika y a sus tecnócratas

Al día siguiente Moisés dijo al pueblo: habéis cometido un pecado gravísimo; pero ahora subiré al Señor a ver si puedo expiar vuestro pecado. Volvió, pues, Moisés al Señor y le dijo: -Este pueblo ha cometido un pecado gravísimo haciéndose dioses de oro. Pero ahora, o perdonas su pecado o me borras de tu registro. El Señor respondió: -Al que haya pecado contra mí lo borraré del libro. Ahora ve y guía  a tu pueblo al sitio que te dije: mi ángel irá delante de ti. Y cuando llegue el día de la cuenta, les pediré cuentas de su pecado. Y el Señor castigó al pueblo por venerar el becerro que había hecho Aarón” (Ex 32, 30-35)

Había un hombre rico, que vestía de púrpura y lino y banqueteaba espéndidamente cada día. Y había un pobre, llamdo Lázaro, cubiero de llagas y echado a la puerta del rico, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico; y hasta los perros iban a lamerle las llagas. Murió el pobre y los ángeles lo llevaron junto a Abrahám. Murió también el rico y lo sepultaron. Estando en el lugar de los muertos, en medio de tormentos, alzó la vista y divisó a Lázaro a su lado. Lo llamó y le dijo: -Padre Abrahám, ten piedad de mí y envía a Lázaro, para que me moje la punta del dedo en agua y me refresque la lengua; pues me torturan estas llamas. Respondió Abrahám: – Hijo, recuerda que en vida recibiste bienes y Lázaro por su parte desgracias. Ahora él es consolado y tú atormentado. Además, entre vosotros y nosotros se abre un inmenso abismo; de modo que, aunque se quiera, no se puede atravesar desde aquí hasta vosotros ni pasar desde allí hasta nosotros. Insistió el rico: -Entonces, por favor, envíalo a casa de mi padre, donde tengo cinco hermanos; que los amoneste para que no vengan a parar también ellos a este lugar de tormentos. Les dice Abrahám: -Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen. Respondió: -No, padre Abrahám; si un muerto los visita, se arrepentirán. Le dijo: -Si no escuchan a Moisés ni a los profetas, aunque un muerto resucite, no le harán caso (Lc 16, 19-31)

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dinero incautado  muchos euros

 

Creo que sobran las palabras. NO COMMENT habría sido suficiente. No obstante, algo -poco- diré al respecto.

 

Tesis: La Regla de Oro según las mayores religiones de la Tierra y los mayores filósofos morales: “Amarás a tu prójimo con todo tu carazón, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, como a ti mismo” o “No harás a los demás lo que no quisieran que éstos te hicieran a ti”.

 

Antítesis: La Regla de Oro según la Troika y los “sabios” europeos: “Mantendrás el Pacto de Estabilidad con todas tus fuerzas y todo tu ser, como a ti mismo” o “No te endeudarás más de lo que nosotros decidamos”.

 

Síntesis: Depende de nosotros, y de nuestros “representantes” (de aquella manera) en los parlamentos nacionales y en el Parlamento Europeo. En cualquier caso, la ampliación de los objetivos de la Unión Europea más allá del ámbito estrictamente económico, que parecía ser una tendencia consolidada en todos los cambios normativos comunitarios desde el Tratado de Ámsterdam, está ahora en serio peligro por una crisis que, como puede verse por la decisión sobre el PIB recientemente adoptada por la Unión Europea y que se califica por sí misma, amenaza con llevar cada vez a más ámbitos de nuestra realidad social la máxima de que las personas deban estar al servicio de la economía, y no al revés. Sin embargo, no se hizo el hombre para la economía, sino la economía para el hombre. Como el sábado. Nuestra tradición común europea que inspirara los textos fundacionales de aquella primitiva “Comunidad Económica Europea” de 1957, a pesar del adjetivo económico, se basó en un objetivo mucho más trascendente, a la vez que práctico: evitar las guerras en el continente. No en vano -y con acierto-, la ahora denominada Unión Europea nació como “Comunidad Europea del Carbón y del Acero”. Tras muchas peripecias históricas, la caída del Muro, el llamado nuevo orden mundial y la ampliación de la Unión Europea a los países del Este, la voluntad del legislador comunitario de poner en común algo más que una moneda no desapareció por completo. Podía criticarse la tibieza, la falta de horizontes, la falta de políticas más efectivas, pero los Tratados -y después, el Tratado de Funcionamiento-, seguían siendo inspirados por una concepción de Europa no sólo económica. Y así continúan en la actualidad. A pesar de la crisis. Por ello, no está de más que recordemos algún pasaje del Tratado de funcionamiento de la Unión, en su versión consolidada, relativo al espacio común de cooperación en materia de justicia e interior, y en concreto, su art. 83.1, que, en concordancia con otras normas comunitarias de Derecho derivado, algunas de ellas reglamentos y por ello con eficacia directa, así como con otras normas emanadas del Consejo de Europa, se refiere al menos a la posibilidad de que los Estados miembros adopten medidas en defensa de una serie de bienes jurídicos que, por nuestra común tradición valorativa se estiman prioritarios, y en consecuencia se arbitren también las medidas de lucha contra aquellas conductas que los lesionen o los pongan en peligro, especialmente si éstas revisten carácter transnacional, rasgo muy común en la nueva delincuencia. Así, el art. 83.1 TUE, en su redacción vigente, dice: “El Parlamento Europeo y el Consejo podrán establecer, mediante directivas adoptadas con arreglo al procedimiento legislativo ordinario, normas mínimas relativas a la definición de las infracciones penales y de las sanciones en ámbitos delictivos que sean de especial gravedad y tengan una dimensión transfronteriza derivada del carácter o de las repercusiones de dichas infracciones o de una necesidad particular de combatirlas según criterios comunes. Estos ámbitos delictivos son los siguientes: el terrorismo, la trata de seres humanos y la explotación sexual de mujeres y niños, el tráfico ilícito de drogas, el tráfico ilícito de armas, el blanqueo de capitales, la corrupción, la falsificación de medios de pago, la delincuencia informática y la delincuencia organizada. Teniendo en cuenta la evolución de la delincuencia, el Consejo podrá adoptar una decisión que determine otros ámbitos delictivos que respondan a los criterios previstos en el presente apartado. Se pronunciará por unanimidad, previa aprobación del Parlamento Europeo”. No quiero detenerme mucho en el comentario, puesto que creo que, en este caso, los hechos hablan por sí solos. Simplemente me limitaré a hacer un brevísima referencia a la finalidad del delito de blanqueo de capitales, por lo que tiene que ver con la decisión adoptada por la UE en relación con el cómputo del PIB. A mi juicio, la importancia de incriminar este delito reside en la necesidad de privar de la ganancia a quien realiza determinadas actividades ilícitas, y, con ello, de la ventaja de poder competir en el mercado, precisamente para prevenir e impedir la realización del llamado delito base. Explicado con un ejemplo, si el narcotraficante o el tratante de seres humanos se ven privados de todo modo de poder hacer aflorar el dinero que les reporta su repugnante negocio, ya no le será económicamente atractivo, con lo que, castigando el blanqueo de capitales, estamos en realidad previniendo o impidiendo futuras conductas que por su gravedad consideramos intorerables. Al menos ésta es mi opinión sobre lo que la doctrina penal suele denominar como “bien jurídico protegido” en dicho delito. Volviendo a la cuestión que nos ocupa, con el beneplácito obligado de Europa de que las actividades ilegales deban “computar” económicamente a efectos del “sacrosanto” PIB, no llegamos al menos a los efectos perversos de las amnistías fiscales que este gobierno de derechas, y por tanto, de “gente de bien” hiciera básicamente a los grandes delincuentes para que “el dinero aflorara”, pero se produce un efecto simbólico perverso, cual es el de una declaración, por parte de un organismo público, de que actividades ilícitas que constituyen muchas veces gravísimos crímenes “producen”, tienen un valor, y esto no puede ser afirmado por un Estado de Derecho que dice -y es más-, está obligado, por su propia legislación y por la legislación internacional, a luchar contra la criminalidad organizada, especialmente contra la que produce los efectos más devastadores para las personas que son víctimas de las redes de explotación y de las organizaciones bajo cuyo amparo se realizan tales hechos. Por ahora, éstos son los hechos justificados, a efectos de incrementar el PIB, por un Estado y una Unión Europea que jurídicamente no pueden no ya declararlos antijurídicos, sino ni siquiera dejar de perseguirlos, conforme a su propia legislación y a los convenios internacionales. La paradoja de un Estado de Derecho que se niega a sí mismo y se postra ante los mercados. No me corresponde a mí juzgar. Como dirían en el Sur, “ustedes sabréis”.

 

Fdo. Pablo Guérez, PhD

@pabloguerez

 

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¿Hasta cuándo?

mayo 28, 2014 § Deja un comentario


¿Hasta cuándo?

 

Un grupo de inmigrantes tras entrar en Melilla. | Efe

 

How many roads must a man walk down
Before you call him a man
How many seas must a white dove sail
Before she sleeps in the sand
How many times must the cannonballs fly
Before they are forever banned

The answer, my friend, is blowing in the wind
The answer is blowing in the wind

How many years can a mountain exist
Before it is washed to the sea
How many years can some people exist
Before they’re allowed to be free
How many times can a man turn his head
And pretend that he just doesn’t see

The answer, my friend, is blowing in the wind
The answer is blowing in the wind

How many times must a man look up
Before he can see the sky
How many ears must one man have
Before he can hear people cry
How many deaths will it take
Till he knows
That too many people have died

The answer, my friend, is blowing in the wind
The answer is blowing in the wind

Bob Dylan – Blowing in the wind

Cuántos caminos debe recorrer un hombre,
antes de que le llames “hombre”
Cuántos mares debe surcar una blanca paloma,
antes de dormir en la arena.
Cuántas veces deben volar las balas de cañón,
antes de ser prohibidas para siempre.

La respuesta, amigo mío, está flotando (silbando) en el viento,
la respuesta está flotando en el viento.

Cuántos años puede existir una montaña,
antes de que sea lavada (arrasada) por el mar.
Cuántos años pueden vivir algunos,
antes de que se les permita ser libres.
Cuántas veces puede un hombre girar la cabeza,
y fingir que simplemente no lo ha visto.

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
La respuesta está flotando en el viento.

Cuántas veces debe un hombre levantar la vista,
antes de poder ver el cielo.
Cuántas orejas debe tener un hombre,
antes de poder oír a la gente llorar.
Cuántas muertes serán necesarias,
antes de que él se de cuenta,
de que ha muerto demasiada gente.

La respuesta, amigo mío, está flotando en el viento.
La respuesta está flotando en el viento.

Bob Dylan – Blowing in the wind – Flotando en el viento

Epílogo personal: No hace muchos años pertenecí como voluntario y militante de una pequeña organización -que podríamos definir como una ONG-, ya desaparecida a causa de los recortes de los gobiernos neoliberales del PSOE y del PP, en defensa de los derechos de los refugiados, asilados e inmigrantes en el Estado Español, llamada COMRADE, y presidida durante mucho tiempo por un buen amigo y compañero al que le he perdido la pista, Rafael Polo Guardo. Hasta llegué a formar parte de su Junta Directiva, cuyos miembros, por cierto, no cobrábamos un duro según los Estatutos de la Asociación (ni siquiera los 1900 euros que dicen que van a cobrar, limitándose el sueldo, los recién elegidos europarlamentarios de PODEMOS). El  tiempo que permanecí en dicha Asociación, cuya labor siempre estimé encomiable, tanto de sus trabajadores como de sus volutarios, me brindó más sufrimientos que satisfacciones, sufrimientos que culminaron con mi dimisión de la Junta Directiva de la Asociación. Sólo el factor humano del trato con los voluntarios, los trabajadores y los inmigrantes sin papeles, a los que asesoré jurídicamente durante mi voluntariado de asistencia en el Servicio jurídico de dicha Asociación, pudieron darme algo de satisfacción. Sobre todo al contemplar la miseria y la serenidad con la que algunos inmigrantes en situación irregular y con los problemas que ello conlleva, sumados a problemas comunes de todo tipo -conflictividad familiar, maltratos de la pareja, violencia doméstica, consecuencias de la usura bancaria-, pudo darme algo de satisfacción, así como de autoridad moral para enfrentarme a una sociedad enferma como la nuestra que, incluso en sus tiempos de bonanza, no supo digerir adecuada y dignamente -y sigue sin poder hacerlo- las consecuencias sociales del fenómeno migratorio en nuestro país. Yo tenía un sueldo indigno para mi puesto y con perspectivas de no tener ninguno, como yo ahora, pero ellos no tenían nada -en sentido material-, más que a sus familias y el consuelo de sus creencias religiosas o morales. Es verdad que está escrito. “No sólo de pan vive el hombre” (Mt 4, 3-4), pero yo destacaría la palabra “sólo”. También está escrito, en el mismo Evangelio: “Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me diste de beber” (Mt 23, 35). Y San Pablo afirma: “El obrero merece su salario” (1 Tim 5, 18). Por no olvidar pasajes del Antiguo Testamento como éste del Libro del Deuteronomio: No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te rescató el Señor, tu Dios” (Dt 24, 17).  Sólo por el conocimiento de aquellas personas, aquella participación en el proyecto colectivo de COMRADE fue una experiencia enriquecedora, sobre la que en varias ocasiones me he planteado volver “en el frente”, es decir, con mi presencia directa en organizaciones humanitarias que actúen en los cínicamente llamados países en vías de desarrollo.

Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la Tierra (Salmo 103)

  Fdo.: Pablo Guérez Tricarico, PhD

  @pabloguerez

CRIMEA: MAY WE TOLLERATE ANOTHER WAR IN THE HEART OF EUROPE?

marzo 2, 2014 § 1 comentario


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A estas alturas de la película, el ataque perpetrado por las tropas rusas en la Región Autónoma de Crimea, y su “ocupación temporal”, es ya un hecho consumado. Aprovechando la gran presencia militar de bases rusas en la península ucraniana, su despliegue se ha multiplicado tanto como para que haya sido considerado por las autoridades ucranianas, y, en concreto, por su Presidente actual, Arseni Yatseniuk, que, de hecho, tras la dimisión de Yanukóvich, detenta la representación exterior de un Estado soberano y candidato a la anexión a la Unión Europea, una auténtica declaración de guerra.

Hace unos días advertí, si bien “by the way” o de pasada, sobre el peligro de una falta de posición clara de la Unión Europea sobre este asunto, aparentemente tan lejano e inocuo para “nuestros” intereses occidentales. Una Unión Europea -entonces Comunidades Europeas-, que surgieron en la década de los años 50 del pasado siglo precisamente para impedir que volviera a haber enfrentamientos en el viejo continente; al menos, en la parte perteneciente al entonces denominado “mundo libre”, en el lenguaje de la Guerra Fría, ya que la Unión Soviética y su poderoso Pacto de Varsovia impedían cualquier acción en ese sentido en el otro lado del telón de acero, sofocando, en nombre del llamado “Derecho internacional socialista”, cualquier tímida revuelta popular legítima que tuviera como objeto, simplemente, “humanizar” aquellos regímenes (como la primavera de Praga con el Gobierno de Dubçec en 1968). Después de la Guerra Fría, de la caída del Muro y de la Unión Soviética, y con la implantación de lo que se ha venido en llamar “nuevo orden mundial”, la ampliación de la Unión Europea a los 27 en el año 2007 (con dicha ampliación entraban en la UE como miembros “de pleno derecho” Bulgaria y Rumanía,  al tiempo que se propiciaban las negociaciones para ampliar la anexión a la Unión Europea a todos aquellos países que, una vez pasado un filtro económico y organizativo muy bajo, estuvieran ya incorporados al Consejo de Europa -en la actualidad, son miembros de pleno derecho todos, incluso algunos países no europeos, salvo Bielorrusia y el Vaticano;  este último tiene en esta organización el status de observador permanente cualificado, el mismo que tiene la Santa Sede en la ONU), constituyó para algunos un gesto de apertura política de gran magnanimidad, en el que, en parte -y al menos en la visión de futuro de algunos políticos de buena voluntad-, primó el interés político de contribuir a la democratización de antiguos países “satélites” de la Unión Europea, sin ocultar que con ello, pero de modo complementario, se estaba haciendo el juego a los euroescépticos que preferían un panorama bien distinto, bien lejos de la integración. Estos últimos abogaban por una estrategia política más o menos velada, que habría de contribuir a la deslocalización de muchas empresas de la “vieja Europa” y a abrir los mercados de los nuevos países a los países occidentales. Con ello, se abría de un modo muy sutil la posibilidad de “abrir el melón” sobre el problema de una Europa “a tres velocidades” (la primera: la de Alemania, Francia, el Reino Unido, Italia y el Benelux; la segunda: la de los llamados PIGS o la Europa mediterránea con la exclusión de Francia, la indiferencia hacia Malta y Chipre y la inclusión de Irlanda; y la tercera, la de las ex-repúblicas soviéticas, los países bálticos y Eslovenia). Aunque la mayor apertura hacia los países del Este se produjo con la anexión hacia la Europa de los 25, el 1 de enero de 2004, ampliación que exigió una profunda revisión de los Tratados y del peso político de cada Estado en las variadas instituciones de la Unión Europea, así como la toma de conciencia de las grandes diferencias entre los distintos países que por aquel entonces ya componían la Unión Europea, lo que redundó en una renuncia progresiva a la armonización y a la utilización quizá excesiva de los mecanismos de cooperación reforzada, muchas veces utilizados sin pensar en el interés común de la Unión, sino únicamente en los intereses de los Estados que los suscribieron. 

Tras la crisis económica mundial de otoño de 2007, en el momento actual, la Unión Europea arrastra una crisis de legitimidad democrática no ya de origen, que yo creo que es endémica, pese a las tímidas reformas a favor de procedimientos de codecisión que implican la mayor presencia de la Unión Europea operadas precisamente en el Tratado de la Unión Europea (TUE), más conocido como Tratado de Maastricht, a cambio de renunciar hábilmente a que este proceso semidemocrático se diera en las cuestiones centrales en las cuales los Estados debían ceder soberanía (lo habéis adivinado: lo económico y financiero, incluida la política monetaria de la UE, que desde su creación pasaría a ser dictada por los “sabios” economistas -o ecónomos- del Banco Central Europeo). Precisamente por estas cesiones, y por la incapacidad del sistema de instituciones de la UE para hacer frente a los problemas reales de los ciudadanos, la Unión pasa ahora también por una crisis de legitimidad de ejercicio. Los señores Draghi y Barroso, títeres del gran mercado que domina el entamado burocrático-financiero de la Unión, no son más que hombres -si realmente merecen tal calificativo- de paja, títeres movidos por el hilo de la maraña burocrático-financiera que se ha apoderado de la Unión. Por eso no debemos extrañarnos que no haya habido ninguna declaración seria de ninguno de los máximos responsables de los variopintos órganos o instituciones de la UE en relación con los “hechos” sucedidos y que se siguen sucediendo en Crimea. Los Estados Unidos, a través de su Secretario de Estado de Asuntos Exteriores, John Kerry, ha anunciado, además de un bloqueo económico a Rusia si sigue por el camino de una invasión encubierta, la posibilidad de estudiar la retirada de Rusia del G8. Pero los europeos de los países “ricos”… ¿debemos esperar una vez más a que sean los americanos los que nos saquen las castañas del fuego cuando el “conflicto bélico” de pequeños Estados de nuestro continente nos salpique, o sacuda a nuestra opinión pública como para que los representantes políticos deban tomar medidas? ¿Como en la guerra de Yugoslavia? Sinceramente, y ojalá me equivoque, estamos en una situación cuyas repercusiones pueden ser mucho mayores. No es cuestión de ser sensacionalista comenzando por decir la verdad, y es que ambos Estados en contienda tienen armas nucleares. El hecho es que una de las partes, la parte atacante, es nada más y nada menos que la Federación Rusa, sucesora de la extinta Unión Soviética. Y la presencia militar rusa, si bien muy mermada y ya no comparable a la de la antigua URSS, “no da tanto miedo”, supone la intromisión ilegítima de un Estado cuyo peso político y militar, aun a día de hoy, no puede ser desconocido. Comenzando por su puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, lo que vetaría cualquier operación de “peacekeeping” de la ONU, normalmente liderado por los Estados Unidos. Así las cosas… ¿Qué podemos hacer? Desde mi punto de vista, varias cosas, pero no es cuestión de desarrollaras aquí. Y todas tienen en común una cosa. La imperiosa necesidad de tener que pasar del análisis de la realidad a la acción, como diría el propio Karl Marx. Deben reformarse tanto las instituciones de la Unión Europea como de Naciones Unidas; entre éstas, fundamentalmente, la única institución con poder decisorio legítimo según el Derecho internacional público, pues está diseñada para un mundo, el de la posguerra fría, en el cual ya no vivimos. Y su reforma es necesaria para dotar de mayor coactividad a las decisiones de Naciones Unidas; para vencer, con la fuerza de los argumentos y de la razón, a los partidarios del respeto al multiculturalismo más extremista y de la no intervención, y dotar a las instituciones de las Naciones Unidas de un instrumento eficaz para ejercer el derecho humanitario de injerencia, a mi juicio legítimo. Otra cosa es la discusión sobre quién y con qué límites podrá ejercerlo legítimamente. Pero una cosa es cierta: tanto los detractores -entre los que me incluyo- junto con los partidarios del constructivismo multicultural. Permítanme mis lectores un breve excurso sobre esta clase de personajes, que pueden decir lo que dicen precisamente porque viven en un Estado que no permite todo, pero sí que permite -es más, la considera como una libertad central-, la libertad de expresión. Entre éstos -los cuales, sin duda, se han aprovechado de los famosos “dividendos de la paz” que los Estados Unidos repartió generosamente a Europa a lo largo del pasado siglo -lo que permitió precisamente la construcción de Estados del Bienestar modélicos, y ha pasado a cobrarse hace unas décadas, se cuentan los que permiten, e incluso argumentan filosóficomoralmente la licitud de la ablación de clítoris, por ejemplo, en aras a la soberanía de un Estado no democrático, cuando no muchas veces fallido, para en el fondo denegar el derecho de injerencia humanitaria, mientras no dudan severamente en penalizarla cuando es practicada dentro del “concierto de las Naciones civilizadas”, expresión que hemos tenido que leer, los que procedemos del Primer Mundo, muchas veces con sonrojo, en las decisiones judiciales de la Audiencia Nacional, del Tribunal Supremo e incluso en alguna Sentencia de nuestro Tribunal Constitucional español: ¡hipócritas!

Pero volviendo a Crimea: la partida a nivel geopolítico debe jugarse con inteligencia. La “ocupación temporal” -por cierto, siempre he desconfiado de las situaciones lesivas e reductoras de derechos temporales, las cuales tienden a ser permanentes- a pesar de Crimea más bien me suena a una acción táctica que pretenda la ocupación indefinida de un territorio clave para hacerse con todo o parte del territorio ucraniano, o para forzar un acuerdo con Ucrania favorable a Rusia, en el sentido, por ejemplo, de que ésta renuncie a integrarse en la Unión Europea. Y la jugada podría ser brillantemente magistral, si los Estados democráticos, hoy tan mediocres en jugadas de estrategia, no nos adelantamos. Con Putin no se juega, es decir, no se le pierde el respeto. Es un ser inteligente que sabe cómo puede extorsionar a la Unión Europea, con la complicidad incluso de alguno de sus miembros, y no precisamente de sus miembros más nuevos. Ya nos lo demostró no hace muchos años con su famoso cierre del gaseoducto y con el cierre de las negociaciones sobre proyectos similares. Y aquí entran en pugna, de nuevo, los intereses económicos de la Unión Europea -que son inexistentes, y se reducen a los intereses financieros de los países miembros, según su peso-, y los intereses de Rusia, claros y poco publicitados, salvo por felices filtraciones de sus servicios de seguridad. Es hora de poner a trabajar a todas las agencias y centros de inteligencia de la Unión Europea y a sus analistas. Y de ponerlos a trabajar ya, sin perjuicio de utilizar todas las vías diplomáticas posibles, aun con cesiones, si con ello se puede evitar una masacre y la ocupación de un Estado soberano, con el pretexto de proteger a su población rusa, pues este objetivo bien se puede obtener de otra manera; de manera logística y con intervenciones puntuales, pidiendo ayuda a la comunidad internacional en lugar de recurrir en primer lugar al uso de la fuerza. Y si les faltan ideas, la Unión Europea tendría aquí un buen interés con el que negociar, como es el estatuto de los habitantes de Kaliningrado dentro de la Unión Europea, por ejemplo, concediéndoles la ciudadanía comunitaria. Así se zanjaría también un foco de tensiones entre la Unión Europea y Rusia que, por vicisitudes varias, la historia y la geografía han tenido precisamente el “capricho” de situar precisamente “allí”. En cuanto a la ciudadanía comunitaria (equiparable materialmente a una especie de residencia permanente del estilo de la que otorga la Green Card estadounidense, pero con derechos políticos ante las instituciones de la Unión, los Tratados no la proscriben, en los años de la primera gran ampliación de este siglo se habló mucho de esta posibilidad entre los círculos europeos más progresistas, y sólo habría que hacer algunos cambios en el Derecho derivado. Pero antes de que -esta vez sí- el interés de la Unión Europea como organización supranacional se viera amenazado, no ya por unos cientos o miles de inmigrantes sin papeles, sino por los tanques de la Federación Rusa, que recuerdan a las épocas más sangrientas del Pacto de Varsovia, a falta de una posibilidad de respuesta eficaz y contundente desde Naciones Unidas, considero legítima una intervención, razonable y proporcionada a la situación que previsiblemente pudiera desarrollarse en esa zona de Europa, de la OTAN. Es la única organización que, hoy por hoy, puede arrogarse un poder de intervención militar legítimo supranacional como representante de una sensatez secuestrada por la propia dinámica de la no-acción de Naciones Unidas, por mucha condena que pueda provenir de su máximo representante. En tiempos de bonanza, me mostré a favor de un Euroejército para la Unión Europea. En abstracto, sería la solución ideal, a mi juicio. En tiempos de crisis, no sé si eso sería viable, pues no soy economista; quizá el ponerse a fundar un Ejército europeo contribuyera a relanzar la economía, como en las economías de emergencia. Sin embargo, siendo realistas, y por la inminencia de la situación, tendrán que ser de nuevo, como siempre, los Estados Unidos, los que resolvieran el conflicto. Y ellos ya tienen sus propios problemas.

Quisiera terminar esta entrada con una breve reflexión sobre las partes en contienda, seguida de una reflexión histórica, que escribo con el propósito de que sea leída en clave de actualidad, huyendo de todo sensacionalismo, pero no de una sana prudencia y desconfianza hacia Rusia, reconocido país autoritario y cuna de mafias peligrosísimas, regido por una mezcla entre capitalismo salvaje y nepotismo, por cierto, no muy original en los gobiernos despóticos de los tiempos modernos. Precisamente es el alcance del conflicto lo que nos debe poner en alerta, dando por descontada la necesidad de ayuda humanitaria a la población civil de Crimea de acuerdo con lo dispuesto en los Convenios de Ginebra, de los que la Federación Rusa es parte por sucesión de lo contraído en la anterioridad por su predecesora, la Unión Soviética, de manera muy similar a la que ha “heredado”, de un modo muy discutible, su asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

A lo mejor podamos sacar una lectura positiva de esta situación, y precisamente donde más nos hace falta, en clave económica. La puesta en alerta y la militarización de los países occidentales propicia un contexto de economía de emergencia que, como señalara, en relación con otros acontecimientos, el Premio Nobel de Economía Paul Krugman, quizá tenga la capacidad de sacar a la vieja Europa de su ombliguismo y de despertar a sus pseudoeconomistas tecnócratas que detentan el poder económico y político de la Unión de su sueño gris de “mercados de competencia perfecta + rescates puntuales al sector financiero”. Fenómenos parecidos, de gran crecimiento económico en economías de emergencia, se dieron en varios países durante la Segunda Guerra Mundial, así como en otros conflictos bélicos. Ya hace tiempo que, en muchos círculos, de todos los niveles culturales, de “derechas”  y de “izquierdas”, puedo oír, no sin que una parte de mí asienta, frases del estilo de “aquí hace falta una guerra”. Pues ya la tenemos. Y si no la tenemos, podemos aprovechar la ocasión para construir algo funcionalmente equivalente, en relación con los objetivos de crecimiento económico que nos prefijemos, con tal de que los líderes de las principales naciones europeas, que vayan a reunirse previsiblemente este jueves 6 de marzo, D. m., para tratar del conflicto de Crimea, tengan el suficiente sentido de Estado y la suficiente altitud de miras. Que el Señor ilumine su entendimiento, para que puedan realmente hacer algo digno del nombre -que no marca- “Europa”. Y, aunque en la mañana de hoy, las bolsas de todo el mundo hayan bajado -el dinero es muy cobarde, y se trata de un movimiento de retirada táctica especulativo-, quizá suceda “el milagro”. A lo mejor, como sucede en los pacientes que creen estar enfermos por enfermedades que han provocado ellos mismos, o que la sociedad les ha atribuido, nuestras sociedades civiles teóricamente “avanzadas” y sus aparatos estatales se olvidan del cáncer de la “crisis” y de sus varias metástasis manifestadas en los cambios en las primas de riesgo nacionales -que no soberanas-, y, orquestando conjuntamente un plan común de paz, arreglan a su vez esta absurda “crisis” que nos han metido en el inconsciente colectivo de todo Occidente, provocando un pesimismo generalizado que se ve día tras día retroalimentado por los diversos agentes políticos, económicos y sociales. Tal vez, pero digo sólo tal vez, una acción conjunta, un plan, un objetivo, sea lo que necesitemos para salir de esta aburrida crisis. Pues si algo demostró, experimentalmente, el gran médico y psicoterapeuta Alfred Adler en la primera mitad del siglo pasado, es que la ayuda mutua nos ayuda a salir de nuestros problemas, de nuestros ensimismamientos y de nuestros ombliguismos. Y cuando es eficaz y es realizada con fe, es decir, con confianza, nos hace mejores. Además de lograr el objetivo de resolver los problemas del otro, nos ayudamos a nosotros mismos; y esto mismo se puede aplicar, a mi juicio, tanto a nivel personal como a nivel de sociedad.

A modo de conclusión. Lo he dicho antes y lo repito. Aquí no nos encontramos en un escenario regional y territorialmente controlable como el de la guerra en la ex Yugoslavia de los años 90 del pasado siglo. En aquella situación, nos hallábamos ante la disgregación de un Estado modesto -aunque el orden mundial de la Guerra Fría se hubiese arrogado el liderazgo, más moral y simbólico, que real y militar, por supuesto, de los “países no alineados”-. Se trata de un conato de invasión de un Estado soberano, Ucrania, por parte de la tercera potencia militar mundial, del Estado del mundo más grande en extensión, la Federación Rusa, sucesora de la Unión Soviética y con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que bloqueó, durante el siglo xx, valiéndose de su derecho de veto, numerosas decisiones humanitarias sobre la base de intereses geopolíticos y vendiéndolos a sus ciudadanos y a los ciudadanos comunistas occidentales de buena fe como “males menores” que había que aceptar en aras de impedir el auge del “imperialismo yanqui” (el que rescató, con la sangre de sus soldados, a una Europa derruida por dos guerras mundiales). Frente a esta amenaza, ¿qué decir con respecto a Ucrania? Es un Estado soberano, cuya población, al menos en parte, ha querido mostrar, al menos, distanciamiento frente al gran vecino ruso, como ha querido mostrar al mundo a varios niveles, desde el político hasta el cultural o el deportivo desde su misma independencia en 1990, y su integración por separado en el Consejo de Europa en 1995, adelantándose al ingreso en dicha organización supranacional de la Federación Rusa, producida en 1996. Otra parte de su población ha mostrado un sentimiento proeuropeo, en el sentido de favorable a la anexión a la Unión Europea, a pesar del momento actual que la UE está viviendo, actitud que ha sido recogida seriamente por los responsables de los órganos competentes de la Unión; y, por último, otra parte, de mayoría rusa -preferentemente situada en Crimea, pero también en otras zonas del sur del país- ha mostrado una actitud de rechazo de Gobiernos proeuropeos y un sentimiento proruso. Así las cosas, de acuerdo con el Derecho internacional público general y regional, y con el Derecho internacional humanitario, nada autoriza el uso masivo de la fuerza a la Federación Rusa, ni un despliegue de fuerzas bélicas en territorio ucraniano equivalente a una amenaza de guerra. En estos momentos, según refieren las principales agencias de comunicación internacionales, la situación es la de una ocupación de facto de la región de Crimea por parte de Rusia, que parece destinada a prolongarse en el tiempo y a imponer condiciones inaceptables al actual gobierno ucraniano, y a un a la propia Unión Europea, como la secesión de la península, contraria, hoy por hoy, al Derecho internacional general. Otras cosas sí podrán ser discutidas. Concluyo ya con una muy breve reflexión. La Primera Guerra Mundial comenzó técnicamente como respuesta a un magnicidio, en apoyo o en contra del cual se fueron uniendo las potencias europeas de la época casi como si se tratara de fichas de dominó que iban cayendo. La Segunda Guerra Mundial comenzó en respuesta a una invasión de un Estado soberano (Polonia), por parte de Alemania, precedida por otras dos invasiones alemanas, la de Austria y la de Checoslovaquia.  Por cierto, la ocupación de Austria fue considerada prácticamente como una anexión por el III Reich y por la mayoría de la población austríaca, la cual no dudó en mostrar exultaciones de júbilo y vítores por su incorporación a la “grande Alemania”. Frente a la Primera Guerra Mundial, la Segunda Guerra mundial presentaba un componente ideológico, no necesariamente compartido por los dos bandos en contienda (de una parte, los totalitarismos nazi-fascistas, y el totalitarismo estalinista; y, por la otra, la defensa de las democracias occidentales). Pero un elemento común que contribuyó, entre muchísimos factores, a ambas guerras, además del fracaso de la diplomacia, fue la débil relación entre las naciones europeas. Alguien dijo una vez que el proyecto de las becas erasmus había contribuido más a la integración europea que todos los fondos de cohesión -o algo parecido-. Lo que importa es que la historia nos demuestra que es en los momentos de debilidad, y ciertamente, la Unión Europea, con una crisis económica, de corrupción, de impotencia y, sobre todo, de legitimidad y de valores, está ahora en uno de ellos, cuando el terreno resulta ser de más fácil abono para los partidarios de la violencia y de la guerra.

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CRIMEA: MAY WE TOLLERATE ANOTHER WAR IN THE HEART OF EUROPE? by Pablo Guérez Tricarico, PhD is licensed under a Creative Commons Attribution 4.0 International License.
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¿LA EUROPA FORTALEZA MERECE EL CALIFICATIVO DE CRISTIANA, O SIQUIERA DE HUMANA?

febrero 22, 2014 § 6 comentarios


¡VERGÜENZA! ¿LA EUROPA FORTALEZA MERECE EL CALIFICATIVO DE CRISTIANA, O SIQUIERA DE HUMANA?

Breve entrada sobre cómo estamos perdiendo a marchas forzadas nuestra común tradición histórica humanista 

“No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano ni tomarás en prenda las ropas de la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto y que de allí te rescató el Señor, tu Dios”; por eso yo te mando hoy cumplir esto. Cuando siegues la mies de tu campo y olvides en el suelo una gavilla, no vuelvas a recogerla; déjasela al emigrante, al huérfano y a la viuda, y así bendecirá el Señor todas tus tareas. Cuando varees tu olivar, no repases las ramas; déjaselas al emigrante, al huérfano y a la viuda. Cuando vendimies tu viña, no rebusques los racimos; déjaselos al emigrante, al huérfano y a la viuda. Acuérdate de que fuiste esclavo en Egipto. Por eso yo te mando hoy cumplir esto” (Dt 24, 17-22, ca. 1205 a. C.)

“(…) Oráculo del Señor. (…) Éste es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora, enseguida se curarán todas tus heridas, anti ti marchará la justicia, detrás de ti la gloria del Señor (shekhinah YHVH)” (Is 58, 3-8, ca. 800 años a. C.)

“Homo sum: humani nihil a me alienum puto” (Terencio, Heauton Timoroumenos, 165 a.C.)

“Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me hospedasteis; estuve desnudo, y me vestisteis; enfermo, y me visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a verme”. Entonces los justos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos? ¿o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te hospedamos? ¿o desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y fuimos a verte?” Y respondiendo el Rey, les dirá: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”. Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y para sus ángeles: Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; Fui forastero, y no me hospedasteis; estuve desnudo, y no me vestisteis; enfermo y en la cárcel, y no me visitasteis”. Entonces también ellos le responderán, diciendo: “Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, o sediento, o forastero, o desnudo, o enfermo, o en la cárcel, y no te servimos?” Entonces les responderá, diciendo: “En verdad os digo que lo que no hicisteis con uno de éstos, los más pequeños, tampoco lo hicisteis conmigo. Y éstos irán al castigo eterno y los justos a la vida eterna” (Mt 25, 37-46, ca. 60-85 d. C.)

“El Derecho de Gentes no sólo tiene fuerza por el pacto y convenio de los hombres, sino que tiene verdadera fuerza de ley” (Francisco de Vitoria, De potestate civili, 1528)

“(…) Uom di povero stato e membra inferme/Che sia dell’alma generoso ed alto,/Non chiama se nè stima/Ricco d’or nè gagliardo,/E di splendida vita o di valente/Persona infra la gente/Non fa risibil mostra;/Ma se di forza e di tesor mendico/Lascia parer senza vergogna, e noma/Parlando, apertamente, e di sue cose/Fa stima al vero uguale./  Magnanimo animale./Non credo io già, ma stolto,/Quel che nato a perir, nutrito in pene,/Dice, a goder son fatto,/E di fetido orgoglio/Empie le carte, eccelsi fati e nove/Felicità, quali il ciel tutto ignora,/Non pur quest’orbe, promettendo in terra/A popoli che un’onda/Di mar commosso, un fiato/D’aura maligna, un sotterraneo crollo/Distrugge sì, che avanza/A gran pena di lor la rimembranza./Nobil natura è quella/Che a sollevar s’ardisce/Gli occhi mortali incontra/Al comun fato, e che con franca lingua,/Nulla al ver detraendo,/Confessa il mal che ci fu dato in sorte,/E il basso stato e frale;/Quella che grande e forte/Mostra se nel soffrir, nè gli odii e l’ire/Fraterne, ancor più gravi/D’ogni altro danno, accresce/Alle miserie sue, l’uomo incolpando/Del suo dolor, ma dà la colpa a quella/Che veramente è rea, che de’ mortali/Madre è di parto e di voler matrigna./Costei chiama inimica; e incontro a questa/Congiunta esser pensando,/Siccome è il vero, ed ordinata in pria/L’umana compagnia,/Tutti fra se confederati estima/Gli uomini, e tutti abbraccia/Con vero amor, porgendo/Valida e pronta ed aspettando aita/Negli alterni perigli e nelle angosce/Della guerra comune. Ed alle offese/Dell’uomo armar la destra, e laccio porre/Al vicino ed inciampo,/Stolto crede così, qual fora in campo/Cinto d’oste contraria, in sul più vivo/Incalzar degli assalti,/Gl’inimici obbliando, acerbe gare/Imprender con gli amici,/E sparger fuga e fulminar col brando/Infra i propri guerrieri./Così fatti pensieri/Quando fien, come fur, palesi al volgo,/E quell’orror che primo/Contra l’empia natura/Strinse i mortali in social catena,/Fia ricondotto in parte/Da verace saper, l’onesto e il retto/Conversar cittadino,/E giustizia e pietade, altra radice/Avranno allor che non superbe fole,/Ove fondata probità del volgo/Così star suole in piede/Quale star può quel ch’ha in error la sede”. (Giacomo Leopardi, Canti, La ginestra o il fiore del deserto, 1836)

“Si les terribles moyens de destruction dont les peuples disposent actuellement, paraissent devoir, à l’ avenir, abréger la durée des guerres, il semble que les batailles n’ en seront, en revancha, que plus meurtrières; et dans ce siècle où i’ imprévu joue un si grand ròle, des guerres ne peuvent-elles pas surgir, d’ un côté ou d’ un autre, de la manière la plus soudaine et la plus inattendue? – N’ y a-t-il pas dams ces considérations seules, des raisons plus que suffisantes pour ne pas se laisser prendre au déporvu?” (J. Henry Dunant, Geneve, Un souvenir de Solferino, 1863, pp. 169-168).

Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana;

Considerando que el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad, y que se ha proclamado, como la aspiración más elevada del hombre, el advenimiento de un mundo en que los seres humanos, liberados del temor y de la miseria, disfruten de la libertad de palabra y de la libertad de creencias;

Considerando esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión;

Considerando también esencial promover el desarrollo de relaciones amistosas entre las naciones;

Considerando que los pueblos de las Naciones Unidas han reafirmado en la Carta su fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana y en la igualdad de derechos de hombres y mujeres, y se han declarado resueltos a promover el progreso social y a elevar el nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad;

Considerando que los Estados Miembros se han comprometido a asegurar, en cooperación con la Organización de las Naciones Unidas, el respeto universal y efectivo a los derechos y libertades fundamentales del hombre, y

Considerando que una concepción común de estos derechos y libertades es de la mayor importancia para el pleno cumplimiento de dicho compromiso;

LA ASAMBLEA GENERAL proclama la presente DECLARACIÓN UNIVERSAL DE DERECHOS HUMANOS como ideal común por el que todos los pueblos y naciones deben esforzarse, a fin de que tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades, y aseguren, por medidas progresivas de carácter nacional e internacional, su reconocimiento y aplicación universales y efectivos, tanto entre los pueblos de los Estados Miembros como entre los de los territorios colocados bajo su jurisdicción: (…) Art. 13. 1. Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado. 2. Toda persona tiene derecho a salir de cualquier país, incluso del propio, y a regresar a su país.

 

“Vergogna!” Con estas claras y contundentes palabras pronunciadas por el papa Francisco en noviembre del año pasado, referidas al naufragio de una patera llena de inmigrantes subsaharianos, muchos de ellos mujeres y niños, a pocas millas de la costa de la isla de Lampedusa (Italia) se habría en la opinión pública, a partir de las declaraciones de una de las máximas autoridades morales, religiosas y políticas de nuestro tiempo, un debate sobre el papel de la Unión Europea en las catástrofes humanitarias, y sobre su posible complicidad omisiva en múltiples asuntos. En estos horribles tiempos de crisis, decía el Papa, debemos ser especialmente atentos, compasivos y misericordiosos con nuestro prójimo, tal y como quiso nuestro Señor Jesucristo. Unos pocos meses después de aquel incidente, mi mirada se dirige a los responsables políticos, económicos y burocráticos de una Unión Europea demasiado centrada en lo económico y culpable, al menos por ceguera deliberada, podríamos decir, ante algunos acontecimientos recientes que no pueden ser silenciados.

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Como dice repetidamente el papa Francisco, “soltanto l’ Amore può salvarci”. En y desde un mundo, nuestro mundo, el mundo acomodado que poco a poco va empobreciéndose moral y económicamente, un mundo en el que se niega la condición de persona a los inmigrantes y se les deja naufragar para que evitar que consigan arribar a las costas de nuestra decadente Unión Europea, ya conocida por muchos autores como “La Europa Fortaleza”, y, una vez en nuestro “civilizado territorio”, para evitarnos el “mal trago” de tener que adoptar medidas de las que en el fondo, por nuestra tradición jurídico-política, moral y religiosa, de la que no es posible dar cuenta aquí, a pesar del humilde intento reflejado en las citas reportadas arriba, nos avergonzamos. Nos encontramos ante una Unión Europea y ante un país como el nuestro que permiten que se les dispare a los inmigrantes, refugiados y asilados -muchos de ellos ciudadanos de mi querido pueblo sirio, los cuales, ante la brutal guerra civil desatada en su país, huyen de una muerte segura-, simplemente por el delito de traspasar las fronteras exteriores de la UE con el propósito de buscar una vida mejor para ellos y para sus familias o, simplemente, con el de conservar la suya; una Unión Europea, con líderes a su cabeza como Barroso, que permite que en uno de los países candidatos a la anexión se esté desarrollando simple y llanamente otra guerra civil.

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La Unión Europea perdió su credibilidad hace mucho tiempo. Comenzó a perderla cuando decidió prefijarse objetivos más allá de lo económico, mientras en los Tratados y en el Derecho derivado hacía otras cosas; fundamentalmente, a partir de la aprobación del Tratado de la Unión Europea (más conocido como Tratado de Maastricht, de 7 de febrero de 1992), que entró en vigor para la mayoría de los Estados miembros de entonces el 1 de enero de 1993, comenzando un sistema diabólico de transferencia de competencias políticas a un entramado de instituciones técnica, llamado Sistema Europeo de Bancos Centrales, sin sujeción a ningún control, legibus solutus, propio más bien de las instituciones de Estados autoritarios y dictatoriales, propio de un “nuevo Antiguo Régimen”, y regido por el dios Mercado. Dicha transferencia de competencias se completó en enero de 2002 con la introducción del euro como moneda física de curso legal. Pero a diferencia de cualquier otro país del mundo -al menos que yo conozca-, el euro no tiene control político.

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Los débiles criterios, directrices o recomendaciones -por cierto, siempre de carácter neoliberal- que, muy de vez en cuando, dirige a la institución financiera el Consejo Europeo -en teoría, pero también según los Tratados, la máxima institución de la Unión Europea-, tienen para el Banco, por cierto, la institución “autónoma” público-privada notoria más poderosa de Europa, precisamente por esto mismo, la misma fuerza normativa real que pueden tener los consejos que un amiguete pobre puede dar a uno rico en una noche de juerga. Así las cosas, la Unión Europea ha tratado de extender cada vez más su normativa hacia lo no estrictamente económico, desarrollando un acervo exacerbado (y perdón por el juego de palabras) de normas de vario rango y diversa fuerza vinculante, relativas a prácticamente todo lo regulable: a la protección del medio ambiente, a los derechos laborales y sociales, a los derechos de los consumidores, a la sostenibilidad, a las llamadas “acciones positivas” en favor de la mujer, y hasta relativas al Derecho penal, llegando a hablarse incluso de un “Derecho penal federal europeo” (Tiedemann, 2002, 2005; Bajo Fernández, 2006; Gómez-Jara Díez, 2006, 2009, 2011, 2013). Pero.. ¿en qué términos se regulan estas cuestiones? A todas luces ha habido, incluso desde antes de que empezara oficialmente “la crisis” -en los Estados Unidos-, un retroceso en los llamados por los constitucionalistas derechos de segunda (derechos sociales y laborales) y tercera generación (derechos medioambientales, derechos de los consumidores frente a las corporaciones, derechos relativos al ámbito de las nuevas aplicaciones de la Biomedicina y de la Bioética, etc., etc.); ahora se está intentando el ataque a los “derechos de primera generación”, que no son otros, en su mayoría, que los derechos fundamentales y las libertades públicas reconocidos, por ejemplo, por la Constitución Española de 1978 en sus artículos 14 a 29: y no me refiero ya a algunos derechos sociales muy básicos, como el derecho a la educación, reconocido en el artículo 27 de la Constitución, sino derechos clásicos de los llamados típicamente “burgueses”, como el derecho a la seguridad personal previsto en el artículo 17 de la Constitución (amenazado, si bien en pequeña medida y sobre todo de manera indirecta, por el anteproyecto de nueva Ley de Seguridad Ciudadana, pero sobre todo de hecho, por parte de la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, como se han ocupado de mostrar los acontecimientos ocurridos en Ceuta, acontecimientos que exigen un mayor esclarecimiento, más allá de la farsa parlamentaria que constituyó la comparecencia del Presidente del Gobierno ante el Senado el pasado martes 18 de febrero, en orden la depuración de las responsabilidades políticas, y aun penales, si las hubiere); entre otros derechos de primera generación conculcados, esta vez no en nombre de la seguridad, sino simplemente por el interés del Estado de recuperar el dinero presuntamente sustraído por nuestros representantes políticos, ha sido el derecho a la tutela judicial efectiva, reconocido en el artículo 24 de la Constitución, recortado por el famoso decreto promovido por el ministro Gallardón, de tasas judiciales.

En cuanto a la situación de los inmigrantes, ya he anticipado algunas de mis opiniones. Mi reprobación es especialmente dura hacia los máximos responsables de los hechos de Ceuta y de la política en materia de control férreo de nuestras fronteras exteriores, y apunta hacia el ministro del Interior y el Presidente del Gobierno, máximo responsable, presuntamente incluso penal, de acuerdo con las reglas de imputación desarrolladas por estos casos por el Derecho penal, en relación con el Derecho internacional humanitario y el Derecho Penal Internacional, del principio respondeat superior (vid. recientemente, por todos Garrocho, T.D. depositada en la Universidad Carlos III, Madrid, 2014, inédita). Esta deriva histórica en el Derecho comunitario tuvo un hito fundamental en el año 2008, con la aprobación, a nivel europeo y, posteriormente, a nivel nacional, con los correspondientes cambios legislativos y reglamentarios en materia de extranjería, de la famosa “Directiva de la vergüenza”, la directiva del retorno 2008/115/CE, aprobada por los dos grupos parlamentarios mayoritarios en el Parlamento Europeo, el Grupo Parlamentario de los Populares Europeos -al que pertenece el PP-, y el Grupo Parlamentario Socialista -al que pertenece el PSOE-, si bien con alguna notable oposición de algunos miembros del PSOE, entre otros, el señor Borrell-, y por la mayoría cualificada del Consejo de la Unión. Esta directiva vino a endurecer los requisitos para la concesión de visados de todo tipo, así como a restringir sustancialmente los derechos de los inmigrantes -permitiendo, por ejemplo, el internamiento de los extranjeros a la espera de expulsión en centros de internamiento de extranjeros hasta sesenta días-, y aun de los solicitantes de asilo, en contra de los compromisos asumidos internacionalmente en esta materia por varios Estados miembros en el ámbito de las Naciones Unidas. Sin embargo, y pese al escándalo que entonces supuso la aprobación de la la normativa, todavía nos hallábamos muy lejos de la situación actual “a la americana”, basada en el lema first shoot, ask later, presuntamente aplicado, por acción o omisión con responsabilidad equivalente -en Derecho penal solemos decir, en comisión por omisión-, por los actuales ministro del Interior, y por el actual Presidente del Gobierno, el señor Mariano Rajoy, ante lo que a mi juicio constituyen homicidios presuntamente cometidos en Ceuta o en tierra marroquí por representantes del poder público español, y ante la violencia represiva estatal desatada en la verja de Melilla. Mientras, el señor Barroso y su panda de pseudotecnócratas corruptos y con sus bolsillos llenos de billetes de 50o euros, más lo que presuntamente puedan tener en paraísos fiscales -algunos de los cuales, por cierto, permitidos por la propia Unión Europea, como Gibraltar y otros-, miran para otro lado. Dios quiera que la Iglesia Católica, a cuya cabeza está ahora uno de los papas más auténticos, en el sentido evangélico, de los últimos siglos, pueda ser una “conciencia moral” para Europa más efectiva que la que representara en su momento, a principios del siglo pasado, la voz de su predecesor Benedicto XV, quien, a pesar de sus notables intervenciones comprobadas, no pudo evitar lo que él, en sus propias palabras, denominó “el suicidio de Europa”: la primera de las dos grandes guerras mundiales, las cuales, sólo en el siglo pasado causaron conjuntamente más de sesenta millones de muertos. 

 

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¿LA EUROPA FORTALEZA MERECE EL CALIFICATIVO DE CRISTIANA, O SIQUIERA DE HUMANA? by Pablo Guérez Tricarico, PhD, with the exception of the images posted, is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 4.0 International License.
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