Papa Francisco: Vivamos una Navidad auténticamente cristiana, ajena a toda mundanidad

diciembre 23, 2014 § Deja un comentario


Estad en el mundo sin ser del mundo (San Juan Evangelista)

 

Estimados seguidores:

En medio de un mundo profano que desprecia el auténtico sentido de la Navidad, os remito este enlace del Papa Francisco:

https://www.aciprensa.com/noticias/papa-francisco-vivamos-una-navidad-verdaderamente-cristiana-libres-de-toda-mundanidad-88159/

Feliz Navidad a todos.

La Inmaculada Concepción de María abre el camino de una nueva Humanidad

diciembre 8, 2014 § Deja un comentario


Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar, y la Virgen concebida sin pecado original (antífona para la Adoración eucarística)

“Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros, que recurrimos a Vos” (Jaculatoria, atribuida a María en su revelación privada a Santa Catalina Labouré, el 27 de noviembre de 1830, Festividad de la Virgen de la Milagrosa)

 

LA INMACULADA CONCEPCIÓN

LA INMACULADA CONCEPCIÓN. MURILLO.

 

Hoy, 8 de diciembre, la Iglesia Católica celebra la Solemnidad de la Inmaculada Concepción: María, con su sí, con su fiat, dado libremente, como una mujer nueva de la nueva creación libre del pecado original, hizo posible la obra redentora de Dios, aceptando llevar en su seno virginal la Palabra viva de Dios, como nos recuerda el rezo del Ángelus. María es la mujer nueva, la nueva Eva, de la que habría de nacer nuestro Redentor. Ella es la que marca el paso de nuestra espera de Adviento hacia la Navidad. Con su sencillez y humildad, hizo posible que comenzara la obra salvífica de Dios para los hombres, que habríamos de ser redimidos por Jesucristo, no ya sólo para devolvernos al primitivo estadio preternatural de Adán y Eva, sino para ensalzarnos a la dignidad misma de Hijos de Dios por adopción, como reiteradamente puede leerse en varias Cartas de San Pablo.

La Redención alcanzó también a María y actuó en Ella, pues recibió todas las gracias en previsión de los méritos de Cristo. Dios preparó a la que iba a ser la Madre de su Hijo con todo su Amor infinito. A este respecto, a mí me resulta especialmente gráfico y bello la siguiente declaración de R. A. Knox, quien se expresa así sobre la Inmaculada Concepción de María: “Del mismo modo que el primer brote verde señala la llegada de la primavera en un mundo helado y que parece muerto, así en un mundo manchado por el pecado y de gran desesperanza esa Concepción sin mancha anuncia la restauración de la inocencia del hombre. Así como el brote nos da una promesa cierta de la flor que de él saldrá, la Inmaculada Concepción nos da la promesa infalible del nacimiento virginal (…). Aún era invierno en todo el mundo que la rodeaba, excepto en el hogar tranquilo donde Santa Ana”, de quien tenemos constancia, entre otras fuentes, a través de algunos Evangelios apócrifos, como el Protoevangelio de Santiago, “dio a luz a una niña. La primavera había comenzado allí” (R. A. Knox, Tiempos y fiestas del año litúrgico, p. 298).

Si bien no fue hasta el siglo XIX, que la Inmaculada Concepción fue proclamada como dogma de fe católica por el papa Pío IX (concretamente, en el año 1854), ya algunos Padres de la Iglesia, tanto de las Iglesias orientales como occidentales, desde los primeros siglos del Cristianismo, y desde la formación del cuerpo doctrinal en torno al pecado original, elaboraron las premisas de lo que después sería proclamado como dogma, e históricamente hay constancia de la celebración eclesial de la Fiesta de la Inmaculada Concepción desde el siglo VIII de la Era Cristiana.

Todo cuanto de hermoso y bello se puede decir de una criatura, se lo cantamos hoy a nuestra Madre del Cielo, quien nos fue dada por Jesús, en el momento de Su Muerte en la Cruz, como Madre a toda la Humanidad, entregándosela al discípulo que tanto amaba con las palabras: ““Madre (Mujer), ahí tienes a tu hijo; hijo, ahí tienes a tu Madre” (cfr. Jn 19, 25-27). De la inmaculada concepción de María, la cual, en atención a los méritos de su Hijo Jesucristo, habiendo sido predestinada por designio expreso de Dios a ser la Madre del Redentor, fue preservada de toda mancha de pecado original, pues puro y libre de pecado debía ser el vientre que acogiese al Salvador del Mundo, hablaron ya algunos primeros padres de la Iglesia, ensalzando la obra corredentora y salvífica de María, la Madre del Salvador. Así se expresa San Andrés de Creta: “Exulte hoy toda la creación y se estremezca de gozo la naturaleza. Alégrese el cielo en las alturas y las nubes esparzan la justicia. Destilen los montes dulzura de miel y júbilo las colinas, porque el Señor ha tenido misericordia de su pueblo y nos ha suscitado un poderoso salvador en la casa de David su siervo, es decir, en esta inmaculadísima y purísima Virgen, por quien llega la salud y la esperanza a los pueblos” (Homilía I en la Natividad de la Santísima Madre de Dios).

Que la Inmaculada y Santísima Virgen María sea nuestra guía, y su manto nos brinde su protección maternal en este tiempo de Adviento, el que los cristianos nos preparamos, como cada año, para la llegada del Redentor: para conmemorar que Jesús, a quien María nos trae -como reza el antiguo dicho Ad Iesum per Mariam-, nacerá de nuevo en nuestros corazones en menos de dos semanas. Con tal de que le digamos que sí. Como hizo María, libre e inmaculada, con su fiat.

 

MAGNÍFICAT

Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí. Su nombre es Santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo, dispersa a los soberbios de corazón. Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos despide vacíos.

Auxilia a Israel su siervo, acordándose de su santa alianza según lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en principio ahora y siempre por los siglos de los siglos.

Amen.

 

Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa,
Virgen Sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón,
mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.

 

A.I.P.M.

A.M.D.G.

MENSAJES DE REFLEXION – MENSAJES POSITIVOS: ELEVEMOS UNA ORACION A DIOS…

noviembre 30, 2014 § Deja un comentario


Preciosa oración, muy apropiada para estos tiempos tan difíciles, especialmente para todos los que se sienten probados por miles de causas y sólo encuentran consuelo en la fe en Aquél que viene a salvarnos. Que encuentren consuelo también en las personas con quienes se encuentren, en sus familiares, amigos, compañeros o extraños, pues todos somos hijos de un mismo Padre celestial.
En el primer Domingo de Adviento y del nuevo Año Litúrgico, en comunión con María, por Quien hemos recibido al Autor de la Vida, cuyo nacimiento, tal y como nos recuerda este tiempo litúrgico de espera, estamos próximos a celebrar, me uno a esta plegaria con la Oración de San Bernardo. Vos, Madre del Altísimo, no desoyáis nuestras súplicas:

 

 

Acordaos

 

ACORDAOS

ACORDAOS

¡Acordaos, oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han
acudido a vuestra protección,
implorando vuestro auxilio,
haya sido desamparado por Vos.
Animado por esta confianza,
a Vos acudo,
oh Madre, Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados,
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh Madre de Dios, y Madre mía!, no desechéis mis súplicas,
antes bien, prestad a ellas oídos y dignaos acogerlas favorablemente. Amén.

 

¡Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a Vos!

¡Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a Vos!

Oh, María, sin pecado concebida, rogad por nosotros que acudimos a Vos (Jaculatoria de la Medalla Milagrosa dictada por la Santísima Virgen María a Catalina Labouré el 27 de noviembre de 1830)

Marcial Rafael Candioti IV - Mi Legado: Humanidad, Solidaridad, Independencia, ¡LIBERTAD!

elevemos una oracion a dios

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Llamamiento a participar en la Jornada de Oración y Ayuno por la Paz convocada por el papa Francisco

septiembre 7, 2014 § Deja un comentario


La paz os dejo, mi paz os doy. No os la dejo como os la da el mundo. No tiemble vuestro corazón ni tengáis miedo (Jn 14, 27)

 

El Papa Francisco ha convocado este Domingo 7 de septiembre, Víspera de la Fiesta de la Natividad de la Virgen María, una Jornada Mundial de oración y ayuno por la paz en Siria, en Oriente Medio, Ucrania y otros territorios en guerra. En estos tiempos difíciles, en los que algunos nos quejamos de la demanda justa de no tener trabajo ni sustento, volvamos la mirada hacia quienes sufren unas condiciones de precariedad mucho más trágicas, y se levantan todos los días sin saber si volverán a acostarse.

Siguiendo la estela apostólica del gran papa San Juan XXIII y de su memorable encíclica “Pacem in terris”, el Pontífice llama a los hombres y mujeres de todas las religiones, creyentes y no creyentes, y, en definitiva, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para que se unan con su participación y con sus intenciones a la oración de la Iglesia universal por la paz. Recordando el espíritu y la letra de la citada encíclica, el entonces para San Juan XXIII expresaba su deseo de que los responsables políticos de las naciones caminaran en una dirección en la que, por su peculiares características, toda guerra debería ser prohibida. Profundizaron en esta idea documentos conciliares como la magnífica Carta “Gaudium et spes”.

A cincuenta años de su publicación, vivimos en un mundo mucho más inestable y menos controlado, aunque obsesionado por la “seguridad”, la cual es esgrimida muchas veces por los exponentes del pensamiento único del nuevo orden mundial así como por sus prácticos -los líderes políticos occidentales-, en detrimento de la justicia. Poco recuerdan algunos de estos líderes su conexión con el movimiento democristiano y la doctrina social de la iglesia. En este sentido, baste la afirmación, repetida por la saciedad por el papa San Juan Pablo II, de que no puede haber paz sin justicia.  En el nuevo orden mundial actual, que puede ser explicado como un desarrollo perfectamente lógico, aunque inhumano, del pensamiento único que ocupó la hegemonía cultural mundial utilizando de manera privilegiada el lugar de las cenizas del bloque socialista y de los ataques del 11-S, la carrera de armamentos ya no explica el equilibrio de fuerzas, pero el fanatismo en el que aquella se inspiró sigue vivo, y muchas veces vinculado a errores cometidos por líderes políticos y religiosos de Oriente y Occidente. De nuevo, no va a ser la paz táctica, la que Kennedy llamara de manera crítica “pax americana”, la que traiga la verdadera paz, y con ello, la justicia, al mundo, sino aquella que nace del corazón puro y del amor al prójimo, incluido el amor a quien consideramos o nos considera nuestro enemigo.

Desde esta pequeña plataforma os invito a participar, de la manera que mejor estiméis en conciencia, en esta Jornada, desde vuestras casas, comunidades, puestos de trabajo o en el Templo. Las puertas de varias iglesias católicas estarán abiertas para recibir a todos aquellos que quieran unirse a esta sincera oración colectiva por la paz. Por mi parte, estaré esta tarde en la parroquia de San Germán, sita en Madrid, D. m., adorando a Jesús Sacramentado, que estará expuesto hasta las doce de la noche, y pidiéndole que ilumine los corazones de los políticos, de los poderosos, de los fanáticos, de las gentes resentidas y especialmente vulnerables a caer en la espiral de la violencia y con ello a convertirse en víctimas de ella; en definitiva, para que Jesús, que vino a traer la paz, infunda sobre toda la Humanidad doliente su Espíritu de Amor, a fin de que el hombre, con la ayuda del Espíritu de Dios, pueda resolver los problemas que él mismo ha causado por vías pacíficas y respetuosas con los derechos humanos. Que con la ayuda de Su divina gracia, y con la intercesión de la Santísima Virgen María, Reina de la paz, se derriben los muros de la incomprensión y se rompan las cadenas del odio, la ira, la violencia y el rencor que sólo llevan a encadenar nuevos actos de crueldad con otros y que, del reconocimiento de la dignidad del otro y de su humanidad, brote el Amor verdadero que lleve a la paz. Amén.

 

A.M.D.G.

 

 

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